Un Breve Resumen del Contenido y Significado de los Libros Históricos de Josúe a Reyes




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IV. Los Libros de los Reyes
Igual como el libro de Samuel, el libro de Reyes fue originalmente un solo libro en vez de dos. La continuidad entre el libro de Samuel y el libro de Reyes es obvio. Esa continuidad se ve principalmente en la cronología. Donde Samuel terminó, Reyes comienza. Pero la continuidad es más profunda que eso. La continuidad mora también en el mensaje del libro. En Samuel, vimos como las personas de Samuel y David resaltaron el líder modelo del pueblo de Dios: elegido por Dios, dedicado al pueblo y a Dios, y cumplidor de las leyes del pacto. Este tipo de líder personificó el miembro ideal del pueblo escatológico de Dios, en que combinó en sí los oficios del sacerdote y rey. Aunque nunca aparece otro David en las historias del libro de Reyes, todo otro líder ahora es medido por el estandard que David, el amado, estableció.



El propósito del libro de Reyes es mostrar que cuando el pueblo sigue el líder de Dios, prospera, pero cuando sigue un líder humano, perece. Este propósito es cumplido de una forma clara por el autor del libro de los Reyes. La tanta malicia que aparece entre los líderes del pueblo cansa al lector y da una muestra clara que el líder del pueblo de Dios debe cumplir con los propósitos de Dios, o si no, todo el pueblo sufre.
El libro de Reyes se divide en cinco partes: El Reino Unido de Salomón (1 Reyes 1:1-12:24); El Reino Dividido: Jeroboam a Zimri (1 Reyes 12:25-16:20); El Reino Dividido: El Ministerio de Elías y Eliseo (1 Reyes 16:21-2 Reyes 15:12); El Reino Dividido y la Cautividad de Israel (2 Reyes 15:13-17:41); El Reino Dividido hasta la Cautividad de Judá (2 Reyes 18-25)

A. El Reino Unido de Salomón (1 Reyes 1:1-12:24)
Salomón, el hijo de David, llena muchas de las expectativas del pacto hecho por Dios con David en 2 Samuel 7. El sale de las entrañas de David (v. 12), el construye una casa para el Señor (v. 13) y Dios establece su reino (v. 12). Pero nunca llega a ser llamado Ahijo de Dios@ (v. 14). El reino de Salomón es la época de oro del reino de Israel, porque Salomón sigue en los caminos de su padre David (1 Reyes 3:3). Pero con tiempo es obvio que este no es el gran Mesías esperado por el pueblo. El queda corto en muchos sentidos.



En el libro de Samuel, vimos como el autor quiso demostrar la diferencia entre el buen líder y el mal líder. El buen líder era aquel que fue levantado por Dios y buscaba servir a Dios y al pueblo. El mal líder, al contrario, fue pedido por el pueblo, y buscaba consolidarse en el asiento de poder. )Cuál de estos dos sería Salomón? Ya temprano en su carrera como rey vemos la respuesta. Cuando Salomón hace unos sacrificios al Señor, el Señor apareció a él en un sueño. En este sueño el Señor ofreció a Salomon todo lo que pidiera (1 Reyes 3:5). En vez de buscar riquezas o poder, Salomón pidió al Señor que le diera un Acorazón entendido para juzgar al pueblo@ (3:9). Como vimos antes, el juzgar era un medio de enseñar al pueblo las leyes del pacto. Vemos que Salomón se preocupaba no por conseguir cosas para sí mismo, sino por procurar el bien para el pueblo y para su Dios. Esta preocupación dio fundamento a la epoca más próspera de toda la historia de Israel.
La sabiduría de Salomón es visto en los capitulos tres y cuatro. Allí vemos primero una desición sabia de parte de Salomón (3:16-28), después una administración sabia, con un sacerdote del Señor al frente de su gobierno (4:1-28) y al final un resumen de la sabiduría de Salomón (4:29-34).
En la siguiente etapa vemos la construcción del templo. Como fue prometido a David en el pacto que Dios hizo con él, el Señor hizo salir de sus entrañas uno que edificaría su casa. Salomón cumple esa promesa. Como ya vimos antes en el estudio AMisión y Oración,@ la oración hecha por Salomón revela un reconocimiento soprendente y a la vez lógica. Por la primera vez en la historia del pueblo de Israel, un miembro del pueblo reconoce que la responsibilidad de Israel queda más allá de sus propias fronteras en todas las naciones (1 Reyes 8:41-43, 60). Este entendimiento estaba presente en la promesa hecha a Abram (Genesis 12:3) y en el corazón de su padre David (Salmo 22, 57, 72), pero ahora, delante de toda la nación, en el establecimiento del culto al Señor en el templo, Salomón reconoce que el enfoque de la obediencia de Israel debe estar en todas las naciones, y no sólo en Israel.



