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La Danza del Amor

Situación en el Árbol = Hod.

Idea básica = Trascendencia a través del poder mental.

La pareja se coge de las manos mirándose de frente y después de unos momentos se dirige hacia el lecho que se ha preparado. El hombre se sienta, reclinándose sobre los cojines y separando las piernas y los pies para mostrar el lingam sagrado. La mujer está de pie frente a él, con los pies lige­ramente separados y con los dedos de las manos entrelazados en la Mudra del Mahayoni, el gesto de la Gran Diosa Madre Sarasvati/Laksmi/Kali (véa­se Figura 11). Lentamente, se pone de puntillas y va doblando las rodillas, manteniendo la espalda recta, hasta quedar en cuclillas. Empieza a hablar.



Figura 11: El gesto de la Gran Diosa Madre

Sarasvati: Brahma, despertad de vuestro sueño pues os lo pide la Madre. Ha llegado la hora de crear un nuevo universo. Despertad, y con el poder del lingam y del yoni sagrados todas las cosas se renova­rán y completarán.

Vuelve a ponerse de pie y Brahma se despierta y se pone también de pie. Él le acaricia lentamente todo el cuerpo, diciendo:

Brahma: Sarasvati, Sakti de Brahma, ser radiante de mi alma, vos estáis junto a mí y los dos somos uno.

Se abrazan profundamente como si fueran un solo ser.

Ambos: Para crear un universo nuevo debe haber una división en­tre nosotros, debemos ser macho y hembra para crear la vida.

Se separan lentamente, Brahma se sienta como antes, mostrando el lingam. Sarasvati coge el aceite y vierte un poco en su mano. Se arrodilla delante de Brahma y toma el lingam entre sus manos, aplicándole suave­mente el aceite y extendiéndolo luego a los testículos para estimular la erección de Brahma.

Sarasvati: Sólo yo, Sarasvati, puedo inspirar la fuerza creativa de Brahma. Sólo yo puedo bailar la danza de la creación con él. Soy Sa­rasvati, la Madre de los Vedas, la portadora de buenos augurios, la maes­tra de las 64 artes. Despertad a mis caricias, oh Brahma, y dejad que empiece la danza.

Ella deja de acariciarle y besa la cabeza del lingam en señal de adora­ción; entonces, se reclina sobre los cojines esperando la atención de Brahma. Él vierte un poco de aceite en su mano y se arrodilla frente a su Sakti consorte Sarasvati. A su vez empieza a poner aceite y acariciar el yoni, llevando a la Diosa a un estado de disposición para el sexo.

Brahma: Vos sois los siete éxtasis de la unión, vos sois la que sopor­ta la vida, la que entona dulces canciones. Uniéndome a vos, mi cuer­po se convierte en un templo de alegría. Envuelto en los brazos de Sa­rasvati, Brahma sólo conoce el infinito éxtasis de la creación.

Acaricia el yoni sagrado de la Diosa en señal de adoración y ambos se incorporan para sentarse en la postura del loto. Usando las técnicas practicadas en los ejercicios nocturnos, abren los centros de la coronilla a los genitales y unen los dos rayos dorados en la llama del corazón. A partir de este momento crean las imágenes del Dios/Diosa en su interior y las dejan crecer hasta que adquieren casi el tamaño real. El hombre contempla a su pareja como a Sarasvati, la Diosa dorada, y ella le ve como a Brahma, el Dios dorado. Brahma coge el huevo dorado y se lo ofrece a Sarasvati. Ella le entrega la vina. La pareja debe retener en su in­terior las figuras divinas con tanta fuerza como le sea posible. Cuando están preparados, dejan a un lado los símbolos sagrados y Sarasvati se reclina sobre los cojines y levanta las piernas hasta poner los pies en los hombros de Brahma. El Dios se inclina hacia adelante, levantando las caderas de la Diosa y atrayéndolas hacia sí hasta posarlas sobre sus muslos. Abre el yoni de Sarasvati delicadamente con los dedos, recordan­do lo sensibles que son los labios menores. En este momento su control de la imagen interna y del poder del lingam debe ser absoluto. Introduce la cabeza del lingam. Brahma se detiene y dice:

Brahma: He creado el vacío estrellado y he separado la tierra de las aguas. Grande es el poder de Brahma y de Sarasvati.

