Atlántico literario: la Inglaterra flotante de Patrick O’Brian




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fecha de publicación09.02.2016
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Atlántico literario: la Inglaterra flotante de Patrick O’Brian.


Andrés Mª Vicent Fanconi1

Universidad Autónoma de Madrid

Lo que no es autobiografía es plagio”

Cesar González-Ruano, Mi medio siglo se confiesa a medias, 1950.


El primer párrafo de Master and Commander traslada al lector a una sala de música en una isla española, Menorca, dónde un marino inglés y un médico, irlandés y catalán a partes iguales, escuchan la música de un tal Locatelli, se supone que italiano2. Es posible que Patrick O’Brian en un ejercicio de adivinación estuviera pensando en deleitar a los profesores, que unas décadas más tarde se convertirían en paladines de la historia atlántica3. Quizá tan sólo, al margen de poderes sobrenaturales, volcaba su vida en la de ellos, pues él fue inglés, vivía en Cataluña e hizo que todos creyeran que era irlandés. Quizá copiaba muy bien de todos esos documentos que apenas unas páginas antes confiesa haber mirado, vigilado y estudiado. Los mismos papeles que años más tarde leerían con atención esos investigadores globales para concluir que no había ingleses, ni españoles, ni portugueses, o sí, pero siendo todos atlánticos4.
Se dice que la historia es siempre del presente. Del presente particular de quienes la hacen es la historia atlántica, concretas personas incluidas en más de uno de los concretos paradigmas culturales que la historia de las naciones-estado ha ido construyendo. Teniendo en cuenta, además, que se asiste a la era de la globalización la historia atlántica no deja de ser su propia historia. En este punto, como ya se adelantaba, Patrick O’Brian podría haber sido el ejemplo catársico de un atlántico al margen de las identidades comunitarias que la historia y el nacimiento le tenían preparadas5. Nacido en 1914, todavía le quedaban algunos años de congratularse en el imperio inglés, comercial y marítimo, que sus ancestros nacionales habían ido construyendo, en los mares y también en los papeles6. Sin embargo aunque en su pasaporte figurara la Union Jack la genética de O’Brian no era muy británica. Su padre era un físico de origen alemán y su madre de ascendencia irlandesa, lo que explica esa invocación a San Patricio en su nombre. Único vestigio original en el pseudónimo que luego él asumiría. Nacido Richard Patrick Russ, nombre con el que firmó sus primeras obras, en 1945 como si rechazara la nueva posición británica en el orden mundial adoptó el apellido irlandés de O’Brian y se casó, en segundas nupcias que lo fueron también para su nueva esposa, con Mary Tolstoy, antigua condesa de Tolstoy. Este inglés, de origen alemán e irlandés, camuflado de irlandés y casado con la esposa del heredero del celebérrimo autor de Guerra y Paz, se mudó a Coillure, una pequeña población catalana del sur de Francia en 1949. Allí fue donde escribió la historia del Capitán Aubrey y el Dr. Maturin entre los años de 1970 y 1999, si bien el último libro de los veinte lo escribió al abrigo de los muros del Trinity College de Dublín7.
Desde estas premisas biográficas hay que entender a Patrick O’Brian no sólo como posible materia de estudio de la historia atlántica sino como historiador en sí mismo. Sus novelas no dejan de ser obras de historiografía que ofrecen un determinado discurso sobre el pasado. La cuestión aquí no es analizar posibles fidelidades históricas con ese pasado, sino estudiar la propia mirada al pasado8.
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La discipline est un principe de côntrole de la production du discours”

Michel Foucault, L’ordre du discours, 1970.

