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e) Aplicación de la Humanae vitae
La aplicación de la Humanae vitae ha planteado serios problemas de conciencia a muchos cristianos (31).
1) Las conferencias episcopales
Dada la confusión que la Humanae vitae provocó en la conciencia de muchos fieles, numerosas conferencias episcopales de todo el mundo, sin negar la Humanae vitae, trataron de orientar a los licies en su aplicación, sin que la santa sede reprobara esta intervención de los obispos, con lo que tácitamente daba por válida su iwerpretación y el magisterio adquiría así una extraordinaria con%istencia eclesial.
Según estas conferencias, en muchos casos los esposos se encuentran con lo que tradicionalmente se llamaba «conciencia perpleja». Hagamos lo que hagamos está mal. Por ejemplo, si voy cti coche cuesta abajo y se me cruza de repente un niño, quizás me encuentro en la dolorosa alternativa de matarlo o de matarme. En ese caso puedo decidir lo que mejor me parezca en conciencia. Si mato al nifio, no soy asesino. Y, si me mato, no soy suicida. De ninguna manera me puedo sentir pecador y nadie puede obstaculizarme el acceso a los sacramentos.
En materia de paternidad responsable me puede ocurrir algo parecido. Tener un hijo imprudentemente está mal. Y no tenerlo empleando métodos anticonceptivos no convenientes también está mal según la Humanae vitae. ¿Qué hago en ese caso? Es evidente que a veces los padres no deben tener hijos en determinadas circunstancias, como vimos antes. Si los tuvieran pecarían de imprudencia. Pero es evidente también que a veces esos padres no tienen ningún medio eficaz para poder expresarse su amor conyugalmente, corno desea el mismo Pablo y la encíclica, sin el riesgo de exponerse a tener un hijo. Porque el método de la continencia periódica no siempre es válido.
En realidad no tenemos hoy ningún método ideal, es decir, absolutamente seguro y que no produzca efectos físicos o psicológicos negativos. Los métodos relacionados con la continencia periódica no son seguros y además presentan no pocos inconvenientes de todo tipo. No es fácil aplicarlos en el caso de la gente que viaja con frecuencia. Muchos sienten una profunda repugnancia ante ellos por el hecho de que intentan reducir el amor a calendario. Y por otra parte son métodos que han nacido en el seno de la civilización industrial y no pueden aplicarse a los pueblos subdesarrollados, que no están habituados a la precisión y control que exigen. Según esto, resultaría que sólo los pueblos desarrollados, que son quizás los que menos necesitan una planificación de la natalidad, serían los únicos en poder comportarse moralmente.
Comprendemos la angustia de muchos cristianos de nuestro tiempo que sienten en conciencia no poder tener más hijos, porque sería una grave imprudencia y que no tienen al alcance de su mano un medio razonable y seguro para poder amarse sin peligro de una paternidad amenazante. Esta angustia perjudica profundamente su amor y repercute de un modo u otro en los hijos y en la misma consistencia del hogar. Parece absurdo que la iglesia les exija ser responsables y, por otra parte, les diga que no hay métodos para hacer posible esa responsabilidad.
Según la aplicación de las susodichas conferencias episcopales, habría que resolver este problema de acuerdo a los principios que regían tradicionalmente en los casos de conciencia perpleja. Si estos padres tienen un hijo, aunque no sea prudente que lo tengan, no faltan. Y, si emplean un método, por ejemplo, la píldora, que según la Humanae vitae no es conveniente, tampoco faltan. Es algo que el marido y la mujer, sin presión de ninguna clase, deben decidir en conciencia. Y, sea cual sea su decisión, no deben por ningún motivo ser privados de los sacramentos. Ni siquiera tienen que confesarse, pues realmente no han pecado.
Con esto parece que el problema práctico de la paternidad responsable está de hecho resuelto, en espera de que la investigación encuentre métodos seguros y adecuados, que ahora no tenemos. Esta parece ser la solución que han dado al problema no sólo muchos teólogos de nuestro tiempo, sino también, como hemos dicho, numerosas conferencias episcopales del mundo, con el silencio aprobador de la santa sede (32).
