La Historia Atlántica y las nuevas tecnologías




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Introducción.



El bagaje cultural de cada sociedad viene profundamente marcado por la construcción de unos mitos históricos, sustentados en hechos escogidos para ello, reinterpretados a la luz de una narración elaborada muchas veces por los propios coetáneos, las más, analizados con carácter retrospectivo. Esta construcción histórico-social, como es presumible, no es homogénea siempre, y varía dependiendo de los grupos sociales, en función de la heterogeneidad y desequilibrios de dicha sociedad. La Historia es producto de su propio tiempo, el historiador está influido por su contexto socio-cultural y político. El franquismo, como ha demostrado Carolyn Boyd, se apoyó en una interpretación sui generis de la España de los Reyes Católicos para legitimar la dictadura, y aunque ni la lectura del pasado se acomodaba a la documentación sobre el periodo, ni a la realidad a la que se trataba de adaptar (como es el hecho de que no existiese un “Estado” y menos “centralizado” en el siglo XVI), resultó eficaz a la hora de generar una imagen social del siglo XVI que aún hoy resulta dificilísimo desterrar.

Dos conclusiones inmediatas podemos extraer de estas reflexiones. La primera, que existe aún una gran brecha entre la investigación y la sociedad, probablemente porque la difusión la realizan no especialistas, que desgraciadamente cuentan con los medios económicos y mediáticos suficientes para transmitir y difundir ampliamente su mensaje sobre el pasado que siempre tiene incidencia en el presente, y para hacerlo sin repercusiones profesionales; un claro ejemplo sería la obra de César Vidal. La segunda conclusión, en parte relacionada con la anterior, es que el historiador no es un ángel, y que la distancia del periodo que analiza no le garantiza que su análisis sea “objetivo”, ni que esté exento de prejuicios “presentistas”. Como afirmó Oakeshott, toda la historia es política, incluso cuando se afirma que no lo es o que se pretende la objetividad; en este último caso el historiador estaría adoptando una postura política conservadora.

De estas conclusiones podríamos inferir que el historiador académico se encontraría entonces en una situación de incapacidad para defender su profesión y su mayor capacidad para juzgar el pasado frente al historiador tertuliano o al periodista. Sin embargo, existe un oficio a ser aprendido que hace su trabajo legítimo, y unos modos que garantizan la fiabilidad de su lectura del pasado frente a otras lecturas no académicas. La forma de citar y presentar pruebas y el propio procedimiento de revisión por pares son garantías de calidad científica reconocidas internacionalmente; esos modos pueden marcar la diferencia cualitativa entre, por ejemplo, el Diccionario biográfico de Oxford y el de la Real Academia de la Historia.

Con todo, en estos trabajos que se siguen defendemos la difusión de la historia de máxima calidad académica a cargo de historiadores expertos, pero que consista en una difusión activa, en la que la sociedad juegue un papel dinámico. El historiador sería un árbitro, en este caso: antes moderador y educador que transmisor de una gran narración. El historiador comunicaría a la sociedad las reglas del oficio y los criterios de calidad de un trabajo, para que la propia sociedad fuera consciente de los usos presentes de la historia, y para que la propia historia recogiese las inquietudes de una sociedad heterogénea y dinámica.

El denominado New Historicism en los años 70, con su nuevo enfoque del análisis y comprensión de las fuentes en relación al contexto del que son fruto, apuntaba a una cuestión fundamental que también se ha planteado la Historia Atlántica: “arrojar luz” sobre zonas de sombra del pasado a los que la historia convencional no ha iluminado. La clave reside en atender a lo marginal en esa narración, lo que ha quedado olvidado, y transformar la narración sesgada. El New Historicism empleó como base la literatura, la cual no era solo vista como una obra de arte, sino como potencial documento histórico, fruto de un contexto con sus propios códigos intelectuales y sociales, incidiendo en la existencia de una Historia Cultural. Capítulos como “La Inglaterra flotante de Patrick O’ Brian” son reveladores en este sentido pues nos muestra cómo la construcción literaria puede ser preciosa como documento histórico, y, más allá de ese análisis, nos permite plantearnos la tenue frontera entre historia y literatura; en ese sentido el capítulo sobre Libertalia se plantea el carácter histórico de esta colonia pirata, a menudo considerada una ficción literaria; también vinculado a este planteamiento se halla el capítulo sobre Francis Drake, en donde se revela que la historiografía ha atendido al personaje para construir un mito nacional, ocultando su polivalencia y complejidad.

