La medicina patas arriba: ¿y si hamer tuviera razóN? Giorgio Manbretti Jean Seraphin Prólogo




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El riñón: los tubos colectores

Los tubos colectores son estructuras por las que pasa la orina; una parte del agua es reabsorbida y cedida a la sangre, que a su vez elimina las sustancias que hay que expulsar.

Una alteración de los tubos colectores es indicio de un conflicto de lucha por la existencia, en un contexto en el que «se ha perdido todo», «no se tiene ya a nadie», «uno se ha enfrentado bruscamente a la nada» (refugiados, inmigrantes, prófugos); o en un contexto familiar o social donde «todo se nos viene encima» en sentido propio y figurado.

«La vida es demasiado dura», «cuando es demasiado es demasiado», «esto ya no es vivir», «he malgastado los mejores años de mi vida, desperdiciados con alguien que no valía la pena»; nos parece que somos incapaces de afrontar la vida, nos encontramos frente a la nada, no hay ya nada, «no tengo ya raíces»; entonces se produce una proliferación celular en fase conflictiva seguida, en la resolución del conflicto, de caseificación a medias de micobacterias, pérdida de albúmina en la orina e hipertensión. En esta segunda fase se acostumbra a diagnosticar una tuberculosis renal, a causa de las cavernas que se forman en el lugar del tumor.
La vejiga urinaria

Es un órgano muscular hueco situado detrás de la sínfisis púbica. Su forma depende de la cantidad de orina que contenga; si está vacía parece una pelotita deshinchada, si está llena toma la forma de una pera. En líneas generales, la capacidad de la vesícula es menor en la mujer que en el hombre, pues el útero se encuentra inmediatamente encima.

Para los animales la función biológica de la orina consiste en «marcar» el territorio, una clara señal para decirles a los intrusos: «alto ahí, estás en mi casa». El hombre civilizado ha inventado el retrete y por tanto orina siempre en el mismo sitio, pero la función biológica ha seguido siendo la misma; para la mujer, más interiorizada, más inclinada a la defensa interior de su «nido», el trauma correspondiente se deberá al hecho de no poder organizar su espacio, o a encontrárselo de repente patas arriba.

En cambio, el hombre es más dado a la defensa de los límites exteriores del territorio, y si los límites están en peligro la solución biológica consiste en ulcerarse la mucosa de la vejiga (ectodermo) para hacer pasar una mayor cantidad de orina; una vez cesadas las alarmas, el cuerpo cierra las úlceras: infecciones urinarias, quistes, ardores en la micción. Para la submucosa de la vejiga (de derivación endodérmica) el comportamiento de las dos fases de la enfermedad es lo opuesto: pólipos en fase conflictiva y necrosis en fase de curación. Se trata en este caso de un conflicto relativo a algo poco «limpio» en el interior o fuera del propio territorio.

— UN PEZ FUERA DEL AGUA

En septiembre los salmones remontan el río, vuelven al nacimiento del mismo para poner los huevos y morir; es el ciclo de la vida que sigue su curso. Remontar un río impetuoso supone un inmenso esfuerzo y, por si fuera poco, hay osos que esperan. Los salmones, con la fuerza de su cola, dan saltos impensables, superan grandes peñascos, remontan los rápidos. Uno de ellos da un salto más largo pero va a parar a una orilla, a la sombra de una gran roca: su vida corre peligro, pues ¡está fuera del agua! Vive un conflicto de aniquilación; un pez fuera del agua está perdido. La única posibilidad que le queda es bloquear los riñones para extraer el máximo de agua posible en espera de una ola que lo arrastre dentro del río. El Sol sigue su órbita y dentro de poco el salmón se encuentra a pleno Sol; segundo conflicto de aniquilacion, segunda solución biológica: bloquea las glándulas suprarrenales, la producción de cortisona, para permanecer inmóvil y no equivocarse de dirección. Es su única esperanza de sobrevivir. ¡Es la biología la que manda en una situación de emergencia!


EL SISTEMA GLANDULAR
Ya hemos hablado del pecho y de las gónadas al tratar del sistema reproductor; para completar el discurso examinaremos aquí brevemente la parte cortical de las grándulas suprarrenales, la hipófisis y la tiroides, importantes reguladores de nuestro organismo por medio de las hormonas.
La parte cortical de las glándulas suprarrenal.

