El matrimonio como don para la edificación de la Iglesia




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fecha de publicación28.02.2016
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El matrimonio como don para la edificación de la Iglesia

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.1

Iniciaré este escrito, con algunas reflexiones en apariencia aisladas del título de este escrito, pero relacionadas con el tema central: el matrimonio. Pocos son los seres humanos que no tienen presente el matrimonio como una etapa necesaria (¿o innecesaria?) de la vida, una que es relacionada con responsabilidades, madurez, estabilidad y porque no, provisión para el futuro. Sin embargo, se preguntan las personas, ¿para que el matrimonio? A decir verdad, y por la alarmante cifra de divorcios, uniones libres y relaciones extra-matrimoniales de hoy, no muchos han logrado responder este interrogante: “Los países latinoamericanos se encuentran entre las naciones con menos divorcios... Por otro lado, los países europeos encabezan el ranking. Bélgica se sitúa en el primer lugar con un 71%, seguida de Portugal con el 68%, Hungría 67, República Checa con el 66 % y España 61% en la tasa de rupturas matrimoniales.2
La sociedad en que vivimos hoy se encuentra sumergida en una crisis de valores que viene de antaño. El hombre posmoderno ha abandonado toda visión racional de la vida y la contrapone a una subjetividad absoluta que permea todas las áreas de la existencia: moral, construcciones sociales, arte, movimientos políticos, religión... en fin, cualquier ideología que en otro tiempo reclamase poseer una explicación adecuada y uniforme de la realidad de la sociedad como conjunto, es sustituida por una visión centrada en la individualidad del sujeto, un sujeto que cosifica al otro en un mayor o menor grado en su cosmovisión particular. Así, bajo un marco de billones de visiones individuales del mundo, se pretende reconstruir la sociedad a partir de tradiciones comunes que están impedidas para reclamar algo como verdadero. Esta visión del hombre ha invadido todas las esferas de la sociedad, incluyendo lo más íntimo del ser humano: el hogar. Así es como hoy, encontramos en los hogares múltiples cosmovisiones completamente dispares, que no pueden ser confrontadas, así dos miembros de una misma familia digan que 'A' y 'no A' son ciertos: ambos tendrían la razón, o a lo sumo, cada quién vivirá con su razón, así sea errada.
Este problema se ha trasladado al interior de la iglesia. Hoy encontramos dentro de una misma congregación local, diferentes visiones del mundo, tan excluyentes entre sí que parece que nos encontráramos en un auténtico Babel ¿La razón? Hoy en la iglesia la Palabra de Dios ha sido sustituida por los valores del mundo, tan cambiantes y contradictorios entre sí y más aún con los principios bíblicos. Como bien afirma John Macarthur:
Los cristianos no pueden capitular ante el post-modernismo, sin sacrificar la esencia misma de nuestra fe. La afirmación de la Biblia de que Cristo es el único camino de salvación está, sin duda fuera de armonía con la noción post-moderna de “tolerancia”. Pero es, después de todo, justo lo que la Biblia enseña claramente. Y la Biblia – no la opinión post-moderna – es la autoridad suprema para el cristiano. Sólo la Biblia debe determinar lo que debemos creer y proclamar al mundo. No podemos vacilar en esto, no importa cuánto este mundo post-moderno se queje de que nuestras creencias nos hacen “intolerante”.3
¿Ha sido el matrimonio cristiano invadido por esta realidad? Indudablemente, las cifras de divorcios que citamos inicialmente son una muestra de esto: las personas hoy tienen algunas vagas ideas sobre el matrimonio, ideas que pueden llegar a ser contradictorias entre sí, el resultado: dos cosmovisiones diferentes reclamando tener la razón, se encuentran compartiendo el mismo techo todos los días e intentando llevar una convivencia mínimamente satisfactoria bajo una etiqueta “cristiana”.
Ahora bien, si la sociedad posmoderna no ha podido dar solución a esta problemática -y su intención no es darla en ningún momento-, ¿dónde debería buscar un cristiano la respuesta? La antropología, a menudo acude a la explicación del parentesco donde "dos o más personas que cumplen roles de género definidos por la sociedad, incluso tratándose de matrimonios homosexuales. El matrimonio, desde el punto de vista antropológico, es una institución que permite legitimar la descendencia de una mujer y crea relaciones de alianza entre los grupos de parentesco de los cuales provienen sus miembros"[1]. Ni hablar de las explicaciones que se dan desde la historia que tratan de hacer del matrimonio una ceremonia con implicaciones civiles que se limitaban a producir hijos para heredar los bienes -Grecia- o para producir futuros soldados -Esparta- y que contempla el proceso de la dignificación de la mujer desde la edad Media, cuando las costumbres bárbaras y paganas fueron reemplazadas por los códigos civiles