2) Caso Washington
Algunos han creído ver una evolución de la doctrina de la santa sede sobre el problema de la natalidad en el Ilamado «caso Washington». Con motivo de la publicacidad de la Humanae vitae el cardenal O'Boyle, arzobispo de Washington, tuvo que afrontar la rebelión de una veintena de sacerdotes de la diócesis que se negaron a la aplicación literal de la encíclica. Expusieron su pensamiento en una declaración de conciencia (Statement of conscience) en que abogaban por una liberalización de la doctrina de la iglesia. El cardenal los suspendió a divinis. Como el problema Ilevaba trazas de no solucionarse por el endurecimiento de ambas partes, intervino la Sagrada Congregación del Clero desde Roma con un comunicado publicado en L'Osservatore Romano el 20 de mayo de 1971.
En él se dice que la encíclica Humanae vitae declara sin ambigiledad, duda o vacilación, la malicia objetiva del acto contraceptivo (the objective evil of the contraceptive act). Sin embargo, las circunstancias particulares que rodean un acto humano objetivamente malo, aunque no pueden hacerlo objetivamente virtuoso, pueden hacerlo «disculpable, menos culpable o subjetivamente defendible».
Algunos creyeron ver aquí una apertura en la doctrina de la santa sede sobre la regulación de la natalidad. Según eso, no sólo nos quedaría la solución práctica de la «conciencia perpleja» para resolver los casos de conflictos de deberes a que aludían las conferencias episcopales, sino que podrIamos en adelante defender que la contracepción no es intrínsecamente mala, como afirma la Humanae vitae.
La Sagrada Congregación del Clero salió itimediatamente al paso para evitar tergiversaciones a propósito de su intervención en el «caso Washington». Esta intervención, dijo la Congregación «fue examinada y aprobada por la autoridad competente como documento en perfecta armonla con las ensefianzas de la enciclica Humanae vitae, con los principios tradicionales de la moral católica que deben inspirar y guiar las aplicaciones pastorales de la encIclica misma, así como de una conciencia católica rectamente formada».
La declaración reconocfa, en perfecto acuerdo con estos perennes principios morales, la posibilidad de varios grados de imputabilidad o de culpabilidad subjetiva. Reconocla igualmente la distinción entre pecado formal y pecado material, entre el más objetivo y los factores que en cualquier hipótesis de pecado pueden disminuir la culpabilidad subjetiva en el caso. Por tanto, la declaración en ningún modo se alejaba o diferenciaba de la enseñanza del magisterio respecto a la malicia intrínseca de cada uno de los actos contraceptivos, como igualmente de la contracepción en general, según se expresa en el número 14 de la Humanae vitae.
En efecto, la declaración describía estos actos como objetivamente perversos, independientemente del fin y de las circunstancias de los mismos, adoptando la expresión objetive evil (objetivamente perverso) únicamente para llamar la atención de la opinión pública de Washington sobre el punto esencial de la enseñanza pontificia, desde el momento que en principio había sido atacado por los sacerdotes discordantes, precisamente este aspecto, del mal objetivo, intrínseco, del acto contraceptivo.
Como dice Vidal:
Creemos que no se puede hacer una distinción entre «objetivamente malo» e «intrínsecamente inmoral» en referencia al acto de la contracepción. En relación con este acto, lo mismo da decir que es «objetivamente malo» que «intrínsecamente inmoral». En efecto, si la acción contraceptiva es objetivamente mala, lo será porque existen valores intrínsecos (no exteriores, como podría ser un mandato, etc.) en tal comportamiento, que han de ser respetados y cuya preterición hace que la acción sea intrínsecamente mala.
