Manual de ejercicios pleyadianos




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No hay nada que temer. Quienes tengan un compromi­so genuino con la Luz y vivan en ella, simplemente avan­zarán al lugar inmediatamente superior correspondiente. A otros se les presentarán opciones a cada paso; pueden elegir el progreso espiritual a través de sus experiencias o permanecer con el miedo y la ilusión. Es vital que se suspenda todo juicio sobre aquellos cuyos cuerpos mue­ran en estos cambios terrestres. Algunos elegirán «desas­tres» naturales como método de partida porque su conciencia superior ha comprendido que su yo humano está demasiado inmerso en ilusiones para cambiar en esta vida. Otros abandonarán la Tierra de este modo a fin de hacer que otros seres avancen hacia la Luz durante la transición de la muerte y para establecer la pauta de ascensión como se ha dicho previamente. Otros, sin embargo, elegirán esta forma de morir porque están preparados para abandonar la Tierra y elegir otro planeta en virtud de su evolución.
Más aún, otros morirán finalmente porque la genética y mutaciones celulares de su cuerpo han resultado ser exce­sivas para poder transmutarse en el tiempo que le queda al proceso de transformación en este planeta. Independiente­mente de por qué muera el cuerpo de una persona o, en el caso de la ascensión, parezca morir, la conciencia colec­tiva superior tiene una influencia con fuerza suficiente para procurar que no haya accidentes. Aquellos que aban­donen el mundo físico es porque debían abandonarlo. Quienes permanezcan en la Tierra tendrán la responsabili­dad de ayudarse unos a otros para la supervivencia física y la evolución espiritual.
Para el año 2013 todos cuantos permanezcan en la Tierra deben comprender los siguientes cuatro principios evolutivos:


  1. El objetivo del ser humano sobre la Tierra es evolucionar física, emocional, mental y espiritualmen­te.




  1. Todo ser humano posee una Esencia Divina hecha de luz y amor cuya naturaleza es el bien.

  2. El libre albedrío es un derecho universal absoluto; la impecabilidad exige al yo entregar su libre albedrío al arbitrio divino mediante la fe y la confianza.

  3. Lo que existe en la naturaleza es sagrado sin importar el modo en que sirva o satisfaga las necesidades del yo individual.

En esta época todo ser humano vivo recibe estos cua­tro principios espirituales de modo directo o sutil. Es ley planetaria que antes del final de un gran ciclo temporal como el que se da en este momento debe hacerse que cada persona viva recuerde los cuatro principios evolutivos a fin de que los abrace. Algunos recibirán estos mensajes a través de libros como éste, El Retorno de las Tribus del Pájaro, La Profecía Celestial, La Quinta Cosa Sagrada, Mensaje Mutante desde Australia, El Plan Pleyadiano: una nueva cosmología para la Era de Luz, sin descartar otros. Algunos recibirán estos mensajes a través de pelí­culas como Bailando con Lobos, el Pequeño Buda, Mi­sión: Salvar la Tierra y La Selva Esmeralda. [Títulos aportados por la autora, no por Ra.] Otros experimentarán la muerte y volverán tras un cambio a su cuerpo físico, capaces a su vez de producir el cambio en sus seres queri­dos. Muchos recibirán visitas de ángeles, Maestros As­cendidos o la Madre María. Ya se han producido numero­sas informaciones sobre tales visitas en este siglo. El men­saje de la conciencia sagrada evolutiva también se impar­tirá de modo subconsciente a aquellos que vean, lleven o sostengan objetos tales como gemas y cristales. Éstos son sólo unos ejemplos de las maneras en las que el movimien­to planetario imparte las cuatro verdades espirituales.
Vuestro cometido es seguir una vida recta, aprender y practicar la impecabilidad, la oración a fin de conocer el plan divino y vuestro papel dentro de él y vuestra sanación y despejamiento a todos los niveles tanto como sea posi­ble. A un nivel colectivo existen en este momento siete pautas kármicas primarias que precisan trascender y ser despejadas. Las pautas que actualmente se exageran a fin de haceros conscientes de ellas para así transformarlas, son: la arrogancia, la adicción, los prejuicios, el odio, la violencia, la tortura y la vergüenza. Estas siete fuentes de dolor, ilusión y separación aparecen en su orden de desa­rrollo dentro de este anillo solar -empezando en Venus y extendiéndose a Marte, Maldek, y finalmente la Tierra-. Está tan claro por qué han alcanzado su punto más alto en la Tierra que huelga seguir profundizando.
