Los lenguajes culturales en las urbes




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LOS LENGUAJES CULTURALES EN LAS URBES

1. El lenguaje racional (verbal)

Entre muchos agentes de pastoral — clérigos y laicos comprometidos—, el único lenguaje que es reconocido como ‘correcto e inteligente’ es el lenguaje verbal, fruto de la razón. Se cree que es el único camino para llegar a la verdad. Se admira a la gente que habla bien, que se expresa con elegancia, que predica bonitas homilías e hilvana ideas en forma lógica y precisa; que escribe libros en los que se encuentran doctrinas, conceptos, metarelatos. Estas personas tienen en alta estima los libros, las bibliotecas, seguir una formación sistemática de la doctrina teológica y lograr algún diploma que acredite esta formación académica. El estudio es para ellos el medio como logran tales conocimientos; creen que entre más estudien, llegarán a ser mejores discípulos-misioneros. Valoran pues el momento racional de la inteligencia. Para éstos, por el contrario, la experiencia, los modos de percepción, lo sensorial, es lo oscuro.

El lugar donde esta forma de ‘hablar’ es estimada y practicada es Europa. Concretamente, en Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Holanda y España por nombrar algunos países. Sus universidades, en donde se cultiva el pensamiento racional, tienen prestigio internacional. Ciudadanos de otros continentes, incluidos los clérigos, van a estas universidades ‘a estudiar’ y ‘a aprender’, a lograr lo que en sus propios países no existe. Se les conoce como ‘pueblos cultos’. Se valora la manera como han desarrollado la filosofía, el derecho, la teología, en una palabra, el pensamiento. Su manera de ser-académico se propone, al menos en la Iglesia latinoamericana, como el ejemplo al que se debe aspirar.

En el siglo XIX se creía que todos los pueblos de la tierra tenían que civilizarse aprendiendo la cultura de estos pueblos europeos. Quien no era como ellos, era considerado como gente inculta, ‘salvaje’, atrasada. De ahí que se sentían con derecho a imponer su cultura como la mejor para civilizar a los pueblos atrasados, y así llegara a ser la cultura dominante y mundial.

Esta situación ha traído, entre otras muchas consecuencias, que los clérigos y laicos instruidos desprecien, o no tomen en cuenta en el mejor de los casos, otros tipos de lenguajes, como es el lenguaje más ‘hablado’ por la mayoría de los bautizados latinoamericanos y caribeños que es el lenguaje mítico simbólico, que en nuestra Iglesia se le conoce como Religiosidad Popular y recientemente como Piedad Popular. Algo semejante sucede con las ramificaciones e hibridaciones de este lenguaje, que también brotan del momento sentiente de la inteligencia humana, como es el caso de los lenguajes corporales, tanto del cuidado o curación del mismo y de su psiqué, —rituales pentecostales y de sanación— como de su optimización, conocida con el nombre de ‘nuevos lenguajes’, que la Iglesia ve con suspicacia y aún rechaza.

2. Lenguaje científico

Volviendo al lenguaje racional: hay que reconocer que mientras dicho lenguaje produjo, gracias a los retos planteados por la misma evolución del ser humano, nuevos lenguajes como es el caso del lenguaje científico y el tecnológico, la Iglesia siguió razonando sobre problemas del pasado, sobre el destino original y final del hombre y la explicación última del cosmos, sirviéndose de una estructura de raciocinio, conocida como escolástica. Este hecho, para decirlo en forma sencilla, le impidió dar el paso a encarar los nuevos lenguajes, incluido el científico, también llamado moderno, quedándose la Iglesia católica, en gran parte de su pensar racional, en una etapa pre-moderna.

La evolución del pensamiento moderno obliga a inventar nuevas disciplinas; a su vez, el giro antropocentrista centra su atención en el estudio del ser humano; esto lleva a que se acreciente la importancia de las ciencias sociales y humanas, —sociología, psicología, antropología, economía, política, por poner algunos ejemplos—. La Iglesia por su lado, con muy contadas excepciones, continúa con sus planteamientos universales, reclamando para la metafísica, la lógica, la cosmología, el valor de ciencias.

