La medicina patas arriba: ¿y si hamer tuviera razóN? Giorgio Manbretti Jean Seraphin Prólogo




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títuloLa medicina patas arriba: ¿y si hamer tuviera razóN? Giorgio Manbretti Jean Seraphin Prólogo
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El esófago

En su origen la totalidad del esófago estaba revestida por el epitelio intestinal, luego fue reemplazado en los dos tercios superiores por el epitelio de revestimiento (ectodermo), aunque a veces quedan «islas» de la antigua mucosa intestinal. En el tercio inferior se trata, en cambio, de una derivación endodérmica.

En los primeros dos tercios el conflicto consiste en no ser capaz de hacer pasar el bocado; algo que «se me ha atragantado» con ulceración de la parte superior del esófago (aumento para que el bocado pueda pasar) en fase de conflicto activo y, en fase de curación, inflamación de la zona ulcerada con estenosis y dificultades de deglución; basta con esperar a que sobrevenga la normotonía (la curación), pues no puede ser sino de otro modo.

En el tercio inferior el conflicto es del mismo tenor: no poder tragar algo que ya hemos agarrado. De ello se deriva un adenocarcinoma en simpaticotonía que se cura a menudo de forma espontánea por caseificación sin ser diagnosticado. Lo que queda se toma erróneamente por varices del esófago.
El estómago

Hay que distinguir entre gran curva (que proviene del endodermo) y pequeña curva, bulbo duodenal y píloro que provienen del ectodermo; por tanto los conflictos, las patologías y la curación serán diferentes:
- La gran curva

El problema es un «bocado» que no puedo digerir en el estómago, asociado al temor a comer algo. He aquí dos casos en los que el trauma emocional se ha manifestado en esta zona:

Una madre le pide continuamente dinero a su hija; con el paso del tiempo la hija vive un doble conflicto: no tiene ya dinero que dar a su madre y, por otra parte, el modo de actuar de ésta le parece inaceptable; «imposible de digerir».

Un jubilado, tras la muerte de su madre, se va para Córcega convencido de poder recuperar la casa familiar. Pero una vez en el lugar se encuentra con la oposición de sus primos y nada puede hacer él, ya que la ley del lugar no permite la parcelación del terreno.

Está dispuesto a ceder todo con tal de conseguir la casa, pero sus primos no aceptan el trato. El trauma emocional tiene una doble connotación: no puede hacerse con la casa y no puede digerir la actitud de sus primos.

En el momento del trauma, el organismo produce células de adenocarcinoma altamente especializadas en la secreción de ácido gástrico con el fin de descomponer el gran «bocado que no pasa» para hacerlo digerible. El hecho de poder digerir o no el «bocado», significa la vida o la muerte.

En fase de reparación hongos y micobacterias (bacilos de Koch) que son acidoresistentes, intervienen para caseificar las células especiales vueltas ya inútiles.
-La pequeña curva

El bulbo duodenal, el píloro. Conflicto de contrariedad territorial con una persona que no podemos evitar, pero que «tenemos atragantado», conflicto relativo a personas o situaciones que estamos obligados, muy a pesar nuestro, a afrontar.

En fase activa se manifiestan acidez de estómago, dolores intensos, úlcera de estómago, de píloro o de bulbo duodenal, mientras que en fase curativa la úlcera comenzará a sangrar coloreando las heces de rojo oscuro. Aunque la sangre en las heces es una buena señal, pues viene a demostrar la curación en curso, cuando hasta ahora estábamos acostumbrados a considerarla una manifestación negativa. La crisis epileptoide, en cambio, es cerebralmente peligrosa, pudiendo provocar un infarto de miocardio desde el momento que nos encontramos en presencia de un conflicto que se refiere al territorio.
El intestino delgado

El intestino representa la última barrera que hay que superar a fin de que el «bocado» se vuelva finalmente «yo mismo», el último paso que hay que dar para poder tragarlo; pero si se trata de una «porquería» indigesta, no sólo no puedo «tragarla» sino que tendré también miedo a morirme de hambre. Entonces el cuerpo, estropeado desde el momento en que se ha atragantado el «bocado» (real o imaginario) fabrica un adenocarcinoma que tiene por finalidad segregar un jugo graso para permitir deslizarse el «bocado» hacia dentro. En fase de reparación, el tumor intestinal benigno se ve reducido por necrosis caseificante gracias a los hongos y a los bacilos de Koch, y se manifestarán hemorragias tomadas erróneamente por enfermedades autónomas (enfermedad de Crohn, íleos). Unos fragmentos de intestino mezclados con moco serán evacuados con las heces.

