Jesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252




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títuloJesus galindo caceres. Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México, Addison Wesley Longman, 1998. pp. 207-252
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La elaboración de historias de vida: una perspectiva

Experiencia personal y modelos generales


A partir de mi propia experiencia he intentado sistematizar los resultados en una serie de materiales citados en la bibliografía final de referencia; no obstante, mi trayectoria particular de involucramiento con la técnica y los métodos de este paquete técnico denominado historia de vida, se remontan a poco más de una década. Con el ánimo de ejemplificar el desarrollo de un proyecto, lo haré en primer término con aquél que trató explícitamente de emplear a la historia oral y a la de vida como parte central de su indagación.

En el Museo Nacional de Culturas Populares había el interés por desarrollar actividades de investigación y vinculación con su entorno, o sea Coyoacán, por lo que alentó y apoyó algunas iniciativas para tal efecto. En 1986 inicié una investigación sociohistórica sobre la historia reciente de la conurbación de la delegación Coyoacán al DF y, como estudio de caso, desarrollé un subproyecto en torno a la historia oral de un pueblo tradicional, La Candelaria. La investigación documental y de historia oral concluyó en 1988 con la redacción de un trabajo que se presentó como tesis de maestría en historia30. Simultáneamente, se logró organizar una convocatoria pública, Relatos de Coyoacán, para animar e incentivar a la población a narrar sus historias propias. Como resultado del concurso se logró reunir alrededor de 25 textos, de los cuales 13 se publicaron en la serie: Testimonios del propio museo31. Los demás, junto con los ganadores, integran un acervo documental sobre Coyoacán. Los relatos conjuntados nos dieron posibilidad de observar y comparar materiales testimoniales de diferentes comunidades en Coyoacán. Se publicaron como materia prima en espera de su lectura o de su análisis.

En este proyecto, se logró experimentar las dos vías de acción que se proponen, la directa y la indirecta. La directa se fundamentó en trabajo de archivo documental y en el trabajo de campo intensivo en la comunidad. La historia oral se empleó particularmente para la historia local y las historias de vida de una muestra de informantes, que se seleccionaron de acuerdo a una tipología de personajes relevantes en el ámbito de las festividades de La Candelaria. La vía indirecta se logró por la intención explícita de la institución, ya que se pretendía "...que el Museo promoviera la crónica local y alentara a sus habitantes a ensayar en la narración y relatos testimoniales, sus propias experiencias acerca de la vida e historia de la zona".

En la investigación directa, además de la historia oral, se echó mano de la observación participante, de los recorridos de campo y de la convivencia sistemática con personas y festividades de la comunidad. Las entrevistas centrales se dirigieron a tres adultos de la comunidad que narraron su autobiografía, resaltándose los elementos que aportaban identidad cultural al grupo y al pueblo.

El trabajo estuvo estructurado en dos partes. La primera incluía una descripción del territorio y su población, se daban los antecedentes históricos de Coyoacán. Un segundo capítulo se refería al tránsito del Coyoacán agrario al urbano. El tercer capítulo describía las características de su crecimiento urbano contemporáneo. En la segunda parte, el capítulo cuarto trataba específicamente el estudio de caso: La Candelaria, Coyoacán; un caso de historia local a través de testimonios orales. En esta segunda parte se utilizaba de manera sencilla la metodología de la historia oral y se intentó ubicar y contextualizar los testimonios empleados. Este capítulo incluía los siguientes apartados: Preámbulo; Testimonios orales e historia local; Los narradores; El territorio perdido: los pedregales; El pueblo: su gente, su actividad, sus calles; las mayordomías y el espacio de las fiestas; Recuento final.

En este trabajo aventuré algunas reflexiones que tratan de encuadrar o acompañar la lectura de los testimonios. Será quizá de interés examinar lo que sigue:

La historia local y particular de La Candelaria se constituye como un caso de la diversa experiencia y la relativa homogeneidad de la vivencia histórica de los pueblos y barrios de Coyoacán... Básicamente se pretende mostrar la visión personal de algunos pobladores acerca de los cambios que han acontecido a su alrededor, tanto en sus propias vidas como en la de los demás; algunas de las condiciones que los motivaron a ser como son y algunas de las consecuencias que han experimentado en sus vicias y el lii:ar donde viven a causa de esta dinámica histórica.

La temática que tratan estas historias particulares y que aquí selecciono, versan sobre el barrio, el pueblo; sobre el trabajo, los oficios; sobre la vida festiva, la vida tradicional y sobre la población local. A través de sus testimonios y relatos vitales mostramos diversos aspectos de la estructura productiva y ocupacional del pueblo de La Candelaria, así como referencias a su espacio urbano, al hábitat; la religiosidad popular y las concepciones del mundo, como también la dinámica del cambio experimentado por los pobladores a raíz de los procesos complejos de la urbanización.

