7. Bibliografía Bibliografía citada




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2. Objeto y ámbitos de la bioética


Objeto de esta ciencia interdisciplinar es sin duda la promoción y la defensa de la vida humana en cualquiera de sus fases, desde la inicial embrional y hasta su natural ocaso. Importa lo humano, en todas sus dimensiones, que ha de ser promovido y defendido por la ciencia, la técnica y los modelos de sociedad. En sus primeros años —en buena medida por influencia de los estudios llevados a cabo por el Kennedy Institute— la bioética se dedicó sin duda a los interrogantes puestos por los avances científicos a la medicina. Así, los estudios en torno a la ingeniería genética, a la procreación artificial, a la maternidad surrogada (útero de alquiler), diagnóstico prenatal, trasplante de órganos, testamento biológico, a la eutanasia, y más luego, desde los 90, a la eventual clonación humana.

Pero dado el crecimiento veloz de la bioética en todo el mundo, merced a la multiplicación de Centros de bioética en Universidades y Fundaciones, el ámbito de investigación y docencia se vio enriquecido. Así surgió la inclusión de la ética del medio ambiente y de los ecosistemas, de los animales, de los fundamentos de las dimensiones sociales, del urbanismo en la promoción de la calidad de vida de las ciudades, la medicina del deporte, la delicada cuestión de la justicia distributiva de bienes de salud, el rol de los comités de ética en los hospitales, etc.

Pero todos estos ámbitos podrían carecer de base argumentativa si no se desarrollase una bioética fundamental. Se trata del ámbito que estudia los fundamentos y los principios que alimentan como en su base, a la bioética misma y sus debates. De otro modo, la bioética fundamental elabora el marco epistemológico coherente de esta rica disciplina. La bioética fundamental estudia los presupuestos de base como la ley natural, el rol de la conciencia moral, etc. Lo filosófico, lo jurídico, lo teológico, lo social, entran aquí en fructífero diálogo y se iluminan unos a otros. La bioética general brinda la elaboración de los principios que ordenan la justificación ética: principio de indisponibilidad de la vida humana, beneficencia, autonomía, justicia, doble efecto, totalidad, confidencialidad, etc.

3. Corrientes del pensamiento bioético


Veamos ahora en breve, algunas líneas de pensamiento bioético. El contexto filosófico actual está caracterizado —en buena medida— por su carácter fragmentario y el pluralismo. Así, elsociobiologismo, que acusa recibo del evolucionismo y lo traspasa al discurso moral, considera los valores y los principios morales presentes en la costumbre de una sociedad en una determinada época histórica, como el resultado de la selección natural de adaptación al ambiente. Si favorece la evolución de la especie, entonces el comportamiento es considerado moralmente bueno. Se sacrifica el respeto hacia el individuo por el bien del grupo. Las sociedades cambian y con ello, cambian los valores y pautas de comportamiento. El Derecho y la Ética serían expresiones culturales del instinto de conservación. La Ética serviría para mantener el equilibrio evolutivo. La antigua herencia de Ch. Darwin se deja sentir en este esquema de moralidad. El grave peligro es reducir al hombre a un momento histórico-naturalístico del cosmos. Así el relativismo moral entra también de lleno si seguimos esta orientación. Un ejemplo: no habría necesidad de definir los derechos del hombre, pues todo sería provisorio. Lo que hoy es visto en las intervenciones médicas como malo, con el paso del tiempo y los cambios de parámetros culturales, mañana podría ser visto como bueno. Así lo sugiere, por ejemplo el filósofo alemán Peter Sloterdijk en su famoso discurso “Reglas para el Parque Humano” de 1999 [Sloterdijk 1999]. Este argumento provocó un debate significativo en Alemania, entre otros, con el filósofo J. Habermas, quien acusó a Sloterdijk de eugenista. Mejorar la especie (enhancement) sería una meta de la biomedicina del siglo XXI, aún a riesgo de seleccionar genéticamente a los sujetos.

Si bien es cierto que algunos componentes culturales están sujetos a la evolución, no es menos cierto que el hombre resta en su mismidad, en su identidad específicamente humana, diverso por naturaleza y no sólo por complejidad neurológica de todo otro viviente. La muerte y el sufrimiento, la libertad y el conocer, no son elaboraciones culturales sino hechos y valores que acompañan al hombre en todas las circunstancias.

