Moral: Sistema de normas que regulan la convivencia en una sociedad o guía el comportamiento de un individuo




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EDUCACIÓN ÉTICO-CÍVICA

UNIDAD 4. PRINCIPALES TEORÍA ÉTICAS


UNIDAD 4

PRINCIPALES TEORÍAS ÉTICAS


La convivencia humana ha planteado siempre problemas. Con frecuencia nuestros deseos de felicidad no son compatibles con los deseos de los demás, y de ese enfrentamiento surgen conflictos. Hay problemas universales que todas las sociedades han tenido que resolver para conseguir la paz. De esto se ocupan la moral y el derecho.
El conjunto de normas de una sociedad busca conseguir la felicidad y que sus ciudadanos vivan con dignidad. Ha habido muchas fundamentaciones éticas a lo largo de la historia, MUCHAS ÉTICAS, según las épocas, las culturas o los intereses de cada momento y lugar.
La REFLEXIÓN ÉTICA es la que se ocupa de dar fundamento de cómo comportarnos, tanto INDIVIDUALMENTE COMO COLECTIVAMENTE.
Vamos a dejar clara la diferencia entre moral y ética.

MORAL: Sistema de normas que regulan la convivencia en una sociedad o guía el comportamiento de un individuo.

ÉTICA: Reflexión y fundamento de las normas morales.
En este tema estudiaremos diferentes fundamentaciones éticas.
La primera pregunta ética por excelencia es:
¿QUÉ ES LO BUENO Y QUÉ ES LO MALO?
¿Podéis responder a esta pregunta?

 

Otra…

¿HACEMOS LAS COSAS PORQUE ESTÁN BIEN O ESTÁN BIEN PORQUE LAS HACEMOS?

HACEMOS LAS COSAS PORQUE ESTÁN BIEN: “Una idea echó profundas raíces en todo mi ser: el convencimiento de que la ética era el fundamento de las cosas, y la verdad la esencia de la moralidad. La verdad se convirtió en mi única meta, agigantándose día a día su importancia y enriqueciéndose el concepto que de ella tenía. Cada día estoy más convencido de que la naturaleza humana es la misma en todas partes, sin importar la tierra que se pisa o el cielo que se contempla, y de que, cuando uno se acerca a los hombre con confianza y afecto, recibe estos sentimientos multiplicados”. MAHATMA GANDHI.
ESTÁN BIEN PORQUE LAS HACEMOS: “La práctica moral concreta depende de numerosos factores socioculturales. Como estos factores cambian, la moralidad se concreta de diversos modos a lo largo de la historia”. OTFRIED HÖFFE.  Sobre lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo sostengo con toda firmeza que, por naturaleza, no hay nada que lo sea esencialmente, sino que es el parecer de la colectividad el que se hace verdadero cuando se formula y durante todo el tiempo que dura ese parecer”. PROTÁGORAS.

1. DEFINICIÓN Y TIPOS
Una teoría ética es una teoría que intenta fundamentar un determinado código moral, es decir un conjunto de normas y valores morales, apoyándose para ello en argumentos racionales.
Las teorías éticas tradicionalmente se han dividid en dos grandes grupos: Las éticas de la felicidad o éticas de la responsabilidad y las éticas del deber o de la convicción.
Las éticas de la felicidad, o éticas de la responsabilidad, afirman que la conducta moral se determina por sus resultados. Una conducta es buena moralmente si nos permite conseguir un determinado fin, que normalmente coincide con la felicidad.
Las éticas del deber, o de la convicción, afirman que la conducta moral está determinada no por lo que hacemos sino por la intención con que lo hacemos, independientemente de los resultados que obtengamos (por ejemplo que esto nos lleve o no a la felicidad).
Las características de las éticas de la felicidad son:
1. Sus normas están dirigidos a la consecución de un Bien Supremo y Fin Último que todos los seres humanos perseguimos y que coincide con la felicidad.
2. La felicidad en las distintas éticas materiales se entiende de diferente manera: placer, autorrealización, bienes materiales (éxito, dinero, fama…), salvación eterna, justicia social, utilidad individual o colectiva. Estas éticas, por tanto, son puramente subjetivas y conducen al pluralismo ético, ya que sus normas dependen de lo que en cada caso determinemos que nos hace feliz. A veces ni siquiera tenemos códigos coherentes sino que cambiamos de código según nos interesa: podemos ser egoístas, altruistas, materialistas y cristianos al mismo tiempo.
3. Sus normas, por tanto, no pueden ser universales y necesarias, son hipotéticas y no categóricas, ya que sólo valen bajo ciertas condiciones, pues son medios para conseguir un fin, la felicidad entendida de una determinada manera, y no todos perseguimos ese fin ni entendemos la felicidad de esa manera.

