La flor marchita renace bajo el sol




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Bryant Zucckler contemplaba divertido al juvenil grupo de empresarios que hoy habían tenido su bautismo de fuego, tan solo uno de ellos alcanzaba los veinticinco años de edad, John Levine era por diferencia de meses el matusalén de Zoobook Inc. mientras Bryant apenas alcanzaba los veinticuatro. Las grandes ligas del mundo financiero se abrían ante ellos, su empresa crecía tan rápido que en adelante necesitarían contratar a los mejores en todas las áreas para seguir consolidando su posición, en este punto se imaginaron que la tarea de reclutamiento no les sería muy difícil. Muchos querrían trabajar con ellos de ahora en adelante..

Ashley Mcdowell permanecía incólume a pesar del exceso de copas que llevaba encima, la prolongada jornada no había disminuido para nada su toque de sensualidad, desde hacía tiempo no se divertía tanto, procedía de una conservadora familia de Sacramento con arraigados valores religiosos, pensó que sin duda alguna su padre reprocharía cualquier actitud desenfadada de su parte por lo cual agradecía que no pudiese verla en ese momento, más temprano la había llamado para felicitarla y ante la algarabía del ambiente sospecho que su hija andaba en son de fiesta, sin embargo Ashley de forma astuta le paso a Bryant al teléfono, sabía que su truco no podía fallar al viejo Jeff Mcdowell le gustaba codearse con gente importante y el hecho de que su retoño perteneciera al círculo de confianza del empresario con más futuro de la nación lo llenaba de orgullo.

Bryant procuro la cercanía de Ashley desde el primer instante, el ambiente era propicio pensaba, por fin podían estar compartiendo sin excesivos formalismos ni documentos o cifras por discutir, sus compañeros estaban concentrados en las bebidas mientras él había fijado su atención en la única mujer presente en el apartamento, hablaban en voz baja, los piropos de Bryant eran respondidos con discreción por la bella chica, después de todo a pesar de ser tan joven, Bryant seguía siendo su jefe y no quería ser ella quien rompiera los estrictos protocolos no escritos de las relaciones laborales.

─Ya Harrison esta vuelta una uva ─comento John Levine, empujándose un último trago ─es hora de partir mañana nos espera un largo vuelo a California.

Ashley se dispuso a incorporarse, un suave toque de Bryant sobre su pierna la detuvo en el acto, lo miro para entender de qué se trataba, este le hizo una señal inequívoca de que no quería que se marchara, en ese momento ella deseaba que alguien la rescatara de ella misma, si se quedaba estaba perdida, todos los protocolos se irían al diablo, solo serían un hombre y una mujer solos en un apartamento con unas cuantas copas de más y un deseo reprimido a punto de encontrar su cauce.

Costo trabajo convencer a Harrison de que la fiesta había terminado, entre Calvin y John lo sacaron prácticamente a trompicones del apartamento, por unos segundos esperaron a que Ashley se les uniera sin resultados.

─Ashley te nos unes ─grito John Levine desde el pasillo.

Sin saber porque, Ashley contesto que había decidido quedarse otro rato a discutir asuntos pendientes con Bryant, ahora sí que estaba en problemas, su parte lógica le decía que debía levantarse y salir de allí de inmediato, pero su lado salvaje la invitaba a disfrutar ese momento de soledad con su joven y apuesto jefe.

─Bien nos vemos temprano en la mañana ─atino a señalar John. Los tres compañeros que se encontraban en el exterior de la habitación intercambiaron miradas de interrogación.

Ashley tenía plena conciencia de las intenciones de Bryant, ella misma en ese momento solo pensaba en una cosa, sin embargo no quería ceder a su deseo de forma prematura, dejaría que fuera él quien tomara la iniciativa. Bryant sirvió un par de tragos más, la chica ya había perdido la cuenta y empezaba a sentirse mareada.

─Eres esplendida sabias; seductora e inteligente, el sueño de cualquier mortal ─soltó Bryant tratando de vencer la resistencia de su abogada.

