Psicoterapia del oprimido




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JAIME PRESS

Constituye un manosanta que, si bien comenzó atendiendo sectores populares, actualmente – por la institucionalización de sus curaciones – atiende sólo a sectores de clase media baja y clase obrera alta, que pueden pagar los gastos secundarios (ómnibus, comidas, etc.) que exige la organización que se montó alrededor de sus poderes curativos. Actualmente todo es pulcro en el recorrido hacia Jaime Press: un prolijo edificio en una zona cuidada de Carlos Paz, (ciudad turística que tal vez termine de convertir a Press en una de las atracciones para ver junto con el reloj cucú y la aerosilla). De todos modos aún conserva en la técnica de entrevistas con el paciente algo del dramatismo espectacular de sus primeras curaciones de inválidos (histerias de conversión) pues crea un clima de presencia de ”poderes del más-allá"

y hace pocos gestos, en general levanta una mano y le pide al paciente que esté quieto sin levantar las suyas, (clara técnica de sometimiento hipnótico) y luego en dos frases lo cura (aunque sea de un cáncer), y luego pasa a otro al que le adivina la enfermedad y luego le ordena que se debe curar. Su teoría explicativa se basa en que Dios le da directamente a él el poder de "armonizar" la personalidad del paciente y hace que el mal que trae el paciente pase a su cuerpo y luego después él lo neutraliza y lo hace salir de su persona. (El uso del término "armonizar” es un recurso semántico para evitar ser perseguido por “ejercicio ilegal" de la medicina" pues el Código Penal no reglamenta el ejercicio de la “armonización psíquica", y Press siem­pre aclara que él no cura sino que armoniza).

Por la extracción social de quienes acceden actualmente al tratamiento de Press, podemos decir que ha dejado de ser tera­peuta popular, pero lo incluimos en este estudio por ser el más conocido de los psicoterapeutas mágicos y porque en sus oríge­nes (hace diez años) lo fue. José Moriello, "el hotelero manosan­ta" de Mendoza, tiene una técnica operativa muy parecida a la de Jaime Press.
DON DESIDERIO

Aunque duró muy poco en su actividad públi­ca Don Desiderio es muy importante pues constituye el caso de un curandero que no se incluyó en el Sistema; es el manosanta que más se acercó al modelo "Jesusiano". Al igual que Cristo dormía en cualquier lado, comía lo que le daban y curaba en un banco de la plaza Almagro. Don Desiderio, con larga barba y pe­lo, alpargatas y ropa casi de linyera, comenzó a realizar sus curas desde un banco de la plaza que queda en Bulnes y Sarmiento (Plaza Almagro); en varios días se juntó una gran cantidad de gente para ser atendida por el médico linyera, que les hablaba con palabras tranquilas y bondadosas.

En este caso la represión del Sistema no actuó como otras veces (amparándose en el artículo del Código Penal sobre “ejer­cicio ilegal de la medicina"), sino (y esto demuestra su "línea dura" respecto al modelo jesusiano) que la policía lo detuvo “por infringir el edicto sobre mendicidad", pues no cobraba la consulta, sino que pedía de comer y dormir.

Su nombre completo es Desiderio Beldowitz, nacido en Ru­mania, llegó a la Argentina hace 21 años, después de la guerra. Aquí fue zapatero, albañil y carpintero. Se casó y tiene tres hijos grandes. Hace cinco años que lleva una vida trashumante. En una entrevista, publicada por la revista ASI, Don Desiderio explicó de esta manera su teoría y práctica terapéutica:

"Yo tengo que redimir a pueblo argentino. Cuando quite todo el pecado, todos los espíritus malos, entonces el pueblo estará redimido del mal y la enfermedad y morirá aquel que traicionó a Dios con su pecado. A mí me domina Dios y pongo mi voluntad para el amor. Curo a los que creen y a los que no creen. Soy depositario de todo lo malo que existe en los demás y por esa razón, a veces, no duermo porque se recarga sobre mí la enfermedad y el mal. Si no doy vueltas sobre mí mismo no las puedo destruir y se me hinchan los pies. Atraigo el mal y lo destruyo"

