Psicoterapia del oprimido




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EL PROCESO TEMPORAL

En el hospicio, como en las cárceles, el tiempo está como de­tenido: se tiene la sensación de un enorme y vacío presente.

Nuestra hipótesis explicativa es ésta: como las pérdidas sufri­das por el internado son tan masivas, le es casi imposible elabo­rar semejante duelo, y por lo tanto, ese pasado queda "congelado" y no puede usarse como trampolín para proyectar un futuro, una visión prospectiva. A la inversa, también ocurre que, como la institución no ofrece ninguna posibilidad de organizar un proyecto vital, un futuro, queda de rebote paralizada la posibi­lidad de elaborar las pérdidas de ese pasado (trabajo, pareja, hijos, dignidad, etc.) y el tiempo adquiere una sola dimensión, un indefinido presente continuo.

Además, el día del alta, del término de la internación es indefinido, no se establecen términos terapéuticos. En principio, se puede permanecer internado 3 semanas, 6 meses o 10 años; depende de factores azarosos. Cuando interviene el juez (que dicta o revo­ca la insania) se entra en la maquinaria burocrática y arbitraria de los Tribunales: un alta judicial puede venir uno o dos años después del alta médica (mientras tanto el declarado médica­mente sano debe permanecer en el hospicio, lo cual es como para que el más confiado elabore un delirio de persecución). Todo esto conspira contra la elaboración de un proyecto de vida, o por lo menos, una fecha de salida (como en las cárce­les) que permita organizar una forma de percibir, de contar, el tiempo y, por lo tanto, quitarle algo de esa sensación de tiempo­-muerto, de tiempo-infinito.

Ya habíamos visto algo acerca de cómo la falta de trabajo impedía la percepción del ciclo diurno y semanal, cómo los horarios de las tareas no permiten organizar nuestro tiempo interno. La posibilidad de percibir el domingo como día de descanso, está condicionada por la semana de actividad; "todos los días domingo es ningún domingo". Por otra parte, en los manicomios no hay relojes ni almanaques, sólo la salida de los tachos de comida (con horarios absurdos pues, por ejemplo, se cena a las 4 ó 5 de la tarde) marca el ciclo del día.

Respecto a la percepción del ciclo anual verano-invierno, sabe­mos que el proceso de elaboración psicológica de duelos está relacionado en general con el invierno, que existen procesos

ciclotímicos (alternativa de euforia y melancolía) que se organizan sobre el ciclo anual, de modo que, por ejemplo, la existencia de áreas verdes con vegetación (aun­que sean baldíos) ayudan a organizar desde el punto de vista de la dinámica psicológica interna. En este sentido los manicomios con patios cerrados de cemento, aumentan las condiciones adver­sas para la dinámica psicológica del paciente.

En el hospicio existe un pasado, que no constituye un pasado elaborado, sino un pasado idealizado, un pasado mítico; es el tiempo en que "se estaba sano y se estaba afuera", que ocurre también en un espacio mítico inalcanzable, "el afuera". A veces, algunas tardes, tomando mate en grupo surgen las anécdotas en tono nostálgico, "sí ... yo tenía seis trajes y todas las minas que quería" ... "eran los tiempos de Perón y estaba de moda el rock-and-roll" ... Entre ese pasado perdido y el otro tiempo, "éste" de aquí adentro, se produce el momento histórico más importante para la vida del paciente que es el momento traumáti­co de la internación.