Otras formas de incluir lo marginado es estudiar fenómenos tratándolos desde una nueva perspectiva (como el capítulo dedicado a la guerra de Arauco como acontecimiento central de la historia Europea, no sólo americana), o teniendo en cuenta un acontecimiento histórico relativo a dos sociedades para explicarlo desde una perspectiva no occidental (como es el caso del capítulo dedicado a la historia Azteca de la conquista hispana).


En definitiva, esta aproximación al pasado es la esencia de la disciplina atlántica, que tiene presente que todo actor histórico está movido por motivaciones y emplea legitimaciones para llevar a cabo sus objetivos; que tiene en cuenta un contexto social y cultural amplio, cambiante, heterogéneo; que emplea fuentes de diverso tipo y soporte; que debe recurrir a otras disciplinas para interpretar sus fuentes; que escoge acontecimientos tradicionales y no tradicionales, relativos tanto a la microhistoria como a la historia institucional o política, y los combina, con el objetivo de deconstruir precisamente los mitos a los que nos hacíamos referencia al principio. El objetivo de estos trabajos es iluminar la cara oculta de la historia, que por diversos motivos, políticos, ideológicos o culturales, han sido nublados, dejando a un lado el estudio de los actores que no encajaban en la gran narración de la que se ocupa la historiografía tradicional.

  1. Francis Drake, ¿Pirata, o héroe?

José Miguel Hernández Sousa

Piracy and privateering are widely debated in historical circles. The lives of pirates and corsairs have always been shown partially, underlining those parts that support the speaker’s discourse. In this work we will try to approach one of these controversial and incomplete characters in order to emphasize their multiform nature and the difficult task of classifying them. This figure will be sir Francis Drake, one of the most praised and controversial characters. We will study some features of his life as an example of other lives of this historical period. His story and his travels were, and still are being, used to support ideas and politics, and that could lead us to think about the appropriation of historical events in order to justify present events.

La piratería y el corsarismo suelen ocupar un lugar controvertido dentro de la historia. La vida de sus integrantes siempre se nos ha presentado parcialmente, destacando aquella parte del personaje que a cada cual le interesa para justificar su discurso. En este trabajo vamos a tratar de aproximarnos a una de estas figuras, discutidas e incompletas para destacar, el carácter multiforme que presentan, y que por tanto, son difícilmente encuadrables en cualquier categoría. Esta figura es sir Francis Drake, uno de los personajes más alabados por algunos y más controvertidos para otros, fijándonos en algunas de las características de su vida, que pueden servir de ejemplo para otras muchas figuras de este período histórico. Su historia y sus viajes fueron y continúan siendo usados de maneras muy distintas para justificar los diferentes discursos que han surgido, a lo largo de los siglos, buscando obtener un respaldo a sus ideales y políticas apoyándose en esos sucesos históricos, lo que nos puede llevar a plantearnos la apropiación de los sucesos históricos del pasado para justificar sucesos en el presente.”

Palabras clave: Drake, piratería, corsarismo, historiografía, Inglaterra, Monarquía Católica.

La piratería y el corsarismo suelen ocupar un lugar controvertido dentro de la Historia. La vida de sus integrantes siempre se nos ha presentado parcialmente, destacando la parte del personaje que a cada cual le interesa para justificar su discurso. Aquí vamos a tratar de acercarnos a una de estas figuras, discutidas e incompletas para destacar, el carácter multiforme que presentan, y mostrar por tanto, que son difícilmente encuadrables en cualquier categoría. Esta figura es sir Francis Drake, uno de los personajes más alabados por algunos y más controvertidos para otros, fijándonos en algunas características de su vida que pueden servir de ejemplo para otras muchas figuras de este período histórico. Veremos cómo su historia y sus viajes han sido empleados por cierta parte de los historiadores de manera interesada32, seleccionando determinadas facetas y olvidando intencionadamente otras.