”Genero el bien y lo doy. A nadie de los que sano le pregunto su nombre. No me importa la enfermedad que tenga, yo los curo, pero el poder no es mío. Nunca jamás he recibido un centavo de nadie y he recorrido muchos Iugares de la Argentina. Hay que hacer obras, la fe sin obras es la muerte . Como lo que me dan. Cualquier cosa. Duermo en las plazas o en cualquier sitio. Me da lo mismo. No necesito más que una sola muda. Cristo también tenía una sola. Fumo pero el cigarrillo no me hace nada porque Dios me purifica. Cuando le digo a alguien que está curado, la enfermedad desaparece”.

Además, parte de su técnica es un pequeño baile en el que gira sobre sí mismo mientras murmura a compás ’Gloria...Gloria... Aleluya" y otras palabras bíblicas. Nosotros creemos que la capacidad terapéutica de Don Desiderio está en que la gente percibe que está fuera del sistema competitivo-comercial, que, por lo tanto, lo que diga se va a parecer a la verdad, pues no está comprometido con los intereses cotidianos. En la Antigüedad, los hombres sabios y los santos muchas veces debían convertirse en algo parecido a un mendigo, a un linyera, para que su pensamiento quedara fuera del sistema de intereses económicos. Actualmente, en países orientales (la India, especialmente) los santos, los que tienen capacidad de cura espiritual, viven en la calle y son alimentados por el pueblo. Los primitivos cristianos tenían que hacer abandono de todo (como Jesús) y aceptar el mundo como vivienda y a toda la comunidad como familia, como hermanos. Si a Don Desiderio lo comparamos con Jaime Press, Tibor Gordon, el Pastor Schiliro, etc., vemos en qué medida estos últimos están insertados en la sociedad competitiva-comercial, de qué manera están limitados por sus compromisos económicos, cómo no son libres de decir todo lo que piensan o saben, pues están dentro del sistema y deben cuidar "la línea". En cambio, un caso como el de Don Desiderio obtiene su fuerza persuasiva y terapéutica porque está hablando "desde afuera" del Sistema, no lo ata nada, y por lo tanto, existe mayor posibilidad de que diga verdades, es decir lo que siempre se oculta y que es, en definitiva, lo que enferma, pues todos saben que se está ocul­tando algo. Claro que Don Desiderio no queda totalmente fuera del Sistema, pues si bien no es atrapado por la estructura comer­cial, sí queda dentro del sistema ideológico y su terapia también sirve a la adaptación pasiva. En cuanto Don Desiderio quiera de­cir todas las partes enfermas del sistema social (específicamente si quiere "curar" las injusticias y los atropellos) no va a ser arres­tado por mendicidad ni tampoco por unos días.
TIBOR GORDON

La “Comunidad Arco Iris S. R. L.”, fue fundada y dirigida por Tibor Gordon, un checoeslovaco ex atleta que hace diez y nueve años comenzó su carrera de manosanta, convirtien­do su omnipotencia física (se hacía pasar camiones por encima en demostraciones públicas) en omnipotencia mental. Funciona en Pilar, provincia de Buenos Aires) y nuclea alrededor de 100.000 afiliados. Esta Comunidad, luego de la Escuela Científica Basilio, es la más importante en cuanto a ofrecer un apoyo psicológico en situaciones de crisis a nuestra clase obrera. Varias circunstan­cias la relacionan directamente con el peronismo; una es que el espectacular crecimiento de la Comunidad se dio en forma inme­diatamente posterior al derrocamiento de Perón, momento en el que quedó una enorme masa obrera baja, como se dice en len­guaje sociológico "en disponibilidad". Además un cierto pareci­do con Perón es aumentado por una serie de hechos: la forma de saludo (levantando los brazos), su esposa se llama Eva, es ru­bia y dirige la "ropería" donde se ayuda a los necesitados de la comunidad, la reunión donde habla se llama "concentración" y él utiliza el mismo tono de intimidad en su discurso que usaba Perón desde el balcón.
Propuesta teórica