Las glándulas suprarrenales se encuentran encima de los riñones y se diferencian en dos zonas en el plano estructural y funcional: Ia parte cortical en el exterior que recubre la parte medular en el interior. La primera deriva del mesodermo y produce hormonas esenciales para la vida, entre ellas la cortisona y la aldosterona, la segunda deriva del ectodermo y produce la adrenalina y la noradrenalina. Aquí examinaremos la parte cortical de las glándulas suprarrenales.

El trauma emocional que tiene que ver con ella es el relativo al temor a equivocarse de dirección, a correr en la dirección equivocada, a ir por el mal camino. Pues la parte cortical de las glándulas suprarrenales deriva del mesodermo cerebelar, tendremos una lisis en la fase activa del conflicto y una reconstrucción en la fase de reparación.
La hipófisis

Durante muchos años la hipófisis fue considerada la principal glándula endocrina dado que segrega muchas hormonas que controlan a su vez otras glándulas endocrinas; hoy sabemos que es a su vez estimulada por el hipotálamo. La hipófisis está compuesta de:
- un lóbulo delantero que segrega hormonas, las cuales regulan un gran número de actividades corporales, desde el crecimiento hasta la reproducción;

- un lóbulo posterior que contiene terminaciones nerviosas;

- un lóbulo intermedio que se atrofia durante el desarrollo del feto.
Aquí nos limitaremos a considerar la función de secreción de las hormonas del crecimiento. El conflicto que afecta a la hipófisis es el de ser demasiado pequeño para llegar al «bocado»; se desarrolla un adenoma en su lugar, que aumenta la secreción de las hormonas del crecimiento, de la que derivará una acromegalia (o sea, gigantismo) de nariz, barbilla, cuello, manos, pies según el impacto del trauma. El alargamiento es la solución real del conflicto y el adenoma se verá reducido por hongos y micobacterias.

La tiroides

La glándula tiroides está situada debajo de la laringe y es la única en tener en reserva sus secreciones, las hormonas tiroides (que regulan la utilización del oxigeno, el metabolismo celular, el crecimiento y el desarrollo del ser humano) y la calcitonina, que influye en la homeóstasis del calcio.

Ella también está compuesta de dos tejidos:
- Los «ácinos» regidos por el tronco encefálico proliferan en fase conflictiva dando origen al hipertiroidismo y a una eventual papera. La mayoría de las veces estos tumores permanecen encapsulados, pero si son accesibles a los hongos y micobacterias en fase de reparación, son caseificados y eliminados mediante fístulas. Si el conflicto ha durado demasiado tiempo, los «ácinos» se deterioran y se pasa al hipotiroidismo;

- Los canales excretores forman parte del ectodermo: así pues, pueden presentar un cáncer ulcerativo, un nódulo frío en simpaticotonía y la formación de quistes reparadores en vagotonía, la papera benigna.
«Hay que actuar deprisa», «rápido, rápido, no hay tiempo para hacerlo todo», «no consigo adelantarme a los acontecimientos»: tal es la temática conflictiva relativa a la tiroides.

LA OVEJA DESCARRIADA

Una oveja que está completamente sola será presa fácil del primer lobo que la encuentre; por eso las ovejas viven en rebaño. ¡La naturaleza hace siempre las cosas como es debido! El rebaño se despierta por la mañana para pacer la fresca hierba húmeda del rocío nocturno, cabizbaja en el prado. Una oveja se encuentra con una fila de sabroso trébol, «¡Qué mañana más afortunada!, piensa, y dominada por la gula se pone a pacer vorazmente; una vez la panza llena, no queda ya nadie allí, levanta la cabeza, pero el rebaño ha desaparecido, por seguir el trébol ha ido «en la dirección equivocada» y ahora está totalmente perdida en medio de las colinas. Su memoria ancestral enciende la luz roja y grita: «¡Socorro, ayuda, que viene el lobo!» Pero el cerebro encuentra la solución perfecta para salvarle la vida: necrosis de la parte cortical de las glándulas suprarrenales que inmediatamente cesan de producir cortisona a fin de que la oveja se quede bloqueada allí donde está y no siga en la dirección equivocada. La única esperanza de sobrevivir es volver a encontrar el rebaño, pero si continúa moviéndose corre el riesgo de alejarse cada vez más y de morir. Pasan dos, tres horas y , el rebaño se desplaza en busca de nueva hierba que pacer hasta que la «oveja descarriada» oye balar a lo lejos: ¡está salvada! Inmediatamente sale del conflicto, ahora ha encontrado el camino adecuado; el cerebro invierte el orden, las glándulas suprarrenales vuelven a funcionar produciendo una fuerte dosis de cortisona que le da fuerzas para correr como loca hacia las otras ovejas, donde finalmente podrá descansar y lleva a cabo la reparación en completa seguridad: A diferencia de lo que normalmente sucede, la oveja se para en la fase activa del conflicto y corre en la fase de resolución, es una prueba más de que la naturaleza encuentra siempre la mejor solución en términos biológicos de supervivencia.