Sarasvati: He formado las montañas y los mares, los valles y los la­gos. Juntos somos todopoderosos.

Brahma introduce el lingam un poco más, se detiene y dice:

Brahma: He creado el sol y las nubes, el trueno y el relámpago y to­das las cosas hermosas que hay en la tierra.

Sarasvati: He formado la luna con las perlas de los océanos y todas las cosas que crecen en la tierra. Alegraos conmigo, mi amor.

El lingam entra más adentro y Brahma se detiene y dice:

Brahma: Todas las criaturas que vuelan y nadan y andan sobre la tierra las he creado yo. Ellas reproducirán su propia especie y cubri­rán la tierra con muchas formas de vida.

Sarasvati: La tierra espera la llegada de los hijos de Brahma y Sa­rasvati. Sembrad la semilla que los ha de formar.

Brahma penetra completamente a la Diosa mientras ella cruza los pies sobre la nuca de él y extiende los brazos hacia los lados para coger los símbolos de la pareja divina. Ahora los dioses se unen por completo, y las imágenes internas deben retenerse lo más claramente posible sin que ningún pensamiento sobre la identidad propia las enturbie. A medida que el momento final se acerca, los dos deben utilizar todo su control para detenerse en el último momento e imaginar que sus cuerpos son dos formas de energía en lugar de dos cuerpos. A continuación, cuando se deja paso al clímax sexual, ambos deben fluir con la energía liberada como un río dorado hacia el interior de la tierra. Ofrezcan todo lo que está fluyendo a la pareja divina para que ellos la utilicen según su volun­tad. Es importante que intenten «mantenerse volando» tanto tiempo como les sea posible. Ahora Brahma se tumba sobre el pecho de Sarasvati y ambos descansan. En este momento están libres para absorber él res­to de la energía divina que han ofrecido a los dioses. Esto se realiza po­niendo ambos ombligos en contacto y permitiendo así que el resto de la energía se mezcle y viaje por sus cuerpos formando una espiral (véase Fi­gura 12). A continuación las imágenes internas pueden volver a la llama del corazón y allí esperar.



Figura 12: Energía en espiral

Cuando han descansado lo suficiente, uno lava al otro con agua ca­liente perfumada, beben vino o té y comen si lo desean. Entonces se sien­tan juntos en contemplación silenciosa del símbolo del lingam y del yoni hasta que vuelve a despertarse el deseo de crear las imágenes de Brahma y Sarasvati. Juntos evocan las formas divinas y contemplan su propia divinidad. Pongan toda su atención en las partes específicas del cuerpo de su pareja e intenten recordar el modelo de energía interna. En este mo­mento resulta muy útil poner música y leer un fragmento de los Vedas o del Kama-Sutra.

En esta fase es posible que la mujer sienta deseos de bailar, y debe obe­decer a su impulso interno. La danza es una forma de expresar alegría, vitalidad y amor. Utilice todo su cuerpo para expresar exactamente lo que siente en ese momento o para hacer llegar su mensaje a su pareja. Recuerde que la danza es un arquetipo poderoso.

Dejen pasar las horas con calma hasta que llegue el mediodía. Enton­ces, una media hora antes, siéntense uno frente al otro en la posición del loto y permitan que las imágenes de Brahma y Sarasvati vuelvan a la lla­ma del corazón. Llenen con nueva energía los centros enlazados y vean como las llamas del corazón arden de nuevo, sólo que esta vez serán de color azul.

Dentro de las llamas creen las imágenes de Visnú y Laksmi y asuman las formas divinas de los «Amantes Eternos», como se les llama. Cuando ya estén completamente asumidas, puede empezar la segunda parte del ritual. Se dice que Visnú, el amante, tiene tanta energía que puede hacer el amor a cien mujeres..., y es verdad, pero todas ellas son Laksmi, pues ella representa a todas las mujeres. Está por encima de todas las inicia­doras del amor sexual.

