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Pontificia Universidad Católica Argentina

“Santa María de los Buenos Aires”

Facultad de Filosofía y Letras

Año 2010
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA
GUIA DE ESTUDIO

UNIDAD 4: LA FENOMENOLOGÍA COMO RESPUESTA AL RELATIVISMO Y AL ESCEPTICISMO
1. La fenomenología trascendental de Husserl: a) La herencia de Brentano y la refutación del psicologismo; b) La intencionalidad como tema central: intención vacía e impleción, unidad y multiplicidad, todo y parte; c) Los métodos fenomenológicos: reducción cartesiana, reducción fenomenológica y reducción eidética; d) La correlación universal conciencia-mundo y los niveles constitutivos de percepción, empatía y comunicación por el lenguaje; e) Temporalidad, corporalidad y mundo de la vida
Husserl y Brentano

El fundador de la fenomenología, Edmund Husserl (Prossnitz, hoy República Checa, 1859 - Freiburg i.Br., Alemania, 1938), tiene en común con Frege su formación matemática y su interés inicial por la fundamentación de la matemática (véase el Apéndice: Breve Biografía de Edmund Husserl, infra). Sin embargo, mientras que dicho interés lleva a Frege a la concepción de un lenguaje simbólico (la “escritura conceptual”, Begriffsschrift), a la prueba de la unicidad de las matemáticas y la lógica en su plano formal y a la defensa del carácter no empírico, o sea, no psicológico, de sus verdades, Husserl, quien también busca la fundamentación de la matemática en la lógica, se orienta en primer lugar hacia la concepción corriente de su tiempo, a la que él mismo llamará posteriormente psicologismo, mas no en sus formulaciones más difundidas, como la de Stuart Mill, H. Spencer, Sigwart, B. Erdmann, etc., sino en la de Franz Brentano, a cuyas lecciones asiste entre los años 1884 y 1886. En su doctrina buscará, concretamente, la fundamentación de la aritmética, cuyos resultados publicará en 1891 con el nombre de Filosofía de la aritmética.

Brentano, sacerdote católico (más tarde abandonaría los hábitos), se ha formado en la Escolástica. En 1862 publica una obra sobre Las múltiples significaciones del ente según Aristóteles. Cinco años después edita su tesis de habilitación con el nombre de La psicología de Aristóteles, y este interés por el fenómeno mental lo lleva a advertir que la nueva ciencia experimental de la psicología, en la medida en que asimila los caracteres psicológicos a la fisiología del organismo, desconoce los rasgos más peculiares de la actividad mental. Por consiguiente, también falla en delimitar con acierto el campo de estudio de la propia ciencia de la psicología. Sus investigaciones se condensan, finalmente, en una obra en dos volúmenes que publica en 1874, la Psicología desde el punto de vista empírico. Brentano señala que todo ser consciente, toda conciencia, es siempre “conciencia-de” algo, de manera que es preciso diferenciar entre la “conciencia”, o sea, el acto, y el “de”, o sea, aquello “de” lo cual la conciencia es conciencia. Por consiguiente afirma que “el mundo entero de nuestras apariciones (Erscheinungen) se divide en dos grandes clases, la clase de los fenómenos físicos y la de los fenómenos psíquicos”.1 Ejemplos de fenómenos psíquicos son los actos que Brentano llama representaciones (Vorstellungen), tales como oír un sonido, ver un objeto coloreado, etc. A su vez, el sonido oído, el objeto coloreado, etc. son fenómenos físicos.2 Los fenómenos psíquicos, por su parte, son o bien representaciones o bien tienen representaciones como base, como fundamento; así por ejemplo el caso de un deseo: el deseo mismo no es “representación”, pero el “objeto” del deseo tiene que ser representado, es decir, hecho consciente, para que sea posible desearlo. Los fenómenos físicos se presentan como extendidos en el espacio, con una determinación de lugar, los fenómenos psíquicos en cambio son inextensos y carecen de ubicación espacial.3 Brentano los define del siguiente modo:
Todo fenómeno psíquico está caracterizado por lo que los escolásticos de la Edad Media han denominado inexistencia (Inexistenz) intencional (o también mental) de un objeto, y por lo que nosotros, aunque con expresiones no del todo exentas de ambigüedad, llamaríamos referencia a un contenido, dirección a un objeto (con lo cual no debe entenderse realidad (Realität) alguna), o bien objetividad inmanente. Todos contienen en sí algo como objeto, pero no de igual modo. En la representación algo es representado, en el juicio algo es aceptado o rechazado, en el amor, amado, en el odio, odiado, en el deseo, deseado, etcétera.4
En este famoso pasaje, que Husserl discutirá en la quinta Investigación lógica (§§ 10 y 11), hay una ambigüedad fundamental que está implicada ya de algún modo en el término escolástico in-existentia, “existencia-en”. El “en” de “existir-en” puede aludir, por un lado, a la dirección (Richtung) a un objeto (el in de movimiento, “hacia”) y, por otro lado, a la referencia (Beziehung) a un contenido (el in de estado, “en”, “dentro”).5 En la Psicología desde el punto de vista empírico, Brentano privilegia la noción de referencia a un contenido, al que interpreta como el modo en que el objeto se da en la inmanencia de la conciencia. En este aspecto sigue a la tradición escolástica, a la que se remite explícitamente cuando aclara, en una nota a pie de página, que intencional equivale a “ser objetivamente en algo”.6 Ambos términos se refieren al modo de existencia del objeto en el sujeto cognoscente (esse objective) por contraposición al modo de existencia real del objeto fuera de la mente (esse naturae).7

