Tierra las claves pleyadianas de la biblioteca viviente bárbara marciniak




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TIERRA




LAS CLAVES PLEYADIANAS DE LA BIBLIOTECA VIVIENTE


BÁRBARA MARCINIAK



1997
AGRADECIMIENTOS
La colaboración y la fe han producido este libro, y a los jugadores poderosos y valientes, involucrados en el proce­so, se debe todo el reconocimiento. Tanto a mi hermana Karen Marciniak como a Tera Thomas, co-creadoras y co-conspiradoras de Tierra ofrezco mi agradecimiento con amor, respeto y profundo aprecio. Un especial agradeci­miento debo a la fe de Bárbara y Gerry Clow por su fehaciente y responsable dirección y ayuda. Lo mismo digo respecto al equipo de Bear & Company que realizan una labor impecable sosteniendo y trabajando con la energía. La meticulosa habilidad de la correctora de estilo Gail Vivino aportó un nuevo significado a la palabra «claridad», ayu­dando a crear un texto que fuera fluido y legible, y la sutileza de Marilyn Hager dio forma definitiva, elegante y espléndida al texto.

Mi agradecimiento amoroso también para mis padres, Ted y Bertha Marciniak y para toda mi familia, ya que han estado siempre a mi disposición. Gracias a los pioneros del pensamiento, almas aventureras, que abrazan el mundo es­piritual con tanto entusiasmo, y gracias a la propia Tierra que nos proporciona a todos un lugar donde vivir.

Y, cómo no, mi más amoroso tributo a los Pleyadianos, sean quienesquiera que sean, que con tanta sencillez están ahí ofreciendo su firme e inquebrantable fe en nuestro pro­ceso como seres humanos. Su amor incondicional me ma­ravilla y al mismo tiempo me da la osadía y el valor de persistir y perseverar.

Mi deseo es que este trabajo sirva de catalizador para una limpieza emocional a gran escala para que pueda emerger un profundo reconocimiento del espíritu y para que se produzcan el alivio y la liberación de las viejas cárceles que nosotros mismos nos hemos fabricado. ¡Que la Tierra re­fleje nuestra sanación! Bendiciones para todos aquellos que comparten estas probabilidades.
INTRODUCCIONES
Bárbara Marciniak
Soy una intérprete y un canal para el espíritu porque estoy dispuesta y soy capaz de atrapar lo invisible y traducirlo lo mejor posible. Oigo, siento y vivo la red de la existencia, la fuente universal. Estoy completamente conectada a ella y percibo los murmullos, impulsos y revelaciones de fuerzas cósmicas cuando utilizo esta fuente para que me guíe y me sostenga. Para mí, esta fuerza se manifiesta en forma de los Pleyadianos. Mi experiencia está, naturalmente, teñida por mis propias creencias. El principio de funcionamiento de la existencia es que el participante/observador determina el hecho. He desarrollado una gran reverencia hacia el poder del espíritu y una profunda confianza en el significado de la vida y los siempre renovados propósitos de las personas, lugares y eventos.

El proceso de creación de Tierra supuso básicamente todo lo que está relacionado con la fe y la confianza. Todas las que hemos estado involucradas en la creación de Tierra —Karen, Tera y yo— creemos en los invisibles y trabajamos con ellos, quienesquiera que sean. Cada una de nosotras, como individuo único, ha dado su consentimiento para ju­gar con un nuevo manual de la vida. Durante el proceso de recopilación de Tierra, cada una de nosotras ha pasado por el reto de tener que dar un salto con respecto a nuestra fe en el campo de nuestra particular limitación. Sólo después nos hemos maravillado de nuestros propios milagros.

No es una tarea fácil poner por escrito las canalizacio­nes de los Pleyadianos. Los P's, como se denominan ellos a través de mí, enseñan, con humor, paradojas, indirectas, contrastes, compasión y un imperioso uso de declaraciones e ideas que confunden. En la forma hablada transmiten perfectamente su energía y la esencia de su intención. Nues­tro reto consistió en recoger una impresionante colección de información y técnicas y utilizarlas como fundamen­to de las enseñanzas sobre la Biblioteca Viviente —en la for­ma concreta de un libro— cuando, mucho de lo que ense­ñan los Pleyadianos, no es concreto.