Los supuestos más generales que organizan esta Comunidad, serían consecuencia del triple carácter que tiene ese lugar: templo religioso, parque de diversiones y empresa comercial. Dentro de las características de lugar religioso tenemos la actitud de peregrinación, las expectativas de cura milagrosa, la continua ( y "comprable") presencia del fetiche protector y el clima de recogimiento y espera del último recinto a que se accede luego de largas colas, que es el lugar donde se logra hablar con Tibor. Este recinto, con techo de quincho (paja) está decorado como un templo criollo: luz mortecina y escudos de la Comunidad en una tela satinada en donde en uno de los extremos está sentado Tibor, sobre un asiento alto con una pierna cruzada sobre la que se sienta y vestido de gaucho. La distancia entre Tibor y el primero de la fila (que es de varios metros), determina la configuración psicológica de "altar" del espacio inmediato alrededor de Tibor. De esta manera se configura un campo psicológico ritualizado, sacralizado (como diría Jung, un "témenos") que crea un contex­to fuera del espacio tiempo que, en definitiva, lleva a facilitar el cambio de actitud realizado a niveles muy íntimos. Es decir, una forma de "insight" terapéutico, que al tener a un grupo social como testigo (un coro o un público en técnica psico dramática) permite algo sumamente importante en las curaciones (o sea los cambios de estrategias) y es la socialización del cambio. Es decir, que el grupo social acepte la nueva manera de ser, de comportar­se, del miembro enfermo. Esto es especialmente importante en las histerias de conversión, como por ejemplo en las parálisis psicológicas de las piernas, que ya no le sirven como estrategia social al histérico, pues le están produciendo más inconvenientes que ventajas y necesita dejar de ser paralítico, pero, al mismo tiempo, si abandona espontáneamente su rigidez para caminar, puede ser acusado de simulador por su grupo social y por esto necesita que un poder sobrenatural, milagroso, "justifique" o enmascare su cambio de estrategia. Por eso la técnica espectacu­lar del milagroso resuelve estos casos si logra las condiciones psi­codramáticas para crear la complicidad con el paciente histérico de conversión. Acá es necesario una aclaración muy importante y es que, si bien estas parálisis son psicológicas (no orgánicas), no existe la actitud conciente de simulación, de estafa al grupo social, pues el proceso es inconsciente y el paciente histérico es el primer sorprendido por la curación, pues justamente la estrate­gia es negar concientemente el conflicto y desplazarlo al cuerpo. En vez de decir "yo tengo miedo de salir a la calle". . . sus piernas se encargan de impedir esto y lo que el paciente cree concientemente es "mis piernas paralizadas no me permiten salir"...Otra de las estructuras que componen el clima global de la Comunidad es el ambiente de "parque de diversiones" o de lugar de pic nic. La Concentración, tiene prácticamente como único orador a Tibor ya que la esposa Eva habla sólo un instante antes y lo que hace es preparar al público para la entrada de Tibor. La oratoria de Tibor tiene un nivel de capacidad teatral extraordi­naria; su representación logra magnetizar a los hermanos con una situación dramática y luego afloja la tensión con algún juego de palabras típico de nuestro sainete criollo (los comentarios son "el Hermano Mayor nos hace reír y llorar").

Como la ubicación de la Comunidad (acá aclaramos que es una comunidad "de fin de semana", con reuniones semanales y casi nadie, salvo el personal de la empresa, vive en el lugar) es en un descampado: la gente va a "pasar el día" y, por lo tanto, se lleva carne para asar y el grupo familiar se organiza con técnicas de campamento o pic nic. Pasan continuamente vendedores con co­mida, talismanes, etc. Con gente entrando y saliendo, recorrien­do y haciendo cola para los baños (verdaderos "excusados de campo", sacando agua de la bomba y familias organizadas en un círculo de bolsones, chicos y frazadas, se tiene la impresión de una feria rural, con hacinamiento, barro, olor a orín (de los ex­cusados) y clima de espera. La gente conversa sobre las curaciones del Hermano Mayor y la protección que él puede dar, con lo que se va organizando el viaje del día hacia la noche como proceso preparatorio al instante culminante que son los dos o tres minutos en que se llega a poder hablar con el centro mismo de todo ese sistema: Tibor Gordon.

