De la ciudad damérica a la ciudad fractálica, o la indigestión del formalismo




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Rafael López Rangel



DE LA CIUDAD COMPACTA A LA CIUDAD FRAGMENTADA

EL CASO DE LA CIUDAD DE MEXICO. En el universo de las nuevas preocupaciones sobre la ciudad: del sueño de un orden a la pesadilla del caos.
Rafael López Rangel

De la ciudad damérica a la ciudad fractálica, o la indigestión del formalismo.
En los ámbitos del conocimiento sobre los procesos urbanos de nuestros países latinoamericanos, está cobrando preponderancia la preocupación por la problemática de las grandes aglomeraciones -las metrópolis, megalópolis, y otras de denominaciones discutidas- no sólo por sus dimensiones y morfologías que aparecen como inéditas. Una primera razón de ese interés se manifiesta por el papel que están representando en los actuales procesos globalizadores y sus “ventajas competitivas” de tinte financiero-empresarial, sino también desde amplios sectores preocupados por la mayoría de la población y por el conjunto de patologías –en el sentido de Jurgen Habermas- sociourbanas y ambientales que se han convertido en evidentes marcadores de una crisis que no ha sido superada a pesar de haber sido advertida alrededor de los años setenta del pasado siglo.
Por decirlo inicialmente de una manera laxa, la preocupación por la problemática de nuestras grandes ciudades se manifiesta a través de una dialógica: en un extremo, se prioriza un fuerte interés por la o las “formas” que han adquirido éstas, y en el otro, se hace hincapié en los” contenidos” económico – sociales, ambientales, etcétera, de esas transformaciones.
Sin embargo, en la labor de ahondar en las copiosas interpretaciones que se han realizado al respecto, nos percatamos que en lo general esos extremos no son excluyentes, sino recursivos, lo cual representa, una clave epistemológica para aclarar los criterios cognoscitivos que cada uno de los autores utilizan para relacionar, unir o separar, incluso interrelacionar las formas y los contenidos urbanos. Además, el reconocimiento de esa recursividad se torna indispensable para darnos cuenta de los procesos que los diversos estudiosos consideran en su caracterización de la ciudad así como de sus preocupaciones específicas en torno a la problemática urbana.

¿Tiene esta búsqueda hermenéutica algún sentido? Si, para quienes nos proponemos dar cuenta del “estado de la disciplina” en que se encuentra el conocimiento de la problemática urbana de nuestros países latinoamericanos, y muy especialmente la de la Zona Metropolitana de la Cuenca de México. Con ello, intentamos hacer una aportación al respecto de las transformaciones morfológicas y de contenido de nuestras grandes ciudades y de manera particular, de cómo se ha llegado a plantear el tema de la fragmentación y dispersión urbana contemporáneas.

Tenemos que advertir que sólo haremos aquí referencia a algunos estudiosos que nos parecen representativos, siendo conscientes de que nos arriesgamos a cometer omisiones que pudieran ser imperdonables. De lo que no tenemos duda, es que nos adscribimos a quienes asumen la tarea de “repensar la metrópoli” (aunque nosotros hemos intentado “ir más allá”, al interpretar esa frase a la manera de I. Wallernstein, transladándola a “impensar la metrópoli” (1998)1
Haremos pues, algunas referencias, del ámbito español, del latinoamericano y del europeo-norteamericano.
Manuel Alvarez Mora, desde el ámbito del Instituto de Valladolid, España, en su texto: “Modelos de desarrollo urbano. De la ciudad compacta al metropolitano disperso” enfrenta a las visiones formalistas “hasta ahora muy en boga” y propone para ello, una construcción teórica, de naturaleza espacialista: el “modelo urbano” o el “sistema urbano”. Argumenta, con una visión clásica-marxista de la relación ciudad - modo de producción que, “lo que realmente nos debería preocupar, al plantear estas cuestiones, es el “comportamiento espacial” que se detecta en el marco de un “sistema urbano” determinado, es decir, los contenidos que nos condicionan el uso que, en todo momento histórico, hemos podido hacer de la ciudad” (Alvarez Mora, 2004: 253)
Nuestro autor considera a la constitución de la ciudad moderna como el resultado final de un largo proceso histórico de “desagregación socioespacial”, que parte de la ciudad compacta de formaciones sociales precapitalistas, pretéritas “con diferentes maneras de entender la producción material”, y que con las transformaciones subsecuentes llegan a la desagregación de las ciudades modernas, capitalistas Y así, Alvarez Mora propone la adopción de una línea de investigación que asuma ese proceso que va de lo compacto a lo desagregado para entender la transformación histórica de las ciudades. Nos dice: “Este es el proceso que hay que tener en cuenta para ir hilvanando, también históricamente, la sucesión de los diferentes modelos urbanos por los que ha deambulado el desarrollo real de la “ciudad burguesa”. Insistimos, en este sentido, en la identificación, al menos en la correlación histórica, entre el desarrollo del capital y los “modelos urbanos” diversos” (Alvarez Mora, 2004: 254).

