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Símbolos para la concentración en la magia sexual

Los símbolos de la magia son algo que se enseña justo al principio del entrenamiento. Sin embargo, cuando uno se especializa en un área concreta, tal como lo hace este libro, es importante discernir los símbolos que pertenecen a dicha área. A continuación se incluye una lista de símbolos masculinos y femeninos que pueden utilizarse en la medi­tación durante la semana previa a cada ritual.

Símbolos masculinos

Símbolos femeninos

El pilar, la piedra erguida o menhir.

La concha.

El árbol.

El yoni.

La montaña.

La cueva o gruta.

El cetro o varita.

La azucena.

La espada

La luna.

El lingam.

La estrella.

El rayo.

El triángulo con el vértice hacia abajo (el mons veneris).

La hoja de la higuera (su hoja tri­foliada simboliza los dos testí­culos y el pene).

La copa.

El bastón de mando.

La paloma.

El león.

La vaca.

El unicornio.

El óvalo.

El semental.

La vesica pisces.

El cuerno de caza.

El anillo.

La daga o athame.

La rosa.

El caduceo.

El cinturón o zona.

El martillo.

El huso o rueca.

El sándalo.

El sistro.

El número uno.

El círculo.

El triángulo con la punta hacia arriba (imita la forma del trián­gulo del vello púbico del cuerpo masculino)

El reloj de arena.

La cruz en forma de T.

El laúd.

Los pilares egipcios de Tet y Djed

La aparición.

El gallo joven.

El lago/mar (o cualquier masa de agua).

La torre.

El signo de Venus.

El hermes.

La perla.

El sol.

El pavo real.

La flauta.

El cesto/cuenco.

La flecha.

El sepulcro.

El signo de Marte.

La caldera.




El loto.




La vaina de espada.




La piedra agujereada.




La fuente.




La guirnalda.




Una muñequita de maíz.




Un palo para cavar (africano).




Una hogaza de pan.




Una caverna.




Una barca.

Naturalmente, existen muchos más, y cada practicante debe tener una colección de fotos de símbolos que puede ir añadiendo a medida que los necesite. Existen libros excelentes que hablan de los símbolos y la simbología.

Capítulo 7



La preparación del sacerdote y de la sacerdotisa



Emprender una serie completa de rituales que giran alrededor de un tema central no es algo que deba tomarse a la ligera. Es necesario te­ner dedicación hacia lo que se va a llevar a cabo y destinar gran parte de la mente a ello. En la Iglesia católica hay series de plegarias conoci­das como «novenas». Éstas se rezan generalmente, aunque no siem­pre, para ayudar a otras personas a atravesar una crisis o a obtener algo que necesitan. Un ciclo de rituales de este tipo otorgará un benefi­cio similar y con toda certeza hará que la pareja se sienta más unida y que su vínculo sea más estrecho.

Los rituales propiamente dichos han sido pensados con cuidado. A primera vista algunos parecerán no tener un contenido tan sexual, pero pronto aprenderá que un ritual de magia sexual no tiene por qué ser porno suave para que resulte eficaz. Me prometí a mí misma cuan­do empecé a escribir este libro que llamaría a las cosas por su nombre y lo he hecho. A ustedes les toca leer el tema en cuestión y preguntarse: ¿podemos hacerlo? ¿Debemos hacerlo? ¿Es necesario que lo hagamos? Cuando hayan contestado a estas preguntas, pueden iniciar los preparativos.

Sugiero que empiecen los dos con un mes, como mínimo, de medi­tación sobre el por qué desean llevar a cabo lo que será casi un año en­tero de rituales. Piensen también sobre su propia sexualidad y hágan­se a sí mismos preguntas al respecto. Es mejor dejar todas estas cosas claras al principio que esperar a hacerlo durante el transcurso de los rituales. Así, les recomiendo que tengan una amplia y franca charla so­bre cualquier aspecto de la actividad sexual que pueda causar proble­mas. Por ejemplo, ¿tiene el hombre dificultades para mantener la erección, o con la eyaculación precoz, o incluso una falta de impulso sexual? Los rituales no están destinados a curar estas cosas -aunque pueden tener efectos beneficiosos-, sino a acercar a la pareja a su pro­pia divinidad interior.