Las características de las éticas del deber son:

- Sus normas establecen la forma general o intención con la que debemos actuar sea cual sea la conducta concreta de que se trate: una conducta es buena si está realizada con una determinada intención (por ejemplo, respetar nuestro deber o ser fieles a nosotros mismos) independientemente de los resultados y, por tanto, de si mi conducta me hace o no feliz.

2. TEORÍAS ÉTICAS DE LA FELICIDAD
Estudiaremos las siguientes: Eudemonismo, Hedonismo, Estoicismo, Cinismo, la ética cristiana basada en la Ley Natural y el Utilitarismo.
2.1. Eudemonismo:
Su creador, Aristóteles (384-322 a. C.) es uno de los pensadores más influyentes de la Filosofía occidental, vive en Grecia en el siglo IV a. C.
Elaboró una ética de la felicidad llamada "Eudamonismo", porque presupone que el bien supremo que todos los seres humanos perseguimos es la fe1icidad (en griego eudaimonia). Desde luego eso es algo de lo que caben pocas dudas, la tarea de la reflexión ética será investigar qué es la felicidad y cómo conseguirla.
La primera afirmación de Aristóteles sobre las condiciones materiales necesarias para ser feliz es que nadie puede ser feliz en ausencia de ciertos requisitos materiales mínimos: nadie puede ser feliz viviendo en la miseria, la indigencia, la indignidad, la tortura y la marginación absoluta. Todas estas condiciones materiales son necesarias para una vida feliz pero no son suficientes, hace falta algo más.
Para averiguar qué más, Aristóteles nos recuerda que todos los seres del universo poseen una esencia y una función propia y su excelencia consistirá en realizar de la forma más perfecta posible esa esencia y esa función específica. Por ejemplo: un cuchillo es un "buen cuchillo" si corta de maravilla, un ojo es un "buen ojo" si permite una magnífica visión, una semilla es una "buena semilla" si consigue dar lugar a una planta...etc.
Pues bien, el ser humano es feliz cuando desarrolla del modo más perfecto posible su esencia y su función específica, es decir, cuando se autorrealiza como ser humano.

Desde luego, los seres humanos realizamos múltiples actividades, muchas, como la nutrición, la reproducción y el crecimiento, las compartimos con todos los seres vivos, luego no son las más específicas; otras, como la capacidad de movernos, de sentir o de aprender, las compartimos con los animales, luego tampoco son las que buscamos. La única actividad humana que es propia y exclusiva de las personas es la capacidad de pensar y razonar. Así que seremos buenos y felices si conseguimos que nuestra vida sea lo más racional posible. Y el medio para conseguirlo es respetar dos tipos de normas a las que Aristóteles llama virtudes: las virtudes éticas o morales y las virtudes dianoéticas o intelectuales.

En primer lugar, debemos practicar en nuestra conducta cotidiana las virtudes morales. Éstas se definen cómo el hábito de mantener nuestras emociones, sentimientos y deseos en un término medio, siendo los extremos, tanto por exceso como por defecto, vicios. Así que, en las decisiones que tomemos día a día, no debemos dejarnos llevar por nuestros impulsos, deseos y emociones: ira, rabia, miedo, pasión, impaciencia, tristeza, pena, alegría, vergüenza, aversión, aburrimiento, resentimiento, envidia, orgullo, gula, avaricia, lujuria, pereza..., sino que nuestra guía debe ser siempre la razón, sólo serán buenas las decisiones racionales, sólo ésas nos conducirán a la felicidad. Ejemplos de virtud ética:



Vicio por exceso

Virtud término medio

Vicio por defecto

Libertinaje

Templanza

Insensibilidad

Temeridad

Valor

Cobardía

Despilfarro

Generosidad

Avaricia

Ira

Justa indignación

Pusilanimidad

Descaro

Educación

Timidez

Hostilidad

Amabilidad

Adulación


En segundo lugar debemos practicar las virtudes intelectuales, que son dos: prudencia y sabiduría.
- La prudencia: Esta virtud nos permite saber dónde está nuestro término medio, que es siempre algo personal.

