Manual de ejercicios pleyadianos




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Al final de esos cinco mil doscientos años se produjo un gran terremoto que destruyó la mayor parte de los templos de Lemuria y la mitad de la masa de tierra de la Atlántida. Aquellos miembros de la raza lemuria que se quedaron en la Tierra decidieron establecerse de nuevo en una cultura subterránea bajo el monte Shasta. Unos pocos lemurios se integraron en tribus indias americanas, ha­waianas y tibetanas, convirtiéndose posteriormente en ma­yas, incas y budistas.
Estos antiguos seres de Lemuria ejercieron de líderes y maestros espirituales dentro de aquellas culturas. Los atlantes supervivientes contaban aún con número suficiente para continuar su cultura. En cali­dad de conciencia de grupo pidieron la reencarnación del ser cuyo nombre terrestre era Thoth para restablecer entre su gente las antiguas enseñanzas que habían perdido a causa de los terremotos. Thoth, que era miembro Ra de las Tribus Arcangélicas Pleyadianas, respondió a sus peti­ciones generando un cuerpo físico. Se convirtió en líder espiritual de la Atlántida.
Poco después de la llegada de Thoth a la Atlántida se produjo una gran brecha dentro del continuo espacio-tem­poral de la atmósfera terrestre durante el cual llegó a la Tierra un grupo de seres que venían de invadir Orión desde el sistema de Lira. Era Lucifer quien los guiaba, haciendo posible la creación de la brecha y la penetración posterior. Lo consiguieron mediante unas transmisiones intensas de alta frecuencia desde el exterior del anillo solar hasta la atmósfera terrestre, seguidas del paso inme­diato de una nave a través de la brecha así creada. Los seres de Orion o liranos, con la ayuda de Lucifer, domina­ban la técnica del viaje que prescindía del tiempo y el espacio, mediante el cual podían proyectarse a través de la brecha transcurridos pocos segundos a partir de su crea­ción sin que nada pudiera detenerlos.
El momento de su contacto con la Tierra era inevitable debido a las conexio­nes kármicas entre los liranos, Lucifer y algunos humanos de la Tierra. Tal como lo tenían previsto, aterrizaron en la Atlántida, porque era el lugar que mejor serviría a su propósito. Comenzaron inmediatamente a adoctrinar a los atlantes con su conocimiento y tecnología «superiores». Los atlantes se enorgullecían de ser en ese momento la raza más evolucionada de la Tierra y siempre buscaban extender su dominio a nuevas áreas. Los liranos los mani­pularon prometiéndoles poder, tecnología e influencia ili­mitados y demostrándoles la «superioridad» lirana a tra­vés de la tecnología, el control psíquico y la inteligencia. Prometieron transmitir esa capacidad a los atlantes si aco­gían en su seno a los liranos y les permitían integrarse en su cultura. Muchos atlantes desconfiaron de los liranos desde el principio y percibieron la trampa espiritual que se les tendía. Otros, más crédulos y hambrientos de poder y supremacía, acogieron abiertamente a los liranos.
Durante los diez mil años siguientes, la Atlántida que­dó dividida en dos grupos de población distintos: uno, que incluía a los liranos y destacaba tecnológicamente, y aquel que conservó la pureza y dedicación espirituales. Los Templos de Melquisedec sufrieron la proliferación y la influencia de los invasores controladores y manipula­dores. Se formó un grupo llamado los Túnicas Grises, después llamado los Túnicas Negras. Se centraron en el desarrollo del poder psíquico y la magia negra. Algunos sacerdotes de Melquisedec conservaron la pureza, pero no fue así para la mayoría. En aquel tiempo existían en la Atlántida los Templos de Alorah, que albergaban órdenes de sacerdotisas de la Diosa, cuyas enseñanzas venían de la novena dimensión a través de un orden jerárquico llama­do el Consejo de los Nueve. Estas enseñanzas escaparon a la subversión de los liranos y Lucifer. Las sacerdotisas, desafiantes, desaconsejaron abiertamente toda relación con los Hermanos Oscuros, como también se los denominaba.