cristianos. Estas explicaciones arrojan más preguntas que respuestas: Si el matrimonio solo busca legitimar los roles sociales ¿de dónde proceden esos roles sociales que busca legitimar? ¿Es una cuestión "evolutiva"? Si ha de ser evolutiva ¿cuál es el objetivo final que persigue esta "evolución"? La última pregunta es clave, debido a que si atendemos la historia, parece que nos dirigimos hacia el estado de las sociedades precristianas y no a una fase ulterior del matrimonio cristiano. Y todas estas preguntas, paradójicamente, cierran las alternativas entre las diferentes fuentes que pueden otorgarnos respuestas sobre el sentido del matrimonio: ni la historia, ni la antropología, ni la sociología... en general, ninguna ciencia humana puede responder cuál es el sentido último del matrimonio (y lo digo en sentido general).
Al parecer, si queremos encontrar el sentido correcto, humano y “humanizante” del matrimonio (sin mencionar aún el sentido cristiano) tendremos que dirigir nuestra atención a aquel punto de la historia donde no existían diferencias culturales entre los individuos: la creación; pero antes de esto, es necesario que explicar porque la creación y no la evolución, es la respuesta a nuestro interrogante, dado el mundo en que hoy nos encontramos y por la confusión reinante. Adicional a la antropología de roles sociales que explica el como pero no el porqué de estos roles sociales, debemos partir del hecho que el surgimiento de la vida sea el Big Bang, es cuando menos confiar en una probabilidad de “que la vida se hubiese originado por azar en una de las 1046 ocasiones es pues de 10-255”. De hecho, admite el reconocido apologista ateo Richard Dawkins que “Cuanto más estadísticamente improbable es una cosa, más nos cuesta creer que ocurrió por ciego azar. Superficialmente, la alternativa obvia al azar es un Diseñador inteligente4. Partiendo de esto, las posibilidades de que la vida hayan surgido de la nada son estadísticamente poco plausibles, por esto se hace innecesario seguir argumentando sobre porque escogemos responder al interrogante sobre el matrimonio desde una perspectiva cristiana de la creación.
Dicen las Escrituras en el libro de Génesis que dijo Dios “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo. Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. *Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo"5, así mismo, en el capítulo siguiente la idea es complementada diciendo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada6 y además que cuando la mujer fue creada, Adán dijo “Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne porque del hombre fue sacada”. Vemos que en esta fase inicial de la revelación, el objetivo primordial del matrimonio era multiplicar y sojuzgar la tierra; sin embargo, la creación de la mujer ocurre después de la institución del día de reposo y del hombre. Anota acertadamente el escritor luterano Leopoldo Sánchez, respecto al comentario de Génesis de Lutero que “Aunque Lutero puede hablar en su comentario al Génesis acerca de la institución de la iglesia como anterior a la del matrimonio por la palabra que Dios le dirige a Adán en el jardín, lugar de su santa presencia, se podría decir además sin problema alguno y en otro sentido que del orden matrimonial nace la familia, y de ésta los órdenes eclesial y civil7. Vemos de este modo, que el matrimonio fue pensado desde el principio como el núcleo de la iglesia de Cristo y del orden civil de la humanidad. Notemos que en esta relación fueron creados: 1) Un hombre y una mujer que, 2) deben multiplicarse, 3) dominar la tierra y 4) guardar el día instituido por el Señor como de reposo como representación de la adoración; esta entonces, fue dada antes y no después de la creación del ser humano, haciendo a este plenamente consciente de que la adoración era una obligación que Dios imponía sobre el cómo cabeza del primer hogar, la cual transmitiría a su primer núcleo familiar: su mujer. Observamos aquí como Dios manifiesta su Gracia capacitando a Adán y a Eva y al resto de los creyentes, con dones para desempeñar roles específicos en la iglesia desde el mismo momento de la creación para la edificación de su Pueblo, esto lo ampliaremos más adelante.
A partir de la caída, y a medida que avanzan los diferentes pactos que se llevaron a cabo dentro del marco del pacto de gracia se observa como el núcleo familiar se convierte en el centro de la adoración al Dios trino. Dios salva a Noé y su familia y con ellos establece el pacto noeico, el pacto de orden mundial. Así mismo, establece Dios “corta” su pacto con Abraham en Gen 17, bendiciendo a toda su familia y requiriendo de ellos la señal de la circuncisión, demandando conversión de su parte (Deu 10:16), aunque solo sea de la potestad del Señor otorgar la verdadera “circuncisión del corazón” (Deu 30:6).