─Si ya me lo habían dicho ─Ashley saco lo mejor de su sarcasmo, le parecía la mejor defensa ante la arremetida de Bryant.

La coquetería de Ashley era innata, cada gesto suyo, cada palabra, representaban una invitación a la pasión desenfrenada, en sus cortos años de vida había dejado muchos corazones rotos en el camino, sus anteriores relaciones no le habían interesado lo suficiente, los hombres querían tenerla como trofeo de exhibición y ella no estaba dispuesta a que la vieran de esa manera, tenía metas que alcanzar y aunque disfrutaba de la atención y el sexo, siempre terminaba por echarse a un lado ante el desconsuelo de sus efímeras parejas. Pero en esta ocasión algo le preocupaba, por primera vez presentía que si saltaba al vacío y cedía a sus instintos podía salir lastimada, y eso nunca había estado en su presupuesto.

Bryant le tomo la mano y la beso delicadamente, le susurraba frases que expresaban la admiración que sentía por ella. Ashley ya había notado ese detalle, en las reuniones de trabajo que mantenían frecuentemente, su jefe se distraía por instantes observándola detalladamente para luego retomar su coherencia característica, en inicio Ashley no entendía muy bien las razones de estos despistes temporales de una mente tan lucida, pero en la medida que le dedico mayor atención pudo descifrar que motivaba la distracción, resultaba que Bryant se perdía en la contemplación furtiva, sus indiscretas miradas se deleitaban en el cuerpo perfecto de Ashley pero por alguna razón jamás le había insinuado nada al respecto, ella por su parte no podía negar que le gustaba sentirse admiraba por este hombre que además de su jefe era brillante, a pesar de ello opto por no hacerle cabeza al asunto y llevar las cosas tal cual se iban presentando, nunca imagino encontrarse como ahora en una situación tan comprometida.

─Es una situación extraña ─alcanzo a decir Ashley. Su próxima palabra no llego a ver la luz, silenciada por los labios de Bryant. Ella se dejó besar sin oponer resistencia, cuando por fin logro zafarse pronuncio la pregunta que tenía preparada para el momento.

─ ¿Estás seguro de esto?

─Justo ahora no estoy seguro de nada ─dijo Bryant, y la beso con mayor intensidad al tiempo que se desprendía de su ropa.

Ashley Mcdowell se quitó el vestido y quedo en ropa interior, Bryant la contemplo extasiado y sin perder tiempo se recostó sobre el sillón y dejo que ella trepara sobre él, se sentía bien, no pesaba mucho. Ahora Ashley era dueña de la situación.

Capítulo II

Miércoles 7 de agosto de 2019.

Preston Walker bajo del vehículo frente al tribunal del distrito del norte de California, llevaba consigo su inseparable portafolios que lo había acompañado durante sus últimos años de carrera como abogado especialista en demandas de Facebook.com. Esa mañana se levantó temprano, repaso los documentos que debía presentar al juez Cameron Olsen y se dispuso a cumplir la misión encomendada por su empresa. En el trayecto hasta el tribunal pensó en la danza de millones que se manejaba en el mercado de la tecnología y aunque él era un empleado bien pagado le indignaba pensar que aún no había recibido lo que se merecía por su talento, ya estaba entrado en años y su golpe de suerte no acababa de producirse, soñaba con ser rico y disfrutar de los placeres que el dinero concede a quien lo posee.

Llego hasta la recepción para anunciarse, una elegante secretaria lo atendió con algo de displicencia, se imaginó que era una de esas empleadas que odiaba su trabajo y se desquitaba con el público. No le dio mucha importancia, ese día estaba dispuesto a hacer uso de su inagotable paciencia.

─Me repite su nombre por favor ─indico la mujer, manteniendo la vista fija en su libro de anotaciones.

─Preston Walker, equipo de asesoría legal de Facebook.com. Pronuncio esta última frase con un dejo de arrogancia.

Disfruto el repentino cambio de semblante de la poco amigable secretaria, a pesar de todo trabajar para la red social más influyente del mundo tenía sus ventajas pensó. Le pasaba regularmente cuando la gente se enteraba donde laboraba el trato mejoraba notablemente.