Los primeros capítulos de la historia del Capitán John Aubrey de la Armada de su majestad y del Dr. Stephen Maturin cuentan cómo toman conocimiento el uno del otro, y así lo toman también los lectores. La ciudad de Menorca se encuentra ocupada militarmente por la Armada Británica, y cuenta con una estructura administrativa y militar ad hoc, se deja constancia de la existencia de un comandante en jefe, oficial de la Armada, y de un aparato de astilleros bastante desarrollado. La población es en su mayoría española y habla catalán. La cronología del momento corresponde con las guerras napoleónicas, poco después de la batalla de Trafalgar.
Los tres capítulos de Master and Commander que aquí importan, son un pequeño relato en sí mismo, y podrían explicarse en función del clásico esquema de planteamiento, nudo y desenlace. El planteamiento nos presenta a un joven teniente inglés de la armada de su majestad, a la espera de un destino, desanimado por el perenne incumplimiento de las promesas que ocasionalmente le aventuraban algún posible mando. Es posible que estos primeros capítulos sean los más enjundiosos de toda la historia en cuanto a la caracterización de Jack Aubrey. Le interesa a O’Brian familiarizar pronto al lector. Así se aprende rápido cómo Aubrey es un alto y corpulento oficial uniformado al modo de la Armada Real Inglesa, que no británica, que luce en el ojal la medalla del Nilo9. Aubrey se aloja en el Crown, establecimiento a imitación de su homónimo de Portsmouth, con propietario de Gibraltar y personal español10. La naturaleza del alojamiento muestra la aculturación inglesa en la isla. Una aculturación ligada a la Marina, Portsmouth es uno de los puertos más importantes de Inglaterra, y conectada comercialmente con la Hispania inglesa, Gibraltar es la otra plaza inglesa del momento en la Península Ibérica. Sin embargo, en este caso no ha habido una colonización civil pues el personal es español, aunque su clientela, con toda seguridad, fueran todos marinos ingleses11. En este sentido, se podría hablar de una adecuación de O’Brian al paradigma historiográfico habitual que explica el Imperio Británico como un imperio comercial y marítimo. Sin embargo hay que tener en cuenta la particular historia de Menorca, que en 1798 acababa de ser ocupada por los británicos, sin tiempo ni ocasión para una emigración que permitiera una colonización territorial. Así mismo las características de Menorca, y el relato de O’Brian así lo afirma, era, ante todo, un enclave militar estratégico.
Otra cosa preocupa al joven Aubrey. Su media paga de oficial sin destino no le permite asumir las deudas que ha contraído con su agente de botines de Gibraltar. Más tarde se escuchará el caso de un joven oficial, James Dillon, a quien finalmente no se le reconoció un botín por un problema de política internacional. Bajo estas anécdotas introducidas por O’Brian subyacen las cuestiones que irían conformado el derecho internacional a partir del ius gentium, y que ya en el momento que O’Brian sitúa la narración estaban bastante definidas. La soberanía en el mar se había ido reconociendo durante los dos siglos anteriores, en razón de la bandera que ondease en lo alto del barco, y por un sistema de letters of marque, patentes de corso. Registraba así O’Brian la curiosa transformación que había sufrido la guerra en el mar, y la soberanía.
Ahora los barcos ya no eran de corsarios particulares, una especie de piratas legalizados, sino que todos los buques eran de su majestad. Y sus tripulaciones recibían un sueldo como empleados de su majestad, sin embargo, se percibía una herencia de esos pasados corsarios donde no existían las armadas reales, y al mismo tiempo una presencia del derecho medieval, que premiaba a los vasallos de un señor con las tierras que estos habían conquistado para él, en este caso no porque hubieran pagado la misión, sino por su industria e ingenio. No se olvide cual es el título en inglés de la novela: Master and Commander, (maestro y comandante)12.

Al volver del concierto de los italianos Aubrey encuentra en el Crown una carta, firmada por el almirante de la escuadra del Mediterráneo, que le comunica su nuevo nombramiento como capitán de la Sophie, corbeta de su majestad13. En este sentido se puede decir que la marina inglesa es un sujeto que rige en genitivo singular: maiestatis. Todo es de su majestad: la corbeta, las órdenes y la Armada.
A propósito de las órdenes O’Brian nos narra la ceremonia de toma de posesión del bergantín, que podría subtitularse como dramaturgia de la soberanía. El nuevo capitán sube al barco donde le espera los miembros de la tripulación en formación. Los cuales son conminados a, “¡Descubrirse!” cuando el nuevo capitán desdobla las ordenes para disponerse a leerlas. El régimen de soberanía que reflejan las órdenes permite afirmar que a partir de ese momento el capitán actúa como delegado y representante del rey. Esta representación incluía no sólo el mando militar y marino de la nave sino también todas las funciones judiciales que corresponderían a la justicia real, excepto las penas de sangre que requerirían un consejo de guerra formado por varios capitanes, excepción que señala O’Bian pues incluye un caso de un presunto condenado a muerte que exige enviar una carta a los capitanes más próximos para convocar un consejo de guerra 14.
. En su afán didáctico sobre los rudimentos de la Armada inglesa, a O’Brian le da tiempo en los primeros tres capítulos a describirnos todo esto. En primer lugar tras leer las ordenes el capitán pasa revista al barco, y graciosamente no recrimina algunos deslices. Más tarde, instalado ya en el barco se lee cómo Aubrey revisa el cuaderno de bitácora de su antecesor donde advierte una abundante presencia de castigos a la tripulación. Llegado el primer domingo tiene lugar la lectura de las ordenanzas y el servicio religioso, que O’Brian considera íntimamente relacionados, no hay que olvidar la doble responsabilidad del rey inglés como cabeza del reino y de su iglesia, del capitán en su barco15. Lo peculiar del caso es la audiencia que escuchaba las ordenanzas y los sermones anglicanos. En estos tres primeros capítulos se nos habla de un grupo de americanos que son todos de Halifax, y Aubrey, en el cuaderno de bitácora, lee cómo tiene a bordo marineros de origen bengalí16. El cirujano del barco es un irlandés, y catalán, católico también. ¿Querría exponer O’Brian una multireligiosidad aceptada, pero un único discurso de poder, también anglicano, y sostenido en la disciplina17?

