Psicoterapia del oprimido




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Capítulo 5

LAS PSICOTERAPIAS POPULARES
EI pueblo tuvo siempre su propia respuesta para resolver los problemas de perturbación mental, especialmente en el nivel que nosotros, los profesionales de burguesía, llamaríamos ”neurótico”. Las Hermandades, los manosantas, los curanderos, han sido los psicoanalistas criollos desde hace mucho y, en algunos casos, han llegado a tener una técnica terapéutica de primer nivel. Que la inmensa mayoría de nuestro pueblo deba recurrir a psicoterapias no-científicas ( léase ”no-burguesas”) se debe no sólo a que no puede acceder a los honorarios de los profesionales de la salud mental, sino fundamentalmente, a que este profesional cura desde la visión del mundo de su clase y todas sus pautas (de entrevista, de proyectos de vida, etc.) no coinciden con las pautas que organizan la realidad para nuestro pueblo, e incurre en un etnocentrismo que a veces él mismo no percibe.

En este capítulo intentaremos analizar y sistematizar todas las formas de las terapias populares, para lo cual hemos juntado material, durante muchos años, de diversos lugares de nuestra Argentina. Así, vamos a describir las técnicas operativas y las Propuestas teóricas de Pancho Sierra, Jaime Press, Don Desiderio, Tibor Gordon, la Escuela Científica Basilio, la Madre María, la Secta Flor de Lis, el Ejército Evangélico y el Dr. Schirilo. Además analizaremos la magia popular (curanderos, amuletos), la magia ancestral (Pacha Mama, Lobizón). Finalmente, volveremos a nuestra cultura burguesa-urbana y le haremos el mismo análisis, con lo cual se podrá poner de manifiesto que la supuesta ”racionalidad” de las terapias ”tecnológicas” contienen rituales mágicos encubiertos y que también hasta la acción del médico clínico está basada en gran parte en técnicas de sugestión (es decir, hace ”ejercicio ilegal del curanderismo).

El psicoterapeuta popular, es decir el curandero, el manosanta, el vidente, sabe establecer una vinculación íntima con el paciente. La relación que establece es intensamente afectiva, en general es llamado "hermano" y el tono del vínculo es regresivo. La regresión se logra merced a un largo proceso previo a la entrevista, por el que necesariamente debe pasar el paciente: una larga espera (a veces en grupo) y luego el pasaje a ámbitos cada vez más pequeños, más interiores y, en general, más oscuros, van creando un proceso psicológico interior de alejamiento de los intereses de la vida cotidiana. El manosanta habla en un tono coloquial, íntimo, para preguntar: “¿qué te pasa, hermano?...”, conversa sobre las ”tristezas de la vida” y comienza a establecer una situación de dependencia psicológica en quién lo va a ver; para curar necesita una depositación de la autonomía del paciente, que este se deje conducir a la cura. Para esto, en vez de preguntarle dice qué es lo que siente antes que el otro le cuente nada, y así lo comienza a condicionar, a guiar. A veces hasta le dice ”quién es”, y con ello le propone una identidad. Cualquier técnica que emplee la sugestión (el caso extremo es la hipnosis) necesita de este sometimiento momentáneo a la voluntad de quien se ha elegido como manosanta.

Muchas veces usan modelos de enfermedad y terapia ancestrales, como que ”algo externo se metió” en el paciente y el curandero le dice: esa cosa que se te metió en la cabeza, yo te la voy a sacar” . La clave de la técnica es lograr un momento de intensa depresión y luego proponerle el cambio; podemos decir que le propone (o le impone) ”volver a tener esperanzas luego de aceptar la muerte”. A partir de este punto le organiza el destino, su destino único de ser humano, que el paciente percibe desde sus pensamientos menos compartidos y más íntimos. Por esto es para conectarse con esos estratos más profundos del entrevistado (los contenidos psíquicos que, en realidad siempre ocultó, pero que ahora se le vuelven amenazantes por el desequilibrio emocional) el manosanta debe operar en un contexto ambiental (Iugar y situación) que produzca ese ”campo psicológico” no cotidiano. Necesariamente debe ser un lugar cerrado (o alejado), semi oscuro (en general de noche) y con un largo acceso que permita el pasaje de los intereses de la vida cotidiana volcada hacia afuera y hacia la acción, y permita un estado de ánimo vol­cado hacia adentro, hacia el pasado y hacia la elaboración dra­mática.

