IntroduccióN




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Título original: The Way ofthe Sufi Traducción de A. H. D. Halka Cubierta de Julio Vivas

1." edición, 1986 3." reimpresión, 1995

Quedan rigurosamente prohibidas sin la autorización escrita de los titulares del «Copyn^u», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier método o procedimiento comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de eíla mediante alquiler o préstamo públicos

© IdriesShah

© de todas las ediciones en castellano, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona, y Editorial Paidós, SAICF, Defensa, 599 - Buenos Aires

ISBN: 84-7509-289-6 Depósito legal: B-45.577/1995

Impreso en Novagráfik, S.L., Puigcerdá, 127-08019 Barcelona

Impreso en España - Printed ín Spain

índice

Introducción

13

Parte I

EL ESTUDIO DEL SUFISMO EN OCCIDENTE 15

Teorías acerca del Sufismo 17

Limitaciones de los enfoques contemporáneos

del Sufismo 23

Verificación del material literario por medio

del contacto directo con el Sufismo 26

Malentendidos acerca de las ideas y

formulaciones Sufis 28

Formas de actividad Sufi 35

Dificultades para comprender el material Sufi 42

Notas y bibliografía 49

Parte II

AUTORES CLASICOS

El-Ghazali Ornar Khayyam Attar de Nishapur Ibn El-Arabi Saadi de Shiraz Hakim Jami Hakim Sanai Jalaludin Rumi

63

65

75

79

95

102

114

120

123

Parte III

LAS CUATRO ORDENES MAYORES 133

Introducción 135

La Orden Chishti 139

La Orden Qadiri 151

La Orden Suhrawardi 162

La Orden Naqshbandi 169

Parte IV

ENTRE LOS MAESTROS 191

Parte V

RELATOS - ENSEÑANZAS 233

Parte VI

TEMAS PARA LA CONTEMPLACIÓN SOLITARIA 259

Parte VII

NARRACIONES DE GRUPO 281

Parte VIII

CARTAS Y CONFERENCIAS 307

Parte IX

PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL SUFISMO 339

El Sufismo y el Islam 341

Comprensión profunda 345

10

Ser Sufi es desligarse de ideas fijas y preeonceptO8 y no tratar de elvdir el propio destino.

Abu-Said, hijo de Abi-Khair

No lepares en mi forma exterior; toma en cambio lo que hay en mi mano.

Jalaludin Rumi

INTRODUCCIÓN


Un Sufi es alguien que obra como los demás, cuando es necesario. Es también, alguien que hace lo que los otros no pueden hacer, cuando es lo indicado.

Nuri Moiudi

Tantos son los que se declaran perplejos ante la sa­biduría Sufi que nos obligan a pensar que es porque así lo quieren. Otros, por razones más evidentes, sim­plifican las cosas hasta un punto en que su "Sufismo" es sólo un culto al amor, a la meditación o a algún otro aspecto igualmente parcial.

Pero una persona sin muchos intereses comprometi­dos que contemple la variedad de la acción Sufi puede percibir la característica común delante de sus ojos.

Los sabios, las escuelas, los escritores, las enseñan­zas, el humor, el misticismo y las fórmulas Sufis están todos vinculados con la importancia social y psicoló­gica de ciertas ideas humanas.

Siendo un hombre "fuera del tiempo" y "fuera del espacio", el Sufi hace actuar su experiencia dentro de la cultura, del país y del clima en que vive.

El solo estudio de la actividad Sufi en culturas remo­tas puede tener valor únicamente para quienes traba­jan en el estrecho campo del escolasticismo. Conside­rarla como fenómeno puramente religioso, literario o filosófico conducirá a interpretaciones erróneas del camino Sufi. Tampoco será de provecho el intento de extraer de ella una teoría o un sistema, o de estudiarla aisladamente.

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El propósito de este libro es presentar las ideas, los actos y las narraciones Sufis, no para que sean examinadas al microscopio ni contempladas como pie­zas de museo, sino por el interés que ofrecen a la comunidad actual: lo que llamamos el mundo con­temporáneo.

