Literatura española




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Poesía «civil»: En 1931 inicia Alberti una línea de poesía social y política («civil» la llama él). Uno de sus nuevos libros lleva el significativo título de El poeta en la calle (1931-1936). Le siguen De un momento a otro (1932-1938), Entre el clavel y la espada (1939-1940), etc. Se trata, en general, de una «poesía de urgencia», menos atenta a lo estético, a veces panfletaria.

  • Poesía del exilio: La obra compuesta durante su largo exilio es extensa (se ha publicado en España una amplia selección titulada Poemas del destierro y de la espera). Prosigue con la «poesía civil» (Coplas de Juan Panadero, La primavera de los pueblos, etc. Por otra parte, su añoranza de España se ve reflejada en Retornos de lo vivo lejano (1948-1956) o Baladas y canciones del Paraná (1953-1954).

    Luis Cernuda

    Poética y obras

    Se caracteriza por una personalidad solitaria y dolorida, por una sensibilidad exa­cerbada y vulnerable. Ni en su vida ni en su poesía ocultó su condición de homo­sexual, y su conciencia de ser una criatura marginada por ello explica, en gran parte, su desacuerdo con el mundo y su rebeldía. Y admite ser un «inadaptado», con «cierta vena protestante y rebelde». Su singularidad y su aislamiento explican también el lugar especial que ocupa dentro del grupo del 27.

    Le singulariza, ante todo, el sustrato romántico de su mundo poético. Su centro temático es un doloroso divorcio entre su anhelo de realización personal (el de­seo) y los límites impuestos por el mundo que lo rodea (la realidad). Sus temas dominantes serán la soledad, la añoranza de un mundo habitable, el ansia de belleza perfecta y, sobre todo, el amor.

    Su nueva lengua poética surge de un triple rechazo. Desecha los ritmos demasia­do marcados; en especial, cultiva el versículo, aunque volverá a veces a metros tradicionales. Rechaza también la rima. Y, sobre todo, huye del lenguaje brillante y rico en imágenes, para ceñirse al «lenguaje hablado y el tono coloquial»: se percibe sutilmente la lectura constante de sus dos poetas españoles preferidos: Garcilaso y Bécquer.

    Desde 1936, Cernuda reunió sus diversos libros bajo un título común: La realidad y el deseo.

    • Su primera producción fue Perfil del aire (1924-1927), dentro de la línea de poesía pura, con versos cortos y tono adolescente. Le sigue Égloga, elegía y oda (1927-1928), perfectas asimilaciones de nuestros metros clásicos; pero no es Góngora quien preside estos ejercicios, sino Garcilaso.

    • En su estancia en Francia, lee poesía surrealista. Surge así su libro Un río, un amor (1929), con poemas en alejandrinos sin rima, en versículos, en los que «el malestar y la osadía» que le atraían del surrealismo se mezclan con sus problemas íntimos. En la misma línea está Los placeres prohibidos (1931), que contiene algunos de los poemas más bellos de Cernuda.

    • Sin embargo, ya en este libro abandona a veces el lenguaje surrealista para en­contrar su tono más personal, que se consolida en el libro siguiente: Donde ha­bite el olvido (1932-1933), título inspirado por un desolado verso de Bécquer. Invocaciones (1934-1935) cierra su poesía anterior a la guerra. Destacan en él varios largos poemas, como «El joven marino» o «Soliloquio del farero», uno de los poemas más hermosos que se hayan escrito sobre el tema de la soledad.

    • Durante la guerra y los primeros tiempos de su destierro, compone Las nubes (1937-1940). Hay en este libro algunos poemas inspirados por la realidad del momento; así, un poema a la muerte de García Lorca y dos «Elegías españolas». Siguen, ya en el exilio, Como quien espera al alba (1941-1944), Vivir sin estar viviendo (1944-1949), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1956-1962). Algunos de estos títulos hablan por sí solos de su incurable amargura, a veces rota por momentos pasajeros de exaltación o serenidad (sobre todo en sus últimos años). A veces aparece el tema de la patria perdida, recordada con añoranza o rechazada con desesperación de desarraigo. Otras veces evoca la Grecia clásica y pagana. En estos libros, prosigue la depuración estilística iniciada antes de la guerra y alcanza la plena madurez de una lengua poética fundada, no ya en la riqueza de imágenes, sino en sugerencias.

    Emilio Prados

    Poética y obras

    • Sus comienzos poéticos están marcados por un doble signo: las formas populares y la influencia de Juan Ramón Jiménez. Así es en los poemas que compone has­ta 1928, recogidos en libros que van de Tiempo a Cuerpo perseguido. Aparecen temas como la soledad, el sueño, la «eterna pasión del tiempo» y el ansia de eternidad, entretejidos con la presencia de un cielo y un mar de resonancias simbólicas.

