Psicoterapia del oprimido




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MINISTERIO DE EDUCACIÓN E IGLESIA

Comenzaremos ahora con dos sistemas ideológicos que, a través de sus fines específicos, están al servicio de la descalificación y represión psicológica de los sectores populares, para asegurar su adaptación al Sistema. Siempre bajo la apariencia de cumplir con fines al servicio de la cultura y de la ayuda espiritual. Estas dos instituciones son el sistema educacional centralizado desde el Ministerio de Educación y la Iglesia (excluyendo de esta última a los sectores progresistas, tercermundistas).

El Ministerio de Educación, especialmente desde la escuela, impone al pueblo como única cultura, los esquemas europeizantes de las clases dominantes, desconociendo totalmente la cultura popular de tierra adentro. Nunca el niño pobre de origen rural ve consagrada la cultura y la sabiduría popular, el mundo de sus padres y de su entorno; en la escuela, ésta le impone formas urbanas, cosmopolitas y estereotipadas como “la única” cultura, todas las demás formas de ver el mundo son bárbaras, son inferiores. Sólo la civilización “occidental y cristiana” impregnada de colonialismo cultural es la verdadera.

Sarmiento, que nunca acepto las raíces nativas de su país, que propició el aniquilamiento del gaucho y de la “barbarie” que todo eso significaba para él, inauguró la importación masiva de “esquemas cultos” europeos y norteamericanos. Pero él fue sólo un ejemplo de una intelectualidad argentina que, desde los tiempos de la independencia hasta nuestros días, vive pensando al país como formando parte de “los centros más avanzados de la civilización” y que, dando la espalda al interior y a la historia y, lo que es peor, a su pueblo, dependen de lejanos ídolos culturales. Esta actitud ha sido constante de nuestra educación no por casualidad: es perfectamente funcional y necesario para que una minoría someta a una mayoría al proceso llamado “de descabezamiento cultural”. Desconociendo ala cultura popular, que tiene sus raíces en la tierra y sustituyéndola por otra abstracta de orígenes lejanos, se logra confundir a ese pueblo, despersonalizarlo, quitarle identidad cultural y, finalmente, hacerle aceptar “su ignorancia” y, por lo tanto, someterlo.

Esta técnica d dominación fue brutalmente empleada por los conquistadores españoles a nivel de sustitución de creencias religiosas. La Cultura Incaica, en muchos aspectos muy superior en sabiduría humana a la d los conquistadores españoles, fue destruida materialmente en sus niveles superiores, asesinando (en nombre de Cristo) al grupo dirigente incaico y destruyendo los templos y palacios de gobierno. Es bien triste y vergonzoso ver en la ciudad de Cuzco, Perú, como sobre las bases visibles de templos incaicos destruidos están edificadas iglesias católicas, como en una demostración concreta de este propósito de “descabezamiento cultural” y de sojuzgamiento de esa raza.

También es sorprendente la capacidad de resistencia y de defensa de su cultura que existe en el campesino indio, que considera sagrado ese lugar por las ruinas que hay debajo y no por la iglesia de los opresores que hay arriba; en este caso se ha conservado mucho su identidad cultural pese a los intentos de destrucción y sustitución.

En Argentina, los programas escolares preparados en una oficina en Buenos Aires, son impuestos a una población escolar que nunca se ve reflejada en esos temas abstractos, de una cultura urbana y cosmopolita. Las condiciones de vida de ese pibe “cabecita”, la raza de sus padres, los consejos del abuelo, la sabiduría criolla en el manejo de la naturaleza, todos sus precoces conocimientos acerca de la vida, la muerte, la injusticia, etc., no aparecen en su libro de lectura que está – en cambio – lleno de estúpidos e hipócritas consejos sobre la virtud y el orden, sobre la necesidad de aseo, de respetar al superior, de dibujos y habilidades de animales exóticos, y de costumbres y normas de directo origen europeo (es decir “culto”).

Todo esto lo hace dudar de su identidad, del valor de su mundo, es decir, lo prepara para que acepte y asuma el nombre de “ignorante” con lo cual se somete a que la “civilización” colonizada lo “eduque”.

Pero esa educación no será para la libertad y la creación, para la realización y rescate de su mundo, de su pueblo, sino que va a ser la educación para la castración y el sometimiento.