En principio, los atlantes que deseaban practicar las artes de la magia y la alquimia recibían primero una formación espiritual para que aprendieran el uso recto de los pode­res. Sin embargo, el protocolo espiritual acabó diluyéndo­se y se extendió el estudio del poder psíquico y la magia negra. Lucifer siempre permanecía invisible, aunque cons­tituía una importante influencia subconsciente. Controla­ba a los Hermanos Oscuros de Lira y era capaz de poseer el cuerpo de Hermanos Oscuros en cualquier momento para comunicarse con ellos o con otros atlantes a través de ellos. Lucifer utilizaba a menudo este medio de llegar a la gente. Su propósito era minar la confianza de los atlantes en las fuerzas de la luz que gobernaban el planeta y el ani­llo solar; en último término, esperaba hacerse con el con­trol en calidad de Ser Supremo de la Tierra.
Lucifer y los Hermanos Oscuros se introdujeron en la conciencia de muchos varones terrestres, vulnerables al control psíquico debido a su propio deseo oculto de control y dominación, en especial sobre las mujeres. Se creó un plano astral subterráneo, así como una serie de mora­das y terrenos ceremoniales subterráneos donde la conciencia colectiva inferior de los Hermanos Oscuros esta­bleció su territorio, enviando ondas de energía y mensajes Subliminales que, atravesando la Tierra, llegaban al mun­do de superficie. Esta conciencia colectiva era, y aún es, lo que llamáis «Satán». Fue creada mediante la fusión de conciencias inferiores de los Hermanos Oscuros. Esta fuerza satánica tiene la capacidad de operar como si fuera una gran entidad única.
Cuanto más crecía esta conciencia colectiva y mayores eran la supremacía y el control que imponían sobre la Diosa, la Tierra, vuestro anillo solar y la Divinidad, más poder tenía esta fuerza oscura para generar su propio crecimiento continuo. La polariza­ción de la oscuridad y la luz se hizo rápidamente más intensa en la Tierra al recibir la mente subconsciente de los humanos el bombardeo de imágenes y pensamientos negativos de desconfianza en Dios y en el Plan Divino, la inferioridad de las mujeres y la superioridad del ámbito mental sobre los ámbitos emocional y espiritual.
Tecnología y magia negra crecieron hasta alcanzar pro­porciones jamás vistas sobre la Tierra. Los templos de Luz fueron cada vez más el lugar de las mujeres, mientras que los templos de Oscuridad fueron cada vez más el lugar de los varones. Naturalmente, esta división no era absoluta, pero era cierta en términos generales. Hacia el fin de la era Atlante diez mil años tras la llegada de Lucifer y los liranos- el caos y el miedo corrían libres por esa civilización. La competencia por el control y la supremacía era la actitud general en la Atlántida, e incluso en el seno de los Templos de Alorah prevalecían el miedo y el secreto.
Antes del fin de la Atlántida se dio aviso a los jefes de las órdenes y templos que aún poseían la Luz, aconse­jándoseles dispersar sus enseñanzas por el globo. Pasaría mucho tiempo antes de que la totalidad del conocimiento superior pudiera concentrarse en un solo lugar debido a la influencia satánica sobre las mentes de la Tierra. Aban­donaron la Atlántida pequeños grupos de personas forma­das en todas las áreas del desarrollo espiritual. Se llevaron consigo muchos cristales que contenían información pro­cedente de los Anales Acásicos, canalizada y programada en ellos por el Consejo de la Verdad. Uno de los cristales que se llevaron a Grecia las grandes sacerdotisas de los templos de Alorah fue tallado con la forma del cráneo de Thoth, ser que había dejado la Atlántida hacía casi nueve mil años. El cráneo de cristal quedó enterrado bajo el templo del Oráculo de Delfos fundado por este grupo de sacerdotisas- y sirvió para proteger el templo de los mensajes subliminales oscuros y las ondas de energía pro­cedentes de puntos situados bajo la superficie de la Tierra. ya que este templo no podía recibir contaminación psí­quica, los Hermanos Oscuros, bajo el nombre de «Guerre­ros de Zeus», acabaron encerrando y matando a las sacer­dotisas, reclamando el templo para el patriarca de sus dioses.