Ya sea la actitud de supremacía de Estados Unidos en el mundo o la actitud de un miembro de la Nueva Era de superioridad frente a seres menos espirituales y conscien­tes, la actitud es la misma: arrogancia. Ya sea un alcohóli­co tirado en las calles de Los Ángeles o una persona obsesionada con su aspecto físico o el cuerpo de su com­pañero o compañera, esta pauta se llama igual: adicción. Ya sea el KKK quemando cruces en el patio de personas negras o una persona espiritual despreciando a un «pale­to», el nombre es el mismo: prejuicio. Ya sean los capita­listas que odian a los comunistas o una persona «política­mente correcta» que odia a los madereros y constructores, la actitud es la misma: odio.
Ya sea Estados Unidos gene­rando guerras en Vietnam o América Central o un progenitor golpeando y degradando a un hijo, la acción aún tiene el mismo nombre: violencia. Ya sean indios, aborí­genes australianos u otros indígenas asesinados y su tierra destruida por los blancos, o sean ardillas y ciervos muer­tos a causa de conductores despistados que van muy de­prisa, el problema es el mismo: tortura. Ya sea Alemania llevando las cicatrices de un Hitler o un pobre sintiéndose indigno a causa de su pobreza, el sentimiento es el mismo: vergüenza. Desde lo evidente a lo más sutil, cada persona debe cumplir individualmente su parte para reconocer y sanar estas pautas. Las expresiones individuales de estos siete puntos kármicos principales varían enormemente. Sin embargo, si se mira de cerca, se ve que la fuente de todo problema hoy en la Tierra es una o más de estas siete pautas kármicas de este anillo solar. Estas pautas están acompañadas por la incapacidad de percibir los cuatro principios evolutivos que deben aprenderse.
[Nota de la autora: las siete pautas kármicas mencio­nadas son comunes a este anillo solar, aunque la lucha contra ellas se desarrolle en la Tierra. También existen siete vicios primarios, o trampas del ego, que son analiza­dos en las enseñanzas de la escuela mistérica inca y son específicas del planeta Tierra. Son: lujuria, pereza, gula, soberbia, ira, envidia y codicia. Según las enseñanzas incas, los humanos deben superar estas trampas del ego antes de alcanzar poder espiritual.]
Para quienes dominéis los niveles de comportamiento y actitud de estas pautas o trabajáis sinceramente con ellas, vuestro próximo paso es el alineamiento consciente con vuestro Yo Superior, la conciencia colectiva supe­rior y ser Uno con la Divinidad. Éste es el objetivo de este libro de ejercicios. Es el deseo de los Emisarios Pleyadianos de Luz ayudar a quienes deseéis prepararos para los cam­bios terrestres, evolucionar y ascender con ese fin. Noso­tros [los pleyadianos] siempre nos hemos presentado cons­cientemente ante seres de este anillo solar durante las épocas de cambio de ciclo evolutivo y ésta no es una excepción. Mirad, cuando empezamos a relacionarnos con grupos e individuos en la Tierra a principios de este siglo, cien años antes del final del ciclo actual de veintiséis mil años, las personas de la Tierra pidieron tener la oportuni­dad de despertar por su cuenta antes de que se produjeran comunicaciones directas a gran escala procedentes de las jerarquías, es decir, los pleyadianos, los Seres de Luz de Sirio, los Emisarios de Luz de Andrómeda, el Ser Supre­mo, el Consejo Superior de los Doce, los Grandes Herma­nos Blancos y otros grupos espirituales más pequeños. Nosotros [los pleyadianos] nos encontramos entre voso­tros en forma corpórea y etérica. Amorah Quan-Yin, Bár­bara Hand Clow y muchos otros transmiten ahora los mensajes, del mismo modo que ellas y otros pleyadianos siempre han hecho al final de otros grandes ciclos evoluti­vos de este planeta.