Entonces concretando los cargos que le hacemos a esta ideología en educación, diremos que, fundamentalmente, es un aprendizaje ritualista de esquemas rígidos que impide deliberadamente la posibilidad de creación intelectual y del ejercicio de la imaginación. La estructura es controladora y castradora en todos los niveles, especialmente en los no explícitos, es decir, en el cómo se inserta la información, en la manera y condiciones en que se enseña.

Este sometimiento comienza desde el rígido control corporal (inmóviles filas en donde es castigado cualquier movimiento, silencio obligatorio, etc.) hasta el típico aprendizaje por repetición, sin razonar lo que se aprende que desarrolla sólo la obediencia automática y la memoria mecánica. Los programas (y esto vale especialmente para la enseñanza secundaria) convierten a ciencias que podrían quizás ser importantes como aperturas al mundo, en pura estupidez; la geografía sólo llega a ser nombres de accidentes geográficos; la historia, fechas de batallas; las ciencias naturales clasificaciones aburridas, etc.

Lo anterior es la crítica en cuanto a la forma. Si tomamos ahora el contenido vemos que el mensaje siempre presente es la adaptación pasiva al Sistema y a la estructura económica. Hay ricos y pobres, hay algunos que mandan y otros que obedecen, los pobres deben ser honrados y humildes, los que desobedecen siempre tienen su castigo. Además se imparte a veces información errónea, que no se cumple en la realidad, por ejemplo “hay que ahorrar para progresar” (cuando debido a la inflación constante el ahorro es desvalorización) y “la Constitución Nacional siempre debe ser respetada” (ignorando que los gobiernos “de facto” son los más comunes).

Actualmente y debido a ciertos canales masivos, especialmente la televisión, la educación está cada vez más controlada por el Sistema de Poder (y, a veces, ni siquiera por la oligarquía sino directamente, debido a los programas traducidos, por el imperialismo norteamericano).
Comenzaremos ahora con el análisis de la otra de las dos ideologías que a nuestro juicio, colaboran en la creación del concepto de “pobre y obediente” para la clase obrera y de “adaptado, pasivo y temeroso” para la clase media, y que es la Iglesia. Respecto a sus actuales funciones podemos observar que con el proceso de secularización, de modernización tecnológica, se ha producido la sustitución de muchas de sus antiguas funciones sociales, absorbidas ahora por instituciones de la sociedad tecnológica de consumo. Por ejemplo, citaremos la derivación de los llamados “problemas espirituales” a la medicina y psicología (psicoanálisis) bajo el nombre de “neurosis”, de las de ayuda social de las “Sociedades de Beneficencia de Caridad Cristiana” a las oficinas de asistencia y servicio social de las empresas y sindicatos, y el espectacular pasaje en el manejo del sexo desde su prohibición por ser pecado a su actual comercialización masiva como un nuevo objeto de la sociedad de consumo.

Analizando la ideología de la Iglesia desde el punto de vista de la dinámica necesaria para una psicoterapia, diremos que los esquemas rígidos y pre- establecidos de los procesos psicológicos (especialmente los inconscientes) propuestos por la Iglesia son un impedimento muy serio para la movilización y elaboración de situaciones traumáticas. Por supuesto que estoy hablando del catolicismo “de catecismo” que es el que se imparte a la clase obrera y no me refiero a las formas flexibles que, desde una discusión teológica Católica, permiten la existencia de una terapia psicoanalítica o fenomenológica católica (que, por otra parte y por supuesto, son formas de psicoterapia para las clases altas).

Este esquematismo de los procesos inconscientes, lleno de condenaciones morales y de temor al terrible castigo divino, no permite la elaboración madura de las situaciones críticas en la vida y lleva sólo a una paralización ritualizada y supersticiosa. Lleva al no- cambio y a no permitir la integración de la personalidad a un nivel adulto, con la autonomía y la serenidad que se logra cuando la realización personal es consecuencia del íntimo ejercicio de la libertad.

En cuanto a la otra palabra que completa el título de este libro, el oprimido, la ideología católica, tiene respecto a esta situación, (de sometido), una propuesta que lo ayuda a aceptarla y es que, “la humildad de los pobres y su sufrimiento, son en realidad su riqueza”. Es decir, “la miseria es buena, porque los sufrimientos os harán ganar el cielo”. (Lo extraño de esta fórmula es que quienes más la proponen menos la utilizan). Y lo que sucede es que la miseria extrema, es en realidad, embrutecedora, y degrada toda la personalidad y si lleva a algún lado es al infierno.