Otros grupos se llevaron cristales y enseñanzas a Amé­rica Central, Europa Occidental, el Himalaya, el Sur de África, Asia Oriental, Australia, Sudamérica y Egipto. (Las tribus indígenas del norte de América se encontraban en­tonces en una fase evolutiva singular y la infiltración de los atlantes era inadecuada.) El grupo más numeroso, com­puesto de hombres y mujeres, marchó a Egipto siguiendo las instrucciones del Consejo de los Nueve. Todos los grupos contaban con personas intensamente dedicadas a preservar la verdad divina que es Luz y pasaron el resto de su vida estableciendo templos y enseñanzas iniciáticas en las distintas regiones. El hecho de que el mayor asenta­miento tuviera lugar en Egipto se debió principalmente a la existencia de la Gran Pirámide; siempre había conteni­do, y aún contiene hoy día, las vibraciones de la verdad divina y el código evolutivo solar.
Se construyeron después muchas pirámides en Egipto, así como en otros lugares. Debían ser construidas sobre grandes cristales que contenían Anales Acásicos, coloca­dos en varias formas geométricas que retendrían la luz e impedirían la entrada de vibraciones de densidad inferior. Los liranos y sus esclavos habían construido varias pirámides en la Atlántida con el propósito de distorsionar y controlar los códigos del Sol. Pero todas ellas se hundie­ron bajo el Océano Atlántico o estallaron cuando la Atlántida quedó destruida.
La destrucción final de la Atlántida fue causada princi­palmente por una transmisión subterránea de ondas de sonido tan intenso que creó una explosión sónica bajo la superficie terrestre. Su intención era deshacer las pautas de frecuencia superior de luz de los templos sagrados que aún permanecían de pie e inundar estos templos con las energías de la magia negra y el control satánico de los Hermanos Oscuros. En lugar de ello, la explosión sónica fue tan poderosa que rebotó hacia su propia fuente, rever­berando en los centros de energía nuclear y cristalina que alimentaban el generador de sonido. Esto provocó una gran explosión, seguida de una reacción en cadena en otros generadores subterráneos de energía que acabó cau­sando terremotos como nunca habían ocurrido en la Tie­rra. (Y que desde entonces no han vuelto a ocurrir.) Mu­chas de las pirámides estallaron literalmente en pedazos, mientras que otras permanecieron intactas. Los grandes cambios terrestres continuaron durante dos meses más hasta que el último trozo de la Atlántida acabó descansan­do en el fondo del mar.
Para entonces, aquellos que se habían marchado con el fin de restablecer el orden espiritual en otros puntos, estaban fuera de peligro y consiguieron alcanzar su destino. Unos pocos grupos de los que intentaron la marcha no estaban lo bastante lejos y fueron barridos por olas gigan­tescas provocadas por las explosiones. Esta destrucción final de la Atlántida tuvo lugar hace unos diez mil cuatro­cientos años.
