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fecha de publicación22.01.2016
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b) El «petting»
El término inglés petting no tiene una traducción exacta en el idioma castellano, pero su uso se ha difundido hasta tal punto que se emplea en su expresión original en las más diversas lenguas. Proviene del verbo topet, que significa acariciar y se emplea para designar todo contacto físico (con excepción de la unión directa de los genitales denominada coito) dirigido a excitar o satisfacer el impulso sexual. El petting puede ser homosexual o heterosexual, premarital, marital y extramarital. Puede ser usado como un preludio del coito o como un fin en sí mismo, con o sin orgasmo. Puede ser realizado entre adolescentes o entre jóvenes recién salidos de la adolescencia, siendo esta última variedad la más frecuente, especialmente en su modalidad premarital, y aquella en la que el petting adquiere una marcada especificidad y autonomía dentro del comportamiento sexual. Debe distinguirse del necking (derivado del término popular norteamericano necker, con el que se denomina a una muchacha coqueta que se deja besar) usado para mostrar y exhibir las caricias y besos amorosos en los que no va involucrado el intento de excitación o satisfacción sexual, sino un deseo de mostrar y recibir cariño y ternura.
Las técnicas usadas en el petting incluyen casi todo tipo de contacto físico... La primera y más frecuente modalidad del petting es la denominada beso con la lengua, beso profundo o beso francés. El beso profundo va siempre acompañado por un estrecho abrazo u otras actividades acariciadoras. Kinsey y sus colaboradores hallaron que existen marcadas diferencias en la aceptación del beso profundo, según la edad y el nivel socioeconómico y cultural a que pertenecen los individuos. En conjunto puede decirse que es más aceptado por los jóvenes que por los adultos y más por los sujetos de ambos sexos pertenecientes a estratos socioculturales elevados que por las clases menos dotadas económica y culturalmente.
La segunda técnica del petting se halla centrada en la manipulación de los senos femeninos. Es de notar que el interés por los senos femeninos ha aumentado en forma rápida y sorprendente en el curso de las últimas décadas en los diversos países del área occidental y, especialmente, en Estados Unidos, sin que los pueblos de África y Asia parezcan compartir tal entusiasmo.
La tercera técnica del petting consiste en la estimulación manual de los genitales femeninos por parte del hombre, o masculinos por parte de la mujer... La cuarta y menos usada técnica del petting es la oposición de genitales entre sí, sin penetración.
El petting matrimonial como preludio de la cópula es un medio aconsejable y útil para preparar a ciertos esposos a realizar el acto sexual con la máxima efusión y goce. Por el contrario, el acto sexual realizado «en frío» es muy posible que sea experimentado por la esposa como carente de todo atractivo y aún molesto o doloroso, dado que el proceso de excitación y de tumescencia sexual en las mujeres es mucho más largo y prolongado que en el hombre. También en éste es posible que, si el acto sexual no va precedido de un adecuado prólogo amoroso, se convierta en una simple eyaculación agradable de semen. Desde luego, todos los moralistas están de acuerdo en afirmar que no hay nada reprochable en el petting matrimonial pre-coital. El petting extramatrimonial entre adultos es generalmente adulterino y se realiza con el fin de evitar las complicaciones de la fecundación, mereciendo la consideración moral propia de todas las relaciones sexuales extraconyugales. En cuanto al petting practicado por adolescentes y jóvenes que mantienen relaciones con fines matrimoniales es juzgado por los moralistas, como es lógico, según las modalidades de petting de que se trate. Desde el punto de vista psicológico podemos decir que, omisión hecha de sus grados más superficiales (necking, besos .... etc.), la práctica repetida del petting es perjudicial para ese período de preparación al matrimonio, que constituye el noviazgo. Efectivamente, dada la extraordinaria fuerza del apetito sexual en la fase avanzada de la adolescencia y primera juventud, es muy probable que las parejas que se han habituado al petting consuman la mayor parte del tiempo de que disponen en la práctica del mismo, máxime si tenemos en cuenta que, por lo general, el tiempo disponible no suele ser mucho. Con ello el núcleo central de sus encuentros se halla constituido por la satisfacción de su impulso sexual en esta edad, como es lógico siempre renovado y despierto a cada entrevista, con lo cual pierden la oportunidad de llegar a conocerse de veras otros aspectos que no sean los puramente sexuales, de participar juntos en actividades artísticas, culturales, formativas, etc., que les preparen realmente para la vida en común que han de compartir y en la cual la sexualidad sólo es un factor entre otros muchos (11).
En el límite del petting nos encontramos con el «abrazo reservado» o encuentro sexual en que se controla en el último momento el derrame, técnica que fue muy discutida años atrás, pero que no ha tenido trascendencia por lo antinatural de este comportamiento. No se puede someter habitualmente a un coche al frenazo en seco a 150 kilómetros por hora. Es éste un fenómeno típico de transición en el proceso de liberación sexual (12).
5. Hacer
Dadas las dificultades que el uso de la sexualidad plantea al hombre moderno, algunos antropólogos proponen una iniciación gradual y por etapas en la sexualidad desde que el adolescente toma conciencia de que es sujeto activo de la misma.
Según Schwartz, por ejemplo, esta iniciación debería seguir en general el siguiente proceso: masturbación, prostitución, amor libre, noviazgo, matrimonio. En la masturbación el adolescente aprendería a pasar de la ensoñación sexual a la praxis de la sexualidad real. En la prostitución el joven pasaría de la autosexualidad a la heterosexualidad. En el amor libre, de la heterosexualidad anónima a la sexualidad personalizada con alguien concreto. En el noviazgo, de la heterosexualidad transitoria a la heterosexualidad como compromiso para toda la vida. Y en el matrimonio, de la heterosexualidad privada a la heterosexualidad socializada y pública (13).
El esquema tiene la virtud indiscutible de la claridad y puede ayudarnos sin género de dudas a definir lo que es cada una de estas experiencias sexuales en relación a las otras. Pero lo que no está claro y es rechazado por la mayor parte de los especialistas en la materia es su concatenación evolucionista. No es cierto ni mucho menos que para llegar a la madurez sexual haya que pasar por estas etapas, ni siquiera es cierto que estas etapas constituyan momentos válidos de maduración.
Vamos a estudiar en los próximos capítulos estos problemas concretos.
NOTAS


