Moral: Sistema de normas que regulan la convivencia en una sociedad o guía el comportamiento de un individuo




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2.4. Cinismo
Antístenes fue el fundador de la escuela de los Cínicos (del griego kinos, perro), llamados así por su extravagante manera de vivir: austeros hasta la mendicidad, "pasando" de usos, costumbres y convencionalismos sociales. El más famoso de ellos (vivieron en el siglo IV y III a. C.) vivía en un tonel y satisfacía sus necesidades donde le apetecía, fue Diógenes. Otro, Crates, abandonó familia y riquezas para ir por el mundo mendigando, y entre sus filas aparece Hiparchía la primera mujer filósofa que aparece en los libros.
Para los cínicos la meta del ser humano, el bien supremo, la felicidad, debe ser la autarquía, es decir, la autosuficiencia, la total independencia externa e interna, el bastarse a sí mismo. Se trata de buscar una moral plenamente emancipada y por ello, necesariamente, antisocial, pues la sociedad no permite un individuo plenamente independiente, antes al contrario, nos modela y socializa hasta convertirnos en lo que necesita que seamos. La sociedad, por una parte, complica enormemente la satisfacción de las necesidades más primarias por medio de infinidad de convenciones, reglas y usos, y por otra, convierte al ser humano en esclavo de nuevas necesidades perfectamente superfluas, mujeres y hombres cada vez somos menos dueños de nosotros mismos. Vivimos inmersos en una especie de apoteosis de la mercancía, que somete nuestra vida cotidiana a multitud de cachivaches. Pero también internamente vivimos encadenados, necesitamos prestigio, éxito, educación y estima.
La norma moral que los cínicos nos dan para lograr la autarquía es esta: renunciar a lo social, liberarnos de esas falsas necesidades, seguir los dictados de la naturaleza, llevar una vida sencilla, frugal y adaptada como la de un animal. No debemos dejarnos guiar por convenciones, usos y costumbres sociales o legales; son los primeros objetores e insumisos de la historia y se acercan mucho a los "hippies" de los años sesenta.
Los cínicos vieron que ninguna transformación de la sociedad es posible; su crítica fue la más atrevida y radical, vieron con inquietante lucidez que lo social formaba parte del problema y no de la solución. La de los cínicos es una moral combativa, de resistencia, antipolítica, de denuncia. Mordaces y provocativos, fueron los primeros contraculturales: no respetan mitos, costumbres, instituciones, normas, leyes, ideologías ni religiones. Despreciaban la nobleza, la fama y sobre todo el dinero, cristalización de todas las relaciones sociales. Afirmaban la abolición de lo público y lo privado y de las diferencias entre seres humanos por razón de raza, lengua, patria o sexo. Y lo mejor de todo es que predicaron con el ejemplo: la propaganda por la acción, su norma fue renunciar a las pseudo-necesidades que la civilización nos crea y vivieron como predicaron.
En cierta ocasión un sacerdote de la diosa Ceres, madre de los dioses, le pidió a Antístenes (446-366 a. C., hijo de padre ateniense y de un esclava) dinero para el culto, a lo que aquel replicó irónicamente que ya sabrían los dioses cumplir con el deber filial de mantener a su madre. En otra ocasión viendo que unos sacerdotes llevaban preso a alguien cogido mientras robaba en un templo, dijo: "los ladrones grandes conducen preso al pequeño". Oyendo cómo un sacerdote prometía las delicias del más allá a unas personas, le aconsejó que se suicidase de inmediato para no demorar más el disfrute de tanta maravilla. Contra la pretensión de superioridad basada en la patria o en el linaje,

Antístenes recordaba a los atenienses que por haber nacido en suelo ático su nobleza era equiparable a la de los caracoles y langostas. Diógenes (412-323 a. C.) acuñó el término cosmopolita, y así vivió siempre, como ciudadano de todas y ninguna parte. Famoso es su encuentro con Alejandro Magno quién le ofreció pídeme lo que quieras, a lo que nuestro filósofo contestó apártate que me tapas el sol.