Lucifer reunió a los liranos en los planos astrales y comenzó a planear su próximo paso. Los liranos decidie­ron permanecer en los planos astrales dentro de la atmósfera terrestre y en los ámbitos satánicos subterráneos para aumentar su influencia sobre la mente subconsciente de los terrestres. Como resultado, las guerras tribales y los conflictos territoriales comenzaron a darse cada vez más a menudo en vuestro planeta. Muchos pueblos indígenas, entre ellos indios americanos, africanos, europeos y de América Central y del Sur se dividieron en tribus que en el pasado formaron parte de una extensa hermandad. Las luchas por la Tierra, las disputas sobre los derechos del agua y los minerales, las diferencias espirituales y una desconfianza inexplicable se convirtieron en razones para el movimiento de segregación. En otras zonas la llegada de los atlantes espirituales acercó más a las personas, y la evolución de estas culturas se aceleró. Los mensajes sub­liminales de la supremacía del patriarcado se introducían cada vez más en el ámbito subconsciente, pero algunos grupos fueron capaces, con la ayuda de los atlantes o de sus propios líderes espirituales evolucionados, de resistir las presiones y mentiras presentadas por las formas de pensamiento psíquicas negativas. Se crearon estructuras como la de Stonehenge y ruedas medicinales para detener las energías astrales negativas y crear espacios seguros en los que poder celebrar ceremonias y otras reuniones.
Durante casi cinco mil años prosperaron los templos de la Diosa en muchas de las nuevas tierras atlantes. Los templos de varones y mujeres ofrecían y guardaban por igual las enseñanzas sagradas de Melquisedec, Thoth y Alorah; también extendían sus enseñanzas a la inclusión de los arquetipos divinos y prácticas espirituales locales. Las enseñanzas sobre los papeles masculino y femenino, la iniciación espiritual, los templos Ka y las prácticas de sanación y evolución espirituales crecieron en Egipto, Gre­cia y partes de América Central y del Sur. No todas las tribus en otros lugares quedaron afectadas por la polución astral; algunas permanecieron puras y humildes. Pero una polarización de la luz y la oscuridad iba creciendo.
Hace unos cinco mil años los liranos y sus compañe­ros, convertidos en Hermanos Oscuros, empezaron a reen­carnarse en varios puntos del mundo. Su objetivo principal era introducirse en las áreas ocupadas por las culturas más avanzadas espiritualmente y provocar guerra y des­trucción contra ellas. Aunque este hecho tuvo lugar poco a poco, el planeta sufrió muchas alteraciones en las fuer­zas que lo gobernaban. Se sucedieron ciclos de luz y oscuridad en Egipto, Grecia, Europa y América Central.

Los Hermanos Oscuros mataron, destruyeron, violaron y establecieron su mando; después, las fuerzas de Luz se rebelaban y los derrocaban. Este ciclo se sucedió repetida­mente.
La Tierra en conjunto siempre se ha mantenido alinea­da con la Luz, el Ser Supremo -también llamado espíritu del Ser Uno- y el Consejo Superior de los Doce. Sin embargo, la población terrestre ha sufrido muchos cam­bios con respecto al equilibrio de poder. Es curioso seña­lar que la mayoría de la población terrestre siempre ha creído en el amor y la bondad, pero han sido débiles e ineficaces contra la intimidación por parte de fuerzas gu­bernamentales y religiosas que operan buscando el con­trol. La población terrestre en su mayor parte se ha senti­do incapaz, durante mucho tiempo, de influir sobre las clases dominantes; ésta es la paradoja terrestre más gran­de. Una razón para el miedo y la impotencia es el control astral que Lucifer, los liranos y los Nibiruanos o Anunnaki ejercen sobre la cuarta y quinta dimensiones.
[Nota de la autora: esto se explica en profundidad en el libro de Bárbara Hand Clow, El Plan Pleyadiano].
Lo que es importante que sepáis en este momento es que tenéis el poder y la capacidad de liberaros del control psíquico de estos seres astrales. La información y los procedimientos descritos en este manual os guiarán y os ayu­darán a este fin.