En algunos casos hemos comprobado una adherencia a la épo­ca inmediatamente anterior a ese momento histórico que divide realmente en dos a la vida de todo internado. En cierto modo, como la sociedad asigna al estado de loco algo de la categoría de muerto, el momento o la vida después de la internación se parece un poco a sobrevivir después de su funeral. Nuestra cultura, con su terror a la desviación de lo que llama la "normalidad", realmente "entierra" psicológicamente a los enfermos mentales. Pichón Riviere ha comprobado la inmediata reorganización de la familia una vez que el depositario de la locura fami­liar (que él llama "el chivo expiatorio") es segregado en un hospicio; cómo venden su cama, alquilan su pieza, cómo Io borran", como se hace con un muerto. Todo esto colabora en darle una cualidad psicológica especial al tiempo dentro de los manicomios para la población de internados, algo así como un tiempo fuera de la historia, fuera de la vida. Se parece en algo a la percepción del tiempo en las cárceles, pero difiere fundamen­talmente pues en la cárcel el fin de la condena es un hito orga­nizador (me faltan tantos años, o meses para salir ... ) y, como vimos, en el manicomio es absolutamente azaroso e incierto el día del alta, e incluso, la indefinición ni siquiera aclara si se va salir algún día o no.

Por esto, en la tarea de rescate del paciente, de reconstrucción de su sistema de realidad, de su reorganización del mundo, lo más difícil y lo más importante es rehacer una visión prospec­tiva del tiempo, construir un proyecto de futuro. En el capítulo séptimo, que constituye la síntesis de todo el libro, vamos a ex­plicar dentro de la concepción de las Comunidades Populares, cómo y a través de qué técnicas se logra movilizar hacia la vida a esta parte segregada y degradada de nuestro pueblo. Adelanta­mos que sólo dentro de un replanteo de toda esta estructura social injusta y junto a un pueblo que asume su identidad y su destino es posible una solución verdadera.
Capítulo 2

LA IDEOLOGÍA ADAPTATIVO - REPRESIVA
La actitud represiva está basada y justificada por otro escalón del sistema ideológico total y es la propuesta adaptativa, es decir, el modelo de pensamiento que dicta las pautas y que determina el pensar y actuar “normal”, y que luego justifica medir y castigar la desviación.

En gran medida las pautas de “normalidad”, a las cuales hay que adaptarse, tienen sólo como explicación su funcionalidad respecto a mantener la estructura socio- económica, es decir, en síntesis, hacer que “los pobres sigan trabajando para los ricos”.

El mecanismo psicológico por el cual un grupo humano somete a otro está basado en la descalificación de los modos de pensar de ese otro grupo, apoyándose en planteos pseudo científicos. En casos extremos, como las teorías racistas o lombrosianas, a través del concepto de “degeneración genética”, del concepto de “inferioridad cerebral” y, en sus formas suaves, como descalificación socio- cultural emitiendo teorías acerca de los grupos “con dificultad de aprendizaje” o planteando que su problema consiste en “falta de educación” que, por supuesto, se refiere a “la educación para el sometimiento” es decir, la conocida receta de la “cultura occidental y cristiana” con que Europa sometió a las colonias. Y que luego es utilizada por las oligarquías nativas para someter al pueblo de abajo que tiene sus raíces culturales en tierra adentro y en sus propias circunstancias de vida.

La evolución de este sometimiento mental- cultural, recorrió desde las formas científico racistas, cuyo ideólogo más importante en sociología fue el médico italiano Cesar Lombroso, hasta las sutiles formas de proposición de “auto control” de los servicios de “relaciones públicas” de las empresas neo- colonialistas (en Argentina las fábricas: Olivetti, Fiat, etc., son interesantes casos de ese estilo). En la psiquiatría manicomial se ha pasado de las brutales y sádicas formas manicomiales, en los casos más modernos a las suaves formas de “consenso” inspiradas en la “Comunidad Terapéutica del médico inglés Maxwell Jones, y que logra que “los pobres se porten bien sin pegarles”.

Luego vamos a decir algo más sobre el prejuicio organizado como ciencia, pero ahora vamos a entrar en otro nivel de explicación de esta actitud social represiva que lleva a la restricción de los pensamientos y acciones, a condenar e impedir la libertad de creación fuera de ciertos y estrechos márgenes. Nosotros nos referimos acá a una explicación psicológica que, aclaramos no excluye a las razones anteriores sino que las complementa, indica otra razón más que tienen los grupos sociales para reprimir el pensamiento distinto. Esta explicación, está basada en el terror ancestral al descontrol mental; diríamos con Carl J. Jung, en el pánico a la irrupción de los contenidos inconscientes, a la angustia terrorífica a la muerte y a la desintegración del YO.