A lo largo del siglo XVI la costa inglesa de Devon fue cuna de muchos grandes marinos ingleses que en su mayor parte se dedicaron a viajes con fines comerciales, pero también un cierto número de ellos, para los que esto no era suficiente, se aventuraron en el mundo de la piratería. Los más audaces, trataron de ligar sus expediciones a la política exterior inglesa. Después de la década de los 60 del s. XVI, los intereses de Inglaterra fuera de Europa aumentaron considerablemente. La reina Isabel I “once convinced of its importance and the glory and advantage which might be derived to her kingdom from its prosperous issue, was easily reconciled to the justice of what appeared so expedient. The plan accordingly at last received her decided though secret approbation”33. La monarquía inglesa retrasó su expansión atlántica debido a su más tardía consolidación interna, es decir, hasta que se consolidó la monarquía en la persona de Isabel y su alianza con la burguesía londinense. Los descubrimientos de largo alcance y establecimientos marítimos ingleses comenzaron a tomar forma a lo largo del siglo XVI. Durante años hubo varios intentos de reconocimiento y establecimiento en el continente americano. El más importante entre ellos, fue el planeado por Richard Greenville34, el principal objeto del viaje era descubrir el continente americano, abrir el comercio y establecer asentamientos35.

Los ingleses buscaban el obtener unos resultados comparables a los que obtenía España desde América y los de Portugal desde Asia. Los beneficios buscados eran los usuales, el incremento del comercio de materias primas, un mercado de manufacturas, aprovisionamiento de metales preciosos, y sobre todo colonización, y como John Oxeham dijo a sus captores españoles, Inglaterra tenía muchos habitantes y poca tierra. “In sum, the projectors were setting forth the complete programme of a colonial empire”36. La idea inicial de Drake no fue buscar el paso del norte, en el que estaban muy interesados en Inglaterra en 1577 tras el regreso de Martin Frobisher37, sino que el plan era alcanzar la latitud 30º S tras superar el Estrecho de Magallanes y desde allí retornar. También incluía el reconocimiento de las costas del cono sur; sin embargo Drake continuó hacia el norte al menos hasta la costa californiana en busca de un modo de retornar a Inglaterra, comprendiendo que el retorno por el Estrecho entrañaría serias dificultades.

Por tanto, esta zona de América, ya interesaba claramente a Inglaterra, zonas que consideraban “already subdued and inhabited by Spaniard or Portingal”, “Beside that not only traffic, but also possession, planting of people and habitation hath been already judged lawful for other nations in such places as the Spaniards have not already added to their possession”. John Oxenham, capturado por los españoles dijo que Greenville había tratado de convencerle varias veces para que se uniera a él en su expedición para establecer asentamientos “on the coast of North Sea, or in the Strait of Magellan, or on the coast of the South Sea”. 38 El interés de Inglaterra en América del Sur no fue algo pasajero. Incluía serias ambiciones que persistieron durante más de una década, desde los primeros setenta hasta los primeros ochenta. Estas ambiciones eran comerciales y coloniales además de predatorias, y eran comparables en importancia a las ambiciones en Norte América.

Fue tanto el éxito y la riqueza obtenida que inspiró el interés inglés en el Nuevo Mundo. En la década anterior, las regiones centrales de América habían sido el principal foco de atracción, pero el comercio inglés fue encontrándose con mayores dificultades en los sesenta. Perú fue entonces el punto de atención. El comercio directo con los habitantes de la zona, podría reportar enormes beneficios, sobre todo en plata. Y lugares cercanos como Chile podrían suministrar metales preciosos tan abundantes como Perú. El clima templado implicaba un potencial comercio nativo para las telas inglesas y animaba las ideas de establecimiento. Algunos pueblos de allí, sobre todo los Araucanos, eran enemigos de España y podrían recibir a los ingleses como aliados. Las costas españolas estaban indefensas, lo que podía significar una buena combinación entre comercio, establecimiento y asalto. Sobre todo, si uno quería dañar el poderío español, era aquí donde lo podía hacer con el mínimo riesgo y el máximo beneficio.

Drake permaneció más de nueve meses visitando las costas del sur por debajo de los 30º en cada uno de los lados del continente y ocho meses de ese período habían pasado antes de que tomara ninguna acción contra propiedades españolas. Es cierto que no tuvo éxito en encontrar lugares capaces para comerciar. La población se mostró más a menudo hostil que amigable, y lo que era peor, escasa y pobre, y no mostraban signo de tener nada interesante para comerciar.39 Cuando estos proyectos de colonizar se llevaban a la práctica, sus empresarios siempre solicitaban de la reina patentes para así dar legalidad a su trabajo. La reina concedía Royal letters o cartas patentes que representaron la legalización de las empresas y descubrimientos de los marinos a su servicio. Durante el s. XVI las ambiciones territoriales se quedaron en un segundo plano mientras que el comercio y la piratería fueron las principales.