Cuando ciertos grupos se establecieron en la Tierra hace unos ciento cincuenta mil años, se celebró una gran reunión de la conciencia colectiva incluyendo a los pleyadianos, los andromedanos, los guías etéricos y los rei­nos dévicos. Se decidió la creación de una estructura je­rárquica que permitiera albergar tanta confianza y seguri­dad como fuera posible. La razón de esto se ha de buscar en experiencias pasadas entre los recién llegados a la Tie­rra, incluyendo la traición de miembros de ámbitos supe­riores y una duda sobre el propio potencial profundamen­te asentada. La duda fue lo que impulsó principalmente al grupo a exigir un liderazgo. Los nuevos moradores de la Tierra no confiaban en sus propias decisiones ni en su soberanía. Las jerarquías respondieron a la petición acor­dando que, cuando llegara el momento de designar a un Ser Supremo para vuestro planeta, existiría a su vez una estructura descendente de autoridad espiritual con el po­der de anular cualquier decisión tomada por el Ser Supre­mo. La estructura más inmediata bajo el Ser Supremo sería el Consejo Superior de los Doce.
Éste se compon­dría de cuatro delegados de las Pléyades, cuatro de Sirio y cuatro de la vecina galaxia de Andrómeda. Todos los miembros serían Seres de Luz altamente evolucionados. Si el Consejo Superior de los Doce no estaba de acuerdo por unanimidad con una orden del Ser Supremo, la deci­sión en cuestión quedaría anulada. De este modo, la po­blación de la Tierra sabría, al menos inconscientemente, que era imposible la corrupción en el seno de la jerarquía espiritual. La estructura del Consejo Superior contaría in­cluso con un doble sistema de seguridad: al menos dos miembros de origen distinto serían responsables de cada área de autoridad en el ámbito inmediatamente inferior. Por ejemplo, en el área de dar instrucciones y supervisar el trabajo de los Ángeles Sanadores, un pleyadiano y un andromedano tendrían las mismas responsabilidades y nin­guno de ellos podría hacer nada sin el consentimiento del otro. Este tipo de estructura aún existe en todos los oficios y grupos de las dimensiones superiores.
La creencia planetaria en la necesidad de que las auto­ridades gobiernen y tomen las decisiones importantes por vosotros debe ser despejada. Estáis listos para convertiros en seres soberanos con responsabilidad plena. La exis­tencia de tanta corrupción en los gobiernos es producto de la falta de confianza en uno mismo y en los demás que aún existe en la Tierra. A medida que se desarrolle la Era de Luz, también llamada la Era de la Iluminación, más importancia tendrá cada vez la necesidad de poner fin a los sistemas patriarcales de gobierno y a devolver el poder real al pueblo. Aquellos que no sean capaces de aceptar esta responsabilidad sin dañar a los demás no serán una amenaza en el seno de un proceso de toma colectiva de decisiones. Aquellos que presidan las sesiones no serán elegidos. Los papeles de moderador, comunicador y cual­quier otro que haga falta, rotarán entre los miembros dis­puestos a cumplir esas funciones. De este modo, ni una persona ni un pequeño grupo podrá ganar autoridad sobre los demás.
[Nota de la autora: En La Quinta Cosa Sagrada, de Starhawk se ofrece un modelo utópico maravilloso que es de verdad «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo»].
Lo que hace falta en este momento es que la población terrestre encuentre la valentía espiritual para exigir lo que quiere. Naturalmente, muchos ciudadanos terrestres de buena voluntad han caído en la maraña que supone la lucha por la supervivencia y han olvidado los ideales espirituales. Sin embargo, la mayoría de los humanos com­prenden la moral básica y desean amor. Esto da en este momento a la Tierra una oportunidad tremenda para un gran salto espiritual. La conciencia colectiva superior de todos los seres humanos de la Tierra ha pedido la oportu­nidad de producir algo que nunca se ha dado antes: la ascensión planetaria. Si esto se da, la Tierra y toda su gente avanzarán juntos hacia la conciencia de la cuarta y la quinta dimensiones, separando su conciencia comple­tamente de los planos astrales de control satánico.
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