El choque de estos dos sistemas de pensamiento racional, uno proyectado al pasado y otro al futuro, no se hizo esperar. Así, se llega a la ruptura que hoy se resume en la frase de Pablo VI: ‘el gran problema de nuestro tiempo es la ruptura entre la fe y la cultura’.

El magisterio católico no sólo desconfía, a finales del s. XIX y principios del XX, de los sistemas nacidos de las nuevas disciplinas sociales, —el liberalismo, el marxismo, el socialismo, el pensamiento Mao Tse Tung—, sino aún de disciplinas humanas como el darwinismo, el freudismo, llegando aún a condenar algunos de ellos.

3. Lenguaje técnico

El pensamiento moderno por su parte, ‘envalentonado’, se autoproclama solución de la existencia humana, del dolor, de la enfermedad, del hambre, de las pugnas entre las naciones, del desarrollo, en una palabra, gestor del progreso. El lenguaje entonces da un paso más, al ser aplicado en forma más radical, a los distintos ámbitos de la existencia humana. La ciencia se desplaza así al laboratorio. Ya no es ni el libro ni la biblioteca, sino el laboratorio donde se comprobará la verdad de las cosas. Ahí nace un nuevo lenguaje que todo mundo desea ‘hablar’, la tecnología. La técnica es el nuevo motor del progreso. Pensar la experiencia es el acceso a la irrupción en la historia con las masas y la técnica. Es la racionalidad de la técnica que poco a poco se convierte en racionalidad del dominio mismo. Se engarzan entonces la máquina y el laboratorio en favor de la medicina, de la química, de la biología, de la física, de la botánica, de la zoología, de la mecánica, generando las más variadas disciplinas: imagenología, microbiología, química atómica, parasitología, aereodinámica, genética, zootecnia…Si la industria es signo sobresaliente de esta cultura, no debe olvidarse el acercamiento que tuvieron las bellas artes a las masas, gracias a la técnica fotográfica y cinematográfica. “Las masas, con la ayuda de las técnicas, hasta las cosas más lejanas y más sagradas, las sienten cerca. Y ese ‘sentir’, y esa experiencia, tiene un contenido de exigencias igualitarias que son energía presente en la masa” (Barbero, Jesús-Martín, De los medios a las mediaciones, Anthropos-UAM, Barcelona, 6ª. ed. 2010). Con todo, las naciones industrializadas son consideradas progresistas.

La nación que mejor ‘habla’ este lenguaje tecnológico, con la dinámica del dominio propia de este ‘lenguaje’, impone leyes, controlando y manteniendo en secreto instrumentos tecnológicos de los que se desprenden las nuevas asunciones como el ser humano se concibe ahora a sí mismo.

El espionaje es la nueva forma de ‘robar lenguajes tecnológicos’ en función de lograr el poder sobre todos los demás. En Europa central, concretamente en Alemania, cuna del lenguaje racional, del moderno y de los lenguajes que de él brotaron, se gesta el deseo de ‘dominar el mundo’, consciente de la tecnología bélica de punta, de la que se siente única poseedora.

¡Paradojas de la vida!, la guerra es la situación que propicia el rápido avance de la tecnología: al mismo tiempo que inventa técnicas de destrucción, inventa tecnología reconstructora. Por poner algunos ejemplos: inventa bombas teledirigidas que destruyen ciudades y multitudes y a su vez antibióticos y material para construcción de viviendas en serie; hornos y venenos para asesinar en masa, y técnicas para ‘revivir’ muertos; pertrechos militares y estructuras de diálogo entre las naciones…

La guerra sirve —¡y seguimos con las paradojas!— para poner bases de lo que se llamará ‘primavera de la Iglesia católica’, ya que, al encontrarse en los campos de concentración alemanes, prisioneros judíos, católicos y protestantes, con el mismo destino: morir; con el mismo libro: la Biblia; con los mismo ritos solidarios; y el imperativo de encontrar un sentido en medio del sinsentido, se crean condiciones para que afloren después del final de la segunda guerra mundial, el movimiento ecuménico, el bíblico y el litúrgico; y el aumento de vocaciones presbiterales y religiosas.

