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a) Atenuantes
Es cierto que habrá ocasiones en que, aunque no podamos justificar las relaciones sexuales de los novios, las tengamos que explicar por los atenuantes que encontramos en ellas. Estos atenuantes pueden ser sociológicos y psicológicos. Hay ocasiones en que el noviazgo se prolonga demasiado, incluso durante años, por causas ajenas a la voluntad de los interesados y entonces resulta especialmente doloroso y difícil a los novios no llegar a expresar sexualmente el amor que se tienen, que es bonito, auténtico y verdadero.
Algunos moralistas, como F. Böckie, llegan a proponer que se aplique en estos casos el canon 1089 del código de derecho canónico, que prevé para situaciones urgentes muy determinadas la posibilidad de un matrimonio que se celebra no en la forma acostumbrada, es decir, sin la asistencia del sacerdote, y con la presencia de dos testigos (8). Esta posición de Böckle ha tenido al parecer algunos seguidores (9). De todos modos ésta no deja de ser una solución precaria y de emergencia.
El otro tipo de atenuantes es el psicológico. En muchos casos ocurre con las relaciones sexuales prematrimoniales lo mismo que ya vimos al hablar de la masturbación, es decir, el vértigo moral, como consecuencia de la precocidad psicológica de la juventud actual y del bombardeo erótico a que está sometida casi constantemente de la mañana a la noche. En estos casos de vértigo la responsabilidad desaparece prácticamente por completo.
b) El problema en sí
No podemos contentamos con estas consideraciones que dejan intacto el núcleo del problema. La cuestión está en saber si las relaciones sexuales prematrimoniales son realmente malas en sí mismas, cuando son expresión de un amor serio y verdadero entre los novios. De acuerdo que si los jóvenes no se aman de verdad, totalmente y para siempre, no tengan relaciones sexuales porque serían inauténticas (10), pero si están decididos a darse de un modo total y definitivo el uno al otro, ¿por qué no pueden expresarse su amor también sexualmente?
Falsas posiciones en contra. Algunos piensan que no deben hacerlo, porque en esas circunstancias no pueden tener hijos. En realidad, hoy esto no es ninguna dificultad seria. También de casados habrá circunstancias en que la paternidad responsable les exigirá no tener hijos y, sin embargo, podrán tener relaciones sexuales.
Otros piensan que los novios no deben tener relaciones sexuales porque todavía no pueden saber con absoluta certeza que sus relaciones sexuales son prematrimoniales. Sólo lo sabrán cuando estén casados, es decir, después de la boda. Si no llegan a casarse, sus relaciones habrán sido no prematrimoniales sino simple y llanamente extramatrimoniales.
¿Qué decir de esta manera de pensar? Tampoco nos convence demasiado. En primer lugar, porque estas relaciones son intencional y afectivamente prematrimoniales, aunque después no lo sean de hecho, lo que las diferencia radicalmente de una relación extramatrimonial en sentido estricto. Y, en segundo lugar, porque, hablando rigurosamente, no es verdad que después de la boda los novios no puedan echarse atrás. Jurídicamente lo pueden hacer en casi todos los países del mundo donde hay divorcio. Gracias a él, podrán volverse atrás, aunque estén casados. No es la boda lo que se lo va a impedir, sino el amor total y para siempre que se tienen, sobre todo si este amor está confirmado en el Señor Jesús. Pero este amor es evidente que no se crea en el instante de la boda, como si no pudiera existir un amor de verdad entre él y ella, tan fuerte como el que existe entre dos casados.
Entonces, ¿por qué no pueden los novios tener relaciones sexuales? ¿por qué seguimos pensando que las relaciones sexuales prematrimoniales son malas? ¿no deberíamos mostrarnos más liberales en ese campo, como ya ha ocurrido, por ejemplo, en todo lo relacionado con la iniciación sexual y la moda? ¿terminaremos por ceder en este punto, como hemos hecho en otras ocasiones? Todas estas preguntas se las hacen muchos hombres responsables y no saben muy bien qué hay que responder, con lo que se está creando una no pequeña confusión en muchos.
B. Schlegelberger, después de un ponderado estudio crítico del problema a partir de Alfonso de Ligorio, piensa que la cuestión no está definitivamente cerrada (11).
