Manual de ejercicios pleyadianos




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PRÓLOGO



¿Has vuelto alguna vez la vista atrás en tu vida y te has dado cuenta de que todo lo que has experimentado te llevaba hacia algo? ¿Que este proceso llamado vida no es sólo una serie de hechos al azar sino que sigue un orden inteligente y divino? Para mí los Ejercicios Pleyadianos de Luz han supuesto esta revelación.
Cuando era pequeña veía en las flores y en los arbustos hadas y naves espaciales en miniatura hechas de luz azul. Cuando cerraba los ojos en una habitación a oscuras veía mandalas arremolinados con múltiples y vivos colores, escenas e imágenes. Cuando me levantaba o cuando me iba a dormir, escenas de vidas pasadas desfilaban ante mí. Entonces no tenía nombre para estas experiencias, pero eran importantes -una parte de mí que sabía que no podía compartir con nadie.
A través de los años, fenómenos psíquicos ocasionales que prefiero llamar de Percepción Sensorial Plena, pobla­ban lo que, aparte de esto, eran días y noches «corrientes». Sencillamente, aprendí a vivir con ellos. Sin embargo, a finales de los 70 y durante el retorno de Saturno, las expe­riencias eran cada vez mas frecuentes y emocionalmente desconcertantes. Me consideraba atea entonces, desilusio­nada con la religión establecida; pero sabía que las vidas pasadas eran reales a causa de mis experiencias lúcidas recurrentes.
En mi primera sesión de sanación de vidas pasadas con un regresionista, muy a pesar mío me encontré en un prado al pie de una montaña junto con otros miles, mientras Jesús pronunciaba un sermón. Le había dicho al señor Brown, el terapeuta: «Estoy aquí para sanar mis vidas pasadas y poder seguir con ésta. Pero no trate de convencerme con ningún rollo religioso porque soy atea. Sólo quiero que estas experiencias de vidas pasadas dejen ya de invadir mi vida».
A menudo me he preguntado cómo respondería a un cliente que llegase a la primera sesión con una actitud tan arrogante y poco espiritual. Es de esperar que tuviese la paciencia y la tolerancia que el señor Brown tuvo conmigo cuando sólo replicó: «Está bien», y empezó la sesión.
En mi experiencia de regresión del «sermón de la montaña», cuando hablaba Jesús, apareció de repente una nave espacial gigante hecha de luz azul estelar, a la derecha y por encima del bosque. Luego apareció otra nave espa­cial y otra -hasta que fueron seis las naves que iban y venían-. A mi alrededor, todo el mundo se tiró al suelo cubriéndose la cabeza y gimiendo. Pero yo permanecí de pie con las manos sobre la cabeza en éxtasis, repitiendo en silencio: «Mi casa, mi casa», derramando lágrimas de gozo.
Mientras tiraba de mi vestido, mi marido gritaba: «Sa­mantha, agáchate». Permanecí paralizada, sin poder mo­verme, hasta que sentí un empuje magnético en el tercer ojo y me encontré cara a cara frente a Jesucristo. Por mi tercer ojo atravesaba el rayo de luz más intenso que haya visto jamás, seguido de una riada de luz y energía en mis células. Rompí a llorar con lágrimas de gozo y despertar espiritual. Había experimentado un despertar celular, una iluminación, y mi alma tuvo recuerdo de sí misma, todo a la vez.
La escena se repitió de principio a fin, completa con todas las sensaciones y el conocimiento y luego terminó. Inmediatamente volví a verme como pura conciencia en forma de bola azul de luz cayendo a través del espacio hacia la Tierra desde una gran estrella azul. Éste fue el principio de mi despertar espiritual en esta vida. En aquel momento no tenía puntos de referencia en cuanto al signi­ficado de una iluminación. No había oído nunca nada sobre la conexión entre las naves espaciales y los fenóme­nos espirituales o religiosos. Ni siquiera había oído hablar de auras o supra-almas o shaktiput -todo lo que había ex­perimentado de forma tan real durante la regresión.