Ahora la secretaria ponía un esfuerzo adicional por confirmar la cita, marco insistentemente el número del despacho del juez Olsen hasta que por fin obtuvo respuesta.

La asistente del despacho respondió con la autosuficiencia de quien está al lado del jefe.

─Despacho del juez Olsen a la orden.

─Para confirmar la cita del señor Preston Walker de Facebook. La secretaria le imprimió un tono musical a la última palabra.

Al cabo de unos segundos obtuvo la confirmación.

─En efecto ya lo está esperando ─sentencio la mujer al otro lado de la línea.

─Puede seguir ─dijo la secretaria, es un placer poder servirle ─agrego sonriente. Preston Walker no había esperado la invitación a continuar, ya se dirigía a la oficina del magistrado. ─Seguro, ─alcanzo a decir mientras se alejaba de la recepción.

Pudo ingresar a la oficina del juez sin mayor demora, el espacio estaba atestado de libros que Preston Walker supuso se trataba de todo el ordenamiento jurídico norteamericano. Ser juez de un distrito era una posición honorable, sin embargo no sentía envidia, sin duda consistía en un trabajo demasiado arduo, que no recibía una compensación justa por tan alta responsabilidad, lo de él era otra cosa, quería ascender en el mundo corporativo para forrarse de plata. Este caso posiblemente le brindaría la opción de destacarse.

Cameron Olsen era un abogado afroamericano de sesenta años de edad que en su momento tuvo la oportunidad de ser nombrado juez de la corte suprema, pero había sido finalmente relegado por no tener afinidad clara con ninguno de los partidos del establecimiento político de los Estados Unidos. De la frustración inicial, había pasado a una disimulada rebeldía contra todo lo que oliera al estatus quo, no existía político metido en problemas que quisiera caer en las manos de esta especie de renegado de la justicia.

─Siéntese por favor ─dijo Cameron Olsen señalando la silla dispuesta frente a su escritorio.

Preston Walker tomo asiento en una silla cómoda, aunque no tanto como la del juez Olsen que parecía un trono.

─Es un gran honor conocerlo señor, siempre he sido un gran admirador suyo lamento que no haya podido ocupar un puesto como juez de la corte suprema, la justicia de este país lo hubiese agradecido.

Preston Walker se deshacía en halagos, era el primer paso para lograr algún tipo de parcialidad por parte del juez Olsen, estaba decidido a jugar todas sus cartas para ganar el caso más importante de su carrera.

Cameron Olsen escrudiñaba atentamente las palabras del abogado de Facebook tratando de adivinar sobre que trataba el asunto. Sabía que las grandes corporaciones se dirigían a los tribunales solamente cuando tenían necesidad de defender sus intereses que por lo general implicaba cuantiosas sumas de dinero, de lo contrario obviaban el marco de las leyes las cuales pisoteaban cada vez que podían.

─No se ande con rodeos ─sentencio el juez Olsen ─algún menudo asunto lo traerá por aquí.

A Preston Walker lo desarticulo un tanto esa particularidad de Olsen por decir las cosas tal cual las pensaba, no se andaba con medias tintas, si hubiese estado en sus manos habría escogido a otro magistrado para introducir la demanda, pero lamentablemente el sistema de rotaciones del tribunal había enviado su cita directamente a Cameron.

─Me trae por acá un asunto muy peliagudo ¿usted ha escuchado acerca de la red social Zoobook Inc.?

─En efecto, yo mismo soy usuario, es una red muy popular.

Es una red muy popular. Esa no era precisamente la respuesta que esperaba Walker al momento de formular la pregunta. Tendría que tantear el terreno con mayor precaución en lo sucesivo.

─En Facebook estamos muy preocupados por la similitud de ciertas aplicaciones de Zoobook con las nuestras, y el directorio ha pensado conveniente ponerle coto al asunto, creemos que se han desaprovechado en forma deshonesta de las invenciones que nuestra empresa ha colocado al servicio de los usuarios. Walker se pasó un pañuelo por su frente sudorosa, sus pequeños ojos se movían de un lado a otro sin mirar fijamente al juez Olsen. Entrecruzo sus dedos para disimular su nerviosismo.