La mujer debe preguntarse si va a poder realizar los rituales a un ritmo relativamente constante sin recurrir a la excusa del «dolor de ca­beza». En el transcurso de los años, he observado en mi propio trabajo mágico que a veces, habiéndolo dispuesto todo para un ritual, me en­cuentro cada vez más reacia a llevarlo a cabo a medida que se acerca el día. Mi mente es capaz de encontrar una docena de excusas para no hacerlo, y puedo llegar a estar muy irritable por esa causa. Sin embar­go, ésos son los rituales que invariablemente funcionan mejor. Les menciono esto porque es un síndrome acerca del cual la gente me hace preguntas a menudo y que puede presentarse perfectamente durante estos rituales.

A pesar de que opino que cada uno debería tener la libertad de cambiar pequeños detalles de un ritual para que éste se adaptara me­jor a su temperamento particular, también creo que el hecho de inten­tar forzar algunas cosas hará que éstas se desestabilicen. Esto podría causar dificultades en los rituales futuros. Entraría en juego el efecto dominó y el último podría provocarle problemas.

Cada uno de ustedes debe prepararse de la forma que crea que en­caja mejor con su persona. Después de todo, estoy dando por supuesto que no son novatos y que ya saben cómo prepararse para un año de tra­bajo de alto nivel. Si no lo saben, entonces es mejor que dejen el libro de lado hasta que lo aprendan. Confeccionen las prendas de vestir que necesiten y cósanlas con amor. Conságrenlas con incienso y guárden­las colocando hierbas aromáticas a su alrededor. Si necesitan cosas especiales, sigan el mismo proceso y guárdenlas también. Háganlo todo de una forma premeditada y sin prisas.

No hay establecido nin­gún tiempo para estos ritos, pueden llevar a cabo uno al mes, o cada dos o incluso tres meses. Recuerden que deben anotar sus pensamien­tos, sus sentimientos y los resultados, si los hay, de cada ritual.

En los momentos en que necesiten a otras personas para realizar una parte concreta, asegúrense de que son de fiar y competentes. Ase­gúrense también de que ustedes dos gozan de buena salud al empezar los rituales. Si están agotados o demasiado cansados y estresados, los rituales agravarán la situación, pues requieren mucha energía. Planifíquenlos para que no coincidan con el ciclo menstrual de la mujer. Aunque muchas mujeres se sienten más fuertes en ese momento, hay otras que no, pues sus cuerpos están dirigiendo la energía hacia otra parte.

Si tienen niños necesitarán de alguien que los cuide, si es posible de noche, mientras ustedes practican los rituales. Si ello no fuera posi­ble y existen muchas posibilidades de que los niños se despierten y vengan a buscarles, será mejor que retrasen el trabajo hasta que sean lo suficientemente mayores para dormir toda la noche o, si se despier­tan, para comprender que no deben interrumpirles.

Los aceites e inciensos que se han fabricado especialmente para utilizarse en estos ritos son mezclas de esencias puras. Algunos de ellos pueden contener más de tres docenas de esencias y materiales di­ferentes. Aunque son más caros que otros, no necesitarán usar tanta cantidad debido a su pureza.

Allí donde especifico diversas cosas tales como fruta, vino y flores, usen lo que tengan y lo que puedan costearse. Se trata sólo de sugeren­cias, nada más. Incluyo una lista de todos los libros de consulta que he utilizado para este trabajo. Desgraciadamente, la mayor parte de ellos están agotados, aunque es posible que en una buena biblioteca los pueda conseguir. Me ha costado muchos años acumular mi propia co­lección de libros sobre magia sexual y otras áreas de la mística y la erótica, aun sin saber por qué hasta que empecé a dar forma mental­mente a este libro.

Por favor, no intenten realizar estos ritos si se han peleado, si están pensando en separarse o incluso si han tenido una pésima jornada o una riña el mismo día en que van a practicar un ritual. Los ritos no son para mantener matrimonios con problemas o para unir a personas que deberían estar separadas. Si poseen el entrenamiento correcto comprenderán cuando los lean que cada uno tiene muchos niveles y que se puede trabajar en cualquiera de dichos niveles con resultados muy diferentes. Cuanto más se preparen, mejor funcionarán. Lo que reciban de ellos puede ser más de lo que habían esperado y es posible que, al finalizar, algunos de ustedes los comprendan incluso a muchos más niveles.