  1. R. Allers, Pedagogía sexual, Barcelona 1965; F. W. Fórster, Etica y pedagogía sexual, Alcoy 1965; P. le Moal, Una auténtica educación sexual, Alcoy 1965; J. M. Reuss, Sexualidad y amor. Directrices para una pedagogía sexual, Barcelona 1966; J. Guillope, La educación sexual de los niños y adolescentes, Madrid 1968; A. Berge, La educación sexual y afectiva, Barcelona 1968; F. Leist, Neue Wege der geschlechtlichen Erzehung. Wir müssen umdenken, München 1968; E. Mülier, Educación sexual, Salamanca 1968; T. Bröcher, Lexicon der Sexualerziehung, Stuttgart 1972; C. Izquierdo, Educación para el amor, Madrid 1976.

  2. D. Morris, El mono desnudo, Barcelona 1970, 71-79; 86-87.

  3. G. Durand, Ethique de la rencontre sexuelle, Montréal 1971, 100-101.

  4. R. Koch, Il pecato nel vecchío testamento, Roma 1974; cf. V. Hernández García, Moralidad de los espectáculos en la antigüedad cristiana: Scriptorum Victoriense 24 (1967) 177-209.

  5. Cl. Lévi-Strauss, L´estructure elementarí della parentela, Torino 1969.

  6. J. P. Sartre, El ser y la nada, Buenos Aires 1969, 291, 369.

  7. M. Scheler, Ober Schain und SchaWefühl, Berlin 1913; G. Bataille, El erotismo, Barcelona 1971; G. Campanini, Pudor, en Diccionario enciclopédico de teología moral, Madrid 1974, 913-920.

