Jesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252




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títuloJesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252
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El camino hacia la historia oral y de vida

La técnica como un programa de acción


La práctica contemporánea de la historia oral experimenta dos vías paralelas de investigación y recolección de testimonios y tradiciones orales, para la constitución y manejo de acervos y archivos orales:

EL PROCEDIMIENTO DIRECTO

Es el que recurre a la investigación directa y a la recolección amplia y sistemática en el campo o sitio de ubicación de las fuentes vivas.

Este procedimiento comparte con otras disciplinas sociales la necesidad de partir hacia su campo de trabajo, precedido con un protocolo de investigación definido y con claridad de los objetivos, procedimientos y utilización de los resultados. La investigación directa necesariamente requiere la co-participación de los informantes en el proceso de constitución de las nuevas fuentes y archivos orales. Puesto que no sólo son concebidos como el objeto de la investigación, sino que también son incorporados como sujetos activos de la investigación.

La vía directa implica trabajar con personas que al estar vivas, inciden en la construcción de versiones nuevas o modificadas de los acontecimientos y las historias personales pasadas. La memoria es, por lo tanto, un elemento clave en el proceso de reconstitución de la experiencia humana, transportada y traducida a la actualidad por los relatos de las fuentes de información oral, o sea los informantes. Esta vía es importante para acercarse a los procesos de conformación de las identidades sociales y culturales; ya que indaga precisamente las maneras como se construyen los elementos que dan sentido y contenido a la experiencia humana pasada y compartida dentro del grupo social, en su diario existir y luchar para sobrevivir.

Otra vía directa de investigación que involucra no sólo a los equipos de investigación de científicos sociales o historiadores orales es el camino de la investigación comunitaria, en donde se logra hacer participar a los sujetos sociales bajo estudio en los objetivos y fines compartidos de los proyectos de investigación y promoción sociocultural. Los historiadores orales se insertan en las comunidades o grupos sociales capacitando a determinados sujetos en las tareas de la recopilación de testimonios y tradiciones orales propias. La co-participación y aun la co-investigación son los modelos que guían este tipo de trabajo de investigación social.

Vías de acción en proyectos de historia oral y de vida

---------------- Equipo profesional

Directa ---------------- Promoción comunitaria

Indirecta ---------------- Archivos orales

---------------- Convocatorias y concursos

PROCEDIMIENTO POR MEDIOS INDIRECTOS

Esta alternativa complementa y enriquece la vía directa, ya que por otros medios y con diferentes recursos accede a conjuntos de testimonios escritos u orales, de forma tal que por procedimientos directos sería muy tardado lograr o muy difícil de sostener7.

En nuestro país, se ha ensayado muy fructíferamente esta vía mediante la convocatoria a concursos públicos, de rango amplio y con diversidad temática; o bien, los llamados para participar en concursos, generalmente convocados por organismos oficiales del subsector Cultura o de instituciones de investigación y educación superior (por ejemplo, las convocatorias lanzadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Museo Nacional de Culturas Populares,. la Dirección General de Culturas Populares, el Departamento del Distrito Federal, el Consejo Nacional de Fomento Educativo; y universidades como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Escuela Nacional de Antropología e Historia; o centros como el CIESAS); han servido para realizar amplios diagnósticos y muestreos de materiales, temas, intereses, elementos culturales poco conocidos, etcétera.

Entre otros resultados, producto de las convocatorias, sobresale la elaboración de un directorio provisional de informantes potenciales, con los que ya se tiene un relativo acceso y muchas posibilidades de trabajar de modo directo con ellos. Este directorio provisional se le puede concebir como el inicio de la madeja de relaciones sociales que se debe construir para conformar la muestra de informantes a trabajar. También de las convocatorios surge un diagnóstico de tipo sociocultural, que da cuenta de los principales temas, problemas, intereses, motivos, inquietudes, riquezas culturales, etcétera, que los narradores dispusieron como de interés para ser difundidas. A partir del análisis de todo el material, producto de la convocatoria, sale una especie de matriz colectiva de temas a indagar a profundidad mediante las vías de campo directas. En sí mismo, todo el material es de gran riqueza, pero en combinación con el resultante del trabajo de campo directo se vuelve más pertinente y adquiere las proporciones más adecuadas.

Recurrir a la consulta y utilización de los acervos orales y testimoniales ya ubicados en archivos orales es también un camino cada vez más ineludible, en la medida en que cada vez se realizan más proyectos que constituyen acervos orales y cada vez hay más conocimiento y difusión de la existencia de los acervos construidos en nuestro país. Aunque no existen muchos, si los hay, por lo que no es excusa su desconocimiento cuando se inician proyectos que retoman o estudian temas y problemas ya considerados en esos archivos constituidos. El hacer la revisión y balance del estado actual del tema que se investiga también incluye la revisión y conocimiento de los acervos orales que estén ya al servicio de los investigadores, al menos en México8.