TERCERA PARTE

ALGUNAS PATOLOGÍAS MUY EXTENDIDAS
Lo que atormenta al hombre no es la realidad

sino la idea que se hace de ella.

EPICTETO
Tras haber pasado brevemente revista a las patologías y a los correspondientes conflictos que se manifiestan en la mayoría de nuestros órganos, quedan por tratar aún algunas enfermedades muy extendidas, y otras consideradas con mucha frecuencia incurables que dejan al que se ve afectado por ellas totalmente convencido de que su fin, más o menos retardado, es inevitable. Ello legitima, por parte de las autoridades sanitarias y de la industria farmacéutica, enormes inversiones destinadas a la investigación, con cientos de asociaciones que recolectan fondos, realizan campañas publicitarias de supuesta «información» que de hecho para lo único que sirven es para aterrorizar al ciudadano «ignorante». Pero visto lo visto es como pedir peras al olmo, tan es así que la gente se sigue muriendo, sigue sufriendo muy frecuentemente de forma inútil a pesar del ingente capital invertido en investigación. ¿Están todos ellos movidos por la mala fe? Esperemos que no; pero lo cierto es que están hasta tal punto atrapados en la vorágine que son incapaces de salir de ella y mirar en otras direcciones; quien lo intenta es marginado.

Tan sólo los pocos que dirigen el cotarro tienen muy claro el plan y están en posesión de todos los medios para pasar por beneméritos de la sociedad. Pero ya es hora de abrir los ojos y recobrar nuestra facultad de razonar y tener el valor de tomar las propias decisiones.

Somos los únicos dueños y señores de nosotros mismos, así como los únicos artífices de nuestra curación.

Quisiéramos comenzar hablando de un concepto que necesita cuando menos ser reducido a su justa importancia, el de metástasis, y del modo en que la patología le es comunicada al paciente, es decir, el diagnóstico: dos bombas de relojería que puede tener efectos desastrosos.

EL CONFLICTO IATROGÉNICO (DIAGNÓSTICO Y METÁSTASIS)
Tomemos el ejemplo, por desgracia muy frecuente, de una mujer afectada de cáncer de glándulas de pecho: como hemos visto, si una mujer diestra se ve afectada en el pecho izquierdo, se tratará de un conflicto que repercutirá en la linea directa de las relaciones «madre/hijo»; si el afectado es el pecho derecho, se tratará de un conflicto en un sentido horizontal, más frecuentemente con la propia pareja.

Sucede a menudo que el pecho es extirpado e inmediatamente se desarrolla el cáncer de huesos precisamente allí donde se ha producido la amputación, con el correspondiente diagnóstico de metástasis. Dado que la mujer está continuamente bajo control, se la somete enseguida a radioterapia para tratar de detener las metástasis óseas y al poco tiempo se le descubre un cáncer de pulmón: otras metástasis, según el diagnóstico, y en este punto la prognosis es a menudo la peor.

Veamos en realidad qué es lo que sucede a la luz de las leyes biológicas de la Nueva Medicina.

La mujer en cuestión siente un enorme espanto al ser su hijo atropellado por un coche, y está entre la vida y la muerte por espacio de dos semanas; el cáncer de glándulas de pecho es la solución biológica del cerebro para poder producir más leche y eventualmente amamantar al hijo en peligro. Una vez superado el trauma emocional, el cerebro invierte el orden y comienza la fase de curación: el tumor se enquista o es caseificado en presencia de micobacterias. Pero el médico que la tiene a su cargo no conoce las leyes de la Nueva Medicina y de acuerdo a los dictámenes de la medicina oficial la opera. ¿Qué siente esta mujer que se despierta de la anestesia con un sólo pecho? Sufre un segundo trauma emocional, esta vez de autodesvalorización, y el cerebro activa su programa biológico de lisis ósea precisamente allí donde no tiene ya «valor»; no es una metástasis, sino un segundo trauma emocional.

