La flor marchita renace bajo el sol




descargar 186.48 Kb.
títuloLa flor marchita renace bajo el sol
página1/7
fecha de publicación25.10.2016
tamaño186.48 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Ley > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7




LA FLOR MARCHITA RENACE BAJO EL SOL




LEISSER REBOLLEDO











[Escriba aquí una descripción breve del documento. Normalmente, una descripción breve es un resumen corto del contenido del documento. Escriba aquí una descripción breve del documento. Normalmente, una descripción breve es un resumen corto del contenido del documento.]

Capítulo I

Lunes 26 de septiembre de 2016.

La decisión no le había costado mucho trabajo a Bryant Zucckler, el estado de Zoobook Inc. era floreciente, tras cuatro años de haberla creado durante su estadía en Stanford. Todos los analistas financieros coincidían en que su estreno en Walt Street sería explosivo y superaría con creces al que tuvo Facebook en su momento. Bryant se trasladó a Nueva York con su equipo de colaboradores más cercanos para estar presente en el acontecimiento que marcaría historia en el mercado bursátil. La ciudad mostraba los signos evidentes del final del verano, el clima se hacía más agradable y en cuestión de días o semanas las hojas de los arboles comenzarían a secarse dándole a la ciudad ese tono rojizo característico del otoño.

A quien se le ocurrió llamar por primera vez a Nueva York la capital del mundo no pudo estar más cerca de la realidad. Desde su fundación por los holandeses en el siglo XVII, su puerto se convirtió en el lugar para el ingreso a esta nueva tierra de toda una vasta gama de gentes y culturas que han enriquecido la idiosincrasia de los Estados Unidos de Norteamérica y configuraron la gran potencia multiétnica y pluricultural desde cuya base se edificó su impresionante desarrollo actual. Son emblemáticos sus conocidos rascacielos, la estatua de la libertad, el One World Trade Center, el pulmón vegetal en central park, la multiplicidad de idiomas que se hablan en sus calles, la celebraciones de año nuevo en Times Square, el famoso Harlem, además ha contado con figuras de distintos ámbitos, ha tenido sus Babe Ruth, Frank Sinatra, Rudolph Giuliani, Derek Jeter, John D. Rockefeller y hasta un heroico aviador que se dio el lujo de realizar un aterrizaje perfecto en el Hudson, salvando con su hazaña a todos sus pasajeros. Esta es Nueva York tan irreal y maravillosa, tan inspiradora como incomprensible. En esta capital del mundo se encontraba el joven visionario y empresario tecnológico Bryant Zucckler, para una cita de especial trascendencia a celebrarse en el distrito financiero de Walt Street. Si era algo importante tenía que hacerse en Nueva York pensaba Bryant.

Los tenues rayos solares del amanecer se filtraban por las ventanas del hotel Walt Street Inn. Eran poco más de las seis de la mañana cuando Bryant Zucckler despertó sobresaltado, esa madrugada le costó conciliar el sueño, la excitación por el evento que ocurriría más tarde lo había colocado en un estado de alerta máxima, el mismo no entendía él porque, durante los últimos cuatro años se había dedicado por entero a transformar una febril idea de estudiante universitario en una red social que amenazaba con destronar en corto plazo a rivales con más tiempo sobre el escenario, pensó que sería el comienzo de nuevos retos y disputas, pero eso lo tenía sin cuidado, la irreverencia siempre fue un rasgo característico de su personalidad.

La tensión de la espera le jugó una mala pasada, apenas logro pegar el ojo, no fue hasta cerca de las cuatro de la madrugada que el cansancio se impuso y se quedó pesadamente dormido, su descanso duro apenas dos horas y media, tal vez menos, su mente agotada hacia el esfuerzo por ordenar los asuntos pendientes para un día tan importante como este. Recordó que la noche anterior estuvo repasando datos y estadísticas con sus compañeros y amigos John Levine, Harrison Mcdryer y Calvin Cooper, ningún detalle podía quedar a la suerte, desde que decidió desertar de Stanford para emprender el proyecto de Zoobook Inc., nada más le había quitado el sueño. La joven y talentosa abogada Ashley Mcdowell se encargaba de que toda la documentación estuviese en regla. Sus colaboradores terminaron marchándose de su habitación del hotel cerca de la medianoche, a esa hora desde la ventana del tradicional hotel neoyorquino se detuvo a contemplar las calles poco congestionadas de los alrededores de Walt Street. En la mañana el panorama sería totalmente distinto pensó con entusiasmo.