  8. J. Piaget, Le jugement moral chez l’enfant, Paris 1932, 120-130; cf. M. L. Rambert, La vie affective et morale de l'enfant, Paris 1945; 0. Lary, Essai sur la conscience du petit enfant: LumVit 1 (1946) 518-525; A. Hortelano, Moral responsable, Salamanca 1971, 153-160.

  9. F. Davis, La comunicación no verbal, Madrid 1976, 115-116; cf. E. T. Hall, The silent language, New York 1959; Id., The hidden dimension, New York 1966.

  10. L. K. Frank, Tactile communicatión: Genetic Psychology Monographies 56 (1957) 209-225; J. Rof Carballo, Urdimbre afectiva y enfermedad, Barcelona 1961; Id., Violencia y ternura, Madrid 1967; A. Montagú, Touching. The human significance of the skin, New York 1971.

  11. J. López Ibor, El libro de la vida sexual, Barcelona 1968, 217-224.

  12. M. Oraison, A propos de l'étreinte réservée: Cahiers Laennec 3 (1950) 45-54.

  13. O. Schwartz, The psychology of sex, New York 1949.



16. LA MASTURBACIÓN
en “El amor y la sexualidad” Problemas de Moral,

c.16, t. 2, Ed. Sígueme, Salamanca, 1982, 564-574.