Otro esquema propuesto por la Iglesia es el verticalismo rígido y el paternalismo absoluto, que coloca a la mujer como un ser que debe obedecer al varón (todo el esquema de poder está en manos del hombre). Es una proposición de sociedad basada en el temor al castigo de un padre todopoderoso e inflexible, que impide toda autonomía personal, pues la libertad es pecado. La asignación al placer de raíces poco menos que demoníacas, ataca y suprime por pecaminoso a todo proceso de erotización. Ahora bien, es aceptada en psicología profunda la vinculación de la etapa genital (la libido y el sexo adulto) con la capacidad de creación, de modificación del entorno. Incluso hay una frase popular que dice: “el sexo mueve al mundo”.

Todo esto nos lleva a ver las “ventajas secundarias” que tiene para un Sistema, que desea la inmovilidad de toda la estructura social, el suprimir, el prohibir el sexo, y es que la genitalidad tiene una profunda capacidad creadora y modificadora. Usando la frase popular citada e invirtiéndola podemos decir que la fórmula empleada por los poderosos es “si el sexo mueve al mundo”, prohibamos y degrademos el sexo “así el mundo queda como está”. Por último recordemos que la receta para hacer animales obedientes y mansos es castrarlos.

La última de las características de la ideología católica que analizaremos por tener relación con el proceso de sometimiento, cuyo estudio es uno de los temas para pasar de una “Psicoterapia del Oprimido”, a una “Psicoterapia Popular” de un pueblo que encuentra sus propias soluciones, es el tema del “autocontrol”; este mecanismo de sometimiento es lo que podemos llamar la internalización del superyó. Es el proceso por el cual, debido a un paciente trabajo durante la infancia, se logra lo que llamaremos la introyección del perseguidor, del superyó que cuida que se cumplan todas las prohibiciones. La frase “Dios está en todos lados y todo lo ve, te castigará induce a esta forma de autocontrol, de auto- sometimiento, que es como el “marcapasos” en los cardíacos: una vez instalado no hay que preocuparse más de reprimir ya que él mismo “es su propio policía”.

La escuela y la Iglesia (no solo en la Argentina por supuesto) se complementan entre sí y entre ambas terminan por controlar toda la personalidad: la escuela controla el mundo consciente, la actividad social pública, el trabajo, digamos el mundo externo, y la iglesia controla y da normas para el manejo subjetivo de la persona, de sus procesos íntimos, del mundo de sus sueños, de su diálogo interior. Como resultado, a la persona no le queda ningún área libre del control del sistema.

Como este doble control comienza en la infancia, va a ser muy difícil lograr autonomía por fuera de estos márgenes. Después comentaremos brevemente cómo las funciones tradicionales de la iglesia van siendo, en la cultura tecnológica de consumo, tomadas por otras partes de la estructura social, especialmente por las que están ligadas al consumo de la producción. Como un mundo que estaba organizado para evitar el pecado está ahora organizándose alrededor de estímulos al consumo.

Volviendo ahora al análisis de las formas de descalificación estudiadas hasta aquí, vamos a dar en una frase la síntesis del tipo de relación degradatoria y sometedora del otro a que recurre cada institución:
_ La psiquiatría orgánica “tu mente está dañada orgánicamente”.

_ Las damas de beneficencia “tomá estas migajas y dame las gracias”...

_ El Ministerio de Educación “vos sos un ignorante y yo te voy a educar”.

_ La Iglesia “si no hacés lo que yo te digo, Dios que está

en todos lados te castigará”...

Respecto a la simbología urbana es interesante señalar cómo ha cambiado la naturaleza del edifico que, en arquitectura, marca y condiciona el estilo de una época: antes eran tradicionalmente las iglesias las que inauguraban las nuevas formas e imponían un estilo que luego se difundía a todos los edificios.

Ahora son claramente los bancos los que, como monumentales templos de la sociedad de consumo inauguran e imponen los nuevos estilos (en este sentido es imponente el carácter de templo por lo enorme y exótico del edificio del Banco de Londres en Buenos Aires).