Nadie se podía imaginar en 1540 que un joven granjero nacido en Devon se convirtiera en uno de los piratas40 más famosos de todos los tiempos. Francis Drake nació en la pequeña granja de su abuelo, en Crowndale, cerca de Tavistock, entre 1540 y 1545. Pocos años después de que Enrique VIII hubiera suprimido los monasterios como parte de su ruptura religiosa con Roma. Su padre Edmund Drake, años más tarde, obtendría un trabajo como “Reader in Prayers”, capellán en la marina inglesa y encontró un lugar donde vivir en un casco de un barco en el Medway, en la desembocadura del Támesis, entonces la base principal de los barco de la marina real. Por tanto, ya desde muy temprana edad, Francis ya estaba viviendo en un barco, y debido a las pocas posibilidades económicas de su padre, el joven Drake iniciaría su aprendizaje costeando el estuario del Támesis.41 Con veinte años se alistó como marinero en las naves de John Hawkins42 que zarpaba, en una expedición comercial, hacia la costa guineana. Francis Drake aprendió, en estas expediciones “comerciales”, el oficio en el que pasaría el resto de su vida, el mar, en todas sus posibilidades, marino, comerciante, navegante, pero también pirata y corsario, circunstancias que le llevarían a ser uno de los protegidos de la Reina Isabel de Inglaterra, la cual le concedió el título de Sir43 tras los éxitos tan rentables que había obtenido de su periplo alrededor del mundo.

El sistema “comercial” de estos hombres queda detallado en la empresa de John Hawkins en 1562, ya contando con la presencia de Francis Drake en su flota, sus relaciones personales se extendían a las Islas Canarias, allí, los comerciantes canarios Pedro Soler y Pedro de Ponte, le prestaron su ayuda para introducirse en el comercio de esclavos con dirección a América. Estos empresarios, se encargaban de suministrar las provisiones para el viaje, de los trámites necesarios con los comerciantes de las Indias, y de buscar pilotos que se ocuparan de la navegación transoceánica44, por su parte John Hawkins ponía las naves y el capital. De este modo al frente de una flotilla de varias naves45, llegaron a Tenerife, desde donde y gracias a los conocimientos náuticos del piloto, llegarían a las islas de Cabo Verde, donde llenó el barco de esclavos robados a comerciantes portugueses. Allí pusieron rumbo al Caribe, donde vendieron su cargamento.46 Este sistema de comercio, junto con los asaltos a las poblaciones del Caribe47, enriqueció a estos hombres y les hizo ganarse una reputación dispar, entre sus paisanos eran verdaderos héroes, mientras que para los asaltados eran verdaderos ladrones y asesinos.

Drake realizó numerosos viajes hacia los intereses hispanos en América con un resultado cuanto menos dispar. Su primera aventura, en 1569, ya al mando de uno de los barcos, el Judith, en una flota comandada por su mentor John Hawkins; en la que fueron sorprendidos y atacados por una flota española en San Juan de Ulúa, y solo Hawkins en su nave capitana y Drake en el Judith escaparon, dejando atrás hombres, barcos y tesoros.

En 1570, Drake comenzó a realizar viajes por su propia cuenta; en 1570-71, fue un viaje de reconocimiento y en 1572-73 un viaje durante el cual capturó una reata de mulas que transportaban la plata española. Tras este viaje retornó a Plymouth con suficiente dinero como para convertirse en un importante propietario en la ciudad. De este modo Drake, con tan solo treinta años, se convirtió en una importante figura de la localidad. Sin embargo, tras su retorno del Caribe en 1573, no fue políticamente bien recibido, puesto que en esos momentos ambas coronas (España e Inglaterra) mantenían unas relaciones aceptables, y aunque fue recibido como un héroe, no tardó en verse envuelto en el asalto a Irlanda en 1575, llevado a cabo por el Conde de Essex, como medida tomada para alejarle de Londres.

Los grandes éxitos económicos obtenidos en sus expediciones en el Caribe y su participación en dicha campaña a Irlanda, hicieron que la Reina Isabel le pidiera llevar a cabo una expedición en la costa americana del Pacífico Sur48, para ello debería atravesar el estrecho de Magallanes e ir explorando detenidamente dicha costa49, evitando en lo posible, los asentamientos españoles. Su viaje fue organizado y financiado privadamente, “its backers included a number of prominent men: Secretary Walsingham, a leading proponent of a forward policy in the New World; the Earl of Leicester, high in the Queen´s favor; sir Christopher Hatton, captain of the Queen´s guard; and the Hawkins brothers, Drake´s kinsmen and former employers, shipping magnates who both had a grievance against Spain”.50 Una empresa de este tipo requirió al menos la tácita aprobación de la reina. Pero, en este sentido, no permitió que ningún navío real fuera usado, sin embargo ella misma invirtió dinero en la empresa.51 Aunque esta participación no se hizo pública, tendría un apoyo semioficial. Drake dice en varios momentos del viaje que tiene una carta escrita de la Reina, posibilitando el viaje, pero si tal documento existió, él nunca lo mostró a ninguno de sus compañeros.52