Invocaciones y plegarias

La ofrenda de plegarias e invocaciones al Dios o a los dioses que elegimos es una práctica tan vieja como la humanidad. Algunas de ellas son realmente hermosas y podrían pronunciarse, igual que el Himno al Sol de Akenatón, en cualquier casa de culto del mundo. Las que se encuentran en este libro provienen de distintos orígenes y pue­den utilizarse casi para cualquier tipo de ritual. Eso sí, les aconsejo que las pronuncien con respeto, sin tener en cuenta si invocan un as­pecto de lo divino con el que no están de acuerdo. Todos ellas alaban lo que el universo creó y todo lo que contiene. Dios tiene muchos nom­bres; es suficiente con que exista.

Letanía

Ya no hay más encrucijadas en los caminos,

muchos se han convertido en Uno solo.

Yo no soy sino una parte del todo, porque solo no soy nada.

Junto con el Uno lo soy todo.

Permanezco inamovible dentro de ese lugar

que se me ha destinado,

formo parte de la gran simetría.

Soy responsable del todo como él lo es de mí.

Somos hermanos, somos hermanas, somos uno.

Si me derriban, ellos me levantarán,

si alguien va en su contra, yo seré su escudo.

Viajaré hacia la Luz y no tendré miedo,

me confortaré con la oscuridad.

Descansaré en el santuario de la Luz,

dormiré en los brazos del Amor.

Soy eterno, soy la Vida.

Invocación a Yahvé

Con Su luz había iluminado la mañana,

Éste es Aquel que puso a la humanidad en el Paraíso.

Éste es Aquel que hizo de Nemrod una llama ardiente

y le obsequió con su guía.

Todas las existencias son Suyas bajo Su don.

Él poseía toda la majestad,

Él brilla con el poder del amor.

He aquí que todas las criaturas de la tierra comparecerán ante Él

y Le llamarán «Señor».

Plegaría para la protección

Ahora convocaré a todos los Guerreros del Cielo.

Venceré a aquellos que vengan en mi contra y me hagan daño.

Les haré retroceder y sólo dejaré una sexta parte de ellos.

Venid del norte y del sur, del este y del oeste,

y coged las armas contra mis adversarios.

Derribad las montañas sobre sus cabezas y destruid los arcos

de su mano izquierda y las flechas de su mano derecha.

Arrebatadles su voluntad contra mí y libradme de su cólera.

Himno a Ra

Contempla como tus sirvientes se alegran

y observan tu fuerza con asombro.

Porque tú, oh Ra, has vencido a los malvados.

Tus miembros están perforados con tu espada de luz.

Tu fuego consume a tus enemigos.

El cuerpo y el alma están aniquilados.

Los dioses se regocijan de tu victoria.

(Egipto)

Himno a Osiris

En el descenso del sol de mi vida te llamaré.

Al cerrarse cada día te llamaré.

En todas las cosas que requieran Amor,

Sabiduría y Juicio te llamaré.

Porque tú eres Osiris, el Maestro de la Verdad.

(Egipto)

La canción de los siete Hators

¡Son siete! ¡Son siete!

Son siete en las profundidades del océano.

Son siete en las alturas del cielo.

Nacieron en los espacios oscuros entre los mundos

y fuera del tiempo.

No son macho ni hembra,

tienen poder pero deben prestar atención a las plegarias.

¡Son siete! ¡Son siete!

¡Dos veces más, son siete!

(Egipto)

Invocación a Ishtar

Adorada eres en cada lugar sagrado.

Eres alabada por encima de todos los dioses.

Ilustre es tu nombre entre los hombres,

Señora de las señoras y Diosa de todo.

El don de la fuerza es tuyo y tú eres fuerte.

El cielo y la tierra yacen bajo tu mano.

Tus caminos son justos y sagrados,

considérame con compasión.

Ven a este lugar hecho para ti,

para contemplarte, es mi corazón.

