Jesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252




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títuloJesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252
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La historia oral y de vida. Antecedentes y condiciones actuales


La historia oral contemporánea es un conjunto de técnicas y métodos de investigación que, aunque provienen de diversas disciplinas, podemos identificar y rastrear los aportes logrados a lo largo del tiempo. La historia oral se ha desenvuelto como una especie de movimiento académico de investigación sin fronteras nacionales específicas, ya que en la actualidad es un estilo y una práctica de investigación de corte internacional. No obstante, está lejos de pretender conformarse como una disciplina autónoma y producir su exclusivo campo de interacción científica. Es un movimiento que se ha caracterizado por convocar y atraer hacia un mismo campo de comunicación, una diversidad y pluralidad de disciplinas. La historia oral y sus practicantes experimentan una confluencia disciplinaria desde los específicos estilos y formaciones profesionales, es vista como una combinatoria de oficios Y prácticas académicas, de tradiciones disciplinares y esfuerzos de reflexión autónomos. Es un movimiento que propugna una mayor interacción; más que promover la superespecialización, facilita la pluralización de las perspectivas de investigación; más que alentar la parcialización del experto, alienta el aprendizaje de diversas perspectivas y principios de investigación. Es por lo mismo un esfuerzo hacia una mayor calidad en la cultura de investigación.

Parto de algunos supuestos, ya que la actual historia oral ha sido concebida como un método de investigación que conjunta actitudes, principios y técnicas específicas de indagación, que nos llevan a pensar que es algo más que:

  • Una decisión técnica o de procedimiento.

  • Una técnica precisa de la entrevista grabada.

  • El proceso de formación de una fuente histórica.

  • Un detallado sistema de archivo y transcripción de cintas.

  • Un proceso de acumulación de fuentes orales para el analista del futuro.

Aunque estos puntos forman parte de su propuesta, no la agotan. La historia oral contemporánea habría que considerarla, por lo tanto, de un modo más complejo y problemático, como:

  • Un espacio de confluencia interdisciplinaria.

  • Que al surgir desde el seno de la historia social procede a seleccionar nue vos sujetos sociales, en escalas y niveles locales y regionales, con el afán de abordar fenómenos y cuerpos de evidencias específicas y controlables, con técnicas precisas y fuentes nuevas y plurales.

  • Que tiene el propósito de lograr aproximaciones cualitativas de los procesos y fenómenos sociales e individuales.

  • Con el objetivo de ampliar el rango social de producción de conocimientos históricos y propiciar actitudes y prácticas que tiendan a la democratización y autosugestión de estos procesos; una perspectiva política y desacademizada de la praxis profesional.

  • Por la consideración del ámbito subjetivo de la experiencia humana concreta y del acontecer sociohistórico.

  • Por destacar y centrar su análisis en la visión y versión que desde dentro y lo más profundo de la experiencia, expresan los sujetos sociales considerados centralmente en el ámbito de la historia social-local-oral.

Estas consideraciones han sido algunos de los elementos que han ido conformando la propuesta técnico-metodológica de la historia oral como un método inacabado y en construcción constante. Sus fronteras y sus coordenadas están en movimiento, tal cual lo están las diversas disciplinas que le dan aliento. Como movimiento pluridisciplinario, su programa de actividad está en función no sólo de las propias disciplinas que la van constituyendo, sino, principalmente, de los problemas que investiga, de los sujetos con los que interactúa y de las fuentes que produce. Es un enfoque que destaca la mirada, la escucha, el registro cualitativo, pero siempre en torno a esos sujetos, métodos, técnicas y nuevas fuentes que produce.

Esta característica de confluencia disciplinaria ha favorecido que nociones y términos de referencia en la historia oral tengan diversos contenidos y significados. Para efecto de lograr una mayor comunicabilidad con los lectores, es conveniente que precise algunos términos que se repetirán progresivamente durante la exposición.

La historia oral es un término que viene mayormente asociado al campo de la historia, y concretamente a la historia social y sus derivaciones, tales como la historia local y popular. En la actualidad, la historia oral es una subdisciplina asociada a la práctica historiográfica que se enfoca a los acontecimientos y fenómenos inmediatos o contemporáneos. La historia de vida es un término que se refiere más al campo de acción de la antropología y la psicología, pero también al de la sociología. Como técnica de investigación ha sido relevante en dichos campos, casi desde sus orígenes. El enfoque biográfico sería un término de acuñación más reciente que corresponde al campo de la sociología de corte cualitativo, desarrollado en los últimos 25-30 años.