Alfonso Vegara y Juan Luis de las Rivas, en su libro analítico – crítico de los procesos urbanos modernos y contemporáneos, denominado “Terrritorios Inteligentes”, luego de ofrecernos un recorrido por el urbanismo moderno, desde sus orígenes, con Ildefonso Cerdá y el Ensanche de Barcelona hasta la situación de las ciudades en nuestro mundo globalizado con sus nuevos horizontes urbanísticos (como la “ciudad región”, “la ciudad sostenible”, la “ciud@d digital” y los territorios inteligentes), culmina con “Hacia un nuevo proyecto de ciudad” y con un diagnóstico acerca de la actual realidad urbana: en .él aparece la fragmentación urbana como una de las patologías de las urbes de la globalización: “Las nuevas formas de habitar el territorio del siglo XXI. El fenómeno urbano más relevante, la transformación territorial mas profunda que se está produciendo en el inicio del siglo XXI, está asociada al surgimiento de una ciudad contemporánea dispersa, de escala regional y complejidad desconocida previamente.” (Vegara y De Las Rivas 2004:273, negritas nuestras) Ya previamente los autores al hablar de “la fractura de la globalización” habían hecho un diagnóstico fuertemente crítico: “Efectivamente, el paisaje que está surgiendo no es sólo el de los rascacielos relucientes, de los barrios acomodados , country clubs privados y aeropuertos de última generación. Es también el paisaje de la pobreza urbana. En el interior de las grandes ciudades, se concentran los lugares de privilegio al lado de la pobreza más atroz…” ( Vegara y de Las Rivas 2004: 272).

Del ámbito latinoamericano, y concretamente de México, consideramos, en primer lugar a Javier Delgado, en su texto, “La ciudad difusa, arquetipo territorial de la ciudad – región, “Nuevos enfoques de la relación campo-ciudad” en sociológica Enero-abril, año 18 número 51. UAM-Az, México, 2003. Este autor plantea que en la metrópoli actual se produce una corona regional que constituye “el primer contorno no conurbado de una ciudad-región. Surge así, la ciudad difusa, base de la dimensión regional de la ciudad, que se constituye por la concurrencia de varios procesos: los económicos, los sociales y los urbanos, a los cuales corresponden sendos procesos de difusión. A través de información estadística, va describiendo cada uno de estos procesos y define así a la corona regional: “constituye el primer contorno no conurbado de una ciudad-región (por lo que su urbanización es fragmentaria), es el ámbito ad hoc para la descentralización intrarregional (por lo que es muy dinámica). (Mapa 1)

En fin, Emilio Pradilla y DemetrioSodi de la Tijera, en “La ciudad incluyente. Un proyecto democrático para el Distrito Federal ”(2006) , se refieren, de manera sugerente, a un proceso de desintegación urbana en términos socioeconómicos y políticos. Reconocen que tienen una base territorial (o una implicación territorial, diríamos nosotros) y demográfica. Para estos autores, ese proceso se ha estado generando desde los años setenta e intensificándose a partir de los ochenta que se manifiesta por “un paulatino despoblamiento de las delegaciones y municipios llamados centrales y a un crecimiento demográfico intenso en las áreas periféricas, lo cual podría aumentar las zonas y municipios integrados a la metrópoli” (Pradilla y Sodi, 2006: 15). O sea, nos hablan de una integración en cuanto a actividades que de alguna manera se vinculan, pero que muestran formalmente a un territorio desintegrado, sobretodo por la estructura fuertemente diversa de sendas administraciones. Tal situación se agrava, afirman, con el casi inevitable crecimiento de las zonas metropolitanas del Valle de México, Cuernavaca-Cuautla, Puebla-Tlaxcala, Pachuca, Querétaro-San Juan del Río y Toluca-Lerma, de otras localidades intermedias”….y que están conformando nada menos que la Ciudad Región Centro de México. “Esta compleja estructura territorial –continúan- , contaba en el 2000 con 26.8 millones de habitantes y en el 2025 llegará a 34.6 millones, consolidándose como la mayor concentración, poblacional económica y urbana de México, y una de las más grandes del planeta. “ (Pradilla y Sodi, 2006: 17). Una infografía cartográfica simple de este crecimiento urbano-territorial nos da idea de lo que estos autores llaman la transformación de la ciudad de México de compacta a desintegrada , difusa y finalmente, dispersa.” (Ibidem)2.( Mapa 1)