Donde encontraríamos una pista de solución es en la consideración de las «circunstancias particulares que rodean un acto humano objetivamente malo», no como aspectos puramente subjetivos, sino como dimensiones o instancias también objetivas. Con tal interpretación podría decirse que el acto contraceptivo considerado «abstractamente» (fuera de las circunstancias que forman parte de su objetividad) es objetivamente malo, pero ese mismo acto considerado «concretamente» (con todas sus circunstancias) puede ser que no sea objetivamente malo. Como quiera que la culpabilidad o no culpabilidad se mide en relación con el acto «concretamente» considerado, se puede decir que un acto objetivamente malo (abstractamente malo) puede convertirse en acto no culpable (ya que las circunstancias particulares) hacen que la realidad objetiva pierda o disminuya la maldad objetiva que en una consideración abstracta poseía (33).
f) Ulteriores investigaciones
Es evidente que nos queda mucho por hacer en el terreno de la paternidad responsable. Las posibilidades que se ofrecen a la investigación en este campo son inmensas y urgentes. Apenas si estamos empezando a desbrozar el terreno.
1) Nuevos métodos
En realidad no tenemos actualmente ningún método bueno. Método ideal seria el que es absolutamente seguro y no causa ningún perjuicio físico o psicológico a la persona humana y al encuentro amoroso. Mora bien, en estos momentos -hemos de reconocerlo sinceramente- no existe ningún método que ofrezca estas características. Todos los métodos, incluidos los de la continencia periódica, ofrecen serios inconvenientes. Mientras tanto habrá que ser posibilistas y aplicar los principios tradicionales de la «conciencia perpleja» y el «conflicto de deberes», como sugieren algunas de las conferencias episcopales. Y entre tanto habrá que investigar seriamente hasta encontrar esos métodos ideales que buscamos (34).
No sabemos muy bien lo que el futuro nos puede deparar en este campo. Algunos, casi en plan de ciencia ficción, sueñan en la posibilidad de llegar a un control de la naturaleza y del completo sistema simpático-vegetativo del que depende el proceso de la fecundación del óvulo, por parte del sistema nervioso íntimamente relacionado con la conciencia y la libertad. Si llegara ese día, la mujer podría quedar embarazada a su gusto y discreción. Hoy por hoy esto nos parece inimaginable.' Pero también lo era hace cien años pensar que con una simple píldora se podría un día llegar al control de la natalidad.
Otros piensan en otro tipo de método basado en nuevas técnicas altamente sofisticadas que permitan descubrir a la mujer sin género de dudas si en un momento determinado va a quedar o no embarazada en caso de tener relaciones sexuales.
Una cosa es clara y es que el día en que aparezca un método o métodos ideales, no se podrá más ser posibilista y aceptar el principio de la conciencia perpleja. Quienes en ese caso no quieran usar los métodos convenientes obrarán inmoralmente, pero nadie lo hará. No hay que olvidar que si la gente hoy emplea métodos no adecuados, no es por mala voluntad, sino todo lo contrario, porque es la única manera que tiene con frecuencia de vivir responsablemente el amor.
Y debe quedar bien claro también que el hombre de hoy más que nunca ha de superar la tentación del egoísmo en todas sus formas, por solapadas que sean, para poder fecundar de un modo positivo y abierto a la esperanza el mundo que habitamos. Si no sabemos damos a manos llenas con lo mejor de nosotros mismos, terminaremos por desintegrarnos y caer en la desesperación. Es la hora de los santos, de los héroes y de todos aquellos que siguen creyendo en el gran principio del evangelio, de que es mejor dar que recibir.
2) Nueva manera de dominar la naturaleza
Pero sobre todo habrá que llegar a nuevas maneras de dominar la naturaleza para ponerla al servicio del hombre. No podemos olvidar que la moral ha de preocuparse no sólo de hacer o no hacer cosas, sino también y sobre todo de hacerse el hombre él mismo a nivel individual y colectivo. Por primera vez en la historia no sólo podemos hacernos a nivel psicológico y social, sino también biológico. Esto nos abre un campo insospechado a nuestra inquietud y creatividad. La puerta está abierta y no podemos cerrarla (35).