A nivel de teoría explicativa del mundo, especialmente de nuestra sociedad y su estructura económica, Tibor refuerza  como lo hace la Iglesia  el lugar de cada cual, de los ricos y de los pobres y explica que la felicidad está en la pobreza

..."El rico, aunque vaya en yate o en un lujoso automóvil puede ser desgraciado". . . Y luego pasa a contar la anécdota de una persona muy acaudalada que iba en un yate lujoso, pero le faltaba un brazo y su hija tenía parálisis infantil. Y acto seguido concluye "...en cambio, los pobres tienen su salud y también su gran apetito, en cambio en las casas de los ricos, uno con su hígado, el otro con la úlcera". . . Tibor siempre explicita lo que da "¡Yo les doy esperanza!...", " yo doy (nosotros diríamos: vendo) seguridad y cariño..." La esperanza está en general permitiendo simplemente la postergación de la solución, lo cual en cierto modo es también terapéutico, especialmente en los casos de gran ansiedad. En ese sentido recordamos haber presenciado en una de las concentraciones cómo manejó Tibor la situación de una madre muy angustiada porque su hija había desaparecido: la hizo subir al escenario, la miró fijo y luego le dijo en voz alta: "¡Ya la encontrarás!”. Recuerdo que a la mujer se le iluminó la cara como si se hubiera solucionado el problema y en realidad no se había avanzado nada respecto de encontrarla. Pero Tibor fue tan convincente y seguro con esa frase, que a la mujer le produjo un cambio psicológico en su depresión, pues volvió a concebir la posibilidad de encontrar a su hija, posibilidad tal vez negada y oscurecida por su propia depresión. Acá vemos que, paradójicamente, Tibor no le dio nada y, sin embargo, le dio mucho: le reorganizó su proyecto de futuro que volvía a incluir el buscar a su hija. En última instancia, la filosofía de Tibor es la ancestral ideología del viejo Vizcacha del Martín Fierro, donde no está concebida la mística y la locura que implica el cambio, de imponer una transformación al mundo. Tibor siempre repite: ”Yo no tengo un pelo de zonzo”... y, por supuesto que está hablando de la ”zoncera comercial” que hace un mal negocio con su bondad. Gran ”cocinero” de ideologías sabe preparar y servir un ”guiso” en el que figuran muchos símbolos de la sabiduría gauchesca, el evangelismo yanqui, los principios más estupidizantes de la ideología de nuestra escuela primaria y algo de la secta masónica mezclado con ritos panteístas de origen indígena. Todo esto, desde los presupuestos básicos de la sociedad de consumo, donde ”Kuligowsky, rey del confort” es uno de los’”ideólogos” más importantes que se reserva para el estrato obrero de origen rural. De todas maneras ”el tuco” que le da gusto a este guiso tan heterogéneo, es la figura de Tibor: su cara y sus frases están por todos lados en la comunidad. Como ya dijimos, existe una depositación masiva de la responsabilidad y autonomía personal en Tibor: el Hermano Mayor todo lo puede y él arreglará cualquier problema. La continua referencia a la omnipotencia de Tibor, crea una situación de endiosamiento, de infalibilidad que, desde el punto de vista de su técnica terapéutica, es completamente necesaria para inducir el cambio, ya veremos luego cómo. De todos modos, en el otro extremo social, el psicoanalista también busca, a través de la transferencia, que se produzca la idealización del terapeuta (aunque por ”mesura de clase” no llega a estas formas de omnipotencia mágica). Tibor refuerza la idealización de su figura continuamente: ... ”Mis palabras son nobles y sinceras, yo soy muy bueno, pero quiero ser aún más bueno”... Y a través de su discurso abunda la auto-referencia (yo, mí, me pasó, pensé, etc.) Y termina de reforzar esto con un mensaje típicamente paradójico, cuando confiesa:...”Yo soy humilde”...