Lo que resulta de interés es que los investigadores que se afilian a alguna de estas tres etiquetas o líneas de acción, coinciden e interactúan en los espacios acadé micos que se generan para dar cuenta de lo que resulta central en sus métodos: el uso y el análisis de los testimonios orales. Existen revistas, foros científicos, espacios institucionales, donde convergen indistintamente las tres denominaciones. Por lo que ha resultado que historia oral, historias de vida y enfoque biográfico sean casi términos intercambiables; en donde lo relevantes es la perspectiva analítica y- la problematización del asunto de investigación y no tanto la evidencia o fuente histórica.

Con el término de historia oral contemporánea, incluyo también a aquéllos que reivindican y revaloran el enfoque biográfico o las historias de vida. Me parece que los tres enfoques son muy parecidos y reconsideran cuestiones teóricas similares, así mismo, desarrollan e implementan recursos técnicos y métodos de Manera muy semejante. Es conveniente precisar que cada uno de los enfoques mencionados provienen de diferentes tradiciones y prácticas disciplinarias y, a pesar de compartir cosas similares, pueden mantener posturas, estilos y modos de operación con frecuencia disímiles. Lo relevante es la posibilidad de interacción y comunicación de inquietudes, perspectivas, procedimientos, experiencias y aun de resultados.

Otro término que es conveniente precisar es el que se refiere a la combinatoria de enfoques. En este sentido me referiré a la historia oral temática, cuando hablo de proyectos que tienen como propósito central el conocimiento de un problema o tema de investigación, y que se constituye como el objeto de conocimiento. Aquí, encuentro la combinación del enfoque biográfico y el de historia oral, ya que precisan de la utilización estratégica de diversos métodos, técnicas y fuentes para abordar una colectividad social. Cuando uno se refiere a proyectos de historia oral de vida, o más precisamente a proyectos centrados en historias de vida, nos referimos a que se está trabajando en torno a un sujeto en particular, y- no a tuna colectividad más amplia. La historia de vida es un proyecto de investigación acotado en torno a un solo individuo, donde lo que importa es la experiencia y trayectoria de vida de tal sujeto y no, particularmente, un tema concreto de indagación. La autobiografía sería el término usado para referirnos al tipo de documento que se produce en la interacción entre el investigador y el narrador/informante. Así, toda historia de vida tiene como su centro de análisis una autobiografía, aunque no se reduce a ello, como se verá mas adelante. Los relatos de vida son las unidades de narración que organizan el contenido de una narración personal, de una autobiografía, o de una entrevista. De modo que una historia oral temática se constituye más por un conjunto amplio y heterogéneo de relatos de vida que mediante una sola historia de vida. Al revés, la historia de vida de una persona es el conjunto de sus relatos de vida que integran su propia autobiografía. En la sección donde abordemos el tipo de proyecto que se puede desarrollar de nuevo, hablaremos de estos términos y sus contenidos.

Enseguida, expondré los antecedentes principales para poder ubicar las características de la historia oral y de vida, antes mencionadas.

Antecedentes inmediatos de la historia oral


Para no remontarnos hasta el siglo XIX y resaltar el papel que tuvo el positivismo en los derroteros de la historiografía convencional, quiero resaltar que sólo hasta mediados del siglo xx se puede identificar una tendencia que se desliga y replantea críticamente los principios y fundamentos de la historiografía positivista e historicista. Después de la Segunda Guerra Mundial, por los constantes vínculos que se desarrollaron entre las ciencias sociales y la historia, pudieron surgir nuevas formulaciones y proyectos de desarrollo disciplinar en el ámbito de la historia.