Una mujer es echada de casa por su marido. Doble trauma: ha sufrido una vejación y tiene miedo de no poder comer porque no tiene nada. Manifiesta las siguientes patologías:

- enfermedad de Crohn: vagotonía de un conflicto por haber sufrido una vejación imposible de digerir aparte del temor a carecer de algo;

- adherencias: su papel es llevar sangre al órgano en vías de reparación;

- oclusión: rara, debida tanto al tumor como al edema, no es debida al cáncer de intestino delgado que normalmente no es oclusivo.
El colon

Cuando más se acerca al ano, más tiene que ver el conflicto con algo vil, innoble, abyecto, infame, una contrariedad familiar que se quiere eliminar, ahuyentar de nosotros. Al igual que con el resto de los órganos, es siempre la intensidad del conflicto vivido la que determina la gravedad de la patología consiguiente: desde simples pólipos hasta un gran tumor con riesgo de oclusión intestinal. Puesto que estamos en presencia] de endodermo, la fase de resolución sufrirá una reducción necrótica caseificante con eventuales pérdidas de sangre.


El recto

El recto está compuesto de dos tejidos superpuestos: el ectodermo en el interior y el endodermo en la parte más superficial; en el primer caso, las hemorroides serán la fase de resolución de un conflicto relativo a una mariconada sufrida que se desea eliminar, mientras que en el segundo caso serán la expresión, en fase de simpaticotonia, de un conflicto más frecuentemente femenino por no encontrar el «propio lugar» dentro del «territorio».

El hígado

La digestión química que tiene lugar en el intestino delgado no sólo depende de sus secreciones, sino también de la actividad de tres órganos anexos situados en el exterior del tubo digestivo: el hígado, el páncreas y la vesícula biliar. Después de la piel, el hígado es el órgano más extenso del cuerpo y la glándula más pesada, cerca de 1,4 kilos en el adulto medio. Desempeña múltiples funciones vitales, tales como el metabolismo de los glúcidos, de los lípidos, de las proteínas, segrega la bilis y almacena vitaminas, sales minerales y una proteína que se asocia con el hierro para formar la ferritina.

El sentido biológico del tumor en el hígado es el de sacar el máximo partido a la poca comida que hay a disposición, pues se trata de un conflicto correspondiente al miedo a morirse de hambre por falta de medios, por problemas familiares, miedo a carecer de lo esencial, miedo profundo de «carencia» en todos los sentidos del término y hasta miedo a morirse de hambre por un cáncer en el intestino, ya que es precisamente el intestino el que asimila la comida.
La palabra «comida» debe entenderse no sólo en un sentido real, sino también en un sentido figurado; todo lo que sirve a nuestra supervivencia, el dinero, el trabajo, las vacaciones, etc.

El organismo, por tanto, pone en acción a unos trabajadores especializados, como son las células tumorales hepáticas, que digieren, almacenan y trabajan al máximo. La solución biológica del cerebro para evitar morirse de hambre es la de crear nódulos, pequeños «graneros» para almacenar la comida, y por tanto aumentar el volumen del hígado a fin de que el cuerpo pueda tener reservas en espera de tiempos mejores. Una vez pasada la «carestía», el cerebro activa los bacilos de Koch para caseificar los nódulos (tuberculosis del hígado); en ausencia de los bacilos, los nódulos se enquistan y eventualmente se calcifican. En la segunda parte de la fase de reparación, el cerebro ordena una reducción de la protrombina para licuar la sangre y evacuar las escorias por medio de los glóbulos blancos.

He aquí un par de ejemplos:

Un hombre tiene un cáncer de intestino y sufre una intervención quirúrgica. Un buen día su aseguradora le disminuye la indemnización por enfermedad y el hombre sufre un trauma por temor a no llegar a finales de mes con la suma que le queda, cosa que desencadena un nuevo cáncer, esta vez de hígado.