IDRIES SHAH

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Parte I

EL ESTUDIO DEL SUFISMO EN OCCIDENTE
teorías acerca del sufismo

Supongamos la ausencia de toda noción de ideas Sufis en un estudiante imaginario que ha escuchado hablar sobre el Sufismo. Cuenta con tres posibles fuentes de información. La primera, serían los libros y los trabajos escritos por gente especializada sobre el tema. La segunda, podrían ser las organizaciones que pretenden enseñar o practicar el Sufismo o que em­plean su terminología. La tercera, podrían ser los indi­viduos y tal vez los grupos, no siempre pertenecientes a los países de Medio Oriente, conocidos como Sufis. Puede que todavía no lo hayan inducido a creer que el Sufismo debe apodarse "misticismo mahometano" o "culto de los derviches".

¿Qué es lo que este hombre aprende y cuáles son los problemas que enfrenta?

Una de las primeras cosas que podría descubrir sería que la palabra "Sufismo" es nueva, acuñada en Alemania desde 1821.x

Ningún Sufi que desconozca los idiomas occiden­tales la reconocería a primera vista. En vez de Su­fismo nuestro estudiante encontraría términos como "los Qadiris", así llamados por el fundador de cierta orden que murió en 1166. O bien podría encontrar alusiones a "La Gente de la Verdad", "Los Maestros" o quizá "Los Que Están Cerca". Otra posibilidad es la frase arábiga Mutassawif o "el que se esfuerza por ser un Sufi". Hay organizaciones denominadas "Los Cons-

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tractores", "Los Merecedores de Culpa", que en su constitución y a veces hasta en su simbolismo menor se asemejan mucho a ciertos cultos y sociedades occi­dentales tales como la Masonería.2

Estos nombres pueden sonar extraños, y no siem­pre adecuados, al oído del occidental contemporáneo, hecho que por sí sólo constituye un verdadero proble­ma psicológico, aunque encubierto.

Como no existe un apelativo estandarizado para el Sufismo, el investigador puede recurrir a la palabra Sufi y descubrir que comenzó a emplearse de manera repentina desde hace casi un milenio,3 tanto en el cercano Oriente como en la Europa occidental, * y que aún se emplea para describir en particular al me­jor producto de ciertas ideas y prácticas que de nin­guna manera están limitadas a lo que se suele consi­derar como "religioso". Hallará muchas definiciones de la palabra, pero su problema se invierte entonces, porque en vez de encontrar un simple rótulo de rela­tiva antigüedad, las descripciones de Sufi son tantas que más le valdría no tener ninguna.

Según la mayoría de los autores el término Sufi deriva de la palabra árabe, pronunciada Suf, cuyo significado litera] es "lana" y que se refiere al ma­terial con el cual estaban confeccionadas las túnicas simples de los primeros místicos musulmanes.5 Ade­más, se afirma que eran de lana para imitar el atavío de los anacoretas cristianos que abundaban en los de­siertos de Siria y Egipto y en otros lugares del Cer­cano y Medio Oriente.

Pero esta definición, por plausible que parezca, no resuelve de ninguna manera nuestro problema en cuan­to al nombre, y mucho menos en cuanto a las ideas sobre el Sufismo. Sin embargo, también lexicógrafos importantes señalan que "la lana es la indumentaria de los animales",6 e insisten en que el objetivo Sufi tiende a perfeccionar o completar la mente humana, no a imitar al rebaño; y que por este motivo los Sufis,

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siempre con una alta conciencia del simbolismo, jamás adoptarían ese nombre. Además, existe el hecho em­barazoso de que, según la tradición, los Compañeros del Banco7 —los Ashab as-Safa— fueron los Sufis de la época de Mahoma (muerto en el año 632). Se dice que formaron una agrupación esotérica en el año 623 y que su nombre deriva de la frase Ashab as-Safa. Aunque algunos gramáticos han señalado que desde el punto de vista etimológico es más probable que el origen se encuentre en la palabra "lana" y no en "piedad" (safwa), o aun en la palabra saff (contrac­ción de la frase "primera fila de los dignos"), otros cuestionan esas opiniones, basándose en que los apodos no obedecen necesariamente a las reglas de la or­tografía.