Así pues, a los mismos instrumentos destructivos —armas, gases, submarinos, torpedos, venenos, hornos crematorios, bombas higiénicas…— se les llama tecnología. Aparece así el homo technicus, producto del homo rationalis y del homo cientificus. Este hombre racional-científico, considerado como el homo idealis, se muestra ante el mundo como un hombre insensible ante el dolor, el sufrimiento y la muerte provocada; más aún como alguien que goza en el exterminio cruel de seres humanos —más de 50 millones de personas son asesinadas durante las guerras mundiales, 5 millones de judíos, 500 000 gitanos y otros tantos con síndromes degenerativos, son exterminados—. Ningún ser humano en la historia había llegado a estos números y a tal crueldad. Este holocausto irracional queda grabado en el sentir humano.

4. El cambio de época

No pocos años después de terminada la guerra (1946) empieza a aflorar en el mundo, sin que los seres humanos lo hubieran acordado, una desilusión de su razón. Los hombres de razón habían llegado a ser los hombres sin-razón. Filósofos, músicos, literatos, políticos, sociólogos, teólogos, científicos, sabios, que eran los máximos exponentes del pensamiento racional y lógico, estaban implicados en este holocausto. El desencanto de la razón dejaba al ser humano ‘colgado’ de la nada, del sinsentido, del caos. “Empieza entonces el desencantamiento del mundo. En la últimas décadas el desencantamiento y la falta de fe se han desdibujado y nos encontramos en ‘un agotamiento’ histórico de las ideologías y las utopías sociales” (Horsfield, Meter, Hess, Mary, Medrano, Adán M., Henríquez, Juan Carlos, Medios y Creencias. Perspectivas culturales mediáticas del cristianismo en el entorno mediático (eds. académicos), UIA y Plaza y Valdés editores, México, 2007, p. 24).

La desilusión de la confianza absoluta en la razón y la evidencia de que en lugar de bienestar hubo ‘progreso’ destructor y mortal, con el consecuente vacío de sentido, crean un terreno propicio para un renacimiento religioso, como de hecho esta sucediendo. La religión, el mito, el símbolo, el misterio, la magia vuelven a ser, a partir de los 80’s del siglo pasado, un tema importante. Cada día crece el convencimiento entre los antropólogos sociales latinoamericanos de que el núcleo y el culmen de la cultura es la religión. Las ciencias humanas, que partieron por décadas del presupuesto del ‘el yo-sin-Dios’ en sus planteamientos, vuelven a integrar o a Dios, o al Misterio, a lo Numinoso, o lo Divino. Lo lamentable es que pocos sienten que las religiones institucionalizadas, como la Iglesia católica, es respuesta.

Los antiguos paradigmas parecen rebasados, más aún, insulsos. El progreso prometido por la Modernidad parece llegar a su fin, con calificaciones muy bajas. El ser humano, en distintas partes del mundo, sin ponerse de acuerdo y sin todavía reflexionar, empieza a vivir de otra manera: las nuevas generaciones parecen tener otra pasta humana. Nuevos sujetos, que no se parecen a los anteriores, descontrolan la lógica de lo que se valoraba como buen comportamiento humano. Los pensadores empiezan a reconocer la aparición de un nuevo paradigma, que ya es posterior y distinto al moderno. Se habla entonces de una Post-modernidad. No pocos rechazan este calificativo; prefieren afirmar que es la misma Modernidad, tan sólo en un impasse; le llaman entonces Trans-modernidad e Hiper-modernidad. Algo sin embargo admiten todos: nos encontramos en un momento en que no sirven del todo las matrices del pensamiento moderno y aún no se dilucida la nueva matriz adveniente. Y en todo vacío de pensamiento, se da el desorden y si perdura, como parece, los focos de un caos se encienden. Esto lo prueban las juventudes y las adolescencias contemporáneas.

