Psicoterapia del oprimido




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ANTECEDENTES DE LA PEÑA

La Comunidad Popular Carlos Gardel, fue posible en gran parte por la presencia por la existencia previa de un grupo de compañeros internados que, gracias a las capacidades de auto- terapia de nuestro pueblo y a que en el fondo del hospital la “terapia” (“es decir el control”) institucional es menor, pudieron constituir un núcleo comunitario basado en las formas populares culturales comunitarias. El creador de este núcleo, que se llamó “Club El Fogón”, fue el compañero Osvaldo García quien, junto con Miguez, Ortubia, Borges, Congo, el “Chileno”, “el Vasco”, y otros compañeros de adentro, que alrededor del fogón matero, no sabían que estaban dando los primeros pasos en la tarea de estructurar una psiquiatría criolla, popular, gaucha o peronista, como se quiera llamarla.

Después de cierto tiempo de conversaciones fui admitido en el círculo matero (era el único de “afuera”, como se llamaba a los amigos no pacientes). Como viejo “merodeador” del fondo del manicomio ya sabía las consignas de la “ranchada” matera. La primera era que lo que se decía en la rueda, no debía salir del grupo. En el hospital existen dos redes de información, una oficial, del hospital, de las órdenes, y la otra que solo incluye a los internados y que no se conecta con la oficial. Conectar ambas significa ser un “botón”, alcahuete, y es un delito grave para las pautas de los compañeros internados, es traicionar a los compañeros. Otra de las consignas era la actitud de amistad y respeto mutuo. Las reglas están determinadas por el ancestral fogón criollo, el carácter de la comunicación se basa en frases cortas y espaciadas (con una rica codificación gestual) mediante las cuales se intercambian informaciones acerca de las novedades del día y se van ordenando también los roles; el que ceba y atiende la pava es en general el coordinador grupal. Es lo que en las cárceles se llama el “jefe de ranchada”. Estos grupos estables en un lugar dado, son importantes centros o nudos en la red informacional “subterránea” respecto de la institución. También constituyen centros de intercambio de objetos de un mundo donde no existe el dinero y la economía se basa en el trueque (por ejemplo una pipa por dos pares de medias de lana, o yerba por cigarrillos).

Continuando la historia del “Club El Fogón” éste pudo funcionar organizadamente gracias a que García comenzó a vender cigarrillos; al principio eran pocos paquetes en una caja, después consiguió una pequeña valija y con progresos sucesivos llegó a un armario con bandeja. La clave de la posibilidad de urbanización de García fue que empleaba parte de las ganancias en comprar bolsas de cemento y pintura con las que construyó (García era albañil) varias mesas de material, con bancos alrededor del gran árbol que luego sería “el árbol” de la Peña Carlos Gardel. Luego compraron una vitrola vieja (a cuerda) y consiguieron discos. García con Miguez y Borges llegaron a organizar fiestas propias para el 25 de Mayo, con una pequeña orquestita. Toda esta actividad era sin la intervención (por suerte) del hospital. Sólo algunos enfermeros, de lejos, comentaban “se está juntando mucho croterío, voy a mandar que apaguen ese fogón”... Intenciones que, más que por maldad por parte del enfermero, era por el sentido del orden, pues el patio liso, bien barrido y con los pacientes en los bancos a lo largo de las paredes era una imagen de orden que era rota por el círculo grupal. Además sostenían que, “si los pacientes conversan se ponen luego más rebeldes”... Para descargo el cabo- enfermero debemos tener en cuenta que se lo introduce en un ambiente psicotizado sin ninguna preparación técnica y la espontaneidad de algunos pacientes movilizaba sus propias ansiedades que vivía como una amenaza y una contradicción de su idea estereotipada de la incurabilidad, que es su sistema defensivo. Pero también hay que reconocer que las nuevas camadas de enfermeros jóvenes traen en general otra actitud con respecto al paciente, más comprensiva y terapéutica. Incluso algunos enfermeros son muy populares entre los internados por ser organizadores de fiestas y deportes, con una actitud de compañerismo respecto al internado.


EL EQUIPO DE CONSTRUCCION
Esta fue una experiencia de producción, de trabajo, que se desarrolló durante los días de semana en el mismo Hospital Borda. Consideramos que es complementaria a la de la Peña, porque esta fue una experiencia de comunidad popular de fin de semana, que se realizaba los sábados.

Ambas se complementan pues se utilizaron los mismos planteos y organización desde abajo, a través de las formas populares, esta vez laborales (incluso hubo una huelga de los pacientes por falta de pago).

El tipo de estructura grupal, el grupo operativo de Pichón, permitió también una redistribución de ansiedades, pues el grupo era heterogéneo en niveles de psicotización, y siendo, como lo indica el modelo pichoneano, homogéneo en la configuración de la tarea.

En las consideraciones finales, donde desarrollamos nuestra propuesta de Psicoterapia Popular, vamos a volver sobre esta experiencia, pues, junto con las dos experiencias de Comunidad Terapéutica, Colonia Federal de Raúl Camino, y Centro Piloto de Ricardo Grimson realizadas en el país, van a permitir armar el modelo de Psiquiatría Popular, ya que constituirían tres áreas de demostración. Las dos primeras mostrarían la posibilidad de organizar el ciclo semanal, con formas populares, con un gran nivel de reintegración social y eficiencia en el área terapéutica, es decir, demostrarían la posibilidad de organizar los hospitales desde una estructura democrática, no represiva y con real participación de todos.