    • También en Prados hay una etapa surrealista que coincide (como en otros poetas del grupo) con un momento de crisis. Dos libros, escritos entre 1932 y 1935, dan testimonio de ello: La voz cautiva y Andando, andando por el mundo. En ellos ya se encuentran muestras de sus preocupaciones sociales.

    • Sigue una breve etapa de poesía política. Así, el libro Llanto en la sangre (1933- 1937) incluye romances sobre la revolución minera de Asturias en 1934 («Llanto de octubre») o sobre la Guerra Civil (se hizo famoso el que comienza «Tengo un hermano en el frente»). Igualmente, entre 1936 y 1937 compone el Cancionero menor para los combatientes, de nuevo en ágiles metros de cancioncilla, con momentos muy hondos.

    • En el exilio, compone, entre otros, Jardín cerrado (1940-1946). Como sugiere el título, vuelve Prados a encerrarse en su intimidad y a ahondar en los problemas existenciales,y metafísicos. Junto a ello, como en otros poetas del destierro, se hace punzante su nostalgia de la tierra española. Su lengua poética alcanza una cima de condensación y de profundidad.

    Significación

    Como Altolaguirre. Prados ha sido colocado injustamente en una segunda fila dentro del grupo del 27. Es cierto que no resulta fácil penetrar en su poesía, no por retorcimientos barrocos, sino por su densidad y ensimismamiento. Es, sin embargo, una poesía muy bella y muy elaborada, incluso cuando presenta la apa­riencia de cantarcillos tradicionales.

    Manuel Altolaguirre

    Poética y obras

    En 1931, Altolaguirre decía que «el poeta, como todo enamorado, tiene que mirar con buenos ojos a la vida, que es la mejor musa, y con la que, al fin y al cabo, realizará sus obras». Su obra poética es cálida y transparente. Junto a su gracia andaluza, canta al amor, o a la soledad, o la muerte, con tonos que han sido calificados de románticos. Lo cierto es que no se hallarán, en su obra, huellas de la deshumanización o de las audacias vanguardistas. Reconoce las influencias de Juan Ramón, de Aleixandre, de Cernuda y de Prados, y también de Lorca y Alberti.

    Rasgo sobresaliente de su producción es la musicalidad. Ello es patente en todas las formas que cultivó, con predominio de los versos cortos, y las estrofas leves de raíz tradicional.

    Destaca, entre sus libros, Las islas invitadas, publicado en 1926 e incrementado con nuevos poemas en los años sucesivos (1936, 1944, 1946). Otros títulos de su primera época son Ejemplo (1927), Poesía (1930-1931) y Soledades juntas (1931).

    Federico García Lorca

    Se estudia en el capítulo siguiente.

    1. La poesía de Federico García Lorca: Poética. Evolución

    (del Libro de poemas a los Sonetos del amor oscuro)
    EL AUTOR
    Nació en Fuentevaqueros (Granada) en 1898. En Granada inició las carreras de Letras y Derecho (solo terminaría la segunda). Además, estudió música con pasión y fue amigo entrañable de Manuel de Falla. En 1919 se instala en la Residencia de Estudiantes de Madrid, y traba relaciones con escritores consagrados (Juan Ramón), con artistas jóvenes (Dalí, Buñuel…) y con los poetas que constituirán su grupo poético. Su person alidad y su obra pronto lo pondrán a la cabeza del grupo.

    Durante el curso 1929-1930 marcha a Nueva York como becario, experiencia que lo marcará profundamente. De regreso a España, funda en 1932 La Barraca, grupo teatral universitario con el que recorre los pueblos de España representando obras clásicas. En 1933 hace un viaje triunfal a Buenos Aires, donde sus dramas obtienen un gran éxito. Y, de nuevo en España, prosigue su trabajo de poeta, autor dramático, director escénico, conferenciante…

    Su labor le ha granjeado la máxima admiración y numerosos homenajes, pero también mezquinas envidias. Y su acercamiento cada vez mayor al pueblo le atrae odios, que condujeron a su asesinato a comienzos de la Guerra Civil, en agosto de 1936.

    La personalidad de Lorca ofrece una doble cara: por un lado su vitalidad arrolladora, desbordante de simpatía; por otro, un íntimo malestar, un dolor de vivir, un sentimiento de frustración, como anuncio de su trágico destino.

    POÉTICA
    García Lorca se mueve en un campo de tensión dialéctica entre dos fuerzas prin­cipales, vanguardia y tradición. La vanguardia ha de situarse en primer lugar porque es el hecho nuevo con el que se encuentra el escritor en el panorama de su tiempo. A su vez, vanguardia implica presente y futuro, atención a lo nuevo, invención como actitud enfrentada a la idea del arte como imitación o copia de la realidad.