El ser humano no puede vivir mucho tiempo sin asidero; no puede vivir sin una cosmovisión que de le de sentido y le ordene su existencia. No es posible vivir en un vacío existencial. De ahí que las nuevas generaciones —juventudes y adolescencias— tienden a asirse de algo que, estando en ellos mismos, no sea la razón. Dan entonces el paso a asirse de lo único que les queda, que es el cuerpo, símbolo de todos los símbolos.

5. El lenguaje corporal

El cuerpo humano se ‘empoderiza’ y la razón se ‘desvaloriza’. Todo aquello que es propio del cuerpo humano —los cinco sentidos, el sentido común, el sentir, la emoción, la imagen y el imaginario, que también son parte de la inteligencia sentiente—, es el nuevo asidero del hombre y de la mujer contemporáneos. Éstos descubren el cuerpo ya no como objeto, sino como la posibilidad de la optimización y de la plena realización humana, como el auténtico sujeto.

El cuerpo es el criterio. Las normas son dictadas por el cuerpo, los símbolos corporales son los medios para generar relación con la naturaleza, con otros cuerpos y con el futuro, la más de las veces, inmediato e intramundano; los ritos, con múltiples expresiones corporales, suplantan a las palabras y evidencian la esclerosis y desprecio en que la razón los tenía recluidos. Los mitos y los símbolos son rescatados. “Los viejos dioses salen se sus tumbas” (Weber). Los cuerpos que estaban en el closet social, como el de la mujer, de los discapacitados o minusválidos; de los gays, transgéneros, transvestis, lesbianas; los cuerpos de color de piel discriminada; recuperan su verdadero lugar digno, por siglos negado. Dejan de ser objetos y pasan a ser sujetos. El cuerpo ‘legisla’ sus propias normas y leyes. No tolera que un extraño disponga de él, que lo violente. El derecho cultural a la eutanasia activa, al aborto, al alquiler del útero debe legislarse si se quiere avanzar en el progreso humano. Negarlos es retraso y ‘vivir en el pasado’. Eso, dicen, es la Iglesia. Católica.

Si hace una centuria el oír fue valorado y trajo como expresión simbólica el radio, el teléfono, el telégrafo, la luz; si hace unas décadas pasa a valorarse el ver, trayendo como símbolos, el cine, la televisión, el video, el nintendo, el celular; si hace años la mano fue considerada como el supersentido, sobre todo su palma, que trajo consigo la riqueza del sentir. Hoy día, el cuerpo, todo, desea sentir. Para esto se exhibe, se adorna, se identifica en el género deseado, se desnuda, se contornea, toca y es tocado, roza y es rozado. El cuerpo es el sujeto. Los poros de cada uno de sus cinco sentidos, las plantas de sus pies, la piel total desean experimentar satisfacción. Y el recurso para que el cuerpo logre esto en todos los poros de sus cinco sentidos es la droga (el ice, el cristal). Cada parte del cuerpo, no sólo los genitales, podrán disfrutar su propio ‘orgasmo’. Se multiplican entonces espacios para que el cuerpo tenga sentido y cree sentido: los grandes festivales musicales, los antros, los foros, los tecnofest, los desfiles, etc., en los cuales el cuerpo y la totalidad de sus sentires son ‘tocados’ a base de música estridente, de luces multicolores, de enervantes, de tocamientos, de imágenes, de artistas que hacen del cuerpo una sinfonía de movimientos, de exhibición artística y gimnástica del cuerpo, de ofertas corporales, de frases cortas que pasan a segundo término ante el posicionamiento del cuerpo. El medio —massmedia— que asume el valor del cuerpo y le da todo el cauce mediático es la televisión. Para los cuerpos que mejor ‘hablan’ se construyen escenarios, sets majestuosos; en los que se les acompaña con coreografías, que encienden no sólo la emoción del espectador, sino una verdadera adicción. En el cultivo al cuerpo se detectan huellas de lo divino, sobre todo en el cuerpo de la diva y del divo que tienen la fuerza de electrizar y contagiar a las masas en forma mediática y no presencial. Las palabras ceden pues ante la imagen que se proyecta. Este lenguaje se asemeja a un emparedado. El pan constriñe el valor del lenguaje verbal y no le permite aparecer. Es un lenguaje sandwich. Las coordenadas se han dado para que aparezca en escena el lenguaje de la imagen con su instrumento televisivo; ambos de necesitan y se enriquecen mutuamente. No rechazan ni el lenguaje científico, ni el técnico; si opacan el verbal, no lo extinguen, lo emplean en la medida que la imagen lo requiere.