Bryant se dispuso a alistarse, la jornada bursátil iniciaba a las diez de la mañana, pero antes debía reunirse con sus compañeros para ponerse en los últimos detalles, decidió que la primera comunicación del día seria con Ashley, asesora jurídica de la compañía, la chica pelirroja era guapa, los anteojos que usaba le hacían resaltar sus ojos verdes con tonos grisáceos, pero lo que sin duda llamaba la atención de los hombres eran sus tonificadas piernas y firme trasero. Bryant se despabilo, no era tiempo para pensar en esas cosas sobre todo tratándose de una empleada de confianza.

Bryant Zucckler cogió su móvil y marco el número de Ashley.

─ ¿Qué pasa te has caído de cama? ─Pregunto una voz somnolienta del otro lado de la línea.

─Buenos días Ashley, no es tan temprano dijo indiferente. ─creo que debemos echar un último vistazo a esos documentos puntualizo Bryant.

─Pensé que habíamos dejado todo claro anoche. ─replico.

─El diablo esta en los detalles, nos vemos a las ocho en la recepción del hotel. Ella se hospedaba en el mismo edificio por lo cual no le sería tan difícil cumplir la cita.

─Vale pero pagas el desayuno.

─Vale ─confirmo Bryant.

Bryant Zucckler bajo a pie las escalerillas del edificio, no eran muchos pisos por lo cual el recorrido le llevo unos pocos minutos, en la recepción Ashley ya se encontraba allí con su puntualidad característica, la chica sentada en un sillón desplegaba los documentos que su jefe había solicitado momentos antes, la eficiencia en el cumplimiento de sus funciones no estaba duda por eso la había incorporado a su más cercano círculo de colaboradores.

Ahsley miro su reloj como un acto reflejo, estaba segura que había llegado antes de la hora acordada, además que importancia tenia si Bryant apenas estaba haciendo acto de presencia. Reparo de inmediato que su jefe en esta ocasión iba ataviado con traje de frac y corbata, en todo el tiempo de servicio en la joven compañía resultaba la primera vez que lo veía con vestimenta formal. No pudo disimular su sorpresa, una leve sonrisa se dibujó en sus finos labios.

Ashley Mcdowell por su parte lucía un ajustado vestido negro que resaltaba sobremanera el volumen de su cuerpo, el color del traje contrastaba con su tez pálida y su cabellera rojiza, usaba una gargantilla dorada sobre su cuello desnudo, y un par de aretes de turquesas que hacían juego con el color de sus ojos, su cinturón de cuero de chanel completaba el perfecto derroche de belleza y elegancia. Observo como su jefe la miraba realizando un examen minucioso, en otras oportunidades había notado esa mirada de deseo pero por alguna razón sintió que esta vez la intensidad superaba con creces todas las anteriores. Disimulo pasando directo al motivo del tempranero encuentro.

Bryant Zucckler percibió en su perfume el aroma del paraíso, en lo sucesivo trataría de no trabajar tan cerca de Ashley para evitar caer en tentaciones, no quería romper una de sus reglas sagradas que consistía en no relacionarse con colegas o empleadas para no enturbiar el ambiente de trabajo.

─Estos son los informes que usted me pidió, ya anoche los revisamos pero con gusto lo hare nuevamente ─le comunico Ashley.

─Si quiero conocer los detalles con exactitud antes del inicio de la jornada, aunque cuento con el mejor grupo de asesores nunca se sabe cuándo se puede presentar un imprevisto –dijo Bryant.

Ashley asintió feliz por el halago.

─Se trata de un paquete accionario de 6.000 millones de títulos a una cotización inicial de 17,50 dólares, de los cuales usted es poseedor de 2.000 millones de ellos, es decir su capital de origen equivale a 35.000 millones, que esperamos que hoy se multipliquen por mucho.

Bryant asintió con la cabeza, estaba concentrado en captar toda la información que emanaba de los delicados labios de su interlocutora.

Ashley Mcdowell repaso cada una de las posibilidades que se podían presentar en el estreno de Zoobook Inc. en la bolsa de valores, todos los escenarios auguraban excelentes resultados, la salida al mercado bursátil de la compañía era esperada por accionistas e inversores con mucha expectativa, los estudios de los especialistas daban por sentado que en los meses y años venideros se convertiría en otra gallina de los huevos de oro, sobre todo por el momento floreciente que vivía la economía estadounidense, particularmente en la rama tecnológica. Un nuevo boom de las punto.com estaba en puertas y esta ocasión todo hacia presumir que se instalaría por un tiempo indeterminado.

─Bien creo que más claro no puedo estar, muchas gracias por el reporte ─señalo Bryant.

─Aun tienes pendiente el desayuno, no creo que haga mucho peso en tu presupuesto ─bromeo Ashley.