En la segunda parte de este libro, que se trata sobre la cultura popular, especialmente en el capitulo tercero, se harán algunas observaciones sobre cómo el proceso de tecnificación va modificando, poco a poco, las formas tradicionales de control y descalificación de la mentalidad popular o, diciéndolo de otro modo, cómo se va pasando de los esquemas autoritarios patriarcales católicos a los modelos liberales de la civilización técnica europeo- norteamericanos que, en última instancia, siempre son modelos de pensamiento que los poderosos “civilizados” imponen al pueblo “ignorante”. Y, desgraciadamente, esto seguirá así hasta que el pueblo asuma su propia cultura, su propia concepción del mundo y desde su verdad pueda rechazar la imposición. Esto lo decimos porque un cómplice en este sometimiento suele ser el mismo sometido, que al asumir la moral y los esquemas del amo, se ve con los ojos del patrón y, por lo tanto, se cree ignorante, humilde, dependiente y así, al disponerse a recibir las migajas de los “señores cultos y honestos” se pone él mismo el bozal.

Frantz Fanon, el psiquiatra que fue ideólogo de la revolución argelina, ha estudiado como nadie este proceso de colonización ideológica y, lo que es más importante, el proceso de descolonización ideológica: cómo un pueblo puede reencontrarse con su cultura negada y descalificada y al asumirla transformarse desde la imagen que tenía de sí, (a través del colonizador) de ignorantes, sucios, con taras hereditarias, ladrones, etc. en un pueblo con un rico folklore, con capacidad técnica, consciente de su fuerza, y al recobrara su historia, ser dueño de su destino.

Para cerrar esta parte, dedicada al proceso de negación de la cultura popular o, más bien, a impedir el acceso de esa cultura a formas más complejas que incluyan los aspectos más valiosos de la cultura urbana- tecnológica reinterpretadas desde sus necesidades, vamos a dar una síntesis de lo que, para nosotros, crea y mantiene la situación del oprimido; primero que el sometido se crea inferior, es decir, que asuma la moral del amo. Luego que se instale en una filosofía fatalista, melancólica, del mundo (como mecanismo de defensa frente a la frustración). Otra condición (está a cargo del poder) es el bloqueo de acceso a la información operativa, es decir que el aparato educativo y luego los medios masivos de información le den información intrascendente, esquemática y de evasión (esto último vale especialmente para la información relacionada con los deportes masivos).

También debemos tener en cuenta el efecto de círculo vicioso que se produce para el que está sumergido en este proceso y lo difícil que es salir de él y ver el mecanismo ideológico en que está metido: es como empujar un bote desde adentro del bote. Porque los mismos esquemas mentales con que debe analizar los esquemas colonizados son también colonizados (pero, evidentemente, existe la posibilidad de que comience a hacerse una rajadura en el círculo que luego lo rompa). Por último, no olvidemos que la situación está legalizada por el sistema jurídico y defendida por la violencia física.

Como último tema de este capítulo segundo, que trata de las ideologías de apoyo de la psiquiatría adaptativa- represiva, vamos a intentar ubicar al grupo social encargado de elaborar y ser depositario del concepto “conducta normal”. Para nosotros y especialmente por su ubicación en la estructura de producción, este grupo es la clase media, la “cultura del empleado”; su ubicación como clase intermediaria entre los que dirigen y los que producen concretamente, es decir la clase alta y la clase obrera, les da como rol la burocracia de los papeles, el hacer observar los reglamentos y lograr que las órdenes de arriba se cumplan abajo. El papel de “alcahuete del patrón” los lleva a la sobre- adaptación, a ser los defensores de las formas, de los papeles, pues ni proyectan las órdenes ni las llevan a la práctica. Esta actitud de obediencia y control se contamina a todo su mundo: la ropa correcta, la actitud mesurada, la adecuación prolija a horarios, a los días de pago, a fórmulas sociales, opiniones razonables, siempre con la solución del término medio. Es el grupo social encargado del equilibrio, de la homeostasis de todo el sistema; la clase media es la clase “colchón” que absorbe las situaciones de cambio, de violencia producida desde abajo o desde arriba, que intenta siempre la estrategia de la conservación.