6. El lenguaje electrónico

Podría intentarse una descripción del lenguaje electrónico: es el conjunto de imágenes simbólicas (personajes-icónicos, espacios, paisajes, movimientos corporales, colores, música, fotos, entrevistas cortas, tiempos, ornamentos, diálogos mínimos), que de tal manera son combinadas, que son ‘capaces’ de evocar otras imágenes simbólicas que ya se encuentran en la psiqué del televidente, despertando en él, imaginarios, anhelos profundos, que le dan sentido de vida. El televidente, al imaginarse, se representa en otra forma de ser y de vivir, a la que realmente vive. Así, el mensaje televisado, lleva al televidente a interpretarse a sí mismo y hacer la propia imagen de él, es decir, hace su propio ‘texto’. Imagen que la conforma, recurriendo a los símbolos que la misma televisión le brinda, que no son otros que el impulso a comprar y comprar, o sea, la cultura del consumismo. De esta manera, la vida en concreto, la de todos los días, proporciona, gracias al mensaje televisivo, apoyos imaginarios consumistas a la vida práctica; y la vida práctica se llena de objetos superfluos del tipo ‘úsense y tírense’, pero que a su vez hacen sensible y palpable el imaginario. El consumo se ‘posiciona’ entonces, en el hombre, en el momento sentiente de la inteligencia, antes del razonar, siendo así difícil que el razonamiento de ‘no-gastar’ detenga su consumo obsesivo. Así se constata que la gente acumula tecnología, auténtica y chatarra. En toda vivienda, estos aparatos ocupan un lugar central y vistoso.

Por otra parte, al ser este lenguaje electrónico, propio de las nuevas generaciones –niños, juventudes y adolescencias—, son sus destinatarios lógicos, consecuentemente la oferta toca más que a nadie la psiqué de estos sujetos. El estilo juvenil es así hoy día, la moda; aún los adultos quieren parecer jóvenes, de ahí que tiendan a recurrir a las múltiples ofertas que se anuncian en relación con un re-juvenecer; ‘sentirse joven, ‘mantenerse en forma’, ‘quitarse arrugas’, ‘parecer esbelta(o)’, ‘sentirse lozana’, ‘estar a la moda’; algo semejante sucede con la oferta del medio mismo, instrumentos como son ipod, iphone, aparatos con pantalla táctil o ‘touch’, psp (play station portátil), el nintendo ds, las computadoras mac, el black berry, los celulares táctiles, pequeñas computadoras laptop, o antenas como sky, dish, megacable, megavisión; o el uso de redes sociales como facebook, twiter, hi5. Este fenómeno hace de los niños, adolescentes y jóvenes los que ‘imponen’ la moda dentro del círculo familiar, impulsando y a veces presionando a que sus papás consuman este tipo de productos y que aprendan a usarlos. El resultado es desventajoso para los papás pues nunca llegarán a manejar estos instrumentos y aún menos el lenguaje que en ellos se emplea, con la perfección con la que lo hacen estos nuevos sujetos postmodernos. La meta del lenguaje electrónico no es ‘hacer entender’, o sea, lograr que el televidente entienda y que llegue a una verdad; sino que éste, al sentir lo que ya se encuentra en él, simplemente actúe.