Bryant sonrió. Por supuesto que no lo había olvidado, quería seguir disfrutando a solas de la bella visión que tenía frente a él.

─Si es tan amable ─dijo Bryant invitándola a tomarlo de su antebrazo.

─Es un placer caballero. ─se incorporó y se dirigieron al restaurante del hotel que quedaba a escasos metros de la recepción.

Las campanitas que marcaban simbólicamente el inicio de sesión sonaron justo a las diez de la mañana, Bryant Zuckler fue el encargado de accionar el mecanismo, desde ese momento ingresaban formalmente en el cambiante mercado bursátil. Llevaban casi dos años amenazando con su salida a la bolsa, su capacidad de captar inversores los colocaba con una capitalización gigantesca tomando en cuenta que hasta la fecha sus beneficios eran ínfimos en comparación a la expectativa que habían generado, por ello esta apuesta resultaba un paso importante según la óptica del joven CEO de Zoobook Inc.

─Enhorabuena ─dijo el director ejecutivo de Nasdaq Robert Greifeld, ─esperábamos por ustedes desde hace buen tiempo.

Bryant Zucckler tenía razones para estar emocionado, llegar hasta aquí había sido el fruto del trabajo de varios años, solo quedaba esperar como reaccionaba el público ante la puesta en escena de la innovadora red social.

─Muchas gracias, hemos meditado muy bien antes de decidirnos a dar el paso, esperamos que todo se dé según lo planeado, ─señalo un entusiasmado Bryant Zucckler.

Después de la celebración inicial las cosas volvieron a la normalidad, los corredores de bolsa se entregaron a su intenso ir y venir característico, Bryant miro a su alrededor tratando de ubicar visualmente a sus compañeros, entre la escaramuza pudo divisar el rostro sonriente de John Levine, quien le hacía señales con los dedos como símbolo de aprobación. Harrison Mcdryer parecía aturdido por la agitación del recinto, en tanto que Calvin Cooper se mostraba extasiado observando las pantallas que señalaban las variaciones en los indicadores. ¿Pero dónde carajos estaba Ashley? Se preguntó Bryant. Siguió rastreando con la mirada hasta que dio con su objetivo, la bella Ashley McDowell se encontraba departiendo amenamente con lo que el supuso seria el ejecutivo de alguna empresa o un jefe de departamento en aquel hormiguero que era la sede del Nasdaq, porque de otra forma como es que se encontraba tan tranquilo sin llevar el frenético ritmo de todos los demás presentes en aquel lugar. Le hizo una señal para que se acercara, ella siguió conversando por unos segundos más, las mujeres no entienden de urgencias pensó, y eso era lo que tenía en ese momento urgencia de abrazarla. Por un momento tuvo la intención de bramar una orden, pero de inmediato desistió de la idea al verla acercarse con su paso cadencioso.

─ ¿Dónde te habías metido? ─Gruño Bryant, dejando salir un disimulado reproche.

Ashley sonrió, el tono de voz con que Bryant se dirigió a ella le pareció más el de un novio celoso que de un jefe perdido de su abogada.

─Siempre estoy donde me necesitas ─soltó Ashley ─ ¿no piensas darme un abrazo?

Se abrazaron largamente olvidándose del bullicio que los rodeaba, un toque en el hombro de Bryant lo hizo volver a la realidad, era John Levine que se acercaba para felicitarlo, seguidamente Harrison también le dispenso un fuerte abrazo, ambos en menor medida eran accionistas de la empresa al igual que Bryant, por lo cual tenían sobrados motivos para celebrar. Ashley los miraba complacida, para ella constituía un logro importante en su incipiente carrera profesional. De pronto la voz de Calvin Cooper llamo la atención del grupo que festejaba.

─Observen las pantallas amigos ─grito eufórico.

Las pantallas señalaban que la cotización de las acciones de Zoobook Inc. alcanzaban un valor de 24,50 dólares por unidad, un incremento del 40% con respecto a la referencia inicial y apenas había transcurrido media hora de su jornada de estreno.

A las cuatro de la tarde ya se encontraban en el apartamento que Bryant Zucckler tenía rentado en el hotel Walt Street Inn en pleno centro financiero de la ciudad de Nueva York, alrededor de la sala sus compañeros ya estaban dispuestos a celebrar la exitosa salida a bolsa de Zoobook Inc. pero Bryant seguía concentrado en su ordenador, desde primeras horas de la mañana las cotizaciones de la empresa no habían hecho más que crecer a un ritmo indetenible, sin embargo el obstinado joven empresario esperaba el cierre de la jornada para poder armar fiesta. El inicio no podía ser más alentador cuando por fin culmino la sesión bursátil el valor de las acciones se estableció en 43,50 dólares por unidad, ahora la capitalización de Zoobook equivalía a 261.000 millones de dólares, y la fortuna personal de Bryant Zucckler ascendió a 87.000 millones en esa jornada impresionante de records.

