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Cuando los ángeles se amotinan


En el libro de Enoc (6, 1-6) se dice:

Cuando los hijos de los hombres se multiplicaron, les nacieron hijas encantadoras y amorosas. Cuando los ángeles, los hijos del cielo, las vieron, las desearon y se dijeron los unos a los otros: «Tomémonos esposas de entre las hijas de los hombres, para que nos den hijos.» Entonces su jefe, Semiaza, les dijo: «Temo que no llevéis a cabo esto; entonces yo tendría que cargar con la culpa de una gran transgresión.» Entonces, todos le contestaron: «Entonces, pronunciemos todos un juramento y comprometámonos a no renunciar a este plan y a llevarlo a cabo.» De modo que todos pronunciaron un juramento y se comprometieron a ello. Eran todos doscientos, que en los días de Jared bajaron de la cumbre del monte Hermón35.
Si esto no es un un motín de «los hijos del cielo», ¿qué es? Lo que había pasado era muy claro, pues (7, 1-6):

Todos ellos se tomaron esposas. Después empezaron a tener acceso con ellas y a hacer actos impuros con ellas. Y les enseñaron las artes de la magia y de las hierbas, y les enseñaron el conocimiento de las plantas. Y sus esposas quedaron preñadas y parieron gigantes de 100 varas de alto. Éstos devoraron las provisiones del resto de la gente. Pero cuando no quedó nada más para alimentarlos, los gigantes se volvieron contra la gente y se la comieron. Y empezaron a devorar pájaros, animales salvajes, criaturas que se arrastran y peces, y también se comían y se bebían la carne los unos a los otros. Y la Tierra se quejó en voz alta de estos monstruos.

La escena antediluviana se describe con detalles realistas, aunque ahora nos parezca increíble. Los ángeles buenos (los que no habían participado en el motín) lo observaban todo desde lo alto. Dieron parte al «altísimo», y éste decidió pasar a la acción: «Toda la Tierra quedará sumergida; vendrá un diluvio de agua sobre la Tierra y destruirá todas las cosas.»

Lo notable del libro de Enoc son los muchos detalles que contiene y que no se encuentran en ningún otro texto. ¡En el capítulo 69 Enoc facilita incluso la lista de nombres de los cabecillas del motín y describe sus respectivas categorías y funciones!

¿Qué fue de Enoc, pues? ¿Dónde descansaron sus huesos? ¿Dónde está el templo o la catedral que se erigió en su honor?

35 Riessler, P: Altjüdisches Schrifttum ausserhalb der Bibel. Das Henochbuch, Augsburgo, 1928.

Una ascensión algo agitada


No se encuentra en esta Tierra. El Antiguo Testamento reconoce que Enoc desapareció sin dejar rastro. Se supone que el Señor se lo llevó. O bien, según otras versiones del texto bíblico, subió a las nubes en un carro de fuego. Los antiguos relatos judíos dan más detalles sobre su despegue36.

Los ángeles, al parecer, habían prometido llevarse consigo a Enoc, pero todavía no habían fijado la fecha de la partida. «Me dijeron que viajaría a los cielos, pero todavía no sé cuál es el día en que os dejaré». De modo que Enoc reunió a los suyos a su alrededor y les contó lo que le habían dicho los ángeles. Les dijo especialmente que no ocultasen sus libros ni los guardasen en secreto, sino que se los hicieran accesibles a las generaciones futuras (una misión que yo procuro cumplir). Después de comunicar su sabiduría durante varios días, las cosas cobraron un giro emocionante.

Pero sucedió que, mientras la gente estaba reunida alrededor de Enoc y él les hablaba, levantaron los ojos y vieron la figura de un corcel que bajaba del cielo a la tierra como en una tormenta brava. Y la gente dijo a Enoc lo que veía, y Enoc les dijo: «Este corcel ha descendido a la Tierra por mí. Ha llegado el momento y el día en que me iré de vuestro lado y no volveré a veros.» Y entonces llegó allí el corcel, y todos los hijos de los hombres lo vieron con sus propios ojos.