Combinar la vía indirecta con aquélla que se desarrolla de manera intensiva en el campo, produce resultados amplios, diversos y representativos, con posibilidad de explorar casos a profundidad; obteniéndose materiales con diverso grado de elaboración, pertenecientes tanto a fuentes escritas como a fuentes orales. La información recabada por vías indirectas, requiere un trato analítico distinto a la recopilada directamente en el campo, ya que esta versión convocada es generada e instalada por escrito o en casete, por iniciativa, selección y dirección de los propios participantes o informantes/concursantes.

Las dos opciones de recopilación e investigación no son por lo tanto alternativas, sino más bien paralelas y complementarias. No obstante, una vez constituido el acervo de testimonios y tradiciones orales, los problemas en el tratamiento y uso de la información son similares y requieren de los mismos tipos de controles, acciones de verificación y pautas de análisis.

De los tipos de proyectos y evidencia oral


Recolectar, manipular y ponerse a trabajar con la subjetividad, la materia prima del historiador oral, es una empresa que demanda un procedimiento complejo, múltiple y preciso desde el momento del arranque. No sólo en cuanto a los controles y verificaciones que se requieren para incorporar relativas dosis y presencias de objetividad, sino más bien, en la empresa de exposición y precisión del proceso de constitución de las fuentes orales.

Este proceso se conforma con los diversos momentos o fases en que transcurre su actividad indagadora, y que en muchos aspectos los comparte con otros métodos históricos. De modo muy general, podemos decir que se atienden cuatro momentos o pasos necesarios: a) la necesidad de plantearse un problema central, o sea, la cuestión de la problemática; b) la cuestión de los procesos de la investigación, una heurística específica; c) los esquemas y procesos de crítica de las fuentes; y finalmente, d) el proceso del análisis/síntesis, o sea un enfoque más hermenéutico.

Estos momentos podrán coincidir durante el desarrollo de la investigación, en mayor o menor intensidad, con o sin interferencia, pero, por lo general, su incidencia o sucesión, podrá preverse desde la formulación inicial del proyecto y los trabajos exploratorios sobre el campo de estudio que se realicen. La historia oral, como propuesta de método, implica la necesidad de plantearse proyectos de investigación precisos, con caminos por recorrer muy claros, y en este transcurrir necesita desarrollar e incorporar una serie de controles internos y externos sobre los procesos de constitución de las fuentes orales; comparte también los problemas del trabajo hermenéutico, en el sentido de que requiere de una actitud crítica y analítica. El historiador oral no puede renunciar al análisis, ya que se considera a sí mismo como el portador de un oficio mucho más complejo que el de técnico en entrevistas. Resultado de esta inquietud, es que el oficiante de la historia oral busca con cluir su trabajo con la interpretación analítica y en la explicación teórica de su problema/tema de estudio.

La definición de los niveles y las escalas de la investigación son factores claves para la organización y desarrollo de la historia oral, ya que esta decisión incide y condiciona todo el proceso de la investigación, tanto en su fase de recolección como en la del propio análisis.

Podemos diferenciar dos tipos o rangos de cobertura de los proyectos, por un lado están aquéllos que se dedican a la investigación de un problema o tema central (historia oral temática) y, por el otro, encontramos aquellos proyectos que se afanan, de manera intensiva y a profundidad, al estudio de casos particulares, o sea historias de vida. Así, tenemos proyectos de historia oral de tipo temático, de rango amplio y proyectos de rango reducido e intensivo.

Al ubicarse en alguno de los dos tipos de escala y rango de cobertura y alcance de la investigación, la historia oral se centra en la consideración del ámbito subjetivo de la experiencia humana, para destacar y enfocar su atención en la visión y versión que del mundo tienen las personas; y ésta es la lectura y el sentido que el historiador puede darle al material subjetivo que integra en la fuente oral.

Hay diversas maneras de plantearse un proyecto de historia oral, siendo los de tipo temático y de rango amplio los más comunes. Éstos, se desarrollan como estudios de comunidad, de barrio, de un sector urbano o, quizá, de una región, donde se encuentren fenómenos heterogéneos y en diversos niveles socioculturales. Se puede iniciar este tipo de proyectos logrando el acceso a conjuntos de informantes, como pueden ser los grupos familiares y generacionales; cohortes, por géneros o identidades específicas, por categorías profesionales y oficios; etcétera. Igualmente, conforman proyectos de más larga duración que requieren la participación de un equipo de trabajo, con ciertos recursos financieros, apoyos institucionales de algún tipo, para poder asegurar una exitosa conclusión.

Pero si lo que interesa son proyectos de rango localizado, de carácter intensivo, como sería la historia de vida, lo más factible es que se realicen estudios de familias, de trayectorias ocupacionales, de personajes relevantes o muy particulares, en fin, estudios de caso a profundidad, todos ellos producto de proyectos de mayor intensidad y profundidad, que aquéllos de carácter representativo y amplio. La historia de vida en el sentido antropológico del término, ha sido un método de indagación muy utilizado, precisamente porque produce un documento -la autobiografía- a la que puede dársele múltiples usos, no sólo para el análisis del sujeto social, sino también como texto oral o una peculiar pieza literaria; además de poder convertirse en vehículo de comunicación con los auditorios a nuestro alcance.