Son, por lo tanto, historias personales, comunicadas de manera oral, y motivadas por la interacción con el entrevistador de manera libre y con acceso y conocimiento del uso posterior de la información. Fuentes orales que se constituyen por sí mismas en una materia y fuente nueva para el descubrimiento de procesos que han condicionado y determinado la existencia y experiencia -así como el recuerdo y el olvido de las mismas- por parte de los pobladores de La Candelaria. Nuestros informantes pertenecen a ese reducido sector de la población que reproduce formas de vida y pensamiento del tipo tradicional, que contiene el oculto, y a veces, manifiesto deseo de preservar y trasmitir a las nuevas generaciones el acervo cultural -propio, ajeno o inventado- que con dificultad han logrado socializar y enseñar a los más jóvenes y entusiastas seguidores de la tradición popular en La Candelaria.

Las historias particulares, fragmentos autobiográficos de nuestros personajes entrevistados, son cabales y coherentes en su propio contexto y universo. Aunque técnicamente no se constituyen en esta presentación como historias de vida en el estricto estatus en las ciencias sociales de años recientes; no obstante, si son sus historias de vida, sus relatos autobiográficos frente a un otro, el interlocutor, el que entrevista. Sus relatos son por lo tanto expuestos en cuanto a la diferencia frente al entrevistador, en cuanto que mantiene su distancia y diferencia; o sea, podríamos aventurar concluir, en tanto son conscientes de sus elementos de identidad y existencia propia.

Sin embargo, es necesario reconocerlo y advertirlo, no se podrá, a partir de considerar este material fragmentario, aprehender la dinámica real de la vida de estos seres, ni la conjunción en el espacio y el tiempo de sus vivencias, de su movimiento, de sus recuerdos. Son ventanas con cristales de distinta tonalidad: claros, oscuros, transparentes y aún distorsionantes, etcétera. Son catalejos al pasado que resaltan tales hechos y discriminan ciertos otros; son incursiones al más adentro y al más atrás en la vida de los individuos, son procesos de reencuentro y de extrañamiento con el pasado.

La memoria y los recuerdos, concluiría uno, resultan más objetivos mientras más cercanos están a la experiencia vital personal, y más lejos del presente y de las percepciones y concepciones decantadas por el tiempo y la biografía personal Es en este sentido donde se encuentra una gran limitación de las reseñas autobiográficas o historias de vida, puesto que la acción consciente de recordar desde el presente lo acontecido en el lejano pasado, no siempre asegura una cristalina fidelidad. Más bien, con frecuencia acontece lo opuesto. El recordar las vivencias desde el cristal y el humor del presente, cargado con una historia personal ya acumulada y distinta a la que en el pasado se configuró, ahora ya no puede ser vista ni sentida de la misma manera.

En cierta forma, reconstruir el pasado desde la óptica del recuerdo y la memoria, es reconstruir la historia, es reinterpretar y aportar una nueva versión de lo acontecido y, por supuesto, no es el relato puntual de lo que históricamente aconteció. Para ello, existen otras fuentes y técnicas más apropiadas. En este trabajo, lo que interesa, por lo tanto, es conocer la visión que de los cambios tienen nuestros informantes, la experiencia decantada por los años de sus vivencias, la concepción queda distancia y la propia biografía marcan en sus recuerdos y liberan por momentos su memoria. A partir de sus propias palabras, de su propia memoria y de lo que para ellos es más significante y digno de recordar, es como se estructura esta visión del pasado de la historia local y personal de algunos habitantes de La Candelaria32.

Estas ideas organizaron la posible mirada a los testimonios y me organizaron la matriz de contenido que finalmente se dispuso para exponer los relatos de los narradores. La selección de los fragmentos tuvo más que ver con temáticas que con la propia trayectoria vital de los narradores. Finalmente, lo que interesaba era la experiencia colectiva compartida, por lo que los temas eran los elementos del patrimonio cultural elaborado en el curso de vida de las generaciones actuales del pueblo.

La técnica elemental para la selección de los testimonios fue la de codificación de las entrevistas por temas centrales y por la elaboración de una matriz común de contenido. Con los temas y asuntos relevantes compartidos se estructura la exposición de los relatos. No hay análisis de contenido ni del discurso, sólo hay inferencias de orden general que intentan vincularla experiencia personal de los narradores con la trayectoria de los cambios espaciales en la comunidad. Pareciera que la exposición de los testimonios tienen el formato de que hablan por sí mismos y no hay una labor analítica por detrás y antes. No obstante, lo que efectivamente existe es una selección de informantes, una selección de las preguntas a plantear, una direccionalidad de las entrevistas de acuerdo a su cercanía con los eventos colectivos; una transcripción de orden cuasiliteral, no fonética, pero tampoco literalizada; una concatenación de los relatos y un agrupamiento de los núcleos temáticos, a mi parecer, más significativos. Por supuesto, hay una subutilización de los materiales orales, ya que sólo se exponen alrededor de una tercera parte, quedando fuera muchos relatos autobiográficos vinculados con las trayectorias personales, laborales, familiares, educativas, etcétera, de los narradores.