Estaba claro que los celestiales habían informado a Enoc de que el despegue sería muy peligroso para los presentes. Por ello, él intentó apartarlos. Advirtió a los espectadores varias veces que no lo siguieran, «para que no muráis». Algunos titubearon y se apartaron a una buena distancia, pero los más insistentes querían contemplar de cerca la partida de Enoc.

Le dijeron: «Te acompañaremos al lugar a donde vayas; sólo la muerte nos apartará de ti.» Como no hicieron caso de sus palabras, él no habló más con ellos, y ellos lo siguieron y no volvieron atrás. Y sucedió que Enoc subió al cielo entre una tormenta, sobre corceles de fuego, en un carro de fuego.

Esta ascensión a los cielos produjo la muerte a todos los observadores. Al día siguiente, la gente fue a buscar a los que habían acompañado a Enoc.

Y los buscaron en el lugar donde Enoc subió al cielo. Y cuando llegaron al lugar, encontraron la tierra cubierta de nieve y entre la nieve había grandes piedras como de granizo. Y se dijeron entre sí: «Apartemos la nieve y veamos si encontramos a los que acompañaron a Enoc.» Y apartaron la nieve y encontraron a los que habían acompañado a Enoc, muertos bajo la nieve. Buscaron también a Enoc, pero no lo encontraron, pues habla subido a los cielos (...). Esto sucedió en el el año 113 de la vida de Lamech, hijo de Matusalén.

Nos encontramos, pues, ante otra imposibilidad más, después de la Caída y del diluvio. Pero ya hemos dejado de asombrarnos, pues todas las interpretaciones textuales anteriores están cargadas de imposibilidades. Tenemos que creer que nuestro querido Dios de amor se limitó a quedarse mirando sin intervenir mientras centenares o miles de observadores ardían y quedaban reducidos a cenizas, mientras su maestro Enoc ascendía a los cielos. ¿Qué delitos habían cometido? Habían escuchado la sabiduría de Enoc, lo habían acompañado al punto de despegue. Enoc ascendió a los cielos entre una tormenta, en un carro de fuego, mientras abajo los receptores de su sabiduría ardían, junto con la tierra y las piedras, y quedaban convertidas en cenizas blancas como la nieve. (Algunos tipos de piedra caliza se ponen blancos como la nieve cuando se someten a un calor elevado.)

Ninguno de estos hechos (la Caída, el diluvio, la ascensión de Enoc, ni siquiera el viaje espacial de Abraham) encajan con la imagen de un Dios de amor. ¿Por qué había de llamar a su presencia a Abraham un Dios omnipresente para hablar con él? Siendo omnisciente, debía saber lo que pensaba y sentía Abraham. ¿Por qué necesitaba nuestro Dios amado de una nave espacial que rotaba sobre su eje por encima de la Tierra? ¿Por qué debía enviar Dios a dos personajes para que recogiesen a Abraham? ¿Por qué tenía que enviar «caballos de fuego» para llevarse a Enoc al cielo?

Las respuestas a estas preguntas son siempre las mismas: el «altísimo», el Dios que se describe aquí, no puede ser ni de lejos el mismo que el Creador omnipresente al que veneran todas las religiones (y al que venero yo mismo). Yo considero que sería un insulto al Dios verdadero atribuirle estos errores y esta crueldad. Pero si sustituimos a Dios o al «altísimo» por los viajeros del espacio extraterrestre, los sucesos paradójicos resultan comprensibles. Podemos entender entonces quiénes eran estos ángeles caídos y por qué satisficieron sus impulsos sexuales. Podemos entender entonces las causas del diluvio y del deseo del «altísimo» de comunicarse con seres humanos determinados; y podemos entender por qué murieron quemadas las muchas personas que no hicieron caso de las advertencias de Enoc.

Así resulta comprensible, asimismo, el miedo de la gente al día del juicio, a algún tipo de ajuste de cuentas universal. Pues el «altísimo» había prometido regresar...

36 En este sentido, consultar Berdyczewski, M. J. (Bin Gorion): Die Sagen der Juden von der Urzeit, Francfort del Main, 1914.
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