Volviendo al Equipo de Construcción, relataremos brevemente el desarrollo de las tareas que se hicieron durante nueve meses y dejaron construidos dos quioscos (uno de ellos, actualmente peluquería), un escenario, una pista, jardín, bancos, etc. La inserción institucional era ambigua, pues los trabajos eran patrocinados por una beca de investigación del I.N.S.M. (Instituto Nacional de Salud Mental) sobre ”Psicología Institucional” desarrollado durante el año 1963 por el autor, y el lugar de desarrollo elegido fue el Hospital Borda. De esta manera, quedaba dependiendo administrativamente del Instituto, pero actuando en el Hospital. Estas consideraciones son relevantes, pues gran parte de los problemas (y también de las ventajas) resultaron de la ambigüedad de la inserción.

Se instrumentó también la ambigüedad de rol, para poder llevar adelante el trabajo, pues era yo considerado arquitecto pero operaba concretamente sobre la resocialización de pacientes, de modo que era posible una interacción personal con los internados (que hubiera sido inadmisible para el rol académico de psiquiatra).

La experiencia fue posible también gracias al empuje renovador de un director del I.N.S.M., quien aprobó el proyecto y se consiguieron los pequeños sueldos para los pacientes-albañiles, organizados en una especie de pequeña empresa constructora con reuniones semanales donde las decisiones de grupo se tomaban por votación (elección de capataces, paros de protesta por falta de pago, modo de trabajo, etc.). El modelo de trabajo lo estudiamos con Pichon y se comenzaron las tareas forzando la situación desde el comienzo, pues el hospital no hacía entrega de los ladrillos, arena, cemento, etc. y el equipo ya estructurado por las tareas preliminares estaba en peligro de desarmarse. Por lo tanto se optó por la táctica del ”hecho consumado”: se trajo por la tarde un camión con materiales y se comenzaron rápidamente las paredes. Esto puso a la institución en la disyuntiva, o de destruir la pared, o de continuarla. De este modo comenzaron a entregar materiales para continuar. El proyecto fue elaborado entre todos y se propuso una especie de plaza del pueblo en un terreno que, aunque estaba situado en el centro del hospital, era baldío y se usaba para arrojar residuos.

La transformación del rol de ”paciente-psicótico” en ”obrero-albañil” produjo un cambio muy grande en los compañeros internados a pesar de que el grupo era sumamente heterogéneo, estando integrado también por compañeros demenciados, oligofrénicos y seniles. Algunos habían sido albañiles antes, pero la mayoría aprendió los rudimentos del oficio durante esos nueve meses. Lo interesante de que la tarea grupal sea algo concreto es que su eficacia se puede medir en forma objetiva en términos de resocialización y re-integración laboral. Los pequeños edificios resultaron correctamente ejecutados de acuerdo a las normas corrientes de construcción en albañilería (es decir, si el equipo hubiera sido ”loco” el edificio también hubiera resultado ”loco”). La coordinación de los pacientes integrantes del ”equipo de construcción” se hizo de acuerdo al concepto de los ”grupos operativos” desarrollados por Pichon Riviere. La idea de aplicar este concepto de grupo en el desarrollo de una tarea concreta (como lo es la albañilería) está basado en lo siguiente: diez pacientes deben coordinar sus esfuerzos para realizar una tarea que por su propia naturaleza es un ”rompecabeza” colectivo (y no puede hacerse por separado). Uno trae los materiales, otro hecha el agua, un tercero con la pala revuelve, mientras otro acarrea la mezcla y la entrega al que – cuchara en mano – coloca el ladrillo, con lo cual se cierra la cadena de tareas, en las que necesariamente los pacientes tienen que estar coordinados entre sí. Además, en clase obrera baja, a la que pertenecía casi todo el grupo del equipo – 20 personas – el sentimiento de dignidad, de auto-valoración, está ligado estrechamente al rol profesional y a su ejercicio. Se sentían, por primera vez en años, obreros y no ”enfermos”. El ocio en las instituciones asilares quita el principal elemento alrededor del cual se estructura la personalidad social del internado, que es su rol social. Con el agravante de que la falta de tarea, lleva a la única labor que le queda que es trabajar ”de loco”, de paciente crónico de hospicio. Desde el punto de vista del análisis de la psicología institucional los resultados fueron también interesantes, pues afloraron todas las formas de resistencia al cambio con que las instituciones defienden su inmovilidad. En un momento dado de la experiencia, el Hospital (a través del Jefe de Depósito) comenzó a demorar la entrega de materiales para seguir trabajando, comenzando a paralizarse los trabajos por falta de cemento y ladrillos. En ese momento salieron a luz los comentarios de la dirección en el sentido de que los trabajos no iban adelante y que la experiencia de hacer trabajar a pacientes estaba fracasando. Cuando yo le hacía notar que era por falta de materiales, me contestaba que eso debía pedirlo al jefe de depósito. Pero esto no eran tan sencillo pues para lograr tan sólo el aprovisionamiento de bolsas de cemento se debía recorrer toda la pirámide burocrático-administrativa del hospital. La negación de materiales nunca era frontal sino que se empleaba, concientemente o no, la vieja técnica del bloqueo a todo cambio en las instituciones burocratizadas: ”lo tiene el gran bonete”. Esta consiste en que el que intenta cambiar algo debe respetar la estructura administrativa y al hacerlo se cae en el juego, que, en nuestro caso, se dio de la siguiente manera: una vez hecho el pedido se presentaba este al director, quien lo mandaba al administrador, de este pasaba al ecónomo, del ecónomo al jefe de depósito, pero el jefe de depósito encontraba que faltaba la autorización del jefe de talleres, quien a su vez necesitaba pedir autorización al director, el cual llamaba al administrador... Resultado: se perdía una semana en trámites (pues todos estos personajes tenían distintos horarios y lugares de trabajo) y se conseguía la mitad del pedido. Ahora bien, durante una semana sin cemento, se paralizaban las obras y entonces el hospital señalaba que las mismas no iban adelante. Esta actitud constituye también un manejo de estrategias paradójicas, es decir un mensaje contradictorio que actúa en dos niveles (”no te doy materiales y te exijo que trabajes”). Ya hemos estudiado en este mismo capítulo que es una táctica sumamente eficiente, pues al no estar explicitada la contradicción el mensaje crea confusión y paraliza. De todos modos, aún en condiciones difíciles, la experiencia dio un buen resultado desde el punto de vista de movilización de actitudes en los pacientes. Sobre veinte compañeros internados, hubo cuatro que salieron de alta, dos que consiguieron luego pequeñas changas fuera del hospital, un fugado que no regresó (señal que ”enganchó” algo afuera; en estos casos decimos que se trata de ”un alta espontánea”). El resto, al comparar con el comienzo de la experiencia, terminó conectándose socialmente mejor. Sólo quedaron casi sin modificación los oligofrénicos (teníamos tres) y dos seniles. Lo curioso es que tanto los oligos como los seniles fueron importantísimos en la estructura de grupo operativo, pues ayudaron a reconstruir una gestalt de grupo familiar. A los oligos se los protegía como hijos y a los seniles se los respetaba como a los ”agüelos”. El mayor efecto de la experiencia fue el sentimiento de los compañeros internados de re-integración laboral; sentían que podían volver a trabajar y, por lo tanto, a participar de la dignidad del trabajador; del ser ”obreros” en lugar de ”locos”.

