A gradecimientos




descargar 1.14 Mb.
títuloA gradecimientos
página1/29
fecha de publicación06.08.2016
tamaño1.14 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   29
MAGIA SEXUAL

DOLORES ASHCROFT

A Margaret O'Donnell y J. H. «Herbie» Brennan, como muestra de mi aprecio por todas las carcajadas y la buena camaradería que hemos compartido en la habitación de Boris.





¿A



Frontispicio: Primer Amor (Paul Hardy)
Agradecimientos



Debo declarar con toda franqueza que estoy sorprendida por haber encontrado el valor para escribir este libro. ¡Y todavía estoy más sor­prendida de que mis editores, que tanto han sufrido, hayan aceptado imprimirlo! No dudo en absoluto de que me denunciarán desde el pul­pito, pero antes de que me arrastren hasta la hoguera, déjenme que brinde y diga: «Gracias por creer en mí», y que agradezca a Leigh Da­niels y a Evelyn Gauthier el regalo de «Bucky», el Mac de Apple. Gra­cias también a John Oomkenz, de Golden Lotus Products de Holanda, quien reunió los aceites e inciensos para cada ritual, a Michael por su valiosa ayuda en el capítulo 2 y a Anne-Elisabeth Evason, quien cuidó de mi esposo, de mi casa, de mis animales y de mí mientras yo batalla­ba con el manuscrito.

A esas valientes almas que intentaron los rituales y sobrevivieron cansados aunque felices, les ofrezco mi cariño y gratitud. Y, por favor, si alguna vez les insinuara que pretendo escribir una continuación, discútanmelo a fondo.

Mi agradecimiento a Rider-Hutchinson, de London and St Mar-tin's Press, por haberme dado permiso para citar las palabras de W. I. Thompson en The Time Falling Bodies Take to Light que aparecen en la página 59.



Introducción



«Por el amor de Dios, ¿por qué un libro de magia sexual?» «Nunca te lo publicarán.» «La Iglesia te comerá viva.» «Ten cuidado con Mary Whitehouse» (con ironía). «¿Me darás un ejemplar?» «No te atreve­rás.» «¿Qué pasa con el SIDA?» Desde que decidí escribir este libro me han dicho todo esto y muchas cosas más, y las respuestas son las si­guientes:

  1. Porque en la magia hay un lugar para el sexo cuando éste se uti­liza con discreción y discriminación, y estoy harta de que siem­pre lo excluyan.

  1. Lo he conseguido.

  1. Es algo diferente de la historia de los leones que se comen a los cristianos y, de todas formas, necesitan tener algo de qué que­jarse.

  1. Le enviaré un ejemplar.

  2. No, puedes comprarlo cuando se publique.

  3. Oh, ya lo creo que sí.

  1. No he escrito un manual para el sexo promiscuo sino para pare­jas de amantes unidos que sean también magos. Si la gente es lo suficientemente estúpida como para querer dormir con cualquiera y arriesgar su salud y su vida, lo harán con o sin haber leído este libro.

He pensado mucho sobre el hecho de escribir esta obra y soy muy consciente de que mucha gente se comportará como los avestruces y buscarán el metro cuadrado de arena más cercano para esconder la cabeza. Otros aporrearán los pulpitos y sacarán a relucir las viejas y gastadas ideas que proclaman que las ciencias ocultas son el principio del sexo y la perversión (y una buena parte de ellos estarán suscritos a Penthouse y/o Playgirl). Pero ya estoy harta de que me digan que el sexo es peligroso y malo para la salud espiritual.

La controversia es lo que le da sabor a la vida, y dos de los temas más controvertidos son el sexo y las ciencias ocultas: si los ponemos juntos lo más probable y seguro es que no pase nada. El sexo es algo normal con lo que la mayoría de nosotros disfrutamos, unos más que otros. Para algunos adquiere las proporciones de una pesadilla debido a recuerdos trágicos como puedan ser la violación, el abuso en la infan­cia o simplemente una educación estricta y sin amor. Existe quien lo trata como si fuera un paquete de patatas fritas y lo pasa de mano en mano. Pero hay también quienes lo contemplan como un regalo supre­mo de un Dios o una Diosa. Resulta que yo soy uno de ésos, y también considero el arte de la magia como un medio legítimo de comunicación con la Divinidad que al mismo tiempo me permite rendirle culto.

