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fecha de publicación22.01.2016
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2) Los argumentos sacados de la ley natural no son evidentes
Es evidente que no se puede destruir la naturaleza humana. La naturaleza es digna de infinito respeto. Pero eso no quiere decir que es intangible. Dios sacó al mundo de la nada y confió al hombre el poder de terminarlo y perfeccionarlo. De ese modo el hombre, a imagen de Dios, puede adueñarse de la creación. «Creced y multiplicaos y dominad el mundo».
No es cierto que todo acto sexual deba ser fecundo. Si fuese así, no se plantearía el tema de la paternidad responsable y el hombre podría usar el matrimonio rarísimas veces en la vida. Las relaciones sexuales sirven para expresar el amor mutuo y los esposos no deben en manera alguna renunciar a esa expresión. Y, sin embargo, la mayoría de las veces que usan el matrimonio no van a pretender tener un nuevo hijo. Eso plantea indiscutiblemente al hombre, que es dueño de la creación, no su destructor, la tarea de adueñarse del proceso de la fecundación por medio de la ciencia y de la técnica, como ha hecho en otros muchos campos, para ponerlo al servicio de la persona humana y del amor conyugal (23).
b) Documento de la minoría
Según la opinión de la minoría la contracepción (uso del matrimonio cuyo acto por artificio humano se ve privado de su capacidad natural de procreación) es siempre gravemente mala, no sólo por ley positiva, sino por ley natural.
1) La iglesia no puede cambiar lo que ha enseñado anteriormente
La iglesia en efecto, según la minoría, no podía haberse equivocado durante tantos siglos en una doctrina que toca a la fe o a las costumbres. Si se hubiera equivocado, se habría acabado el magisterio ordinario en materia moral y la iglesia perdería la confianza de los fieles de cara al futuro.
La iglesia debe ser muy responsable cuando hace alguna afirmación no suficientemente fundamentada, porque, más tarde, cuando se ve obligada a cambiar ante el desarrollo de la investigación, puede desconcertar no poco al pueblo sencillo. Pero más desconcierto producirá a la larga si no sabe reconocer humildemente que al margen del mensaje esencial del evangelio existen en la doctrina cristiana sobre la fe y las costumbres muchísimas afirmaciones que han ido evolucionando a lo largo de los siglos. Pensemos simplemente lo que ha cambiado la iglesia en su doctrina sobre la libertad, la propiedad privada y la justicia social en los últimos años. Esto por no aludir a la evolución de la exégesis bíblica y a las nuevas formulaciones teológicas del misterio cristiano. Una iglesia madura debe saber distinguir adecuadamente entre contenido esencial y accidental del mensaje cristiano. El primero lo tiene que defender con uñas y dientes. Respecto al segundo, en cambio, debe dar muestras de agilidad y renovación de acuerdo con los tiempos.
2) La iglesia tiene miedo a que por este camino

se llegue un día a las mayores aberraciones
Hay que reconocer con toda honestidad que en todo este problema desde el principio, cuando se produjo el veto al concilio Vaticano II para tratar el tema de la «píldora», se advirtieron signos evidentes de un miedo angustioso a esta cuestión, lo que no ha facilitado en modo alguno su afrontamiento sereno y objetivo.
Según la opinión de la minoría en la comisión pontificia, tenemos en relación a los actos sexuales con vistas a la anticoncepción la siguiente escalada: la continencia; el ejercicio imperfecto de la sexualidad, hasta el amplexus reservatus; intervención en la obra de la naturaleza, sin mutilación: píldora; intervenciones quirúrgicas irreversibles, sobre la obra de la naturaleza: esterilización; intervención sobre la obra del hombre, privándola de su capacidad de reproducción: onanismo; intervención sobre el embrión aún no animado de alma humana; intervención sobre el feto animado: aborto; intervención sobre el recién nacido mal formado: infanticidio.
La iglesia, según la opinión de la minoría, ha condenado toda intervención a partir de la «píldora». Pero muchos moralistas van admitiendo poco a poco todas estas intervenciones hasta la intervención sobre el embrión no animado, si se llega a saber que no hay animación en el momento de la fecundación sino después.