Tras la destrucción producida por la alteración de los polos y los cambios terrestres al final del último ciclo de veintiséis mil años, quedaron entonces menos de un mi­llón quinientos mil humanos en el planeta. Pueden pare­cer muchos, pero si tenéis en cuenta que se extendían por todo el planeta y que antes de ese momento la población terrestre se acercaba a dos mil millones de personas, el número de humanos supervivientes era pequeño.
Ya existía entonces la conciencia colectiva superior, aunque no se encontraba tan desarrollada en aquel tiem­po, y esta conciencia pidió que se establecieran escuelas mistéricas en el seno de cada grupo cultural del planeta. Todos en la Tierra tendrían la misma oportunidad de apren­der y crecer. A medida que renacían en la Tierra las almas jóvenes cuyos cuerpos habían muerto en los cambios te­rrestres y la población volvía a crecer, las prácticas y enseñanzas espirituales se consolidaron y las maneras de vivir se llenaron con la evolución y el despertar espiritua­les. Incluso hoy existen grupos indios americanos y ma­yas cuyo historial de prácticas espirituales se remonta aproximadamente a veinticinco mil años. No es casualidad. Los maestros pleyadianos, los de Sirio y los de An­drómeda tomaron cuerpo físico, contribuyendo así a orga­nizar varias civilizaciones, tales como las de Machu Picchu, Egipto e incluso la Atlántida. Lemuria había perdido la mayor parte de su masa terrestre y su población, pero los templos y enseñanzas de iniciación se mantuvieron a sal­vo en los territorios que quedaron en Hawai y el monte Shasta, en California.
En cada lugar se fundaron escuelas mistéricas, aunque la información y las prácticas eran a menudo coinciden­tes. La orden de Melquisedec y los Templos de Alorah se establecieron en la Atlántida. Aunque el uso de cristales, extendido en épocas anteriores, se había perdido, resurgió para la sanación y las comunicaciones multidimensionales. Thoth llevó la iniciación y conciencia solares a Egipto, junto con avanzadas técnicas espirituales como la telepor­tación, la telequinesia y el viaje a través de las dimensiones y más allá del tiempo y del espacio. Durante este período se construyó la Gran Pirámide con el propósito de recibir y transmitir códigos e iniciaciones solares para la gente de Egipto y el planeta entero. En todas las culturas se impartió la técnica de los sueños sagrados, evolucio­nando hacia prácticas chamánicas, sanación mediante el sueño y otros modos de viajar y comunicarse a través de las dimensiones.
Los pleyadianos y los seres de Sirio y Andrómeda, que enseñaban y contribuían en el establecimiento de las escuelas mistéricas, viajaban a menudo de una dimensión a otra.
Muchos de ellos se especializaron en la materiali­zación y desmaterialización de su cuerpo de luz, actuando de intermediarios de los seres terrestres, las civilizaciones subterráneas y la multitud de naves de luz situadas alrede­dor del planeta en aquel tiempo. Mientras las almas jóve­nes y menos evolucionadas empezaban a reencarnarse hace alrededor de veinticinco mil años, los maestros de dimen­siones superiores continuaron su relación con los huma­nos durante otros doscientos cincuenta años a fin de cola­borar en la transición hacia civilizaciones de muchos ni­veles de evolución del alma y orígenes galácticos diferen­tes.
Algunos humanos apenas habían evolucionado, muy poco más allá del comportamiento instintivo y de supervi­vencia. Su próximo paso evolutivo era nacer de progenitores más evolucionados, contraer nupcias con seres más evolucionados y, de este modo, extender su nivel de conciencia. Muchos pleyadianos aceptaron la misión de ser guías permanentes de estas almas jóvenes en las primeras fases de esta mezcla; algunos pleyadianos incluso adopta­ron vidas humanas apareándose con humanos a fin de despejar las pautas genéticas y despertar el deseo urgente de evolución espiritual. A veces este proceso se denomina «siembra estelar».