Afortunadamente, desde el principio, el formato de este libro estaba claro. Iba a tener doce capítulos e iban a estar diseñados para introducir al lector más profundamente en la experiencia de la influencia del «doce». Los Pleyadianos sostienen que nosotros estamos ligados al «doce» y para poder descubrir más, podríamos utilizar el propio liga­mento para evolucionar. La información básica iba a ser entregada en trece sesiones a lo largo de 1991 y 1992. Cinco de las canalizaciones ocurrieron durante viajes a lugares sagrados en México, Egipto, Grecia y durante dos visitas a Bali; los restantes ocho fueron ofrecidos en sesiones de tres horas en diferentes lugares de Estados Unidos.

En los momentos en los que me paraba a pensar de for­ma lógica en la redacción de este libro, me sentía abrumada por la enormidad del material. Sin embargo, yo había con­seguido tantas y tantas cosas sin el menor conocimiento de qué se trataba, que ahora esta fe en el proceso, aun no sa­biendo, me sostuvo. Es mucho más fácil vivir de esta ma­nera. Mi fe, compartida por Karen y Tera, y la firmeza de mi compromiso de dar forma a este libro, me sostuvieron. Los P's, naturalmente, estaban al mando, guiando y desper­tando nuestro interés referente a todo el proceso de libre albedrío, imprimiendo su firma sutil en los quehaceres de la vida —solemnes, comedidos y siempre presentes.

Desde el principio, cuando este libro que iba a tratar sobre la Biblioteca Viviente ni siquiera tenía título, sentí que en realidad ya existía en el futuro. Al fin y al cabo yo me había comprometido a escribirlo y, sin embargo, ya debía existir, colocado en alguna estantería, listo para ser revisado. Mi idea consistía en encontrar esta edición futura y utilizarla para crear ahora el original. Era una idea que nos daba mucha paz y parecía bastante más fácil que en­frentarse a la monumental cantidad de papel que contenía el popurrí de las transcripciones pleyadianas.

Siempre supe que, una vez que tuviésemos la cubierta para esta historia de la Biblioteca Viviente, el libro seguiría y las páginas iban a ordenarse. La cubierta fue diseñada en su debido momento y, al mismo tiempo, recibimos el tí­tulo: Tierra. Las llaves pleyadianas para la Biblioteca Vi­viente. Tanto la portada como el título nos impresionaron enormemente. Ahora nos tocaba a nosotras poner algo a continuación de todo aquello.

El resto del proceso supuso una compleja serie de even­tos sincronizados, en los que el tiempo y los sucesos de la vida añadieron una mayor riqueza a la historia que se esta­ba desplegando. Nos sumergimos en el montón de páginas y durante meses todas estábamos inmersas en otro mundo, un mundo en el que el deseo y la intención principales eran la creación de Tierra. El libro se configuraba en nuestros sueños y todas, noche tras noche, soñábamos con su mate­rialización. Yo escribí en mi lista de «cosas por hacer»: «Tierra, créate a ti misma» y así sucedió.

Al continuar mi trabajo con este material, me siento retada a explorar aún más lo invisible y examinar los es­condrijos y grietas de mis creencias. Como amigos invisi­bles con su personalidad propia, los Pleyadianos me invitan a experimentar una visión de la vida cuya expansión no parece tener fin. Ellos muestran la neutralidad de la fuerza y de la red de la existencia, definiéndola como una expre­sión de amor —la esencia de la existencia que debe ser utili­zada por todo— disponible conciente e incondicionalmente como un carburante eterno para la creación de todo lo de­seado. Esta era la fuerza que nos permitió crear Tierra.

