Manual de ejercicios pleyadianos




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fecha de publicación31.01.2016
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PREFACIO



Este libro ha nacido fruto de una visión clara. Te puede ser­vir como una ventana por la cual divisar una nueva pers­pectiva del pasado y un paisaje ampliado de tus opor­tunidades actuales. A través de estas páginas conocerás a los Emisarios Pleyadianos de Luz, seres extraordinarios que te ayudarán a expresar tu Presencia Crística -la perso­na sabia, sana, dichosa, espontánea, tierna e inmortal que eres- y te guiarán a través de la experiencia de los Ejer­cicios Pleyadianos de Luz. Es una oportunidad para des­pertar.
Mi experiencia del Manual de Ejercicios Pleyadianos: El Despertar de tu Ka Divino, empezó una tarde dorada de primavera en la falda oeste del monte Shasta. Había ido «al lugar donde las mariquitas van a bailar», como yo llamo a la pequeña rueda medicinal que ayudé a construir cerca de mi casa. Durante los días secos, cientos de mariquitas emergen del lecho de hojas de pino del bosque cuando toco el tambor; su vuelo llena el aire de duros cuerpos de color naranja. Me saludan paseándose por mis brazos y piernas y cubren un pequeño cedro. Voy a menudo a este lugar a fu­mar la pipa con un amigo, a orar por la consecución del Plan Divino sobre la Tierra. También rezo para saber tomar en cada momento el paso más acertado en favor del plan en curso. Aquí, acompañada por el baile de las mariquitas, el delicioso aroma a cálido pino y la música del agua del arroyo que juega con los estoicos cantos rodados, «vi» que mi amiga Amorah iba a escribir su primer libro y que yo colaboraría en el alumbramiento revisando su primer bo­rrador y ayudando a preparar el material a enviar al editor.
Unos días más tarde le mencioné el tema a Amorah. Silencio. Más silencio. Vi que su cara empezaba a adquirir un leve tono rosado, el azoramiento ante la contemplación de algo «muy trascendente». Una risa nerviosa. «Bueno, ya veremos», dijo en el tono de voz que se usa para cambiar de tema. La confirmación me llegó al final de unas sema­nas de fuentes inesperadas. El proyecto estaba en marcha.
Para cuando Amorah empezó a escribir y yo empecé a revisar, yo tenía un contacto diario con los Emisarios Ple­yadianos de Luz, sobre todo durante el sueño, con la inten­ción de transmutar cualquier cosa -creencias, formas de pensamiento, códigos genéticos, improntas kármicas, pau­tas de conducta- que pudiese entorpecer la expresión y encarnación plenas de mi Presencia Crística. Con la ayuda de estos pleyadianos estudié cuidadosamente mi propia vida y mi cuerpo para determinar qué pautas llevaba; luego apliqué las técnicas de los Ejercicios Pleyadianos de Luz para llevar a cabo las transformaciones precisas.
Me di cuenta que de alguna manera empezaba a «leer entre líneas». Parecía tener acceso a nuevas informaciones y saberes que no figuraban en el libro «en letra impresa» y que tenían aplicación inmediata en mi vida. Gran parte de estos nuevos saberes encerraban información básica y muy práctica para mi bienestar desde el punto de vista físico. Un ejemplo era la intuición que recibí sobre plantas silves­tres. Fui comprendiendo que, para que mi Presencia Crísti­ca se expresara plenamente en la Tierra, necesitaba reali­zar ciertos ajustes en el código genético de mi cuerpo. Fui comprendiendo que ciertas plantas silvestres de mi entor­no poseían la capacidad de producir esos ajustes.
Un día, mientras preparaba la tierra del jardín para plantar en primavera, vino con fuerza a mi conciencia la imagen de plantas silvestres. Quedé paralizada. Esa maña­na habían caído copos de nieve grandes y esponjosos que desaparecieron entre la tierra oscura. Luego cayeron gotas de lluvia brillantes encima de las plantas que rodeaban la valla del jardín. El aire era ahora frío, húmedo y estaba lleno de vida; cada una de las plantas resaltaba por su color verde brillante contrastando con el cielo denso y gris. «Plantas silvestres», pensé, «seguro que hay aquí y ahora alguna que me sirva.» Empecé a darme cuenta de la varie­dad de plantas salvajes. Noté cómo algunas especies ade­más de ser muy abundantes emanaban una vitalidad muy poderosa. Estiré el brazo para coger un puñado de álsine y metérmelo en la boca, su sabor era suave y dulzón; tras sacudir las gotas de lluvia de una hojita de diente de león me dispuse a morderla con cuidado; tenía un sabor acre que me gustó. Me llamó la atención una planta de verbasco tierna y blanda que me hizo pensar en el té.