Las ciencias sociales beneficiaron a la historia más por sus aportes metodológicos que por sus campos o intereses de investigación. Este acercamiento de la historia a las demás ciencias sociales afectaron los temas y los métodos con que operaba; la renovación metodológica se manifestó tanto en la proliferación de nuevas técnicas de investigación como en nuevos instrumentos y medios tecnológicos. Esto influyó además en otros dos aspectos: en la utilización y desarrollo de nuevas categorías de teoría social y en el uso de métodos y técnicas de carácter cualitativo. La antropología influyó en corregir el inherente etnocentrismo del historiador occidental acrítico, y en abrir a la historia regiones geográficas y fuentes de información y conocimientos no escritos, tal como la oralidad.

La propia historia tuvo que renovar sus puntos de partida y reformular sus jerarquías científicas, tanto para la selección de sus sujetos y actores históricos, como para las temáticas y problemas de investigación, sus métodos y técnicas, sus fuentes y procedimientos específicos del quehacer profesional, así como sus vínculos con el Estado y la sociedad contemporánea. Nuevas perspectivas surgieron, tales como la llamada historia social, que aglutinó esfuerzos renovadores del papel de la ciencia histórica, no sólo para las tareas de interpretación del pasado sino como una orientación para la intervención en los asuntos del presente.

En las ciencias sociales también ocurrieron procesos de revaloración y reconsideración sobre las prácticas convencionales de hacer ciencia y el tipo de evidencia que se privilegiaba. Pero, en este campo, la utilización de evidencias tales como los testimonios orales o las historias de vida tuvo que enfrentar durante muchas décadas una tendencia de investigación empiricista que negaba relevancia y validez a ese tipo de evidencia. La tendencia a desarrollar proyectos cuyos fines eran medir, contabilizar y cuantificar todos los aspectos de la vida social dominaron el campo de acción de las ciencias sociales, e impusieron su normatividad y patrones para la formulación, desarrollo y presentación del análisis social. Esta tendencia dominó las ciencias sociales desde los años 40 hasta entrados los 60.

Aunque no se abandonó el uso de historias de vida y de otros documentos personales, estos quedaron casi siempre como elementos prescindibles y de escaso valor científico. A partir de los años 60 y 70 el desarrollo y los nuevos aires, tanto en la historia como en las ciencias sociales, de los enfoques cualitativos, permitió enfrentar esa tendencia dominante con nuevos conceptos y puntos de partida teóricos, volviendo el análisis social más complejo y con mayor impacto social. Esto se dio gracias a la crítica de los paradigmas dominantes, pero también gracias al desarrollo de extensas y profundas crisis sociales a finales de los 60, así como a Las propuestas críticas y renovadoras al interior de las mismas ciencias sociales.

Por su parte, la historia oral contemporánea evolucionó no sólo a partir de la revaloración de los enfoques cualitativos en las ciencias sociales y de la renovación de la propia ciencia histórica por su contacto con otras disciplinas científicas, sino también por el desarrollo de un particular capital científico-tecnológico, que estableció, desigualmente, las condiciones para la producción de un tipo de conocimientos, con recursos instrumentales, financieros y humanos especializados.

Es en los Estados Unidos donde se desarrolla, de modo más formal, por primera vez, un programa y proyectos de historia oral a fines de los años 40 en la Universidad de Columbia, bajo la dirección de Allan Nevin. Eran proyectos destinados a esclarecer hechos políticos mediante testimonios y relatos biográficos de elites políticas y económicas, entre cuyos fines estaba el de construir importantes archivos orales, que se organizaron y sistematizaron con frecuencia sólo para la posible consulta del investigador del futuro, ya que entonces no eran explotados sustancialmente. Esta historia oral era en un principio de corte archivístico y empírica, poco preocupada por el análisis y la interpretación histórica. Desde sus inicios se le consideró como una ciencia auxiliar del método histórico, y gracias a la incorporación de la grabadora de cinta magnética, esta técnica pudo considerarse como un sistema de producción de fuentes nuevas: las entrevistas orales grabadas. La característica inicial, que resaltaba y seleccionaba sujetos sociales de la élite política dirigente, fue transformándose para llegar a incluir otros temas y actores sociales. Después de los convulsivos años 60, la historia oral norteamericana diversificó sus fuentes, pluralizó los testimonios que recogía, complejizó sus propósitos científicos y desarrolló espacios institucionales y aun socioculturales, que evidenciaron el crecimiento y la riqueza de esta práctica historiográfica.