En realidad esta manera de argumentar de la minoría es un tanto simplista. Se puede muy bien admitir, por ejemplo, la píldora y no admitir en modo alguno el aborto. No es lo mismo dominar la naturaleza para ponerla al servicio del hombre, que matar al hombre destruyéndolo radicalmente. Y es evidente, respecto al aborto, que no es lo mismo matar a alguien (persona humana) que destruir algo (embrión no humano todavía) si es que se prueba un día que realmente, por ejemplo, hasta la implantación en la matriz no hay persona humana. Se podrá discutir si es moral o no destruir ese embrión-no persona, pero en ningún caso será un asesinato, como ya decía Tomás en el siglo XIII dentro de un contexto filosófico hilemórfico. Para él, en efecto, hasta los 40 días no había alma humana y por lo tanto hombre y persona.
No hay que complicar las cosas innecesariamente. Lo que aquí se discute ni más ni menos es el problema de la «píldora». Su uso ¿es moral o inmoral cuando se trata simplemente de poder tener relaciones sexuales sin riesgo de que venga un hijo que por razones serias no debe tenerse? ¿el hombre puede adueñarse artificialmente de la naturaleza y conseguir con ciertos productos químico-farmacéuticos lo mismo que hace la naturaleza en ciertos días del ciclo menstrual, es decir la infertilidad de la mujer? Y lo que decimos de la mujer valdría también para el hombre, pues el planteamiento del problema es similar (24).
El enfrentamiento de la mayoría y la minoría dentro de la comisión pontificia hizo muy difícil la posición del papa y éste retrasó algún tiempo su decisión (25).
4. La paternidad responsable y la encíclica Humanae vitae
Finalmente el año 1968 se publicó la tan esperada encíclica Humanae vitae 28. Pocas veces en la historia de las intervenciones doctrinales pontificias ha existido un clima de tanta expectación como en torno a la Humanae vitae. Y pocas veces también un documento pontificio ha suscitado tan animadas y apasionantes discusiones. En el fondo no sólo se planteó una importante cuestión de moral conyugal. Se puso en juego incluso el futuro de la dinámica eclesial en cuestiones doctrinales.
a) Síntesis
Si hemos de ser sinceros, lo que de verdad interesa de la Humanae vitae es su afirmación central de que todo acto contraceptivo (léase píldora) es «intrínsecamente malo” . Todo lo demás tiene poca importancia y aporta escasas novedades a la doctrina anterior de la iglesia tanto tradicional, como del Vaticano II, aunque algunos comentadores han querido poner de relieve ciertos matices aclaratorios de la encíclica sobre el mismo concilio. Pero lo que se esperaba de la encíclica y lo que realmente la encíclica trajo consigo fue la decisión de Roma después de tantas esperas y dilaciones sobre el uso de los anticonceptivos. Y la decisión fue tajante y absoluta.
Puede comprenderse el impacto tremendo que la encíclica causó en el mundo sobre todo si se tiene en cuenta que el papa se inclinó abiertamente por la minoría en contra de lo que pensaba la mayor parte de los expertos de la comisión pontificia. En realidad eran muchas las parejas cristianas, que desde hacía tiempo, teniendo precisamente en cuenta la opinión creciente de los que se inclinaban a la aceptación de la píldora, la usaban con toda tranquilidad de conciencia. La confusión creada en muchos cristianos auténticos fue enorme.
Nada de extraño tuvo la reacción violenta de algunos moralistas de la mayoría, especialmente el conocido B. Häring (27).
b) Actitud ante la Humanae vitae
Poco a poco se fueron remansando las aguas, aunque no sin grandes dificultades psicológicas y con no poca confusión de las conciencias y deterioro del magisterio de la iglesia (28) . Numerosos artículos se publicaron sobre el tema de la encíclica. Unos a favor y otros más o menos discretamente en contra (29).