Sabemos que esto plantea a la larga polémica entre la explicación marxista y psicoanalítica, pero por ahora no hay señales de que en los países que han llegado al socialismo se haya podido evitar totalmente el prejuicio, el miedo a la locura percibida como descontrol. Incluso un pariente cercano del miedo a la locura, el miedo al sexo, tiene en países socialistas formas bastante convencionales (y a veces burguesas) de normatizarse y se percibe como peligrosa una libertad creadora, en esta relación que es la más íntima que pueden tener dos seres humanos. Por ejemplo, en Cuba socialista no fue posible, hasta ahora, realizar la misma revolución en el sexo que en la economía (como ellos dicen, todavía están en la etapa del “Machismo Socialista”). Debido a que la actividad sexual compromete aspectos muy regresivos (de terrores infantiles) de la personalidad, es que la actitud frente al sexo sirve de “indicador social” para evaluar la actitud frente a la locura de ese mismo grupo social.

También el temor a la locura y su consiguiente deseo de represión está basado en los mini episodios psicóticos que todos hacemos durante el sueño o en los estados crepusculares, especialmente cuando éstos contienen elementos terroríficos, tales como las fuertes angustias persecutorias y de desintegración del Yo.

Por otra parte, por otra parte si tenemos en cuenta como está negada la muerte en nuestra cultura- occidental- tecnológica, vamos a poder comprender por qué la actitud frente a los delirios psicóticos es muy distinta en culturas como la oriental, donde el episodio de la muerte está presente como un elemento esencial para organizar la vida. Hasta el delirio psicótico es aceptado como una de las tantas maneras de organizar la realidad; esto es inconcebible en nuestra querida e idiota cultura occidental, debido a que el hombre es percibido fundamentalmente como una rueda del engranaje tecnológico y debe producir objetos e ideas que hagan andar el sistema de producción- consumo (sistema que, por otra parte, es completamente alienado, loco, desde el punto de vista de lo humano). La situación límite la he vivido, cuando cumplía un contrato de investigación en Estados Unidos: el sistema de vida tecnológico llega a tal extremo de negación de lo que no es un tornillo, que las nuevas generaciones, en una desesperada forma de salida, buscan a través de la droga, (especialmente marihuana) estados de conciencia crepusculares a veces psicóticos, como uno de los caminos de rescate de los aspectos negados de lo humano, como son las áreas del inconsciente. También el sexo le da a esta juventud caminos para el rescate de lo negado por su súper civilización industrial, civilización ésta que ha sido el modelo cultural que, desde los tiempos de Sarmiento, se ha impuesto a los “bárbaros del interior”.

Las instituciones que generan ideologías de apoyo a la psiquiatría adaptativa- represiva que analizaremos en este libro son básicamente cuatro. Dos relacionadas directamente con la cultura de la pobreza y dos que constituyen los pilares de la ideología adaptativa del sistema: las primeras dos son la antropología biológica y las sociedades de beneficencia y las dos segundas el Ministerio de Educación y la Iglesia.

Tomando la primera forma, diremos que Cesar Lombroso fue, junto con los médicos genetistas del Tercer Reich de Hitler, los que a través de pseudo comprobaciones celulares intentaron basar la inferioridad de grupos humanos en señales físicas, en estigmas visibles que luego justificaron genocidios. En EE.UU. hay investigadores blancos racistas que “demostraron” que la raza negra tiene malformaciones genéticas.