Por su parte, la corriente pragmática-utilitarista sostiene en su formulación básica el principio del cálculo de las consecuencias de la acción sobre la base de la relación costo-beneficio. Se parte del presupuesto que expresa que no se puede asumir otro criterio superior, ontológico, como verdad o norma universal. Dicho principio del cálculo, encuentra una antigua fundación en el empirismo filosófico y en el contexto de las éticas pragmáticas contemporáneas, no puede ser el último fundamento o el criterio principal de nuestra conducta. Dicho utilitarismo, tan presente en los países de habla inglesa, se inspira en J. Bentham y J. Stuart Mill y se puede resumir de esta manera: maximizar el placer, minimizar el dolor y ampliar la esfera de las libertades individuales para el mayor número de personas. De aquí el axioma de cuidar la calidad de vida, como si fuese la palabra clave y el principio último al que todo deber rendir cuenta. Algunos pasajes del Warnock Report de 1984 acusan esta dirección, por ejemplo en el aval la experimentación sobre embriones precoces y para justificar la fecundación in vitro. Para obtener un éxito con un embrión, se justifica la pérdida de muchos otros embriones sin problema moral alguno. El utilitarismo argumenta que, si en un momento dado, un acto es considerado útil para la sociedad, entonces es lícito. Un ejemplo sería pensar que una anciana o enfermo terminal que no aporte ya a la sociedad y sea una carga económica para la misma, podría ser marginada, excluida o suprimida. Se es “menos” cuanto más anciano o enfermo.

El contractualismo, que sustenta que el bien y el mal son determinados por una supuesta comunidad ética, basada en un acuerdo social y que, a la vez, ignora a los fetos humanos, por entender que no pertenecen a dicha comunidad ética. Lógicamente postura favorece la muerte de niños con malformaciones severa aun después de su nacimiento, ignorándose su condición de persona. En esta línea, Engelhardt, conocido bioeticista ha expresado: «Lo que caracteriza a las personas es su capacidad de ser autoconscientes, racionales e interesadas por el mérito de reprobación y elogio… Por otra parte, no todos lo seres humanos son persona. No todos los seres humanos son autoconscientes, racionales y capaces de concebir la posibilidad de reprobar y alabar. Los fetos, los infantes, los retrasados mentales graves y quienes están en coma sin esperanza constituyen ejemplos de no-personas humanas. Tales entidades son miembros de la especie humana. No tiene status, en sí y por sí, en la comunidad moral» [Engelhardt 1991: 126]. Hay aquí una horrenda subestimación de todo ser humano.

Hay también una postura liberal en bioética, que propone la libertad humana como “medida” del acto humano, valor absoluto del mismo, sin reparar demasiado en el contenido de los actos sino en su condición de posibilidad, que es la libertad. El “cómo” coincide erróneamente con el “libremente”. «Es la máxima expresión del ‘no-cognitivismo ético’ o sea, de la presunta no cognoscibilidad de los valores» [Spagnolo 2002: 211]. Para las decisiones morales permanece el énfasis sobre la autonomía, a pesar de la insistencia en que la racionalidad humana no ofrece más un criterio único para el desarrollo de normas morales comunes. Lo que importa es que el yo decida con toda libertad, sin condicionamientos externos o sociales, y sin demasiada atención a los contenidos de verdad de las decisiones.

Hay aquí una lógica autorreferencial extrema. Desde esta perspectiva, si sólo importa el yo y la reivindicación de sus derechos, como el de decidir su propio morir cuando lo crea conveniente, el individuo se adueña de algo que no es su propiedad absoluta: el don de la vida humana. Basados en este esquema, ha habido campañas de “liberalizar” el aborto o la misma experimentación en seres humanos. Sin embargo, el único fundamento del obrar moral no puede ser la elección autónoma del sujeto, con la sola limitación de la libertad del otro. Ésta sólo hace posible, sin coacción, el obrar voluntario que se especifica por el objeto de la conducta, en primer lugar.

Los problemas que acabamos de señalar muestran que todas las posturas no son igualmente válidas. Hay que conocerlas y adentrarse en ellas con respeto intelectual, pero hay que optar por la que mejor promueve y defiende el augusto don de la vida humana en todas las instancias de su ser. Consideramos que el modelo antropológico personalista, que esbozaremos en el apartado sucesivo, es el marco más adecuado para el desarrollo de una bioética que respete de verdad lo que el hombre es, «por ser expresión de una seria reflexión racional sobre la realidad que constituye el centro de la actividad biomédica, a la vez sujeto y objeto de la misma: la persona humana» [Palazzani 1993: 52].
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