Cualquier psicoterapia profunda está necesariamente "monta­da" sobre "el gran miedo", el miedo a la muerte, a la desapari­ción total, producido por lo que podemos llamar "el gran déficit de información” de la condición humana. Y este tipo de técnica, que bordea el mundo de lo mágico, necesita de la tensión dra­mática que provoca el replanteo del destino personal. En clase media podemos decir que este nivel de vivencia dramática se evita cuidadosamente por la ritualización de todos los pasos del ciclo vital (incluso la muerte) que son enmarcados en una especie de burocratización. El psicoanalista de formación ortodoxa, con sus reglas de "encuadre terapéutico” llega a ser el “tecnó­crata de la angustia" (Pichón Riviere habla de "cafishio de la angustia") y, racionalizando hasta lo dramático e irracional del proceso vital, llega a ser un verdadero "burócrata del destino”.

La iglesia organiza los manejos mágicos de la clase media, en base a rituales y explicaciones muy definidas y reglamentacio­nes detalladas de los procesos irracionales, con lo cual re inter­preta desde el mundo ordenado, obsesivo, prolijo y controlador del que es cómplice, a los acontecimientos inexplicables desde nuestro conocimiento racional. Con las pequeñas obligaciones estereotipadas, termina ofreciendo la salvación en "cómodas cuotas”. Metaboliza así lo irracional, lo mágico, lo inexplicable, lo azaroso desde una concepción burocrática ("sensata") del mundo que toma como modelo para el universo, a las estereoti­padas reglamentaciones de la inserción laboral de la clase media: la oficina.

Por eso podemos decir que las iglesias (especialmente la Cató­lica) constituyen la "magia oficial" del sistema de poder.

Existen también otras formas de metabolizar o racionalizar, desde nuestra cultura cientificista, los hechos inexplicables. Y es por ejemplo, la parapsicología, que "santifica” para el sistema los mismos hechos “mágicos” que el profesional burgués no acepta y ve ridículos en el espiritismo de la Escuela Basilio: las apariciones, telepatías, levitaciones, etc. En este caso está paten­te la técnica de absorber y re definir para poder aceptar.

De todos modos, lo irracional rodea nuestro mundo lógico más de lo que deseamos aceptar; casi podemos decir que la racionalidad (el mundo como organización) es un islote en un mar de pensamiento mágico, irracional (la irracionalidad como desorganización como entropía)

En la psicología jungiana, el mundo racional está visto desde la perspectiva del inconsciente, es decir que al mundo de lo irracional no se lo vive como temible, como la parte negativa de nuestra personalidad, a la que el Yo tiene que reprimir (aconsejado por el Superyo, ese engendro de la parte de "maestra victoriana" que tenía Freud).

El psicoanálisis jungiano tiene fuentes más paganas; Jung rastrea los mitos y estructuras del inconsciente colectivo en arcaicas formas de pensamiento de la antigüedad no-cristiana y en culturas no-occidentales, con menos preocupaciones auto-punitivas (superyoicas para los hijos de papá-Freud). En cambio, el psicoanálisis freudiano está ligado en su estructura más íntima a la concepción del mundo judeo-cristiano, organizada desde Dios-Padre todopoderoso, exigente de obediencia de sus leyes, castrador de toda creación individual y con una concepción del sexo como sucio y prohibido.

