Resumen: El artículo parte del supuesto de que el uso de la palabra “negros” para referirse a los sectores subalternos de la sociedad porteña se ha convertido




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El movimiento de activismo afro en Buenos Aires
El grado casi total de invisibilidad social alcanzado por los afroargentinos durante el siglo XX, y especialmente, durante su segunda mitad, comenzó a resquebrajarse en alguna medida hace poco más de una década, con la formación de una agrupación de militantes negros que adquirió visibilidad en distintos ámbitos. En 1997 dos afroargentinas, una descendiente de los esclavizados negros y otra de inmigrantes caboverdeanos, fundaron la agrupación Africa Vive, con la intención de ayudar a la promoción social y a la visibilización de los afroargentinos y de su aporte a la cultura nacional, así como la eliminación del racismo en la sociedad. 7

La aparición de Africa Vive dio inicio a un ciclo de reclamos local y al surgimiento de otras agrupaciones, ya fuera por escisiones o por la incorporación de otros activistas negros a la lucha -ya no sólo argentinos, sino también de distintos orígenes nacionales: afro-uruguayos, afro-brasileros, afro-ecuatorianos, afro-peruanos o aún, africanos. 8

Pese a verse fuertemente condicionados en su accionar por la narrativa dominante de la nación y el sistema de clasificación racial imperante en la sociedad argentina que los invisibiliza, los militantes aprovecharon una “estructura de oportunidades políticas” (McAdam 1982) internacional, constituida por redes de movimientos negros latinoamericanos que contaban con el apoyo de algunos organismos multilaterales de financiamiento/crédito como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM) y lograron integrarse a un movimiento transnacional de reclamos a nivel continental. Paulatinamente, los militantes pudieron también aprovechar una estructura de oportunidades local, brindada por el desarrollo de una nueva narrativa multicultural de la ciudad de Buenos Aires, que favorece la reivindicación de identidades étnicas y la promoción de sus culturas creando ámbitos de expresión para la presencia simbólica de minorías étnicas locales y migrantes (Frigerio y Lamborghini en prensa).

Aunque no cuentan con apoyo estatal y su número aún es reducido, los activistas afro han logrado en esta última década restituir un grado de visibilidad a la población negra en general, y afroargentina en particular, a partir de su aparición en notas importantes en los medios de comunicación masiva (diarios y revistas) de mayor alcance, la participación en el rodaje de dos documentales cinematográficos sobre el tema (Afroargentinos, estrenado en 2002 y Negro Che, en 2006) y la obtención del apoyo de algunos -pocos aún- funcionarios gubernamentales (mayormente los que se encargan de grupos marginales, como el INADI y la Defensoría del Pueblo). Su mayor éxito, además de la repercusión en los medios, ha sido la realización junto con el INDEC de una prueba piloto para la captación de población afrodescendiente que estableció, para dos localidades, un barrio de la capital y otro de la ciudad de Santa Fe, un porcentaje de 3.8 % de la población, correspondiente al 6.2% de los hogares relevados (Stubbs y Reyes 2006: 19). Gracias a los esfuerzos de la agrupación Africa y su Diáspora , el censo nacional a realizarse en 2010 contará con una pregunta sobre afrodescendencia. Con todos estos logros, sin embargo, los militantes afro aún no han logrado llamar la atención del Estado argentino (con la excepción de los organismos mencionados), ni han tenido grandes avances en la construcción de una identidad colectiva entre la población mayor de afrodescendientes.