El tipo de proyecto de historia oral que se decida desarrollar debe ser elegido desde un inicio, para implementar los pasos metodológicos y técnicas más adecuadas para tales propósitos. Decidir por el tipo de investigación temática, o por la centrada en historias de vida, determina el tipo de procedimiento, duración, intensidad, objetivos, vínculos sociales, etcétera, que se puedan plantear para un proyecto de historia oral dado.

Características de la historia oral temática y de la historia de vida

Rasgos Historia de vida Historia oral

Enfoque Caso único Temático-múltiple

Muestra Un individuo Amplia-heterogénea

Rango Intensivo Extensivo

Vía Directa Directa e intensiva

Entrevista Abierta a profundidad Semi-dirigida

Evidencia Experiencia y vivencia Testimonio personal,

personal, testimonial tradición oral,

experiencia colectiva

Medio y Autobiografías, Relatos de vida,

difusión trayectorias, trayectorias,

life history life-stories

El testimonio y la tradición oral


Al momento de decidir que tipo de proyecto se va a desarrollar, hay que delimitar lo más certeramente que tipo de evidencia, información o testimonio se va a buscar y recolectar. Puesto que no será lo mismo decidir utilizar sólo la tradición oral, que combinarla con los testimonios vitales de los personajes a trabajar. Habrá que decidir o por lo menos preguntarse qué tipo de evidencia oral interesa prioritariamente recabar, así como qué tipo de manejo y tratamiento se le dará a los diversos tipos de información que se recolecte. En este sentido, la historia oral diferencia entre la tradición oral y la información o evidencia oral que comúnmente denominamos como testimonio histórico.

La tradición pertenece al ámbito del mundo colectivo, no está anclada en la experiencia individual única, puede ser un conocimiento, una información o un legado que es transmitido de una generación a otra, como una cascada, donde no podemos identificar a un personaje creador individual, ya que generalmente es impersonal, de carácter anónimo, no tiene etiqueta de pertenencia o de propiedad particular. No incluye, por lo general, conocimientos o información de tipo contemporáneo, sino que está ubicada en un pasado, como tradición compartida, que es reproducida y aún regenerada en la memoria colectiva de una comunidad social. La tradición oral es de carácter tradicional, y la identificamos precisamente por su movimiento, por su circulación entre generaciones y por su manera particular de permanecer como herencia colectiva y flujo de una historia viva compartida.

Por su parte, el testimonio histórico va a estar distribuido y vinculado más bien al ámbito personal del ser individual; son relatos de vida, experiencias autobiográficas, informaciones testifícales sobre determinados momentos y periodos de tiempo en una vida humana particular, enraizada en espacios y contextos histórico socio-culturales determinados. El testimonio puede ser parte de una experiencia colectiva compartida más amplia, pero está siempre matizado por los sentidos -y experiencia personales. No es una categoría que se limite a producir enunciados de verdad o falsedad, sino más bien, habría que considerarlos como una percepción particular de las cosas, una versión' personal de los hechos, acontecimientos, acciones personales, etcétera, que, tamizados por los flujos de la memoria y la experiencia reciente, proporcionan texturas nuevas a los testimonios.

En la historia de vida, el tipo de evidencia predominante es testimonial, pero no está exenta de material perteneciente al ámbito colectivo y tradicional. La historia de vida no deberá quedarse exclusivamente en la recolección y sistematización del texto autobiográfico del personaje, ya que este relato es sólo la parte empírica o materia prima del trabajo; a esta historia autobiográfica habrá que aplicarle una serie de tratamientos, siendo el principal la realización de una explicitación del contexto sociocultural del personaje y de su particular historia vital. Habrá de realizarse, también, una cronología de los acontecimientos, sucesos y circunstancias principales alrededor del personaje, un trabajo de investigación paralelo donde poder ubicar más cabalmente a los sujetos de investigación. En este método de investigación, será relevante no dejar de lado mostrar el papel desempeñado por el investigador en el proceso de constitución de la fuente oral, o sea los relatos, las tradiciones o las historias orales personales.

Alternativas en el camino: historia oral o de vida


La utilización de archivos y fuentes de información sociohistórica convencionales complementa tanto el trabajo de contextualización como la evidencia de las autobiografías propiamente recabadas y sistematizadas en un archivo oral. La historia de vida, en este sentido, tiene detrás de sí un amplio trabajo de investigación; por lo que hay que diferenciar muy bien entre lo que se constituye como el procedimiento de construcción de la fuente y lo que se conforma como el proceso de exposición, comunicación o difusión de los resultados.