Esto, además de otras tres modificaciones en su sistema de realidad:

1) Tener ”el afuera” más cerca, pues el alta sólo sirve si se puede trabajar afuera (y la construcción es un gremio con muchas ”changas”) ;

2) Hacer ”descansar” el cuerpo del eterno deambular y reorganizar dinámicamente su esquema corporal;

3) Estructurar nuevamente el ciclo del día y de la semana, saliendo del tiempo-homogéneo e infinito del hospicio (”todos los días domingo es ningún domingo”). Respecto a su grupo familiar, el compañero podía demostrar .el rescate de su capacidad laboral, que, en clase obrera es el principal índice de curación. Además el sueldo mensual (aunque muy reducido) que pagaba el hospital, evitaba la humillación de pedir monedas para fumar, solución está última que, además de ”loco”, lo convierte en un mendigo.

Por ultimo, diremos algunas palabras sobre la modificación que produce un hecho así en relación a la Psicología del Habitat: cómo transformando el habitat, el entorno físico se condicionan conductas más sanas. El terreno ubicado en el centro del Hospital, un baldío con yuyos y restos de comida, su transformación en ”Plaza del Pueblo” hacía al Hospital un poco menos loco como institución (incluso estaba prevista en el proyecto una larga pérgola con enredaderas para dar sombra, cosa que por falta de materiales no se pudo finalmente construir).

Capítulo 7

LA COMUNIDAD POPULAR “PEÑA CARLOS GARDEL”
Es bastante difícil analizar una experiencia que se está viviendo, es difícil tomar distancia y verla en perspectiva pero, de todos modos, ya después de dos años es posible percibir un cierto proceso, analizar las reacciones de los diversos sub-grupos, las consignas comunitarias que fueron apareciendo, las propuestas de cambio y la nueva filosofía de vida que, poco a poco y entre todos, se fue creando. Tomar todo esto, junto con opciones ideológicas más generales relacionadas con el proceso de liberación y armar un modelo teórico de Psiquiatría Popular es el tema de este capítulo y de las consideraciones finales. Para nosotros, los integrantes de la Peña, hay tantas experiencias emotivas, tantas cosas pasaron: momentos de mucha angustia, momentos de gran alegría. Hay mucho amor puesto en ”esa Peña”, líos, depresiones, peleas, reconciliaciones, momentos de intensa e íntima participación afectiva, donde sentimos algunas veces un nivel de compromiso humano tan intenso que luego, el ”mundo de afuera” nos parecía como constituido por gente solitaria y desconectada (es decir, de pronto podíamos percibir al ”manicomio de afuera”). El meterse en los fondos de un hospicio y compartir, aunque sea por un tiempo, las angustias, los delirios y ser solidarios con ese sector de pueblo trabajador más bajo, reventado, igual que afuera pero más degradado, fue para todos nosotros (los ”compañeros de afuera”) una escuela de vida, una forma de aprender el país de abajo, de combatir la hiperteorización colonizadora y estéril. Nosotros también nos curamos, pero de distinta enfermedad. En la Peña nadie le debe nada a nadie, ”no corre” la beneficencia ni el autoritarismo; entre todos construimos una nueva vida comunitaria. El grupo es completamente heterogéneo, pero lo que queremos lograr es siempre compartido por todos: es una posibilidad de vida menos injusta, con más posibilidades para que cada uno realice lo suyo, e incluso, si alguien puede imaginarse mundos distintos al resto, lo aceptamos como se acepta la realidad: como una verdad que no constituye, en sí misma, una amenaza. Para que se tenga una idea concreta de lo que es la experiencia y de los límites que tiene, vamos a introducirnos al tema con una descripción objetiva del desarrollo histórico y del lugar, los sub-grupos, las distintas actividades y también cómo se desarrolla normalmente la reunión comunitaria de los sábados, que es la más importante y la que reúne una vez por semana a todos los compañeros ”de adentro” y ”de afuera”. Luego pasaremos a ”despiezar” la Peña en partes para su análisis y terminaremos con una tentativa de integración que organice, según un modelo comunitario, a todo ese conjunto de hechos, de sucesos extraídos de una praxis.