A veces me siento una observadora cuando mi Ser ga­láctico se asoma y mira la vida en la Tierra con bastante menos apego que yo. Esta visión es expansiva y sé enton­ces que estoy aquí para vivir e influenciar al gran cambio, denominación que procede de mi conciencia galáctica.

Todos creamos mundos diferentes para nosotros mis­mos y de ello soy absolutamente conciente. No obstante, la sutileza con que este conocimiento cruza nuestras vidas es apenas reconocible y menos aún puede ser aclamado. La elección de mi vida ha sido viajar a los misterios escondi­dos y desconocidos, buscar algún tipo de significado para mí y, finalmente, encontrar una razón de ser.

Para mí, la vida es una serie de capítulos y no me supone ningún esfuerzo verme como la heroína de mi pro­pia novela saliendo de un episodio para entrar en una aven­tura, zigzagueando entre mundos, tanto internos como ex­ternos. Yo asigno a cada segmento de vida un significado y como en un libro de historia, con sus eras y épocas, cada fase se caracteriza por sus aparentes sucesos secuenciales como si se tratase de una gran procesión ofreciendo un sentido único de orden y propósito. No supuso nunca un gran es­fuerzo aceptar que la vida y todos sus componentes tenían un gran significado. Para mí, todas las cosas a las que debía­mos dar, según lo que nos enseñaron, un gran significado, me parecieron un sin-sentido —de modo que justo lo con­trario debía ser verdad.

Mi reflexión personal sobre el material es la siguiente: No os engañéis, nadie de nosotros puede dar nada por sen­tado. Cualquier cosa puede ser verdad y probablemente así debe ser porque según como penséis así será.

Los ingredientes poderosos son: amor, una intención clara y sentido del humor que junto con el respeto, la com­pasión y la inspiración hacen toda la diferencia. ¡Que esta obra sirva para desarrollar vuestra libertad! ¡Bendiciones!

Bárbara Marciniak Raleigh, NC 19 de setiembre de 1994 Luna llena en Piscis
Karen Marciniak
El 11 de enero de 1994, con la luna nueva en Capricornio, Bárbara, Tera y yo firmamos el contrato y nos comprome­timos a escribir este libro. Yo pasaba de un estado de exci­tación a uno de desesperación. Me dije: «Realmente quiero contribuir en algo a este libro. Pero ¿cómo encontraré el tiempo para sumergirme en este proyecto y mover todas las piezas de mi vida, tan ocupada ya?»

Un mes antes de comenzar Tierra, mi marido y yo ter­minamos nuestro matrimonio/compañerismo que había du­rado veintidós años. Vendimos nuestra casa y mi hija de siete años y yo nos mudamos a una casa alquilada. Estaba ocupada desembalando, manteniendo el negocio de «Bold Connections», procesando pedidos, contestando el correo y sintiendo que todo aquello lo tenía que hacer a costa de mi tiempo libre. Muchas veces me asaltaron dudas muy serias sobre si podía formar parte o no del proceso de escribir este libro; sentí pánico, enumeré todas las partes de la reali­dad con las que tenía que enfrentarme durante los prime­ros seis meses de 1994 y supe que la mayor parte iba a estar supeditada a las exigencias del libro.

Finalmente, me di cuenta de que si no participaba, una gran oportunidad de crecer y cambiar iba a pasar de largo. Me obligué a enfrentarme cara a cara con uno de mis gran­des temas: el control. Era el control que estaba detrás del reto de mi permanente falta de tiempo. Vi claramente cómo el control me había limitado en tantas áreas de mi vida y llegué a la conclusión de que lo único que podía hacer era entregarme, soltarme del control, buscar una ayuda para las tareas cotidianas y confiar.