Ahora bien, el nombre es importante como intro­ducción a las ideas como veremos en breve. Mientras tanto examinemos sus asociaciones. Los Sufis afirman que cierta actividad mental o de otro tipo puede pro­ducir, en condiciones especiales y con determinados esfuerzos, lo que se llama un funcionamiento superior de la mente que conduce a percepciones especiales, cuyo órgano está latente en el hombre común. Su­fismo, por lo tanto, es trascender las limitaciones ordi­narias. 8 No debe sorprender, entonces, que algunos hayan vinculado la palabra Sufi con el vocablo griego para la sabiduría divina (sofía) y también con el tér­mino cabalístico hebreo ain sof (el infinito absoluto). Los problemas del estudiante no se reducirán en esta etapa al enterarse de que se dice con toda la autoridad de la Enciclopedia Jvdva que los hebreos expertos con­sideran que la Cábala y el Hasidim, la mística judía, se originan en el Sufismo o en una tradición idén­tica.8 Tampoco lo alentaría escuchar que, si bien los mismos Sufis señalan que su conocimiento ha existido durante varios milenios, niegan que sea un derivado y afirman que es un equivalente de las corrientes hermética, pitagórica y platónica.10

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bro humano, como usted sin duda sabe, es compara­ble a una computadora electrónica. Responde a los diversos impactos o vibraciones de la vista, del sonido, del tacto y así sucesivamente, de ciertas maneras pre­determinadas o 'programadas' ". Algunos sostienen que los sonidos representados a grandes rasgos por las letras S, U y F figuran entre aquellas para los cuales está o puede ser "programada la reacción del cerebro". Es muy probable que sea capaz de asimilar este abo­minable simplismo dentro de su modalidad actual de pensamiento.

Ya que esta condición existe en nuestro vis-á-vis, el problema especial que aquí se plantea en el estudio de las ideas Sufis es que muchos de los que están ansiosos por estudiarlas, en realidad no desean rete­ner en su mente ciertos argumentos básicos que los Sufis sostienen acerca del Sufismo, debido a un com­promiso psicológico sistemático. Esta situación cuya existencia se ha verificado por medio de vasta experien­cia personal, es mucho más generalizada de lo que este sencillo ejemplo pudiera sugerir.

El problema para ambas partes se dificulta a causa de la tendencia común del individuo a quien nos diri­gimos, de tratar las ideas Sufis con un abierto rechazo. Una respuesta común es más o menos la siguiente: "Pensar en los términos que usted sugiere equivaldría a destruir mi modalidad establecida de razonamiento". En esto nuestro sujeto se equivoca rotundamente; para el Sufi, en realidad es un hombre que subestima sus propias capacidades. Otra reacción es tratar de racio­nalizar o reinterpretar las ideas que se le ofrecen en términos de algún sistema (antropológico, sociológico, sofístico, psicológico), que él mismo encuentra más de su agrado. En nuestro ejemplo esta condición subje­tiva quizá sería expresada en la declaración siguiente: "Ah, sí, esta teoría sobre la influencia del sonido ob­viamente se ha creado para dar un giro más esotérico al derivado bastante mundano de la lana".

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Pero en definitiva esta manera de pensar no tendrá éxito en una escala más amplia porque las ideas Sufis lejos de encontrarse solamente entre las tribus primi­tivas o de hallarse sepultadas en libros escritos en lenguas muertas, están contenidas en diversos grados en la formación básica y en los estudios de más de cin­cuenta millones de personas que viven en la actualidad: aquellas que de alguna manera están vinculadas con el Sufismo.

LIMITACIONES DE LOS ENFOQUES CONTEMPORÁNEOS DEL SUFISMO

Una parte considerable de este problema es la pode­rosa tendencia actual a colocar a todas las personas, cosas e ideas dentro de categorías especializadas. Las categorías pueden ser correctas, ¿quién podría prescin­dir de ellas?, pero cuando se estudia cualquier tema y sólo se ofrece una variedad limitada de rótulos, la expe­riencia es similar a lo que Henry Ford dijera: "Usted puede tener un automóvil de cualquier color, con la con­dición de que sea negro". Este problema que quizás hasta pase inadvertido para el investigador (su preocupa­ción por un reducido número de categorías), es compa­rable al problema que enfrenta el Sufi al tratar de transmitir sus propias ideas bajo condiciones que están lejos de ser las ideales.