Como esta parte está dedicada a mostrar algún ejemplo, quisiera transcribir partes del trabajo para mostrar la manera como se utilizaron los testimonios. Aquí, se intercalan observaciones sobre los testimonios y se lanzan interpretaciones con base en esta fuente y en otras consultadas33.

La historia de la antigüedad está construida a partir de leyendas y deseos, y no sólo de hechos históricos, que se van recolectando a lo largo de la vida particular de los individuos. Comenzaremos por lo perdido: el vasto territorio de los pedregales. Elemento del pasado mítico que se resiste a ser olvidado. La narración de la historia antigua del pueblo se inicia siempre haciendo referencia a lo que era este lugar y como dejó de pertenecer a la comunidad este medio o fuente de vida La conciencia del cambio también es clara y se expresa en la comparación de los tiempos anteriores con el presente. Por ello, los que narran la historia local, resaltan lo ido, lo ya clausurado, lo que no va a volver jamás. El pasado es la identidad que los marca, lo que fue antes es lo que los hace pertenecer a un espacio social y físico particular y diferente a los demás. El presente es para algunos la constatación de su debilidad ante el destino, ante la historia de la sociedad global. El hacer la reflexión y traer a la memoria el ¿cómo era el pueblo antes?, se convierte en el canal de transportación inmediata hacia el origen de la identidad del presente, es el pretexto para la valoración y reconocimiento del cambio.

Para los habitantes de La Candelaria, su pueblo y los pedregales que les pertenecieron durante siglos, son los cimientos y unidades principales de su identidad y patrimonio cultural. Allí nacieron y en los pedregales sustentaban parte de su diario alimento y provisiones domésticas, era su herencia natural.

Don Miguel34 platica de todo esto y, con cierta poesía natural, muy propia de su actividad y vínculo con la tierra, explica lo que era y significaba para los habitantes de La Candelaria el tener acceso a los pedregales y el poder vivir pobremente, en una dura pero tranquila existencia.

Pues sí, ya le decía yo, nos han quitado nuestra fuente de vida, porque mire usted, nosotros bajábamos (del pedregal) el zacate de amalil, que así lo nombrábamos, como vamos a suponer unas espiguitas, así era el zacate, pero era tupido de hojas, ¿no? ... y con eso se techaban las casas; y mire usted, ese techo duraba por lo menos cuarenta años, y si uno remendaba la casa y todo, porque luego se iba deslavando, se iba pudriendo el zacate, entonces escurría. Pero las personas curiosas y que sabían remendar las casas, les metían su remiendo y se evitaban esas goteras, bueno ese era el zacate. Se hacían las cacas de caballete... era muy buena ayuda... y ahí veníamos con nuestro bulto cargándolo hasta acá.

(También) había gentes que iban a diario a cortar nopales, y esos nopales pues a limpiarlos y a venderlos en el mercado, de allí se mantenían esas familias. Había quienes iban a traer tierra de pirú, tierra de cañada, de esa para las macetas, ... en costalitos de harina; (también) se iba a traer el pirú para los pajaritos, la semilla del pipí, entonces todo eso era negocio para nosotros los pobres... En tiempo de agua había mucha estrella, unas florecitas as blanquitas, bonitas, de olor que entonces íbamos a cortar tempranito o un día antes en la tarde se cortaba el puro botoncito y se le ponía en agua y al otro día al mercado. Había otros que en las joyitas, en las cuevitas... sacábamos unas florecitas color rosita pequeñitas... larguitas, a esas les llamábamos miguelitos... también juntábamos los manojos y los vendíamos.

(También) había familias que estaban cerquitas del pedregal, que tenían sus cuartos, su ganadito de chivas, había ganadito de veinte, treinta chivas, hasta sus quesitos hacían pa' llevarlos al mercado... bueno, pues todo eso nos beneficiaba.

Nosotros íbamos a acarrear ramas, había mucha como jarílla... esa que le decían del Tío Cho, bueno unas ramas largas... con eso enjardinábamos nuestros chícharos (unas flores), en unos zurcos grandes y los chícharos medían muy alto (unos 2 mts.), unos chícharos señor, que ud. se emborrachaba con la aroma... era fuente de vida de todo el pueblo... ahí también había personas que cortaban tunas, hasta llenaban su huacal de tunas, gente pobrecita, bueno todos pobres, ¿verdad? nomás que unos más, pero había señores que llevaban hasta sus escaleras y a cortar las tunas, y luego con las yerbas así a sacudirlas, la espina y todo y a llenar su huacal de tunas y a venderlas al mercado, aquí en Coyoacán se vendía, ...y el día viernes con sus popalitos compuestos allí en Coyoacán... bueno, de allí sacábamos las ramas, de allí sacábamos las estrellitas, de allí había personas, estoy ahora consciente, estoy concientizándome, que había familias que prácticamente vivían exclusivamente del pedregal, de eso me acuerdo muy bien, había personas que iban a traer su nopal pero diario, diario, y los limpiaban bien, y al otro día... a Coyoacán o era al mero Centro... el mercado de San Juan...