Confianza. Todo el libro supuso un proceso de con­fianza. Al principio, cuando las tres nos sentíamos aplasta­das por el montón de material que Tera había transcripto, cuando no sabíamos por dónde empezar, lo único que sa­bíamos es que teníamos que tener confianza. Bárbara, Tera y yo habíamos formado una unión, un triángulo de energía y trabajábamos en equipo produciendo Los tiempos Pleyadianos y otros proyectos. Nos habíamos convenido en maestras de aceptar la crítica constructiva de las otras, apartando nuestros egos y orgullos heridos, sabiendo que nunca éramos víctimas. Esto nos permitió avanzar en el camino de lo que podíamos conseguir. Confiamos en que si nuestras energías trabajaban armoniosamente juntas y con una intención, podíamos hacer cualquier cosa que nos propusiésemos.

Una y otra vez visualizábamos cómo traíamos el libro desde el futuro al «ahora». Se diseñó la portada mucho antes de que nosotras hubiésemos completado el conteni­do. El dibujo nos magnetizó y nos hipnotizó. Nos aden­tramos en esta realidad una y otra vez. La primera vez que fui verdaderamente capaz de meterme dentro de este dibu­jo lloré —tuve la sensación de que los P's estaban enviando la información contenida en este libro a través del dibujo. Estos Pleyadianos tan listos estaban jugando una vez más.

Ahora, que estoy sentada en mi terraza escribiendo, con el proceso del libro finalizado, sintiendo los suaves rayos solares de septiembre en Carolina, mi mente se pasea por algunas «vías» de la realidad que he creado para mí. Estoy sentada, sonriendo y recordando algunos de los suce­sos que me ayudaron a aterrizar en este «ahora» y siento una enorme gratitud de que, hace años, me atrajesen las palabras «el pensamiento crea».

A finales de los años setenta, los libros de Jane Roberts sobre el material de Seth supusieron una fuerza guiadora para Bárbara y para mí. En aquellos días, yo vivía, en Rochester, Nueva York, y Bárbara estaba en Los Angeles. Tenía un marido y un trabajo y vivía en una preciosa casa colonial de estilo holandés y mi jardín se había convertido en mi propia Biblioteca Viviente. Bárbara, sin embargo, era el típico espíritu libre de nuestros tiempos, siempre buscando algo nuevo para expandir sus perspectivas, mu­dándose con frecuencia y absorbiendo los nuevos pensa­mientos que California y el mundo podían ofrecer.

Un año, Bárbara me mandó como regalo de cumplea­ños, dos libros con una tarjeta que decía algo así como:

«Existe ahora tantísima información que anima a pensar que yo misma no puedo leerla toda. Léete estos dos libros y cuéntame luego si valen la pena». Resulta que los dos textos eran The Seth Material y Seth Speaks de Jane Roberts. Leer estos dos libros supuso para mí un aviso definitivo, por parte del cosmos, para que despertase.

Durante los próximos años leímos y absorbimos todo el material existente de Seth. Lo releímos, lo subrayamos, hablamos de él e intentamos vivir según las ideas presenta­das en él. Cuando recuerdo ahora aquellos días, me doy cuenta de hasta qué punto me sumergí, al leer página tras página, en las realidades de Jane Roberts y Rob Butts. Pude ver su realidad con gran claridad. Sentí el proceso lento y meticuloso de tomar notas y luego transcribirlas con que Rob se había comprometido —si pudiera trabajar más de­prisa, tendríamos un nuevo libro ya—. Imaginé a Jane delan­te de su montón de correo sin contestar y sentí su total frustración al no estar nunca al día con las cosas. Cuando miro ahora hacia atrás puedo sentir la fuerza que en aquel entonces me guió a tomar notas de todo lo que hicieron. Ahora, que llevo el negocio de «Bold Connections» y miro el montón de correo sin contestar —peticiones de un nuevo libro pleyadiano— me encuentro en una situación muy si­milar a la de ellos en 1970, con algunas de las mismas alegrías y los mismos retos.