1) Testimonio de la iglesia primitiva
En la iglesia primitiva tenemos un ejemplo extraordinario de cómo todos los miembros del cuerpo místico, bajo la acción del Espíritu santo, pueden tomar parte activa en la solución de un importante problema doctrinal y práctico, como es el de si sería necesario a los paganos hacerse primeramente judíos para poder convertirse al cristianismo. Todos intervienen activamente en la cuestión, discutiendo y decidiendo juntos. Los apóstoles y presbíteros con toda la iglesia. Pedro recuerda las palabras de Jesús: «Simón, Simón, Satanás os busca para cribaros como el trigo, pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe. Y tú una vez convertido, confirma a los hermanos» & 22, 31-32). Por eso Pedro después de una larga deliberación, se levanta y habla a la iglesia (Hch 15, 7), pero también- los apóstoles y los presbíteros son «consultados sobre esto» (Hch 15, 2). Igualmente son tenidos en cuenta Bernabé y Pablo, como misioneros de vanguardia y testigos directos de los hechos. La muchedumbre de la iglesia escuchaba silenciosamente a «Bernabé y Pablo que narraron cuántas maravillas y prodigios había hecho Dios entre los gentiles por medio de ellos» (Hch 15, 12). En esta primera asamblea de Jerusalén existe una preocupación no sólo por discutir teóricamente, sino también de comprobar los hechos como son en realidad. La decisión final se toma de acuerdo con el Espíritu santo y con los apóstoles, presbíteros y toda la iglesia (Hch 15, 28). Todos formamos ese «nosotros» que colabora activamente con el Espíritu santo (Hch 15, 28).
Quizás la Humanae vitae nos ha ayudado a todos los miembros del cuerpo místico de Cristo a tomar conciencia de que todos nosotros hemos de participar activamente en la profundización del misterio cristiano: el papa, el colegio episcopal, los sacerdotes, los teólogos, los responsables seglares de movimientos familiares cristianos y, naturalmente, los matrimonios que forman en la base, como ha dicho el concilio Vaticano II, la iglesia doméstica. Y sin olvidar la ayuda que las ciencias modernas y las instituciones profanas pueden prestar para profundizar y aplicar esta difícil tarea de la paternidad responsable.
2) Analogía de la Humanae vitae con la Rerum novarum
Para interpretar activamente y de un modo constructivo la Humanae vitae nos será quizás útil compararla con la Rerum novarum, la decisiva encíclica de León XIII sobre el problema social. Si la miramos ahora a distancia, descubriremos inmediatamente, comparándola con otros documentos pontificios sobre el mismo tema, como la Quadragesimo anno de Pío XI, la Mater et magistra de Juan XXIII y la Populorum progressio de Pablo VI y con la doctrina del concilio Vaticano II en la Gaudium et spes así como la carta Octogesima adveniens de Pablo VI, que hemos de distinguir en la Rerum novarum la intuición esencial y profunda de León XIII y su manera concreta de probar esa doctrina y llevarla a la práctica. Mientras que la intuición esencial, o sea, la necesidad de promover un orden social más justo, continúa siendo válida y fue cosa del Espíritu santo para bien del mundo y de la iglesia, en cambio, muchos de los argumentos y de las aplicaciones concretas de la Rerum novarum han sido superados con el tiempo.
La historia nos empuja siempre hacia adelante. Pero, mientras en años anteriores el ritmo era más lento y la iglesia ha tenido hasta cierto punto una relativa calma para ir madurando las ideas, ahora hemos entrado en un ritmo histórico de vértigo, que nos exige una maduración acelerada. Lo que se ha hecho con la Rerum novarum en tres cuartos de siglo, lo tendremos que hacer quizás con la Humanae vitae en poco tiempo.
También en la Humanae vitae tendremos que distinguir entre la intuición esencial, obra indiscutible del Espíritu santo y de la iglesia, y elementos accidentales, como pueden ser algunos argumentos y aplicaciones concretas que la misma encíclica considera perfeccionables.
c) Valores permanentes de la Humanae vitae
Hemos de agradecer a las ciencias del hombre, a la nueva teología moral, al concilio Vaticano 11 y al papa Pablo VI porque nos han enseñado a tomar conciencia de las maravillas del amor personal y fecundo (30).