Los gastos del viaje, al igual que los beneficios para los inversores, debían provenir de la capacidad “comercial” de estos hombres. A pesar de partir con esta idea de carácter “comercial” y explorador, finalmente, éste se convertiría en el primer viaje de circunnavegación del mundo que protagonizara un comandante inglés, con una tripulación mayoritariamente inglesa,53 hazaña que realizó medio siglo después de la llevada a cabo por Magallanes y Elcano. Tras partir de Inglaterra, a finales de 1577, la flota de Drake puso rumbo al sur, a la costa marroquí, lugar donde otras veces se habían aprovisionado de mercancías, que eran robadas a los barcos que encontraba a su paso, principalmente portugueses, tras lo cual pusieron rumbo a las Islas de Cabo Verde, donde, tras un nuevo asalto, capturaron al piloto portugués Nuño de Silva, que conocedor de las rutas que atravesaban el Atlántico, les conduciría a las costas brasileñas, desde donde continuarían rumbo sur, hasta adentrase en la desembocadura del Río de la Plata.54

El 20 de Agosto de 1578, Drake y lo que restaba de su flota55, se adentraron en el entonces denominado “Channel of All Saints”56, donde tras varios días de navegación, avista tres pequeñas islas, en las cuales desembarca, se aprovisiona de alimento57, y toma posesión de ellas, denominándolas Isabel, Bartolomé y Jorge.58 El 7 de octubre, los dos barcos que restaban de la flotilla, el Pelican con Drake al frente y la Elisabeth con John Wynter lograron atravesar el estrecho, pero debido a una gran tormenta ambas embarcaciones se ven obligadas a separarse. En el paso del estrecho había muerto la mitad de la tripulación. John Wynter con su tripulación, una vez fuera del estrecho permaneció esperando durante tres semanas el retorno de Drake, tras las cuales “deciden” regresar a Inglaterra. A su llegada, Wynter fue acusado de abandonar al capitán y encarcelado.59 Las informaciones de Wynter acerca del viaje, hicieron que el gobierno inglés comenzara a difundir la historia de que su regreso desde el Mar del Sur lo había realizado sin necesidad de atravesar el estrecho.60 Mientras tanto, tras la separación de Wynter, la nave de Drake fue llevada más hacia el Sur, hasta que finalmente la tormenta que les arrastraba les permitió tomar tierra en una pequeña isla, desde donde finalmente pusieron rumbo norte.61 Tras superar el estrecho, continúo navegando hacia el norte, la tripulación de Drake, armó una pinaza que habían hecho a medida en Inglaterra62, la cual montaron y artillaron, buscando los asentamientos españoles a lo largo de la costa que virtualmente estaban indefensos, ya que hasta ese momento su alejamiento había sido suficiente defensa.

En toda la costa del Pacífico hispano, no había más de once plazas hispanas y la población de cada una de ellas era bastante escasa, y era poca la resistencia que podían oponer ante cualquier tipo de incursión.63 Sin embargo, los principales perjudicados, fueron los tripulantes de las pequeñas naves indefensas que iban encontrando en su camino. Uno de los apresamientos más interesantes fue el del barco en el que viajaba el contramaestre y piloto Juan Griego64, capturado con sus derroteros, donde constaban los puertos e instrucciones para la navegación por toda la costa del Pacífico.65 Griego, en un momento dado, se convertiría en el sustituto de Nuño de Silva, ya que este no conocía aquellos mares. Drake recorrió, de este modo, la costa de Chile, primero atacó Valparaíso, luego Arica y Callao ya en Perú. Allí se obtiene la importante información de que un barco cargado de plata66 había salido para Panamá, emprende su persecución, lo alcanza y lo apresa con su enorme botín67, formado una parte por dinero del Tesoro Real y otra parte correspondiente a particulares; asalto que constituiría el mayor éxito de la expedición.