Tras la sesión abrí los ojos y vi una luz verde clara alrededor del cuerpo del señor Brown. Se lo hice notar: «Señor Brown, qué verde es su aura hoy. ¿Qué significa un aura verde? Es más, ¿qué es un aura?» Mirándome con suspicacia me contestó: «Obviamente, sabes lo que es el aura; te acabas de referir a la mía». Le aseguré que las palabras habían salido de mi boca pero que no tenía un conocimiento consciente de lo que decía. Estaba viendo las auras por primera vez en mi vida, pero no entendía lo que eran. El señor Brown me dio una definición muy básica del aura: me dijo que era el campo de energía de una persona alrededor de su cuerpo.
Esto ocurrió muchos años antes de que yo entendiera la conexión entre Cristo, Sirio, la iluminación y las naves espaciales de luz. Me enteré de que los Seres de Luz extraterrestres que me enseñaban y me sanaban mientras dormía eran de las Pléyades y que su misión era colaborar en la segunda llegada colectiva de Cristo: cuando la mayo­ría de los que estamos aquí en la Tierra seamos auténticos Seres Crísticos. También me enteré de que las naves espa­ciales de Sirio aparecían como naves de luz azul y que las enseñanzas de Cristo para esta galaxia se originaron en Sirio donde se guardan y desde donde se lanzan hacia la Tierra.
La unión de este rompecabezas me ha llevado hasta los Ejercicios Pleyadianos de Luz que me han enseñado los Emisarios Pleyadianos de Luz y el Maestro Ascendido que CM Jesucristo en su última encarnación. Los Ejercicios Pleyadianos de Luz tienen diferentes facetas, incluyendo la imposición energética de manos, la lectura clarividente, la Remodelación Cerebral Delfínica, el Enlace Estelar Delfínico y el alineamiento con el Yo Superior. El objetivo principal de los Ejercicios Pleyadianos de Luz es abrir y activar los canales Ka, que extraen energía y luz de alta frecuencia desde tu yo multidimensional holográfico hacia tu cuerpo físico. Esta activación abre las rutas necesarias de tu cuerpo para que venga tu Presencia Maestra o Ser Crístico, así como para crear la posibilidad de la ascensión frente a la muerte física. El alineamiento de tu yo divino y tu cuerpo físico eleva el ritmo vibratorio, energiza los meridianos de acupuntura para producir un equilibrio físi­co y un rejuvenecimiento, acelera tu evolución espiritual, activa el cuerpo de luz eléctrico, aumenta el flujo del fluido cerebroespinal a través del sistema nervioso central, despe­ja rutas neuronales y estimula la sanación emocional.
Gran parte de la sanación y transformación espiritual se puede realizar sin contar con un especialista humano. Si conoces la manera de llamar a los equipos de sanación de los Emisarios Pleyadianos de Luz, sabes qué pedir y los métodos de autoayuda necesarios para facilitar tu propio proceso, puedes organizar las sesiones en tu propia casa. Esta es la razón por la que se me ha orientado a escribir este libro, para que puedas recibir enseñanza, sanación y ayuda espiritual de los Emisarios Pleyadianos de Luz de una manera apropiada para ti.
Los pleyadianos me han dicho que el conocimiento y las prácticas de sanación del Ka Divino, que son parte fundamental de los Ejercicios Pleyadianos de Luz eran los elementos claves de las prácticas de sanación en los tem­plos de la antigua Lemuria, la Atlántida y Egipto. En una ocasión me ocurrió que mientras estaba hablando por telé­fono con una mujer sobre el Intensivo de Ejercicios Ple­yadianos de Luz que imparto, tuve una visión de nosotras dos en compañía de otras mujeres de pie, vestidas con túnicas blancas como si se tratase de sacerdotisas, forman­do un círculo en un templo egipcio. Algunas lloraban, pero todas estaban muy tristes. Acabábamos de enterarnos de que los soldados venían de camino para destruir los tem­plos y llevarnos prisioneras. Las jerarquías espirituales y políticas habían perdido la batalla, y los templos de Set, una oscura orden religiosa basada en el miedo, iba a reem­plazar a los sagrados templos de luz.