En los años 70 la historia oral se desenvuelve también, con gran entusiasmo, en varios países europeos, siendo Inglaterra, Italia, Francia, Polonia y los países nórdicos los primeros en desarrollarla. La experiencia inglesa tuvo mucha influencia más allá del viejo continente, debido precisamente por impulsar algunas características vinculadas a intereses más conceptuales y programáticos. Desde sus inicios, la historia oral a la inglesa tuvo por objeto la historia social de amplios sectores sociales, como los trabajadores del campo, de la ciudad y de las costas. Además, su práctica no fue patrimonio exclusivo ni monopolio de los círculos universitarios, ya que los sindicatos, las asociaciones locales y comunitarias participaron en gran extensión. La experiencia europea benefició y complementó la perspectiva pragmática norteamericana de la historia oral: no sólo se interesó en nuevos sujetos sociales y en construir nuevas fuentes históricas; también se propuso hacerlo desde una perspectiva conceptual y crítica, enfocando los temas de investigación desde entramados teóricos y de relevancia social.

Es en esta renovación de perspectivas y puntos de partida del análisis social e histórico donde se puede ubicar el desarrollo de la historia oral contemporánea. Por una lado, tenemos los aportes de la llamada historia social europea, que consistieron en replantear los intereses y la práctica convencional del historiador, sus fuentes y los métodos de investigación empleados. Por el otro, la experiencia norteamericana en historia oral, la contribución de las ciencias sociales que adoptaron enfoques cualitativos y que permitieron la utilización de nuevas herramientas técnicas, así como la experiencia en la constitución de los nuevos archivos orales. La historia oral se ha ido caracterizando por considerar el ámbito subjetivo de la experiencia humana -la memoria, la subjetividad- y por resaltar y centrar su labor en la construcción de fuentes y análisis de las mismas, para examinar la versión y visión de la experiencia de los actores sociales atendidos por la historia social, local y oral.

La historia oral contemporánea en México se desarrolló, en un principio, muy vinculada a la experiencia norteamericana de los años 70, y siguió muchos de sus caminos y prácticas; no obstante las diferencias financieras, culturales, institucionales, etcétera, hicieron que no se desarrollara el modelo exacto, sino un reflejo aproximado. Con el tiempo, y con un mayor contacto con las ciencias sociales y con la experiencia europea, más crítica, la historia oral mexicana combinó ambas experiencias y logró, a mi entender, encontrar un camino más propio y adecuado a sus circunstancias científicas y socioculturales.

No obstante los adelantos y reconocimientos que ha logrado, la historia oral aún conserva una etiqueta de segunda clase, menospreciada por los seguidores de una tradición un tanto clásica del historicismo o bien de las versiones actuales del cuantitativismo y positivismo en las ciencias sociales.

En gran parte es a causa de la naturaleza de la materia prima del historiador oral: el testimonio, el relato, la narración, el recuerdo, la memoria, el olvido, la vivencia, etcétera; todos ellos clasificados como elementos subjetivos de difícil manejo científico1. Pero esto tiene que ver no sólo con presupuestos científicos de las diversas disciplinas, sino también con factores y prácticas distintas: o sea rutinas, tradiciones, esquemas, deformaciones, gustos y estilos del oficio; así como con condicionantes de las propias instituciones, promotores e investigadores.

La historia oral, como ya se ha dicho, es punto de contacto e intercambio entre la historia y las demás ciencias sociales y del comportamiento, en particular la antropología, la sociología y la psicología, aunque no solamente. En este contexto más amplio es donde hay que ubicar la revaloración de las fuentes orales por parte de los historiadores.

En el campo de la antropología, el uso de testimonios o evidencia oral ha siglo parte integral de sus métodos y técnicas de investigación, desde el mismo principio de su conformación como disciplina científica. En buena parte, la relevancia de los testimonios y tradiciones orales tenía que ver con sus sujetos de estudio: pueblos ágrafos, grupos humanos no occidentales sin sistemas de escritura establecida, a los que en un principio se les llamó pueblos primitivos, sociedades salvajes, etcétera, entre otros calificativos. El método etnográfico de los antropólogos incluía no sólo la consideración de lo que se conocía en las fuentes escritas, sino también, y principalmente, por lo que se observaba, conversaba y participaba. La entrevista oral, de manera informal, fue un recurso técnico muy utilizado en el trabajo de campo antropológico. El recurso de emplear información oral en esta disciplina continuó siendo una parte central al abordar nuevas áreas sociales y culturas ya no exclusivamente no-occidentales, tales como los estudios empíricos de sociedades campesinas o grupos étnicos minoritarios y, más recientemente, los diversos grupos y clases sociales urbanas de las llamadas sociedades complejas de la actualidad.