Esta auto-referencia o fetichización de su imagen está reforzada también por cosas como ésta: la oferta de una calcomanía con su cara como imagen protectora, para pegarla en la mamadera del bebé para que la leche no le haga mal, o para que – según sus palabras – ”la pegués en la botella de vino para que no tomés tanto”. O: ”También la podés pegar en el espejo de tu casa para que yo te mire, cuando tú te mires”, y agrega un chiste con voz de complicidad... ”¿Y quién no se mira?..." Por último, agrega que se puede pegar en la puerta de la casa ”para que yo la cuide”... (proponiendo su rostro como nueva ”Virgencita de Luján”). En el lanzamiento de la calcomanía, recordamos que cuando Tibor regaló varias a los asistentes, simultáneamente aparecieron varios vendedores ofreciendo la figura en venta. El discurso de Tibor a la hora de la concentración, que constituye el momento más importante del día (el sábado y el domingo) llega a ser, por la capacidad teatral de Tibor, una verdadera dramatización: actúa con gran capacidad de seducción, magnetiza al auditorio en los momentos dramáticos y llega a tener un alto nivel técnico psicodramático. Para ilustrar esto, vamos a transcribir las notas que tomamos Iuego de pasar un día en la Comunidad, y que corresponden a cuando Tibor, en la concentración, llama a su lado y hace subir al escenario a una pareja muy pobremente vestida y con aspecto de estar muy deprimida. Le dice en voz alta al hombre: "Vení a mi lado" (el hombre se acerca) ”Lo han operado y tiene 28 puntos... Cinco meses sin trabajo... y a la mujer se le quemó la cara! ... (en este momento hizo que la mujer se quitara unas vendas que le cubrían la cara, mostrándola; en el auditorio se oyen exclamaciones angustiadas ”¡Yo no miro!”..." ¡Qué horror! ..." etc. Tibor, entonces, se dirige al esposo que, conmovido (o asustado) solloza, y le dice: ¡"No llorés, flojo! ... Yo te voy a ayudar! ... (sollozos en el público y gritos: ”¡Gracias, hermano! ”... ”¡Cierto, hermano! ” y continúa hablando de la esperanza, hace de pronto un silencio, mira hacia arriba, sube la voz, se pone patético, se pregunta, se contesta, cabecea, gira el cuerpo, lo echa hacia atrás, se quita el poncho, etc. Tiene alrededor suyo un grupo de viejitas llorosas, lisiados, mujeres que lo miran anhelantes como si fuera el Dios vivo. Tibor, de pronto, se acerca a una y mirándola a los ojos le dice:

– “¿Crees en mí? ”...

- ¡Sí! (contesta llorando la mujer)

  • ”Bueno, no llores más! ”...

En otro momento incluye lo absurdo en lo dramático, de una forma tal que hace acordar al personaje del viejo chistoso del radio-teatro criollo (que hemos analizado en el capítulo cuatro) tal vez por cierta comicidad sádica:

  • ”Regalaré la calcomanía (su cara) a quien sea desgraciado”...

  • ”Que levante la mano quien es desgraciado”...

  • ”Qué es ser desgraciado? ”...

  • ”¿Perder la gracia divina?, ¿No tener pan? ¿Ni un lugar donde llorar? ¿Haber perdido los hijos?...

  • ”¿No tener brazos? ”...

  • ”Que levante la mano el que le falten los dos brazos!”...

Luego Tibor se preguntaba y se contestaba, se cerraba el circuito de la comunicación por parte del público que gritaba levantando y agitando la mano derecha (con sólo tres dedos levantados, que es el saludo de la hermandad) diciendo:

  • ”¡Gracias, hermano! ”

  • ” ¡Cierto, hermano!”...

Pasaremos ahora a la última parte del estudio de esta comunidad y que es el análisis de todos los elementos que componen la técnica terapéutica de Tibor Gordon, pues consideramos que la entrevista con Tibor es sólo el paso final de todo un proceso que comienza con el viaje hacia la comunidad. Para discriminar las etapas, dividiremos el proceso terapéutico total en cuatro etapas:
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