Uno de los arquetipos de la normalidad, el empleado público “con treinta años de servicio” que llega a ser la caricatura de lo que el sistema llama “hombre normal”, con obediencia automática a cualquier reglamento que proponga “la superioridad”. En este sentido todo el sistema burocrático del estado constituye el marco para medir “la normalidad” y discriminarla de la “perturbación psíquica”. Lo paradójico es que, considerado desde el punto de vista de una psicología dinámica, este punto “normal” constituye una verdadera neurosis obsesiva que, a veces, determina un empobrecimiento de realización vital muy grande.

Esta congelación de funciones mínimas, en particular todo el proceso inconsciente con su vital contenido dramático, está presentado por el sistema ideológico de la burguesía urbana como el “punto cero” de la normalidad, a partir del cual se miden todas las “perturbaciones” psíquicas y todas las conductas marginales. Y para este delito de uso de la imaginación y la elección de las soluciones personales esta segregación, primero social y luego, para rebeldía más violentas y bizarras, la segregación físicas en hospicios.

Paradójicamente, este sistema de “normalidad” de nuestra cultura occidental y cristiana, no sólo permite sino que exhibe actitudes y comportamientos casi psicóticos cuando se trata de una guerra. Se oficializan comportamientos de crueldad sádica a nivel psicótico; la masacre de Mai- Lay en Vietnam donde los norteamericanos ametrallaron y quemaron bebés y los bombardeos con napalm (con gelatina que se adhiere a la piel y sigue ardiendo) son ejemplos de sadismo que muy pocos enfermos mentales serían capaces de imaginar y menos aún de realizar.

Dentro de este mundo del burgués, donde está negado y castigado el pensamiento que no se encuentra en la “normalidad”, existen casilleros para ubicar lo “anormal” y convertirlo en material no atemorizante, para quitarle los contenidos inconscientes y a la parte dramática de la vida su aspecto siniestro, y es la ritualización mecánica, la re- codificación como “chiste” y el convencional género fantástico, el mundo de los piratas, gitanos y delincuentes, donde junto con la crónica policial se deposita todo lo insólito, lo siniestro. Dentro de los rituales sociales el funerario (velatorio, cortejo, entierro) sirven en nuestra cultura para quitarle a la muerte su dimensión insólita, su grandeza trágica; se la convierte en una serie de trámites, de saludos estereotipados, de pasos y aparatos siempre iguales. Se le quita la dimensión dramática al hecho que relativiza toda la vida, lo vulgar y empobrecido de su ritual demuestra la negación de los aspectos más íntimos del hombre, de sus angustias y esperanzas más profundas, más inconscientes. A lo largo del libro vamos a ir insistiendo sobre el rechazo y la condenación a que son sometidos los tres gigantes de nuestros niveles de conciencia más profundos y que están tan curiosamente relacionados entre sí: la muerte, el sexo y la locura.

La división entre cuerdo y loco que establece nuestro sistema social, es lograda por el instrumento por el cual se pasa de una categoría a otra, y que es la oficialización burocrática que representa el “diagnóstico” que, como el “prontuario” es, en general una arbitrariedad que determina que esté en una u otra categoría: loco o cuerdo, delincuente u honesto. Y el diagnóstico es lo que legaliza la segregación física en hospicios (o cárceles). En nuestro sistema social, que toma como pauta de salud mental el estar integrado a la cadena de producción y es la pérdida o inadaptación al trabajo en general la que determina, al no tener formas de rentas, la internación como “loco”.

Queda afuera del hospicio el delirante (en general parafrenias) que con el delirio bien enquistado, no tiene conductas externas que le impidan la vida cotidiana de relación y trabajo. Otro que evita el hospicio es el que funcionaliza su perturbación dentro del sistema.

En clase obrera, como la explotación laboral sólo permite una economía de sobrevivencia, el obrero con una perturbación mental que le impida, aunque sea durante un corto tiempo, adaptarse a su trabajo cae en el círculo vicioso de la institución manicomial y es muy probable que termine haciendo lo que Erwin Goffman llama “la carrera de loco crónico”. En cambio en clase media y más aún en clase alta, las diversas formas de soporte económico muchas veces permiten superar la crisis mental sin ser atrapado por el sistema triturador.

Nuestra propuesta, que complementaremos en el capítulo sobre Comunidades Populares, (la Peña Carlos Gardel) está basada en la sustitución de la actitud represiva (cuando el pensamiento difiere del “normal”) a una actitud comprensiva, elaborativa, dentro de la comunidad más libre y más creadora.
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