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La selección correcta


Pero ¿por qué se me acusa de hacer lo que deben hacer todos, dada la enorme riqueza de materiales? Todo libro que leo es una selección que ha escogido el autor para apoyar sus puntos de vista. La objeción de que las investigaciones científicas no abordan de este modo los datos es una pura fantasía en la que sólo creen los estudiantes más noveles. En los últimos cuatro años he devorado unas 300 obras de teología, y las conclusiones de cada una de ellas apoyaban las opiniones del autor. Se presentan incontables citas, sobre todo en las tesis doctorales, para demostrar que los rivales del autor están equivocados en algún sentido. El océano de textos sobre cualquier tema se ha vuelto tan inmenso que ningún autor del mundo es capaz de tener una visión general de todas las obras de sus predecesores ni de tenerlas en cuenta todas. Es preciso seleccionar, y mientras se selecciona se arroja el lastre por la borda en silencio. El especialista en un tema tiene un conocimiento amplio de las opiniones que profesa, que al profano no le interesan especialmente, y mucho menos a los editores y a los libreros. Debemos reconocer que la selección es inevitable, y debemos reconocer con sinceridad que el autor dice lo que quiere decir y que deja clara la línea de investigación que sigue.

Los textos religiosos están cargados de moralidad y de ética, temas que a mí no me interesan en absoluto. Por eso no me molesto con los centenares de páginas de advertencias, amenazas, profecías e instrucciones de los profetas. No es asunto mío explicar al lector por qué no hay que comer cerdo y con qué base puede uno repudiar a su mujer. Todo especialista sabe, en cualquier caso, que las afirmaciones de los profetas sólo rara vez son auténticas u originales. Las generaciones posteriores han ampliado, extendido y sazonado estos textos a su gusto. Por otra parte, en lo que respecta a la cronología religiosa, ¿de qué sirven pasajes tales como «Thare engendró a Abraham, Abraham engendró a Isaac», cuando es probable que Abraham no haya existido?

¿Cómo? Pero ¡si hay textos que hablan de Abraham, si se han escrito relatos sobre él, y si en el apocalipsis de Abraham se describen experiencias suyas con riqueza científica de detalles! Así es: existen tales textos, y son muy útiles para mi trabajo. Pero esto no demuestra que se trate de fuentes originales procedentes de la mano de Abraham o de sus allegados más próximos. En las Crónicas de Jerahmeel20, que se basan en fuentes todavía más antiguas, se afirma que Abraham era un gran astrólogo y mago. Se dice que recibió sus conocimientos directamente de los ángeles. A nosotros, como miembros que somos de una cultura cristiana, se nos ha metido en la cabeza que Abraham fue el progenitor de la humanidad; pero en realidad los investigadores no han determinado siquiera su existencia, ni qué significa su nombre.

Franz M. Bóhl, profesor de la Universidad de Leiden, afirma:
El nombre Abram, que sólo aparece en el Génesis 11, 26 y 17, 5 significa «el padre sublime» o «el padre es sublime». Podemos tomar la propia palabra «patriarca» como traducción de este nombre (...). Abraham no es, probablemente, más que una variante dialectal, una ampliación del nombre más común Abram»21.

Este pasaje se escribió en 1930, pero los investigadores posteriores llegaron a una conclusión semejante. Cinco años después del profesor Bóhl, la Revista de Literatura Bíblica comentaba sucintamente: «Abraham no fue originalmente un nombre de persona, sino el nombre de una divinidad» 22.

Los sesenta años de estudios sobre Abraham que han transcurrido desde entonces no arrojan nueva luz sobre el tema. En una publicación de la Universidad de Yale leí el siguiente pasaje digno de mención: «Seguramente no estaremos nunca en condiciones de demostrar que haya existido verdaderamente Abraham»23.

¿Qué necesidad tengo, pues, en vista de esta confusión teológica, de tener en cuenta en mi obra las fechas cronológicas de las palabras de cualquier profeta? Sobre todo si se tiene en cuenta que se ciernen las mismas dudas sobre otros profetas. Ezequiel, uno de los testigos más destacados en mi defensa de la filosofía paleobiet24, tuvo que pasar por incontables transformaciones a través de los siglos. En una obra que se publicó en 1981 se citan no menos de 270 trata dos sobre este profeta25. Doscientas setenta cabezas sabias dedicaron años de su vida a estudiar a Ezequiel. Mientras tanto, la figura de este profeta sufría extraordinarias transformaciones. En un principio, sus palabras eran irreprochables; después se convirtió en «un visionario»; más tarde fue «un soñador» y «un idealista», y recientemente ha sido considerado «un cataléptico», es decir, un esquizofrénico que sufría ataques. También se examinaron detenidamente los textos de Ezequiel. Los expertos en semántica descubrieron que el estilo y el vocabulario demostraban que habían sido escritos por más de un solo autor. Se declaró que el pobre profeta era un «seudo Ezequiel», cuyo libro había sido pergeñado doscientos años después de la muerte de Cristo a partir de otros diversos textos26.
20 Gaster, M.: The Chronicles of Jerahmeel, Nueva York, 1971.