Es así como este concepto se va desarrollando a medida que la historia de la redención avanza. Canta Asaf por orden del rey David cuando el arca del pacto era llevada a Jerusalén: “Tributen al Señor, familias de los pueblos, tributen al Señor la gloria y el poder;8. No obstante, el progreso de la revelación nos muestra como este propósito de glorificar a Dios a través del matrimonio se encuentra en peligro por el pecado de la iglesia de Dios: Israel es culpado continuamente de seguir las prácticas idolátricas de los pueblos vecinos, siendo sus corazones desviados al tomar mujeres por fuera de la comunidad del pacto. Esta situación es ilustrada en el siguiente pasaje de Malaquías:
¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos creó un solo Dios? ¿Por qué, pues, profanamos el *pacto de nuestros antepasados al traicionarnos unos a otros? Judá ha sido traicionero. En Israel y en Jerusalén se ha cometido algo detestable: al casarse Judá con la hija de un dios extraño, ha profanado el santuario que el Señor ama. En cuanto al hombre que haga eso, quienquiera que sea, que el Señor *Todopoderoso lo excluya de los campamentos de Jacob, aun cuando le lleve ofrendas. Otra cosa que ustedes hacen es inundar de lágrimas el altar del Señor; lloran y se lamentan porque él ya no presta atención a sus ofrendas ni las acepta de sus manos con agrado. Y todavía preguntan por qué. Pues porque el Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que traicionaste aunque es tu compañera, la esposa de tu pacto. ¿Acaso no hizo el Señor un solo ser, que es cuerpo y espíritu? Y ¿por qué es uno solo? Porque busca descendencia dada por Dios. Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la esposa de su juventud.” Yo aborrezco el divorcio dice el Señor, Dios de Israel, y al que cubre de violencia sus vestiduras", dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros.9
Tal como aclara el Comentario Bíblico Plenitud sobre estos versículos “La reprensible práctica de repudiar a las esposas israelitas (vv. 14-16) y casarse con mujeres que servían a deidades paganas constituía una violación del pacto de nuestros padres (Deu_7:1-4). El temprano restablecimiento de esta ley en el período post-exílico (Esd 9; 10) fue seguido por un gradual retorno a esta abominable práctica, lo cual dio lugar a una descendencia con creencias religiosas sincréticas (Deu_5:15)10(SIC). La exhortación del profeta marca un contraste entre la adoración correcta -el matrimonio con mujeres de la comunidad del pacto que honren a Dios y den a luz hijos temerosos de Dios, esto es, crear familias de adoradores- y la adoración aborrecida por el Señor, marcada por ceremonias externas y una religiosidad espuria.
En tiempos del Nuevo Testamento los matrimonios cristianos, además de enfrentar este peligro (véase 2 Corintios 5, la exhortación del apóstol Pablo contra el yugo desigual), tienen que vérselas con algunas señales de intranquilidad acerca de la conveniencia de estar casado y la pecaminosidad de la unión conyugal. En la primera epístola de Pablo a los Corintios, el apóstol da respuesta a una inquietud que los creyentes de esta congregación y por su declaración, podemos juzgar la naturaleza de la misma: “...si te casas, no pecas...11. Esto, en nuestros días no parece algo digno de enmarcar, pero es una mentira que desde muy temprano se comenzó a infiltrar en la iglesia, tal como le advierte el apóstol Pablo al joven Timoteo:
Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, por la hipocresía de mentirosos que han sido cauterizados en su misma conciencia; que prohíben casarse y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que, con acción de gracias, participen los creyentes, los que han conocido plenamente la Verdad.12
Lo alarmante de esta advertencia es que fue dada por el apóstol en el contexto de las instrucciones sobre los requisitos para ejercer el obispado (cap. 3:1-7), el papel de la iglesia en el mundo (cap. 3:14-16) y el trato hacia los ancianos de la iglesia (cap. 5:17). Al parecer esta tendencia comenzó a surgir dentro de hombres en extremo religiosos que fueron tentados a ignorar y despreciar su propio cuerpo; más que una acción piadosa, lo que estos hombres hacían era, por un lado dar un tinte “cristiano” a las enseñanzas ascéticas propias de la filosofía griega y por otro revelarse en contra de la inmoralidad rampante de su tiempo. No obstante, esto los colocaba en el peligro de caer en la tentación sexual (véase 1 Cor 7:1-2): sea que provenga de su propio temperamento, o de la cultura en la cual vivían, una cosa es clara: no es cristiano. En el espacio de veinticinco años desde la pascua de Pentecostés, y en un documento inspirado, esto se califica como un apartamiento de la fe. La epístola a los Hebreos, cuyo autor está impregnado en la teología de Pablo, indica lo que en ese momento dicen los maestros ortodoxos: “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho conyugal sin mancilla, porque Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros.13. Notemos que el matrimonio es colocado en una posición honrosa a causa de las fornicaciones, confirmando lo expuesto anteriormente por el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios y por otro lado que no se trata solamente de estar casado, sino de casarse bien y cumplir con los deberes conyugales, incluyendo los sexuales; se observa aquí un primer propósito santificante en el matrimonio. Pero menos de un siglo después de la muerte de Pablo Ireneo de Lyon, se refiere a sus maestros, quienes habían conocido personalmente a los Apóstoles, en los siguientes términos:
Saturnino y Marción, que se llamaron "los Castos", predicaron que todos deberían abstenerse del matrimonio...14
La iglesia, tanto en Roma o en Alejandría hasta el siglo III, tenía una opinión unánime sobre el matrimonio: los autores cristianos de esa época insistían en que el matrimonio no es pecado. Sin embargo, tanto el clima cultural de Egipto, como la reacción de la Iglesia ante el mismo, comienzan a mostrar las doctrinas que insistían en entrar en la iglesia y reflejo de este conflicto se pronuncia el que, para algunos es el mayor intelectual de la historia cristiana: Orígenes. Su automutilación, castrándose él mismo cuando era joven, por una idea equivocada del celibato, hace que su comentario sobre uno de los dichos de Cristo' sea de lo más impresionante. Como él lo considera, “aquellos excluidos del matrimonio por actos de los hombres15, incluye a todos quienes temen al matrimonio a causa de las enseñanzas heréticas.
Mientras crecía sigilosamente en la iglesia el movimiento monástico, las declaraciones de los diferentes sínodos de obispos sobre el matrimonio eran unánimes, incluso casi un milenio después, Bernardo de Claraval hace estas sorprendentes declaraciones:
Arrojad de la Iglesia al matrimonio honorable y al lecho matrimonial sin mancha, ¿y no la llenaréis con fornicadores, incestuosos, masturbadores, pervertidos, homosexuales, hombres dados a toda clase de corrupciones?
¿Es que coronaremos a la vileza? No podría llegar a menos el Autor de la virtud. ¿Se condena a toda la raza humana con la excepción de un puñado de los que no se casan? Este no es modo de ser un Salvador.16
La relación que hace el autor escolástico entre una iglesia llena de pecado y de hombres solteros es directa y atiende las palabras del apóstol Pablo, “en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo17.
En tiempos de la Reforma, la iglesia suscribe también una opinión favorable sobre el matrimonio. El catecismo mayor de Westminster en la pregunta 20, coloca el matrimonio dentro del círculo de la providencia de Dios en el acto mismo de la creación
La providencia de Dios para con el hombre en el estado en que éste fue creado consiste en a) haberle colocado en el paraíso para que lo cultivara y concediéndole libertad para comer del fruto de la tierra, b) poniendo las criaturas bajo su dominio, c) e instituyendo el matrimonio para su ayuda...”18
También afirma Charles Hodge que “La prueba más fuerte de la santidad de la relación matrimonial a los ojos de Dios se encuentra en el hecho de que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento es hecho el símbolo de la relación de Dios con su Pueblo... Así mismo, el alejamiento del pueblo de Dios es ilustrado como una referencia a una mujer abandonando a su marido; mientras que la paciencia, ternura y amor de Dios son comparados a los de un fiel marido para con su mujer. 'como el novio se goza sobre la novia, Así tu Dios se regocijará en ti.'19 (SIC)
Es tan fuerte y seria la visión que Dios tiene del matrimonio que dice Pablo del hombre casado en relación con el estado de soltería del apóstol que “en realidad, preferiría que todos fueran como yo. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don: éste posee uno; aquél, otro.20 En otras palabras, el matrimonio es visto como un “don”. La palabra traducida como “don” es charisma y coloca al hombre casado y al soltero en la misma condición ante Dios en cuánto a dones dados por el Creador. El matrimonio, como la virginidad, se debe a uno de estos dones del Espíritu; y en el capítulo doce de la misma epístola, muestra el significado de esta palabra al relacionarla con una tradición del Antiguo Testamento, a saber que las personas que ocupaban oficios especiales dentro del pueblo de Israel, eran ungidas por el Espíritu Santo, siendo capacitadas para alguna función que Él deseaba que realizaran en la vida de su pueblo, alguna obra que no beneficiará tanto a ellos mismos como a esta comunidad elegida de entre todas las naciones y que se reserva como suya propia. No sólo Moisés y los profetas y reyes, sino los músicos y los artesanos que trabajan en el Templo, recibieron este Espíritu de Dios
En Pentecostés, los Apóstoles oyen un sonido semejante al viento atribuido a la misteriosa persona divina que los transforma, capacitándolos para que desempeñen sus funciones en las vidas del nuevo Pueblo Elegido; en seguida se reconoce que esta es acción del Espíritu de Dios y el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu, atribuye este hecho al cumplimiento de la profecía dada por Joel siglos atrás:
Después de esto,

