La Historia Atlántica y las nuevas tecnologías




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El Atlántico: ¿nosotros y lo otro?

"If a lion could talk, we could not understand him."

Wittgenstein, Philosophical Investigations, II, xi

La interdisciplinariedad es intrínseca al estudio de los fenómenos atlánticos. Si desde hace décadas la historia de la expansión se vinculó a la explotación medioambiental y a la historia de la ciencia (con notables contribuciones en el tema habitual ya de Ciencia e Imperio), la historia atlántica no ha hecho sino reforzarlo, contemplando la alteración biológica producto de la expansión no ya sólo desde una perspectiva meramente política y económica, o meramente biológica, sino combinando ambos aspectos para dar lugar a respuestas sorprendentes a antiguas preguntas para las cuales la historia institucional no tenía respuesta. El debate sobre el estado moderno, o sobre el significado de la casa y el linaje pueden sufrir una profunda revisión gracias al estudio del intercambio de animales en el atlántico, al análisis de sus categorizaciones o de sus representaciones15; la historia de la ciencia se ve alterada si se tienen en cuenta las contribuciones esenciales de los esclavos africanos al conocimiento médico y su trasiego transatlántico de plantas y la historia del género mediante el estudio de la configuración de categorías para clasificar las nuevas especies encontradas.16

Precisamente el género y los estudios medioambientales son ámbitos que actualmente no pueden ser relegados por la historiografía, sin embargo no existen sub-disciplinas adecuadas que permitan el análisis de estos fenómenos, que en ocasiones son interculturales (como el del género), o específicos de un ámbito geográfico físico (como el atlántico). De hecho una combinación de ambos objetos de estudio ha contribuido enormemente a la comprensión de la historia eliminando prejuicios que afectan a la propia construcción de la disciplina (de hecho, de todas las ciencias sociales).17 Es comprensible entonces que actualmente la segunda revista de impacto mundial de historia, según el Journal of Citation Reports más reciente (2009), sea Environmental History.

4. El Atlántico y las nuevas tecnologías.

« Siendo determinación del cielo que se descubriesen las naciones de Indias, que tanto tiempo estuvieron encubiertas, habiéndose de frecuentar esta carrera, para que tantas almas viniesen en conocimiento de Jesucristo, y alcanzasen su eterna salud, proveyóse también del cielo de guía segura para los que andan este camino, y fue la guía el aguja de marear, y la virtud de la piedra imán »

José de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, 1590, I, XVII

Las nuevas tecnologías han generado también saberes menos tradicionales y han modificado la metodología de trabajo en historia.18 Las disciplinas en creación se han beneficiado especialmente de ellas, como la historia atlántica. El empleo de bases de datos, por ejemplo, no es que haya facilitado la investigación, sino que la ha alterado sustancialmente, y ha obligado a los historiadores a aprender nuevas formas de enfrentarse a documentos históricos y a plantear nuevos modos de enfocar la investigación. Los resultados también cambian. Igual que el trabajo de archivo requiere conocer la clasificación archivística y la del propio orden de un archivo, algo que varía con el tiempo, el empleo de bases de datos altera la forma en que entendemos el pasado, sobre todo cuando éstas permiten realizar búsquedas conceptuales o cruzar datos.19 Ejemplos de este tipo de bases de datos son: Early English Books Online, Electronic Enlightenment, o Eighteenth Century Collections Online, aunque dichas bases de datos son privadas, contienen textos en inglés o publicados en el Imperio Británico, y, lo que es peor, pocas instituciones españolas tienen acceso a ellas (y las que lo tienen, como la Universidad de Sevilla, emplean la base de datos restringida, que no permite encontrar las búsquedas dentro del propio texto, tan sólo bajarse el documento en formato pdf). En otros idiomas (incluyendo el español) se pueden encontrar bases de datos mucho más limitadas en cuanto a la cantidad de textos que contienen o al tipo de búsquedas que se pueden realizar; aún así son muy útiles. Por ejemplo: Intratext,20 o el Corpus Diacrónico del Español (CORDE).21