21 Bóhl, E M.: Das Zeitalter Abrahams, Leipzig, 1930.

22 Albright, W ¥:. «The ñames Shaddai and Abraham», enjournal ofBiblical Literature, vol. LIV, 1935.

23 Seters, J. van: Abraham tn History and Tradition. New Haven/Londres, 1975.

24 Blumrich, J. F.: Da tat sich der Himmel auf. Die Raumschiffe des Propheten Hesefeiel und ihre Bestdtigung durch modemste Technik, Dusseldorf, 1973; Beier, H. H., Kronzeuge Hesekiel, Munich, 1985.
Sin embargo, hace cien años, el profesor de teología Rudolf Smend podía escribir todavía:

No cabe duda de que el texto se basa en una experiencia visionaria que de ningún modo se puede atribuir únicamente a una convención determinada del estilo escrito27.

¿Y hoy? La mayoría de los teólogos creen que el libro de Ezequiel es obra de varios redactores, y que incluye la obra del propio profeta, así como adiciones que se añadieron en diversos periodos.

¿Quién puede echarme en cara, pues, que yo seleccione las hojas más frescas de entre esta ensalada de confusión? Es una ensalada que también contiene especias indigestas. En los libros sagrados aparecen nombres y fechas que están tan fuera de lugar en la ensalada como unas lonchas de suela de zapato. Tomemos, por ejemplo, el siguiente pasaje del Génesis (15, 13 y 16):

Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en una tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años (...). Pero en la cuarta generación volverán acá...

La arqueóloga británica Kathleen M. Kenyon comentó agriamente, acerca de este pasaje:
La cronología se contradice. Aceptar que su estancia duró cuatrocientos años y oír a la vez que la cuarta generación tras la entrada en Egipto participaría en el Éxodo son dos cosas tan evidentemente incompatibles que nos vemos obligados a considerarlas antihistóricas28.

Los puntos de vista teológicos no sólo son opacos, sino que también cambian de un profesor a otro y de una década a otra. ¿Así pues, qué nos queda? Nos quedan las propias crónicas misteriosas. Los relatos cuyo autor escribe en primera persona, es decir, refiere una experiencia personal propia. Del mismo modo que las leyendas y los mitos, la literatura religiosa conserva un núcleo, un meollo de verdad. Es este aspecto misterioso el que los redactores posteriores no alteraron apenas. ¿Por qué no? En parte, porque no lo comprendían; el misterio se adhirió a las palabras de los profetas y fue transmitido a las generaciones sucesivas. También en parte, porque no se atrevían a poner sus propias palabras abiertamente en boca de un profeta venerable: entonces tendrían que mentir en primera persona. La experiencia personal y directa del autor que decía «vi... oí... el altísimo me dijo...» procedía de una fuente antigua y primigenia. Los redactores posteriores no hicieron más que adaptarla, intentando encontrar un sentido a lo incomprensible. Y, dado que ellos mismos no lo entendían, lo que nos queda hoy día es un perfecto desorden. ¡Ojalá se hubieran limitado a copiar los antiguos textos sin alterarlos! Pero esto es casi imposible para una persona que piensa. Ni siquiera hoy día somos capaces de hacer tal cosa. Ya tenemos versiones del Nuevo Testamento en cómic y otras adulteraciones todavía peores, con las que supuestamente se pretende adaptar a nuestros tiempos el texto sagrado. Pero «con medios impuros se consiguen resultados impuros» (Mahatma Gandhi, 1869-1948).

25 Lang, B.: Ezequiel DerProphet und das Buch. Darmstadt, 1981.

26 Torrey, C: Pseudo-Ezekiel and the Original Prophecy, New Haven, 1930.

27 Smend, R.: Der Prophet Ezechiel, Leipzig, 1880.

28 Kenyon, K. M.: Bible and Recent Archaeology. British Museum Publications, Londres, 1987.
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