Es importante, por lo tanto, preguntarse, desde el inicio, la pertinencia o no de realizar proyectos de tipo temático y amplios, o proyectos intensivos del tipo de historias de vida. Responder en qué momento o en qué circunstancias se decide trabajar solamente con una persona; ello dependerá de la formulación protocolaria de la investigación, así como de los objetivos y fines que se persigan.

Con frecuencia se utilizan las historias de vida para profundizar, en algún aspecto problemático, un proceso de investigación ya avanzado, puesto que con ellas se puede indagar cualitativamente algún tema concreto, que bien puede sintetizar o resumir algún universo complejo o bien cierto problema abstracto más amplio que se esté abordando. Sería como ya tener examinado el panorama global y acercarse a un punto específico, algo así como una vez ya conocido el bosque se examina con detalle el árbol. Las historias de vida también se usan al revés, tal como si fueran experimentos o pruebas de campo y exploración preliminares, que nos ayudan a realizar acercamientos al sujeto de estudio, o bien a detectar nuevas líneas de investigación para probar hipótesis específicas de la investigación. En fin, una manera deductiva y una forma inductiva. El iniciar con una historia de vida podría servirnos para abrir perspectivas de investigación, o para profundizar algunas interpretaciones o postulados teóricos. Por ello, la decisión de cómo y qué se va a hacer con la evidencia y el tipo de información que se persigue es muy importante y determina todo el procedimiento de la investigación.

Las fuentes de la historia oral son plurales


Así como todo objeto tiene sus lados y dimensiones, los historiadores orales deben comprender que las fuentes orales tienen su propia dimensión y sus lados característicos. Es más, la fuente oral es sólo una cara más del conjunto de acervos de información; a la que, sin embargo, le corresponde un papel distintivo9. Ha sido común que los más entusiastas practicantes de la historia oral se queden fascinados por lo real-parlante que aparentan ser los testimonios orales, y sean literalmente engullidos por dichos textos, dejando nada, o casi nada, a la voz del analista e historiador. El problema con este autoaniquilamiento del analista, es que se prefiere el texto oral y se dejan de lado las demás fuentes de información escritas o monumentales. Se valora sólo una cara del conjunto informativo a disposición. Las caras ocultas se subvaloran en el intento por resarcir a las fuentes orales, tan desfavorecidas por tantos años en las ciencias sociales. Se procede de manera inversamente proporcional a aquella actitud ejercida por los positivistas respecto a las fuentes escritas: fuera de los documentos escritos nada es fiable10.

La geometría de la historia oral consistiría más bien en evitar la unilateralidad en la consideración y el empleo de las fuentes históricas: una para todas y todas para una. Las fuentes corresponden a la misma realidad y todas se empalman y se complementan o bien se contradicen. El examen de un tipo de fuente tiene que implicar la consideración de las demás. El método contemporáneo de la historia oral propone como requisito común esta dimensionalidad como característica metodológica ineludible.

Las fuentes orales son, ante todo, fuentes vivas, actuantes, que constituyen una matriz compleja de producción de sentido, que se expresan mediante la vivencia, la evocación, los recuerdos, la memoria, la narración oral, entre otras. La característica sobresaliente de esta evidencia es su dimensión humana, que trasmite una versión y una visión de la experiencia personal desde una situación y un medio social en el tiempo presente. Las fuentes vivas no son resurrecciones de experiencias reales, sino más bien, reconstrucciones históricas de lo vivido. Por la dimensión específicamente humana de las fuentes vivas, no interesa tanto develar lo falso y lo oculto como reconocer lo no explícito, en tanto que nos ayuda más a comprenderlas y conocerlas mejor que a descalificarlas.

Las fuentes orales, en su dimensión de fuentes vivas, requieren tanto o más control en su producción y utilización, que las demás fuentes históricas. Por eso, el proceso de construcción de las mismas debe ser lo más sistemático y preciso posible, recurriendo posteriormente a los procedimientos críticos internos, externos y relacionales de la fuente. Es en este paso cuando se incorpora la geometría de la historia oral, y cuando las especificidades de los modos y prácticas de los historiadores orales pueden confluir y constituir métodos comunes11.

Enfrentarse al examen de las fuente conjuntadas, requiere considerarlas con sus diversas caras y sus dimensiones específicas. La visión de conjunto podría parecer un trazo triangular, donde se interconectan todas las fuentes a trabajar.

1) Las fuentes escritas son los acervos tradicionalmente empleados por el historiador, se incluyen, en este esquema, los documentos personales escritos y todo el material bibliográfico, tanto de primera como de segunda y demás manos. Son los llamados en mayúsculas: documentos por escrito versus la oralidad12.

2) Las fuentes monumentales incluyen no sólo las construcciones humanas, sino todo tipo de objetos viables de ser utilizados por ejemplo en una ex posición museográfica Instrumentos de trabajo, gráfica, fotografías, muebles, vestidos, colecciones de objetos curiosos, monedas, timbres, productos de multimedia, etcétera13.