He aquí un ejemplo ilustrativo tomado de la expe­riencia reciente. Lo consigno porque incidentalmente y sin utilizar un "sistema" forzado nos revela algo acerca de las ideas Sufis.

En un libro reciente1S mencioné entre otras cosas que las ideas Sufis y aun los textos literales fueron to­mados por, o se apoyan en teorías, organizaciones y enseñanzas de aspectos tan dispares como la Caballería, el místico San Juan de la Cruz,17 Santa Teresa de Avi­la,18 Roger Bacon,19 Geber, el padre da la alquimia occi-

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dental,20 apodado el Sufi, Eaimundo Lulio el Mallor­quín,21 Gurú Nanak,22 fundador del Sikhismo, Ja Gesta Romanorum2S y las enseñanzas védicas hindúes.2* Tam­bién ciertos procedimientos psicológicos deteriorados se transmitieron a la literatura occidental de la magia y el ocultismo25 así como ideas y procesos psicológicos legítimos que a veces se cree que son descubrimientos recientes.28

Este libro originó una reacción muy notable y múl­tiple entre los críticos." Algunos quedaron encantados no siempre por buenas razones, pero estoy hablando de los otros. Lo que en realidad hice fue recopilar los resultados de investigaciones académicas a las que otras personas dedicaron toda su vida. Muchas veces los datos estaban sepultados en monografías y en libros poco leídos, que fueron escritos por orientalis­tas y especialistas muy respetados de uno u otro tipo. Además, aporté material "vivo" de fuentes Sufis. Sin embargo, aunque el material citado no era de ninguna manera una selección completa de todo lo disponible, para algunos lectores la mezcla resultó demasiado com­pleja, aunque muchos de ellos deberían estar más fami­liarizados que yo con los trabajos ya realizados en sus propias especialidades. Un célebre experto tuvo algunas críticas hostiles hacia mí, para no hablar de los que atacaron lo que ellos solamente pensaron haber hallado en mi obra.

Poco después de esta fase, conversando con otro "es­pecialista", mencioné que no sólo había basado mi tesis sobre el trabajo de autoridades tales como los profe­sores Asín, Landau, Ribera, Tara Chand, Guillaume y otros de integridad igualmente inobjetable, sino que en el texto mismo cité ampliamente sus nombres y trabajos y que en otros casos había citado los libros de Lulio, Bacon, Geber y otros que mencionaban el nombre de los Sufis, los libros Sufis o específicamente el Sufismo. Su reacción consistió en no admitir que los expertos deberían saber mejor su propio trabajo,

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sino repetir el nombre de mi principal crítico. Ponién­dose cómodo en su sillón y riéndose, dijo: "Lo has atrapado, muchacho. Elige, ¿sólo quieres desacreditar­lo o quitarle el empleo?"

Mi "error" en lo que respecta a la manera de en­carar el tema simplemente había consistido en que en vez de citar a autoridades y construir, paso a paso un "caso" inexpugnable, supuse que el libro sería leído del principio al fin y que los hechos hablarían por sí mismos.

Mi amigo automáticamente supuso que yo estaba comprometido en un juego para desplazar a alguien de su autoridad. El primer crítico se había lanzado al ataque partiendo de una suposición igualmente falsa: Que me faltaba buen material, ya que no lo habla rematado con suficiente aire triunfal.

Quizá sea más asombroso, cuando examinamos los problemas para el estudio de las ideas Sufis, el tra­tamiento que les dan aquellos que aunque no son ex­pertos en la materia, sin duda podrían haberse fami­liarizado con el material académico disponible. En consecuencia, como ejemplo de una tendencia muy co­mún en Occidente, encontramos a un profesor que es­cribe un libro sobre los filósofos orientales28 en el cual, entre casi cien mil palabras, sólo dedica unas trescientas (una página cada trescientas) a los Sufis. Y esto a pesar de que el mismo autor había publicado un trabajo sobre los filósofos de Occidente29 y de que ambos tipos de pensadores han sido influidos por fuen­tes Sufis. Esta influencia nunca se menciona. También resulta que el formidable filósofo inglés Bertrand Russell escribió un libro voluminoso,
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