En grupo decidimos quemar todas las pertenencias del templo y tomar veneno -un dulce suicidio nos pareció mejor destino que la violación, la violencia y la opresión que suponía la otra opción-. Dije a las mujeres: «Cuando termine el ciclo de oscuridad, retornaremos y volveremos a despertar el recuerdo de las enseñanzas del templo». Una de las más jóvenes dijo entre sollozos: «Pero ¿cómo es posible? Todo lo que amamos y por lo que hemos trabaja­do tanto se perderá». Yo le contesté: «Querida, si lo soñé una vez y lo hice llegar a nuestra gente, lo haré de nuevo cuando llegue el momento».
En varias vidas anteriores a ésta había sido una sacerdoti­sa con el don de soñar. Había trabajado multidimensio­nalmente a través de sueños lúcidos realizando sanaciones y enseñanzas espirituales a la vez que difundía por los templos las enseñanzas de los Emisarios Pleyadianos de Luz. En los templos egipcios que estaban a punto de ser destruidos yo había empezado una nueva vía de sanación. Básicamente eran los Ejercicios Pleyadianos de Luz que ahora han vuelto a mi vida. He guardado mi promesa. Debido a la posición de la Tierra en su ciclo evolutivo, los Emisarios Pleyadianos de Luz me han dicho, «Ahora es el momento de recordar este trabajo».
El proceso mismo de escribir el libro ha sido toda una experiencia vital. Después de que los pleyadianos me pi­dieran escribir el libro, me propuse deliberadamente no leer ningún material relacionado, ni siquiera remotamente, hasta terminar el borrador. Así que cualquier similitud es una coincidencia, excepto algunas referencias al último libro de Bárbara Hand Clow que se añadieron más tarde.
Antes de mandar la propuesta y una parte del borrador a la editorial Bear & Company no sabía que Bárbara Hand Clow y su marido fueran los dueños. He leído varios libros suyos -Heart of the Christos, Liquid Light of Sex, y Chiron: Rainbow Bridge Between the Inner and Outer Planets- y fui a oírla en Seattle hace unos años y desde entonces le tengo un profundo respeto y la considero una persona clara de una gran integridad. Tener la oportunidad de trabajar directamente con ella era la guinda del pastel. Así que cuando llegué a casa una noche y me encontré con el mensaje de Bárbara en el contestador en el que asegura­ba que Bear quería publicarme el libro, estaba doblemente emocionada. La primera vez que los Emisarios Pleyadianos de Luz me hablaron de escribir este libro me enseñaron el nombre de Bear & Company en la contraportada.
Cinco días después de recibir el mensaje de Bárbara, antes de hablar con ella por teléfono, recibí una carta suya que empezaba: «¿Estás tan emocionada con esto como yo?» No pude evitar reírme y sentirme honrada al mismo tiempo que seguía leyendo que iba a publicar un libro en otoño titulado, The Pleiadian Agenda: A New Cosmology for the Age of Light, del que mi libro era el complemento perfecto. Su libro incluía información sobre el Ka y sobre la imperiosa necesidad de sanarlo y activarlo, pero que los pleyadianos le habían dicho que otra persona canalizaría y escribiría el manual sobre cómo llevarlo a cabo. Bárba­ra y yo nos complementábamos la visión e información de cada una sin tener conciencia de una colaboración directa. Nos pusimos de acuerdo en que no nos enseñaríamos los borradores para no influenciarnos, y, sin embargo, por nuestras conversaciones telefónicas resultaba obvio que trabajábamos con la misma fuente pleyadiana. La com­plementariedad de las dos obras es producto del ingenio pleyadiano. Después de terminar mi borrador y leer partes del nuevo libro de Bárbara, añadí un par de referencias de The Pleiadian Agenda” en mi texto y en el glosario.