─Ahora sí creo que podría tomar una copa ─dijo Bryant haciendo a un lado el ordenador al que había estado conectado durante horas.

Calvin Cooper el experto programador y tercero en unirse a la compañía le pasó una botella de champaña para que Bryant tuviese el honor de iniciar la celebración, en segundos el espumoso líquido se encontraba servido en cinco copas que no duraron en vaciarse. Harrison Mcdryer no se mostraba conforme con la bebida seleccionada, tenía su propia idea de cómo festejar en serio, de la nada saco un escoses y se echó un trago seco que debe haberle quemado las entrañas porque soltó un aullido que incomodaría a más de un buen vecino.

Ashley Mcdowell ya estaba acostumbrada a ser la única presencia femenina en un entorno totalmente masculino, esa situación no la intimidaba en lo más mínimo, seguía perfectamente el ritmo que marcaban sus compañeros, después de las primeras copas de champaña acepto el reto propuesto por Harrison y se dispenso un vaso de escoses sin hielo, el cual bebió de un solo sorbo sin muestras aparentes de hacer mella en su nivel de coordinación, Bryant pensó de inmediato que se trataba de una chica de armas tomar, ¿Qué otras sorpresas le tendría preparada la adorable Ashley? Estaba por verse y el día aún era joven pensó Bryant entusiasmado.

A las ocho de la noche Harrison Mcdryer se encontraba vuelto leña producto de los tragos de escoses, sus compañeros observaron los cambios repentinos que puede ocasionar el alcohol, regularmente era un joven discreto que no desperdiciaba palabras, pero ahora se esforzaba por ser el alma de la fiesta, conversaba de los temas más inverosímiles con la erudición de un filósofo griego, rememoro el momento en que conoció a Bryant Zucckler, lo llamaba el accidente más afortunado de la historia, recordaba en forma nítida como tropezaron por casualidad en los pasillos de la Universidad de Stanford, Harrison caminaba como un sonámbulo con su Tablet adherida a su cuerpo como un porta bebes, concentrado fijamente en un programa al que ya dedicaba varios días. Se estrelló contra la humanidad de Bryant quien corría desesperado por intentar llegar a tiempo a su clase favorita, el aparato salió disparado y fue a dar contra el piso sufriendo múltiples averías, el desconsolado chico no podía creer su mala suerte, se lamentaba al borde del llanto, Bryant olvido por un instante su prisa y dedico unos minutos en tratar de levantarle el ánimo, Harrison le conto en que trabajaba, ambos eran estudiantes de la carrera ciencias de la computación que era la más popular en el recinto universitario, de inmediato se identificaron plenamente, los unía la pasión por la innovación tecnológica. En los días sucesivos junto a otros amigos de Bryant: John Levine Y Calvin Cooper, se convirtieron en un cuarteto inseparable, estos le comentaron sobre un proyecto que tenían algo avanzado al cual un programador avezado le caería de perlas. No necesitaron mucho para convencerlo, aunque le propusieron algunos beneficios económicos si la idea cristalizaba Harrison Mcdryer hubiese aceptado sin recibir compensación alguna.
  1   2   3   4   5   6   7

similar:

La flor marchita renace bajo el sol iconEl libro de Waris Dirie, “Flor del desierto”, en el que cuenta el viaje de una joven

La flor marchita renace bajo el sol iconAntarel y la ciudad Nave de Sol Siris

La flor marchita renace bajo el sol iconSol: todos descendientes serán Pp y con el pelo en pico

La flor marchita renace bajo el sol iconSiglo XXI, en el Sexto Sol, a los 6 días (V) y (VI) del 2007

La flor marchita renace bajo el sol iconDireccion : avenida diez 144 a colonia prados del sol

La flor marchita renace bajo el sol icon1. ¿Con que fuerza se atraen dos masas de 50 Kg y 700 Kg respectivamente...

La flor marchita renace bajo el sol icon1) En cierta especie de plantas el color azul de la flor, (A), domina...

La flor marchita renace bajo el sol icon1) En cierta especie de plantas el color azul de la flor, (A), domina...

La flor marchita renace bajo el sol icon1. En cierta especie de plantas el color azul de la flor, (A), domina...

La flor marchita renace bajo el sol iconManual de prácticas bajo competencias




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com