Eduardo Nivón Bolán, desde el interés por la cultura de las metrópolis latinoamericanas, en su trabajo “Conexiones urbanas cultura, metrópolis, globalización” (sociológica UAM-Az enero-abril 2000 No 42 Mex ), reconoce que la ciudad actual, en el mundo y particularmente en Latinoamérica “es mas bien un territorio de fragmentación” que ha tenido diversas “ formas, transformaciones y discontinuidades , a las cualeshay que atenderObserva “varias formas de ciudad” en las metrópolis actuales; “Hoy podemos reconocer en ella cuatro niveles que atienden a su historia, su forma física y sus funciones locales, nacionales o mundiales: éstas son la ciudad central o interior, la ciudad metropolitana, la ciudad región y la ciudad global. La convivencia de estos órdenes urbanos no impide señalar la dificultad de la integración”. Señala una dialógica: “En la ciudad actual…la producción económica, la cohesión social y la infraestructura de comunicaciones; con frecuencia conspiran contra la integración de la vida urbana.” (Nivón, 2000: 118)
Por su parte, Emilio Duhau y Angela Giglia (de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco) expertos en estudios de los procesos urbanos en México, explora la complejidad de la Zona Metropolitana de la ciudad de México, en su reciente texto “Las reglas del desorden. Habitar la metrópoli” (2008). Para ello, se propone dar cuenta de la actual estructura socioespacial de nuestra descomunal urbe. Lo interesante para nosotros es que en cierto momento, polemiza con quienes han asumido las denominaciones de ciudad compacta y ciudad desintegrada.

Previamente, había afirmado:”la estructura socioespacial de la metrópoli, (es) entendida como la manera en que se encuentra organizada la distribución espacial de los distintos estratos socioeconómicos que componen la población metropolitana” (E. Duahu, A.Giglia, 2008 :163)

Afirma que “En el caso de la ciudad de México, el proceso de metropolización ha estado asociado desde aproximadamente los años 40 del siglo pasado a la conformación de diferentes mercados y formas de producción (del espacio, aclaración nuestra), gruesamente (sic), a diferentes estratos socioeconómicos…”
Su polémica contra los investigadores que reconocen el proceso de fragmentación urbana se basa en una interpretación diferente a éstos en torno a las formas actuales del crecimiento de la urbe: “En la actualidad los estudiosos de la ciudad latinoamericana se refieran a los procesos de urbanización experimentados por las grandes metrópolis de la región durante los dos o tres decenios, como ”difusos”, en “archipiélagos”, “sin límites definidos”. Pero lo que sorprende al observar la enorme conurbación de la ciudad de México, es más bien lo contrario, es decir, una persistente tendencia a que los procesos de poblamiento tiendan a generar una aglomeración compacta.” Lo que ocurre es, nos dice mas adelante, es que cuando se producen esos huecos o espacio no urbanizado, se “rellenan” con el tiempo” ( E.Duahu, A Giglia 2008:164)
Ahora bien, tenemos que reconocer el reto que implica priorizar el interés por las transformaciones morfológicas de nuestras ciudades y también nos lleva de la mano a la indagación de la diacrónica de lo “compacto” (producto inicial del sueño hispánico de “un orden” damérico y a su sorprendente mutación actual a un ente fragmentado y difuso, que se va acercando al estallido del caos. Y si esta mutación la quisiéramos representar, en un exceso de empirismo, por medio de los instrumentos de la geometría y la matemática diríamos que nuestras ciudades del área hispana, han transcurrido, del orden geométrico damérico, al orden-desorden fractálico (esto último, como se muestra en el libro de Michael Batty, “Cities and Complexity” MIT 2005: )3

Empero, reconocer la mencionada retroacción entre la preocupación por la forma de la ciudad y la preocupación por los contenidos, nos puede llevar a una construcción epistemológica de calado, capaz de dar cuenta de la organización compleja de la maraña de procesos que han intervenido en las transformaciones de nuestras ciudades, incluidas las de su “forma”. Aquí sólo haremos un esbozo, como primera aproximación, intentando la construcción de la historia territorial, sociopolítica y ambiental de la capital de la República Mexicana, aunque seguramente, nos vamos a quedar cortos.