Esa mañana en el jardín comprendí algo sobre la re­lación entre el cuerpo y las plantas silvestres; sabía lo que me proporcionaban ahora y por qué; percibí los ciclos de las plantas y comprendí que otras plantas iban a tener también en su momento un propósito similar para mí. Un gozo indescriptible me inundó; sólo rompía el silencio el canto ocasional de un petirrojo, pero creo que cada una de las células de mi cuerpo cantaba sumándose al coro de las plantas de la pradera. Ese mismo día consulté un libro de botánica que me confirmó que el álsine es un purificador de la sangre como la parte superior del trébol rojo que florece en verano y las raíces de la uva de Oregón que se da en invierno. Luego comprobé que las hojas verdes del diente de león constituyen un poderoso purificador del hí­gado y que en verano los humanos producen una secreción que limpia el hígado. Me quedé con la leve sensación in­tuitiva de que estas propiedades de las plantas no son más que la consecuencia secundaria evidente de un efecto más profundo que la ciencia no ha medido. Mi conocimiento sobre las plantas silvestres sigue creciendo.
Gran parte del genio de El Manual de Ejercicios Ple­yadianos es el equilibrio elegante entre ideas y aplicacio­nes. En última instancia, no basta leer sobre algo, pensar sobre algunas ideas. La manera de saber algo es experimentarlo. El material de este libro se encuentra cuidadosa­mente ordenado. Si lo lees de principio a fin, a la vez que realizas los procesos que se te van presentando, obtendrás unos resultados que te sorprenderán y te deleitarán.
He tenido algunas experiencias profundas y extraor­dinarias con las técnicas de este manual. Algunos de los métodos más simples han demostrado ser poderosos y de gran alcance cuando los he aplicado en momentos especí­ficos de mi vida. Uno de los ejemplos fue «soplar rosas». Aprendí la técnica un día, de paseo con Amorah pasando por Far Meadow hasta una zona donde florecía la espuela de caballero. Fuimos buscando las flores azul zafiro que se esconden entre la salvia. Era esa hora mágica de una tarde cálida cuando los árboles parecen despedir luz y te sientes «flotar» a través de un aire suave y dorado. A pesar del es­plendoroso escenario, a medida que andaba, empecé a sen­tirme débil y mareada. «Intenta soplar rosas», me dijo Amorah. «Crea ante ti la imagen de una rosa grande y bonita. Ahora coloca dentro de la rosa el rostro angustiado del cliente con el que has estado antes de nuestro paseo. Limítate a dejar que la rosa absorba la energía que tienes de esta persona; cuando hayas terminado disuelve la rosa.» Hice lo que me sugería sin dejar de caminar. Sentía que se iban el dolor y el mareo. Al cabo de pocos minutos habían desaparecido por completo. Quedé agradecida y sorpren­dida.
Desde que aprendí esta sencilla técnica la he utilizado innumerables veces con magníficos resultados. Esto puede parecer poca cosa pero, considerando mis experiencias pa­sadas, tiene consecuencias importantes en mi vida. Desde siempre he sido muy clariperceptiva. De pequeña, cuando alguien se hacía daño yo gritaba «ay» porque sentía ese dolor. Siempre he sido capaz de sentir en mi cuerpo las emociones y sensaciones de todo el mundo. En muchas ocasiones las he absorbido inconscientemente.
Ello ha su­puesto una experiencia que literalmente me enfermaba. Cuando vivía en San Francisco me encontraba a veces en medio de los atascos de la hora punta; entonces me aco­modaba pacientemente, bebiendo a grandes tragos direc­tamente del envase ahorro de antiácido sabor limón que siempre llevaba en el coche, mientras practicaba ejercicios de respiración profunda para liberar el dolor. Cuando aún iba a la guardería me di cuenta de que no me iría a la cama sin vomitar primero; pero cuando lo hacía me sentía fuer­te y bien otra vez. Ya de mayor busqué el consejo de médi­cos y sanadores alternativos, pero casi a diario pasaba al­gunas horas con grandes molestias y vomitando. Es decir, hasta que a los 44 años me puse a buscar espuela de caballero y aprendí a «soplar rosas».