Derramaré mi Espíritu sobre todo el *género humano.

Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán,

Tendrán sueños los ancianos

y visiones los jóvenes.
En esos días derramaré mi Espíritu

Aun sobre los siervos y las siervas…21

Este mismo Espíritu lo poseen todos los creyentes de Dios. Sin embargo, al parecer en la iglesia de Corinto existía confusión sobre los dones que este Espíritu impartía y cómo utilizarlos, así que el apóstol Pablo aclara la situación en el capítulo 12 de la primera carta escrita a esa iglesia, a saber:
Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu; hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor, hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos, a cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás...

De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo.
Si el pie dijera: "Como no soy mano, no soy del cuerpo", no por eso dejaría de ser parte del cuerpo y si la oreja dijera: "Como no soy ojo, no soy del cuerpo", no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato? En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció. Si todos ellos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decirle a la mano: "No te necesito." Ni puede la cabeza decirles a los pies: "No los necesito"...
Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo. En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos?22
Cada cristiano tiene un don del Espíritu que guiará la razón de algún aspecto de la vida y crecimiento de la Iglesia. Si el matrimonio es descrito en el capítulo siete de la carta, como un don del Espíritu, si se clasifica con la virginidad y la función de los doce Apóstoles y otros ministros de la iglesia entre las diferentes actividades que el Espíritu asigna a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, no se puede hacer más que reconocer que Dios está asociado con cada matrimonio cristiano, de una manera tal que cada matrimonio cristiano juega un rol clave dentro del grupo de los elegidos, pero de manera más específica en las congregaciones locales, tal cómo es presentado en la carta a los Corintios . Pablo sugiere entonces que la iniciativa del matrimonio proviene de Dios para beneficio de su pueblo. El matrimonio cristiano es una comisión que alcanza cierto rango, una designación para desempeñar cierta función. Esto añade una dimensión totalmente nueva a la relación del esposo y la esposa. Es Dios el que ha dado el uno al otro y no sólo en su propio obsequio, tal como lo presenta el mismo cuadro de la creación:
Dios el Señor dijo: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada"...Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre23
Puesto que Moisés está presentando esta historia del pasado para explicar el presente de los israelitas, surge la impresión de que Dios no solamente dispone que exista tal cosa como el matrimonio, sino que presenta cada esposa a cada marido. En los últimos capítulos del Génesis esto se sugiere con claridad. El siervo de Abraham, comprometido a buscar mujer para el hijo de su señor, dice:
Señor, Dios de mi amo Abraham, te ruego que hoy me vaya bien, y que demuestres el amor que le tienes a mi amo, aquí me tienes, a la espera junto a la fuente, mientras las jóvenes de esta ciudad vienen a sacar agua, permite que la joven a quien le diga: Por favor, baje usted su cántaro para que tome yo un poco de agua, y que me conteste: Tome usted, y además les daré agua a sus camellos, sea la que tú has elegido para tu siervo Isaac. Así estaré seguro de que tú has demostrado el amor que le tienes a mi amo.24
Vemos así como desde los tiempos de la creación, pasando por los patriarcas y por el resto de la historia de la redención, hasta llegar a nuestros postreros días, el bienestar del Cuerpo Místico de Cristo es lo que el Espíritu tiene en mente cuando Él determina los diferentes modos de vida que habrán en la Iglesia y quiénes serán los llamados a cada uno de ellos. No sólo sus propias vidas, sino la vida del Cuerpo Místico tienen que depender del modo en que vivan juntos. Esto será obvio cuando tengan hijos, pero no existe ninguna razón para considerar esta influencia limitada a ellos. Pablo dice simplemente que el espíritu distribuye estas llamadas teniendo presente el bien de la Iglesia. El modo en que la Iglesia se beneficiará de cada pareja casada en particular, es una pregunta que solamente Él puede contestar.
Este mismo conocimiento era el que tenían los padres de la Iglesia pos apostólica, bien decía Clemente de Alejandría, hablando acerca del cristiano, que “Él come, bebe y toma una esposa, no por su propio gusto y como su interés principal, sino llevado por la necesidad. Y cuando digo que toma una esposa, quiero decir si el Verbo le ha dicho que lo haga25
Es así como, en primer lugar, el matrimonio cristiano como un don espiritual redunda en beneficio del cuerpo de Cristo; Sin embargo, no podemos olvidar que el matrimonio también tiene propósitos santificantes entre los unidos por el vínculo conyugal en Cristo. Hay que recordar que en el matrimonio, se llama a los esposos no solamente a un ministerio, un don o modo de vida: también son llamadas a una persona. Puesto que en esta vocación están envueltas dos personas, no puede consistir meramente en una invitación a casarse, ni a casarse con cualquiera de entre varias mujeres buenas. Dios ama a ambas partes. Ni se usa simplemente por amor al otro. Ambos son llevados a este matrimonio en particular porque será un bien para cada uno de ellos.