La escuela antropológica de Lombroso, que influyó mucho el pensamiento psiquiátrico hace más de dos décadas, es la colección de prejuicios más absurdos que ha sido llevado a la categoría de ciencia. Con observaciones morfológicas ingenuas llegó a construir toda una criminología “científica”, donde a través del concepto de “criminal nato” era posible, observando las malformaciones craneales y faciales de una persona, saber si debía ser encerrado o no. Pero el tipo de malformaciones tenía características perfectamente definidas; coincidían, en general, con rasgos faciales (orejas en fontenlla, nariz quebrada, etc.) y asimetrías craneales de la clase obrera baja italiana debidas a las dificultades de cuidados maternos, a las condiciones de vida infantil violenta y al uso común del fórceps en los partos de hospitales públicos. Esas malformaciones eran difíciles de hallar en las clases altas, debido a los cuidados esmerados del cuerpo especialmente en la infancia. Ahora bien, ¿qué funcionalidad tiene esta teoría para el sistema de poder de la Italia de principios de siglo? Pues, ni más ni menos, que la “prueba científica” de que todo obrero tenía algún rasgo degenerativo y podía ser inclinado al robo. Constituía una descalificación general a la clase obrera italiana y una justificación de las miserables condiciones de vida y del único papel que podía hacer: trabajar brutalmente y obedecer.

Muchos de esos rasgos de “criminal nato”, o “ladrón nato” al ser, como hemos dicho, comunes en la clase baja italiana permiten una táctica de las clases opresoras muy hábil y eficiente, y es “acusar a los desposeídos, a las víctimas de la explotación de ladrones en potencia” es decir, dar vuelta lo que realmente sucede: “los robados son acusados de robar” con lo cual se oculta, por la confusión de la paradoja, quién se adueña del trabajo de quién.

Lombroso llega también a determinar lo que él llama “la insensibilidad patológica al dolor de los criminales natos y de los dementes” con lo cual quedan justificadas y permitidas todas las crueldades físicas a que son sometidos los internados en prisiones y hospicios. Esto, que nos parece lejano en tiempo y espacio, se nos presenta diariamente en los hospicios. Yo recuerdo a un jefe de servicio del Hospicio de Mujeres de Buenos Aires decirme, ante unas pacientes que se mojaban en invierno en el patio corral por falta de techo: “no se aflija, arquitecto... en la esquizofrenia se produce un cambio metabólico que les impide sentir el frío”... (Aclaremos que esto es clínicamente inexacto e, incluso, hay pacientes esquizofrénicos que son extremadamente sensibles al frío).

Esto también me hace recordar un comentario que hace Franz Fanon en “Los condenados de la tierra” cuando explica que en la facultad de medicina de Argel (en la época colonial) se explicaba y demostraba que: “el argelino medio (no el enfermo mental) correspondía, como mentalidad, a un europeo lobotomizado”* con lo que se consagraba el prejuicio racial a nivel de “ciencia psiquiátrica”.

Toda la psiquiatría tradicional está impregnada de este planteo. En la historia de la psiquiatría argentina, muchos de los “próceres” eran rigurosamente biologistas. El Dr. Braulio Moyano, uno de ellos, era un anátomo- patólogo, es decir que considera al paciente solamente a través de las rodajas de su cerebro y que establece su “vínculo terapéutico” a través de esperar que se muera y se le pueda sacar el cerebro para buscar el tipo de malformación que tiene. Pensamos que no es el vínculo más terapéutico, más tranquilizador, para quien se siente no comprendido, sólo y, a veces, perseguido.

Cómo síntesis de la ideología psiquiátrica, que durante 20 años ha dominado a la facultad de medicina de Buenos Aires y los hospicios, analizaremos el libro de texto oficial de la cátedra de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires: el “Manual de Psiquiatría” del Dr. Juan C. Betta (editado por primera vez en 1952).