Justo antes de terminar este libro -después de mi meditación matinal- fui guiada al salón a recoger otro libro de Bárbara, Signet of Atlantis”. Lo había comprado hacía poco con la intención de leerlo después de haber ter­minado el mío, pero esa mañana me dijeron que lo abriera y leyera el prefacio. Contenía la historia de la trilogía de Bárbara, de la que Signet era el tercer libro; se esbozaban los retrasos, las distracciones, las restricciones de tiempo.
Su historia era tan parecida a la mía que pensé: «Quizá sea ésta la forma que los pleyadianos tienen de hacer las cosas. Ojalá lo hubiese sabido antes; quizás hubiese estado me­nos ansiosa por hacerlo a tiempo». Durante los seis meses que estuve escribiendo el libro, mi reciente matrimonio acabó en separación y luego en divorcio, respeté mi hora­rio de clases y prácticas privadas de sanación, estuve enferma dos semanas y media, me mudé de casa e impartí un intensivo de Ejercicios Pleyadianos de Luz durante veintiún días. Anteriormente, pocas veces había trabajado más de tres días seguidos sin un día o dos libres; durante esos seis meses aquel horario parecía un sueño ancestral. Sin embargo, adquirí un nuevo nivel de confianza en mi capacidad de seguir adelante de una forma efectiva y con­sistente.
Ocho semanas antes de terminar este libro, cerca del final de mi tiempo de meditación matinal, vinieron los pleyadianos y me llevaron a experimentar nuevas energías y frecuencias. Después me pidieron que fuese al ordenador a abrir un nuevo archivo. Cuando lo hice, prosiguieron dándome un esbozo del siguiente libro de Ejercicios Pleyadianos de Luz. Supongo que mi nueva lección es que el río sigue corriendo sin pararse ni dudar.
En parte, esta corriente rápida y continua se ve acelera­da porque la Tierra se encuentra en la Banda de Fotones y continuará adentrándose en ella sin volver atrás. A medida que se acerca el año 2013 no va a haber grandes interrup­ciones ni en intensidad ni en aceleración; los cambios físicos, emocionales, espirituales y mentales han empeza­do ya y cada vez van a ser más grandes y evidentes a medida que la humanidad avance a través del tiempo y el espacio durante los próximos diecisiete años. Puede que te sientas llamado a aprender nuevas modalidades de sanación, asistir a seminarios de formación espiritual, buscar la ayu­da de un sanador, o acudir a ceremonias sagradas. Tienes tu propio papel que jugar en los tiempos que vienen y debes examinar y seguir tus impulsos cuando sientas que tienen inspiración divina y no simplemente miedos reaccionarios de ser dejado atrás. Hay muchos que empezarán a despertar al concepto de evolución espiritual durante los tiempos venideros, mientras que otros decidirán abandonar el pla­neta o resistirse al cambio hasta el último aliento. Si estás destinado a ser sanador, maestro, consejero o amigo sabio, no dudes en prepararte para asumir tu papel.
La esperanza e intención de los pleyadianos y de mí misma es que este libro contribuya a la gracia y la intensi­dad de la sanación, al despejamiento y a la evolución es­piritual, tanto tuyos como del planeta. A través de la unidad de objetivos, conseguiremos individual y colecti­vamente alumbrar una nueva manera de ser y de vivir, y la meta de la ascensión planetaria se podrá conseguir.
Sección 1
¿POR QUÉ LOS PLEYADIANOS? ¿POR QUÉ AHORA?

Capítulo 1
EN EL PRINCIPIO...