- La sabiduría: Esta virtud nos induce a dedicarnos a las tareas o trabajos más acordes con nuestra naturaleza racional, los de tipo intelectual, como la investigación, el estudio, la gestión y la creación. Los trabajos manuales son considerados menos dignos para el ser humano pues no permiten su realización

plena.
Debemos fijarnos también en que la virtud es un hábito (una persona no es generosa por serlo sólo una vez o dos), por tanto se adquiere por repetición de actos, y requiere esfuerzo e interés; ni se nace virtuoso, ni basta la enseñanza para serlo, sólo lo conseguiremos si queremos y nos esforzamos.

2.2. Hedonismo:
Epicuro (341-281 a. C.), fundó en Atenas su escuela, El Jardín, donde no sólo se adquirían conocimientos teóricos sino que se ponía en práctica las enseñanzas del maestro, se aprendía un modo de vida. En ella se admitían incluso mujeres y esclavos.
Según esta teoría el bien supremo, aquello que todos los seres humanos perseguimos y que nos llevará a la felicidad, es el placer (hedone). Maximizar el placer y minimizar el dolor es el objetivo prioritario de nuestra vida. El placer se define como:
- La ausencia de dolor en el cuerpo

- La ausencia de perturbaciones psicológicas o espirituales como son el miedo, la angustia, las preocupaciones, remordimientos, la tristeza, el estrés y la ansiedad.

- La satisfacción de nuestros deseos, incluyendo deseos referidos al cuerpo y deseos más espirituales como son la amistad, el conocimiento y disfrutar de la belleza.
Además el placer debe ser, si no un estado definitivo sí, al menos, duradero. Por esta razón, habrá muchos placeres a los que deberemos renunciar, aquellos de los que se derive a medio o largo plazo un dolor mayor; de la misma manera habrá ciertos dolores y sufrimientos que serán buenos, aquellos de los que obtengamos un placer que los compense. La persona sabia es justamente aquella que sabe hacer el "cálculo" y sabe a qué placeres decir sí y hasta dónde, y qué sufrimientos rechazar o aceptar según convenga.

Para poder hacer ese “cálculo”, Epicuro distingue 3 tipos de deseos y nos da normas para satisfacerlos y así maximizar el placer y minimizar el dolor:

- Naturales y necesarios: más que deseos son necesidades primarias y biológicas, alimentarse, beber y dormir. Su satisfacción siempre hace feliz al hombre.

- Naturales y no necesarios: nacen del deseo de los seres humanos de variar y obtener más placer de la vida. Por ejemplo satisfacer el apetito con una exquisita paella y no con un trozo de pan, satisfacer la sed con un zumo y no con agua y dormir en la más cómoda de las camas. Estos deseos debemos moderarlos.

- No naturales y no necesarios: el lujo, el poder, la riqueza, la fama, la gloria, el prestigio y los honores. A estos deseos debemos renunciar pues no se sacian nunca, cuanto más tenemos más queremos.
Por último Epicuro nos propone cuatro normas más que habremos de seguir si queremos una vida placentera para poder eliminar el dolor espiritual. Se trata de eliminar cuatro temores, prejuicios, tabúes o supersticiones, que además son fomentados por las élites que nos gobiernan para someternos:
- El miedo a los dioses: para eliminarlo basta pensar que no se cuidan de los asuntos humanos, y desde luego, brujos, sacerdotes y demás son sólo buenos psicólogos.

- El temor a la muerte: es absurdo temerla, pues mientras estamos vivos no nos afecta y cuando nos afecta ya no estamos vivos. Tampoco debemos temer al "más allá", pues tras la muerte no hay más vida.

- El temor al destino: Epicuro negó el determinismo, nada está escrito, sólo el azar y la libertad existen. Cada hombre es dueño de su propio destino.