Falsas posiciones a favor. Algunos legitiman las relaciones sexuales prematrimoniales por el simple hecho de que existen. Es cierto que, según parece, por los sondeos realizados, el fenómeno empieza a ser frecuente en las nuevas generaciones, pero esto no justifica nada. Admitir las relaciones sexuales prematrimoniales por el simple hecho de que hoy muchos jóvenes las practican sería aceptar la dictadura intolerable de la estadística. Hay muchas estructuras en el mundo actual que es necesario cambiar en contra de lo que muchos piensan y hacen. No se puede ser permisivista en lo sexual y exigente en lo social, como antes ocurría al revés. En esa actitud relativista han caído, por ejemplo, los defensores de la «nueva moral» de que hablamos en la introducción (12).
Un intento de solución personal. Vamos a tratar de dar una respuesta adecuada a este candente problema de la hora actual. Y la vamos a dar sin hacer concesiones a los viejos tabúes, ni a la obsesión erótica de moda, ni al capricho irresponsable. Trataremos con toda honestidad de ver qué exige el mismo dinamismo del amor, en esa zona profunda anterior a toda veleidad, allí donde realmente encontramos lo mejor de nosotros mismos y la huella en nosotros de los planes divinos. A nuestro modo de ver, las relaciones sexuales prematrimoniales tienen hasta cierto punto valor, en cuanto que son expresión de un amor auténtico, pero son un gesto desaforado si tenemos en cuenta el momento en que se producen. Es decir, son bonitas, pero prematuras, algo así como el niño sietemesino. No podemos decir de él que sea un monstruo. La madre que lo tiene puede hasta cierto punto estar feliz con él, porque, como dice el evangelio, ha dado a luz un nuevo ser. Pero en ningún caso podemos aconsejar a una madre que tenga un niño a los siete meses. No es un bien, sino un mal. Habrá que enviar al niño a la incubadora y este niño quedará siempre estigmatizado por ese hecho. Toda la vida tendrá que arrastrar su prematuridad. Lo mismo ocurre con las relaciones sexuales prematrimoniales. No deberían haber ocurrido antes de la boda. En ningún caso puede decirse que están bien. Son malas y por lo tanto culpa moral. Aunque expresan el amor, por hablar de algún modo, al ochenta por ciento, les falta un veinte por ciento de madurez. Son prematuras y por lo tanto, en parte, inauténticas, de lo que se deduce que no son expresión completa del amor, y por lo tanto inmorales. Creemos que con esto queda clara nuestra posición.
Lo que queda ahora por aclarar es saber por qué las relaciones sexuales prematrimoniales son precoces y prematuras. Vamos a estudiarlo a continuación.
Dijimos antes que el último criterio que admitimos hoy para regular el amor es su dinamismo intrínseco. Todo gesto será válido y por lo tanto moral, si de verdad expresa el amor. Un beso que no tiene nada detrás, está vacío y es inauténtico. ¿Qué hay detrás de las relaciones sexuales prematrimoniales? Que pueden expresar un amor sincero y auténtico no nos cabe la menor duda en ciertos casos. Pero ese amor, aunque sincero y auténtico, no es lo suficientemente pleno como para ser expresado con las relaciones sexuales plenas. La razón es ésta. Las relaciones sexuales son sin género de duda la expresión plena del amor. Después de ellas no encontraremos nada más expresivo. Para ser auténticas necesitan por eso mismo que el amor que manifiestan haya también él llegado a su plenitud estructural. Las personas siempre podrán crecer en su vivencia del amor hasta la hora de la muerte. Pero aquí se trata del amor en sí. Si el amor no ha llegado a su plenitud, las relaciones sexuales le vendrán grandes. El amor de los novios tiene otra medida de expresión. Las relaciones sexuales le quedan sobrando en parte porque el amor no puede antes de la boda llegar a su plena maduración. Y esto por la razón que vimos antes al estudiar el problema de la socialización del amor. Mientras el yo y el tú no sientan que su amor es tan grande que les empuja a dar la cara ante los demás y a presentarse como un yo-tú, comunidad de amor, es decir, como un nosotros, el amor está todavía en camino. No ha llegado a la meta. Por eso no puede expresarse con una manifestación que es también ella la meta de las manifestaciones afectivas. Esto explica la precocidad de las relaciones sexuales prematrimoniales.
En conclusión, podemos afirmar que las relaciones sexuales prematrimoniales son inválidas en cuanto que son sietemesinas, precoces, por el hecho de vivirse antes de la socialización del amor, socialización que está exigida no por una presión exterior, sino por el mismo impulso intrínseco que experimentan los novios al quererse de un modo total y para siempre.