Escucha a tu siervo y oye mi voz,

sé compasiva, Señora, y apacigua mi dolor.

(Babilonia)

Invocación a Iacco

Tú que habitas en la sombra de la gran gloria,

quédate junto a nosotros.

Hemos venido a ti para bailar en tu prado.

Oh Iacco, deja que tu rostro arroje su guirnalda

de mirtos afrutados,

somos tuyos, oh alegre bailarín,

ven y guíanos,

deja que suene el ritmo místico, que venga

la diversión con pies sagrados.

Libre y sagrado todo ante ti

mientras las tres gracias te adoran.

Tus misterios esperan la música de tus pies.

(Grecia)

La declaración de intenciones del Mago

Soy el sacerdote (sacerdotisa) de los dioses.

Vengo ante ti (nombre de la divinidad),

en tu grandeza te ruego que me recibas.

Añade tu pura voz a la mía,

añade tu poder mágico al mío,

añade la fuerza de tu mano a la mía.

Ésta es mi intención (declarar intención).

Deja que así sea, deja que así sea, deja que así sea.

A la Gran Madre

Tú, la de manos suaves y voz tranquila,

escucha a tu hija.

Tú, la de infinita fuerza y profunda alegría,

inclínate hacia tu suplicante.

En toda Eternidad estás allí para los débiles,

en la Noche del Tiempo eres una luz.

Cómo no voy a venir a ti, que eres mi Madre.

A Isis

La de pies de plata, ven a mí con pasos silenciosos,

al templo de mi corazón.

Levanta tu voz y pronuncia mi nombre

para que pueda saber que eres tú

y regocijarme en tu presencia.

Consuélame en mi tristeza, comparte conmigo mi felicidad.

En mi nacimiento estabas allí, en mi muerte espérame.

La más gloriosa de las mujeres, la más tierna de las madres,

soy tu sierva, bendíceme.

Capítulo 8



El poder de la serpiente



La serpiente ha tenido muy mala prensa desde que la Biblia puso de moda la historia del Jardín del Edén. Las dos fobias más comunes ata­ñen a las serpientes y a las arañas. Sin embargo, las serpientes son re­lativamente inofensivas si se las deja tranquilas, amenazan sólo si se las asusta y únicamente muerden en defensa propia.

Desde el principio la serpiente ha sido considerada como un sím­bolo sexual, pues el conocimiento de los aspectos positivos y negativos del poder creativo era el don de la manzana, considerada como afrodi­síaca en los tiempos medievales. La forma alargada de la serpiente y su habilidad para erguirse le confirieron una similitud con el pene erecto, y tanto Freud como Jung han descrito este simbolismo. Enros­cada en una vara, la serpiente revela la pasión sexual completamente desbordada, y podemos verla en el caduceo de Hermes y en la vara de Esculapio. Originalmente el báculo del obispo tenía una serpiente en­roscada a su alrededor, algo que ha acabado por olvidarse.

Las serpientes son también símbolo de eternidad e inmortalidad, y el de la serpiente con la cola metida en la boca es muy conocido en el mundo del ocultismo. Los judíos que erraban por el desierto después de su éxodo de Egipto tuvieron una plaga de serpientes venenosas, pero se «curaron» gracias a que levantaron una cruz en forma de T en la que se crucificó a una serpiente. Creo que posiblemente se trataba de algo más; en efecto, dado que la serpiente es un símbolo de pasión -y esas serpientes del desierto eran consideradas como «feroces» por aquellos a quienes mordían-, parecería que lo que preocupaba a los nómadas era un exceso de favores sexuales que probablemente habían causado algún tipo de enfermedad venérea. Como se creía que la ser­piente también tenía propiedades curativas, dicho motivo resulta más que suficiente para que se erigiera el símbolo preventivo.

El culto a la serpiente prevaleció en muchas civilizaciones anti­guas. La India, Egipto y los indios de Norteamérica vieron algo sagra­do y divino en la serpiente y la consideraron un símbolo de conoci­miento y sabiduría. ¡En contrapartida, san Patricio expulsó a todas las serpientes de Irlanda!