Más al Norte, en las costas de Panamá, capturaron otra nave donde apresaron al piloto castellano Sánchez Colchero68 que conocía la ruta a las Molucas, una de las posibilidades de retorno, ruta que comenzaba en Acapulco. Otra de las posibilidades de retorno que tenía Drake69 era a través del Estrecho de los Bacallaos o de Anián.70 Desconocemos exactamente la ruta que siguió desde Guatulco, en México, a las islas Molucas, según el relato de Drake y el de Hakluyt.

Para mucha gente, Drake habría llegado hasta la altura de California, donde estableció la “Nueva Albión”71, desde donde finalmente habría puesto rumbo a las Molucas. Allí, su primera parada sería en las islas Palau, las cuales rebautizarían como Islas de los Ladrones72. Posteriormente llegaron a Ternate73, donde hizo acopio de especias, entre ellas clavo, jenjibre y pimienta. Tras un viaje de casi tres años, Drake y su tripulación arribaron al puerto de Plymouth a finales de septiembre de 158074.

Uno de los puntos más destacados del viaje de Drake fue la baja tasa de enfermedad sufrida, casi toda la tripulación del Golden Hind´s retornó sana a Inglaterra. Esto era algo muy raro en esos días, lo que refleja la atención puesta por Drake a los detalles de alimentación e higiene dentro de los barcos. Por contraste, en la flota de Magallanes sólo dieciocho hombres sobrevivieron al viaje. En su retorno trajo consigo un importante repertorio gráfico del viaje, un hecho que llegaría a ser ampliamente conocido. Algunos le atribuyen dos importantes descubrimientos geográficos, el primero en la parte más al sur del continente americano, y el segundo en su parte noroeste. En el sur mostró que Tierra del Fuego es un archipiélago y no parte de lo que se pensaba como Terra Australis75, empujando el continente hacia el sur, revelando el mar abierto y un nuevo paso hacia el Pacífico, hasta entonces el único paso conocido era el Estrecho de Magallanes, y el segundo la “Nueva Albión”.76

El sentimiento de Drake a su llegada a Inglaterra, fue de cautela, desde Plymouth envió un correo para informar a la Reina de su presencia y las circunstancias del viaje. Después de que el enorme botín estuviera a buen recaudo, los inversores en la expedición recibieron con los brazos abiertos a Drake. Francis se vio aclamado como héroe, así, el enorme botín, los asaltos a las posesiones hispanas en América y también la historia de la navegación por debajo de la Tierra del Fuego, relatada por John Wynter, en la que se había reconvertido a Drake como protagonista77, habían transformado su persona. Meses después de su llegada, Drake sería recompensado por sus servicios a la Reina nombrándole Sir.78 Drake entregó a la Reina un mapa que permaneció en secreto varios años, pero que en 1625 colgaba en la Galería de Su Majestad en el Whitehall.79

El conocimiento que Drake manejaba acerca de los mares y sus contactos en ellos, no era exclusivamente ingleses. Durante el viaje, Drake no tuvo ningún contacto con Inglaterra, donde solo se conocían informaciones indirectas debidas a las reclamaciones elevadas por el embajador Mendoza80 ante la Reina. Sin embargo, en la corte hispana, se seguía con detalle su periplo, gracias a las informaciones suministradas por el Presidente del Consejo de Indias81, don Antonio Padilla. En septiembre de 1579 el gobierno español decidió solicitar al rey de Portugal, la persecución y apresamiento de Drake a su paso por las Molucas.82 Felipe II trató de detenerle a su retorno y para ello cursó Reales Cédulas a la Audiencia de Panamá83 y a la de Gran Canaria84 para que se prepararan para su posible captura.

Poco después de su retorno, Drake presentó a la corona “a project for a corporation of such as shall venture unto such dominions and countries situate beyond the equinoctial line”. The new company, headed by Drake, was to have monopoly right in “such dominions as are situated beyond the equinoctial line…..in the late notable discovery made by Francis Drake”. 85 La reina obtendría un quinto de los beneficios de cualquier mina de oro y plata que pudieran ser descubiertos, siempre que no estuvieran en posesión legal de ningún otro de los príncipes cristianos, y se la solicitó a la reina la posibilidad de establecer una Casa de Contratación bajo el modelo español para poder regular el nuevo comercio que se estableciera.86.