Con respecto a la nota de dirección a un objeto, la originalidad de Brentano ha consistido en trasponer al campo cognoscitivo el concepto de intentio escolástica, que Tomás de Aquino aplicaba al ámbito moral: la intención es el acto específico de la voluntad.8 Es este sentido del término intención el que desarrollará Brentano de modo progresivamente exclusivo y el que retomará Husserl, esto es, como propiedad de la conciencia y no como modo de ser del objeto. Es importante tener en cuenta que la expresión “fenómeno físico” de Brentano se refiere al objeto intencional, es decir, en cuanto contenido de conciencia y no al objeto en cuanto existente real. Esto le permite afirmar que la percepción externa -en la que creemos captar un objeto extramental como existente- no es, estrictamente hablando, percepción (Wahr-nehmung, literalmente “verdadera captación”) sino falsa percepción (Falsch-nehmung, lit. “falsa captación), en virtud de que los objetos sólo existen en cuanto fenómenos, en cuanto apariciones para la conciencia. El objeto real, por otra parte, es el objeto tal como lo entiende la ciencia física, esto es, compuesto de moléculas, átomos, con propiedades mecánicas, etcétera. Ahora bien, el fenómeno físico y el objeto de la física no son en absoluto equivalentes. Si bien la física toma dichos fenómenos tal como se ofrecen en la percepción como punto de partida, su objetivo es estudiar las causas ocultas que los originan y que trascienden a ellos. La física opera con la hipótesis de un mundo existente que es la causa de nuestras impresiones subjetivas a través de fuerzas y estímulos físicos. Los fenómenos físicos sin embargo no reproducen sus causas como imágenes de ellas, sostiene Brentano, sino como sus signos:
Los fenómenos de la luz, del sonido, del calor, del lugar y del movimiento local, de los que se trata, no son cosas que existen verdadera y efectivamente. Son signos de algo efectivo (etwas Wirklichem), que por medio de su acción producen la representación. Pero no son por ello una imagen correspondiente al algo efectivo, y nos brindan conocimiento de él sólo en un sentido muy imperfecto.9
En resumen, en Brentano encontramos una concepción tripartita: (a) por un lado, tenemos el acto, el fenómeno psíquico, por ejemplo el oír; (b) por otro, el objeto inmanente, el fenómeno físico, por ejemplo el sonido; (c) en tercer lugar, la causa oculta de ese objeto, la cosa tal como la postula la ciencia física. Esto puede esquematizarse así:

Fig. 1
Fenómeno psíquico Fenómeno físico Cosa de la física

(a) (b) (c)



intencionalidad causalidad
La relación intencional, la dirección al objeto, tiene lugar entre (a) y (b), mientras que entre (c) y (b) existe una relación de causa y efecto, de estímulo.10 La barra vertical indica la nítida separación entre el objeto intencional y el objeto real. Cuando percibimos un color, existe fuera de nosotros una cierta vibración, con respecto a la cual el color percibido funciona como signo, pero no como imagen. En este fundamental aspecto Brentano se aparta de la Escolástica, para la cual hay un vínculo esencial entre el color tal como existe en la realidad exterior y tal como lo capto en mi acto de percepción. El objeto intencional es un medio para el conocimiento de la cosa exterior tal como ella es. En la concepción de Brentano se produce una quiebra entre ambos objetos, lo que le permite, como ya mencionamos, considerar a la percepción externa como Falschnehmung, puesto que su objeto como tal no existe, es una mera apariencia.11 Por el contrario, en el caso de la percepción interna, es decir, de la captación de los fenómenos psíquicos, es posible efectuar una percepción en sentido genuino: “Podemos igualmente decir que ellos son aquellos fenómenos que tienen únicamente una existencia (Existenz) efectiva fuera de la existencia intencional. El conocimiento, la alegría, el deseo existen efectivamente; el color, el sonido, el calor sólo fenomenal e intencionalmente”.12
Refutación del psicologismo