Es hora de preguntarnos la relación de la Iglesia católica respecto a este lenguaje y a su instrumento que son los massmedia de comunicación. Una tendencia es usar el medio, pero empleando el mismo lenguaje racional verbal que acostumbra. Lo que se conoce como tele-evangelismo. Se consiguen o compran espacios de la televisión comercial y se habla como si se estuviera en un púlpito, planteando verdades y explicándolas en forma de doctrina a fin de que el televidente las aplique en su vida. Aún más, se anhela llegar a comprar estaciones televisivas con el mismo propósito, sin plantearse la cuestión del lenguaje electrónico. Sentimos que éste no es el camino.

Por su parte, alguna editoriales católicas que se dedican a la producción de medios audiovisuales tienden a acompañar o adornar el discurso verbal con imágenes, más que a ’hablar’ propiamente el lenguaje electrónico arriba descrito. Esta tendencia se agrava aún más cuando las imágenes son anacrónicas, propias de un pasado de fantasía. Si meten algunos personajes actuales que acompañen las imágenes, repiten los mismos individuos como es el caso de la madre Teresa de Calcuta y del papa Juan Pablo II; y si se trata de animales, casi siempre la paloma es el recurso.

Por su lado, el emisor se percata de dos realidades: que el lenguaje explícitamente religioso no es comercial ni atrayente; y que las imágenes religiosas sólo se incluyen cuando están al servicio del tema telenovelesco. Por ejemplo: incluye a la ‘virgencita de Guadalupe’ como parte de una trama que tiene su propio cauce; mete a un sacerdote con sotana, a fin de provocar una mayor emoción; transmite bodas con el rito católico en templos, para conjuntarla con símbolos seculares de un final feliz; transmite las mañanitas en la Villa el día de la fiesta de Guadalupe para promocionar a sus artistas y las nuevas canciones que ha grabado.

¿Cómo será entonces una evangelización que ‘hable’ lenguaje electrónico?

Primero, quitarse la idea de que evangelizar electrónicamente es enviar el Mensaje verbal acostumbrado a través de un medio televisivo. El medio, el instrumento, es necesario, pero no es el núcleo de la cuestión.

Segundo, si se cuenta con una editorial católica que publica videos de todas clases o si la Iglesia está en condiciones de comprar tiempo en una televisora comercial, tiene que ‘hablar’ como se describió al principio de este apartado. La telenovela sería el ‘esquema’ a imitar; y esto, no sólo por ser el género más importante de la producción televisiva y probablemente el objeto cultural masivo y popular más destacado (cf Rey, Germán, Identidades, religión y melodrama: una mirada desde la dimensión cultural de la telenovela latinoamericana, en: Horsfield, Meter et al, Medios y Creencias, op. cit. p. 135), sino por ser el género en que más se facilita la inclusión de una pluralidad de imágenes-simbólicas.

Tercero, si no hay posibilidad de crear sus propios programas o que se carece de dinero para comprar tiempo en la televisión comercial, a la Iglesia corresponde descubrir aquellos reporteros que plantean valores en lenguaje electrónico, como es el caso en Televisa de Saúl Sánchez Lemus, quien ha grabado programas que ‘tocan’, en los televidentes, imaginarios de solidaridad, de igualdad, de identidad, de defensa de los más débiles, de probidad, de justicia, de conservación de la creación, por nombrar algunos. El tema que aborda es importante, pero más importante es, gracias al adecuado dominio del lenguaje electrónico, ‘tocar y despertar’ imaginarios de valores que ya están en los televidentes, y que son, como tales, ‘semillas’ del Evangelio, del Verbo encarnado en dichos sujetos.

Toca a la Iglesia (grupos y parroquias) completar dicho sentimiento despertado, reflexionando en grupo a base de la palabra dialogada. “Sentir y nombrar son operaciones que concentran ‘lo sentido’ con ‘el sentido”.