La masturbación consiste en un fenómeno de autosexualidad. La fascinación del otro sexo se retuerce sobre sí misma, contra todo lo que cabría esperar del impulso altruista de la sexualidad, para quedarse en propia satisfacción sin apertura al otro. Este fenómeno va acompañado generalmente de un insistente ensimismamiento, que va alejando al yo de la realidad, para terminar por encerrarle en un mundo de ensoñación más o menos obsesiva.
Parece un hecho comprobado que la masturbación es muy frecuente en ambientes juveniles, sobre todo entre chicos, aunque también empieza a manifestarse en las muchachas. No sabemos exactamente la amplitud del hecho. Se están haciendo numerosas estadísticas para comprobarlo. Desde el ya famoso sondeo de Kinsey tropezamos en general con las mismas dificultades. La base matemática de las estadísticas no es siempre suficientemente significativa. Y con frecuencia hay que matizar mucho las respuestas, sea por la inhibición a que todavía están sometidas muchas personas en este terreno, sea porque, en el otro extremo, es también frecuente el caso, particularmente entre hombres, de los que sienten el prurito varonil de la exhibición ante los demás. De todos modos parece que no es aventurado decir que una gran parte de nuestros muchachos se masturban.
También existe la masturbación en ambientes adultos, sobre todo cuando se trata de circunstancias especiales, como ha ocurrido siempre que el hombre está sometido contra su deseo profundo a la soledad. Es el caso, por ejemplo, de los internos, marinos y reclusos.
El problema es lo suficientemente vasto, como para que nos preocupemos de él. Vamos a estudiar los diversos aspectos del mismo en unos momentos en que no hay demasiada seguridad respecto a la valoración del hecho masturbatorio y a la pedagogía a seguir con él.
1. Diferenciación
No podemos considerar la masturbación como un bloque monolítico. En realidad, hay muchos y diferentes tipos de masturbación. Y no podemos tratar igual uno que otro. Estudiaremos algunos de los principales de estos tipos.
a) Masturbación patológica
Es una verdadera neurosis. Y consiste en una fijación obsesiva del sujeto en la masturbación, como si no hubiera otra cosa más importante en su vida. Un síntoma de esta obsesión es la repetición consecutiva de los actos masturbatorios. Estos pueden sucederse uno a otro, de tal modo que el sujeto tiene dos, tres y hasta cuatro masturbaciones seguidas, sin apenas intervalo de separación entre una y otra. Se vive en la espera impaciente de la oportunidad de masturbarse. Y nada tiene sentido ni valor en esa expectación.
b) Masturbación fisiológica
Este tipo de masturbación es muy diferente del anterior. Podríamos decir que se encuentra en los antípodas. La masturbación se banaliza hasta el punto que se considera casi como beberse un vaso de agua. En realidad es simplemente un desahogo fisiológico del prurito sexual. La vida sigue normal y la masturbación no acapara prácticamente sino un mínimo de energía vital. Apenas si roza la epidermis del yo. Para éste la masturbación es un detalle entre mil de la vida cotidiana.
c) Masturbación psicológica
Es un tipo de masturbación en que el yo está implicado seriamente, pero sin llegar a la obsesión. La masturbación no es obsesiva, pero afecta profundamente al yo. No le deja indiferente. Todo el ser está comprometido en la masturbación, aunque este compromiso no impida dar también importancia a otras preocupaciones de la vida. En la masturbación psicológica podemos encontrarnos profundas diferencias:
1) Masturbación sustitutiva
En este tipo de masturbación el yo no desea la masturbación como tal. Le atrae el otro sexo y está dispuesto a comprometerse con él, pero vive en unas determinadas circunstancias sociales que se lo impiden. Este tipo de masturbación se da frecuentemente en los ambientes cerrados de carácter monosexual, por ejemplo, en los internados, los cuarteles, los barcos y las cárceles.
Generalmente en este tipo de masturbación sustitutiva se desarrolla mucho el elemento imaginativo. El yo se masturba, pero piensa y sueña en el otro sexo. Esto hace que este tipo de masturbación sea menos grave, ya que en realidad, aunque el yo se masturbe materialmente, de un modo formal no es masturbatorio. En este caso tenemos claramente una heterosexualidad imaginativa, lo que no ocurre en el que se masturba, atraído como está por el abismo de la autosexualidad.
2) Masturbación enraizada
Aquí el yo se masturba, no en plan de sustitución, sino porque la masturbación como tal le satisface y le llena. El sujeto vive ensimismado y encuentra en sí mismo su realización. Nos recuerda a la torre de marfil de Descartes. «No necesito tomar en préstamo nada de nadie». El otro sexo resulta temible. Y ante la inseguridad de encontrar en él un fracaso, el yo se refugia en su propio sexo. Este tipo de masturbación ocurre con frecuencia en aquellos que de niños no recibieron suficiente afecto en el hogar. Si este déficit fue excesivamente grande, en determinadas circunstancias psicológicas, puede hasta originar una verdadera neurosis obsesiva de carácter masturbatorio, que llega a manifestarse en los mismos niños.
Un síntoma claro de esta masturbación enraizada lo tenemos cuando el sujeto prefiere masturbarse a tener relaciones heterosexuales en circunstancias normales. Es el caso, por ejemplo, de los casados que se abstienen de vivir conyugalmente para encerrarse en la masturbación. Casos que encontramos con relativa frecuencia y que minan por la base el matrimonio.
3) Masturbación espiritualizada
La masturbación está tan profundamente introyectada en el sujeto que éste puede incluso abstenerse de lo que es materialmente sexual en su masturbación. Se masturba, diríamos de un modo espiritual y casi platónico. Esta masturbación espiritualizada es sumamente grave, ya que, por una parte no está sometida a crítica, pues el sujeto se siente con la conciencia tranquila, y, por otra, afecta a estratos muy profundos del ser. El yo vive en un estado de profundo ensimismamiento sin preocuparse para nada de los otros, como si él fuera el centro del mundo y todo lo que ocurre en él no tuviera ninguna importancia. Esto mismo puede ocurrir igualmente con determinados grupos sociales que se sienten autosuficientes en todo orden. En el fondo están corroídos por un fenómeno de masturbación colectiva. Es quizás el gran pecado que Jesús trató por todos los medios de desenmascarar en los fariseos.
2. Valoración
Respecto a la masturbación, los juicios de valor en la actualidad están prácticamente contrapuestos. Hay para todos los gustos. Lo que está causando una no pequeña confusión en el hombre de la calle. Muchos sacerdotes, incluso, no saben muy bien el terreno que pisan. Vamos a tratar de hacer una valoración del fenómeno masturbatorio lo más objetiva posible.
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