Ahora bien, si asumimos el pensamiento complejo, cuando decimos incluir la preocupación por la forma de las ciudades estamos también haciendo nuestra la preocupación por los contenidos económicos sociales y ambientales, ya que consideramos que ambos extremos, son interdefinibles, o sea: no se dan el uno sin el otro. El gran problema es saber en que medida se dan.

Planteamos entonces las preguntas clave:

Si aceptamos, en principio, que las grandes ciudades actuales (nos referimos sobre todo a las del ámbito hispanoamericano) han transitado, en lo que respecta a su forma, de ser compactas, a convertirse en desintegradas, difusas y ulteriormente dispersas (Alvarez Mora, 2004:), nos preguntamos ¿Cuales han sido los procesos principales que han intervenido en esa transformación? ¿De que manera, y con que intensidad se han interrelacionado? ¿Cuáles han sido sus retroacciones? Y finalmente ¿Qué significado tiene esa transformación en términos de la calidad de vida de la población? ¿De qué manera han intervenido los denominados procesos de globalización?
Naturalmente –y esto lo hemos venido tratando desde que lanzamos la hipótesis de la presencia de un rebasamiento cognoscitivo en las investigaciones sobre los procesos urbanos latinoamericanos (López Rangel 2003: 189 - 227), en el desarrollo del pensamiento sobre la ciudad de nuestro ámbito se han estado dando importantes contribuciones para la respuesta a esas preguntas (ese rebasamiento, aclarémoslo, consiste , según nuestro criterio- nada menos en el tránsito de lo simple a lo complejo en los estudios de nuestras disciplinas).

Y decimos disciplinas, porque nos referimos al conjunto de conocimientos que se ocupan de la ciudad, y que se presentan fuertemente fragmentados en virtud de la operación positivista de las ciencias que rompe la unidad de una realidad dotada de una organización sinergética de múltiples diversidades.

Una digresión pertinente y difícil acerca de la “forma” de las ciudades.

Antes de arriesgarnos a la mencionada búsqueda de los procesos constituyentes de la problemática planteada en nuestras preguntas, consideramos necesario, así sea de pasada, indicar a que nos referimos cuando hablamos de la forma de la ciudad, en la inteligencia de que ya hemos asentado que la consideramos, vinculada de manera compleja y retroactiva con los “contenidos.”

Arriesgándonos a caer un paradigma de simplicidad y en consecuencia reduccionista, nos referiremos, en primer lugar a la forma de la ciudad, en el sentido que nos produce el titulo del texto y dentro de las interpretaciones convencionales de los primeros cursos de urbanismo - a la configuración geométrica, regular o irregular de una” mancha urbana”, que se asienta y desparrama en el territorio, tanto a nivel de sus delineados externos como a sus densidades internas. Asimismo, en la formación de las metrópolis contemporáneas las originales manchas urbanas, compactas empiezan a desintegrarse e incluso dispersarse.