No creemos que el grado de desarrollo de este proceso de movilización merezca el mote de “etnogénesis” (López 2005) sino que más bien estamos ante la creación de un movimiento social, basado por ahora en el activo desempeño de algunas “organizaciones de movimiento social” –cuyo grado de organización tampoco es muy formal.
D’Elia, un “negro” que odia a los “blancos”: controversias mediáticas
A fines de marzo del 2008, en pleno conflicto del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con “el campo”, los medios se ocuparon largamente de una escaramuza que, casi sobre la Plaza de Mayo, mostró a los dos sectores en pugna: la “oligarquía” representada por los “caceroleros” de clase media (alta?) que manifestaban su desaprobación del gobierno en Plaza de Mayo, y un sector de piqueteros oficialistas que, comandados por D’Elia, intentaron (con éxito) desalojarlos de la plaza. 9 Entre los varios incidentes, los medios enfatizaron un intercambio de insultos entre D’Elia y un manifestante opositor, que culminó con un puñetazo del dirigente en el rostro de su interlocutor. Al día siguiente reprodujeron, especialmente, las declaraciones de D’Elia a una radio:
“Tengo un odio visceral contra los blancos, de Barrio Norte, sépanlo de mi boca… Ustedes piensan que nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie. Tengo el mismo odio que nos tienen ustedes, los del norte, a nosotros. Lo único que me mueve es el odio contra ustedes, contra la puta oligarquía…” (mi énfasis) 10
Tanto o más polémica que sus manifestaciones de odio contra “los blancos” y “la puta oligarquía” resultó una frase que se le atribuyó: “no tengo problemas en matarlos a todos”. Sin embargo, al día siguiente, la desgrabación de la entrevista mostró que D’Elia en realidad había dicho: “no tienen problemas en matarnos a todos”. La verdadera frase de D’Elia tenía un sentido radicalmente distinto a la que reprodujeron los medios: expresaba un miedo más que un deseo y mostraba a los piqueteros no como posibles victimarios sino como víctimas. Con pocas excepciones, los medios no reflejaron sus palabras exactas, y se limitaron a señalar que D’Elia afirmaba no haber dicho la frase.

Otro pequeño escándalo mediático se creó a los pocos días cuando en diálogo telefónico con Fernando Peña, D’Elia reiteró su odio a los “blancos”:
“Peña: Tenemos una nota de color …. color negro porque esta Luis D’Elia del otro lado de la linea…

(…) (intercambio de insultos)

Peña: Contanos por que le pegaste a la gente

D’Elia: Porque los odio…Odio a la puta oligarquia… Odio a los blancos… Te odio Peña, te odio.. Odio tu plata, odio tu casa, odio tus coches, odio tu historia, odio a la gente como vos, que defiende un pais injusto e inequitativo… odio a la puta oligarquia argentina con toda la fuera de mi corazón.. Ya decía Sarmiento en 1880 : no hay que ahorrar sangre de gauchos, no? O sea, no hay que ahorrar sangre de negros. Nosotros somos bosta, caca, basura, para vos y para la lacra que es igual que vos….” (mi énfasis) 11
En esta nueva controversia, lo que ningún medio resaltó es que Peña el día anterior había llamado a la casa de D’Elia para interrogarlo acerca de los incidentes en Plaza de Mayo. Lo atendió su hijo Pablo, a quien entonces le preguntó qué pensaba de los hechos. Durante la charla Peña llamó al joven "negro de mierda" y terminada la conversación, se refirió a él de modo despectivo diciendo: “El nivel intelectual del hijo de D'Elía es una cosa lacrimógena; menos mal que no es puto”. 12 Esta agresión previa, que va en la dirección prevista –un “blanco” insultando a un “negro”- no llamó la atención de los medios.

Propongo que en estos dos episodios, lo que resultó particularmente irritante para los periodistas –y los centenares de argentinos que dejaron comentarios en las ediciones online de los diarios- fue no sólo que D’Elia reivindicara a los “negros”, sino que para hacerlo utilizara a su par contrastante “blancos”. Y particularmente, que invirtiera la usual carga valorativa, diciendo que “odiaba a los blancos” (cuando siempre los odiados son los “negros”). 13

Ya no era sólo algún anónimo televidente que usaba la palabra “negros” para denostar a alguien, o un cantante de cumbia villera que se la autoatribuía orgullosamente entre meneos femeninos –en un contexto televisivo pero “negro”. Ahora era utilizada de manera reivindicativa en contextos políticos y comunicativos “serios”, por un líder social que representaba a miles de (espacialmente movilizables) miembros de los sectores más vulnerables. Y repito: invirtiendo el uso habitual que se realiza. Un “negro” declarando explícita y repetidamente en los medios que “odia a los blancos” (y no al revés) llegando al extremo de decírselo personalmente a un conocido periodista de radio.