3) Las fuentes orales son específicamente las recolectadas vía el testimonio y la tradición oral. Son los productos de las entrevistas orales recogidas en el trabajo de campo, o las contribuciones espontáneas en forma auditiva (grabadora) y audiovisual (videograbadora) que se recogen mediante el trabajo exploratorio e intensivo en el campo14.

El reto del historiador oral es, primero, conocer a profundidad su acervo oral y, enseguida, conjugarlo y confrontarlo con las demás fuentes documentales y objetuales. No conocer las limitaciones y posibilidades de las fuentes no orales, limita en grado sumo el alcance de la fuente oral. El conocimiento de la realidad social se beneficiará en el momento. en que los historiadores orales logren poner en la balanza los elementos negativos y positivos de todas las fuentes. Los optimismos más galopantes de algunos entusiastas de la historia oral han llegado a quebrarse a causa de su ceguera, al no considerar las diversas dimensiones y caras de la realidad o, lo que es lo mismo, por no considerar la matriz compleja de las fuentes históricas15.

Por todo esto, los historiadores orales, desde su propio campo académico y especificidad profesional, consideran necesario triangular16 sus fuentes constituidas, aunque pueden enfatizar una más que otra, quedando las fuentes orales usualmente como el eje del proceso discursivo y la materia prima de las construcciones analíticas.

En este proceso de conexión o triangulación de las fuentes, ha sido ineludible el examen a profundidad de la fuente oral, no sólo en el aspecto central del proceso de su construcción, sino también en el examen de sus contenidos. Porque, sólo una vez realizado este doble examen, se ha podido elaborar una estructura de discurso científico en combinatoria con los contenidos de las demás fuentes.

No basta la clasificación de las entrevistas orales, la ordenación de las cintas, la elaboración de índices múltiples de contenido de las mismas, la catalogación de las transcripciones, etcétera; también hay que conocerlas, desglosarlas y reconstruir las, para aplicarles lecturas con diversos propósitos y herramientas conceptuales proporcionadas por las ciencias sociales. Una vez conocida a profundidad la fuente oral, podemos reconocer sus limitantes y sus posibilidades para los fines del conocimiento de la realidad social y las posibles alternativas de actuación en la misma17.

Sobre la memoria y sus monumentos


Recurrir a las voces y a los testimonios orales es una manera de conocer y comprender aspectos de la vida de grupos sociales con los que interactuamos en los procesos de investigación. Acudiendo a ellos se recoge la versión de los hechos y de las circunstancias que rodearon, no sólo a los acontecimientos, sino también los sentimientos y creencias que se sostenían en tales circunstancias.

La memoria recoge y sedimenta lo que le ha parecido más relevante conservar y trasmitir. Los testimonios no sólo narran hechos que sucedieron, también nos aportan maneras de ver y pensar las cosas, valores, inquietudes, anhelos; en fin, una gama de creencias y pensamientos que acompañaron sus experiencias pasadas. No nos acercamos a cosechar las memorias de la gente con el fin de reconstruir hechos tal como fueron, esto sería pedirle demasiado a nuestra memoria; la realidad empírica de los hechos no puede apoyarse sólo en los recuerdos, requiere una pluralidad de fuentes y una diversidad de información no almacenada en la memoria individual.

No obstante, recurrir a la memoria es hurgar uno de los más ricos archivos de la historia popular, precisamente por ser uno de los medios óptimos de conservar la cultura y trasmitirla. La memoria selecciona, escoge, discrimina y transmite lo que le interesa que circule en propios y extraños. Esta memoria es valorada y cultivada, gracias a ella se reproducen valores y sistemas de pensamientos que competen no sólo a la familia sino también a la colectividad. La historia que se construye con base en la memoria necesariamente tiene que considerar el papel que desempeña la transmisión oral, especialmente en los sectores sociales populares, ya que aún buena parte de la comunicación al interior de tales grupos se logra con y a través de la oralidad.

La memoria es un elemento esencial de lo que ahora se acostumbra denominar como identidad, individual o colectiva, social o cultural, cuya búsqueda es una de las actividades y preocupaciones más importantes de las sociedades y los individuos de hoy; y en donde los científicos sociales que se dedican a la recuperación de la memoria -antropólogos, historiadores, sociólogos, psicólogos, comunicadores, etcétera- intentan ofrecer una respuesta para la democratización de la memoria social y convertir esta tarea en un imperativo de su praxis profesional. Entre los que se entregan a la tarea de reconstruir la experiencia humana, mediante la utilización del contenido de la memoria, nos referiremos ahora sólo a aquellos historiadores que lo hacen principalmente recurriendo a las fuentes orales, a los manifiestos orales de la vivencia humana.

Estos historiadores, que en la actualidad utilizan las fuentes orales, desean y se encuentran, en principio, distanciados de una posición y de una manera específica de producir conocimientos históricos: la de los historiadores oficiales y del culto público. En cambio, el objetivo y propósito de los llamados historiadores críticos es salir de la órbita predominante y ensayar diferentes caminos, enfocando, bajo nuevos principios y métodos, los diversos y nuevos sujetos sociales que se le manifiestan en el mundo de la oralidad. Mundo social que se vincula estrechamente con los sectores sociales subordinados, grupos sociales que mediante la tradición oral, preservan y recrean los más preciados elementos de su cultura e historia pasada y, por lo tanto, de su memoria social.