2.5. La Ley Natural:
La ética cristiana es una ética de la felicidad en la que ésta consiste en llegar a ser dignos ante Dios y, así, merecedores de la vida eterna. Ello se consigue siguiendo los preceptos de la Ley Natural.
Se debe a Santo Tomás de Aquino (1224-1274) la formulación más precisa e influyente del concepto de "ley natural". Para Santo Tomás, la Ley Natural es la parte de la Ley Eterna, ley con la que Dios rige toda la Creación, que concierne a los hombres, seres racionales y libres creados a imagen y semejanza de Dios.
El ser humano se siente naturalmente inclinado a seguir la Ley Natural cuyo precepto fundamental es hacer el bien y evitar el mal. De ese precepto fundamental se siguen otros 3 secundarios que dan contenido al bien:
- El precepto de conservar la vida, es bueno todo lo que conserva la vida y malo lo que la acaba (tendencia natural que compartimos con todos los seres)

- El precepto de procrear y cuidar de la prole (tendencia que compartimos con los animales)

- El precepto de buscar la verdad y especialmente la suma verdad que es Dios (tendencia exclusiva del ser humano)
La Ley Positiva, la que los seres humanos elaboramos en nuestros ordenamientos jurídicos, debe ser la realización jurídica y política de tales disposiciones naturales, según los problemas y circunstancias de cada tiempo. La ley positiva ha de respetar los preceptos inmutables de la ley natural. Se establece así la subordinación de la política respecto de la moral y de ésta a la religión. Todos los fundamentalismos religiosos ya sean cristianos, islámicos o judíos… se basan en esa subordinación.
La Iglesia católica sigue insistiendo en que la Ley Positiva debe subordinarse a la Ley Natural. Las controversias actuales respecto al uso que pueda hacerse de determinadas investigaciones y técnicas biológicas (pensemos en las polémicas sobre las células madre y sobre las aplicaciones terapéuticas de la ingeniería genética), respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo o el uso de métodos anticonceptivos son un claro ejemplo.
Sin embargo, hoy no existe desde las ciencias naturales ni humanas un consenso acerca de la idea de naturaleza humana. Las sociedades occidentales, en la actualidad, se caracterizan por una pluralidad de concepciones morales y religiosas. Otras doctrinas, de carácter laico o religioso, reivindican su espacio. La relación entre tales doctrinas o credos y la estructura jurídico-política del Estado de derecho, que debe reconocerlas al mismo tiempo que vela por el cumplimiento de la ley sin excepciones, es uno de los grandes temas éticos de nuestro tiempo.

2.6. Utilitarismo
El utilitarismo tiene a Jeremy Bentham (1748-1832) y a John Stuart Mili (1806- 1873) como sus principales representantes. Según esta doctrina nuestra conducta debe regirse por el principio de utilidad o interés de la mayoría. De ahí el principio utilitarista por excelencia: una acción es buena cuando produce la mayor felicidad para el mayor número de personas. En cada acción debemos calcular la cantidad de utilidad o inutilidad que proporcionará. Pero como el hombre vive en sociedad, el cálculo del interés debe hacerse en relación con la utilidad colectiva. El principio básico de moralidad y justicia es que la felicidad de los individuos debe ser compatible con la felicidad del conjunto, las leyes e instituciones sociales han de jugar un papel básico en la promoción de los intereses públicos y en su conciliación con los intereses privados.
El utilitarismo es, tal vez, la escuela ética que mejor encaja con la mentalidad del mundo occidental y con las coordenadas propias del liberalismo social y democrático. Se trata de extender el llamado estado de bienestar conseguido gracias al desarrollo científico y tecnológico. Sin embargo vemos que si bien se ha conseguido un avance indiscutible en la calidad de vida de los ciudadanos, no son la mayoría si pensamos en términos planetarios y vemos que también se han ocasionado graves riesgos; piénsese en el deterioro del medio ambiente y en el enorme potencial destructivo de la industria armamentística.
Por lo tanto la extensión planetaria del principio utilitarista: la mayor felicidad posible para el mayor número posible de personas, plantea algunos problemas. ¿Es posible un crecimiento económico ilimitado y a la vez generalizado, extensible a la humanidad entera? Si tenemos que seleccionar ¿quiénes serán las personas o grupos seleccionados? ¿a quiénes se puede excluir, provisionalmente, de la lista? ¿quién establece y cómo se diseña una utilitarista "lista de espera"? ¿cómo conciliar el componente pragmático del utilitarismo (su visión "realista" de la moralidad) con una concepción universalista que reconozca y aplique a los seres humanos los mismos principios y derechos, con independencia de su lugar de nacimiento o condición social? Estos interrogantes expresan los principales desafíos éticos, políticos y económicos de nuestro tiempo.