La primera intención de Drake en su viaje era evidentemente perseguir y desarrollar el trabajo para el cual había sido originalmente enviado: comercio y colonización en las tierras de Suramérica contiguas a las de España y Portugal. No tenía dudas en realizar otra expedición a Suramérica la cual debía cubrir los gastos de sus promotores tan generosamente como lo había sido el primero y con similares ideas. La reina Isabel oficialmente instituyo, a partir de 1580, el sistema conocido como "corso o corsario". Eran antiguos piratas que se habían puesto bajo las órdenes de la Corona, encargados de interrumpir el envío de otras compañías comerciales y la captura de enemigos en tiempo de guerra declarada, a través de las patentes de corso redactadas por la Reina y emitidas por el Tribunal Superior del Ministerio de Marina. El corsario ofrecía a la corona una medida de control contra los enemigos de Inglaterra, así como, una parte de los beneficios.87

El principal problema con el que nos encontramos a la hora de conocer los verdaderos sucesos de este viaje es el de las fuentes de información, son muchas las que conocemos sobre el viaje, pero apenas contamos con fuentes de primera mano que nos puedan aclarar más sobre el tema. Los relatos de que disponemos han sido filtrados sin excepción alguna por funcionarios, copistas, editores y traductores. Llama la atención que la gran mayoría de las fuentes originales han sido y son editadas por The Hakluyt Society, sociedad inglesa que destaca los aspectos de Drake que más les interesan a la hora de mostrárnoslo como un héroe en los enfrentamientos hispano-ingleses y en la construcción del Imperio Británico. Todos los materiales que en la actualidad se conocen no pueden compensar la irremediable perdida del Diario de Drake y su viaje. Hemos de poner en duda parte de los relatos que aparecen en dos de estas fuentes, Famous Voyage88 de Richard Hakluyt y The World Encompassed89 de Francis Drake, ambas obras aparecidas con claros fines propagandísticos, no ya del propio Drake, sino más bien de la monarquía inglesa. Otra obra, es la de Zelia Nutall90, también perteneciente The Hakluyt Society, en ella, entre otros recoge documentos inéditos hasta ese momento, como las cartas remitidas a Felipe II desde los reinos americanos.

En la actualidad conocemos más documentos acerca del periplo de Drake gracias al Archivo General de Indias, donde encontramos cartas y Reales Cédulas mediante las que podemos intuir su ruta. Puesto que Drake no dejó ningún tipo de memorias, resulta imposible saber cuáles eran sus pensamientos más íntimos, lo que supone una gran traba para los historiadores. Los únicos datos fiables de que disponemos sobre su personalidad son los exiguos rasgos y atributos extraídos al estudiar su forma de relacionarse con los demás.

Drake fue un gran marino, y sabía cómo gobernar barcos y flotillas de poca entidad, sin embargo carecía de la capacidad organizativa que se precisa para controlar una amplia flota. Sus conocimientos del mar eran amplios, de forma tal que se mostraba renuente a navegar a sitio alguno sin buenas cartas de navegación o sin la ayuda de experimentados pilotos que conocieran las aguas del lugar. La disciplina a bordo de sus naves era dura, pues no toleraba la mala conducta, muestra de ello es el suceso con el capitán Thomas Daughty durante el viaje, que llevó a su juicio y posterior ejecución.91 Como almirante y comandante de una gran flota Drake no fue tan destacado. Sus viejos hábitos de pirata marcaron sus decisiones, estaba más interesado en obtener botines que en destruir a la armada enemiga. Drake intentó varias veces demostrar a su soberana y a sus consejeros que poseía las habilidades de un gran jefe militar, pero jamás conseguiría su propósito. Aun cuando las autoridades inglesas se negaron a ponerle en solitario al frente de una flota naval, los españoles seguían considerándolo la encarnación del poderío militar inglés, reputación que en cierto modo habían creado los colonos españoles del Nuevo Mundo. Cuando el rey envió la Gran armada para que invadiera Inglaterra, Isabel I se negó a otorgarle autonomía de mando, y eso pese a que los españoles seguían considerando a la flota inglesa como la flota de Drake. Fue el Lord Admiral Howard, y no Drake, quien dirigió estuvo al mando de las operaciones contra la Armada española. Drake tuvo episodios en sus últimos años de insubordinación y desgracia, sobre todo en los sucesos de Cádiz en 1589 y su vida terminó en un claro momento de caída.

Para España, Drake era la personificación de la supremacía marítima inglesa. En resumidas cuentas, la fama del pirata la crearon, más que sus amigos, sus enemigos. Avergonzados por la ineficaz respuesta que dieron a los asaltos del corsario, los habitantes de las posesiones españolas ultramarinas, informaron a la corona de que Drake era un hombre de gran agilidad mental y de una insuperable capacidad militar. Las protestas de los habitantes de Santo Domingo fueron las más sonadas. Tras la incursión de febrero de 1586, el deán y el cabildo catedralicio hizo saber a Felipe II que su asalto era equiparable a una guerra religiosa, y que los ciudadanos estaban indefensos y se mostraban incapaces de oponerle resistencia.92 Informes de este tipo obligaron al rey a desviar fondos de sus proyectos europeos y gastarlos en la defensa de las Indias.