Contrariamente, las culturas menos urbanas, más ecológicas, con mejor contacto con la tierra y la naturaleza, tienden a percibir al sexo como un símbolo de vida, de fecundación. Nuestra clase obrera, especialmente en sus sectores más empobrecida por la explotación por estar más atenta a la sobrevivencia y a pelear por su jornal, no necesita centrar su mundo psicológico en las prohibiciones sexuales, en los complejos edípicos y en angustias de la culpa, como Io hace Ia burguesía. Por esto es que una psicoterapia de base ortodoxa freudiana es absurda para los sectores populares. Además de absolutamente inútil. Esto no quiere decir que parte de la estructura operativa y explicativa del psicoanálisis sea inútil. Todo lo contrario: sólo a través de una re-interpretación desde la cultura popular de las técnicas analíticas va a ser posible rescatar lo mejor de las técnicas psicoterapéuticas.

También nuestro puebIo ha utiIizado desde siempre su psicoterapia, la que actualmente es necesario rastrear en la labor de los manosantas, curanderos, videntes y, fundamentalmente, en la capacidad de elaboración psicológica que hemos encontrado en las reglas no explícitas de los criollos ”grupos de mateadas”.

Respecto dónde la clase media ubica sus formas mágicas, dón­de y como enfrenta la angustia frente a lo inexplicable, diremos que encontró muchas veces en su cuerpo un lugar de deposita­ción y pensamos que la somatización constituye un refugio de esa angustia frente a la irracionalidad. Por esto el aparentemente "científico" médico clínico tiene en realidad mucho de las téc­nicas de sugestión del manosanta, sólo que utiliza el fetichismo del producto tecnificado y muchas veces sustituye a la barriga del sapo o al amuleto, por la pastilla que prácticamente es un placebo, como también podemos hablar del uso de la "radio­grafía terapéutica".

Antes de entrar en el tema de los curanderos en particular, hablaremos de dos formas en que se presentan manejos mágicos. Una es la magia telúrica o folklórica; las relaciones mágicas con que nuestras culturas indígenas han explicado y explican toda­vía muchos aspectos de su realidad (especialmente las situacio­nes psicológicas críticas) y las relaciones no racionales, del acon­tecer onírico, como también de las relaciones de tipo mágico que establecen las personas que optan por las estrategias psicóti­cas (llamadas "enfermos mentales" por los "sanos"), especial­mente en la esquizofrenia. Con esto no queremos comparar a la magia indígena (que es un fenómeno cultural) con la magia oní­rica psicótica (que es de niveles personales y subjetivos), sino señalar cómo nuestro aparentemente "racional" mundo está ro­deado por manifestaciones no racionales, ya sea que vayamos a nuestros ancestros culturales (la magia nativa) como hacia lo más íntimo de nuestros pensamientos, nuestro inconsciente, que se expresa en los sueños o cuando hace irrupción en la vida coti­diana y proyecta masivamente sus, contenidos no racionales ha­cia el afuera social, situación que es categorizada por "los ra­cionales" como locura.

Para quién haya percibido (con mayor o menor "insight") las reglas mágicas de relacionar hechos de la vida cotidiana en los delirios psicóticos, no podrá menos que asociar estas teorías explicativas del mundo con las concepciones mágico nativas rura­les. De todos modos, no se trata en absoluto del mismo fenóme­no cultural, pues lo que hace rechazante al psicótico es la impo­sibilidad de intercambio, aún de reglas mágicas, ya que permane­ce aislado en su subjetividad. No ocurre así con las culturas nati­vas que organizan su intercambio social con explicaciones no ra­cionales.

Respecto a las teorías explicativas de la naturaleza y de religiones nativas, la técnica metabolizadora del sistema de poder ha re-formulado la metafísica originaria de nuestras poblaciones nativas; la Iglesia Católica ha ido llenando en nuevos moldes católicos y europeos las antiquísimas estructuras míticas de nuestro pueblo no-europeo.

Un ejemplo típico de este re-moldeo de mitos lo constituyen las fiestas anuales de celebración de la Virgen María en Salta y Jujuy, donde, pese a la imagen de la virgen y al sacerdote que guía la columna, la ceremonia corresponde más a los rituales indígenas de la Pacha Mama que a la europea Virgen María, pues el consumo de coca y alcohol, el regar con aguardiente y el enterrar ofrendas de comida alrededor la imagen, corresponde al culto pagano-indígena de la Pacha Mama y no al ritual cristiano-europeo de la Virgen que no tiene relación con las ceremonias de fecundidad de la tierra, y más bien niega toda idea de fertilidad, pues consagra a la virginidad como propuesta. Propuesta que, por otra parte, no tiene sentido en la cultura quechua, que, por el contrario, tiene instituciones como el ”Irpa-Sirse” (casamiento de prueba) que anulan el valor de la virginidad. Esta está evidentemente relacionada con el concepto de propiedad privada, que no existe tampoco en las organizaciones comunitarias indígenas, verdaderas cooperativas de trabajo.