La revelación no dice que esta mujer o el hombre sean los seres humanos ideales ni que ningún(a) otro(a) creyente pueda ayudar a este hombre a santificarse. Dice simplemente que si el o la creyente sigue la dirección de la Palabra de Dios, encontrará al esposo o esposa más idónea. Si no lo hace, aún Dios puede utilizar otra persona que pueda ayudarle, pero siempre es más aconsejable seguir la dirección que señala Dios. Al hacerlo de esa manera, los propósitos de Dios de edificar su iglesia y de crear un pueblo para sí serán cumplidos al unísono, redundando en beneficio de los creyentes que se congregan en una iglesia local, pero ¿Y qué hay de la santificación de la pareja? Este último punto es uno de los que tal vez crea más malos entendidos entre los creyentes, porque suele ser visto como como una obligación impuesta por Dios de imitar a Cristo y no se encuentra gozo en esta tarea. Escuchemos lo que John Piper dice al respecto:
La razón por la que hay tanta miseria en el matrimonio, no es que los esposos y las esposas busquen su propio placer, sino que no lo buscan en el placer de su cónyuge. El mandato bíblico a los esposos y las esposas es que busquen su propio gozo en el gozo de su cónyuge.
No existe un pasaje más hedonista en la Biblia que el que encontramos sobre el matrimonio en Efesios 5:25-30. Se le dice a los esposos que tienen que amar a sus esposas de la misma forma que Cristo amó a la iglesia.
¿Cómo amó a la iglesia? "Se entregó a si mismo por ella". Pero ¿por qué? "Para santificarla y lavarla". Y, ¿por qué querría hacer eso? "A fin de presentar la iglesia a sí mismo en esplendor".
¡Ahí lo tenemos! Como dice en Hebreos 12:2: "por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz". ¿Qué gozo? El gozo del matrimonio con su esposa, la iglesia.
Jesús no quiere una esposa sucia y que no es santa. Por tanto, estaba dispuesto a morir para "santificar y lavar" a su prometida, de forma que la pudiese presentar a sí mismo gloriosa". Él ganó el deseo de su corazón entregándose a sí mismo por el bien de su esposa.26
Los beneficios mencionados de esta obra son de un carácter tal que requieren un completo cambio en la mentalidad de nuestros días: El diseño original del matrimonio no es lograr un acuerdo entre diferentes cosmovisiones, ni satisfacer nuestros intereses individualistas y egoístas, ni mucho menos encontrar una provisión para los momentos en que sintamos deseo sexual. Sigue explicando el pastor Piper en otro sermón lo siguiente:
De modo que la primera implicación del misterio del matrimonio como un reflejo de la relación de Cristo y la iglesia es que las esposas deben tomar su rol especial de la iglesia y los esposos deben tomar su rol especial de Cristo. Y dondequiera que encuentre un matrimonio como ese, usted encontrará dos de las personas más felices en el mundo porque sus vidas conformes a la palabra de Dios en las Escrituras y la Palabra de Dios en Jesucristo.
Una implicación práctica final de este misterio del matrimonio: un marido y esposa deben perseguir su propio gozo en el gozo mutuo.”27
Casarse implica fundamentalmente encontrar nuestro gozo en la santificación de nuestro cónyuge y en nuestra entrega incondicional, incluyendo lo que decíamos anteriormente: que el matrimonio es un don dado por Dios para la edificación de la iglesia y que mediante los hogares cristianos, el Señor busca la expansión de los siervos de su reino. ¡La cosmovisión de nuestros días se encuentra muy lejana de este propósito! Eso sin contar aún que el matrimonio nos permite reflejar lo más íntimo y profundo del misterio de amor de Cristo y la Iglesia, al punto de estar unida de forma mística.
Necesitamos cambiar completamente nuestra mentalidad para poder decir que el matrimonio es un instrumento directo de Dios para la expansión y preservación de su Reino. Somos instrumentos de la creación de Dios, gestando vida. Vemos entonces donde radica el fondo del problema del matrimonio de la sociedad posmoderna: vivimos en una era que está experimentando las consecuencias de un debilitamiento en la doctrina, lo que conlleva directamente a un debilitamiento de la fe: Los cristianos modernos no tienen claro sus roles en el matrimonio y a consecuencia de esto, no edifican al resto del cuerpo de Cristo, no crían a sus hijos en santidad, no se santifican a sí mismo y, a consecuencia de lo anterior, el matrimonio refleja más la relación tensa que por naturaleza los cristianos deberían tener con el mundo que la unión que Cristo tiene con su Iglesia. El resultado de todo esto: tenemos hoy una iglesia que ha dejado de permear a la misma iglesia y al mundo.
Solo hasta cuando adquiramos plena conciencia de la multiplicidad de papeles que tenemos los cristianos en la edificación del cuerpo de Cristo a través del matrimonio como un don del Espíritu de Dios, podremos tener matrimonios verdaderamente cristocéntricos que sean un testimonio de la Gracia divina y que impacten al mundo.

