Índice




descargar 0.58 Mb.
títuloÍndice
página13/50
fecha de publicación06.08.2016
tamaño0.58 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   50

Los ángeles hambrientos de sexo


Mientras tanto, en la nave espacial materna había estallado un motín. Algunos de los oficiales de alto rango estaban en desacuerdo con el comandante, el «altísimo». No tiene mayor importancia que el jefe de los rebeldes se llamara Ismael, Lucifer o de cualquier otra manera. La leyenda lo llama «el mayor príncipe entre los otros». En la serie de ficción científica La conquista del espacio sería, sin duda, el primer oficial. Comoquiera que se llamase, parece ser que Ismael o XY ostentaba más poder que el resto de la tripulación, pues era el único que tenía «doce pares de alas». Ismael y sus renegados perdieron la batalla a bordo y fueron expulsados del «cielo». No parece que esto los inquietara demasiado, al menos en un principio. Probablemente creían que sus conocimientos técnicos les permitirían imponerse.

En cuanto estos expulsados llegaron a la Tierra, desarrollaron un poderoso apetito sexual. Según la leyenda, el jefe, Ismael, sedujo enseguida a Eva: «Y he aquí que él no parecía un ser terrenal, sino un ser celestial.» Otros miembros de la tripulación se unieron, según sus gustos, con muchachas bonitas y también con muchachos. Hasta los más firmes creyentes en la Biblia no pueden pasar por alto este pasaje del Génesis (6, 1):
Y acaeció que, cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la Tierra, y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas.

La erudita polémica que sigue en pie desde tiempos inmemoriales acerca de estas palabritas, «los hijos de Dios», y que ha generado millares de páginas de comentarios enfrentados y contradictorios, no inspirará más que una sonrisa aburrida en cualquiera que disponga de un poco de información privilegiada. Las palabras «los hijos de Dios» se han traducido también por «los gigantes», «los niños de Dios», «los ángeles caídos», o quizá por «los seres espirituales renegados». ¡Es como para ponerse a gritar!

¡Unas simples palabritas ponen la fe de cabeza! Cualquier especialista con sólidos conocimientos de hebreo puede decirnos lo que significan exactamente las palabras en cuestión: «Los que habían descendido eran semejantes a los hombres y mucho mayores que los seres humanos» 19. Pero a uno no le está permitido decir lo que piensa. Aun así, yo lo digo, sin reparos de ningún tipo.

La vieja objeción de que los extraterrestres no podrían aparearse de ningún modo con los terrestres ha sido rechazada hace mucho tiempo; no necesito repetirme en este sentido. («Y los dioses crearon a los hombres a su imagen...»)

En este drama de la prehistoria, el «altísimo», el comandante de la nave espacial, poseía evidentemente unos mapas mejores que los de su tripulación renegada. Observaba con preocupación lo que sucedía en la Tierra. La hibridación de los extraterrestres con los terrestres hizo aparecer unas criaturas que no concordaban de ningún modo con la raza planeada del Homo sapiens. Éste fue el pecado original de la mitología. Los seres humanos estaban heredando mensajes genéticos equivocados. «Y arrepintióse el Señor de haber hecho hombre en la Tierra, y pesóle en su corazón», dice el Génesis (6, 6). El «altísimo» debía interrumpir de algún modo el experimento del «ser humano» y empezar de nuevo. Pero ¿cómo? Los ángeles renegados poseían probablemente unas armas poderosas, podían esconderse en las cuevas y hacerse fuertes dentro de los edificios. No había ninguna posibilidad de cazar uno por uno a los malvados.

No podemos deducir de las leyendas y de los textos religiosos si el diluvio fue provocado intencionadamente o si un meteorito grande chocó con la Tierra. Una inundación artificial es posible (nosotros seguimos provocando cosas así en nuestros días), y los meteoritos caen constantemente sobre la Tierra. Fuera lo que fuese, el «altísimo» debía de estar informado sobre el momento exacto en que tendría lugar el diluvio: así es como pudo informar a los buenos y aconsejarles sobre el modo de construir un barco.

19 Agrest, Matest M.: «The historical evidence of Paleocontacts», en Ancient Skies, vol. 20, núm. 6, Highland Park, Illinois, 1994.
1   ...   9   10   11   12   13   14   15   16   ...   50

similar:

Índice iconIndice ( irá al índice general) II. Factores de riesgo 4

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice icon1.Índice

Índice iconIndice

Índice iconÍndice

Índice iconÍndice




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com