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I travelled with only those items that I thought necessary to relieve the tedium of a long journey: four books on natural history, a butterfly net, a dog and a jam-jar full of caterpillars […]”

Gerald Durrell, My family and other animals, 1956.

Por su parte Stephen Maturin suele estar en el café Joselito que no aloja sombra de duda sobre la identidad de su propietario y personal. Su padre era irlandés, su madre catalana y él huérfano se educó en Catalunya, siendo así el catalán su lengua materna y el idioma en que piensa los problemas de matemáticas. Estudió en Dublín medicina y además de exponer una teoría sobre la superioridad cultural del catalán sobre el español de Castilla, Maturin se descubre como un naturalista experto que reconoce a la abubilla, a la que llama Upupa epops. Aun con todo se arrepiente de haber perdido el tiempo en su juventud, hecho que comprobó al advertir cuanto lo habían aprovechado los discípulos de Linneo que éste envió a España después de rechazar la invitación del rey.
Una vez que ya se han puesto sobre la mesa todas estas piezas que muestran al capitán soberano y juez, a la tripulación multirracial, multiconfesional y multinacional, y que acaba de desvelarse que el compañero inseparable del capitán en todas las aventuras es un naturalista admirador de Linneo que infatigablemente se dedicará a conocer cuantas especies caigan en sus manos, es posible que, llegando a este punto, los profesores estén más que deleitados. Incluso habría que añadir, que tanto el uno como el otro con el avanzar de la narración acabarán siendo miembros de la Royal Society de Londres en calidad de médico y naturalista uno, y de astrónomo y cartógrafo, el otro. Mejorar la naturaleza, en la propuesta de O’Brian mediante el conocimiento, es también poseerla pues lo que no se conoce no se puede poseer, y lo que no se aprovecha no se debe tener18.
Sin entrar a analizar la compleja personalidad del Dr. Stephen Maturin que a lo largo de las novelas el autor va desarrollando, si es pertinente mencionar que el médico trabaja como espía para el servicio secreto del Almirantazgo, donde tiene como superior a su amigo, también naturalista Sir Joseph Blaine. Al margen de especular sobre las posibles correlaciones entre estos dos personajes y el histórico Sir Joseph Banks, que fue presidente de la Royal Society a partir de 1778, sí se puede detectar un interés de O’Brian, un precoz historiador de la ciencia atlántica, por estos naturalistas que viajaban por todo el mundo. Ya en novelas anteriores, consideradas precedentes de la serie Aubrey-Maturin aparece siempre un naturalista a bordo y en papel protagonista, pero ante todo sobresale la biografía de Sir Joseph Banks19.
Sin embargo, Maturin no es dibujado por O’Brian como un terrateniente británico con intereses en las colonias, y un ansia de cargos. Su posición política es tan ambigua como su identidad cultural o nacional. Se sabe que ha participado en movimientos independentistas irlandeses y se justifica su colaboración con la Armada Inglesa en razón a un odio a Napoleón y a la mengua de libertades que impone allí donde gobierna. Su interés científico no está conectado a intereses políticos y económicos propios o de la corona como detecta la historiografía atlántica actual. Por lo menos no está conectado de manera voluntaria por él, no se especifica ni se explica si se utilizan esos vastos conocimientos sobre especies tropicales con intenciones menos eruditas. La figura del jefe del servicio secreto, Sir Joseph Blaine, tampoco parece participar en complejas estrategias jurídico-políticas con sus investigaciones científicas. Una vez advertido la importancia, en número de páginas, que O’Brian otorga a estos naturalistas coincidiendo con los postulados de la reciente historiografía de la ciencia hay que señalar que no sólo no lo conecta con la lógica del poder, más allá de que los científicos suelen ser poderosos, sino que lo presenta como parte de un interés personal al margen de los mecanismos oficiales. Stephen Maturin es un rara avis en la Armada Inglesa, en cuanto a formación e inquietudes científicas20.
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Ernest: But what are the two and highest arts?