Aunque la vida y reino de Salomón cumplieron muchas de las expectativas creadas por el pacto de Dios con David su padre, el último capítulo del relato acerca del reino de Salomón nos deja entender que no todo estaba en orden en la vida de este gran rey (1 Reyes 11). Como muchas veces es la verdad, este hombre de gran sabiduría poseía también una gran debilidad. Las escrituras nos relatan que Salomón amó Aa muchas mujeres extranjeras@ (1 Reyes 11:1). Esto ocurrió en contradicción directa con el mandato explícito del Señor (Exodo 34:16; Deuteronomio 7:3-4). No únicamente se descalificó para la promesa de un reino eterno (1 Reyes 9:5), sino su actitud causó una división en Israel mismo (1 Reyes 11:11-13). El resumen de la vida de Salomón encontramos en estas palabras:
E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. (1 Reyes 11:6)
Con esta triste nota, cierre la vida de Salomón. El gran rey muere en medio de idolatría y confusión.
B. El Reino Dividio desde Jeroboam hasta Zimri (1 Reyes 12:25-16:20)
Aun antes de la muerte de Salomón, el Señor levanta otro líder para enfrentarse con la linea de David--Jeroboam, hijo de Nabat, efrateo de Sereda. Siendo todavía siervo de Salomón, el Señor le habló por medio del profeta Ahías y le dijo que le daría diez de los doce tribus de Israel, con la condición de que el debía guardar los mandamientos del Señor como hizo David, el líder modelo.
Cuando Salomón muere, su hijo Roboam asciende al trono de su padre. En contraste completo con las primeras historias de Salomón, este hijo demuestra poca sabiduría y hace su reino insoportable para el pueblo (1 Reyes 12:1-24) Esto casi lleva al pueblo a la guerra civil. Sólo una intervención de parte del Señor evita esta tontería (1 Reyes 12:24).



Con el 12:25 entramos en una nueva etapa de la historia de Israel. El pueblo ahora esta divido, con Roboam en Jerusalén reinando sobre Judá y Jeroboam en Secém, reinando sobre las otras diez tribus. Aunque Jeroboam había recibido la promesa del Señor que si él cumpliera con la ley del Señor, como había cumplido David, entonces el Señor le edificaría una casa, igual a la de David, todavía optó no recibir la promesa. Jeroboam vio el templo solamente en terminos estratégicos y no en terminos espirituales. Esto lo llevó a pensar que si su pueblo tuviera que trasladarse a Jerusalén para hacer culto a Jehová, caerían otra vez bajo la influencia de Roboam. Para evitar eso, Jeroboam construyó dos altares con beceros de oro, uno en Bet-el y el otro en Dan. Con esta maniobra, comenzó la apostasía de Israel que llevaría al final al cautiverio.
El reino de Jeroboam está descrito de la siguiente forma:
Tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas. (1 Reyes 14:8 y 9)
El reino de Roboam, por otro lado sigue camino similar. Dos veces el autor de Reyes menciona que su madre era una amonita (1 Reyes 14:21 y 31). Esta repetición al principio y final del relato del reino de Roboam demuestra que la madre de Roboam, mujer pagana, influenció el reino de su hijo. El resumen de su reino es este:



Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehoá, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel. (1 Reyes 14:22-24)
El sucesor de Roboam era su hijo Abiam. Igual que Roboam, la madre de Abiam es mencionada. La razón por esta mención es una vez más el hecho de que su madre ejerció una influencia mala sobre él. Más tarde nos es revelado que ella hizo un ídolo de Asera (1 Reyes 15:13). El resumen de su reino es este:
Y anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre. (1 Reyes 15:3)
Asa, el hijo de Abiam, sigue al trono después de su padre. Pero esta vez vemos que hay un cambio en el corazón del rey. El autor nos relata que Asa Ahizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre. Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho@ (1 Reyes 15:11 y 12). Sin embargo, Asa hizo alianza con un rey pagano en vez de confiar en el Señor Jehová para su liberación, dejando el destino del pueblo en las manos de un impío.