La medicina oficial sostiene que las células cancerígenas emigran del cáncer primario por vía arterial o linfática; pero ésta no es más que una hipótesis, que nunca ha sido demostrada en laboratorio. Por si fuera poco, el cáncer de pecho es una masa y el cáncer de huesos es una lisis: ¡estas células tumorales deben de ser muy inteligentes para modificarse por el camino! Y para terminar, ¿qué sucede con los macrófagos, las células especializadas que protegen nuestro cuerpo fagocitando a los huéspedes indeseados?

Una sola palabra puede matar

«Querida señora –le informa el médico–, hay que hacer la quimio porque su cáncer se ha extendido a los huesos y tenemos que detener la metástasis». Aquí estamos ante un nuevo trauma: si se vive como trauma de diagnóstico con la misma connotación de autodesvalorización, el cáncer de huesos cobrará nueva fuerza, pero si se vive como miedo a morir «porque me estoy llenando de metástasis», el cerebro pondrá en marcha el correspondiente programa biológico aumentando el número de los alvéolos pulmonares de modo que pueda respirar más oxígeno y sobrevivir: ¡cáncer de pulmón!

No es una metástasis sino un tercer trauma. A la luz de todo lo dicho, el concepto de metástasis pierde por lo menos parte de su significado y es obligada la prudencia a la hora de anunciar un diagnóstico si lo que se quiere es evitar un nuevo trauma de consecuencias trágicas.
La quimioterapia

¿Cómo explicar, entonces, las curaciones que se producen tras el tratamiento de quimioterapia? Hamer sostiene que «¡los pacientes se curan a pesar de la quimio! Cerca del 30% de los cánceres operados son, en efecto, viejos cánceres no peligrosos. Si se somete a este 30% a sesiones de quimioterapia, una parte de estos pacientes sufrirá un nuevo conflicto de pánico y morirá, pero aquellos que no hayan vivido un nuevo trauma emocional (a pesar de la quimio o la intervención quirúrgica que elimina el viejo cáncer encapsulado) sin duda se curarán. Y la medicina oficial podrá decir: ¡la quimioterapia cura!»

EL SIDA

Es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, la llamada «peste del siglo xx». En la parte dedicada a la cuarta ley hemos hablado ya del sistema inmunitario, considerado por la medicina oficial como un ejército en defensa de nuestra salud, dispuesto a combatir la invasión del enemigo. En la Nueva Medicina su papel es reducido y limitado a un sistema modulador del organismo, una puerta que se abre para dejar pasar esos microbios necesarios para la reparación de los daños sufridos en la fase de simpaticotonia y que se vuelve a cerrar una vez terminado el trabajo.

En cuanto al virus VIH, la literatura médica ha escrito ya miles de páginas sobre él sin llegar, por otra parte, a ninguna conclusión definitiva; nuevas hipótesis que contradicen las anteriores se suceden sin descanso. El diagnóstico, además, es del tipo siguiente: si alguien está enfermo de tuberculosis y es seronegativo, tiene la tuberculosis, pero si alguien tiene la tuberculosis; y es seropositivo, entonces tiene el SIDA.

Con toda probabilidad un gran número de personas son portadoras del virus VIH, pero mientras ellas no lo sepan morirán centenarias en su cama. Qué sucede, en efecto, en la mente de un individuo al que, tras una rutinaria extracción de sangre, se le anuncia que es seropositivo? Estamos en presencia de un trauma de diagnóstico; quien consigue de algún modo superarlo, vivirá muchos años con esta espada de Damocles sobre la cabeza hasta el momento en que, en el curso de su vida, se producirá un acontecimiento conflictivo cualquiera que desencadenará los procesos descritos en las páginas anteriores. En cambio, quien se quede como petrificado ante su seropositividad, provocará inmediatamente la patología correspondiente a la connotación de la emoción experimentada:
- «todo se me viene encima», patología renal;

- «miedo a morir», patología pulmonar;

- «no tengo ningún valor», patología ósea;

- «me siento al margen de la sociedad», patología de la piel
¡El AZT y las curas actuales harán el resto!
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