Bogotá D. C., septiembre 11 de 2001




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Capítulo IV Veredicto: El lenguaje reincorporado o Entre la trascendencia y la inmanencia


«No more "I love you's"

The language is leaving me in silence

No more "I love you's"

Changes are shifting outside the word»

Annie Lennox, “No more ‘I love you's’.”
Por lo pronto, nuestro recorrido se ha situado en tres registros distintos y mutuamente complementarios. El Capítulo II, en el cual revisamos La Eva futura como instancia transicional del dualismo en la literatura, en la intersección entre las narrativas que hemos denominado “del movimiento” y las narrativas que N. K. Hayles denomina “de la información” nos permitió aproximar una intelección metafórica o analógica del lenguaje, según la cual podemos comprender pálidamente los fenómenos de la naturaleza apelando a metáforas o analogías, como lo demuestran las palabras de Edison al dar cuenta del alma gracias a su relación analógica con los fenómenos electromagnéticos. Sin embargo, a este nivel el mundo inteligible es apenas pálidamente descrito; no, en cambio, transformado por vías del lenguaje.

El Capítulo III sugiere un nivel instrumental del lenguaje y sus diversas formalizaciones que van más allá del nivel articulado de la verbalización. En éste, el lenguaje humano posibilita la transformación del mundo y la creación de seres artificiales que imitan a sus creadores: el hombre deviene demiurgo.

Nuestro capítulo final cierra este esquema de interpretación al sugerir la tesis de que el mundo es el lenguaje, cuando menos en la medida en que éste último es un sistema autónomo y autoreferencial. El “mundo,” entonces, es todo aquello que el nivel humano (social) de poiesis e interpretación hace visible y culturalmente eficaz. La subjetividad se da gracias a la existencia de un artificio diseminado culturalmente, una tecnología que está situada en la base de cualquier otra, esto es, el lenguaje. Pues aquello que particulariza a la común-unidad humana—y define su “naturaleza”—es, paradójicamente, generado, diseminado y adquirido de manera no-genética, escapando al único reducto de naturalización posible en el discurso teleológico contemporáneo. Luego la nuestra es una naturaleza artificial. Por lo tanto, la subjetividad es una respuesta adaptativa ocasionada por el lenguaje. El Ego no sólo es socializado, es asimismo adquirido, es decir, artificial.

Nuestra crítica del dualismo, tras haber identificado las instancias—en la novela y su corolario en el discurso contemporáneo de la inteligencia artificial, &c.—en las cuales la pregunta por la naturaleza humana se encuentra con la necesidad irremisible de apelar a la existencia de una entidad metafísica, desearía re-situar el papel del cuerpo como sistema de transmisión, conservación y diseminación de la información genética que sugiere la inadecuación del dualismo y el carácter artificial, adquirido, del lenguaje, la subjetividad y la cultura.

Pensar el lenguaje como una herramienta de creación significa situarlo necesariamente en el plano inmanente, sujeto al devenir, expuesto a los cambios y transformaciones que un sistema dinámico comporta mas, cabe preguntarse, ¿es dicho sistema cerrado? O existe acaso una correlación eficaz entre el mundo (en el cual se halla situado), y lo que el lenguaje puede afirmar acerca del mundo? Pues la naturaleza del lenguaje como herramienta de formalización y articulación de la experiencia—i.e. la pretensión de comunicabilidad—parece ser insuficiente y, cuando menos, paradójica. El lenguaje, si bien se encuentra en-el-mundo, demuestra ser inadecuado al intentar articular las sensaciones, los afectos, el cuerpo mismo. ¿Qué pensar acerca de esto? ¿Se trata, tal vez de un signo de la trascendencia del lenguaje—y, por ende, de la naturaleza humana que en él se cifra? Creemos que, no. El lenguaje verbal articulado es también insuficiente cuando de verbalizar la trascendencia se trata, en aquellos momentos en los cuales, como escribió San Juan de la Cruz (1542-1591):82

De paz y de piedad

era la sciencia perfecta,

en profunda soledad

entendida vía recta

era cosa tan secreta

que me quedé balbuciendo

toda sciencia trascendiendo.

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