Es interesante observar de paso que algunos de los primeros Pa­dres cristianos -Justino, Gregorio de Nisa, Agustín y otros- mante­nían que Dios había cometido un error al crear al hombre y a la mujer. Decían que si Adán se hubiera abstenido de tener relaciones sexuales con Eva, esa decisión hubiera representado un merecido reproche ha­cia Dios (¿cómo puede uno reprochar algo al propio Creador?) y hu­biera obligado a Dios (¡cosa que no me gustaría hacer!) a inventar un método inofensivo de reproducción que no tuviera nada que ver con el sexo. Esto muestra lo intolerantes y reprimidos que eran dichos pri­meros maestros respecto a las mujeres y al sexo. Desgraciadamente, ejercían una gran influencia en su tiempo, influencia que todavía per­dura.

El conocimiento del poder de la Diosa serpiente llamada Kundalini se está extendiendo gradualmente entre los ocultistas occidentales. Sin embargo, y lo recomiendo con insistencia, a no ser que hayan aprendido Tantra yoga con alguien que sea un maestro, déjenlo co­rrer.

Existen algunos ejercicios occidentales que se basan vagamente en el fuego de la serpiente y que pueden utilizarse sin peligro -encon­trará varios de ellos en este capítulo, y he incluido un ritual basado en las formas del Dios serpiente-, pero en general se trata de un estudio complejo. Para hacerle justicia es necesario recurrir a un experto, y yo no lo soy. Siento un gran respeto por lo que representa, pero no estoy capacitada para enseñarlo: sólo puedo adaptar algunos de los aspectos menos poderosos y hacerlos más accesibles a los estudiantes occiden­tales. La práctica del Tantra requiere muchos años de trabajo duro, y en Occidente se han escrito muchos libros que tratan dicho tema. La mayoría pueden resultar peligrosos. Algunos son poca cosa más que una simple excusa para practicar el sexo promiscuo, algo que de nin­guna manera se ajusta a las reglas del Tantra en su país de origen. La principal finalidad del Tantra, en el varón, es invertir el poder del flui­do seminal y enviarlo al cerebro. En la mujer, es la sangre menstrual la que proporciona el poder. El Kundalini, o Diosa serpiente, suele yacer tranquilamente enroscada alrededor de la base de la columna verte­bral. Cuando se la despierta empieza a ascender hacia la luz. En su li­bro The Time Falling Bodies Take to Light, W. I. Thompson dice:

[...] mientras que la experiencia del despertar del Kundalini en el hombre inunda los genitales y provoca la erección espontánea durante la meditación, la experiencia equivalente en la mujer cau­sa un éxtasis [que] puede describirse como un orgasmo en el cora­zón o un nacimiento en el corazón. La repentina abertura del chakra del corazón provoca una experiencia extática de iluminación; el co­razón de la mujer se convierte en el corazón del universo [...] Con razón el escultor Bernini pintó a santa Teresa en éxtasis como una mujer disfrutando de un orgasmo y un ángel abriéndole el co­razón con una flecha.

En esta cita podemos comprobar lo potente que puede ser el efecto del despertar de la serpiente y entender el motivo por el cual hay que ser cauteloso al intentar cualquier cosa que apunte hacia la dirección del Tantra.

La lengua, que se considera también un órgano sexual, puede aseme­jarse a una serpiente, especialmente en el juego del amor. El juego que se establece entre las lenguas de los amantes puede considerarse como el apareamiento de las mentes, teniendo en cuenta que la lengua está en la cabeza, mientras que el contacto de los genitales es el apareamiento de los cuerpos. La lengua serpentiforme constituye el equivalente del pene serpentiforme, mientras que los suaves labios de la boca son la imagen de los suaves labios de la vulva. Si lo consideramos desde este punto de vista, hemos sido dotados con dos pares de órganos genitales.

Sakti y Sakta

Estos dos términos tienen muchas connotaciones, y aunque en rea­lidad son dos tipos de energía, masculina y femenina, la tradición los ha convertido también en divinidades, un macho supremo y una hem­bra suprema que se relacionan en una constante interacción sexual. La combinación de estas dos grandes energías mantiene el equilibrio del universo.