Las redes sociales también están cambiando la forma de hacer historia, pues permiten una mayor interacción entre diversas disciplinas y un contacto inmediato y a nivel casi global. En este sentido existen redes en España que han contribuido a conocer mejor la realidad atlántica ibérica; y otras que realizan la misma labor desde una perspectiva estadounidense (entre ambos saberes y academias, como referíamos antes, existe una gran incomunicación aún).22 Pero lo verdaderamente notable es el desarrollo de redes académicas específicamente de historia atlántica, como la impresionante H-Atlantic, en la que se proporciona desde foros de discusión, noticias sobre las conferencias internacionales y bibliografía actualizada, hasta programas docentes para la universidad.23

Como advertíamos previamente la historia Atlántica no consiste en la creación de un objeto de estudio arbitrario (que podría ser interesante de por sí), sino el análisis de un fenómeno material de mezcla de culturas y experiencias, amplio pero finito. Pero el Atlántico, además de ser un acontecimiento histórico en sí, porque la investigación en este ámbito es reciente y afecta a otros campos de estudio bien consolidados (como la propia historia europea, la historia diplomática o internacional, la historia del derecho y la de las instituciones, etc.), permite una historia que repiense la disciplina con nuevas categorías. La historia atlántica tiene un enorme potencial historiográfico, coadyuvando a solucionar viejas cuestiones desde un ángulo diverso al habitual, abriéndose a nuevas fuentes documentales y planteándose nuevos modos de narrar historia, pues la propia materia a explicar es notablemente diversa de la tradicional.

Así pues la historia atlántica casi fuerza a la interdisciplinariedad y al empleo de cronologías poco tradicionales, lo que recibe un impulso mediante la incorporación de las nuevas tecnologías, puesto que éstas también han cambiado el modo de enseñar, requiriendo una formación añadida al profesor de historia que debe aprender a enseñar (y enseñar a aprender) cómo emplear e interpretar documentos históricos, más que bibliografía, que de forma creciente se pueden encontrar en la web,24 y cómo emplear la información que se encuentra en la web de forma crítica, especialmente recursos tan empleados como Wikipedia.25

¿Qué consecuencias científicas se derivan entonces de la docencia y la difusión de dicha disciplina?

5. La docencia y la difusión de la historia atlántica y la innovación historiográfica.

The duality of school and guild is inseparable from the duality of teaching and research, wich is the essence of academic freedom”

J.G.A. Pocock´s Valedictory Lecture Presented at John Hopkins University, 1994, The Archangul Foundation, 2006
Como indica Carlos Barros, existe una tradición pedagógica que ha enfatizado la relevancia de la docencia como proceso de auto-aprendizaje en que el alumno juegue un papel esencialmente activo. Esa tradición se puede trazar desde La New School de John Dewey (proponiendo una educación que atendiese al interés del propio alumno), pasando por la pedagogía de la liberación de Paulo Freire (que buscaba un educando activo) y la psicopedagogía cognitiva de Jean Piaget (que insistía en el papel activo del alumno, promoviendo el aprendizaje mediante obras de referencia especializadas y no mediante manuales) hasta la teoría constructivista del aprendizaje de Jerome Bruner (enfatizando la importancia del diálogo activo profesor-alumnos combinando competencias y conocimiento). Hoy en día es preciso “un nuevo consenso didáctico-historiográfico que genere ideas nuevas para problemas nuevos y reformule nuestras mejores tradiciones, vertebrando lo más interesante y novedoso en historia, didáctica, pedagogía y organización escolar (empleo selectivo del tiempo), sin olvidar la dignificación del oficio de profesor de historia, en todos los estadios”.26
Del aprendizaje histórico por competencias puede aprovecharse particularmente el trabajo a partir de fuentes documentales, que, a su vez, resulta fundamental para formar al historiador para su vida laboral, tanto como docente-investigador como en trabajos como documentalista o asesor. Lo mismo sucede son el auto-aprendizaje guiado del estudiante, que fomenta su capacidad de crítica y capacidad de reflexión, y que, aplicado tanto al análisis de fuentes documentales como al de la bibliografía, resulta crucial para ayudar al futuro historiador a aplicar sus conocimientos a su profesión, ampliando de hecho su campo profesional. Ambas cosas, el trabajo con fuentes y el auto-aprendizaje guiado del estudiante, resultan particularmente importante en la enseñanza superior universitaria, como se ha argumentado repetidamente, por la alianza necesaria entre “la historia enseñada con la historia investigada”27. Dichos planteamientos implican que la docencia en la universidad precisa incorporar las últimas innovaciones científicas y metodológicas, y que exista permeabilidad entre otros niveles docentes y el universitario, de modo que la investigación llegue a un mayor número de personas. Sin embargo, lo que se ha tenido menos en cuenta es que este tipo de docencia, sobre todo aplicada a disciplinas fronterizas o a materias pluridisciplinares como la historia atlántica, afecta a la investigación y a la metodología histórica, es decir, a la propia reflexión de la historia sobre la historia.