La antropología, por su antigua tradición etnográfica, y por las temáticas que ha desarrollado en su evolución, ha aportado a los historiadores nuevos instrumentos de investigación, así como nuevos temas y problemas de estudio. Por su lado, la antropología también se ha visto enriquecida por nuevas perspectivas de investigación y cada vez es más apta y menos renuente a la influencia de la historia como una disciplina científica afín.

En la sociología se ha desarrollado, de manera particular, la utilización de la información oral. Desde hace más de 50 años los sociólogos norteamericanos de la Escuela de Chicago incursionaron con relativo éxito en la construcción de historias de vida y estudios cuya base y fundamento era la evidencia oral. Los sociólogos de esta tendencia en particular, enfrentaron una opinión del medio científico agresiva y desgastante que los llevó a modificar el rumbo de sus investigaciones y a dirigirse paulatinamente hacia estudios más adecuados a los momentos tecnológicos y cuantitativistas de las ciencias sociales en los Estados Unidos. Sin embargo, dejaron intacta una tradición y una motivación que sólo en las últimas dos décadas ha sido retomada2.

Las investigaciones que emplearon la evidencia oral desarrollaron no sólo temáticas de interés sociológico, sino que también implementaron nuevos recursos técnicos para la investigación social, en particular el instrumento de la entrevista y algunos de los controles sobre la validez y representatividad de la información oral, materia prima de sus historias de vida. Los historiadores orales se han nutrido de la experiencia de la sociología, no sólo por el ingrediente de complejidad aportado para el análisis de la historia contemporánea, sino también por el desarrollo del instrumental técnico, principalmente el recurso de la entrevista y partes del requerido protocolo de investigación del historiador oral, como es el diseño de las muestras cualitativas.

La psicología, y en particular el psicoanálisis, también han aportado elementos, básicamente en cuanto a la consideración de la existencia de otras dimensiones -como la inconsciente- en el tratamiento de la información oral, así como en la construcción de documentos personales e historias clínicas. También, se ha desarrollado en esta disciplina el aspecto fundamental de la precaución metodológica, a través de los controles sobre la generación y trato a la evidencia oral, así como a la peculiar relación entre el entrevistador y el informante3. Consideraciones sobre conceptos tales como la transferencia, la contratransferencia, la identificación, la idealización, el inconsciente, el individuo, etcétera, han ayudado de manera significativa a los historiadores orales a comprender y utilizar la información oral recolectada y construida por ellos como fuente histórica. La psicología ha beneficiado el trabajo de los historiadores orales en lo referente al análisis de su propio trabajo, a propiciar mayor reflexividad. Estudios particulares sobre la memoria, las estructuras psíquicas, la conformación de la personalidad y los grupos, los procedimientos técnicos de la entrevista psicoanalítica, los procesos de la comunicación humana, etcétera, entre otros aspectos de la disciplina; han colaborado a complejizar y, al mismo tiempo, potenciar el instrumental teórico metodológico con que pueden contar los que se aventuran a trabajar con la evidencia oral, asimismo a examinar el papel jugado por el investigador en el mismo proceso de crear conocimientos4.

Conforme fue avanzando la historia oral, tuvo que enfrentar y resolver problemas en los diferentes niveles de su trabajo y de su análisis. Por ello, tuvo que recurrir al consejo, conocimiento, influencia crítica y evaluación de lo que en otros lados y disciplinas se manejaba, para, de esta manera, salir con éxito en sus trabajos. Es el caso del campo de los estudios literarios, o de la literatura autobiográfica, a partir de los cuales, de sus estudios, sus métodos, sus propuestas de análisis, que se ha aportado todo un andamiaje para la interpretación de la información oral recabada, fundamentalmente en la consideración de que tales testimonios pueden constituirse como textos narrativos, y como tales examinarlos desde muy distintos puntos de vista y propósitos5. Es así que la lingüística, la sociolingüística, la semiótica y el análisis del discurso, por ejemplo, han aportado técnicas de recolección de información oral, algunos procedimientos metodológicos, técnicas de formalización de los textos recopilados, estrategias de análisis e interpretación, modelos heurísticos, etcétera. En síntesis, la historia oral no puede entenderse, ni menos desarrollarse con éxito, si no se reconoce su constitución multidisciplinaria. La encrucijada en que se encuentra la historia oral, es precisamente el ser consciente de su múltiple constitución.