COMUNIDAD POPULAR PEÑA CARLOS GARDEL
Introducción

Esta comunidad Popular funciona en el fondo del Hospital Nacional Borda, hospicio dependiente del Instituto Nacional de Salud Mental. El Hospital Borda, conocido anteriormente como ”Hospicio de las Mercedes”, luego llamado ”Neuropsiquiátrico de Hombres”, queda a pocas cuadras de Plaza Constitución (el pueblo siempre lo llamó “el Vieytes”). Es el Hospital Mental de Buenos Aires (con 2.500 camas) y, con el Hospicio de Mujeres, el ”Braulio Moyano”, son las instituciones que actúan como ”depósito psicológico de la locura” para los porteños. Y este es, precisamente, el lugar que elegimos para realizar esta experiencia de replanteo del concepto de locura y combatir desde esa área de demostración toda forma de represión mental, pues consideramos que en los hospicios se lleva a los últimos Iímites el proceso de represión mental (especialmente para las clases populares) que comienza en las escuelas, sigue en las fábricas y luego puede pasar por asilos, reformatorios, cárceles, etc. Con todo, el Hospital Borda no es el peor de los hospicios argentinos. Por el contrario, tal vez sea el que tiene más posibilidades de evolucionar.

La Comunidad empezó a funcionar el 11 de diciembre de 1971. Para su constitución unieron sus esfuerzos dos grupos, uno de adentro (los compañeros del Club ”El Fogón”, que organizó Osvaldo García) y otro de afuera, que se formó luego de un seminario (con audiovisuales) dado por el autor, sobre ”Psiquiatría Social” en la Escuela de Psicología Social de Pichón Riviere. Durante el verano de 1972 se trabajó fuerte y se consiguió ”poner en órbita” la comunidad con la ayuda también de familiares. Cuando el hospital se enteró que funcionaba una comunidad en el fondo, era ya un hecho consumado. Hubo posteriormente, y por medio de una carta de Pichón Riviere, dirigida a las autoridades del hospital, un reconocimiento ”de facto”. Desde entonces y a través de dos años ininterrumpidos, estuvimos ”dentro del hospital pero fuera de la institución”. La Comunidad se organiza alrededor de un gran árbol y cada sábado debemos entrar, colgar las decoraciones, carteles, etc. y Iuego, al terminar, descolgarlas y sacarlas del hospital, para volver a traer todo el sábado siguiente. La reunión principal se realiza, precisamente, todos los sábados desde aproximadamente las 15 hs. hasta las 20 hs. (cinco horas) y participan alrededor de 100 personas (incluyendo unos 20 compañeros de afuera); aunque se produce una rotación existe un núcleo base de compañeros internados y compañeros de afuera que lleva la continuidad del proceso comunitario. Además se realizan dos reuniones menores durante la semana (martes y jueves), donde funcionan grupos de mateadas, grupos de trabajo (cooperativa) y grupos de aprendizaje (Universidad Obrera). La actividad de la Cooperativa está suspendida actualmente por falta de un lugar con techo. La estructura comunitaria está determinada por una integración de modelos comunitarios populares; es una especie de síntesis de baile campero con guitarra y canto, con asado, con organización de sociedad de fomento (comisión directiva), con simultaneidad de actividades de cafetín porteño y algo de romería con teatro, con fogones de "materos” y costumbres de pulpería (las peleas). Pero fundamentalmente vive por un sentimiento de hermandad y de compromiso afectivo ’a muerte” de cada uno con la comunidad, con la ”peña”, que ya tiene una existencia mítica independiente de cada uno de nosotros. Entre los compañeros internados (y también entre los de afuera) es un símbolo y una esperanza de que el mundo pueda cambiar y volverse un poco menos injusto, menos individualista y menos ”paranoico”. Para nosotros la experiencia tiene otro nivel más también, y es que no sólo resolvemos el problema para 300 o 400 compañeros internados, sino que es fundamentalmente, un área de demostración de que es posible el cambio, que un nuevo planteo desde la cultura popular crea una alternativa nueva respecto a la locura. Desenmascara el sometimiento como falso criterio de salud mental y propone otros criterios de cordura para el pueblo; la cordura de asumir su identidad cultural y personal. También somos concientes de los límites en que nos movemos. Aunque la dirección del camino está trazada hasta lejos, no damos pasos más largos que los que pueden dar nuestras piernas. Es decir, todo comienzo de cambio sólo modifica un pequeño sector del sistema, pero lo importante es, sí, señalar el camino. Ese es el sentido de un ”área de demostración”: sirve para comprobar en la práctica algunas hipótesis de trabajo y luego para formular nuevos pasos que conduzcan a nuevas maneras de ver el problema. Daremos ahora una idea general de nuestro esquema referencial (nuestro esquema conceptual y técnico) para después describir con más detalles las condiciones objetivas de la comunidad (hábitat y proceso de una reunión) y, finalmente, entrar en el corazón de la experiencia, que son las técnicas de terapia comunitaria y grupal montadas sobre el rescate de las formas populares de interacción social y de proyecto de vida. Donde nuestra labor será una síntesis entre las técnicas psicoterapéuticas urbanas y las modalidades con que el pueblo resuelve sus angustias (es un poco lo que llamamos la síntesis ”Freud-Pancho Sierra”). La propuesta ideológica puede sintetizarse en cinco frases que la definen:

– Una movilización (u organización) de bases,

  • que a través del rescate de la cultura popular

– intenta una redistribución de la locura.

  • operando con un nuevo esquema técnico.

  • para luego estructurar un modelo teórico a partir de la práctica concreta.

De las cuales, las tres primeras apuntan a los puntos claves de nuestra propuesta.