Por otro lado, en las diez tribus del reino de Jeroboam, vemos unos cambios rápidos y horrendos. Nadab, hijo de Jeroboam, asciende al trono pero dura solamente dos años. AHizo lo malo ante los ojos de Jehová andando en el camino de su padre, y en los pecados con que hizo pecar a Israel@ (1 Reyes 15:26). El fue asesinado y reemplazado por Baasa, quien duró veinticuatro años. No únicamente destruyo toda la familia de Jeroboam, sino también Ahizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel@ (1 Reyes 15:34). Ela, hijo de Baasa, reinó en el lugar de su padre, pero otra vez él hace el mal ante los ojos de Jehová y dura solamente dos años, cuando es asesinado por Zimri. Zimri sigue el ejemplo de Baasa y destruye todos los parientes de la casa de Baasa. Zimri ni pasa su primera semana en el trono cuando es asesinado por Omri.
Al finalizarse esta primera etapa del reino dividido vemos que la idolatría se hizo dueno del reino de las diez tribus, llamado ahora el reino de Israel. Tan lejos habían llegado en su pecaminosidad, que no hubo ni uno de sus reyes que hizo lo recto ante los ojos de Jehová. Por supuesto, este reino establecido sobre la base de la idolatría cayó en un espiral de violencia y sangre.
C. El Reino Dividido y el Ministerio de Elías y Eliseo (1 Reyes 16:21-2 Reyes 15:12)
Con la asención de Omri al trono de Israel entramos en una nueva etapa de la historia de Israel: las dinastías de Omri y Jehú, y el ministerio de los profetas Elías y Eliseo. Omri logra establecer su familia en el trono de Israel por varias generaciones, pero una vez más oímos las palabras ya esperadas acerca de su caracter: AY Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él; pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nebat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos@ (1 Reyes 16:25 y 26).
A pesar de los grandes pecados de Omri, el Señor permite que su hijo Acab asciende al trono en su lugar. Acab es en cierto sentido lo mejor y lo peor de todos los reyes de Israel. Por un lado, ningún rey de Israel logró la prosperidad y poder de Acab. Pero, por otro lado, leemos:



Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes de él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel. (1 Reyes 16:30-33)
Cuando el pecado de Israel había alcanzado su cima, Dios mandó sus profetas Elías y Eliseo para avisar a los reyes de la casa de Omri de la destrucción venidera por causa de sus pecados. Elías y Eliseo son representativos de la época de la monarquía. La Biblia nos relata que Samuel era profeta (1 Samuel 3:20 y 9:9). En Samuel vemos por la segunda (Moisés era el primero) y última vez los tres grandes oficios del Antiguo Testamento unidos en un solo líder: el profeta, el sacerdote y el rey.
Desde el comienzo de la monarquía, el oficio del profeta era separado del oficio del rey. Saul fue asesorado por el profeta Samuel. Aunque David fue considerado profeta, él también fue ungido por Samuel (1 Samuel 16:13) y asesorado por el profeta Gad (1 Samuel 22:5 y 2 Samuel 24:11) y Natán (2 Samuel 7:2 y 22:5). Y así comenzó la gran era de los profetas de Israel, la cual continuó hasta el fin de la monarquía, culminando con los profetas escritos que encontramos en la Biblia.



Aunque antes del comienzo de la monarquía la uncción de los líderes de Israel vino directamente por el Espíritu de Dios, con el comienzo de la monarquía la uncción es mediada por los profetas de Dios. El Espíritu ahora mora directamente en los profetas de Israel y Judá, y sólo por medio de ellos en los reyes de Israel. Esta nunca fue una división deseada por Dios, pero fue necesitada por la institución de la monarquía. La monarquía se estableció sobre la herencia genética, pasando del padre al hijo, y no se basó en la libre elección de Dios, y por eso no podía llenar los requisitos de un liderazgo carismático, inspirado por el Espíritu. Los profetas mantenían la presencia directa del Espíritu de Dios en Israel hasta el momento en que los tres gran oficios podían ser unidos otra vez en el que había de venir, Jesús, nuestro profeta, sacerdote y rey.
Las obras de Elías y Eliseo eran muchos, pero su encomienda divina principal era combatir los efectos de la idolatría en la vida de Israel y extender la fama y la gloria de Jehová. Dos eventos destacan esta encomeinda. La lucha contra la idolatría recibe una demostración poética en el encuentro de Elías con los profetas de Baal en el monte Carmal (1 Reyes 18:20-40). Allí Elías pone en juego la soberanía de Jehová, invitando a los profetas de Baal a participar en una competencia para ver quien respondaría a las oraciones de sus profetas: Baal o Jehová. La descripción que sigue es gracioso:



Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: (Baal, respondenos! Pero no había quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces y se sajaban con cuchillos y con lacetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrifiio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. (1 Reyes 18:26-29)
Después Elías se acerca a Jehová con estas palabras y resultado:
Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifisto que túeres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. (1 Reyes 18:36-38)
En esta lucha frente a frente entre el Dios Jehová y el ídolo Baal los profetas de Baal salieron como los gran perdidores, perdiendo hasta la propia vida cuatrocientos cincuenta de ellos en ese día.
La extensión de la fama y gloria de Jehová encuentra su expresión en los eventos relatados en 2 Reyes 5. Allí un general del ejercito del rey de Siria se encuentra con lepra. Al no encontrar remedio para su condición, él toma el consejo de su esclava israelita y va a visitar el profeta de Israel, Eliseo. Entonces, el relato continua:



Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. (2 Reyes 5:9-11)
Este general, tan importante, quiso un buen espectáculo para que salga sano de su enfermedad. Pero las palabras de la profeta eran sencillas, demasiado sencillas. El general se sintió indignado. Ni una audiencia le había dado el profeta. Pero uno de sus criados entendió la situación y dijo:
Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, )no la harías? )Cuánto más diciéndote: Lávate, y serás limpio? (2 Reyes 5:13)
En cierto sentido, el problema de Naamán es el problema de toda la humanidad. Nosotros queremos grandes ritos y espectaculos para nuestra salvación cuando, al final de las cuenteas, lo que Dios nos dice es una cosa sencilla: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo (Hechos 16:31). Esto nos muestra claramente que la salvación no depende de nada más ni menos que de una fe sencilla y sincera. Naamán oyó la palabra de su criado, fue al rio Jordán, y siete veces se Abautizó@ en el rio para así salir limpio de su enfermedad. Así Naamán vuelve a su tierra diciendo: de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová (2 Reyes 5:17). Cuando nosotros entendemos que lo más sencillo es lo más dificil, saldremos de la enfermedad de nuestro pecado y volveremos a neustras tierras sano, salvos y siervos de Jehová.
Durante el ministerio de Elías y Eliseo, nueve reyes reinaron en Israel, cuatro de la casa Omri y cinco de la casa de Jehú, y todos reciben la misma evaluación de parte del autor de Reyes: Ahizo lo malo ante los ojos de Jehová . . . A (1 Reyes 16:25; 16:30; 22:52; 2 Reyes 3:2; 10:31; 13:2; 13:11; 14:24; 15:9).



En Judá las cosas, en cambio, iban mejor. Seis reyes reinaron en Israel, con una reina en el medio. De los siete gobernadores, Josafat hizo lo recto en los ojos de Jehová (1 Reyes 22:43), Joram, su hijo hizo lo malo (2 Reyes 8:18). También su hijo, Ocozías, hizo lo malo ante los ojos de Jehová (2 Reyes 8:27). Después de la muerte de Ocozías, su madre, Atalía (nieta de Omri y sobrina de Acab, reyes de Israel), intentó ocupar el trono, asesinando todos sus propios nietos, hijos de Ocozías. Pero uno de los hijos, Joás, fue rescatado por su tía, y así volvió a destruir Atalía y sus colaboradores. Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová (2 Reyes 12:2). Después de él, su hijo Amasías también hizo lo recto ante los ojos de Jehová (2 Reyes 14:3) Al final del hilo, encontramos al rey Azarías, quien también hizo lo recto ante los ojos de Jehová. Mientras que el conocimiento de Jehová iba disminuyendose en Israel, Judá demuestra una ligera recuperación.
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