Gilbert: Life and Literature, life and the perfect expression of life. […]”

Oscar Wilde, The Critic as Artist, 1890.

Al explicar la historia de la historiografía y pese a referirse siempre primero a Heródoto, Tucídides y Jenofonte se le concede un carácter de punto inicial a la figura de Ranke sin por ello olvidar qué hubo en medio. Se entiende que entonces comenzó la historia como disciplina científica. En el acostumbrado discurso ascendente de la historia la ciencia ocupa siempre un papel protagonista, los historiadores constructores de esa narrativa no han querido excluirse de ese avanzar y, en muchos casos, se han considerado científicos también, hermanos de Newton antes que de Homero. Presumiendo así de una objetividad, de un método y de unas intenciones que les hiciera si no poseedores sí más cercanos a la verdad de lo que estudiaban. Esta pretensión incluso se traduce a veces en un ansia de llenar las páginas de los libros de historia de tablas, gráficos y números, materializando así la convicción, en algunos casos nada relativa, de que la historia como la física o la química era reducible a un lenguaje matemático. La razón de esta voluntad de cientificar la historia hay que reconocerla noble, en el sentido de que se trataba de promocionarla como saber, alejarla de la interpretación, volátil, y acercarla a la descripción, incuestionable. Todo este esfuerzo presume que la ciencia es conocimiento verdadero, y lo que no es ciencia es mera opinión, en el sentido despectivo que Platón la entendía. La ciencia, universal, se prefirió a la literatura, prolongación de lo individual.
Al entrelazar los relatos que sobre un momento concreto de la historia se construyen, uno académico, y el otro artístico, cómo aquí se ha hecho con Patrick O’Brian y la historia atlántica, no sólo la literatura aparece con fuerza como un posible género historiográfico, sino que más bien la historia se aprecia como una forma de literatura. Nos informa más del historiador que del historiado, como las Meninas nos cuentan más cosas de Velázquez que de la infanta. Aunque es imposible hallar la verdad sobre la historia es muy posible expresar verdaderos problemas de uno mismo. No sólo Patrick O’Brian es también historiador sino que la historia atlántica es bastante poética. Lejos de perder categoría epistemológica, la historia en tanto que es literatura se encuentra más próxima de ofrecer conocimiento. No se ha de olvidar que la verdad de la Iliada sigue siendo verdad, muchos la entienden, aunque pocos la expliquen mientras que los Principia de Newton los entienden menos, los explican más y nadie dice ya que sean verdad21.

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Patrick O’Brian, autor prolífico durante la segunda mitad del siglo XX presenta una autobiografía que encaja con el concepto de desanclaje al modo que Anthony Giddens lo ha acuñado como una de las principales consecuencias de la modernidad22. Un desanclaje que contagia a sus personajes, Stephen Maturin y Jack Aubrey, en mayor o menor medida, y que conecta con ciertos aspectos de la biografía académica de los abanderados actuales de la historia atlántica que apuestan por un estudio de la historia que elimine anclas artificiales construidas por la historia como parte de un discurso legitimador de los estados-nación que surgieron a partir del s. XIX.
En este sentido Patrick O’Brian coincide en tema y premisas con la Global History, y su explicación literaria de la Armada Inglesa en el contexto de las guerras napoleónicas ha de analizarse como una obra de historiografía en tanto que construye un discurso sobre el pasado determinado. El análisis de los tres primeros capítulos, dónde O’Brian presenta a sus personajes y se introduce en las costumbres de la Armada, permite apreciar cómo entiende el posible ambiente cultural, comercial o político de la isla de Menorca, el especial régimen de soberanía y jurisdicción de un capitán en su barco, y la formación y los intereses de un marino inglés y un médico naturalista irlandés unidos por su afición a la música y que acabaran compartiendo aventuras a lo largo y ancho de todo el mundo, en esa peculiar Inglaterra flotante.
Estas coincidencias entre obra y biografía, en historia y literatura, parecen sugerir que la historia además de ofrecer un conocimiento limitado del pasado facilita uno muy importante del historiador, literato también, que se expresa y se prolonga en sus relatos, aunque estos sean académicos.