Sin embargo si queremos ver esas transformaciones en un movimiento continuo y no entre lapsos largos, y en una dinámica compleja, nos percatamos de la presencia de movimientos complejos (es decir, recursivos) de “ida y de regreso”, de extensión de la mancha con diferentes velocidades, direcciones y retroacciones, según el punto de referencia ya que se generan también nuevas centralidades y “líneas de desarrollo formal” que se expanden en diferentes y múltiples direcciones. Esto ha acontecido tanto en la formación de nuevas colonias o barrios como en los municipios que se ven conurbados. Esta organización formal se complica más cuando consideramos las densidades, ya que éstas también cuentan en la “forma”. La situación cambia radicalmente de significado cuando preguntamos ¿Cuáles procesos intervienen en la constitución formal de la ciudad, y de que manera se producen? Porque, asimismo, siguiendo con una visión simplista, de un urbanismo reduccionista, cuenta la trama, con sus vialidades y la estructura de espacios abiertos y cerrados, y ahondando un poco, la dialógica espacios públicos y privados. Por este camino, nos vamos así acercando a la necesidad de los modelos matemáticos hasta llegar a la parafernalia de los números, la estadística y, como lo hemos señalado, el “fascinante universo de los fractales”. .(una inspección a la cartografía y algunos datos comparativos de población, superficie, y densidades de algunas de las grandes ciudades tanto latinoamericanas se haría necesario; para un primer nivel de aproximación empírica. Por el momento pensamos que es suficiente la aseveración que hemos realizado.
Empero nada mas pavoroso, para nuestro “marco epistémico” que dejar así una definición de la forma y de las formas urbanas, de visión estructuralista y empirista y además, cuasi pictórica-cinética, de una ingenua infografía. Nos quedaríamos de entrada en la aberración epistemológica de hablar de un objeto sin considerar a los sujetos, a las relaciones socioeconómicas y culturales entre éstos, y en el caso de la ciudad de México, de los efectos –también en retroacción- en el medio ambiente y en la sustentabilidad urbanas. Pero también sería una aberración hablar de los sujetos sin considerar a los objetos que producen y retroactúan en aquellos. Y ya hemos visto, aunque sea de pasada (infra) de que manera significativos estudiosos se ocupan de la forma en términos de las retroacciones con procesos de “otros” contenidos sobre todo los socio económicos y políticos¸se visualiza así la dispersión de la ciudad de los mismos procesos y de su territorio, pero sin proponer que la suma de las desintegraciones de cada uno de los procesos provoca la desintegración del territorio, sino que en un conjunto de dialógicas recursivas y hologramáticas (E. Morin.) esas desintegraciones se han producido por retroacciones entre todos los procesos, aunque con diversa intensidad entre unos y otros y según las condiciones de lugar y de tiempos .Es decir, desde un principios reconocemos la naturaleza histórica de procesos, de sus dialógicas y recursividades. Y tal hecho es el que hasta ahora asoma tímidamente en los estudios sobre los procesos urbanos.

En este punto consideramos pertinente considerar, con toda precaución y en forma de preguntas, acerca de lo que podríamos llamar integración o desintegración socio económica: ¿Cómo concebimos, en un sentido amplio, la fragmentación social o si se quiere, socioeconómica ¿Como disrupción de la cohesión social?, ¿cómo ruptura de la identidad sociocultural?, ¿cómo ahondamiento de la segregación socioespacial.? Y finalmente ¿ que relación se establece entre esas disrupciones y la falta de continuidad territorial de los asentamientos urbanos o rur-urbanos?

En las reflexiones que siguen asumimos el conjunto de acepciones que hemos mencionado, en la inteligencia que estamos considerando como prioridad la desintegración territorial, aunque, dentro de nuestras incertidumbres y según lo que consideramos pertinente en cada caso, tomamos en cuenta la desintegración social.

Los procesos en el tránsito de la “ciudad compacta” a la ciudad desintegrada, difusa, y dispersa. El caso de la ciudad de México. De acuerdo a nuestros objetivos y a nuestro marco epistémico (Los sistemas complejos y las preguntas conductoras. E Morin, R. García, 2006) no es pertinente buscar como objetivo único y suficiente, de manera “precisa”, en que momento de la historia de la ciudad, ésta pasó de ser compacta para convertirse en desintegrada o difusa Mas bien, esclarecer como se ha producido ese proceso, cuales han sido sus causas y los “actores sociales” que han estado implicados.

Ya nuestras preguntas claves contienen esa intención. Agregaremos ahora que la epistemología de los sistemas complejos (sobre todo Rolando García, 2000: 116 y Fernando Tudela, 1992: 19) nos brindan instrumentos para abordar los desfases y no linealidad de los procesos que determinan el problema.

Un impasse ¿impertinente?: recuerdo necesario aunque tal vez incómodo a estas alturas: La naturaleza histórica de los procesos urbanos

En otros trabajos hemos manifestado, y ya lo hicimos aquí (infra), nuestra adhesión al llamado que hace Wallernstein en su inquietante libro “Impensar las ciencias sociales”: considerar a la historia como sistema complejo, con lo cual asume y contribuye a la construcción de la nueva línea epistemológica: la constructivista (Wallernstein 1998: 55) y se ubica dentro del rebasamiento cognoscitivo que hemos mencionado.

Efectivamente, este llamado nos refuerza el reconocimiento del significado que tiene la historia de transversalizar al conjunto de los procesos de la realidad. Lo que quizá haya acontecido es que por una tradición que como tal aún está presente –pese al impacto original de Les Annales-, cuando se habla de historia, aún y de manera sorprendente, salta la interpretación en su acepción monosema de la “historia social” y en segundo término, de historias particularizadas (historia económica, historia política, etc), que sustituyen a la ideas de la Historia Total, a la manera del legendario Pierre ViIlar. Y cuenta más la presencia de la fragmentación positivista de las disciplinas científicas. No asumimos, por lo tanto, de manera profunda que nuestros objetos de estudio urbanos, están impregnados de su naturaleza genética – procesual.