Todo se hacía en respuesta a peticiones o acuerdos con la conciencia colectiva superior de los moradores de la Tierra. Los seres terrestres pidieron fundar sus propias escuelas mistéricas y de iniciación supradimensional tras su propia evolución, iluminación y permanencia en las dimensiones superiores que rodean la Tierra a fin de ayu­dar a los humanos. Los Grandes Hermanos Blancos exis­tían ya desde hace casi quince mil años, cuando se produ­jo un despertar simultáneo en grupo de más de mil huma­nos procedentes de varias culturas terrestres. Estos mil decidieron por unanimidad establecerse como Grandes Hermanos Blancos, una orden que entonces se llamaba De la Gran Luz Blanca, a fin de establecer las bases de la iluminación y trascendencia espirituales sobre la Tierra.
Algunos miembros de esta orden bodhisattva decidie­ron someterse a reencarnaciones periódicas en calidad de Maestros Ascendidos. Nacían físicamente de progenitores espirituales y solían recibir una nueva iluminación a los 21 años. En ese punto recordaban sus vidas pasadas, su ascensión y su propósito espiritual. Estos bodhisattvas reencarnados eran maestros excelentes y poderosos debi­do al hecho de que sentían con la gente de la Tierra una afinidad más natural que aquellos que no habían sido nunca humanos. Había veces en que estos maestros as­cendidos nacían -y aún nacen hoy- dentro de familias compuestas por almas jóvenes con varios grados de daño genético y pautas kármicas. Estos bodhisattvas aceptaron la responsabilidad de transformar, transmutar y trascender las energías inferiores a fin de crear «mapas» etéricos y de conciencia que otros pudieran seguir; han sido y son los adelantados evolutivos.
Las jerarquías aceptaron ampliar la orden de la Gran Luz Blanca para incluir en ella a humanos iluminados y ascendidos para desempeñar estos papeles: el Oficio del Cristo; Buda; la Orden de Merlín; puestos de Diosa como los de la Santa Madre ocupado ahora por Quan Yin y la Madre María; kachinas, maestros y guías locales. Antes del comienzo del ciclo actual de veintiséis mil años, los oficios supradimensionales, los guías, maestros y líderes espirituales planetarios habían sido sobre todo Seres de Luz de las Pléyades, Sirio y Andrómeda. Ahora la pobla­ción desarrollaba un número suficiente de sus propios se­res iluminados y ascendidos para establecer sus propios guías y escuelas mistéricas.
Al comienzo de este ciclo de veintiséis mil años tam­bién se pidió que, excepto en momentos cíclicos y evolu­tivos cruciales, la guía y las enseñanzas superiores vinie­ran de aquellos iluminados que se hubieran encarnado alguna vez en cuerpos humanos. La población de la Tierra debía evolucionar hasta el punto de ser capaz de comuni­carse por su cuenta con las dimensiones superiores y los sistemas solares. Fue entonces cuando aparecieron las en­señanzas Ka. Cada persona necesitaba comprender el modo de alcanzar las distintas metas espirituales para así llegar a constituir una raza de maestros en la Tierra. En sus ense­ñanzas los pleyadianos les hablaron de su Yo Superior, del Ka a través del cual podrían establecer contacto per­manente con el Yo Superior, las dimensiones superiores y los sistemas solares. Mediante una vida recta, la evolu­ción, la meditación, la oración y el dominio de la conciencia, podían lograr el alineamiento con su Yo Superior.
Mediante el despertar del Ka Divino, podían fusionar el Yo Superior con el cuerpo físico, personificando así su presencia de Maestro Divino o Yo de Cristo. Habría un período que precedía a la iluminación plena durante el cual se completaba su transmutación genética como resul­tado del fluir de la energía Ka a través de los canales Ka y los circuitos menores para penetrar en su cuerpo astral y en el sistema nervioso, el sistema glandular y el sistema de meridianos eléctricos del cuerpo físico, tales como los utilizados en acupuntura y Shiatsu.
Durante los siguientes cinco mil doscientos años, va­rios miles de personas iniciadas en los Templos Ka de Egipto y de la Atlántida recibieron la iluminación y mu­chos de ellos alcanzaron el nivel siguiente, la conciencia de Cristo. Algunos decidieron permanecer en la Tierra, viviendo más de dos mil años en el mismo cuerpo a través del mantenimiento de los Canales Ka y las prácticas espi­rituales. Ese mismo período de cinco mil doscientos años también alumbró otros caminos hacia la iluminación que resultaron efectivos para los humanos más evolucionados del planeta que estuvieran dispuestos a emprenderlos.
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