Bibliografía:
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  • “Three Concepts of Atlantic History” ”, en Armitage, David, and Michael J. Braddick, eds., The British Atlantic World, 1500-1800, Palgrave-Macmillan, Hampshire, 2002.

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http://www.sanroque.es/turismo/rutas/turismo-cultural/historia_


1*Alumno de la Profesora Botella Ordinas-Departamento de Historia Moderna. XII/2010

2 O’Brian, P. Master and Commander. London, William Collins Sons and Co., 1970. Se remitirá a la edición española. (Versión de Concha Folcrá y Aleida Lama Montes de Oca: Capitán de mar y guerra, Edhasa, Barcelona 1994. p.14 , “La sala de música de la casa del gobernador en Puerto Mahón, una estancia octagonal con altas columnas, amplia y elegante, se inundó con los sonidos del primer movimiento del Cuarteto en do mayor de Locatelli. Los músicos italianos, apretujados contra la pared …”

3 Cómo pretendió unos años antes Ronald Knox con su celebrado: Let Dons Delight, London: Sheed and Ward, 1939.

4 Armitage, D. “Three Concepts of Atlantic History”, en Armitage, David, and Michael J. Braddick, eds., The British Atlantic World, 1500-1800, Palgrave-Macmillan, Hampshire, 2002. P. 11-30. Y Bailyn, B. Atlantic History: Concept and Contours Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2005.

5 Butterfield, H. The Whig Interpretation of History, Cambridge, 1931.

6 Armitage, D. The Ideological Origins of the British Empire, Cambridge: Cambridge University Press, 2000.

7 Como especifica en la dedicatoria “Dedico este libro, domun indignum, al preboste y a todas las personas que tan bien se portaron, conmigo mientras estuve escribiéndolo en el Trinity College de Dublín” O’Brian, P. Azul en la mesana, Edhasa, Barcelona 2003. (Versión española de Miguel Antón del original en inglés Blue at the Mizzen, London 1994).

8 Wilde, O. The Critic as Artist/El crítico como artista Madrid: Langre Edición Bilingüe 2001. –edición original 1890- “To give an accurate description of what has never occurred is not merely the proper occupation of the historian, but the inanielable privilege of any man of parts and culture” p.68

9 O’Brian, P. Capitán de mar y guerra, Barcelona: Edhasa 1994 p. 13. Se intuye, y se comprueba más adelante, que conmemora la batalla del Nilo, victoria sobre la flota francesa de la Armada Real Inglesa bajo el mando de Horacio Nelson en el año 1798. Al contrariop que O’Brian Armitage se limita a calificar al Armada de “Royal”, ni English ni “British”. Sin embargo si trata la especial fuerza de lo inglés en la ideología imperial británica, todo ello en The Ideological Origins … especialmente: pp. 24-61.

10O’Brian y sus personajes siempre los consideran españoles, sin que esto implique que no estuvieran bajo la jurisdicción inglesa aunque no se entra a aclarar el asunto, hay que suponer que su status jurídico, respecto a quién les ha de juzgar, es similar al de los marineros no ingleses dado el régimen militar que impera en la isla, aunque como católicos puede que algunas leyes les afectaran de distinta forma que a un anglicano. The Crown aparece en las novelas de O’Brian como el alojamiento preferido de los oficiales ingleses, tanto era así que popularmente se le conocía como The Naval Inn. Así se explica en Thomas, B.C., “Portsmouth in Jane Austen’s Time” Persuasions nº 12, 1990. pp. 35-37.