Elaborado por: Luis Carlos Brieva Berrio

1 1 Corintios 6:19-20 (NVI)

2 http://www.eltiempo.com/colombia/tasa-de-divorcios-en-el-mundo/14046179

4 R. Dawkins, "The Necessity of Darwinism" (La necesidad del darwinismo). New Scientist, Vol. 94, 15 de abril de 1982, p. 130.

5 Genesis 1:26-28 (NVI)

6 Genesis 2:18

7 SANCHEZ, Leopoldo. Teología de la santificación. La espiritualidad del cristiano. Pág. 23.

8 1 Crónicas 16:28

9 Malaquías 2:10-16 (NVI)

10 Software E-Sword. Modulo Comentarios. Comentario Bíblico Plenitud.

11 1 Corintios 7:28

12 1 Timoteo 4:1-3

13 Hebreos 13:4

14 "Contra los herejes", Mb. 1, c. 28, PG 7, 690.

15 Software “Biblia Clerus”. Comentario sobre Mateo, numero 4.

16 "Serm. in C. C " , Sermón 66, PL 183, 1094

17 1 Corintios 7:2

18 Catecismo Mayor de Westminster. Pregunta 20.

19 HODGE, Charles. Teología Sistemática. Soteriología. Cap. 19, pag 817.

20 1 Corintios 7:7 (NVI)

21 Joel 2:28-29 (NVI)

22 1 Corintios 12:4-30 (NVI)

23 Genesis 2:18-22

24 Genesis 24:12-14 (NVI)

25 "Strom.", lib. 7, c. 12, PG 9, 498.

26 http://solidjoys.desiringgod.org/en/devotionals/jesus-joy-in-marriage

27 PIPER, John. Matrimonio: La matriz del hedonismo cristiano. www.desiringgod.org. Traducido por iglesiareformada.com

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