Consideramos, por lo tanto, la necesidad de romper la interpretación monosema de la historia, y es conveniente recordar, para lograrlo. la necesidad de problematizar los procesos urbanos a través de la historia compleja, y asumir la gran clave epistemológica que postula: “el problema de la historia es la historia del problema”.

Ahora bien, dentro de la historia compleja, nuestro gran “eje” es la historia territorial de la ciudad. Enseguida ,en retroacción,( lo cual enfrenta el tradicional tratamiento lineal), el eje de la historia socioeconómica ) incluidas las actividades productivas, de distribución y consumo, y de manera sobresaliente, las llamadas economías informales; asimismo,el eje de la historia política de la ciudad, con hincapié en las denominadas políticas públicas y de manera especial la del eje de la historia ambiental de la ciudad.

El cruce –complejo, en bucle- de estas historias nos facilita construir respuestas a las preguntas. y ni que decir que se requiere una estrategia transdisciplinaria, de distinción de procesos que se interdefinen, es decir, que no se entienden unos sin los otros y éstos sin aquellos, en un entramado complejo. En otros términos, tal estrategia nos lleva a considerar los principios dialógicos, recursivos y hologramáticos, (Piaget,1950 R. García,2000-2006 Prigogine,1977 E. Morin, 1998)
La transformación histórica del territorio de la ciudad de México. Momentos clave, o cuando menos, resaltables. Algunos elementos para su conocimiento.

Uno de los síntomas tempranos de la “desintegración” territorial de la ciudad de México se da a fines de la época colonial y durante todo el siglo XIX. Aunque es obvio que se trata de una desintegración que si bien se debe a múltiples procesos, se manifiestan y se organizan de manera distinta a la de los procesos actuales: Su analogía es formal, a una “escala” mínima con respecto a éstos. Tal desintegración la podemos detectar en el trabajo cartográfico de Ignacio de Castera (siglo XVIII ). que representa un intento de regularizar el trazado de la ciudad y contenerla en rígidos límites “racionales”, como si se intentara hacer una analogía con aquel “sueño del orden” hispánico de la primera etapa de la conquista. La propuesta casteriana representaba la política e ideología reformista de los borbones, quienes ante la pérdida del prestigio colonialista de España frente a Inglaterra, se propusieron liberalizar –en términos económicos, políticos y aún administrativos – a sus colonias. Para tal efecto, y hablando sobre todo de las ciudades grandes, se confeccionó un conjunto de planos para apoyar una ordenada recaudación de impuestos, a regular la distribución y el consumo del agua, y a facilitar el control policíaco de la ciudad, entre otras medidas de carácter regulatorio. En éstas, y he aquí la inferencia se estaba dando una desregulación ¿o desintegración como conjunto? del damero hispánico, el cual encuadraba la propiedad solariega que organizaba las manzanas según las reparticiones de la corona y el virreinato a sus corifeos y actores del poder militar y económico y de manera especial a la estructura eclesiástica que aseguraba una cohesión social alrededor de la religión, pero sobre todo en torno al clero. Un hecho económico – urbano importante fue la implantación de la instalación fabril del Estanco del Tabaco en los límites occidentales de la ciudad. Asimismo, en los entornos de la “ciudad legal” en medio del área rural se estaban dando pequeños asentamientos que entre otras actividades de servicio tenían relaciones de abastecimientos agrícolas y agropecuarios con la ciudad, y que, por lo tanto no se desvinculaban del todo con el campo (hecho que en diversas escalas se ha venido dando, hasta ahora, en plena “era de la información”, denominación dada en su etapa globalizadora, por Manuel Castells)( 2000).

Con lo dicho y a pesar de su brevedad, queda claro que bajo una mirada compleja, estamos ante la presencia de procesos económicos, de política global y continental, y de modo puntual, locales, urbanos y rurales. Al mismo tiempo, aparecen las disciplinas de la geografía, la planeación territorial y urbana. Por lo mismo, debemos escapar de explicaciones simples. Aunque puedan parecerse ¡mejor! a una literatura que tiende a ser asumida como una ciencia con vocación de complejidad, que es la historia total-compleja a la manera de Pierre Vilar e Imannuel Wallernstein.

(Mapas 3, 4 y 5)
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