11Sin embargo en Gibraltar sí hubo esa colonización, tras Utrecht se provocó un desplazamiento de la población hispana, como certifica el lema de la cercana ciudad gaditana de San Roque, además de sugerir reflexiones evidentes sobre el antiguo concepto de civitas: Muy noble y más leal ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar . Véase: http://www.sanroque.es/turismo/rutas/turismo-cultural/historia_

12 La traducción española, propuesta por el propio O’Brian, trataba de aludir a la doble profesión, al igual que en inglés. La dificultad radicaba en que en español un marino al mando de un barco es un capitán, y un oficial a cargo de un buque de guerra es también un capitán. En inglés, Master se refiere a la maestría marinera que permite a alguien manejar un barco, y Commander es un grado militar que en la Armada Real capacitaba para asumir el mando de embarcaciones de menos de veinte cañones. Armitage, D. The Ideological Origins… pp. 100-124. Y más recientemente: Benton, L. A Search for Sovereignity. Law and Geography in the European Empires, 1400-1900. Cambridge UP, Cambridge 2010. pp. 104-161. Respecto a la cuestión del botín hay que señalar que en las novelas de Patrick O’Brian los capitanes de la Armada sólo percibían su botín en el caso de que, existiendo una declaración de guerra formal, de acuerdo con el derecho de gentes se declarase la nave enemiga: presa de ley. En el caso de que no existiera tal declaración de guerra el botín pasaba a la corona en virtud de los derechos del almirantazgo sobre presas de mar. En Vattel, E. Le droit des gens-Tome II. Neuchatel 1773, (164) p. 115 se explica que el botín es propiedad del rey como lo es la soberanía, luego cobra más fuerza la tesis del botín como premio.

13 O’Brian, P. Capitán de… p.19.

14 Benton, L. Op.cit. pp. 106-110.

15 Vattel. E. Op.cit. p. 192: 215 […] si les enfants sont nés dans un vasseau de la nation, ils peuvent être réputés nés dans le territoire; il est natural de considérer les vasseax de la nation comme des portions de son territoire, sur-tout quand ils voguent sur une mer libre, puisque l’etat conserve la jurisdiction dans ces vasseaux”. Queda claro pues el régimen jurisdiccional que regía en los buques.

16 O’Brian, P. Capitán … p.34

17 Véase como desmiente el carácter protestante del Imperio Británico David Armitage en su The Ideological Origins… pp-61-100.

18 Botella Ordinas, E. “Debating Empires Building British and Spanish Imperial Legitimizations in America. 1670-1714” Journal of Early Modern Studies. Volume 10, Number 1, Spring/Summer 2010. pp. 142-168., dónde se explica este problema a propósito del árbol del palo de Campeche, y antes, circunscribiéndolo a la literature, Drayton, Nature’s Goverment: Science, Imperial Britain, and the “Improvment” of the World. New, Haven, Conn.: Yale University Press, 2000. Y sobre este y otros, Chaplin, J. “The Natural History of the British Empire” en The Journal of British Studies. Vol. 42, No. 1 (Jan., 2003), pp. 127-131.


19 O’Brian, P. Joseph Banks: A life.. London, William Collins Sons and Co; 1987.

20 Gascoigne, J. Science in the Service of Empire: Joseph Banks, the British State and the Uses of Science in the Age of Revolution. New York: Cambridge University Press, 1998. Y Chaplin, J. Op. Cit.

21 Vida, historia y literatura también las vieron en relación íntima fuera del ámbito académico, por ejemplo, Chesterton, G.K. Publicado por primera vez en 1908 en el Daily News y recogido en Lunacy and Letters, London: Sheed and Ward 1958. “History vs The Historians” p. 175 “History is simply humanity. And history will humanise all studies, even anthropology. Since that age of innocence I have, however, realised that there is a difficulty in this teaching of history. And the difficulty is that there is no history to teach. This is not a scrap of cynicism - it is a genuine and necessary product of the many points of view and the strong mental separations of our society, for in our age every man has a cosmos of his own, and is therefore horribly alone. There is no history; there are only historians.” O Borges, J.L en su “Tema del traidor y del héroe” recogído en su antología hecha por él en 1968 y encontrablen en Barcelona: Bruguera, 1980 p. 141 “[…]ciertas palabras de un mendigo que conversó con Fergus Kilpatrick el día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare en la tragedia de Macbeth. Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible … […]” Además de Oscar Wide como ya se ha señalado.

22Giddens, A. Consequences of Modernity, Stanford 1989. pp.17-21Podría interpretarse que este desanclaje es un rasgode la posmodernidad. La apuesta de Gidddens pasa por negar la existencia de esa posmodernidad, explicando como deducciones lógicas, consecuencias, del mundo moderno, intrínsecas a su definición, todas las características que en teoría la conforman.


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