Mientras estaba tumbada en el suelo después de tres días de ejercicios de suelo guiados Feldenkrais, un ser de luz de es­tatura humana, llamado Pa-La, me tendió la mano para que se la tomara. De inmediato se produjo una sensación de confianza y familiaridad. Cuando decidí tomarle la mano, me encontré junto a mi propio cuerpo. Sin dejar de asir la mano de Pa-La me vi flotando con él y así salimos de la ha­bitación, de la casa y rápidamente de la atmósfera terrestre. Avanzábamos sin esfuerzo por entre capas de tinieblas seguidas por zonas de un azul radiante y un blanco como la leche y nos adentramos en el espacio exterior. La vista de una gran nebulosa multicolor de bonitos colores dominada por el rojo con manchas azules y unas pocas amarillas y blancas era lo único que interrumpía lo que parecía un cielo infinito azul oscuro en profunda expansión, con estrellas a modo de puntos holográficos. Hoy en día, el precioso recuerdo de haber pasado bajo la nebulosa aún pervive en mi mente como si lo estuviera viendo.
Algo más allá de la nebulosa, parecía que íbamos más despacio para acercarnos a una estructura compuesta de multitud de pirámides de oro brillante coronadas por cruces de brazos iguales. Era el techo de una estación espacial, en la que a medida que descendíamos por debajo de las pirá­mides resultó ser grande. Desde el interior de la construc­ción, grande como una nave industrial, las pirámides esta­ban a unos ciento veinte metros por encima de nosotros, vacías pero irradiando una nítida luz de colores provenien­tes de una fuente desconocida. La habitación misma era casi toda blanca, de apariencia muy sobria, y asimismo iluminada por una fuente invisible. Me quedé tan sobreco­gida por la belleza de las pirámides y la increíble mezcla de amor e inteligencia que fluía de los cuatro seres de luz que nos saludaron que no recuerdo nada más del lugar. Cada uno de estos seres era de una tonalidad única, rojo, amari­llo dorado, verde y azul. Parecían tener una estatura más o menos la mitad de la mía y su forma era la de triángulos alargados coronados por un vértice redondeado en la parte superior. No tenían miembros o rostros definidos y, sin embargo, el vértice superior de los altos cuerpos triangula­res tenía algo parecido a ojos y centros de comunicación como si los seres fueran figuras con cuerpos en el interior de capuchas y túnicas. Pa-La, de forma humanoide, estaba formado, por otra parte, íntegramente de destellos de plata azulada.
En uno de los momentos, el ser dorado me preguntó te­lepáticamente si desearía experimentar un equilibrio de energía. Aunque soy por naturaleza una persona cauta, contesté: «¡Sí!», sin hacer preguntas. El ser más pequeño de color blanco plateado que me guió hasta allí me elevó hasta el techo y me depositó en la misma cima con la ca­beza en la parte superior. Me rodeó una energía y unos destellos claros que me llenó de un gozo intenso y gran despreocupación. Luego, el ser dorado me preguntó me­diante telepatía si estaba dispuesta a recuperar mi cuerpo astral pleyadiano. Sin dudarlo y con lágrimas de profundo amor y liberación le dije que sí.
La energía y el color empezaron a acumularse y a girar rápidamente; fue de alguna manera una interacción entre el cuerpo y el campo de energía dentro de la pirámide. Se formó un cuerpo luminoso idéntico a los seres triangulares de color rojo unido al cuerpo mediante un cordón de plata como aquel que me unía al cuerpo astral humano y sentí la conciencia dentro de la nueva forma y en la humana. Este cuerpo luminoso se fundió con mi cuerpo humano. Mi energía subió y del gozo y la liberación nació un profundo estado de paz y rectitud. No era otra entidad que se unía y se fundía conmigo. Era una parte de mi propio «todo» que cobraba forma luminosa y volvía a mí; una parte que había olvidado hacía mucho tiempo.