“Así el sentido es intersubjetividad: resultado de la negociación entre sujetos que comparten un mismo campo de interpretación. La construcción de sentido de una realidad experimentada, aún siendo individual, se ciñe a la lógica de la construcción intersubjetiva, y el nombre o forma simbólica construida se incorpora entonces al lenguaje’ (Henríquez, J. C. Apuntes sobre creencia y circulación social, en: Horsfield, Meter, et al. Medios y creencias, o.c. p. 93).

Cuarto: Hay que enfatizar que el lenguaje electrónico debe desarrollar relatos cercanos a la gente; que planteen aquellas preocupaciones que atraviesan sus interrogantes existenciales de la vida diaria. Hechos en que se reconozcan; en que se les descifre la complejidad de su vida y las tensiones que diariamente padece; que si se emplea el lenguaje verbal, se use un vocabulario conocido y fácilmente descifrable por las mayorías. Concretarse a las 400 palabras que emplea el mexicano común (cf Rey, Germán, o.c.)

“La cuestión es pues ¿transmitir mensajes o evocar símbolos? ¿No sería mejor si en lugar de empaquetar y enviar mensajes (católicos), diseñáramos un esquema imaginativo que permitiera a los televidentes utilizar sus recuerdos, sus historias individuales, sus maneras de pensar y sus símbolos para celebrar y afirmar su identidad y que a la vez pudiera proyectar su futuro, un futuro cimentado en la fe?

Se trata pues de trabajar aún en lo escrito, con elementos simbólicos que nos permitan comprendernos a nosotros mismos, a nuestro mundo y el sentido último de nuestra vida. Ellos eran los arquitectos de un espacio creativo y emocional en el que podríamos encontrar a Dios de modos familiares y significativos” (Medrano, Adán, Producción de medios religiosos: notas de trabajo de campo, en: Horsfield, M, Medios y Creencias, o.c. p. 206?).

7. El lenguaje cibernético

Gracias a que hay un ordenador, es posible navegar, chatear, mirar imágenes, videos, escuchar música…

Gracias al ordenador, es posible descargar en ‘mi máquina’ (un teléfono, una computadora, una agenda,) “lo que yo quiero”

Gracias al ordenador, envío mensajes; participo en conferencias, en clases, saco conocimientos de bibliotecas, de museos y laboratorios, hago tareas, juego…

Gracias al ordenador puedo meterme a la alcoba de otra persona y contemplar lo que hace hasta que me aburra

El ordenador es el fruto o resultado de una multiplicidad de técnicas (fibras ópticas, satélites, cables, ondas, sistemas operativos) que cada día son innovadas. Uno llama al conjunto de todo esto: Internet.

Gracias al Internet, el individuo puede interconectarse y ‘hablar’ a través de todos los lenguajes anteriores: visuales, orales, auditivos, técnicos, científicos, electrónicos. La única condición es tener el medio, el Internet, y saber usarlo.

Es entonces cuando el individuo se conecta como con un firmamento o espacio sideral ya creado por otros individuos o grupos que han elaborado textos —verbales, visuales, auditivos, personajes, fotos, videos, etc —, al que se le da el nombre de Ciberespacio. El Ciberespacio es un ‘texto primero’. En dicho espacio hay tantas ofertas, que el individuo o grupo se conecta con aquello que le interesa, que le ‘dice algo’, pues le es imposible conectarse a la vez con todas las ofertas del espacio. Y una vez conectado el que desea navegar en el espacio —el cibernauta—. tiene la posibilidad de interpretar lo que está oyendo, leyendo, viendo, sintiendo; lo interpreta desde su mundo concreto y entonces participa, y cada vez se mete más de lleno.

“El ciberespacio es, pues, la región de los mundos virtuales por medio del cual los individuos descubren y construyen sus objetos, y al encontrarse con ellos, Se constituyen en comunidades virtuales y se reconocen ellas mismas como colectivos inteligentes” (Levy, Pierre, Cibercultura, Anthropos-UAM, Barcelona 2007, p. 136).