La historia atlántica hasta ahora ha venido proporcionando ingentes materiales para la innovación pedagógica, que además se ve fomentada tanto por la complejidad de la materia, como por la novedad de la misma.28 La docencia de una asignatura de historia desde la perspectiva atlántica implica enseñar a cuestionar al alumnado parte de los paradigmas culturales asumidos. Dicho enfoque requiere una interacción constante entre profesor y alumnos y entre los propios alumnos, lo que de forma inevitable acaba produciendo el efecto de repensar la propia historia desde nuevas perspectivas. Es decir, la interacción y la dinámica de cuestionamiento de los paradigmas de partida, genera una dinámica de investigación que acaba produciendo resultados relevantes para la historia, tanto en relación con la innovación científica, como con un replanteamiento metodológico de la propia disciplina. Las audiencias activas producen discursos novedosos, algunos de los cuales son relevantes para el avance científico, más aún si éstas deliberan de forma colaborativa. Esta no es sólo una de las conclusiones de este trabajo colectivo, sino también de algunos de los trabajos específicos que contiene este volumen. En contra de lo que se suele argumentar y como demuestra este experimento docente, la evaluación crítica es posible por parte de no-expertos en una materia cuando se les proporcionan tanto las herramientas que les capacitan para llevar a cabo la crítica, como la información esencial para poder realizarla y aquella que les permite encontrar nueva información.

Esta perspectiva, además, resulta interesante para comprender lo esencial tanto para la llamada difusión de la ciencia, como para la transferencia de los resultados de la investigación. Estableciendo mecanismos para generar audiencias activas, la transferencia no sólo se produciría desde el mundo académico hacia la sociedad, sino que la propia sociedad proporcionaría una retroalimentación valiosísima a la comunidad científica, transfiriendo su visión crítica, nuevas soluciones y nuevos puntos de vista a la hora de llevar a cabo nuevas investigaciones, logrando que éstas sean de mayor relevancia social y cultural.29

Este volumen de ensayos es un ejercicio innovador tanto de pedagogía como de historia atlántica. Pedagógicamente, porque el proceso de elaboración de este conjunto de trabajos aunados en dos secciones, es el producto de dos años de trabajo en el aula y fuera de ella, aplicando precisamente las herramientas didácticas antes referidas. De investigación historiográfica, y en historia atlántica, porque como consecuencia de dicho proceso se han replanteado nuevos modos de reescribir la historia y se aportan novedades científicas en relación con la materia específica.