Cuando nos encontremos con novios que se inclinan a tener relaciones sexuales prematrimoniales no los condenemos sin más, como si su amor estuviera en el mismo plano de igualdad que los que frecuentan una casa de prostitución o practican el amor libre, yendo cada semana con un partner diferente. Su amor tiene aspectos bonitos y hasta entrañables, pero seamos también muy claros con ellos al decirles que están obrando mal y comprometiendo en parte su amor por la falta de proporción que hay entre lo que sienten y lo que expresan. Esta desproporción les impide ser plenamente auténticos y hace que el nosotros que están tratando de crear nazca antes de tiempo y esté así expuesto a graves peligros y crisis en el futuro. Si en parte enternece ver a unos novios que se quieren de verdad y que sienten la tentación de quemar etapas, como la madre que siente ya ardientes deseos de ver y tocar el fruto de sus entrañas antes de tiempo, mucho más entrañable es constatar la existencia de jóvenes que saben ir paso a paso cargando de sentido progresivamente todos sus gestos hasta llegar el momento culminante de formar el uno con el otro un solo ser.
¿Es posible dar carácter institucional a esta solución? Algunos autores están tratando de institucionalizar de algún modo estas relaciones sexuales prematrimoniales. Y tratan de hacerlo a partir de los antiguos esponsales o noviazgo actual, en el que verían una especie de matrimonio in fieri.
Graciano tiende en la edad media a asimilar los esponsales con el matrimonio. Para él, en la práctica, los esponsales se identifican con el matrimonio no consumado (13). Los consensualistas, en cambio, establecen una distinción neta entre esponsales y matrimonio (14). Pedro Lombardo distingue dos clases de esponsales (sponsalia): la desponsatio, que contiene un consentimiento actual (consentimiento de praesenti) en que consiste propiamente el matrimonio y otra desponsatio que contiene una promesa de contraer matrimonio en el futuro (consentimiento de futuro) y que son los «esponsales» propiamente dichos (15). Tomás llama a los esponsales sacramentalia matrimonii (16).
Según la doctrina de Graciano, cuando los novios, a pesar de todas las prohibiciones, tenían relaciones sexuales, los esponsales se convertían en verdadero matrimonio rato y consumado por lo que era imposible de hecho que los novios tuvieran relaciones sexuales antes del matrimonio ya que por el hecho de tenerlas empezaba a existir el matrimonio y las relaciones eran matrimoniales y no prematrimoniales. Para Pedro Lombardo, en cambio, puesto que el matrimonio se entendía como un contrato, cuyo objeto era el ius ad corpus del otro para la procreación y educación de los hijos, era evidente que, siendo los esponsales un contrato de futuro no daba en el presente derecho alguno a las relaciones sexuales prematrimoniales. No vemos por eso cómo algunos autores contemporáneos tratan de apoyarse en los esponsales del medioevo para institucionalizar las relaciones sexuales prematrimoniales (17).
La única solución sería introducir el «matrimonio in fieri» tal como se practica en los pueblos primitivos y adaptarlo a la situación cultural de nuestro tiempo (18). Pero esto plantea no pocas dificultades. Puede, en primer lugar, fomentar los matrimonios clandestinos, que tantos problemas plantearon en la edad media y que contradice la tendencia socializante y antiprivatista de nuestro tiempo (19). Y en todo caso, como dijimos anteriormente, hará que las relaciones sexuales dejen de ser prematrimoniales para convertirse en matrimoniales (20).
Vidal y Valsecchi hablan de vinculaciones progresivas que han de ser consideradas en su valor tendencial, aunque incompleto (21). En realidad no vemos en qué se distinguirían estas vinculaciones progresivas del matrimonio in fieri.
No sabemos muy bien cómo será socioculturalmente el matrimonio del futuro. Lo que sí personalmente nos parece claro es que tendrá que haber siempre un momento fuerte en que los novios se aclaren de una vez para siempre y se declaren su amor de un modo consciente, libre y responsable. No podemos renunciar a esta opción privilegiada si no queremos echar por la borda lo mejor de la cultura occidental. Pero es también evidente que ese momento culminante y decisivo debe ir preparado por una serie de sucesivas aproximaciones. No creemos que la sociedad actual va a institucionalizar jurídicamente ese proceso de maduración matrimonial. Creará, sí, probablemente, ciertas estructuras socioculturales muy espontáneas y flexibles de acuerdo con la mentalidad de los jóvenes de hoy.
¿En ese contexto sociocultural del futuro serían legítimas las relaciones sexuales prematrimoniales? Como dijimos antes y por los motivos que entonces adujimos, creemos que esas situaciones previas al matrimonio no son el cuadro ideal para vivir la sexualidad y por eso no son recomendables las relaciones sexuales prematrimoniales. En ese sentido son malas.