Los manuales existentes que tratan el tema de la magia sexual lo abordan ya sea desde un punto de vista puramente oriental, sin hacer ningún tipo de concesión a la mentalidad occidental, ya sea, por lo menos en algún caso, ofreciendo una técnica que los autores conside­ran como Tantra, completada con algo que se acerca peligrosamente a la vida sexual en grupo con alusiones bastante dudosas. Este libro ofrece un conjunto completo de rituales basados en la magia sexual. No es para principiantes ni excéntricos. Toda magia afecta al sistema endocrino del cuerpo, y un estudiante que haya seguido durante mu­chos años un entrenamiento en magia se habrá ajustado a las fluctua­ciones que pueden producirse en su sistema durante el ritual. Aquellos que se hayan entrenado poco, o nada en absoluto, corren el riesgo de alterar su sistema, un riesgo que incluye la impotencia temporal o la pérdida del apetito sexual.

No estoy diciendo en absoluto que este libro sea el único medio co­rrecto para llevar a cabo la magia sexual o que yo sea la única y verda­dera autoridad en la materia. Lo que digo es: «He aquí un conjunto completo de rituales que tienen el sexo como tema central. No ofrecen nada desviado ni perverso (a no ser que el lector considere la postura del misionero como obligatoria), ni nada blasfemo para la mentalidad mágica». He escrito este libro con minuciosidad, humor y amor, y he intentado hacerlo aceptable para todos, excepto para aquellos que tie­nen la mente muy estrecha.

Parejas, amantes, esposos y esposas, gente unida en la forma más íntima y mágica, estos rituales son para vosotros. El acto amoroso no tiene límites de edad: una mujer de 80 años sigue siendo una «Prenda de la Diosa», un hombre es un Dios hasta que muere en él el último re­siduo de admiración por unas caderas bien hechas o una hermosa sonrisa, es decir, ¡cuando está muerto!

Hace muchos años me dijeron: «Dios ofreció a la humanidad dos regalos gemelos, que son el sexo y la sensualidad, para que tuvieran hi­jos y se divirtieran».

Lo único que puedo decir es: «Gracias, Dios».

dolores ashcroft-nowicki

Marzo de 1990

PRIMERA PARTE



La historia del sexo en la magia

Capítulo 1

El ritual prehistórico y la Gran Madre



De forma instintiva y como medio para continuar la especie, el sexo es tan viejo como la primera forma de vida, tan viejo como la galaxia de la que nosotros formamos una parte diminuta. Todavía podemos ir más lejos y decir que el sexo, bajo una u otra forma, ha existido siem­pre, que es el principio de todo: crear, sobrevivir, crecer, transmitir la sustancia genética de la vida y la experiencia, y alentar a cada especie a que evolucione tanto como pueda. Los dinosaurios y los tigres de dientes de sable no lo hicieron, pero la humanidad lo comprendió rá­pidamente: ¡para ellos el sexo funcionaba como la magia!

Desde los primeros tiempos, el éxtasis sexual, la religión y la magia han estado irremediablemente unidos. Se trata de un vínculo natural: comemos cuando tenemos hambre y nos sentimos satisfechos, dormi­mos cuando estamos fatigados y sentimos placer al despertarnos des­cansados, pero cuando llegamos al acto sexual, experimentamos un éxtasis físico y mental total. El primer paso obvio consistió en asimilar dicho sentimiento a los primeros dioses y utilizarlo como medio para rendirles culto y comunicarse con ellos. Las pinturas rupestres no de­jan ninguna duda acerca del uso que hacían las tribus prehistóricas del acto sexual en las celebraciones rituales, y figuras tales como la Ve­nus de Willendorf demuestran la reverencia que dichas tribus tenían por la fertilidad de la mujer y por su capacidad de traer al mundo una nueva vida. El útero de la mujer fue el primer cáliz sagrado, y sigue siendo lo más importante para el mago por sus implicaciones de co­munión entre la humanidad y algo muy superior.