En abril de 1988, Bárbara hizo un viaje a Egipto y a Grecia, preparando con ello los fundamentos para que los Pleyadianos entrasen en su realidad. Yo vivía entonces en Raleigh, Carolina del Norte, y estaba poniendo los cimien­tos de mi nueva casa, una casa que usarían los Pleyadianos durante cinco años como aula de estudios para impartir su sabiduría, hacernos reír, regañarnos, jugar con nuestras men­tes y enseñarnos cosas sobre nosotros mismos. Cuando Bárbara regresó de su aventura egipcia/griega, me llamó desde Boston y me preguntó: «¿A qué no sabes qué pasó?»

Y le contesté: «Has empezado a canalizar». Ella dijo: «¿Cómo lo sabes?» Siempre lo supimos. No era algo de que hablára­mos mucho pero existía una profunda convicción inexpresada entre nosotras de que algún día íbamos a estar in­volucradas en una aventura psíquica. Nos unía una lealtad inquebrantable; a algún nivel sabíamos que habíamos veni­do a esta realidad como hermanas para anclar un nuevo paradigma de pensamiento y que no podíamos hacerlo sin amor y apoyo mutuo.

Yo tenía ganas de conocer a los nuevos amigos de Bárbara que se llamaban a sí mismos «Pleyadianos». Aún no teníamos claro qué es lo que sentíamos acerca de ellos. Quiero decir, Bárbara esperaba a un ser amable y propia­mente desencarnado como Seth y, ¿qué le apareció? ¡Unos extraterrestres! Recuerdo aquella primera vez cuando Bárbara vino a mi casa y contactó con los Pleyadianos. Sus voces eran muy débiles y difíciles de entender y yo tenía que afinar el oído para percibir las palabras. Me dieron alguna información acerca de quiénes eran y por qué iban a trabajar con nosotras. Me dijeron que me iban a llamar «Topi» porque yo era como un topo al que le gustaba man­tener la cabeza bajo tierra y no aparecer en la luz de los focos. No obstante, me dijeron que había llegado el mo­mento de acercarme y vivir todas estas ideas que yo había coleccionado y con las que había jugado, que mi vida iba a cambiar totalmente y ya nada iba a ser igual. «Interesante», pensé, mientras estaba ahí sentada en mi maravillosa casa con un marido al que quería, un trabajo que me satisfacía y una hija de dos años durmiendo en la habitación contigua. ¡No tenía ni idea de qué tipo de cambios me estaban ha­blando!

Bueno, seis años después, mi vida ha cambiado y no de la manera que me hubiera imaginado. Si hubiera podido ver el futuro en aquel entonces, sí que habría sido demasia­do cobarde para seguir adelante con todo. Por lo tanto, envío mi enorme agradecimiento a los P's por todo su amor y su ayuda —inclusive los tiempos en los que no me sentí amada ni guiada— por su persistencia en empujarme siempre al siguiente reto. Agradezco a Bárbara su cariño, apoyo y lealtad, su dedicación a este trabajo y su valor de vivir las enseñanzas pleyadianas y hacer que parezcan fáci­les. También doy las gracias a Tera por ser una amiga en la que confío y con la que crezco, una compañera Sagitario con la que me entiendo muy bien y que es una gran edito­ra. A mi hija Laurel quiero dedicar un agradecimiento muy especial por ser capaz, a una edad tan temprana, de asimilar el hecho de ver a su tía Bárbara —«Cioci», como la llama ella— sintonizar cada dos semanas con los Pleyadianos en nuestra casa y por permitirme viajar, libre de culpa por no estar siempre con ella, con Bárbara y los P's; por aceptar los puntos de vista tan opuestos sobre la realidad de sus pa­dres e integrarlos en su mundo y encontrar su propio equi­librio. En este momento de reflexión, puedo decir que me encuentro en un estado de ser pacífico y armonioso. El hecho de confiar en mí misma y de saber que estoy crean­do cada aspecto de mi realidad para enseñarme una lección que necesito aprender, me ha dado una gran libertad. En este momento en el que el mes de setiembre está finalizan­do y el esplendor del otoño despliega suavemente su magia sobre esta tierra que se llama «el triángulo», me encuentro en situación de comprar mi propia casa, de recuperar mi nombre de soltera y de enterrar mi mote «Topi». Estoy esperando con alegría e ilusión mi siguiente segmento de la realidad con el cual jugar.