Los comunicadores sociales parecen tener tan naturalizado el odio de los “blancos” por los “negros” –lo compartan o no- que las declaraciones de D’Elia acerca del racismo que sufrían por parte de los “blancos” y “oligarcas”, que motivaba su propio desprecio, no fueron tomadas en cuenta. Como tampoco fue considerado como atenuante o disparador de los dichos de D’Elia el que Peña llamara a su hijo “negro de mierda”, o que comenzara la charla diciendo “tenemos una nota de color negro porque está D’Elia”. Esta manifestación previa de discriminación e injuria no mereció la reprobación de ningún periodista, y no fue considerada como posible causa de los insultos.

Las palabras de D’Elia resultaron particularmente provocativas e irritantes porque no sólo llamaban la atención hacia la enorme brecha social que caracteriza en estos momentos a la sociedad argentina, sino porque también se apartaban notablemente de la narrativa dominante de la nación al postular la existencia de dos colectivos enfrentados, uno “negro” y otro “blanco”, en un país que idealmente se concibe a sí mismo como blanco y como cultural y socialmente homogéneo –hasta hace poco al menos.

En qué medida, sin embargo, esta visión de D’Elia de la sociedad argentina es realmente –y no quizás metafóricamente- racializante? A continuación examinaremos sus opiniones en una charla a la que fue invitado por una agrupación militante afro.
Un “negro” con los negros
En noviembre de 2009, la Asociación Civil Afríca y su Diáspora, una agrupación negra liderada por dos afro-uruguayos, un africano, un afro-peruano y una afro-argentina organizó el Primer Encuentro de Derechos Humanos y Cultura Afro en Argentina. A diferencia de otros eventos que son primariamente culturales, para éste convidaron a líderes de movimientos sociales para debatir sobre la articulación de sus organizaciones y los afrodescendientes; y a legisladores y funcionarios de las áreas de juventud para tratar sobre la posibilidad de políticas afirmativas y contra el racismo. Aunque no todos los referentes sociales convidados asistieron, sí lo hicieron dos invitados de peso: Eugenio Zafaroni, Juez de la Corte Suprema y Luis D’Elia. Las sedes del evento fueron una sala de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, y el Auditorio de la Jefatura de Gabinete de Ministros –lo que demuestra la buena inserción política de la agrupación. 14 El encuentro merecía más público del que tuvo, y mayor presencia de afrodescendientes en la audiencia, pero de todas maneras resultó significativo por los temas tratados, los espacios en que se realizó y la relevancia social de algunos de los oradores.
a) D’Elia y los negros africanos
Luis D’Elia fue convidado a participar del panel “La articulación del movimiento afro con otros colectivos y movimientos sociales” –junto con otros conocidos líderes de organizaciones sociales que no se hicieron presentes.15 La actividad fue presentada y moderada por Balthazart Ackhast, un inmigrante africano con varios años en el pais, y el primero en acercarse al activismo afro local. En sus palabras introductorias, Balthazart sugirió que esta articulación se puede realizar de dos maneras. Primero, a través de la presencia de los movimientos afro en los planes sociales y en posibles políticas de acción afirmativa. Luego, a través de la reflexión acerca del uso local de la palabra “negro” (pobre, subalterno) en relación con su sentido original, “racial”. Dijo Balthazart:
“Por mucho tiempo el movimiento social en la Argentina siempre fue criticado como “negros”, pero los mismos que criticaban a los negros no reconocen que hay negros. Es una pregunta que siempre nos hacemos, si no hay negros en la Argentina ¿por qué les llaman negros? “
Pese a este pie para relacionar la situación de los “negros” con la de los negros en Argentina, toda la primera parte de la exposición de D’Elia se alejó de la situación local, dedicándose, en cambio, a contar sus experiencias en Africa –como si por “movimiento afro” hubiera entendido “africanos”. Comenzó de la siguiente manera:
“Yo voy a contar una experiencia que no es muy conocida que tiene que ver con la fuerte relación que tenemos los movimientos sociales de Argentina con el movimiento social africano. Varios de nosotros estuvimos en África varias veces, particularmente en Sudáfrica, en Zimbawe, Kenia y tomamos contacto allí con lo que se llama en África los Slum Dwellers que es la Asamblea Mundial de Pobladores que tiene características muy particulares. Muchas de estas características a nosotros de Argentina nos cuesta entenderlas, pero esos viajes nos permitieron encontrarnos con el alma del África negra y con los problemas, los dramas de África….(…) Tuvimos posibilidad de visitar dos de los guetos más duros de África: Soweto en Sudáfrica y Kibera en Nairobi, particularmente Kibera nos sorprendió porque la realidad de la pobreza es muy dura, mucho más dura que en América Latina. Yo diría eso es quinto o sexto mundo..” 16
Como para otros argentinos, esta relación con Africa fue para D’Elia principalmente una de profunda extrañeza. Confesó sentir un alejamiento cultural respecto de los negros (africanos) pero que también podría ser entendido en términos raciales:
“A mi me fue muy bueno estar en África, con Juan Carlos Alderete de la CCC siempre comentábamos la anécdota de que en África fue el único lugar en la Tierra donde me sentí blanco y digo blanco como una cosa muy profunda, como elementos culturales constitutivos que uno tiene adentro como ficha,” (mi énfasis)
La primera relación que, en su discurso, estableció con el contexto local fue a través de una mención a la reciente oleada de inmigración africana:
“Nosotros hemos percibido en los últimos años, que se ha dado una fuerte corriente migratoria de África a nuestro país, ustedes pueden ir por los centros urbanos más fuertes, inclusive en el conurbano, en mis pagos La Matanza, en el centro en la ciudad de San Justo hoy hay mucho caboverdianos, gente de Costa de Marfil, en fin sobre todo de la costa occidental. La verdad que se percibe una corriente migratoria muy fuerte, nosotros hemos salido al encuentro de estos hermanos, de estos compañeros, hemos intentado ayudar en la medida de lo posible… “
Además de ésta, hizo otras dos menciones a colectivos migrantes negros en nuestro país: una sobre las mujeres dominicanas y otra sobre los refugiados políticos haitianos:
“El holocausto negro que es el peor que ha tenido la humanidad jamás, que de alguna manera sigue porque el tráfico de negros sigue existiendo de otra manera, aún aquí en la Argentina. Cuando uno ve la prostitución en Buenos Aires y ves centenares de chicas dominicanas, negras y decís ¿Cómo llegaron estas chicas aquí? ¿Esto no es tráfico de personas? Esto de alguna manera ¿no es reducción a la esclavitud? “
“Después, se detectan también migraciones que no son ni económicas ni sociales sino que son políticas como en el caso de nuestros hermanos haitianos. Hoy hay una fuerte cantidad de haitianos que han entrado a la Argentina por razones políticas…”
b) D’Elia y los “negros”
Recién en la segunda parte de su exposición, aparecieron menciones a los negros (ya no migrantes sino) de Argentina. Esta relación se estableció en su discurso nuevamente a partir de la presencia actual de migrantes africanos:
(Debido a la inmigración africana de la que hablaba) “Es como una relación que se va reconstruyendo, aquí tuvimos una fuerte corriente inmigratoria negra que fue devastada, fueron los negros los que fueron mandados al frente en la guerra del Paraguay. Fueron las víctimas de las grandes epidemias de fines del Siglo XIX y principios del XX; y prácticamente fueron devastados. Ahora, es interesante lo que planteó Baltasar al comienzo, hay un lugar étnico del negro en nuestro país y hay un lugar simbólico del negro. ¿Qué significa ser negro en la Argentina? Que por ahí es una categoría más socio-política que étnica y que nosotros tendríamos que reelaborarla, repensarla.