El texto comienza con indicaciones para efectuar el examen del enfermo mental, sugiere averiguar primero los antecedentes hereditarios e investigar la posible existencia de taras mórbidas. Luego determina la técnica del principal elemento de diagnóstico que llama el interrogatorio. Es interesante analizar su concepción de entrevista con el paciente. Betta dice: “es la parte fundamental del examen del enfermo y es el que ha de llevarnos al diagnóstico” y agrega, “de la sagacidad del médico depende el cómo de conducir hábilmente la conversación de manera de poder indagar, en cualquier momento, los datos contenidos en el cuestionario que son: Nombre y Apellido, Edad, Fecha de Nacimiento, Fecha de Matrimonio y (lo mismo para su esposa e hijos). Luego aconseja detectar el grado de instrucción del paciente (“porque algunos solo están capacitados para efectuar los trabajos más rudimentarios”) también se debe ver la posibilidad de la existencia de una debilitación del nivel intelectual. Para la orientación espacio- temporal, se pregunta el día, hora, calle y número de domicilio del paciente y también del Hospital.

Para saber si el enfermo tiene conciencia de situación, hay que hacerle preguntas como: ¿Qué hace usted aquí? ¿Quiénes son las personas que se hallan alrededor? ¿Qué hacen?, y luego si está enfermo, ¿de qué está enfermo?, y si contesta que no está enfermo, se le debe preguntar: Si usted no está enfermo ¿qué hace en este lugar?

* Es una operación donde se separa y se anula una parte del cerebro (los lóbulos frontales) produciendo disminución de funciones mentales.
Betta dice que: “terminando el interrogatorio tendremos en nuestro poder datos concretos relativos al funcionamiento de la psique proporcionada por el mismo enfermo, que nos informará respecto al estado en que se hayan las tres esferas que lo integran: Inteligencia, Afectividad y Actividad”.

Si analizamos esta forma de establecer la relación médico- paciente con una persona que se siente asustada, triste y que acaba de ser internada en un manicomio, muy probablemente por la fuerza y no diciéndole incluso donde se lo llevaba, vemos que el preguntarle: ¿Qué hace usted aquí? ¿Quiénes son las personas que están alrededor?, Día, Hora, etc., va a ser vivido por el paciente como un interrogatorio policial. En todo el desarrollo del interrogatorio, se exigen datos, fechas, lugares, etc., pero nunca se proponen preguntas de este tipo: ¿Qué problema tiene Ud.?... ¿Cómo se siente?, o cualquiera otra que establezca una relación transferencial humana y no policial. Además la última pregunta (para establecer según Betta la conciencia de enfermedad) es realmente una petición de principio. Responderle al paciente “que si no considera Ud. que está enfermo, ¿porqué está acá?” equivale al razonamiento de que, el mero arresto de una persona ya demuestra su culpabilidad.

Para toda la psiquiatría tradicional la principal tarea es la clasificación del enfermo dentro de los extensos y obsesivos cuadros. Es el tratado de Betta, las descripciones sintomáticas, muchas veces con extensos juicios morales o términos muy peyorativos respecto al pensamiento del enfermo (“proceso de embrutecimiento”, “la más absurda fantasía”, “ideas disparatadas y grotescas”, “errores groseros de apreciación”, etc.) ocupan casi la totalidad del texto y solo al final se dan algunas breves indicaciones terapéuticas. (En el capítulo de esquizofrenia, por ejemplo, de 51 páginas, sólo una y media se refiere a la terapia de la enfermedad y ésta se basa fundamentalmente en el electroshock y en shock insulínico).

Para la excitación psicomotriz, Betta incluye en las técnicas terapéuticas, aunque haciendo la salvedad de que no es muy aconsejable, el “absceso de fijación”. Un procedimiento totalmente sádico pues consiste en administrar una inyección de trementina en la región lumbar o en el muslo lo cual produce una lesión dolorosísima que trae muy alta temperatura e inmoviliza al paciente por el dolor que éste siente.

Pero donde el libro de Betta, (recordemos que es el “manual para la formación de los médicos psiquiatras”) llega a bordear técnicas de verdadero “lavado de cerebro” es cuando, en la página 499 recomienda los tratamientos para los delirios crónicos, e incluye el método del Dr. Mario A. Sbarbi, de la Cátedra de Clínica Psiquiátrica.