  • Organización de bases:

La principal característica que debe tener una psicoterapia del oprimido es que la debe hacer el oprimido (por lo menos poner la principal energía para ese cambio). Claro que, por otra parte, sabemos que la iniciación de un proceso de este tipo requiere una energía inicial que provenga de otro sistema social, del de ”los sanos”. Podríamos reiterar la siguiente figura de comparación: ”es imposible, cuando un bote está encajado en la costa, hacerlo andar remando y también es imposible empujarlo desde adentro: se necesita una ayuda inicial de alguien que lo empuje desde afuera hasta que se pueda remar". Ese ”empujón desde afuera” es la labor de concientización del internado para que luego se organice asumiendo su identidad cultural como grupo, conquiste un mundo mejor dentro del hospital y luego pueda reintegrarse activamente al ”afuera”. Por eso este tipo de terapia social (mejor casi diríamos ”de reconquista de derechos”) es sólo posible de organizar si existe, aunque sea en forma latente, una actitud de cambio, un deseo de progreso, de liberación. El hospicio impone el autoritarismo desde arriba, la Comunidad Terapéutica importada impone la ”democracia” también desde arriba. En cambio el planteo de Comunidad Popular exige que lo que sea que se imponga lo sea desde abajo (en general será la conveniencia de la mayoría). Debido a que la población de internados se encuentra muy ”alienada” por las manipulaciones del hospicio es necesario, en un principio, un equipo mixto: personas internadas que deseen un cambio y personas no internadas que también lo deseen. Nosotros, en nuestra experiencia, nos llamamos ”compañeros de adentro” y ”compañeros de afuera” respectivamente. Una vez realizada la ligazón afectiva entre ambos grupos (consideramos que la necesidad de un compromiso afectivo es parte de nuestra ideología) se comienza el trabajo ”hombro a hombro", buscando y experimentando caminos desde una perspectiva que incluye la visión del mundo (los mitos, valores, costumbres, etc.) de la mayoría. Todo esto implica movilizar el sentimiento de reivindicación ancestral de nuestra clase obrera, es utilizar este sentimiento como motor, como energía para el cambio, es reconectar al compañero trabajador internado con todo su pasado histórico, con las luchas de su clase y con el proceso de liberación que ha emprendido nuestro pueblo.


  • Rescate de Ia Cultura Negada:

Toda una tarea recién comenzada y asumida por quienes desean nuestra independencia cultural es la que puede denominarse ”el rescate de la cultura negada”. Como primer paso, enfrentar la dominación y lucha contra alguien (el imperialismo yanqui y también el imperialismo porteño) es necesario saber quién es el que lucha: es decir que la primera tarea es reconquistar nuestra identidad cultural negada a través del proceso de colonización. Para esto es necesario todo un trabajo que podemos llamar ”de arqueología cultural”, que vaya armando el rompecabezas con las piezas sueltas obtenidas a través de la historia y de la geografía de nuestra patria. El esquema ”Civilización-Barbarie” es, posiblemente, la estructura cultural y económica más fundamental de nuestro desarrollo histórico. La oposición ”Buenos Aires-Interior” comenzó el día de la fundación de la ciudad y luego Buenos Aires siguió dependiendo más de la lejana Europa que del cercano interior, que fue negado y rechazado en nombre de la ”civilización" (por turno lo fueron España, luego Inglaterra y Francia y, ahora Estados Unidos). La macrocefalia de la Argentina es una de las patologías de desarrollo más perjudiciales, pues aísla entre sí a Buenos Aires y el interior por la estructura de colonización interna.

Debemos aclarar por qué la identidad cultural de los grupos marginados y oprimidos (una línea que va desde el indio hasta el orillero suburbano pasando por el gaucho) es tan importante en el caso de la salud mental. Un enfermo mental se encuentra, por momentos, alejado de su propia naturaleza tanto como de la cultura en la que le tocó nacer, por eso está enfermo. La restitución de la salud se da cuando se reencuentra con su origen, es decir con su verdadera naturaleza y con su cultura que fue el escenario de sus vínculos. Si no se conoce ni respeta la identidad cultural del grupo marginado, se ayuda a convertir una situación de extrañamiento de sí y de la cultura a nivel personal, en una confirmación externa, social, de que el mundo es amenazante y caótico. Traemos, para ejemplificar esto, el caso de los ”progresos” terapéuticos que pueden, paradójicamente, empeorar al paciente (fenómeno conocido en Psicoanálisis como reacción terapéutica negativa) porque llevan consigo a un nuevo problema y es la desarticulación de las formas habituales de regular la comunicación y los sentimientos de seguridad y protección que tiene cada cultura. En general, el grupo oprimido se resiste a utilizar la cultura del opresor, aunque esta revista forma de servicios necesarios, (por ejemplo, salud física y mental) y prefiere sus propios modelos terapéuticos que incluyen la cultura global ancestral nativa. Esto aclara la importancia de las curanderas en las villas miseria, pues al ir al hospital los villeros deben mendigar la atención, y la actitud del médico es degradatoria y descalificatoria (tuteo, largas esperas, manipulación como objeto). Además el médico incluye en la administración de la terapia una transculturación, es decir, le impone sus valores y normas pequeño-burguesas como si fueran universales (para lo cual cuenta con la colaboración de sus auxiliares instrumentales ”visitadoras” y ”asistentes” sociales). Esto es especialmente grave en el caso de las psicoterapias, pues no pueden evitarse valoraciones de una cultura desde otra, lo cual produce un proceso de desajuste cultural al grupo de pertenencia del paciente, que lo llevan a este a aumentar sus sentimientos de inadecuación y extrañamiento.
Redistribución de la locura:

Tal como a la pobreza (o a la riqueza) también a la locura es necesario redistribuirla. Los chivos emisarios no necesitarían existir si cada uno de nosotros asumiera su parte de locura, su delirio chico o grande. También se puede ver el problema a la inversa, es decir, lo que perdemos al reprimir todo pensamiento no racional con un pensamiento estereotipado, renunciamos tanto a la locura desintegradora como también a la imaginación creadora.

Defendiendo una redistribución y elaboración de los contenidos irracionales también estamos defendiendo nuestro derecho a la creación, a la imaginación y a conocernos nosotros mismos, hacia adentro, hacia nuestro inconciente.