Analizando luego el culto a la ”Difunta Correa” en San Juan y al ”Señor de los Milagros” en Santiago del Estero, y el fetichismo en el manejo de las capacidades anti-satánicas de ”San Pantaleón” en Capital Federal, veremos más ejemplos de este verdaderos re-moldeo que realiza la Iglesia y que Franz Fanon no dudaría en calificar de ”técnica colonialista para eliminar mitos independientes del sistema ideológico global”.

Comenzaremos ahora el análisis prometido de las técnicas operativas y las teorías explicativas de las principales formas de psicoterapia popular en la Argentina.

Primero daremos las características de los manosantas o curanderos individuales, los que no llegan a constituir una comunidad y sólo actúan como manosantas, es decir, como poseedores de "poder" para curar.
PANCHO SIERRA

Llamado también el ”Gaucho Santo de Pergamino" o el ”Resero del Infinito” es representante de la línea criolla o gaucha de manos-santas. Era hombre rico y tenía propiedades en el Salto (Provincia de Buenos Aires) donde está actualmente su tumba.

Su técnica era muy ascética pues establecía el vínculo, con el que lo venía a consultar, a través de un vaso de agua fría que extraía de su aljibe y que era muchas veces lo único que daba como medicina. De larga barba blanca y aspecto de patriarca gaucho, constituía el arquetipo de viejo sabio de la psicología jungiana. Atendía en el patio de su casa y no estable­cía un vínculo regresivo, sino que producía el cambio terapéuti­co a nivel de la vida cotidiana, a veces por órdenes cariñosas pero firmes típicas del lenguaje criollo (como ser, a un paralítico que lo traían en carro: "Bájese, amigo. . . y acérquese caminando, que para eso tiene las piernas! . . .").

Después de muerto llegó a ser la figura principal del santoral gaucho y, para muchos criollos, sustituye a Jesucristo. Tal vez debido a sus ropas de gaucho pudo ser una figura más identifica­ble con la paterna para el paisano y, por lo tanto, adecuada para “montarse" sobre el culto a los antepasados y no a una figura de hijo como Jesucristo, que además tiene, para la cultura gaucha, el elemento extraño de estar representado y adorado clavado vivo sobre una cruz de tirantes, lo cual introduce un elemento de crueldad, de sadismo, que no existe en la cultura criolla, me­nos torturada psicológicamente que la de tradición judeo cristia­na.

Pancho Sierra gastó casi toda su fortuna repartiendo ayuda y comida a los necesitados de modo que, como un verdadero líder popular, acompañaba sus frases de ayuda con objetos que eran verdaderos mensajes concretos de ayuda. Pero la transferencia terapéutica, el vínculo que producía el cambio, lo lograba sólo con el famoso vaso de agua fría, por lo que también se lo llama­ba "el doctor del agua fría". Ya veremos luego que esta técnica tan aséptica y "limpia" luego se complica y Tibor Gordon, que sería el único terapeuta actual de la línea criolla, incorpora una enorme cantidad de símbolos y técnicas que van desde el pero­nismo al evangelismo, pasando por el fetichismo del objeto de consumo masivo y que producen un producto ideológico bastan­te contradictorio (empezando por el Gaucho Tibor, que es che­coeslovaco y habla con acento centro europeo).