Creemos que en este caso solo será necesario transcribir la página entera del libro de Betta, sin hacer comentarios.
El Dr. Mario A. Sbarbi, de la Cátedra de Clínica Psiquiátrica, preconiza el empleo de electroshock en forma intensiva y una forma especial de psicoterapia que consiste, a grandes rasgos, en lo siguiente:

1°) Se provoca en el enfermo el estado de confusión mental mediante la aplicación de electro- shock en forma intensiva, hasta efectuar una serie de 18 a 20, y en algunos casos más de acuerdo con el tiempo en que pueda tardarse en producirse ese estado. Es necesario que la confusión sea profunda, con desorientación global del enfermo hasta perder la noción de su propia personalidad. A este fin se practican los cuatro primeros días tres electro- shock diarios, dos por la mañana, con una hora de intervalo, y uno por la tarde. Después se continúa con dos aplicaciones diarias hasta completar la serie, lo que se logrará al cumplirse la semana de tratamiento.

2°) Una vez suspendidos los electro- shock la confusión continúa en aumento durante dos o tres días. La obnubilación comienza a ceder en forma paulatina al cabo de una semana recobrando poco a poco la lucidez mental.

3°) Durante el tiempo que dura la confusión mental será necesario vigilar y mantener el estado general del enfermo. Suero glucosado hipertónico y vitamina C endovenosa y extracto hepático diarios. Debe atenderse y vigilarse la alimentación.

4°) Cuando el enfermo comienza a recobrar su lucidez, debe iniciarse la acción más efectiva por parte del médico. Consiste en la psicoterapia intensiva en busca de la reducción del sujeto. Por este procedimiento el médico, con su terapéutica psíquica, puede incidir, de acuerdo con la conveniencia de cada caso y a la capacidad de comprensión de cada uno, en forma directa o indirecta sobre la causa de perturbación. En algunos casos, como ocurre en los delirios celotípicos, conviene no recordar al enfermo algunos episodios que puedan vincularse al delirio. La psicoterapia debe ajustarse siempre estrictamente a las necesidades de cada caso.

El doctor Sbarbi aconseja la grabación de un disco por medio del cual el médico, a la vez que explica al enfermo lo que le ha ocurrido, en términos adecuados y si hablaran de alienación, le aconseja también sobre la forma cómo ha de encarar en adelante sus problemas de acuerdo con sus características personales. Este disco debe pasarse varias veces por día con el fin de fijar en su mente los consejos del médico. Además, en la medida de lo posible, visitará diariamente al enfermo para reafirmar personalmente lo aconsejado en el disco y agregar lo que juzgue prudente de acuerdo con las manifestaciones del paciente...” (*)
(*) Los subrayados del texto son nuestros.
Para terminar diremos que hay algo realmente sorprendente en este libro: el inexplicable atraso de la metodología de investigación médica, los términos arcaicos (vesania, neurastenia, pasiones, etc.) y, especialmente, la ingenuidad científica en las descripciones y conclusiones, que pertenecen ala época de las terapias en base a purgas y baños de asiento. Esto nos desconcierta. Si la escuela de medicina argentina tiene un desarrollo científico de primer nivel en fisiología, clínica, cirugía, etc. ¿cómo es que quedó esta isla del pasado?; ¿es por casualidad?... ¿Por qué no se considera una especialidad de importancia?... Nosotros arriesgamos una explicación y es la siguiente: para determinar la funcionalidad que tiene este libro para todo el sistema manicomial de salud mental, debemos empezar no por la cátedra sino por la otra punta, el hospicio y preguntarnos, ¿qué metodología y qué supuestos científicos en psiquiatría permiten que continúen sin cuestionar los manicomios tal como están?... ¿Y cuál es la funcionalidad del manicomio para el sistema de poder?

Otra cosa que debemos informar es que siempre el hospicio y la cátedra han estado en manos del mismo grupo de poder.
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