Además, en el caso de nuestra área de trabajo, este derecho a disentir respecto a la explicación del mundo impuesta, (a la ”explicación oficial”) es una reivindicación específica. Pues bien sabemos que la calificación de ”loco” depende del nivel de tolerancia a lo distinto y, a una mayor intolerancia mayor será la cantidad de gente puesta en la categoría de loco. Tampoco podemos ver este problema como lejano y como perteneciendo a los internados en un manicomio, pues de pronto nos puede ”pertenecer” a todos. Las situaciones de perturbación, de contradicciones en el desarrollo vital de una persona, especialmente el continuo proceso de pérdida que contiene el ciclo de la vida (y, especialmente, el enfrentamiento irremediable con la muerte) crea un gran monto de angustia que, reprimida o no, puede conducir a un desbordamiento de las funciones de racionalidad del Yo y de sus mecanismos defensivos. Ahora bien, desde el momento en que todos estamos metidos en el ”mismo baile”, de pérdidas, miedos y contradicciones, es injusto (además de ineficiente) realizar el depósito de todas estas cosas en determinadas personas y convertirlas, así, en profesionales de la rareza, es decir, locos. Decimos ”mecanismos de defensa ineficiente” pues depositándolas y asignándolas a otros no las elaboramos, las dejamos sin resolver. Por eso pensamos que cada cual debe asumir su delirio, ya sea pequeño o grande. Además pensamos que la imaginación requerida para concebir el cambio es fácilmente confundida con locura, a veces con buena y a veces con mala fe.


  • Nuevo esquema técnico

Aunque todavía estamos en la tarea de ir construyendo, poco a poco, nuestro esquema, ya tenemos ciertas técnicas operativas. Ya hemos hecho referencia en el capítulo anterior a los elementos de nuestra técnica que vamos penosamente y poco a poco extrayendo de ese replanteo total que es esta experiencia, donde casi todo el encuadre terapéutico convencional ha tenido que ser modificado (especialmente en la relación entre ”quien cura” y ”quien es curado” y también ”de qué es curado”).

Nosotros consideramos que ambos grupos se curan, aunque en general de distintas enfermedades. Los compañeros de adentro se curan del hospital degradatorio y también de su perturbación psicológica y los compañeros de afuera curan de su colonización ideológica, es decir se hacen más argentinos, más integrados a su país, a su pueblo (y también, en segundo término, de sus perturbaciones psicológicas). El trueque es más o menos; ”yo te curo de la degradación manicomial y vos me curás de mi cipayismo ideológico”, (salud mental por argentinidad).

Siempre se debe mantener la simetría en el tipo de relación entre los dos grupos (ni autoritarismo, ni beneficencia).”Lo que yo te puedo hacer vos me lo podés hacer a mí”. Para ilustrar esto diremos que, en la relación entre una compañera psicóloga que viene a la peña y un compañero internado pueden producirse dos ”errores técnicos”. La psicóloga puede, mientras baila, hacer sutilmente una interpretación psicoanalítica, pero el compañero de adentro también puede hacer un ”error técnico” y que es tocarle sutilmente el culo, (con la posibilidad de lo cual nadie puede degradar al otro unilateralmente).

En la peña, la locura (en compañeros de ”adentro” o de ”afuera”) se enfrenta sin la disociación clásica del psiquiatra (yo sano; vos enfermo), se enfrenta sin guardapolvo (la ”sotana blanca”), sin el diagnóstico, sin chalecos, sin enfermeros, sin la intimidación del electro-shock. Usando una imagen de Pichón, él dice que se la debe enfrentar al estilo del torero, sólo con habilidad. Al toro, que es tanto la enfermedad ”del otro” como la propia, hay que enfrentarlo con la capa que permite la ”verónica” (es decir el esquive) hasta que el toro (la locura) está cansado y se lo pueda matar (operación terapéutica). Esto es lo mismo que decir que se utiliza la contención psicológica, donde el terapeuta se hace cargo de la ansiedad del paciente. Establece una relación humana, de amor, para ”sacarlo del pozo” y lo descarga de su peso (de su delirio angustiante). Toda su habilidad está en no volverse loco a su vez (en ”esquivar al toro”) sino en devolverle al paciente el conflicto elaborado para que él pueda volver a proyectar su destino desde su individualidad.

Por lo anterior, en la Peña surge siempre el relato de quien viene por primera vez y se angustia al no poder distinguir quién es de afuera y quién es de adentro, lo que lo lleva a vivir la visita a la Peña como una ”mini-internación”, debido a que la remoción y la proyección de sus propios núcleos psicóticos no encuentra la disociación sano-enfermo formalizada por ropas, guardapolvos o actitudes de sometedor-sometido (esta proyección es debida a que la persona siente que penetra en el ”depósito-de-la-locura” de la comunidad). Este replanteo de ”quién es el loco y quién es el sano” lleva a romper los estereotipos de roles en los grupos familiares. El encuentro internado-familiar en la sala del hospital (el internado acostado y el pariente al lado) reasegura ambos roles: uno de enfermo (de loco) y el otro de visitante (sano). En la Peña ambos roles se deben replantear pues no existe ningún elemento en el contexto f físico o comunicativo que indique quién está internado y quién no. Es un territorio neutral entre el hospital y el hogar y los dos pueden reconectarse con momentos del ayer-sano del grupo familiar (especialmente porque el contexto es el de una fiesta popular).