Pero retrocedamos un poco en la historia del oficio, puesto que, mal que bien, el historiador siempre ha preferido tratar con el documento -la fuente escrita-, como algo concreto sobre el cual constatar y ejercitar sus sentidos, volver a leer, tocar, oler, hojear minuciosamente y quizá apreciar. El documento escrito ha sido y es aún el vehículo privilegiado de construcción de la historia -la fijación de la memoria social- y del olvido -con sustracción intencional o no, de la memoria colectiva e individual.

Ante tal situación, afirman sus portavoces, la historia, con mayúsculas, se escribe básicamente con documentos, sin el concurso de las fuentes escritas los resultados serán pura 'ficción, nos sentencian; es más, sin su colaboración profesional, dicen los iluminados investigadores, la historia no se conocería, por lo que perderíamos identidad y valores.

Así como se dice que los monumentos se sostienen por sus cimientos, algunos piensan que el historiador crea esos cimientos a partir de examinar los rastros y rostros de la memoria social, a la que imagina, recrea y arregla, para erigir los monumentos de la historia (explicaciones, memorias, crónicas y relatos, biografías, textos escolares, etcétera) por él (ella) seleccionados, para dar cuenta de la vida pasada, de los hombres y las mujeres que dejaron mayor huella, estelas de acciones y palabras plasmadas en múltiples cosas y vivencias.

El historiador encuentra información precisa de un tiempo y espacio pasado, la observa, la selecciona y deja de lado muchas cosas, para incorporarlas al cajón del olvido. Construye sus monumentos al domesticar su información, al recrear la documentación que más se le antoja -por cuestión de principios teóricos, ideológicos, o preferencias estéticas- preserva intactos algunos huecos y lagunas del conocimiento, a veces mantiene sólo tenues reflejos de restos de memorias, los cuales están destinados a quedar en la clausura premeditada, ya que no hubo intención ni interés de transformarlos en documentos históricos.

Pero, frente al caudal de rastros y de restos de historias, de vidas individuales, de acontecimientos y experiencias humanas, ¿acaso el historiador comete una trampa? No y sí, ya que construye oblicuamente la memoria social. El pasado registrado por los hombres de antaño, es sólo un aspecto de los monumentos de la humanidad que le atañe edificar y testificar al historiador; pero, ¿dónde queda todo aquello que no es registrado en los documentos conservados, construidos, recolectados, embalsamados y armados por el estudioso? Es como si fuera una sola mirada a un cielo poblado de estrellas, donde nunca se puede contabilizar esa inmensidad.

Un investigador del pasado, se topa en su quehacer, con un conjunto de fuentes-objetos, tales como los que en una situación de ficción, muestra el siguiente listado: manejamos normalmente un acervo de libros de corte académico y de carácter muy serio, a estos libros los sostenemos con tres almanaques voluminosos, entremezcladas dos o tres actas judiciales de escalofrío, que van adjuntas a una serie de minutas, más o menos secretas, de algún diplomático extranjero. También tenemos un diario íntimo muy curioso, varias crónicas de viaje interesantísimas por exageradas; contamos con dos tambaches de programas de teatro, ya medio rasguñados; una solitaria monedita de cobre con el águila coronada; dos matasellos oxidados; y un montón de fotos de la familia susodicha en sus fiestas y celebraciones de aniversarios y navidades. Detrás de los libros de cuentas y declaraciones de impuestos, hojeamos de vez en vez, varios recetarios de comida internacional salpicados con grasa y cubiertos de manchas oscuras. Con relativo entusiasmo algunas veces consultamos actas de nacimientos, matrimonio y defunciones. En fin, chácharas y papeles, números y objetos, de muertos presentes y vivos ausentes, géneros de diverso tipo e intereses muy amplios; todo esto, y muchas otras cosas más, forma el entramado de fuentes y la diversidad de objetos a los que se enfrenta un investigador del pasado, con menor o mayor oficio.

Obviamente, el contacto con los vivos está casi ausente, a no ser que resulte necesario para obtener mayores, mejores o diversos documentos. Pocas veces se interroga a los vivos, pocos intentan acercarse a las fuentes que nombramos vivas. El oficio y el estilo de acción del historiador tradicional no lo motivan a formular y propiciar el encuentro con los nuevos tipos de evidencia.

Por eso, la historia oral sigue siendo una propuesta renovadora, ya que reclama la participación activa del investigador en la concepción, construcción, organización y difusión de las nuevas fuentes de carácter oral, que den paso a reflexiones Y análisis históricos más cabales y complejos, gracias a la utilización pertinente de todas las fuentes históricas a las que tiene acceso el historiador contemporáneo, los aportes y revoluciones tecnológicas que potencian la memoria humana (por ejemplo, los nuevos sistemas de grabación de sonidos e imágenes; los bancos de datos computarizados, la telecomunicación e intercambio de información electrónica, a escala y a niveles muy variados, etcétera).