En este contexto y confluencia disciplinar es donde se ha desarrollado la historia oral; por un lado, como una propuesta de método adecuado para poder realizar el estudio de la historia de los grupos subalternos y, por el otro, como uno de los métodos más pertinentes para recoger y conocer, por voz propia de los sujetos históricos, los hechos sociales o experiencias humanas que han interesado.

A la historia oral le interesa conocer y comprender la dinámica propia de los grupos y las sociedades humanas; y, como parte de una disciplina científica, le interesan los hechos y los acontecimientos sociales en que intervienen instituciones así como individuos en determinados procesos económicos, políticos y simbólicos-culturales. Le interesa producir conocimientos y no ser sólo un canal de exposición de testimonios orales. Le importa construir y sistematizar nuevas fuentes de evidencia histórica, que inicialmente son de carácter oral, para integrarlas con las demás fuentes en el proceso del análisis histórico.

Para resumir, al hablar de la historia oral, nos referimos al procedimiento establecido de construcción de nuevas fuentes para la investigación histórica con base en los testimonios orales recogidos sistemáticamente en investigaciones específicas, bajo métodos, problemas y puntos de partida teóricos explícitos. Hacer historia oral significa, por lo tanto, producir conocimientos históricos, científicos, y no simplemente ejercer una relatoría sistemática de la vida y experiencia de los otros. El historiador oral es más que un magnetófono de los individuos sin voz, porque procura que el testimonio no sustituya a la investigación y al análisis histórico; que su papel como investigador no quede reducido a ser sólo un eficiente entrevistador, que su esfuerzo y capacidad de análisis científico no queden depositados y sustituidos por las cintas de grabación.

Existen diversos estilos y prácticas en la historia oral contemporánea, sin embargo aquél que conjunta y combina las bondades de los diferentes modos de operar resulta el más rico, pero, al mismo tiempo, el más complejo6.

Un historiador oral que pretenda desarrollar una práctica íntegra y con capacidad reflexiva desplegaría un estilo como el que se describe enseguida. Consideraría a la fuente oral en sí misma y no sólo como un mero apoyo fáctico o empírico; ya que recoge, critica la fuente, analiza, interpreta y ubica históricamente los testimonios y evidencias orales. Complementa sus fuentes orales con las otras, las fuentes documentales tradicionales del quehacer historiográfico; no se circunscribe a un solo método y a una técnica, sino que las complementa y vuelve más complejas, realiza la triangulación de fuentes y métodos. Explicita su perspectiva teórica -metodológica del análisis sociohistórico y está abierto al contacto interdisciplinario. Los investigadores de la oralidad consideran a la evidencia oral como una fuente importante y, en muchos casos, la única o la medular, pero, al final del camino, es sólo uno más de los medios y fuentes existentes al alcance del investigador para la construcción de la percepción en el tiempo y el espacio de la experiencia humana, en particular la de las clases subalternas. Sostienen que la versión de la historia de la sociedad que se construye es tan válida como podría ser aquélla de la consulta de fuentes documentales, tales como los archivos y expedientes fiscales o policiales, por ejemplo.

Este estilo de producción historiográfica implica la pluri-disciplinariedad en la investigación, cuestión que surge a partir de una necesidad epistemológica y existencial de la relación entre el historiador y su sociedad en el pasado, como por la opción y proyecto futuro en la misma. En cierta forma, el historiador integral va en búsqueda de su pasado, al mismo tiempo que busca su identidad. La tarea de producción historiográfica se nos presenta dentro de este estilo de trabajo de forma válida, especialmente rica y de actualidad, ya que combina reflexión teórica, trabajo empírico y de campo, así como una mayor relación y vínculo personal con los sujetos de estudio.
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