La entidad Trimurti de la religión hindú está compuesta por Brah­ma, Visnú y Shiva. Cada uno de ellos es una parte de los demás, aun­que están separados. Puede considerárseles como el Nacimiento, la Vida y la Muerte. Brahma es el Señor de la creación, Visnú conserva la vida dentro de la creación, Shiva culmina la vida y la hace trascender. Cada uno de los tres dioses tiene un lado femenino que es su igual en energía y santidad. Se trata de su Sakti, su pareja Diosa.

No es en ab­soluto su inferior, ni tampoco una parte de él, sino literalmente la otra mitad, igual que él es la otra mitad de ella.

Sarasvati es la Sakti de Brahma, Laksmi es la de Visnú, mientras que Kali o Parvati es la compañera de Shiva. Todos ellos representan un aspecto y desempeñan una función en el equilibrio de la vida. El hecho de que un hombre le diga a una mujer «Eres mi Sakti» repre­senta que la acepta como un igual en poder e influencia.

El Sakta es el varón de la pareja y se corresponde en todo con la mujer. Por consiguiente, se conserva una unidad perfecta entre las dos energías.

Vigorización de los centros

Casi todo el mundo es consciente de los centros sutiles del cuerpo que se extienden desde la cabeza a los pies. Cada uno es fuente de una forma distinta de energía que puede desviarse hacia otros puntos y uti­lizarse no sólo en el trabajo mágico sino en la vida diaria. El entrena­miento le habrá hecho ser consciente de ello, pero es necesario vigori­zar dichos centros, que, como si fueran depósitos, están llenos de una fuerza procedente de la Fuente superior. Si esto se hace con regulari­dad, no se sentirá nunca el cansancio provocado por un agotamiento total.

Ejercicio de la flor de loto

Manténgase de pie con la columna vertebral erguida, pero relajado y en equilibrio sobre los pies. Junte las palmas de las manos a la altura del plexo solar. Cierre los ojos y sumérjase en la meditación visual.

Del extremo de la cabeza emerge una flor de loto. Se abre y mues­tra su centro. A medida que lo hace, un rayo de luz procedente del sol cae en el centro de la flor, que empieza a dar vueltas. De dicho centro sale un fino rayo de luz que va descendiendo hasta llegar al centro del tercer ojo. Mientras esto sucede, el centro del tercer ojo empieza a gi­rar desprendiendo chispas de luz que llenan toda la cabeza y se hun­den en el cerebro, infundiéndole vitalidad. Emerge otro fino rayo de luz y se dirige hacia el centro de la garganta, que a su vez también em­pieza a dar vueltas, emitiendo destellos de luz de color violeta, que ba­jan por ambos brazos e inundan los dedos.

Desde el centro de giro el rayo central baja hasta el centro del cora­zón, y establece su rotación igual que los otros. Lanza diminutas on­das de energía de color rojo que llenan la parte superior del cuerpo. Ahora el rayo desciende hasta el plexo solar y, tan pronto como lo ha tocado, el centro empieza a dar vueltas cada vez más deprisa. Emite ondas de calor que calientan todo el cuerpo.

El rayo se conecta ahora con el centro de los genitales, y aquí la ro­tación es tan rápida que sólo puede verse una mancha de luz de color añil oscuro, que tiembla debido a la energía que se desprende. Final­mente, el rayo se dirige hacia los pies y se entierra en ese centro. Gira más despacio que en los otros puntos, pero mientras da vueltas emite un agradable sonido musical. Deje que la energía solar alimente los centros durante un rato hasta que sienta que se han vigorizado por completo, entonces retraiga lentamente el rayo conector hasta que se retire de la flor de loto. El loto se cierra y se vuelve a hundir en el cen­tro de la cabeza.

Las dakinis danzarinas

Una dakini es un espíritu femenino de la mitología hindú. Se las re­presenta normalmente bailando de una forma muy erótica. Este ejer­cicio es diferente del anterior y la energía que conlleva posee un carác­ter más sexual. Las dakinis pueden representarse como mujeres pequeñas pero perfectamente formadas y de una gran belleza, y sus dan­zas, además de sugestivas, ofrecen una gran delicadeza y gracia en los pasos y en la utilización que hacen del cuerpo.