Resumiendo lo que hemos ya propuesto en el capítulo anterior como esquema referencial (lo que Pichón Riviere denomina ”el E.C.R.O.”, el Esquema Conceptual Referencial Operativo) diremos que podemos sintetizarlo, presentarlo didácticamente a través de cinco puntos. Esto significa encasillar (y rigidizar algo que es flexible e integrado) en partes separadas, pero para poder trasmitirlo no hay otra solución que la del coleccionista: clavar la mariposa con alfileres. Enumeraremos entonces, sólo los títulos de lo que ya hemos desarrollada en el capítulo anterior.

1 – El análisis del sistema (la institución, la familia, el trabajo, etc.) en todos sus niveles (especialmente para encontrar contradicciones y complementaciones).

2 – Tener caminos para introducirse en el delirio (la capacidad de contención psicológica).

3 – Buscar los caminos de regreso, junto con el otro (el tema de la estrategia paradójica).

4 – Crear las condiciones externas que le devuelven los roles amputados (la atmósfera social terapéutica).

5 – Condicionamiento por el contexto ambiental, codificación del mensaje en términos de acción y de situación, como adecuación a las modalidades de interacción en clase popular, (donde el contexto y la acción son más importantes que la conceptualización verbal).
De la práctica a la teoría:

Se trata aquí de invertir la dirección normal de la ciencia colonizada. En la colonia nunca se fabrica un instrumento científico, este siempre viene en libros desde Europa o Estados Unidos; se traduce y se usa en una práctica. A lo sumo se puede elegir entre un gran surtido de metodologías, pero nunca se pueden fabricar en el país. Además la hiperinformación teórica es una enfermedad ya crónica en nuestro ambiente intelectual.

Incluso tal vez no sea enfermedad, sino un síntoma, síntoma de que se está evitando la realidad. Esto está ligado a que la tarea, el esfuerzo profesional, debe volcarse básicamente al servicio del sector social opuesto al que en general recibe los ”cuidados” del profesional (y del que, naturalmente, recibe buenos honorarios). Es decir, volcar la mayor parte del esfuerzo profesional al proletariado en lugar de la burguesía. Sólo así, a través de esta práctica, se podrá acumular la suficiente cantidad de información para la elaboración de una teoría psico-terapéutica para ese ”otro” mundo social.

Este cambio de grupo social al cual servir no es fácil de hacer, pues implica un cambio a nivel económico para el profesional, pues su economía se proletariza junto con su conciencia política. Para nosotros, este es el salto difícil de dar: las radicalizaciones revolucionarias verbales junto con una labor de consultorio con sólo pacientes de seis u ocho mil pesos la hora psicoanalítica, es decir ”la mente a la izquierda y el bolsillo a la derecha” es una contradicción que debe ser superada si se desea combatir al sistema de psiquiatría tradicional.

En síntesis, esto que queremos decir es que para aceptar como persona coherente a quien diga haber roto ideológicamente con el Sistema, es necesario que haya roto también económicamente con el Sistema (que es lo que más cuesta, pues la radicalización verbal puede llegar también a ser una moda o un artículo más de consumo). Además, sólo desde y a partir de una labor concreta ”hombro-a-hombro” con los oprimidos es posible percibir y sentir sus problemas y, más que todo, descubrir su cultura, mucho más coherente, concreta, biológica y ligada a los ciclos naturales, que la de la burguesía urbana abstracta, burocrática y con procesos tecnológicamente divorciados. Pero además sólo desde una síntesis entre los elementos conceptuales de una cultura compleja como la urbana y la visión del mundo concreta de los sectores populares se puede lograr la transformación de un mundo injusto, pero muy bien defendido.
LAS PARTES DE LA COMUNIDAD (Análisis espacio-temporal)

La comunidad es la suma de varias actividades, algunas de ellas son simultáneas y otras constituyen una seriación en el tiempo. Analizaremos primero el nivel del hábitat, de la configuración espacial del ”territorio” de la Peña. Esto es bastante importante pues recordemos que el área de la Peña es percibido por los compañeros como un ”afuera en el adentro” es decir, algo así como un territorio liberado de descalificación, de humillaciones (y también entre ellos liberado de la desconfianza mutua). De modo que se configura algo así como un espacio mítico ”un lugar donde se puede salir del hospicio sin atravesar el paredón”. Este espacio se desarrolla, como en la mejor tradición campera, alrededor de un gran árbol en el fondo del hospicio (el ”árbol de la Peña”), del cual se cuelgan las decoraciones, entre ellas el gran retrato de Carlos Gardel sonriéndonos a todos. EI árbol es llenado de letreros, objetos, que nos hacen acordar los ex-votos de los árboles de las fiestas rituales norteñas. Es el altar criollo para realizar todos los sábados el ”sacrificio de la unión fraternal” que es la ”materia prima” (el ”poxipol”) de nuestra comunidad. Algo muy importante es la simultaneidad de actividades diversas pero complementarias. En la comunidad se discriminan a Io largo de estos dos años distintas áreas en que se realizan actividades. Unos bailan, otros juegan al truco, otros preparan el asado, (en la peña se hicieron en dos años 11.300 sándwiches de chorizos donados tenazmente por Ricardo Neves del frigorífica ”La Pompeya”), otros hacen una rueda de mate y conversan en grupo, otros a lo largo de ”la parecita” conversan de a dos o tres (en general son grupos familiares). Algunos simplemente mira lo que hacen los demás, y por último, están los que recorren toda el área ”peñera” buscando su ubicación, según su estado de ánimo, el tipo de actividad que quieren hacer. Esto de poder elegir entre todo este variado conjunto de tareas, permite, en la comunidad, integrarse de acuerdo al estado de ánimo. En general, lo largo de la tarde cada uno va pasando por todas las actividades. Todos los elementos de la Peña están dentro de la técnica del sub-desarrollo, tal como en las áreas rurales pobres; todo está un poco roto, el heroico tocadiscos sigue emitiendo rancheras y cumbias a pesar de que los discos sólo se reconocen debajo de la tierra que los cubre porque todavía son redondos. Un elástico de cama es una gran parrilla y algunos deben sentarse en cajones. Todo se debe hacer con el ingenio del pueblo, sólo ”con cuatro palos y dos piolines”. Es una comunidad hecha ”a ponchazos”, pero recordemos que ”los ponchos” son muchos (y están con nosotros). En cuanto al análisis en el tiempo describiremos el desarrollo de una reunión de comunidad. Se realiza todos los sábados de 15 a 20 hs. (cinco horas). No constituye exactamente una actividad de fin de semana, sino más bien, una concentración de actividades (algunas no son de recreación: mateada, cooperativa y/o universidad obrera). Esto es debido a que la semana, casi podríamos decir que no existe para los compañeros internados, pues no hay nada que hacer y el ocio lleva un tiempo muerto.