Una tienda de comestibles tiene que cerrar; su propietaria dice: «¡Nos moriremos de hambre!» Su hija se lo cree y poco tiempo después se le diagnostica un cáncer de hígado.
EVELINA, LA ZORRA

El campesino Juan tenía un magnífico gallinero con una treintena de gallinas bien gordas y dos bonitos gallos. Todas las mañanas iba recoger los huevos frescos y a dar excelentemente de comer a las gallinas, luego se sentaba en un rincón para contarlas. Las conocía a todas, una por una, y para algunas incluso les había encontrado un nombre. Pero un buen día no le salieron las cuentas: faltaba una gallina. Lleno de sospecha, dio una vuelta por el recinto y descubrió un agujero debajo de la red: no cabía duda de que había entrado un zorro. Evelina, la zorra, tenía la vida solucionada: con aquel estupendo gallinero en las proximidades su vida había cambiado, tenía asegurada la comida, una gallina cada dos días, y luego a disfrutar de la vida. Pero un buen día el campesino Juan vendió la granja y se acabaron las gallinas; para la zorra Evelina comenzaron los problemas. Ahora tenia que ir de cara y comer lo poco que encontraba, como alguna lagartija o algún ratón cuando había suerte, pero nada más. Siempre estaba hambrienta y no sabia cuándo podría darse de nuevo un banquete; era una situación de emergencia y su hígado comenzó a llenarse de nódulos para reservar la poca comida que encontraba. Pero llegó el verano y otro campesino se instaló en la granja de Juan. Evelina estaba salvada y comenzó a curarse del hígado que en breve tiempo volvió a su tamaño normal.
Los conductos biliares y pancreáticos

Éstos vierten en el intestino delgado la bilis y el jugo pancreático que favorecen la absorción de las sustancias nutritivas.

«Cólera y rencor como consecuencia de una injusticia sufrida»: éstas son las palabras clave que dan lugar a la ulceración de los conductos biliares intra y extrahepáticos. La hepatitis es su reparación y se desarrolla inevitablemente con o sin virus. Cuando los valores hepáticos comienzan a volverse normales puede producirse un «coma hepático»: en realidad es un coma cerebral que sobreviene inmediatamente después de la crisis epileptoide. Sería deseable, según Hamer, suministrar en este punto una fuerte dosis de cortisona y glucosa que debe actuar en el momento en que se detiene la crisis.
El páncreas

Está formado esencialmente por dos grupos de células; los islotes de Lansgerhans (que segregan entre otras cosas la insulina) y las glándulas (que segregan el jugo pancreático).

«¡Es una vergüenza que no me la trago, es una ignominia; una indecencia!» Al ser el conflicto mucho más fuerte que los anteriores, el estómago no puede digerirlo y tampoco el intestino eliminarlo. Tan sólo el páncreas es capaz de conseguirlo porque es el órgano que segrega los enzimas más potentes de todo el cuerpo.

Angela había perdido a cuatro de sus parientes y el último, tío Pepe, le había prometido dejarle en herencia un delicioso refugio de montaña.

Pero a la muerte del tío es la hermana de Angela la que hereda y, por si fuera poco, se ríe de ella a sus espaldas: conflicto de lucha por el «bocado» con sentimiento de ignominia, indecencia. Angela tiene un cáncer de páncreas. También Mario F., ha desarrollado un cáncer de páncreas. Él, que ha tenido siempre plena confianza en su hijo, pero que un buen día descubre una sustancial merma en su cuenta bancaria: el dinero era retirado con la tarjeta de crédito de su mujer. Su hijo se la había robado y retiraba dinero para comprar droga. ¡Gran drama! «Droga en mi propia casa, «temo por mi hijo, qué será de él» y «yo que tenía plena confianza en él».

Dos son las posibilidades de reparación (el cáncer de páncreas, según Hamer, no es después de todo tan peligroso como se cree):

- la caseificación con formación de cavernas;

- a la falta de microbios el cáncer se enquista
Los islotes del páncreas

Claudia es una señora de cincuenta años, de las que han trabajado toda la vida en el campo y que ayudan a su marido a redondear sus ingresos; hay tres hijos que mantener, pero la tierra no rinde actualmente más que una cosecha anual. Por la noche hay que preparar la cena para cinco, fregar los platos, arreglar la cocina y luego descansar unas pocas horas porque en el campo uno se levanta temprano. Pero el marido está lleno de energía y todas las noches es la misma historia: quiere tener relaciones sexuales. Claudia se le «resiste» y le rechaza hasta que, con el tiempo, le entra temor debido a la posible reacción del marido a sus continuas negativas... Pues esto es la diabetes.
- conflicto de resistencia + miedo = hiperglicemia (por falta de insulina)