Karen J. Marciniak Raleigh, NC
Tera Thomas
Conozco a Bárbara y a Karen desde que Bárbara comenza­ra a canalizar en el año 1988. Hemos trabajado juntas, ju­gado, reído, llorado y peleado juntas y hemos desarrollado un profundo sentido de confianza. Al comenzar el boletín Tiempos Pleyadianos en la primavera de 1993, se fortificó y profundizó la relación entre las tres. Nosotras somos muje­res fuertes, con opiniones propias y hemos aprendido a fu­sionar nuestro poder para trabajar con el espíritu, a apoyar­nos mutuamente y a crear algo mayor que la suma de las partes. Así que, cuando Bárbara propuso que las tres traba­jásemos juntas en Tierra, me hizo mucha ilusión.

Trabajar con los Pleyadianos no es lo mismo que traba­jar con otra información canalizada. No son lecciones so­bre temas determinados; las enseñanzas no aparecen de ma­nera ordenada, más bien son confusas e, incluso, contradic­torias —aparecen así a propósito—. Los que trabajamos con los Pleyadianos regularmente sabemos que los P's raramen­te ofrecen algo en bandeja de plata porque ellos quieren que apliquemos sus enseñanzas a nuestras vidas y que apren­damos a confiar en nosotros mismos durante este proceso. Es decir, los Pleyadianos no se sientan y dictan un libro. Trabajar con ellos en un libro es como ir a uno de sus talleres. Hay que hurgar dentro de uno mismo y hacer emerger la información a la tercera dimensión y a la vida de uno.

Al haber trabajado en Los Mensajeros del Alba, conocía el proceso de elaboración de un libro de los Pleyadianos. Primero se transcriben cintas preseleccionadas y luego se divide la información en categorías específicas, por ejem­plo: «ADN», «Reptiles», «Sangre», «Los maestros del jue­go». Esto crea páginas de información que se juntan en pe­queños y ordenados expedientes. El siguiente paso consiste en entrelazar todas las piezas de información para que for­men capítulos que cuenten una historia coherente, aún en forma bruta.

Cuando Bárbara, Karen y yo trabajamos juntas, siem­pre comenzamos con una pequeña ceremonia para unificar nuestra energía y para hacerles saber a los P's que estamos dispuestas a trabajar. Declaramos nuestras intenciones y ta­ñemos una campana tibetana doce veces, una vez para cada chakra. Después de esto, estamos listas para comenzar a trabajar «sin sentido», permitiendo que nos guíe el espíritu.

Nuestro archivo móvil estaba «a tope». La cantidad de categorías que teníamos y el número de páginas de cada una provocaba auténtico susto. Sabíamos que iban a ser doce capítulos, así que cogimos cartas astrológicas en blan­co y etiquetamos cada Casa con un capítulo. Luego leíamos los nombres de los capítulos y los adjudicamos a las Casas que parecían adecuadas. Decidimos que cada una de noso­tras iba a trabajar con cuatro Casas o cuatro capítulos y recopilar la información correspondiente. Cada una esco­gió un color y coloreamos nuestra carta. De esta manera conseguimos una heliografía más o menos coherente que nos ayudaba a encajar la información. Un día, cuando llegó Laurel, la hija de Karen, del colegio, le enseñamos nuestras cartas coloreadas y le preguntamos qué pensaba ella que eran. Sin dudarlo dijo: «Es el libro». Bueno, por lo menos alguien tenía fe.

Organizar las diferentes partes de información para que formasen un capítulo requirió un gran esfuerzo de elimi­nar el control y una profunda confianza en el proceso. Al principio, naturalmente, lo intentábamos todas de la mane­ra acostumbrada, leyendo y absorbiendo cada palabra de las muchas páginas escritas a máquina e intentábamos que tuviesen algún sentido. Esto no funcionó demasiado bien con el material de los Pleyadianos. Empezamos a enredar­nos y confundirnos y ya nada tenía sentido.