El ritual empieza con la seducción de Visnú por parte de su Sakti. Ésta utiliza todos sus poderes: danza, música, juego amoroso, palabras, caricias y falso rechazo. El proceso debe continuar hasta que el amado ya no pueda soportar más juegos y la lleve hasta el lecho. Se quedan jun­tos de pie y ella levanta una pierna y la pone alrededor de la cadera o muslo de él. Posa sus manos sobre los hombros de Visnú y él le llena la vagina con su falo erecto.

El juego del amor empieza en esta posición.

Visnú: Sois como una flor de loto que crece hacia el sol, pero yo os cortaré con un afilado puñal.

Laksmi: Creceré de nuevo, oh amado, y adoptaré otra forma para vos. Visnú debe rendirse a mi poder de mujer.

Se aparta de él y le hace tumbarse en el suelo. Si tiene el pelo largo se lo echa hacia adelante, volcándolo sobre el cuerpo del amado, y lo enros­ca alrededor del pene erecto, desenrollándolo a medida que se aparta. Si el pelo no es lo suficientemente largo, utiliza las manos, dedos y labios para lograr el mismo resultado. Arrodillándose sobre él, se introduce el falo en la vagina y desciende lentamente, realizando movimientos ondu­lares y circulares con las caderas para bailar la danza de Laksmi.

Laksmi: Visnú, conservador de la vida, dejadme conocer vuestra fuerza, dejadme que os adore y os llene con las energías de la Sakti Laksmi. Vos estáis hecho de la llama azul de la creación, de la misma forma que yo estoy hecha de la llama roja del amor. Juntos creare­mos un fuego inmortal.

Visnú: Señora de la belleza, dejadme conocer vuestra dulzura, de­jadme tocar con el lingam los pétalos interiores de vuestro chakra sagrado y llenar la jarra de la vida hasta que se desborde. Vuestras ma­nos están frescas por el aceite perfumado y vuestros labios están calientes por el vino.

La Diosa retira el falo de su cuerpo y va a buscar el vino para compar­tirlo con su consorte. Cuando lo han bebido, se arrodilla de espaldas a él y se le ofrece, mirándole por encima del hombro y sonriendo. Visnú se coloca detrás de ella e hinca una rodilla, pone la otra cerca de la cadera de Laksmi, pasa un brazo sobre su hombro derecho y le acuna con la mano el pecho izquierdo; con el brazo izquierdo le rodea la cadera iz­quierda, y le presiona firmemente la entrepierna con la mano. En esta posición penetra a la Diosa.

Visnú: De esta forma os reclamaré como mi amada. Vuestro cora­zón es mío, vuestra flor es mía, vuestro yoni es mío, y este momento se conservará en el tiempo.

Laksmi: Formo parte de vos porque vos sois también parte de mí. No puedo ser reclamada, sólo puedo ser un todo con vos como lo fui­mos antes de que empezara la creación. Somos un solo ser, pues ¿acaso no soy también Sarasvati y Kali? ¿Acaso no sois vos Brahma y Shiva? Y si soy también vos y vos sois yo, realmente somos uno e in­divisible.

La Diosa se aparta y se da la vuelta para ayudar a Visnú a tumbarse con las rodillas ligeramente levantadas. Se pone encima de él con las ro­dillas a ambos lados de sus caderas y apoyándose ligeramente sobre las rodillas de él. Sosteniendo el loto dorado y la caracola, extiende los bra­zos sobre la cabeza y en esta posición empiezan a avanzar hacia el clímax de su unión. Laksmi debe utilizar sus músculos internos para apri­sionar el falo con tanta fuerza como le sea posible. Con práctica debería poder retenerlo en su interior tan fuertemente que la pareja no pudiera retirarlo. Pero recuerde que el falo es delicado y puede magullarse con facilidad. (Si lo desean pueden utilizar el camino a seguir durante esta par­te del ritual.)

Visnú: Veo que el sol se aproxima y me llena de fuego. El loto dora­do abre para mí sus pétalos, me convierto en su tallo y su raíz. Soy la tierra bajo la flor, de mí crece y florece su belleza, alimentándose con las aguas de mi semilla.