- conflicto de repugnancia + miedo = hipogIicemia (por insuficiencia de glucagón).
— EL ASNO Y EL MOLINERO

Un asno tiraba por las calles del pueblo de un carro lleno de harina, azúcar, gluten y almidón que debían servir para hacer un buen pan para los vecinos del lugar: todos eran grandes trabajadores y sus músculos estaban siempre ocupados en el trabajo del campo. A medida que avanzaba el carro, la harina atravesaba las «arterias» del pueblo para llegar hasta Benito, el panadero. Pero antes de llegar el asno se para: ha visto una serpiente en medio del camino. El molinero le fustiga y le obliga a avanzar, pero el asno se «resiste», y es tanto el «miedo» que siente que toda la harina y el azúcar se quedan bloqueados en las «arterias». Sin embargo, los campesinos la necesitan y aguardan impacientes. E molinero baja del carro y se da cuenta de que aquello de lo que el asno tiene miedo no es una serpiente sino un simple bastón; entonces lo coge y lo arroja en un hoyo y el asno reanuda su camino. Por fin la buena harina llegará a su destino, el panadero hará con ella un excelente pan y unas estupendas pastas que todos los campesinos se comerán con gusto.


EL APARATO URINARIO
Su papel principal es el de mantener la homeostasis en el interior del organismo regulando la composición, el volumen y la presión de la sangre. Para hacer esto elimina y devuelve las cantidades determinadas de agua y de soluciones líquidas. El aparato urinario está formado por los riñones, la vejiga, los uréteres y la uretra.
El riñón: el parénquima

El parénquima, o tejido renal, contiene los nefrones, las unidades funcionales del riñón que filtran, segregan y reabsorben los líquidos del cuerpo. La orina es el resultado de la actividad de los nefrones.

Lucas tenía 17 años cuando sus padres decidieron que ya era hora de que aprendiera a nadar sin tocar el suelo, allí donde el agua cubre, pero Lucas no quería saber nada de ello, ya que tenía demasiada miedo. Su padre y su madre deciden llevarle a dar una vuelta en barca y, cuando está en alta mar, empujan a Lucas dentro del agua.

¡Qué terrible espanto! Inmediatamente Lucas produce una necrosis del tejido renal para contener la orina.

Nuestro cuerpo está compuesto de agua en un 70% y cuando vivimos un conflicto relativo a unos líquidos (agua, nieve, gasóleo, leche, suero, etc.) es como si tuviéramos miedo de perder toda nuestra agua, la cual, como el aire, resulta vital; así pues, en términos de supervivencia biológica, bloqueamos su salida del cuerpo. Más tarde, una vez solucionado el conflicto, se forma un gran quiste renal o una proliferación celular. El quiste es un nuevo parénquima que tiene por finalidad sustituir al riñón que se ha vuelto ineficaz y producir orina de tal modo que la funcionalidad renal es mayor que antes del trauma.

La intervención quirúrgica es desaconsejada por Hamer por dos motivos: El quiste es un nuevo parénquima que ocupa el lugar del riñón necrótico, y al quitarlo se interrumpe el contacto con el cerebro y el riñón no podrá producir ya orina. Se puede tener el quiste toda la vida sin problemas, o si es demasiado grande, esperar al final de las vascularizaciones (como para los quistes ováricos) antes de intervenir.

En segundo lugar, dado que la zona cerebral que rige los riñones es doble, una para el riñón derecho y la otra para el riñón izquierdo, si se interviene antes del final de la fase de curación extirpando un riñón el cerebro envía la misma orden al otro riñón con consecuencias desastrosas.

A propósito de la diálisis... nadie debería entrar nunca en diálisis, según Hamer, aunque los valores de la creatinina sean muy altos, se puede vivir perfectamente a condición de eliminar doscientos centilitros de orina al día y todo el mundo elimina esta cantidad.

La diálisis genera además casi siempre un nuevo trauma de transfusión que afecta al bazo, nuestra reserva biológica de sangre.
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