Afortunadamente, el dibujo para la cubierta llegó y nos centró. Este dibujo nos guió de una manera que, aún hoy, no soy capaz de desentrañar el misterio. Sólo sé que cada vez que intenté controlar el proceso, respiré profundamen­te, miré el dibujo y estaba de vuelta donde debía estar —en el «sin sentido»—. Sabía que el libro existía de verdad en el futuro y todo lo que tenía que hacer era confiar en esto y permitir que la información se organizase por sí sola.

Cuando cada una ya tenía diseñados, más o menos, sus cuatro capítulos iniciales, los intercambiamos para limarlos, reorganizarlos y rellenar los huecos. Mis capítulos los leyó Karen, los de Karen los leyó Bárbara y los de Bárbara los leí yo. Hicimos este baile de capítulos una y otra vez y, de este modo, cada una de nosotras aprendió de cada ca­pítulo. Bárbara Clow siempre nos volvía a centrar cuan­do nos atascábamos o estábamos confusas. Milagrosamente, o así lo pareció, nació Tierra.

Los Pleyadianos hablan constantemente de hacer las co­sas sin esfuerzo. Si algo cuesta demasiado esfuerzo, estás en el camino equivocado. Trabajar con su material no cuesta esfuerzo; pero esto no significa que no haya que trabajar. La parte que no cuesta esfuerzo es aquella que implica que confíes, que des un paso a la vez y que no preguntes cómo y por qué y todo se resolverá. Aún así, todo esto supone un montón de energía, mucha concentración y bastante ajetreo en la tercera dimensión. Uno no puede declarar una intención y luego sentarse cómodamente para ver de qué modo se materializa; alguien tiene que hacer el trabajo físi­co. Y puedo garantizar que Bárbara, Karen y yo trabaja­mos duro.

He aprendido mucho durante el trabajo con Tierra. Cómo no, he visto emerger muchos de mis patrones anti­guos: querer controlar el trabajo en vez de soltarme, tener la sensación de que realmente debía trabajar muy duro y agotarme porque si no no se me iba a estimar, angustiarme de que no se iba a cumplir con el plazo estimado, y cues­tionarme cómo se iba a poder hacer todo. Hice que el tra­bajo se convirtiera en una carga para mí, suscribiendo el viejo lema: «si no es difícil no es bueno». Es interesante con qué claridad se ven los temas de uno cuando se trabaja con otras personas. Cuando uno trabaja solo, todas estas cosas son patrones inherentes, partes de uno mismo.

Cuando se trabaja en equipo es como si hubiese un espejo delante que dice: «¡Mírate!» Yo fui capaz de recono­cer mi carga y soltarla. ¡Uf! ¡Qué bien me sentía!

También aprendí una nueva y más profunda manera de trabajar en equipo que me aportó mayor respeto y amor por Bárbara y Karen y por mí misma. Eramos capaces de rundir nuestras energías para poder trabajar como una uni­dad y permitir que entrasen en juego todas nuestras fuer­zas, sin competir o ensombrecer el trabajo de las demás. Ahora puedo ver que fue nuestra relación la que creó este libro. Sí, fueron todas las cosas físicas que hicimos, las intenciones que declaramos y los timbres que tocamos, pero estas cosas solas no hubieran creado Tierra. Era el profundo lazo entre Bárbara, Karen y yo, el cariño que compartimos entre nosotras y los Pleyadianos y la combi­nación de nuestras energías basada en una auténtica confian­za en el proceso.

Ahora entiendo cómo pudo llegar este nivel de respeto, confianza y amor a cada área de mi vida. Y siento un pro­fundo agradecimiento por todas las enseñanzas que recibí mientras trabajé en Tierra, por la relación que he desarro­llado con los Pleyadianos, con los reinos no físicos, con Bárbara y Karen, con mi familia y mis amigos y especial­mente conmigo misma.

Tera Thomas Pittsboro, NC

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