También Pancho Sierra es importante en el área de la psico­terapia popular debido al desarrollo de los manosantas, videntes, hermanos espirituales panchosierristas, que son muy numerosos. Estos se reúnen todos los años para el día 4 de diciembre en la ciudad de Salto, Provincia de Buenos Aires, frente a la tumba de Pancho Sierra, guía espiritual de todos ellos. Una delegación de cinco compañeros de la Peña Carlos Gardel fuimos al Cementerio de Salto el 4 de diciembre pasado. En esta especie de Congreso anual de curanderos, se reúnen también gran cantidad de personas con problemas psicológicos para ser curados por los hermanos panchosierristas.

Nosotros pudimos analizar de cerca y en todos sus detalles, las técnicas operativas utilizadas. Vamos a describir cuatro de ellas:

El primero era un hermano espiritual de la Provincia de San Luis (del Centro Espiritual de Justo Daráct). Este hermano, luego de permanecer cerca de la tumba de Pancho Sierra, entró en trance, y comenzó a temblar violentamente moviendo la cabeza hacia los costados, soplando con fuerza en forma continua. En un momento dado, se encarnó en él el espíritu de Pancho Sierra y de este modo comenzó a hablar Pancho Sierra por su boca. Luego se desplazó hacia el interior del cementerio seguido por quienes deseaban curarse con él. El hermano, rodeado por los consultantes, escuchaba el problema psicológico planteado y, sin dejar de agitar la cabeza, gritaba de pronto ”¿qué sientes hermano”?... ¿qué sientes?...” Esto creaba una gran tensión psicológica en el grupo, se producía un momento de silencio y luego el vidente acercaba su mano al rostro del paciente y (haciendo una imposición de manos) gritaba ”andá, hermano, ya estás curado”... grito éste que aliviaba la tensión grupal, después de lo cual pasaba a otro paciente.

Otro hermano, éste con ropas de gaucho, tenía una técnica operativa completamente distinta: hablaba en voz baja y pausadamente, escuchaba el problema y luego proponía un tratamiento. A veces con yuyos, y muchas veces con consejos de estilo criollo. Lo interesante era cuando incluía frases que contenían órdenes post-puestas, (curiosamente ésta técnica está actualmente siendo desarrollada por el equipo de Jay Halley del grupo de P lo Alto, California) Un ejemplo de su técnica era cuando le decía al paciente ”vos vas a soñar conmigo de acá a tres días y yo te voy a decir en el sueño cómo vas a resolver tu problema”.... con lo cual condicionaba, debido a la expectativa provocada, la actividad onírica del paciente y le movilizaba el conflicto inconsciente, con la orden indirecta de proponer una solución, elaborada naturalmente por su propia actividad psicológica, pero percibida por el paciente como dictada por el hermano-terapeuta.

El tercer terapeuta, esta vez una mujer, había desarrollado una técnica muy elemental, pues sólo empleaba el exorcismo, mediante un crucifijo de plata con el cual tocaba, haciendo un movimiento en cruz, repetidamente, la zona afectada del cuerpo del consultante, mientras decía una oración incomprensible. La última técnica operativa observada, era tal vez la más interesante. Se llamaba hermana María y su técnica permitía un mayor nivel catártico. Consistía en liberar por medio de espantosos gritos al mal psicológico, después que lo hacía pasar, del paciente a su propio cuerpo. La hermana María hacía sentar o acostar a la consultante en una tumba; ella, de atrás, le frotaba la mano con energía para extraer el mal y, bruscamente, daba un grito muy fuerte y desgarrador (que allí, entre las tumbas, erizaba los cabellos). A continuación se agachaba y le hablaba al paciente en voz baja y con mucha dulzura le preguntaba al oído ”¿qué te pasa? ”... ”¿ya te sentís mejor? ”... EI consultante, ante el cambio tan repentino del terapeuta de lo terrorífico del grito (era casi un alarido) a la suave y acariciante dulzura de la voz en el oído, perdía desconcertado su resistencia a comunicar el problema y, aliviado, relataba todo. Luego, la vidente, con la misma dulzura, le recomendaba una solución. Como observación válida para las cuatro técnicas analizadas, podemos señalar que siempre se consigue, por un medio u otro, una fuerte conexión emotiva con el que viene a curarse y sólo a partir de este intenso vínculo transferencial, propone la sugerencia terapéutica.
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