De hecho cuando en 1596 falleció, su reputación en Inglaterra estaba eclipsada, aunque en España la alegría por la muerte de enemigo tan temible fue inmensa. En 1598 el dramaturgo español Lope de Vega celebró el acontecimiento en un poema épico titulado La Dragontea.

Ya se habían publicado varias obras en España sobre Drake (Conquista de las islas Molucas de Bartolomé Leonardo de Argensola e Historia general del mundo de Antonio Herrera), donde ambos se explayaban contando las aventuras de Drake. Sin embargo, en Inglaterra, solo se había publicado una obra de William Canden y otra de Edmund Howes, ambas historias generales antes de la obra del sobrino de sir Francis Drake, en un intento por restaurar la reputación de su tío, del mismo nombre, y el de Philip Nichols Sir Francis Drake Revived, ambos abordan los primeros asaltos en los dominios españoles, así como su periplo alrededor del mundo. En ellos, se nos presenta a Drake como un patriota, cuyas incursiones en la piratería se compensan con su ferviente y entusiasta defensa del protestantismo inglés.93

En una época en la que el Imperio Británico se extendía a todos los rincones del mundo y su Marina controlaba todas las rutas marítimas, parecía útil contar que todo había empezado con Francis Drake. La Inglaterra victoriana maquilló la leyenda de Drake, encumbrándolo en un panteón de héroes ingleses recién ampliado. Hubo docenas de autores que escribieron novelas, obras de teatro y poemas. El mito de Drake se fraguó en el momento en el que sus víctimas elevaron sus quejas al monarca español, en las que se refleja que no se podía esperar que los que vivían en el Nuevo Mundo se defendieran por sí mismos. Para conseguir su propósito, los habitantes del Nuevo Mundo no dudaron en rodear a Drake de los epítetos más recurrentes.94 A medida que le llegaban docenas y docenas de expedientes al Tribual de la Inquisición, el nombre de Francis Drake acabó equiparándose al de “enemigo inglés”. La respuesta fue diferente en Inglaterra, en donde los cronistas en un principio le consideraron un marinero aventurero como tantos otros, y no necesariamente un héroe nacional. Algunos años después de su muerte, en respuesta a los comentarios que se oían dentro y fuera del país, su sobrino, Francis Drake, se embarcó en la tarea de intentar restaurar su reputación mediante la publicación de una versión amable de los logros de su tío.95

Esta obra se erigió en el punto de referencia de un nuevo género de libro patriótico en el que Drake ya no era un pirata, sino un héroe. Sin duda, este tipo de biografía sirvió para una causa nacional. Francis Drake era un hábil marino y un pirata. De origen humilde, se hizo rico por sus propios medios, y en el transcurso del tiempo trabó amistad con la reina, quien intentó hacer de él un caballero. Éste es el Drake que emerge de los archivos históricos, una imagen que no se corresponde con el sir Francis Drake del mito patriótico.96

Drake no fue bien visto por cierta parte de la nobleza, sobre todo por aquellos a los que el bajo origen de su procedencia no les hacía gracia, había alcanzado la “caballería” sin gloria, era un recién llegado. Sus primeras actividades en el mar tampoco ayudaban a ello, había estado envuelto en asaltos y asesinatos en el Caribe español. Aunque la trata de esclavos no estaba mal vista en esos momentos, la línea que separaba la piratería el corsarismo no estaba tan clara. Drake siempre reclamaba que sus incursiones en el Caribe eran en represalia por los daños causados por los españoles en San Juan de Ulúa, pero él nunca obtuvo “formal letters of reprisal, and he raided without without authorization in peacetime”.97 Mientras que las actividades de Drake, no fueron oficiales y a pequeña escala pudieron ser negadas. Pero una vez que fue animado y reconocido públicamente, la Corona tuvo que aceptar la responsabilidad de sus depredaciones. Su viaje, a pesar de todos los recelos, significó el éxtasis en su carrera. Significó su graduación, transformándose desde un pequeño y exitoso tratador de esclavos y pirata en un famoso explorador y corsario a las órdenes de su Reina. Finalmente, sería un héroe de canciones y una leyenda nacional. 98
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