Husserl adopta estas distinciones de Brentano y las aplica a la fundamentación psicológica del concepto de número en la aritmética elemental, en su escrito de habilitación para la universidad de Halle an der Saale (1887). La profundización de estas ideas se condensa en 1891 con su primer libro, La filosofía de la aritmética. Sin embargo, poco tiempo después, en un estudio donde compara las representaciones de la percepción y del lenguaje (1894), descubre que, para el caso del lenguaje, la interpretación de la intencionalidad como posesión de un contenido inmanente no describe adecuadamente el fenómeno de la comprensión de los signos lingüísticos. Comprender un signo como signo, es decir: como una cosa dada a la percepción pero que no es considerada en sí misma sino que remite o se refiere a otra cosa que no está dada, implica una cierta “actividad” que contrasta con la conciencia “pasiva” de los actos del tipo del “ver”, “oír”, etc. Husserl propone el ejemplo de un arabesco, que primero es captado como objeto estético, ornamental, y luego se advierte que se trata de signos de una lengua. La diferencia entre la conciencia “estética” (perceptiva) y la conciencia “lingüística” no reside en los contenidos, que no han cambiado: los mismos “datos de sensación” sirven de base a ambas conciencias, sino en el modo en que son conscientes, es decir, en la interpretación que sufren por parte de los actos.

Por consiguiente, al menos para el ámbito del lenguaje, intencionalidad como conciencia-de significa dirección (activa) a un objeto, es decir, la dimensión que Brentano relegaba frente a la posesión de una representación pasiva (su “fenómeno físico”). Por otra parte, al interpretar a este contenido inmanente como signo de la cosa trascendente de la ciencia física, Brentano no adhiere a la Escolástica, sino más bien al psicologismo positivista. Tras el descubrimiento de 1894 acerca del lenguaje, Husserl continúa su investigación y extiende finalmente la idea de intencionalidad como actividad de interpretación también a la percepción, a la vez que gana elementos para poder refutar definitivamente al psicologismo en todas sus formas. Ello acontece en las Investigaciones lógicas, obra en dos tomos, de los cuales el primero contiene la crítica al psicologismo y se editó en diciembre de 1900, y el segundo, publicado un año más tarde, expone una nueva manera de hacer filosofía frente al positivismo: la fenomenología.

La objeción más importante, la objeción de principio que Husserl hace al psicologismo, es que confunde esferas del conocimiento distintas. Comete una metábasis eis allo génos, cuyos efectos más nocivos incluyen la fijación de objetivos y metas erróneos (que equivocan el objeto de estudio), el empleo de métodos equivocados (que conduce a resultados falsos) y la confusión de las relaciones de fundamentación entre las distintas esferas. Dicho en general, el psicologismo confunde la esfera de la psicología y la esfera de la lógica, y esto ocurre porque desconoce el carácter propio del ámbito lógico y lo asimila al ámbito empírico. La aceptación de la tesis empirista lleva al psicologismo, según Husserl, a consecuencias equivocadas; en el capítulo 4 de los Prolegómenos a la lógica pura, somete a consideración tres consecuencias empiristas del psicologismo:

a. Sobre bases teóricas vagas sólo pueden fundarse reglas vagas;

b. Si las normas se fundan sobre leyes naturales exactas, las leyes lógicas tienen el rango de meras probabilidades;

c. Si la fuente de las leyes lógicas fuera los hechos psíquicos: c.1 serían leyes para hechos psíquicos, y c.2 supondrían o implicarían la existencia de dichos hechos, mas: contra c.1, ninguna ley lógica implica la existencia de hecho alguno (“matter of fact” en términos de Hume), y contra c.2, ninguna ley lógica es ley para los hechos de la vida psíquica.

El examen de estas consecuencias muestra, según Husserl, que la posición psicologista confunde constantemente los componentes psicológicos de la afirmación de una ley con los elementos lógicos de su contenido (§ 23), y que no diferencia entre los supuestos psicológicos del conocimiento de una ley y los supuestos lógicos de esa ley (§ 24).