Surgió de mi interior un vínculo profundo de amistad, confianza y amor ancestral hacia estos viejos camaradas reencontrados. Comprendí que la primera vez que llegué a esta galaxia la forma original que tomé para hacer descen­der mi vibración preparándome para cumplir con mi deber aquí- fue la pleyadiana. Había morado en diferen­tes lugares de las Siete Hermanas, recibiendo la instrucción y la experiencia pertinente con vistas a mi tarea futura. Por ello, el estar con estos queridos amigos ancestrales era algo natural y largamente esperado. Cuando se terminó el recorri­do y las conexiones con el cuerpo luminoso nos despedi­mos con un intercambio silencioso de amor, gratitud y res­peto mutuos.
El viaje de vuelta fue muy rápido en comparación con el vuelo de ida. Desde entonces he hecho muchos viajes pero han sido más rápidos. Cuando estoy fundida con mi cuerpo luminoso pleyadiano, las restricciones de tiempo y espacio se reducen a un mínimo. Flotando sobre la habita­ción antes de regresar al suelo con los demás estudiantes, me dijeron que mi cuerpo luminoso pleyadiano iba a estar conmigo en contadas ocasiones pero mantendría una cone­xión constante con los Emisarios Pleyadianos de Luz -el nombre que más tarde supe que tenían mis amigos-. Mi cuerpo luminoso pleyadiano me permitiría cumplir en dos lugares al mismo tiempo y actuar de intermediaria entre las dimensiones superiores y la Tierra tridimensional, así como entre Alción, el sol central pleyadiano, y la Tierra.
Los pleyadianos me contaron que estaban examinando en detalle el curso de ejercicios de remodelación Córtico­Neuro-Muscular en el que participaba, porque estaban aprendiendo a ayudar a los seres humanos a realizar los cambios de vibración necesarios para que nuestro sistema nervioso aguantara los futuros cambios de frecuencia en la Tierra. La clave era aprender la mayor cantidad posible de maneras de sanar el sistema nervioso.
Con el objetivo de estudiar y ayudarnos a profundizar en nuestros procesos de sanación, se asignaba un guía ple­yadiano a cada alumno del curso que así lo deseara. Estos guías nos supervisaban, estudiaban los efectos del trabajo y determinaban maneras de utilizar la información para ayudar también a otros. Esto se ha realizado posteriormen­te con un gran número de personas en los planos astrales durante el sueño. Además, muchos recibían el trabajo di­rectamente de monitores humanos como yo. Recibía ejer­cicios de sanación y realineamiento durante el sueño a fin de aprovechar más profundamente el curso de Remodela­ción Córtico-Neuro-Muscular, así como poder probar la efectividad de los ejercicios etéricos en otras personas. Los Emisarios Pleyadianos de Luz también me enseñaban téc­nicas avanzadas durante el sueño. Y en la clase de apren­dizaje a nivel tridimensional recibía instrucción telepática sobre cómo mejorar el trabajo cuando los pleyadianos lo considerasen oportuno. Con estas últimas preparaciones mi guía pleyadiano, Pa-La, me devolvió a mi cuerpo. Cuando me desperté en la habitación no tenía prácticamen­te conciencia de la duración del viaje tal y como la medi­mos en la Tierra.
Esa noche fue la primera clase astral en la que participé conscientemente. Cuando me desperté a la mañana si­guiente, mi cuerpo se movía de un modo involuntario. De inmediato llegó el mensaje telepático de Pa-La que decía: «Relájate y permite terminar el modelo de movimiento para luego ponerlo sobre el papel». Mientras lo hacía, mi cuerpo ejecutaba una serie de movimientos elegantes aun­que leves. Cuando anoté la secuencia la titulé «La Cuna». Este conjunto de movimientos guiados se denomina «mo­vimiento delfínico» y forma parte de la remodelación del cerebro delfínico. Sus raíces están en los principios de ejer­cicios de Conciencia a Través del Movimiento de Moshe Feldenkrais. La versión pleyadiana de los movimientos guiados es el siguiente paso en la evolución de esta mo­dalidad.