Laksmi: Oigo la música interior del mar. La caracola me habla y en su cavidad secreta oigo el torrente de las aguas internas. Yo soy el loto, yo soy el loto, yo soy el loto y dentro de mí yace el secreto de la vida.

Ambos deben retener las imágenes internas de las figuras divinas cuan­do llegan al clímax. Mientras descansan pueden absorber la fuerza so­brante después de que los dioses hayan aceptado su ofrenda. Uno lava al otro con el agua caliente, beben un poco de agua y comen un poco de fru­ta. Ahora sería aconsejable que durmieran un poco pero, si no lo desean, deben descansar tranquilos en la cama hasta que sientan ganas de tomar la segunda comida del día.

Esta última parte de la jornada, que concluye con la puesta del sol y la parte final del ritual, es seguramente la más dura. Las figuras divinas deben mantenerse tan a ras de consciencia como sea posible. Los pensa­mientos, las acciones, las palabras y los pasatiempos deben formar parte del papel que se desempeña. Puede utilizarse la lectura, la música y la meditación en silencio. Nadie dice que sea fácil, pero hasta que no hayan probado este ritual no podrán entender lo difícil que resulta conservar una figura divina en la superficie de la mente consciente.

Asegúrense de que el lugar sagrado esté ordenado: limpien cualquier desecho, sacudan los cojines y las almohadas, retiren los vasos, tazas y platos vacíos. Vuelvan a llenar de vino unos vasos limpios y de agua la jarra. Cambien la sábana que cubre el «lecho», pongan otra limpia y esparzan en ella hierbas y flores frescas y/o pétalos de flor. Los occidentales pueden encontrar muy difícil relajarse y no hacer nada durante todo el día excepto concentrarse en la creación sexual y en la retención de las formas divinas. Es posible que les sea difícil no poner la tele para ver qué hace el equipo de fútbol favorito, no llamar por teléfono a una amiga, no ponerse a hacer pasteles o incluso no distraerse arreglando el jardín. Re­sístanse a esos impulsos o de lo contrario desharán todo lo bueno que han logrado hasta ese momento.

La última parte del ritual será la más dura y en la que resultará más difícil crear y mantener las figuras divinas. Aproximadamente media hora antes del anochecer, siéntense uno frente al otro y dejen que las fi­guras divinas de Visnú y Laksmi vuelvan a la llama azul del corazón. Mediten durante unos minutos sobre Shiva como el Señor de la Trascen­dencia y sobre Kali como la Liberadora de las Almas. A continuación dejen que los dos rayos de luz se precipiten uno contra el otro, desde el chakra de la cabeza y el chakra de los genitales, y se unan en una brillan­te llama roja y blanca. De dicha llama emergen los dioses, que crecen hasta casi llenar los cuerpos de sus respectivos adoradores.

Esperen un momento para dejar que surjan las pasiones característi­cas de Shiva y Kali.

El poder de Shiva es el del éxtasis, sentimiento que no puede describirse totalmente, sólo experimentarse. El suyo es el su­premo sacrificio de la vida por amor, aunque al morir vive para toda la eternidad.

Kali es la pasión pura, insaciable y destructora, aunque tiene tam­bién una imagen más tierna, Parvati, la mujer primaria. Las dos imáge­nes se irán alternando durante esta parte del ritual y deben estar bajo control todo el tiempo. Con estas dos figuras divinas concluirá el ritual.

Shiva se levanta y empieza a patalear y a bailar.

Shiva: Soy Shiva, el señor de la vida, el soñador de los sueños, el yogui supremo, el señor de todas las criaturas, el bailarín eterno. Soy el inmortal. Soy el señor de Meru, maestro de la austeridad.

Se detiene y, bajando la mirada hacia Kali, le habla. Ella se arrodilla a sus pies y coloca sus manos sobre éstos.

Shiva: Vos sois mi querida, mi joya, la incomparable señora de la alegría. Sin vos yo no tendría poder en el mundo de los hombres. En vuestras manos pongo mi cuerpo. Dejad que sea vuestro juguete, Kali, señora del perfume y de los olores dulces.