1) Dinamismo del amor
Hay que salvar a toda costa el dinamismo intrínseco del amor que empuja al yo a. darse de un modo total y para siempre al tú con el fin de hacer con él un nosotros, que no puede a su vez cerrarse en sí mismo, sino que ha de darse a los demás, al vosotros: los hijos en sentido material y espiritual. Quien no se da al tú y con él al vosotros es un narcisista en el plano psicológico e incapaz radicalmente de vivir el evangelio de Jesús, que es amar y estar dispuestos a dar la vida por los demás. Este darse es un darse con todo lo que se tiene, con todo lo que se hace y con todo lo que se es, la totalidad de la vida y cada acto en particular, que lo expresa de un modo concreto.
La Humanae vitae intuye que es necesario salvarnos con uñas y dientes de la terrible tentación del egoísmo. Todo en el mundo y en lo más profundo de nuestros corazones nos empuja a la generosidad. Oponernos sistemáticamente a ese dinamismo nos llevaría a las peores y más graves consecuencias.
2) Promoción de la mujer
A pesar de los grandes éxitos conseguidos en los últimos años a favor de la promoción de la mujer, todavía en muchos aspectos de la vida sigue pesando sobre ella la carga de una vieja civilización patriarcal, que ha hecho de la mujer un instrumento al servicio del hombre. La Humanae vitae ha intuido la necesidad de no resolver el problema de la paternidad responsable a costa exclusivamente de la mujer, como si «naturalmente» tenga que ser ella siempre, como en la gestación, como en el parto, como en la educación de los hijos, la que debe cargar con el mayor peso. No es tanto el aportar una solución u otra, sino el dar por descontado que debe ser ella precisamente la que ha de ponerlo todo.
3) Defensa de los países en vías de desarrollo
La Humanae vitae intuye también que es necesario defender a los países en vías de desarrollo frente a un neocolonialismo solapado, que tratarla de promover entre ellos un tipo indiscriminado de control de la natalidad por motivos más o menos inconfesables. Atemorizados ante una explosión demográfica de los pueblos de color, ciertos ambientes blancos preferirían la solución fácil de la limitación indiscriminada de la natalidad a una promoción integral de los países en vías de desarrollo, que en un futuro necesitarán posiblemente la población que ahora se impide nacer. En realidad es necesario, en este sentido, interpretar la Humanae vitae a la luz de la Populorum progressio. Esto explica que la Humanae vitae haya sido mejor recibida en ciertos ambientes del tercer mundo que no en los países desarrollados.
d) Valores coyunturales
Admitiendo esas intuiciones fundamentales de la Humanae vitae, la iglesia entera debe participar activamente en la profundización de las mismas y en su aplicación concreta en la vida. Para eso es preciso tener en cuenta que este problema, como cualquier otro de carácter moral, debe encuadrarse en la dialéctica propia del evangelio. De una parte, hay que insistir más que nunca en el ideal. Para ser cristiano auténtico no basta un mínimo. Es necesario entregarse totalmente y a fondo perdido. Pero, por otra parte, esta exigencia radical del evangelio ha de adaptarse, condescendientemente, a las limitaciones de las personas y de las situaciones objetivas, de acuerdo con la parábola de los talentos y de la hora en que Dios llama a cada uno, ya sea de madrugada o por la noche. Dios tiene una infinita paciencia con el mundo y con los hombres. Competencia especial de los teólogos, ayudados por las orientaciones del colegio episcopal y el papa, será poner de relieve esta dialéctica entre exigencia y condescendencia evangélica, en lo que se refiere a la paternidad responsable.
La Humanae vitae de por sI no es infalible. Es una orientación pastoral seria regulada por la prudencia y un análisis de la verdad sin pretensiones dogmáticas. Con la Humanae vitae la investigación no está cerrada. Hay que seguir estudiando los problemas tratados por ella, con una gran seriedad y apertura al mismo tiempo. Todavía nos queda mucho por saber en este terreno tanto para conocer el proceso de la procreación, como para dominarlo y ponerlo convenientemente al servicio de la persona humana del amor.
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