Es más, la misma noche de mi primera clase astral estaba con Moshe Feldenkrais y otros en algo parecido a un laboratorio. Había ordenadores con capacidad para contro­lar datos «psíquicos» o no-fisicos. Moshe, al que no logré conocer en el mundo físico, explicaba y demostraba el trabajo que había desarrollado en su vida física y cómo ampliarlo y mejorarlo con la ayuda de personas como yo. El cuerpo de Moshe murió hace unos años pero su genio y su compromiso seguían vivos.
Me encontré juntos a Moshe y los pleyadianos muchas veces en los planos astrales. Los momentos que pasé con Moshe y con el grupo son inolvidables. Moshe solía ser muy directo e iba al grano, sin ofrecer datos innecesarios; una broma ocasional o un comentario amistoso era algo raro y precioso. A veces, me proporcionaban movimientos delfínicos; otras, el grupo me enseñaba la filosofa y la teoría de los ejercicios. En algunas ocasiones incluían tecnología de sanación por láser o sesiones de imposi­ción de manos que constituyen el otro aspecto de la Remo­delación Cerebral Delfínica. Siempre recordaba lo que escribía por la mañana. Durante todo un mes mantuve dos diarios: uno, de los ejercicios pleyadianos, y otro, del curso intensivo de Remodelación Córtico-Neuro-Muscular.
En algunas ocasiones durante el intensivo descansaba en naves de luz pleyadianas o en otras estaciones espacia­les. Estas ocasiones se daban tanto en mi cuerpo astral du­rante el sueño lúcido como durante las clases y meditacio­nes. Sin excepción, las experiencias fueron tiernas, respe­tuosas de mis límites y mi libre albedrío. Hasta la fecha, nunca he tenido un cordón psíquico ni me han implantado ningún dispositivo ni tampoco he visto que se lo hicieran a otros. En el pasado, he tenido problemas personales de in­vasión extrema de otros extraterrestres, menos éticos, y he liberado de estos extraterrestres y sus implantes a muchos clientes. Después del intensivo, pasé un par de días en Anaheim, California, para ir a Disneylandia con amigos del curso. La primera tarde paseaba por la piscina del motel con música suave en el walkman cuando apareció mi guía pleyadiano y me pidió que le acompañara. Mientras salía del cuerpo me asusté y me puse inmediatamente en guardia al ver a otros dos seres procedentes de Orión. Mi guía rápidamente me aseguró que eran amigos, lo que ensegui­da percibí como cierto ya que sentí la compasión de los seres de este lugar. En una comunicación silenciosa me hicieron saber su pesar porque algunos de los suyos se des­viaron hacia el mal. También me dijeron que eran siervos de la Luz y, específicamente, de la Federación Galáctica de la Luz.
Los cuatro fuimos juntos rápidamente hasta una gran estación espacial al límite de la atmósfera terrestre. Era enorme -de muchos niveles y cada planta parecía tener una función totalmente independiente-. Sin embargo, hasta llegar a nuestro destino no me detuve en ningún lugar lo bastante como para verlo en detalle. Allí, en el centro de lo que era una sala de aproximadamente 600 por 600 me­tros, había un cilindro oscuro, de color gris cobalto, fabri­cado de un metal de apariencia extraña. No puedo descri­birlo mejor por ahora.
Los Seres de Luz de este grupo específico de Orión me aseguraron tener la capacidad de devolver a la nada la energía y los desechos nucleares mediante la cámara que habían creado. Es más, afirmaron que, utilizando esta cámara, no quedaría residuo en ningún sitio. Continuaron explicándome que nunca lo usarían si no había suficientes humanos conscientes de la oscuridad que ha impregnado este planeta y eligiesen así asumir su responsabilidad en la creación compartida según la ley di­vina. Como pueblo de la Tierra que somos, debemos ser conscientes del efecto que causamos sobre los demás, el planeta y las futuras generaciones. Nosotros, los humanos, debemos pedir la intervención divina frente a la amenaza nuclear de aniquilación del planeta. Sin esta amenaza ten­dremos una oportunidad para empezar de nuevo entre todos la creación compartida con Dios/Diosa/Todo Lo Que Existe, la Tierra, las formas de vida terrestre sin excepción y nuestros amigos intergalácticos.