El resultado que se presenta ahora partió de una propuesta de evaluación final de una asignatura de Grado en el primer año de su implantación del plan de Bolonia en la Universidad Autónoma de Madrid: La historia de la expansión europea. Se incluyó en el programa como ejercicio final la elaboración de un libro de historia atlántica, para el que se les proporcionaba un índice, con secciones y capítulos bastante genéricos a modo orientativo. Los alumnos debían redactar un ensayo individual de diez páginas, incluyendo bibliografía (el mínimo consistía en dos libros, tres artículos y una fuente documental) y notas a pie. Tras la elección por parte del alumno del tema general de entre las materias sugeridas en el índice, y la lectura de bibliografía general sobre dicho tema, cada alumno escogió un tema más concreto, basándose en el estudio de al menos una fuente documental. Además buscó bibliografía específica sobre él, con el fin de aportar una nueva perspectiva sobre la materia, aprendiendo a criticar la bibliografía y a interpretar las fuentes primarias. Los capítulos propuestos eran generales y flexibles; cada alumno tuvo que elegir un caso-estudio específico que se acomodase a la temática de los capítulos propuestos, o bien justificar su desvío de la misma. La profesora ayudó a los alumnos a encontrar la bibliografía y fuentes adecuadas para la elaboración de sus trabajos, enseñándoles a su vez a manejar las bases de datos de la biblioteca y los recursos existentes en la WEB para que pudieran realizar ellos mismos las búsquedas.

Se les presentó una normativa de capítulos (con extensión límite y normas de citación de la revista Hispania) y un criterio de calidad, informándose que se evaluaba fundamentalmente la reflexión sobre el asunto tratado a la luz de la bibliografía y fuentes empleadas, y la claridad expositiva. También se les proporcionó una estructura ideal de artículo científico: Una introducción, presentando el argumento del trabajo, en la que debía constar la novedad de la aportación personal en relación con la temática que se trataba; un resumen de la estructura del trabajo y conclusión a la que se llegaría; el desarrollo del trabajo, presentándose una idea fundamental por párrafo, e hilando los párrafos entre sí siguiendo una lógica narrativa; unas conclusiones, recapitulando lo argumentado.

Existía una parte del trabajo a elaborar en grupo, consistente en la escritura de un epígrafe de 250 palabras para un conjunto de capítulos sobre una misma temática (agrupados en las secciones), y de una página y media para reunir los capítulos que, además de cubrir una misma temática, tuviesen en común un tema más amplio que los abarcase (dividiéndose así por apartados temáticos). La profesora fue guiando la elaboración tanto de los trabajos individuales como de los de grupo.

El proceso se repitió durante dos cursos académicos, siendo algunos de los resultados tan notables y a la vez sorprendentes, que se planteó su publicación. Aunar dichos trabajos, sin embargo, requería un nuevo proceso de escritura, puesto que era preciso por una parte seguir trabajando sobre los capítulos para que alcanzasen la excelencia que requiere una publicación científica, y por otra reescribir nuevas secciones que cohesionasen los trabajos seleccionados para su publicación. Para llevar a cabo este proceso, se creó una lista de distribución de correos y en dos ocasiones se reunió el grupo completo, en primer lugar para exponer un resumen de los trabajos de cada uno, y en un segundo momento para discutir sobre las conclusiones a las que se podían llegar en función de los resultados, y, por tanto, del criterio más adecuado para subdividir el índice de capítulos. En ese momento la profesora creó una wiki de acceso restringido en exclusiva para los escritores, en donde poder ordenar el libro, añadir materiales, debatir y escribir conjuntamente.30

De entre algunas de las utilidades de estas herramientas informáticas, se encuentra la posibilidad de coescritura. Su adecuación pedagógica para el aprendizaje de la escritura ha sido evaluada muy positivamente pues favorece “la expresión escrita como proceso cognitivo de producción”. Desde la década de 1980 se entiende la escritura como proceso que debe ser aprendido y que se ve favorecido justamente por este tipo de dinámicas.31
El resultado de este nuevo proceso ha sido un nuevo índice y un nuevo planteamiento. Trabajando a partir de documentos y criticando la bibliografía sobre la materia, se llegó a la conclusión de que la frontera entre documento histórico y bibliografía es difusa, y nos adentramos en el análisis historiográfico mientras, a la vez, escribíamos historia. Para escribir buena historia atlántica examinamos tanto documentos modernos como contemporáneos. En todos los casos existe una reflexión historiográfica sobre cómo se estudia, se difunde y se escribe la historia y en muchos casos se adentran en disciplinas que antes se consideraban ajenas a la misma.