En el capítulo 7 redefine al psicologismo como relativismo escéptico. La peor objeción que puede hacerse a una teoría, afirma Husserl, es que contradiga las condiciones de posibilidad evidentes de la teoría misma (§ 32). Ahora bien, “condiciones de posibilidad” se dice en dos sentidos, subjetivo y objetivo. En sentido subjetivo, se trata de las condiciones a priori que hacen posible el conocimiento (el conocer) y su justificación racional (la fundamentación); Husserl las llama condiciones noéticas. Es preciso diferenciarlas de las condiciones reales o empíricas, tanto individuales como específicas. En sentido objetivo, se trata de las condiciones que hacen posible que una teoría tenga un sentido consistente, es decir, que sea una unidad de verdades. Con estas precisiones puede definirse ahora el escepticismo como la negación de las condiciones lógicas o noéticas de posibilidad de una teoría, que es lo que claramente hace el psicologismo cuando se lo lleva a sus últimas consecuencias. Por otra parte, el relativismo consiste en afirmar que todo conocimiento es relativo, ya sea al sujeto individual que juzga o a la especie en general; éste último caso puede llamarse antropologismo (§ 34). El relativista individual, argumenta Husserl, se contradice inmediatamente, pues “el contenido de sus afirmaciones niega lo que es inherente en general al sentido o contenido de toda afirmación” (al afirmar su tesis la está negando). El relativista antropológico llega, en cambio, a una serie de situaciones contradictorias, entre ellas: 1. que la verdad es relativa a la especie es contradictorio porque por su propio sentido una verdad no puede ser verdadera y falsa a la vez; 2. si la constitución de la especie es un hecho, entonces la verdad también lo es; mas los hechos están determinados individual y temporalmente, mientras que el contenido ideal de la verdad no lo está: no hay que confundir el hecho de juzgar que “2 X 2 = 4” con el contenido juzgado “2 X 2 = 4”; 3. suponiendo que lo dicho es cierto, entonces, si no hubiera una constitución humana no habría verdad, lo que también es una suposición arbitraria; 4. finalmente, la relatividad de la verdad implicaría también la relatividad de la existencia del mundo mismo, lo cual es absurdo porque el mundo está implicado ya en la afirmación de la especie humana como producto de la evolución del mundo (§ 36).

Hasta aquí las consecuencias de la posición psicologista. A partir del capítulo 8, Husserl se concentra en los argumentos mismos de los psicologistas, a fin de mostrar que las obviedades sobre las que construyen sus tesis no son tales, es decir, verdades palmarias, sino prejuicios engañosos. Husserl discute tres de estos prejuicios psicologistas, que mencionaremos brevemente:

1º Prejuicio: “Los preceptos que regulan lo psíquico se fundan en la psicología y, por ende, las leyes normativas del conocimiento (es decir, la lógica) se han de fundar en la psicología”.

Ahora bien, esto es una afirmación infundada, pues confunde las leyes lógicas “puras”, es decir, ideales, con las reglas prácticas, como las de un arte o una técnica. En la medida en que parte del antipsicologismo también considera a la lógica como un conjunto de reglas prácticas, lo dicho se extiende también a él. Husserl ha discutido el problema de la lógica como norma en el primer capítulo de los Prolegómenos, mostrando que toda norma presupone necesariamente una afirmación teórica como su base, y es allí donde se encuentra el contenido ideal de las leyes lógicas (§ 16);

2º Prejuicio: “El contenido efectivo de toda lógica, o sea, las representaciones, juicios y razonamientos, es un fenómeno y un producto psíquico”. Esta presuposición confunde el hecho psíquico con el objeto ideal; así, por ejemplo, la operación de contar, el acto individual de contar cinco, con el número 5 “en especie”, como individuo ideal. No distingue, como precisa Husserl, la unidad antropológico-subjetiva del conocimiento de la unidad ideal objetiva del contenido del conocimiento (§ 47):

3º Prejuicio: “La lógica es una psicología de la evidencia”. Las leyes lógicas declaran las condiciones psicológicas de las que depende la existencia o ausencia del sentimiento de evidencia que garantiza la verdad del juicio. Husserl advierte, por un lado, que no toda verdad reside en el juicio, y añade que los principios lógicos no enuncian nada sobre la evidencia. Más aún, puede haber evidencia de algo que no es representable psíquicamente (§ 50), lo que nos recuerda al famoso ejemplo del miriágono de Descartes en las Meditaciones. Frente a esto, indica Husserl, la evidencia es la conciencia de algo que se da originariamente y no en forma derivada o sustituta. La validez del enunciado evidente resulta de la concordancia entre el sentido del enunciado o su mención y la presencia misma del objeto o situación objetiva referida por esa mención. Por eso no se trata de un “sentimiento” psicológico subjetivo o un “parecer” arbitrario, sino de la “vivencia” de la concordancia entre mención y presencia del objeto que puede ser reiterada por cualquier sujeto pensante, es decir, que es objetiva (§ 51).