Si los «novios quieren intencionalmente permanecer en una verdadera situación prematrimonial, no pueden incluir en el pre lo matrimonial. No pueden usar de un derecho tan pleno y colmado que todavía no existe. No tienen derecho, y no porque el derecho sea algo extrínseco, sino porque ellos mismos impiden que surja, al no tener un auténtico consentimiento matrimonial. Si no consienten plenamente no tienen derecho a sentir algo que incluye una plenitud, un compromiso, un estado de vida, una vida común como estado. No pueden, como personas privadas, anticipar algo que no admite partes y que, en sí mismo, incluso prescindiendo de las leyes positivas, tiene carácter público (22).
Sin embargo, no nos atrevemos a decir que las relaciones sexuales prematrimoniales, cuando expresan un auténtico amor total y para siempre, sean siempre gravemente malas. Es algo que habrá que ver en cada caso y dependerá mucho del amor que hay en su base y de la aproximación real al matrimonio en el momento en que se producen (23).
2. Relaciones sexuales extramatrimoniales
Las relaciones prematrimoniales se viven fuera del matrimonio pero con vistas a él. En cambio, las relaciones sexuales extramatrimoniales no sólo se realizan fuera del matrimonio, sino que en ellas no se piensa en ningún momento llegar a él. Aquí estriba la radical diferencia entre unas y otras. Lo mismo que las relaciones prematrimoniales, las extramatrimoniales están, según parece, aumentando notablemente en los últimos tiempos por lo que plantean un importante problema a la moral.
a) Explosión de la familia nuclear
Es un hecho, como vimos antes, que la antigua familia patriarcal de los medios rurales era amplia y numerosa. Pero al desplazarse a la ciudad ha quedado reducida a su mínima expresión. En vez de la casona solariega, un pisito de menos de cien metros cuadrados. Y los componentes de la familia que antes incluían de algún modo, aparte de los padres y numerosos hijos, a los abuelos, tíos solteros o viudos, numerosa servidumbre y vecinos, que eran casi como de la familia, se han reducido en la ciudad al padre, la madre y dos o tres hijos. De este modo, como dicen los sociólogos, la familia se ha hecho nuclear.
Este fenómeno de nuclearización y reducción de la familia contrasta ostentosamente con la tendencia actual hacia la universalización. Se están desdibujando los límites en todos los ámbitos. Desaparecen poco a poco las fronteras entre las diversas confesiones religiosas, entre los pueblos, las clases sociales y los sexos. Por doquier florece el espíritu ecuménico y se acentúa más lo que une que lo que separa. La facilidad en las comunicaciones sociales y la apertura existencial de los hombres de acuerdo con un misterioso dinamismo que los empuja a abrirse a todos y a todo nos lleva a esta universalización. Es significativo en este sentido que por primera vez en la historia hemos podido fotografiar a la tierra en su conjunto desde el espacio exterior. Y, como cosa curiosa, podemos constatar que en esa fotografía nadie ha quedado excluido.
En este clima es imposible un verdadero cisma en el terreno que sea. Ha habido gentes que han temido, por ejemplo, una escisión en la iglesia con motivo del Vaticano II, entre integristas y liberales. Pero hoy un cisma religioso es imposible. Va contra los signos de los tiempos. Lo que va a ocurrir es precisamente lo contrario, un movimiento ecumenista que va a terminar por reunir a todos los cristianos de buena voluntad en un solo rebaño. Lo mismo podríamos decir de las lenguas. En la edad media, por falta de comunicaciones, pudo romperse la unidad del latín, que saltó hecha pedazos, para desintegrarse en diversas y numerosas lenguas romances. Hoy ni el español ni el inglés pueden desintegrarse. Al revés. Cada vez nos sentimos más cerca los que hablamos estas lenguas a pesar de las distancias, porque los viajes y los medios de comunicación social nos acercan irreversiblemente. Y lo mismo cabe decir en lo político. Está muy bien el regionalismo, pero un separatismo pequeño y ramplón no cabe en un mundo que tiende a continentalizarse y a tomar conciencia, incluso, de su unidad universal.
Este movimiento de universalización nos lleva inexorablemente a lo que Teilhard de Chardin llamaba la superfamilia, pero choca con la nuclearización a que ha sido sometida la familia urbana. La familia rural se ha achicado hasta el límite de sus posibilidades, mientras que la corriente de la existencia le lleva hacia la superfamilia. Esta radical tensión entre familia nuclear y superfamilia explica muchas de las tensiones que existen hoy dentro del hogar.
En el fondo lo que está ocurriendo es una verdadera explosión de la familia nuclear urbana. Nada de extraño que en este clima nos encontremos con una alarmante proliferación de las relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio.
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