Pero la mayor novedad de este volumen reside en que tanto el libro en conjunto como los capítulos individuales se replantean el papel que las diversas audiencias de la historia, los receptores de la misma, considerando que tienen y deben tener un papel activo en la construcción de la disciplina, modificándola y repensándola. El estudio de la recepción de la historia y la consideración de nuevas formas de hacer historia parten de propuestas de nuevas generaciones, de la incorporación de otras culturas a su elaboración, de la elección de objetos de estudio diversos a los tradicionales. Nuevas audiencias activas pueden regeneran el arte. Y así determinamos elaborar un índice siguiendo un doble criterio: cronológico (puesto que se trata de historia); y de su recepción (atendiendo precisamente a las audiencias de dichas historias). Dividimos el volumen en dos secciones, cuyos títulos han partido de los estudiantes y se han aceptado por consenso. Por una parte abordamos una historia que navega hacia el atlántico (Historia in Atlanticum 1.0 ), infundiéndose de dicha perspectiva para ganar capacidad crítica e interdisciplinariedad, repensando su ámbito de estudio mientras lo elabora. Por otra escribimos una historia del atlántico (Atlantici historiae 2.0 ), en el que el sujeto y el objeto del estudio histórico comparten protagonismo narrativo, y que se replantea la propia disciplina al examinar y tener en cuenta fuentes no tradicionales y audiencias no específicamente académicas. La remisión al lenguaje de las aplicaciones World Wide Web (1.0 y 2.0, respectivamente) posterior a 2004 hace referencia tanto a la historia en relación con las nuevas tecnologías y el mundo globalizado, como al modo en que se concibe la historia: bien como un arte elaborado por los historiadores para una audiencia sólo activa si es especializada (1.0); bien como un proceso de retroalimentación entre historiadores y la sociedad, en intercambio y contacto con otras disciplinas, con una dinámica proactiva (2.0). La combinación del latín con el lenguaje de programación informática nos resultó atractiva para referirnos a la combinación de la remisión al pasado (valioso tanto como ámbito de estudio como de reflexión historiográfica), y la perspectiva de presente-futuro (en donde tanto la sociedad como las nuevas tecnologías juegan un papel crucial).
Así pues, en la primera sección (Historia in Atlanticum 1.0 ) hemos tenido en cuenta la audiencia más específicamente académica, ubicando en ella trabajos de historia atlántica centrados en nuevos análisis de determinados documentos históricos para descubrir facetas antes no reveladas sobre viejas cuestiones. Sin embargo bien porque en ellos se produce también una reflexión historiográfica acerca de dicho objeto de estudio, bien porque la documentación elegida incluye también materiales contemporáneos, bien porque las fuentes empleadas han sido relegadas por la historiografía tradicional, estos trabajos se acaban planteando tanto el modo de narrar la historia como las fronteras entre la historia y otras disciplinas, trascendiendo incluso la labor tradicional historiográfica que plantea los usos políticos de la historia. De ahí el título, la historia hacia el atlántico:
En la segunda sección (Atlantici historiae 2.0 ) hemos atendido a la audiencia de la historia en y para ámbitos no académicos, a la difusión de la misma, o a la relación entre la docencia y la investigación histórica. En este apartado se agrupan los trabajos que han estudiado la historia atlántica teniendo en cuenta audiencias y modos de hacer historia no específicamente académicas y se cuestionan si es posible y cómo realizar críticas académicas y obtener información científica a partir de ellas. Como en el caso anterior, estos trabajos no sólo han reflexionado a su vez sobre los usos políticos y manipulaciones de la historia, sino que además han concluido con críticas y propuestas que modifican la disciplina desde una perspectiva pedagógica, de su difusión y del papel del historiador en este ámbito. Todos los participantes en este volumen esperamos que el lector disfrute y aprenda de su contenido tanto como nosotros escribiéndolo.

Eva Botella Ordinas

Julio de 2011

Historia in Atlantico 1.0

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