(También se traía) la leña, los mesotes, son las pencas de maguey, que ya se cortaban y había quienes iban a buscar los gusanos de maguey... cortaban las pencas y allí se orlaban ...había también leña seca que se bajaba para las señoras que hacían sus tortillas, pues con eso se calentaban, en su comal; y la viniega, la viniega le decimos a la caca de la vaca, pero ya estaba seca, pues también había personas que tenían sus vaquitas, las que estaban a la orilla del pedregal... y en este tiempo, con especialidad en este tiempo de aguas, las echaban para allá arriba y bajaban los animalitos bien llenitos... había personas que tenían hasta cincuenta, pero pos entonces estaba grande el pedregal.

En cuanto a la idea que tiene Don Miguel sobre el origen de la posesión de los pedregales por parte del pueblo de La Candelaria es más o menos difusa, pero con argumentos que nacen de la consulta de los archivos oficiales, fuentes que considera de validez e indiscutible legalidad, expone su punto de vista:

Porque según todo eso vinieron a habitarlo el pedregal unos frailes, que eran del Rancho de Montserrate y según papeles que se sacaron del Archivo de la Nación y que se sacaron de Coyoacán, de la Parroquia, eso lo donaron al pueblo de La Candelaria... son como 350 hectáreas, entonces es en eso en lo que estamos, y vamos a pelear y tenemos que ganarles porque sí...

Don Manuel, luego de hablar del origen de la posesión de los pedregales, platica de eventos más recientes que llevaron a quedarse sin este territorio.

Porque según cuentan, la historia dice que el último virrey que estuvo en México donó los pedregales a cada pueblo, pos a San Francisco le donó pedregal, al Niño Jesús le donó pedregal, a Los Reyes le donó su pedregal, a La Candelaria su pedregal, a San Pablo su pedregal, a Sta. Ursula su pedregal, para todos los habitantes; a Copilco no, pues era pedregal, ya después se fundó y se nombró Copilco. Entonces así quedó en un documento que a través de los años algunos lo conservaron, otros los perdieron, quienes no hicieron caso de eso. Entonces yo era muy chavo cuando me dijeron, Oye, que están censando, que van a dar el pedregal, y que cómo te llamas, que fulanito de tal, y así, pasaron los años. Ya después, que ya van a dar el pedregal, que Melesio Hernández es el representante y que él va a repartir el pedregal, que fue y que vino, no, fue una lucha eso del pedregal, señor, olvídese, hubo muertos como no se imagina usted, por la lucha del pedregal, desde cuando se inició la lucha que iban a damos el pedregal hasta los 26 años que se realizó en realidad, ya los títulos tienen como 11 años que nos los dieron, por el 75, 76. Después ya nos dieron nuestros títulos preparatorios, pero enseguida vino la expropiación... ya nomás nos sujetamos a nuestras escrituras, todavía con López Portillo, de 500 metros cada una, que están ahí en Santo Domingo. Y toda la mayor parte fue expropiada, y fue cuando vino el paracaidismo, gente que entraba día y noche... nosotros no podíamos atorar a nadie, era gente de todos los estados del país, de Guerrero, de Michoacán, de Querétaro, de todos los rumbos vino la gente, ¿se imagina usted? creo que son como mil nueve hectáreas, no sé cuantas, pero era el pedregal más grande que tenía Los Reyes, desde entonces entraron manos muy poderosas allí... y hubo una lucha, pero gigante, y hasta que al final del tiempo, tantos años para venir a dejamos 500 metros a cada comunero, y sí, ya nos dieron nuestras escrituras cuando Portillo, con nuestros títulos ya registrados en el Registro Público de la Propiedad, y todo.

Cuenta Don Miguel que otros artesanos aprovechaban los recursos que les ofrecía esa vasta extensión de pedregales a su manera:

Yo mi casa esa que tiré... estaba techada con el zacate de amalil... se tejían bien las casas, mire ud., duraban cuarenta años, deveras... y eran casas muy calientitas. Entonces se bajaba el zacate de amalil y había vecinos que se dedicaban a hacer coronas, para los panteones; entonces de allí bajaban todos su material, la basura, las varas, entonces con pura vara, todavía las manejamos... y el zacate, lo que se dice todavía
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