Desde entonces, Saint Germain me ha seguido expli­cando que todos debemos responsabilizarnos de actuar dentro de lo que él llama «la armonía de la creación compartida». La actitud inherente a la creación compartida es lograr que todos ganen, lo cual debe ser también el resultado de toda acción y creación de la realidad.
No hace falta decir que aquel día en Anaheim regresé muy agradecida a mi cuerpo, así como un poco más humil­de después del encuentro con los seres de Orión que tomé al principio por «malos». Su sincera dedicación a la Tierra y a la Luz me impresionó tanto que desde aquel encuentro he querido eliminar de mi actitud y de mi vocabulario estas etiquetas negativas y llenas de prejuicios. Intento verlo simplemente en términos de niveles de evolución. Toda existencia supone un proceso continuo de aprendizaje y crecimiento. En el camino podemos quedar atrapados en juegos de poder o en magia negra, en drogas o cualquier otro tipo de abuso, pero al final todas las formas de vida evolucionan para ser creadoras junto con Dios/Diosa/Todo Lo Que Existe, en armonía con el Plan Divino de Luz, Amor y Verdad. Todos acabaremos teniendo un cariño na­tural por la creación. Juzgar algo o a alguien sólo por su nivel evolutivo actual es a la vez erróneo y contraprodu­cente. Somos responsables de enseñar antes que nada con el ejemplo a medida que crecemos y nos hacemos más conscientes. La elección de este punto de vista nos permite sentir y honrar el sentimiento de conexión de todas las cosas.
Después de aquel viaje con mis tres acompañantes, to­dos los amigos pleyadianos parecieron desaparecer sin de­jar rastro. Les llamé. Intenté en sueños establecer citas con ellos. Pero no pasó nada. Empecé a sentirme cada día más frustrada y más sola, hasta que una tarde, mientras medita­ba, empecé a llorar, gritando: «¿Por qué me habéis dejado? ¿Dónde estáis? ¿He hecho algo malo? (La reacción huma­na automática ¿no?). Sentí el suave resplandor de una pre­sencia familiar y tierna que conocía como Ra, el ser dora­do, tocándome el brazo. De nuevo pregunté: «¿Por qué habéis desaparecido? Os he echado de menos, habéis dado tanto sentido a mi vida que no soporto que no estéis».
Ra, muy compasivo, me contestó: «Amada, nunca esta­remos lejos de ti. Si de verdad nos necesitas, siempre te dejaremos sentir nuestra presencia. Mas por ahora debes seguir tu vida aquí en la Tierra. Cuando mantenemos con­tacto regular contigo tiendes a concedernos más importan­cia y realidad que al resto de tu vida. Nunca haríamos nada que suplantase tu aprendizaje, crecimiento y tareas aquí en la Tierra. Te queremos y te respetamos demasiado. Cuando llegue la hora volveremos a reunirnos en tu conciencia, así como en las esferas inconscientes». Tranquilizándo­me con una última ola de amor y compasión que fluyó a través de mí, Ra se marchó.

Después de esta ocasión, a excepción de algunas cana­lizaciones, la mayoría de los contactos conscientes con Ra y algunos otros ocurrieron mientras estaba con clientes.

Durante estas sesiones, los Emisarios Pleyadianos de Luz me instruyeron y me ayudaron con el proceso de sanación. Esto sucedió casi exclusivamente durante las sesiones de Remodelación de Movimiento Cerebral Delfínico y sesio­nes de Movimiento Delfínico hasta el final del verano de 1993 cuando empezó una nueva etapa.
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