Lo que está en el ciberespacio, está ahí porque interesa a muchos que se lanzan a navegar en él; de lo contrario, si no interesara a nadie o a muy pocos, se extingue y desaparece del ciberespacio. Cada uno recibe el ‘texto primero’ en el ‘contexto’ que está viviendo, y entra a disentir, a esclarecer, a enriquecer, a complementar, a replantear dicho texto. De esta manera evita que el poseedor del ‘primer texto’ haga de su oferta o propuesta, algo cerrado que propicie la repetición, más que la recreación. De esta manera se evita la ‘totalización’ del conocimiento.

Es universal el texto, pero no totalizante. Hay que recordar que los dogmas, la doctrina de las iglesias institucionalizadas (cristianismo, judaísmo, islamismo) y ciertas filosofías como el budismo, plantean verdades universales y totalizantes, en cuanto que los intérpretes legítimos de las verdades son los mismos que las proponen para ser creídas, no permitiendo a sus fieles interpretaciones que disientan de la hermenéutica oficial.

Al meterse pues el cibernauta en el ‘texto primero’ , con el que se siente afín, que lo conoce, que entra en sus proyectos, en sus búsquedas, que le provoca curiosidad, lo hace desde su contexto. Después de un tiempo de participar, se siente parte de una comunidad activa; aunque sabe que ‘sus compañeros’ se encuentran a cientos o miles de kilómetros, los percibe cercanos en intereses, proyectos, anhelos, inclinaciones, inquietudes, soluciones, tareas. Cada uno interpreta y participa; vuelve a interpretar y vuelve a participar. Siente que su opinión o propuesta de cualquier índole llegó a otro en Sudáfrica o Japón; se experimenta universal, sin embargo al mismo tiempo, percibe que nadie impone a nadie su opinión, sin por esto dejar de enriquecerse; de otra forma cortaría la conexión y no volvería a relacionarse. Esto es el aspecto postmoderno del lenguaje cibernético.,

En resumen: el ciberespacio es la conjunción de:

  1. La interconexión

  2. El nacimiento de comunidades virtuales

  3. Que conjuntan inteligencias individuales, dando por resultado una Inteligencia Colectiva (Levy, Pierre, Cibercultura, Anthropos-UAM, Barcelona 2007, p. 99).

Generar ‘la inteligencia colectiva’ es en definitiva la meta final del ciberespacio y de la técnica que lo hace posible. Es el aspecto espiritual que aflora de la frialdad técnica y del lenguaje electrónico que la hace posible.

Las nuevas técnicas de comunicación no determinan automáticamente la inteligencia colectiva, sino más bien favorecen el funcionamiento de los grupos humanos en inteligencia colectiva (Levy, o.c., p. 140). La técnica electrónica pues no crea este aspecto espiritual del lenguaje cibernético, que dicho en palabras más familiares sería, el Espíritu comunitario y solidario.

Aquí se encuentra precisamente la tarea del agente de pastoral cibernauta: crear ‘textos primeros’ que de tal manera sean universales, tanto por abordar un tema que toca el corazón de multitudes como por la calidad del manejo del lenguaje electrónico en que imposta el Evangelio, que genere comunidades virtuales, que conectadas, entran en un proceso de compartir inteligencias y experimentarse cada día más como una colectividad que ‘pesa’, que es capaz de generar una opinión pública.

Al ser este lenguaje, el lenguaje que ‘hablan naturalmente’ las adolescencias y juventudes actuales —81.5 % de mexicanos acceden a la red, que invierten 25.7 horas al mes*— ellos(as) están llamados(as), si son cristianos(as), a modular formas de lenguajes electrónicos que recurriendo a técnicas cibernéticas —facebook, messenger, twitters, hi5 y otras que aparezcan en los próximos días—, generen comunidades virtuales y solidaridades conjuntas —estando cada uno en su propio contexto—, al menos de una de las cinco vertientes del Reinado de Dios: traer buenas noticias a la gente pobre; liberar a cautivos; abrir los ojos a gente ciega que no ve su realidad; a liberar a personas oprimidas; a luchar por la igualdad entre los humanos.

*Datos tomados del periódico Excelsior del día 17 de mayo de 2010 (día internacional del Internet)

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