Para este ejercicio es mejor estar tumbado, pero no después de una comida, pues se quedaría dormido. Ponga unas toallas enrolladas de­bajo del cuello, de los riñones, de las rodillas y de los tobillos para que el cuerpo repose mejor. Empiece imaginando una esfera resplande­ciente de colores rojos, marrones y verdes oscuros alrededor de los pies. Lentamente los colores se van aclarando y usted ve una forma fe­menina diminuta acurrucada dentro de la esfera como si estuviera dormida. Se despierta y se pone de pie, extiende los brazos, sonríe y empieza a bailar. Su vestido es del color de la tierra y su danza posee toda la energía del cambio de las estaciones. Ella pasa por cada una de ellas. Para el hombre representa la tierra en forma de mujer; para la mujer, aquello que desearía ser. Su danza termina y se tumba de nue­vo para volverse a dormir.

Imagine una segunda esfera en la zona de los genitales, y hágala brillar con una luz de color violeta oscuro girando en remolinos sin parar. La luz se esfuma para mostrar a la dakini sentada en el centro con las piernas cruzadas. Abre los ojos y sonríe y, entonces, poniéndo­se de pie, empieza a bailar. En su danza narra la historia del hombre y la mujer en el universo del amor y, mientras se contorsiona y da vuel­tas, deja caer los velos uno a uno hasta quedarse desnuda, ofreciéndo­le su imagen. Para el hombre es el deseo, para la mujer, el amor. Vuel­ve a sentarse y, cerrando los ojos, se sume en la contemplación.

Imagine la siguiente esfera en el plexo solar. Piense en un sol feroz lleno de calor y de llamas. Sus colores son el rojo, el naranja y el ama­rillo, y su dakini va vestida con una armadura dorada y sostiene una espada y un escudo. Es una doncella guerrera y su danza está llena de energía y de vivacidad. Ella hace que el calor del cuerpo aumente, y conserva nuestro valor cuando tenemos miedo. Para un hombre repre­senta la fuerza, para una mujer es el poder. Cuando su danza termina, se mantiene erguida y firme y le saluda con la espada.

La siguiente esfera es el centro del corazón, coloreada de rosa y ámbar con reflejos dorados. La dakini va vestida con los mismos colo­res y su danza es tranquila, elegante y llena de ternura. Despierta en la humanidad el amor hacia los demás, el amor hacia los más débiles e inferiores y hacia aquellos que tenemos a nuestro cuidado. Al hombre le aporta amabilidad sin debilidad, a la mujer le confiere un corazón fiel. Acaba su danza con un gesto que representa un abrazo a una figu­ra y luego se sume en un profundo sueño.

La siguiente esfera, la esfera de la garganta, es del color de la lavándula y forma remolinos que giran en círculo. La dakini es de pies lige­ros y corre de un lado a otro, saltando y contorsionándose. Sus gestos son rápidos y ágiles y se mueve con tanta rapidez que es difícil seguir­la con la mirada. Sus ojos expresan la risa y va vestida del color de la plata de la cabeza a los pies. Su obsequio para hombres y mujeres es el don de la oratoria y de la elocuencia. Finalmente se detiene y se queda inmóvil, pero se mantiene preparada para empezar de nuevo.

A continuación, una esfera de color verde esmeralda nos hace se­ñales desde la posición del tercer ojo. En sus profundidades vemos una esbelta figura que se mueve lentamente como si estuviera en tran­ce. Sus manos y sus brazos crean visiones y sueños, cada uno más her­moso que el anterior. Es la dadora de esperanza y de visiones, de visio­nes breves en el futuro y en el pasado.

Como dones ofrece la perspica­cia y la agudeza de ingenio. No duerme nunca, sino que se mantiene alerta por si se la necesita.

Finalmente llegamos a la última esfera, la de la fontanela. Es del color del oro pálido y en sus profundidades vemos una dakini que yace como si estuviera dormida. Es la más hermosa de todas y su don es el de la sabiduría, pero antes de que pueda concederlo, hay que desper­tarla. Para ello debemos encontrar el camino escondido dentro de la esfera, aunque sólo unos pocos lo lograrán.
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