Frente a la lógica psicológica del positivismo psicologista, Husserl plantea una “lógica pura”, no en el sentido de una lógica formal o una extensión de la lógica formal, sino en el sentido del conjunto de condiciones de posibilidad de toda lógica formal, es decir, que trata de lo que podríamos llamar la teoría de la teoría. Estas condiciones, señala Husserl, dos de dos tipos: 1. noéticas, relativas a los actos que hacen posible la evidencia de la verdad, 2. lógicas, relativas a la conexión objetiva de las verdades. El último capítulo de los Prolegómenos está dedicado a esbozar las tareas que emergen de esta caracterización de la lógica pura.
La intencionalidad como tema central

Así como el primer tomo de las Investigaciones lógicas asumía la tarea crítico-negativa de refutar al psicologismo dominante, el segundo tomo se ocupa de proponer una alternativa filosófica positiva a las tendencias escépticas del positivismo. El tema central que domina la perspectiva que Husserl llamará fenomenología, es decir, ciencia (filosófica) de los fenómenos, es la intencionalidad recuperada por Brentano, pero liberada ahora de las interpretaciones psicologistas. Recordemos que en 1894 Husserl descubre su carácter activo, interpretador, frente a la pasividad del “contenido inmanente” tomado de la Escolástica pero reformulado de modo empirista por Brentano. Este carácter activo será extendido en las Investigaciones lógicas también a la percepción y sus derivados, y lo concebirá en términos de forma (acto) y materia (el dato de sensación) con el nombre de donación de sentido (Sinngebung). El contraste con la posición de Brentano (véawe Fig. 1) se puede esquematizar de la siguiente manera:

Fig. 2
Acto ----> contenido objeto intencional objeto real

(donación (dato (“sentido”) (cosa de la física)

de sentido) de sensación)
Se trata de uno de los descubrimientos capitales de la intencionalidad husserliana: que “ser conciencia-de” quiere decir dar, conferir sentido, y que, por consiguiente, las cosas no “son” simplemente, sino que “tienen sentido”, “significan”. El otro descubrimiento capital con relación a la intencionalidad se hace visible a partir de 1907 y encuentra su primera exposición publicada en Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica (en adelante Ideas I) de 1913, aunque en una nota a pie de página de su última obra, la Crisis de las ciencias europeas, Husserl recuerda que ya lo había esbozado antes de publicar las Investigaciones lógicas (cf. Crisis, § 48, nota). Lo llama a priori de la correlación universal conciencia – mundo, y encierra la otra idea fundamental escondida en el trivial “conciencia-de”: si toda conciencia es conciencia de algo, no hay “conciencia” sin “algo” y, recíprocamente, no hay “algo” sin “conciencia”.

Ahora bien, como Husserl ha partido de los problemas relativos a la fundamentación de la matemática y la lógica, que lo llevaron a la cuestión más general del conocimiento, su fenomenología pretende ser una ciencia filosófica en sentido estricto, cuya primera tarea es establecer los fundamentos del conocimiento. Husserl procura renovar en forma radicalizada el intento cartesiano de una mathesis universalis que adopta la forma de una reflexión sobre el sujeto (el ego cogito) en tanto fundamentum inconcussum de toda ciencia del mundo.13 La fórmula de la intencionalidad como conciencia-de, tomada de Brentano, debe ser examinada a la luz de un método -la “reducción fenomenológica”- a fin de poder descubrir su esencia propia, que en el pensamiento natural queda encubierta. El método fenomenológico, explicitado en la segunda sección de Ideas I14 ha de abrir un campo de investigación inédito para la filosofía donde la evidencia cartesiana del cogito ergo sum -evidencia que en Descartes es vacía de contenido y requiere de pasos ulteriores de demostración- ha de desplegarse como correlación universal entre la conciencia y el mundo15:
ego--cogito cogitatum

(conciencia) (mundo)
Que la correlación es universal quiere decir, por un lado, que se trata de una estructura necesaria, a priori; por el otro, que se extiende a la totalidad de las cogitationes. Se trata de las condiciones de posibilidad de toda experiencia en un sentido que amplía el expuesto por Kant en la Crítica de la razón pura en la medida que la correlación comprende la totalidad de la vida de la conciencia y no única -o especialmente- la actividad del conocimiento científico conceptual. Por eso puede Husserl caracterizar su filosofía como “fenomenología trascendental”.16

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