3. ÉTICAS DEL DEBER
Estudiaremos las éticas elaboradas por los siguientes filósofos: Kant, Nietzsche, Sartre y Habermas.

3.1. La ética del deber de Kant
Immanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán del siglo XVIII, el siglo de la

Ilustración, elaboró la primera ética del deber.
Según Kant lo que hace buena una conducta no es la conducta misma sino la intención con que la realizamos. Para comprender con qué intención debemos actuar para que nuestra conducta sea moralmente buena tenemos que saber que Kant distingue tres tipos de acciones:
- Contrarias al deber y, por tanto, inmorales

- Conformes al deber pero realizadas por interés, miedo al castigo o inclinación, que carecen de valor moral

- Conformes al deber y realizadas por respeto al deber: sólo éstas son moralmente buenas
Sólo es moralmente buena aquella conducta que es conforme al deber y está hecha con la intención de respetar el deber independientemente de las consecuencias de la acción y, por tanto, de si me proporciona algún beneficio o de si me hace feliz o no.
El deber es “la necesidad de una acción por respeto a la ley”; obrar por deber es reconocer que se debe hacer algo o no hacerlo porque la ley moral lo exige y debe ser respetada aún en contra de mis intereses e inclinaciones.
Cumplir con el propio deber es un imperativo categórico, absoluto, universal y necesario, es algo que no depende de las circunstancias o de si me hace o no feliz, sino que manda incondicionalmente. Kant dio dos formulaciones del imperativo categórico:
- Obra siempre de tal manera que puedas desear que la norma de tu conducta se torne ley universal. Ejemplo: Romper la promesa que hicimos en otro tiempo. En un mundo en el que esta conducta fuese ley universal no habría promesas, pues nadie creería en la palabra del otro.
- Obra siempre de tal modo que utilices a la humanidad, tanto en tu persona como en la de los demás, siempre como un fin y nunca como un medio. A diferencia de "las cosas", el ser humano no tiene precio sino que posee dignidad. Las cosas tienen un valor meramente relativo porque son medios; en cambio, las personas no puede ser usado meramente como medio, no pueden ser usadas a capricho, sino que siempre son objeto de respeto.
La ética kantiana es una ética autónoma pues es cada persona quien en cada caso aplica el imperativo categórico, dándose a sí misma su propia ley moral y estableciendo su deber independientemente de causas externas.