En cada sábado podemos distinguir estas etapas:

  • La apertura: donde la tarea es lograr ”el calentamiento”, como en las tareas psicodramáticas.

  • El ”diagnóstico” de la Peña: discriminar cómo ”viene la mano” (hay Peñas depresivas, violentas, alegres, creadoras, desestructuradas, etc.).

  • El momento de ”integración límite”: Llamamos ”integración límite” al momento en que debido a la alegría o la violencia todos participan intensamente en ese instante con todos. En general es cuando ”la fiesta” llega a un clima de alegría y movimiento donde todos bailan juntos. (Como este momento muchas veces coincide con la tarantela lo llamamos ”la escalada a la tarantela”). También la dramatización colectiva puede organizar un pico de participación durante una pelea (es cuando el ambiente ”está cargado”, es la ”hora de los epilépticos”). EI compañero Bariloche (Roberto Alanis) creador de la ”Marcha de la Peña”, es, en el momento de la integración, una pieza clave. Aprendió a manejar los emergentes grupales y, desde su papel de cantor-animador, coordina los momentos expresivos del grupo para lo cual, a veces, cambia las letras de sus canciones, improvisa y hace aparecer a algún suceso real o inconciente como el verdadero protagonista de la ronda. Su canción: ”Carnaval, carnaval, un poco de locura a nadie le hace mal”, constituyó el último de esos picos de integración.

  • La Asamblea Comunitaria: es el momento de la ”ronda”, todos en círculo alrededor del gran corazón azul y blanco pintado en el suelo. En esta etapa de la reunión comunitaria se escuchan cantores y recitadores: (es el momento de la Peña Folklórica). Bariloche y también Antonio López son los principales coordinadores de esta actividad, se canta en grupos y algunos días se representa teatro. Luego viene la asamblea donde se tratan los problemas de la comunidad; es también el momento de elaboración de lo que ocurrió durante el día, hablan familiares y se organizan nuevas tareas.

  • El cierre: Este es un momento difícil pues es la separación, ellos vuelven al manicomio y nosotros nos vamos. Sólo la continuidad ”a muerte” a través de dos años donde no se faltó ni a una sola Peña, permite tener la seguridad de volver a reunirnos, y por lo tanto, de hacer posible el separarnos. Como ”ritual de pasaje” (de cierre) se canta entre todos, en círculo, de pie y abrazados, ”mi Buenos Aires querido”, que lo inicia Carlitos Gardel desde el disco. Es este un momento de emoción tan honda, se produce un sentimiento tan concreto de sentir al otro cerca, que se convierte en un momento casi religioso por la intensidad de la participación. En ése círculo se junta tanta vida, tanta desesperanza, tanta soledad unida a tanto afecto y algo de esperanza que pienso yo que es el momento más terapéutico de la comunidad,. especialmente al final cuando se canta:...”mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más pena ni olvidos”... Luego de salir se realiza la reunión de evaluación que nos permite considerar lo que pasó y organizar la Peña siguiente. A esa reunión pueden ir todos los que estuvieron en la Peña, y participan también muchos compañeros de adentro que forman parte del grupo de organización. Esta reunión dura alrededor de cuatro horas y se maneja con las consignas del grupo operativo de Pichón Riviere, con un promedio 20 a 30 personas. Algunas son personas que vinieron por primera vez (estudiantes, familiares, etc.) que ayudan en la elaboración de todo lo sucedido en el día.


La Peña en cifras (al 26 de Enero de 1974)
Para dar una idea del volumen y tipo de actividades que constituyen esta experiencia vamos a dar una serie de cifras.

113 reuniones x 5 horas = 565

113 x 2 horas x 30 = 6780 h/h

565 horas x 100 personas = 56500 hs/ hombre

113 x 3 x 20 = 6780 h/h

TOTAL = 66480 horas/ hombre (de resocialización terapéutica).
Grupo de Mateada: 80 Sesiones Grupales x 20 personas = 1600 hs/ hombre

Cooperativa de Trabajo: 30000 guantes reparados - $180000 pagados bajo recibo.

Universidad Obrera: 6 compañeros alfabetizados - 28 clases de 2 hs. por 15 alumnos.

Documentación: 2500 fotografías – 35 horas de grabación – 3 hs de filmación.


Relación con la Comunidad y difusión de la experiencia:
Viajes: a la Comunidad de Tibor Gordon, al radio- teatro de Héctor Miranda, a Plaza de Mayo para la asunción de Cámpora, al aniversario de Pancho Sierra, etc.

Visitantes de la Peña: Pichón Riviere, David Cooper, Piero, Grupo de Juan Carlos Gené, Legisladores Justicialistas, la Compañía de Teatro de Héctor Miranda, Dalmacio Esquivel, etc.

26 audiovisuales (explicativos de a experiencia con debate a cargo del equipo).

Artículos sobre la Peña en diarios y revistas.

4 audiciones en T.V. y Radio.

4 cátedras universitarias en relación científica (medicina, psicología y

arquitectura).

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