  1. A. Sauvy, La prévention des naissances dans la famille. Les origines dans les tenips modernes, Paris 1960.

  2. K. Ogino, Contraceptionperiod of women, New York 1934; H. Knaus, Die periodische Fruchtbarkeit und Unfruchtbarkeit der Weibes, Wien 1934; cf. H. Dumery, Méthode Ogino et morale: NouvRevTh 70 (1948) 587-597 E. Mongues, D'Ogino á Paulow, Paris 1957; J. Thomas, Marriage and rhythm, Glasgow 1957; R. L. Meier, Modern science and the human fertility problem, London 1959; S. Geller, La courbe thermique, Paris 1961; Id., La témpérature guide de la femme, Paris 1961; J. H. G., La fertilité cyclique de la femme, Paris 1962; J. Billings, Regulación natural de la natalidad, Santander 1975.

  3. A. Chanson, Pour mieux confesser, Paris 1948, 729-730.

  4. Pío XII, Allocutio Ús qui interfuerint conventui unionis catholicae Italiae inter obstetrices, Romae habito, die 29 octobris 1951: AAS 43 (1951) 833854.

  5. Documentation Catholique (1951) 1.554.

  6. Ch. Mertens, Doctrine catholique et probléme de la populatión: NouvRevTh 74 (1952) 1.042-1.061; G. Zeegers, Introduction to international contest on the population problems of underdevelóped areas: Social Compass 2 (1955) 214-234; A. Zimmermann, Overpopulation, Washington 1957; A. Sauvy, De Malthus á Mao-Tsé-Tung, Paris 1958; J. Lynch, Notes on moral theology. Overpopulation and populatión control: TheolSt 21 (1960) 581-625; D. von Hildebrand, Der Sinn der Ehe und das Problem der aberv¿ilkerung: Stimmen der Zeit 69 (1961) 185-201; A. McCormack, The populatión problem, New York 1970.

  7. H. Dorns, Vom Sinn und Zweck der Ehe, Breslau 1935; E. Lavaud, Sens etfin du mariage. La thése de Doms et la critique: RevTh 44 (1938) 737765; T. Boigelot, Du sens et de lafin du mariage: NouvRevTh 66 (1939) 5-33; H. Dorns, Réponse au pére Boigelot, NouvRevTh 66 (1939) 513-538; T. Boigelot, Réponse au docteur H. Doms: NouvRevTh 66 (1939) 539-550; A. Lanza, Defineprimario matrimonfl: Apollinaris 13 (1940) 57-83; 218-264; A. Krempel, La continencia periódica en el matrimonio, Barcelona 1963; J. M. Reuss, Eheliche Hingabe und Zeugnung: Tübinger Theologische Quartalschrift 143 (1963) 454-476; A. Aucr, Eheliche Hingabe und Zeugnung. Zu einem Diskussionsbeitrag des Mainzer Beibischofs Dr. J. M. Reuss: ThPrQ 112 (1964) 121-132.

  8. AAS 36 (1944).

  9. AAS 43 (1951) 848-852.

  10. Y. Grégoire, Les fins humains du mariage, Bruxelles 1946; J. Fuchs, Die EhezweckIehre des hi. Thomas von Aquin: TheolQ 128 (1948) 398-426; P. Schal, La doctrine des fins du mariage dans la théológie scolastique, Paris 1948; E. Boissard, Desfins du mariage dans la théologie scolastique: RevTh 49 (1949) 292-307; L. Lochet, Les fins du mariage: NouvRevTh 73 (1951) 444-456; 561-586.

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  12. M. J. Ferin, De Vutilísatión des médicaments «inhibiteurs d'ovulation»: ETI, (1963) 781 ss.