El primer hombre tardó mucho tiempo en darse cuenta de que eran necesarios dos para traer un niño al mundo, y también tardó mu­cho tiempo en averiguar que el falo erecto, el origen de tanto placer personal, era precisamente una parte muy potente y de gran impor­tancia en el ciclo de la fertilidad. A partir del momento en que descu­brió todo esto, empezó a poner en práctica el cambio de un sistema matriarcal a uno patriarcal, y desplazó el culto al útero por el culto al pene. No pretendo extenderme demasiado sobre el cambio histórico, puesto que ya ha sido tratado adecuadamente por otros escritores, por ejemplo, Merlin Stone, en su excelente libro The Ancient Mirrors of Womanhood.

El sexo y la religión no pueden separarse, porque cada uno tiene sus raíces en el otro y de ellos surgieron los primeros rituales mágicos. Para las tribus primitivas la fertilidad era algo imperativo, tanto en sus mujeres, a fin de combatir el alto índice de mortalidad, como en las manadas de criaturas salvajes que constituían la mayor parte de su ali­mento. La mujer que era extraordinariamente fértil era admirada y se la consideraba como un ser con poderes especiales, bendecida por un ente mágico que le otorgaba el favor de dar a luz tan a menudo. Para la humanidad antigua, cualquiera que encajara en el concepto que te­nían del hombre o la mujer ideal era considerado como un ser suprahumano y se le elevaba gradualmente a la imagen terrena de Dios. Una mujer fértil de grandes pechos y cuyo vientre se hinchara debido a continuos embarazos se convertía en un ideal, una copia de la Gran Madre. Era el prototipo de sacerdotisa de la Diosa y por consiguiente la tribu la consideraba como la réplica terrenal de dicha Diosa.

Siempre y cuando pudiera traer niños al mundo, dicha mujer os­tentaba un gran poder en la tribu. La evidencia sugiere que un buen cazador llevaba los cuernos de su captura en tributo a la fuerza y valor del animal. Copulando con una mujer fértil inmediatamente después de la caza, se creía que dichas cualidades se transferían mediante el sexo ritualizado al niño que todavía no había nacido, quien heredaba esos poderes especiales y por consiguiente era capaz de enriquecer la vida de la tribu.

Otra creencia consistía en que el sacrificio de la vida del animal para alimentar a la tribu se premiaba con un nuevo naci­miento en forma humana. Éste puede haber sido el origen de las leyendas de seres con forma medio humana medio animal, tales como los centauros, que la humanidad empezó a crear.

El Dios Cornudo y la Diosa

De dichas creencias y prácticas nació uno de los primeros mitos, el de la Diosa fértil que se unió al cazador de falo erecto, el primer Dios Cornudo, que llevaba triunfalmente los cuernos que había arrebatado a su última víctima. Cuanta más carne traía el cazador a la tribu, ma­yor era su posición social dentro de su grupo de iguales y más posibili­dades tenía de ser elegido para dejar embarazada a la «Madre» y pro­porcionarle placer sexual hasta la siguiente cacería.

Estas celebraciones se producían cuando las manadas se reunían en primavera para parir a sus crías y de nuevo a finales del verano, cuando se agrupaban antes de la migración. Por consiguiente, una ca­cería que duraba muchos días y que contaba con cada hombre que pudiera blandir una lanza, constituía un ritual que se celebraba dos veces al año. La primera cacería servía para alimentar a la tribu hambrienta después de los largos y fríos meses del invierno, la segunda les permitía almacenar comida antes de que empezara el siguiente invierno.

Una mujer inteligente y poderosa que fuera consciente de su intuición femenina podía influir en el resultado de la cacería prometiendo sus favores sexuales al macho que obtuviera más éxito en la caza. Alentados por dicha promesa, los hombres se sentían casi invencibles cuando se ponían en camino, hecho que indudablemente se sumaba a su habilidad y arrojo. Sintiéndose bajo una protección mágica, dicha tribu crecía rápidamente en número, comía bien y vivía más tiempo, dando una mayor prueba de la benevolencia de la Gran Madre.