Yo creo que una de las enfermedades más profundas en nuestro país es el racismo, la xenofobia, (…). Creo que la presencia de nuestros hermanos africanos nos va a ayudar a los argentinos a seguir profundizando estos debates.”
Este trecho de la charla resulta particularmente significativo porque dialoga de manera ambivalente con la narrativa dominante de la nación argentina “blanca”. Por un lado provee de una lectura opositora (en el sentido de Hall) de algunos de sus postulados importantes, principalmente de las valoraciones que se suelen realizar de los elementos constitutivos de la nación. Sin embargo, en otros aspectos –específicamente en lo referido al lugar de los negros en la historia y cultura- coincide con ella. Esta ambivalencia se resume y ejemplifica en su propuesta de que hay “un lugar étnico del negro” y “un lugar simbólico del negro”.

El “lugar simbólico del negro” fue definido más claramente hacia el final de la charla cuando, ante una pregunta, señaló:
“El tema de la negritud en la Argentina hay que instalarlo (ante el público), yo cuando dije “Odio a los blancos y a la puta oligarquía”, porque en realidad es la ideología blanca, es poner el tema, no es que a mi me agarró un ataque de locura. Y uno cree que el problema de la negritud hoy es un problema cultural pero también es social, político, económico, es un problema tremendo, es quizás uno de los problemas más serios que tenemos en nuestra sociedad. Porque en realidad negro no es solamente el negro, negro es el pobre en nuestro país. (…) La negritud compañeros es un problema amplio, profundo que fractura a la sociedad desde hace mucho tiempo acá que tiene que ver con las identidades histórico políticas acá, tiene que ver con esas identidades profundas por eso no es un tema menor, hay que instalarlo el tema de la negritud. Los tipos están furiosos conmigo porque entiendo que es un tema central, a ver, el desprecio por Eva Perón en este país es el desprecio por la negritud, por los cabecitas negras, esa es la negritud en este país. La problemática de la negritud es amplia, es profunda, ustedes no la tienen que percibir como corriente migratoria, como que están aislados de ese fenómeno, pero que es muy bueno sumarse a ese fenómeno histórico que hay acá en este país y sentirlo como propio. (…) yo en esto soy medio jauretcheano, lo negro y lo blanco no son problemas raciales solamente, son problemas políticos, culturales, sociales muy profundos. Esta compañera que está acá a mi lado (nota del autor: fenotípicamente blanca) es una negra ¿estamos? Pelé es blanco, ¿por qué? Porque ha sido un forro del imperio toda su vida, entonces ese va a ser recordado en la memoria histórica como blanco. Entonces lo negro y lo blanco es una problemática que tendríamos que ir trabajándola y que yo creo que está en el corazón de la injusticia más profunda que tiene este país. Detrás de cualquier asimetría social, política, económica y cultural, está este tema que es la concepción racista y xenofóbica de mierda de las elites dominantes de nuestro país.” (mi énfasis)
Es en esta insistencia en que el racismo “está en el corazón de la injusticia más profunda que tiene este país” y “detrás de cualquier asimetría social”, que su pensamiento se aparta más de la narrativa dominante de la nación. Este es el “lugar simbólico” del negro al que hacía referencia antes: “el negro es el pobre en nuestro país”. Por el contrario, sus ideas parecen acompañar más la narrativa dominante al referirse al “lugar étnico” (racial, diría yo) del negro. Varias veces durante la charla afirmó que este lugar étnico del negro quedó eliminado de la Argentina, devastado por las guerras y la epidemia –brindando así una versión algo más revisionista de la narrativa, al señalar que hubo una “fuerte” presencia negra y que estos fueron “mandados al frente” en las guerras.