3.2. Nietzsche y la transmutación de los valores
Federico Nietzsche es un filósofo Alemán que vive en la segunda mitad del siglo XIX, desde 1844 hasta 1900. Famoso, entre otras muchas cosas, por haber sido el gran profeta de la "muerte de Dios", así como de la revolución ética que tal muerte acarrearía: muerto Dios, desaparecen los valores tradicionales de la cultura occidental y el hombre no tiene más remedio que crear nuevos valores y ponerse a sí mismo en el lugar de Dios.
Nietzsche considera que desde siempre han existido dos tipos de personas, con dos morales contrapuestas:
Los nobles o señores con su moral se señores: son las personas fuertes, superiores, distinguidas, poderosas, individuos que no aceptan sujetarse a normas, que no aceptan ser masa y por ello viven en permanente lucha y peligro, arriesgando su seguridad sin temor. Su moral es la moral del dominador, son personas autónomas porque se dan a sí mismas sus propias normas de conducta, creando sus propios valores. No buscan la aprobación de los demás sino solo de sí mismas. Se encuentran felices consigo mismas y con lo que hacen. Sus valores son la plenitud, el poder, la fuerza, la dureza, la disciplina, la confianza. Son capaces de luchar y descargar toda su cólera, y por ello, jamás les envenena el resentimiento y el rencor contra la vida y los hombres.
Los esclavos con la moral de los esclavos: son las personas débiles, inferiores, plebeyas, vulgares, cobardes, el rebaño, la masa. El esclavo ve con recelo las virtudes del poderoso y antepone las cualidades del débil para hacer así más soportable su existencia frente al fuerte. Por ello promueve aquellos valores que sirven para proteger su debilidad: la compasión, la piedad, la dulzura, el amor al prójimo, la igualdad, paciencia, resignación, humildad, bondad de corazón, estoicismo, mansedumbre, pasividad. En definitiva el esclavo entiende la vida y la felicidad como "narcosis", llamando "malo" a lo poderoso y "bueno" a lo bonachón y simplón. El esclavo es tan débil que se siente incapaz de exteriorizar su cólera, de ahí su resentimiento, su rencor y su deseo de venganza y de ahí también su necesidad de ser “masa” pues como individuo carece de fuerza y valor, por ello mismo no posee una moral autónoma sino heterónoma, pues es incapaz de inventar sus normas saliéndose de lo que el rebaño establece.
Según Nietzsche, en la cultura occidental ha triunfado la moral del esclavo, debido, primero al racionalismo propio de la filosofía griega y luego al cristianismo. Efectivamente, para muchos de los filósofos griegos que hemos estudiado para ser felices nuestra vida debe ser algo lógico, racional, frío y calculado, la razón debe someter todo lo instintivo, pasional, pulsional, espontáneo y emocional. Pero esto supone, según Nietzsche, cercenar la vida y querer reducirla a su aspecto más frío.
Siglos más tarde aparece el cristianismo que negará la vida presente, de la materia y el cuerpo, para afirmar la vida eterna del más allá. Considera el cristianismo que lo sensible, lo mundano, lo vivido con el cuerpo es secundario y a ello opone el mundo supraterreno, auténtico, verdadero, trasmundo, al que concede prioridad. ¿Quién es el bueno desde el punto de vista cristiano? el pobre, el enfermo, el desgraciado, el deforme, el abnegado, aquel que se sacrifica a sí mismo, que lleva una vida ascética, el que renuncia a lo material, a la belleza, al deseo, a la felicidad, en definitiva, el que no quiere nada. Todos los valores con los que el esclavo se siente protegido.
Con ambas influencias la cultura occidental supone la rebelión de los esclavos que imponen la idea de que todas las personas somos iguales. Nuestra cultura, entonces, representa el triunfo de los mediocres. La actitud en la que ha crecido nuestra cultura, y de la que procede nuestra moral es esta. Una forma de entender el mundo y la vida hostil a los sentidos, a los instintos, al sentimiento, la emoción y a la creatividad. Siempre huyendo hacia otro mundo perfecto e irreal. La consecuencia de toda esta negación es el nihilismo y la decadencia que caracterizan a occidente.
Frente a ello Nietzsche nos dice que ha llegado la hora de volver a colocar las cosas en su lugar: sustituir lo pretendidamente bueno por lo que es realmente bueno. La humildad por el orgullo, la piedad por la crueldad, la comodidad por el riesgo. Esto es lo que se conoce como transmutación de los valores.
El superhombre es el nuevo ser humano que será capaz de llevar a cabo esa transmutación. No es el resultado de la evolución biológica y, por tanto, no se corresponde con unas características raciales concretas. Lo que lo define son unos determinados rasgos morales. Es el hombre que niega y destruye los valores de la tradición occidental y los reemplaza por valores humanos.
Cómo aparecerá el superhombre es algo que no se nos explica. En Así hablo Zaratustra, una de las obras más famosas de Nietzsche, éste se limita a anunciarlo y lo presenta como el fruto de tres transformaciones. "El espíritu se convierte en camello, el camello en león y el león en niño".
- El camello simboliza a los que se contentan con obedecer ciegamente. Solo tienen que arrodillarse y recibir la carga, soportar las obligaciones sociales, obedecer sin más, creer en los valores que la sociedad presenta.

- El camello que quiere ser más se transforma en león, es decir, en el gran

negador, símbolo del nihilista que rechaza los valores tradicionales.

- Pero también el león tiene necesidad de transformarse en niño, de superar su autosuficiencia para poder vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores.
El superhombre rechaza la razón y escoge los sentidos, los instintos, la intuición y con ellos capta el sentido de la vida. Se contenta con este mundo y no se pierde en la ilusión de trasmundos. Conoce la Voluntad de poder y el Eterno Retorno.
El superhombre conoce la Voluntad de Poder porque comprende que la vida, el mundo y el hombre son voluntad de ser más, de vivir más, de superarse, de demostrar una fuerza siempre creciente, es voluntad de dominación de unos sobre otros, es voluntad de crear, de no ser masa sino diferencia. Es voluntad de ilusión y creación.

El superhombre conoce el Eterno Retorno porque comprende que no hay más mundo que este y toda huida a otro es una pérdida de la realidad: hay que permanecer fieles a él, aceptándolo. Y aceptarlo significa decir sí a la vida y al mundo una y otra
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