Para infundir valor a los demás cazadores, seguramente la unión constituía un ritual público que todo el grupo contemplaba, algo que ahora encontraríamos repugnante pero que ha sido costumbre en muchas culturas. Mientras los cazadores con menos suerte observaban con envidia, los más ancianos contaban historias acerca de sus propias proezas pasadas y las chicas más jóvenes y los muchachos que todavía no podían cazar se veían estimulados en la espera de su primera unión.

El varón elegido era muy envidiado, y los demás hombres se esforzaban en superar sus habilidades en la caza para poder ocupar el lugar junto a la Madre en la siguiente gran ceremonia. La competencia y la rivalidad entre los hombres era feroz, conduciendo inevitablemente a su enfrentamiento físico. En civilizaciones posteriores, dichos enfrentamientos se convirtieron en juegos de habilidad física –lucha, carrera, pruebas de fuerza, etc.- y proporcionaban al pueblo entretenimiento y a la gran sacerdotisa los mejores genes para el esperado niño de dicha unión.

Cuando la mujer elegida envejecía y ya no daba a luz con tanta frecuencia o tanta facilidad, finalmente escogía ella misma a una joven para que ocupara su sitio. La mujer más anciana y más sabia nombraba a su sucesora pronunciando palabras salmodiadas, dando pasos en círculo y sacudiendo huesos y calabazas llenas de semillas, pues los rituales altamente elaborados todavía no se habían ideado. Mantenía su influencia sobre la joven durante mucho tiempo, quizá hasta su muerte, lo cual se consideraba como un retorno a la Diosa.

Culturas sagradas de prostitución en el Mediterráneo

Si ahora nos trasladamos al principio de la historia registrada en lugares tales como Mesopotamia y Caldea, encontramos que la humanidad vivía en grupos dedicados a la agricultura, constituyendo en su mayor parte pequeños pueblos y ciudades, aunque algunos lo hacían en ciudades más grandes. En esta época la gente se encontraba dividida en grupos bien definidos: artesanos, trabajadores, esclavos, oficiales, guerreros, gobernantes y sacerdotes. Había leyes, mercados, templos, e incluso existía un principio de sistema monetario y un sistema educativo bastante sofisticado para la clase dirigente. Los mitos y leyendas anteriores creados alrededor de la Diosa y su consorte eran considerados antiguos y pasados de moda. Pero la Madre tribal y los cazadores, cuyas proezas ella recompensaba, seguían existiendo. En los templos, entre los sacerdotes y sacerdotisas, estaban las hieródulas, que representaban los aspectos sexuales de la Diosa para los hombres que iban a rendirle culto. En esta era no se menospreciaba la prostitución, sino que se consideraba algo natural y sagrado y como un servicio a la misma Diosa.

El hombre llegaba al templo con una ofrenda para la Diosa: quizá quería tener más hijos, u obtener una mejor cosecha en sus campos o, que sus vacas o camellos fueran más productivos. El hecho de yacer junto a la sacerdotisa le hacía sentirse bendecido y honrado. Ella, en su papel de Diosa, escuchaba sus plegarias en silencio después de ha­berse unido a él y quizá le concedía lo que le pedía si se sentía satisfe­cha con la actuación sexual del hombre. Era magia de corresponden­cias pura y simple. El hombre volvía a su casa lleno de confianza, más relajado y por consiguiente con más posibilidades de fecundar a su propia esposa. La convicción recién adquirida de que la Diosa le había escuchado le renovaba también las fuerzas para cavar más canales de riego y en consecuencia los campos producían mejores cosechas.

En los tiempos modernos dichas sacerdotisas serían consideradas como prostitutas, pero en su tiempo eran una parte importante y vital de la jerarquía del templo. En el culto a la Diosa Militta, en Babilonia, cada mujer se sentaba a la entrada del templo una vez en su vida y se iba con el primer hombre que le ofrecía dinero. Entonces entregaba al templo esa gratificación como ofrenda. Se consideraba como una justa deuda que la Diosa reclamaba y que ninguna mujer se atrevía a negarle.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   29




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com