─Ambas empresas me parece que representan lo mejor del espíritu americano, ─dijo solemnemente el juez Olsen; ─creatividad, ingenio, juventud, además han creado miles de puestos de trabajo, lo cual es algo muy importante, piensen bien lo que van a hacer, una batalla legal entre las dos redes sociales más populares del país puede resultar en perdida para todos. Espero que no se trate de una estrategia para sacar a un rival incomodo del camino ─sentencio Cameron Olsen.

Preston Walker estaba seguro de lo que se trataba, él mismo había hecho la sugerencia al director ejecutivo de Facebook Mark Zuckerberg, quien en primera instancia no pareció muy dispuesto a entrar en un conflicto de esta naturaleza, pero al final término cediendo ante la insistencia y los argumentos presentados por su hábil abogado. El crecimiento de Zoobook se tornaba incontenible y Walker se había aprovechado del ambiente de competencia entre las dos empresas para entablar el caso que le daría notoriedad.

─Estamos totalmente convencidos de nuestros argumentos su señoría, y a partir de este momento introducimos formalmente una demanda por plagio contra Zoobook Inc. Desde días atrás soñaba con pronunciar aquella frase,de ahí en adelante Preston Walker se consagraría en elaborar pruebas que fueran irrebatibles. Por el momento se sentía feliz.

Por el contrario Cameron Olsen no podía decir lo mismo, conocía a John Zucckler el padre de Bryant y aunque no eran amigos respetaba su impecable trayectoria como jurista. La probidad no era un bien hereditario pero algo tenía que haber aprendido el joven CEO de Zoobook Inc. de su progenitor.

─Procederé a notificar a los demandados para que organicen su defensa ─señalo el juez Olsen. ─Pronto les anunciare la fecha para inicio del juicio. Se puso de pie en señal de que la reunión había terminado. Preston le estrecho la mano de forma enérgica y se retiró de inmediato.

Atravesó los pasillos del tribunal en dirección a la puerta principal, paso frente a la incómoda secretaria de recepción que le comento algo, tal vez un saludo. Walker ni siquiera se percató de ello. Estaba concentrado en su siguiente paso, sacar a Zoobook Inc. del juego.

Capítulo III

Miércoles 14 de agosto de 2019.

El capitán Fulgencio Galdámez jefe de operaciones contra las pandillas de la policía nacional de El Salvador repasaba el listado de homicidios cometidos durante el fin de semana. Resultaba un arduo trabajo ya que el número no hacía más que incrementarse colocando al pequeño país en la lista roja como uno de los más violentos del mundo. Dos subalternos lo ayudaban con la pesada tarea. Con mucha suerte tendrían que seleccionar solo algunos casos para realizar una investigación medianamente decente. No contaba ni con los recursos ni el personal suficiente para una lucha eficaz contra las maras que actuaban a su antojo sin que ellos, los agentes de la ley pudieran hacer mayor cosa para evitarlo.

Su escritorio estaba repleto de expedientes por revisar, más de cincuenta para ser exactos, no encontraba por dónde empezar. Prendió un cigarrillo tratando de disipar su frustración. Antes de ingresar a la policía jamás había probado uno, pero este oficio lo obligaba a tener estrecha relación con la muerte por lo cual de a poco fue adquiriendo una serie de malos hábitos que él pensaba le permitían mantenerse concentrado.

─ ¿Has podido encontrar un caso que sea escandaloso y que debamos investigar de inmediato? ─Pregunto a uno de los oficiales que lo asistía.

─En realidad capitán la mayoría de los homicidios son ejecutados con un nivel de violencia espantoso, debería haber más severidad en este país, de lo contrario esos criminales van a acabar con toda buena semilla sobre la tierra, ─dijo el oficial mientras revolvía las expedientes dispersados sobre el escritorio.
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