Esta apreciación es consistente con la actitud manifestada en la primera parte de la charla en la cual para hablar de negros actuales se remitía a Africa y a corrientes migratorias foráneas. También con la invitación que realizó, en la cita de arriba, a los integrantes de Africa y su Diáspora a “sumarse a ese fenómeno histórico que hay acá en este país (la negritud local) y sentirlo como propio”. Según la visión de D’Elia, eliminado este “lugar étnico” (racial, diría yo) del negro quedaría tan sólo, entonces, el “lugar simbólico” al cual convidó a sus interlocutores negros a sumarse.

La siguiente cita diferencia claramente ambos lugares –el “simbólico”, denigrado por la sociedad “blanca”, y el “étnico”, que será reemplazado por corrientes inmigratorias del interior:
“Qué significa la negritud en Argentina? Hay que intentar ir a fondo en un país donde somos 42 millones de tipos donde por lo menos la mitad, 30 veces por día dicen “negros de mierda”, y lo dicen como una práctica naturalizada que está más o menos bien. Yo siento que a las corrientes migratorias del interior de la Argentina, cobrizas, mezclada de indio con español, se les dio el lugar de los negros, heredamos el lugar que habían tenido los negros en la guerra de Paraguay, en las grandes epidemias.” (mi énfasis)
En la línea argumental de D’Elia, en otro trabajo (Frigerio 2006) he afirmado que, efectivamente, gran parte del estereotipo de los “cabecitas negras” está basado en el que ya existía para los subalternos porteños de la primera mitad del siglo XX –los negros de Buenos Aires que, pese a lo que se cree, no habían desaparecido-. Sin embargo, también he señalado que, dadas las altas cifras de negros y zambos en el interior del país en siglos anteriores, sin duda que parte significativa de las “cobrizas” corrientes migratorias del interior de la Argentina no eran sólo “mezcladas de indio con español” sino también, en buena medida, afrodescendientes . 17 Como sugeriré más abajo, esta exclusión –u olvido histórico- de los negros como parte constitutiva del mestizaje de los “cabecitas negras” –aún por quienes reivindican esta identidad y esta mezcla en contraposición a la Argentina blanca- ayuda a mantener su invisibilidad e irrelevancia actual.
c) D’Elia y los negros argentinos
Ahora bien, aún cuando D’Elia se define como “negro” –una identificación elaborada en base a dimensiones cultural, social y fundamentalmente políticas- él mismo parece no ubicarse -racial o genéticamente- como formando parte de estas “corrientes cobrizas” llegadas de las provincias del interior. En una parte de su charla, al hacer una referencia a su ascendencia biológica, señaló que:
“...estamos muy impregnados de pensamiento de los gringos europeos que bajaron de los barcos. Yo soy hijo de ellos, mi abuelo español, mi mamá española…” (mi énfasis)
Para usar sus propios términos, parece sentirse incluido en el lugar simbólico del negro, pero estar por fuera de su lugar étnico.

Al pasar en la reunión para las preguntas del (algo exiguo y mayormente blanco) público asistente, me apresuré a interrogarlo acerca de dos temas que, me parecía, podían ser reveladoras respecto de la relación que podría haber entre los “negros” y los negros. La primera pregunta fue sobre el rol que cumplió una activista social negra en su iniciación en la militancia: 18
Frigerio: En algunas entrevistas que te hicieron siempre mencionas una figura que para vos fue importante en tu militancia. Algunas veces veces aparece como “la mulata”, otras veces aparece como “la negra” no me acuerdo bien si se llamaba Thatcher ….
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