Este libro tiene el potencial de ayudar en el despertar espiritual de mucha, muchísima gente en este momento crucial. El mérito es de Amorah por proporcionar tan libre­mente este material. No tienes que asistir a talleres caros para despertar espiritualmente. No tienes que recluirte y aislarte en un retiro para alcanzar la apertura espiritual. No necesitas esforzarte durante años para poder expresar tu dominio espiritual. Porque «ahora es el momento» y existe una gran ayuda disponible a tu alcance. Las sencillas herra­mientas que aquí y en otros trabajos se proporcionan, junto con los que se están produciendo, te ayudarán a catapultar­te hacia la nueva expresión y conciencia de tu Presencia Crística.
Recibirás apoyo. Los Emisarios Pleyadianos de Luz y el Maestro Ascendido Jesucristo te proporcionan una bo­nita oportunidad. Es un regalo. Si así lo deseas, te ayuda­rán en tu crecimiento al trabajar concientemente el mate­rial de este libro. Si lo deseas y estás preparado, trabajarán contigo cuando duermas para abrir los canales Ka, y pue­das así personificar plenamente tu Presencia Crística.
Los Emisarios Pleyadianos de Luz han trabajado con­migo especialmente durante el sueño y me han proporcio­nado gracia, alivio y una sensación de apoyo y progreso que no conocía. Cuando empecé activamente mi apertura espiritual después de los 20 años tomé parte en largos retiros de meditación.
En el más extenso, que duró nueve meses, el tiempo estaba extremadamente organizado para la práctica de técnicas muy avanzadas de meditación en régimen de internado. Los fenómenos no se mencionaban y me sentí muy sola con las nuevas experiencias. Después de cumplir los 30, cuando era una licenciada que estudiaba psicología oriental/occidental, mi proceso de despertar me resultó abrumador. Creía estar muy enferma o que me vol­vía psicótica. A veces sufría en el cuerpo sacudidas violen­tas como si intentase retener las energías crecientes que fluían en mí; solía tumbarme en el centro del salón y relajaba los músculos mientras sufría sacudidas involun­tarias que me zarandeaban por la habitación como si fuera una muñeca de trapo, a veces durante más de una hora. Otras veces se me «encendía» el cuerpo e irradiaba calor; tenía el cuerpo rígido, paralizado, como si tuviera la piel de una talla más pequeña y estuviese demasiado estirada so­bre mi esqueleto mientras mis células eran como volcanes en miniatura que entraban simultáneamente en erupción. A veces tenía la sensación de tener miles de abejas zum­bando sobre mi piel y luego levantando el vuelo, o de sentir la fuerza plena de todas las emociones conocidas hirviendo en mi interior.
Éste ha sido mi camino y no lo voy a despreciar. Sin embargo, un proceso de apertura no tiene que ser tan dramático y doloroso. Los Emisarios Pleyadianos de Luz te ayudarán a despejar cualquier obstáculo que impida la expresión plena de tu Presencia Crística. Te ayudarán a regular tu despertar para que la transformación sea fácil y elegante. En algunas de las Sesiones de Cámaras de Luz, me sentí como si estuviera flotando en un océano de paz y serenidad; ocasionalmente sentía una oleada y simplemen­te observaba mis pensamientos en ese momento para ver lo que se liberaba. A menudo, cuando iba a dormir, hacía los preparativos con los Emisarios Pleyadianos de Luz para que actuaran en mi cuerpo mientras dormía. Al despertar sentía los cambios en mí y, lo que es más, poseía una nueva comprensión y sabiduría. Me siento sumamente agradeci­da por haber recibido esta gracia.
Esta es la increíble oportunidad que se te ofrece en este momento, no por aquello de lo que careces, sino por lo que eres y por lo que aportas a este momento de transforma­ción planetaria, galáctica y universal. Me acuerdo de una frase de un famoso poeta sufí, Rumi: «Hágase lo bello; su luz es mejor que la del Sol». Ra, portavoz de los Emisarios Pleyadianos de Luz, dice: «Ahora es el momento». Y lo es. Deja que tu Presencia Crística venga y camine por esta Tierra. Puedes usar este libro como herramienta en este nacimiento. Ahora es el momento de bailar en el resplan­dor de lo que eres.
SHAHAN JON, Mt. Shasta, California, Mayo de 1995


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