  13. P. Palazzini-D. Huerth-F. Lambruschini, StudCatt (1961) 62-72.

  14. S. Lestapis, Problémes de population et conscience chrétienne: Rev. de l'Action Ropulaire (1951) 543-556; R. Carpentier, Unprobléme pastorale difficile: NouvRevTh 74 (1952) 974-980; A. Snoeck, Fécondation inhibée et morale catholique: NouvRevTh 75 (1953) 690-702; Id., Morale catholique et devoir de fécondité: NouvRevTh 75 (1953) 897-911; L. Janssens, Morale etproblémes démographiques, Louvain 1953; E. Tesson, Fécondité dirigée et morale chrétienne: Cahiers Laennec 4 (1954) 35-44; W. Lagrona, Le «planning» familial, Paris 1956; J. Durnois, Va-t-on contróler les naissances?, Paris 1956; A. Yanguas, De continentía periodica seu de sterilitate facultativa: Estudios Eclesiásticos 31 (1957) 43-74; P. le Moal, Continence conjugale et morale sexuelle. Etude statistique du comportement sexuel de 292 couples catholiques en fonetion de leur position face au probléme de la limitation des naissances: VieSpirSuppl 41 (1958) 43-69; J. A. Schokaert, Vinhibition de Povulation: St. Luc Médical 31 (1959) 231-249; P. Riquet, La régulation des naissances, Paris 1961, 15 1- 17 1 ; P. de Contenson, Fécondité, bonheur et morale: RevScPhTh 46 (1962) 3-44; M. Brugarola, Sociología y teología de la natalidad, Madrid 1967.

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  16. Ecclesia 1.324 (1967) 19.

  17. L. Janssens, Chasteté conjugale selon Peneyclique «Casti connubiffi et suivant la constitution pastorale «Gaudium et spes»: ETI, 42 (1966) 513-534; Id., Mariage et fécondité, Paris 1966; J. de Castro, La regulación de los nacimientos. Reflexiones teológicas y morales para una acción pastoral, Santiago de Chile 1966; J. David, Matrimonio y paternidad según el concilio, Bilbao 1970.

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  20. J. T. Noonan, Contraceptión. A history of its treatment by the catholic theologíans and canonists, Cambridge 1966.

  21. A. M. Dubarle, La Bible et les péres ont-ilsparlé de la contraception?: VieSpirSupp1 15 (1962) 573-610; Id., Amor y fecundidad en la Biblia, Madrid 1972.

  22. A. M. Dubarle, o.c., 339-366

  23. G. M. Cottier, Réf1exions sur le concept de «nature» en relatión avec la question de la régulation de naissances: Nova et Vetera 42 (1967) 207-232.

  24. A. Valsecchi, Regulación de los nacimientos, Salamanca 1968.

  25. E. Hamel, Genesi deffienciclica «Humanae vitae»: CivCatt 119 (1968) 3, 455-467.

  26. Pablo VI, Humanae vitae: AAS 60 (1968) 481-503; M. Zalba, La regulación de la natalidad (texto bilingüe de la encíclica, fuentes del magisterio, comentario), Madrid 1968.

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  28. Ph. Delhaye, Conscience et autorité ecciésiale. Réf1exions sur les remous causés par 1'encyclique: La Foi et le Temps (1969) 5-35.

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  30. J. A. Eguren, Paternidad responsable y valores humanos, Valencia 1975.

  31. Ch. Curran, Contraception, authority and dissent, London 1969.

  32. B. Russo, La «ffumanae vitae» e le previsioni contrastanti di vescovi e teologi: RassTeol 9 (1968) 311-318; D. Tettamanzi, La rispota dei vescovi alla «Humanae vitae». I documenti degli episcopati nazionali. Commento e direttive pastorali, Milano 1968; G. de Broglie, Conflit de devoirs et contraception: Doctor Conununis 22 (1969) 145-176; J. M. de Lahidalga, La conciencia individual y la regulaciòn de la natalidad: Lumen 18 (1968) 26-45.

  33. M. Vidal, Los documentos sobre el «raso Washington» y el problema de la «Humanae vitae»: Pentecostés XI (1973) 43-50. Cf. J. O'Riordan, Curso manuscrito 1971-1972 en el Aiphonsianum de Roma. A él y al experto en población McCormack alude expresamente el documento de aclaración de la Congregaci6n del Clero.

  34. H. Késter, AerMiche Oberlegungen zu «Humanae vitae»: Stimmen der Zeit 183 (1969) 217-230.

  35. A los diez afios de la Humanae vitae: Rivista di Teologia Morale 10 (1978) 485-585; Theological Studics 39 (1978) 221-312; F. J. Elizari, A los diez affos de Humanac vitac: Morabia 1 (1979) 235-253. (Actualmente ya son 40 años).
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