Se sienta, con los pies cruzados a la altura de los tobillos, y echa el cuerpo atrás, apoyándose en los brazos. El sagrado lingam queda ex­puesto a la mirada de Kali. Ella se arrodilla para rendir culto al falo y a continuación se pone sobre Shiva. Colocando los pies a ambos lados de las caderas de éste, se agacha lentamente hasta tocar el lingam que la es­pera; entonces, levanta los brazos, abre por completo los ojos y saca la lengua. Shiva se incorpora y la coge por la cintura, sosteniendo todo su peso. Ahora ella desliza las piernas alrededor de él y se queda sentada a horcajadas en la postura para la unión sexual. Shiva se inclina hacia adelante y toca con su lengua la lengua de ella. Permanecen inmóviles con el falo erecto penetrando completamente la vagina. Kali sostiene la cabeza de Shiva junto a su hombro o su pecho. Utilizando sólo los músculos internos, Kali empieza la danza del éxtasis, mientras que Shi­va permanece completamente quieto. Ella debe parar en el momento en que siente el más ligero movimiento del falo, o su propio clímax que se acerca, y esperar hasta que dicho momento haya pasado.

Kali: Soy la vaina de vuestra espada, oh Shiva. Soy vuestra protec­ción frente a todos aquellos que os molesten. Soy la llama del amor y la arrebatadora de fuerza. Soy la que otorga bendiciones y la destruc­tora de la vida. Tomaré vuestra vida, Shiva.

Se aparta de él y empieza a bailar a su alrededor en círculos. Levan­tando la espada, simula cortar la cabeza de Shiva. Su actitud debe ser amenazadora y llena de fuerza femenina. De vez en cuando adopta una de las posturas de Kali (véase Figura 9). Por último, hace que Shiva se tumbe como si realmente estuviera muerto y se pone encima de él, rego­cijándose.

Kali: Soy la muerte, soy la causa y el triunfo de vuestra trascendencia. Soy vuestro amor, vuestra destructora, vuestro sendero de shushumna. Soy Kali, soy aquello sin lo cual nadie puede entrar en el reino de lo eterno. Reclamo vuestra vida, Shiva, os arrebataré vuestra fuerza.

Se sienta sobre el Dios recostado y hunde el falo erecto en su vagina. Shiva debe dejar, en la medida que le sea posible, que Kali sea la única que se mueva. Cuanto más se abstenga de empujar, más potente será el clímax.

El propósito de Kali es que la semilla de Shiva surja para que él pueda vivir de nuevo a través de su propia fuerza vital. Kali debe seguir moviéndose y cantando los nombres de los tres dioses, Brahma, Visnú y Shiva, hasta el momento del clímax, en el que debe llevar la semilla hacia dentro de su cuerpo y tensar los músculos conservándola en su interior, para posteriormente relajarse y dejar que el fluido caiga y cubra el cuerpo de Shiva.

Kali: Shiva, mi amor y mi señor, levantaos y vivid. Yo vierto la fuer­za de la vida sobre vos. Os invoco desde las sombras con los mudras sagrados.

Pone las palmas de las manos alrededor del falo de Shiva. Éste es el mudra yoni. A continuación, sosteniendo el falo con la mano derecha y extendiendo la izquierda por debajo de los testículos, que es el mudra lin-gam, forma finalmente el mudra mahayoni con los dedos entrelazados (véase Figura 11).

Shiva se despierta, se pone en pie y coloca su mano derecha entre los senos de Kali.

Shiva: ¡Salve, dadora de vida, bailarina del vacío, diosa del poder, Kali Yurga!

Ella le ofrece vino y le lava mientras él bebe; luego se lava ella. A con­tinuación, se sientan uno frente al otro y dejan que las figuras divinas vuelvan a las llamas del corazón y cierran completamente todos los centros. Después de todo esto es recomendable comer algo, beber un poco de té y dormir; sin embargo, a veces sucede que la mujer se siente intranqui­la durante la noche después de dicho ritual. Si así fuera, no intente dor­mir, levántese y queme el exceso de energía bailando o haciendo algún ejercicio enérgico, y a continuación vuelva a la cama.
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