No obstante, un rasgo común que comparten la memoria humana y aquélla depositada en y por medios electrónicos, es que la decisión humana es y seguirá siendo la instancia determinante, tanto en el proceso de construcción y acumulación de información, como en las sustracciones e incorporaciones de campos vacíos u olvidos. La memoria de las máquinas sólo parece imponerse por su gran estabilidad, concretada de forma parecida a la memoria impresa de los libros. La memoria anclada en circuitos y microchips, es a fin de cuentas, sólo un instrumento de apoyo, una servidora de la mente y de los fines de los hombres18.

Aún así, los investigadores de la fuentes vivas, los que se enfrentan con el material de la memoria a través de la oralidad, se enfrentan de hecho, a la existencia de esos nuevos tipos de cajas de almacenamiento de la memoria humana, y algo deberán de hacer. No sólo basta reconocer a los nuevos sujetos sociales, y acercarse a ellos mediante métodos y técnicas de estudio novedosas, también va a importar hacer algo con los hallazgos, incorporarlos a nuevos medios y canales de difusión, preservación y confrontación; todo en función de elevar los niveles y contenidos de la cultura y vida de los sujetos sociales en cuestión. Es, un volver constantemente a enfrentar el reto, de buscar en el pasado para encontrar y de recrear en el presente, los elementos que integran la identidad colectiva y aun la personal.

Partimos de que al pretender distanciarse de la práctica historiográfica que rinde culto al devenir del Estado, la historia social y popular, se presenta como una alternativa, que en su faceta innovadora, propone abocarse al estudio de los sectores sociales populares antes no contemplados en la práctica historigráfica dominante. En el desarrollo de esta vertiente disciplinar, la historia oral se nos presenta como una opción adecuada.

Ventanas a la memoria


Al recoger los testimonios orales anclados en la memoria, sean éstos experiencias de tipo personal o colectivas, o bien de la tradición oral, nos enfrentamos a diversos factores que afectan el proceso de evocación, organización y relato de los contenidos de la memoria. Sólo a manera de ilustración, enseguida se mencionan algunos de los factores o puntos de enfoque que nos permiten reconocer y comprender algo más sobre la memoria, que se mueve en distintos niveles y se maneja en varias líneas de expresión que la condicionan:

  • Los espacios, o sea los lugares a que se refiere la experiencia; es el sustento espacial, físico, material, el ámbito geográfico concreto.

  • La intensidad, referida igualmente a la experiencia que se trata de evocar, que se percibe en grados, injerencia o efectos. Son situaciones de marca individual, parteaguas existenciales, puntos de transición o ruptura.

  • La duración, que tiene que ver más con los ciclos individuales que con el tiempo efectivo transcurrido. Son ciclos y etapas vitales involucradas.

  • La proximidad, la distancia que media entre el presente y el momento de la situación recordada, la profundidad histórica.

  • El sentido, el aspecto simbólico o cultural del acontecimiento o vivencia, así como las modificaciones experimentadas a través del paso del tiempo, tanto respecto al informante como al grupo social de referencia. Las versiones de la experiencia y los acontecimientos, así como su dinámica.

  • Trascendencia, el impacto en los universos sociales específicos y en los niveles sociales involucrados. Los efectos y las consecuencias.

  • Pertenencia social, en cuanto a las formas de insertarse en la experiencia colectiva y formas de asumirse socialmente. Lo que se resguarda y reivindica como lo propio.

  • La conciencia, o sea la evocación reflexiva adecuada al tiempo presente, que modifica el relato sobre el pasado. Los procesos de maduración y resemantización de la vivencia. La historia compartida y asumida como proceso colectivo.

  • La condición física-emotiva, presente y ausente en la historia personal y en el proceso discursivo del informante. La calidad narrativa y el desempeño/actuación de la transmisión oral.

  • La matriz sensorial, que involucra los demás sentidos humanos y que se coordinan -para la evocación y expresión de los contenidos de la memoria. Memoria corporal, visual, olfativa, gustativa, aural. La fórmula compleja sensorial de las distintas memorias y su papel en la construcción de los relatos orales.

  • Los canales expresivos de la memoria, o sea, los géneros y modelos narrativos privilegiados en la evocación de la memoria. Estilo, arquetipos, recursos narrativos y discursivos.

Cada uno de estos factores o puntos de enfoque de la memoria pueden emplearse para el examen de la situación de la entrevista, así como también para el conocimiento y comprensión de los contenidos de los relatos de vida producidos.