- El temor al dolor y la infelicidad: si seguimos las enseñanzas de Epicuro respecto a la moderación y la renuncia a falsos placeres, si aprendemos a desear lo que tenemos y a no desear lo que no tenemos, conseguiremos sentirnos bien con nosotros mismos, íntimamente, disfrutando serenamente de los placeres que la naturaleza nos ofrece, lejos de pasiones que perturben nuestro equilibrio.

2.3. Estoicismo

¡Domínate y aguanta!, este era el lema de la escuela, Stoa (pórtico) fundada en Atenas por Zenón en el año 306 a. C. Sus ideas tuvieron un gran éxito siglos más tarde y entre personalidades de las clases sociales más dispares: esclavos como Epicteto, filósofos como el cordobés Séneca y emperadores romanos como Marco Aurelio.

Según los estoicos todo el universo y cuanto en él sucede, también, por supuesto, la vida de cada uno de nosotras y nosotros, está regido, dirigido y determinado por una Ley, Principio o Razón Universal que todo controla y domina. Nada escapa a esa ley, el movimiento de los astros, el crecimiento de un niño y la lectura que estás haciendo de estas líneas, están férreamente determinados por una cadena de causas inexorable.
Todo ocurre de modo necesario, el destino existe y aún cuando la vida nos pueda parecer absurda, es en realidad absolutamente racional, sólo que responde a una razón universal que a nosotros se nos escapa; nuestra pequeña vida absurda, a veces ilógica o injusta, inconexa y sin sentido, responde, en realidad, a una gigantesca armonía de correlaciones e interdependencias. Es más, ni siquiera tiene sentido hablar del mal en el mundo (guerras, catástrofes naturales, amores no correspondidos, muerte de seres queridos...), pues nada de lo que sucede es un mal, juzgarlo así es sólo producto de la estrechez de la visión humana, que no ve más allá de lo inmediato.
Por todo esto, el ser humano debe vivir de acuerdo con la Razón Universal, vivir en armonía con el todo, aceptar lo que el destino nos depare aún cuando nos parezca absurdo, irracional, trágico o doloroso pues sabemos que aunque desde nuestra perspectiva individual e inmediata lo parezca, no lo es desde la perspectiva universal.
Por ello nuestro bien supremo, aquello en lo que se cifra la felicidad para el estoicismo, es la imperturbabi1idad (ataraxia): permanecer impasibles ante todo aquello que no depende de nosotras y nosotros, que en ocasiones puede ser el amor, el éxito, la salud, la riqueza, siempre la muerte y los golpes de la fortuna. Nuestro objetivo es la no resistencia a lo que es y no puede no ser, a través del autocontrol, el autodominio, la eliminación de las pasiones (el dolor, el temor, el deseo que nos encadena, las emociones que nos arrastran); comprender y aceptar lo que no podemos cambiar. La norma moral para conseguir semejante objetivo es un férreo dominio de la voluntad, una disciplina casi inhumana.
Cabe plantearse, si todo está determinado, ¿qué pinta una ética?, ¿en qué queda la libertad humana? En realidad todos terminamos por aceptar lo que no podemos cambiar pero unos lo hacen por la fuerza, es decir con mucho sufrimiento y resistencia, y otros de buen grado, con aceptación. Pues bien, la libertad consiste en que podemos elegir esa actitud interior con la que vivimos lo que no podemos cambiar:
- Podemos resistirnos, negarnos y sufrir persiguiendo eso que no es para nosotros en este momento porque no es un bien universal sino sólo un bien personal y ficticio (salud, riqueza, éxito, prestigio, fama, bienes materiales, etc.). Entonces aparece la frustración, el dolor ante el fracaso presente. O por el contrario, si se tiene éxito, aparece el temor a perder lo que tenemos en el futuro o la constante presión del deseo y la sensación de “no es suficiente” que separa al hombre de su felicidad.
- Podemos adoptar una actitud interior de aceptación, no resistencia, rendición a lo que ya es y no puede no ser a través del autodominio y la imperturbabilidad.
Salvo esa disposición interior, poco más puede el ser humano elegir ¡pero qué gran dominio es ese! Esa es la ventaja del sabio sobre el ignorante: saber que todo está determinado tiene un rendimiento práctico, la imperturbabilidad que nos ahorra el sufrimiento.
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