Existen otros aspectos que también inciden en los flujos de la memoria y tienen que ver, tanto con la situación dónde y cómo se genera el fluir de la memoria, como con las características de los relatores (o informantes). Existen personas que son lacónicas, mitómanas, esquivas, reticentes, conflictivas, críticas, mentirosas, inconsistentes, distantes, contradictorias, suspicaces, estereotipadas, etcétera; todos ellos, aspectos o actuaciones de sentido negativo.

Pero, la cara positiva también existe y se presenta: informantes que son abiertos, versátiles, elocuentes narradores, amables, informados, coherentes, consistentes, veraces, interesados en el asunto, con disponibilidad, con actitud crítica, etcétera. Sin embargo, el problema real es que no existe la persona cuyas características sean sólo negativas o positivas, sino que conocemos personas complejas, únicas, que pueden tener variaciones imprevisibles en su temperamento, que combinen aspectos positivos y negativos, dependiendo de la situación e interlocutores a que se enfrenten, etcétera.

La plasticidad de las fuentes orales


Las fuentes vivas no son tan manejables y maleables como otro tipo de fuentes, ya que precisamente por estar vivas tienen poder sobre sí mismas; aunque accedan a ser informantes, sólo lo que ellos decidan hablar y relatar será lo que integre el documento y fuente oral. En cierta medida, dependemos de su buena voluntad, pero también de nuestra preparación y habilidad para saber estar allí y saber escuchar muy, pero muy- atentamente. Aunque es un diálogo y se supone que el investigador conduce la entrevista oral, el informante puede simplemente decir: "...ahora no, venga mañana; quizás entonces..." o bien, apretar sus labios y despacharnos de una vez.

Las fuentes vivas, nuestros informantes contemporáneos, evocan y recuerdan por su voluntad; el historiador y el recopilador de la oralidad no siempre recibe lo que busca, pero con frecuencia encuentra más de lo que pensaba hallar o recibir. Una gran ventaja del recopilador es que conoce a la fuente y el proceso de su constitución, desde antes de tenerla terminada y lista para el análisis histórico. Con frecuencia, la propia fuente, el informante, es parte del proceso de construcción de la fuente, de-la que él mismo es parte constitutiva, ya que la relación con el investigador produce una posibilidad de co-participación en el proceso de recabación y terminado de la evidencia oral.

La manera como la gente recuerda el pasado, describe su presente o considera el futuro, está enmarcado por el contexto social de sus experiencias y su ubicación en la sociedad. El pasado siempre resulta filtrado por el presente y es constantemente revaluado, reasumido y reinterpretado, y lo es mediante un proceso activo de la colectividad. A través de la pertenencia a determinado grupo social, los individuos son capaces de adquirir, ubicar y evocar sus memorias, en un proceso reconocido como memoria colectiva; que además es un recurso para la formación de grupos y para su cohesión, gracias a que explica la historia común, las experiencias compartidas y la trayectoria de la colectividad.

Por ello, la memoria colectiva es de particular relevancia para los grupos que padecen la opresión o la subordinación. Ya que -el pasado ofrece a los grupos sociales símbolos y mitos poderosos que proveen de sentido al presente y permiten vislumbrar el futuro. Así también, los acontecimientos compartidos en el pasado y las interpretaciones colectivas sobre los mismos, permiten una construcción colectiva de la identidad. Las narrativas populares son, por ello, alternativas de explicación e interpretación del pasado, que pueden afectar la misma percepción del presente y aun condicionar la acción a futuro. La memoria colectiva de los sectores populares no siempre es contestataria, pero frecuentemente presenta contenidos y versiones sobre hechos y personas del pasado, de modo contrario a las versiones dominantes y oficiales, por lo que recogerlas es parte de la reconstitución de su historia e identidad colectiva.

Las memorias populares contraoficiales emergen de las narrativas populares acerca de su pasado y, a pesar de ser ficticias, alegóricas o míticas, expresan el espíritu de la condición de opresión, pero también la esperanza de la liberación futura. De alguna forma, proveen una base para construir visiones y versiones alternativas sobre la vida e historia de la sociedad y pueden ser un elemento que acompañe la movilización social que cuestiona o desafía la ideología y el poder dominante en el presente..

De manera que, acercarnos a la memoria de las fuentes vivas, es todo un reto. De alguna forma, los historiadores orales más integrales, por sus conceptos y métodos de acción, están tratando de responder al imperativo de crear y difundir socialmente los nuevos conocimientos y explicaciones, de la siempre difícil y compleja tarea de pensar y escribir la historia. Tal como Pierre Nora lo sugiere:

La memoria es la vida. Siempre reside en grupos de personas que viven y, por tanto, se halla en permanente evolución. Está sometida a la dialéctica del recuerdo y el olvido, ignorante de sus deformaciones sucesivas, abierta a todo tipo de uso y manipulación. A veces permanece la tente durante largos periodos, para luego revivir súbitamente. La historia es la siempre incompleta y problemática reconstrucción de lo que ya no está. La memoria pertenece siempre a nuestra época y constituye un lazo vívido con el presente eterno; la historia es una representación del pasado19.
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