    En el plano de la escritura, el procedimiento privilegiado para reflejar esa volun­tad de crear en vez de copiar, el vehículo de la autonomía del objeto estético, es la metáfora, la imagen. Lorca advertirá que Góngora «inventa por primera vez en el castellano un nuevo método para cazar y plasmar las metáforas y piensa sin decirlo que la eter­nidad de un poema depende de la calidad de sus imágenes.

    Un resultado de ese impulso hacia lo nuevo y hacia lo concreto consiste en una forma nueva de atención hacia el pasado. Mira a la tradición, en sus dos vertien­tes, popular y culta, con ojos de vanguardista. El arte nuevo, además de por sí mismo, sirve de filtro para seleccionar el diálogo con el pasado y verlo en función del presente.

    En esa perspectiva se encuadra el interés de García Lorca por las formas del arte popular y por el Romancero, despertado por la obra de Menéndez Pidal (Lorca le ayudó a recoger romances en Granada en 1920). Y en otro plano quizá más impor­tante, las lecciones de estilización del material proporcionadas por Juan Ramón Jiménez y por Falla, quien daba una «importancia capital» a la «evocación» de «la verdad sin la autenticidad». Universalidad por singularización, esta es la idea.

    García Lorca, por un lado, adquirió un gran conocimiento de España, del paisaje, de sus gentes y de sus costumbres. Por otro, produce originalidad dentro de for­mas tradicionales. Además, García Lorca fue un artista muy polifacético y versátil, poeta, dramatur­go, dibujante, periodista y músico. Es un artista completo, por ser consciente de que todas estas actividades obede­cen a un impulso común a los diferentes medios expresivos.

    El malestar y la frustración conviven en toda su obra junto a manifestaciones contrarias de creación bulliciosa y alegre. Pero será el tema del destino trágico, la imposibilidad de realización, el elemento que da unidad profunda a su producción poética y también teatral.

    Conjuga inspiración y trabajo, así surge una poesía donde convive la pasión y la perfección, la tradición y la vanguardia, lo popular y lo culto.

    EVOLUCIÓN
    Libro de poemas

    La aparición de Libro de poemas (1921), aunque procede de una selección entre materiales escritos en 1918, 1919 y 1920, tiene todo el valor de un libro adoles­cente, en cuanto a exposición de posibilidades; lo compuso entre los 19 y los 22 años y se publicó en 1921.

    Expresa la rebeldía del artista contra la norma social y moral. En el libro integra los modelos de Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y ciertas huellas de la greguería, del ultraísmo y del creacionismo.

    Domina ya un hondo malestar, evoca con nostalgia su infancia, «paraíso perdi­do», y frente a su «alma antigua de niño» habla de su «corazón nuevo», dolorido. Parece atravesar una gran crisis juvenil provocada por unas profundas contradic­ciones vitales.
    Poema del cante jondo

    Escrito en 1921 y publicado diez años más tarde, es el li­bro de «la Andalucía del llanto». Lorca expresa su propio dolor de vivir a través del dolor que rezuman los cantes «hondos» de su tierra. Lorca quiere hacer una obra, popular y a la vez estéticamente culta, apartándose del repertorio del «colorismo» y el descriptivismo modernista. Frente a esa visión exterior, acierta con una fórmula llena de vida: Pureza frente a la civilización corruptora. Para transmitir esto, se remonta al ideal becqueriano de la poesía natural y breve, actualizado por la economía de medios de las escuelas de vanguardia. No hay aquí telegramas, au­tomóviles o aviones, sino retratos de cantaores antiguos, poemas de la siguiriya, la soleá, la saeta y la petenera.
    Suites

    Está compuesto de manuscritos del archivo García Lorca, de versiones publica­das en revistas de poesía, de textos citados en cartas y de tres suites. Las Suites son un testimonio de sus inquietudes humanas y estéticas. Son temas fundamentalmente que exploran el tiempo, la muerte, todo en un tono pesimista; se han relacionado con el teatro «imposible». Utiliza una métrica menor y los paisajes son melancólicos y transmiten obsesiones como la pérdida del paraíso, el tiempo, la luna, compañera de la muerte. No hay descanso en la naturaleza, ni en el yo, convertido en reflejo de deseos incumplidos.
    Canciones

    Hay aquí poesía pura, vanguardismo, brillantez… pero persiste su nostalgia de la niñez, de la pureza, del mismo modo que se advierte su sensibilidad para los temas trágicos.
    Romancero gitano

    Ver estudio de la obra.
    Oda a Salvador Dalí

    Oda a Salvador Dalí (1926) es un poema inseparable de su amor por Dalí y de su debate con el pintor catalán, que se refleja también en la imagen poética de don Luis de Góngora. En el poema, junto con la métrica de los alejandrinos, hay también un léxico frío y distante.
    Poeta en Nueva York

    La historia textual de Poeta en Nueva York es complicada por las distintas inten­ciones de su autor entre 1930 y 1936 sobre qué poemas incluir y cómo estructu­rar y titular el libro.

    Poeta en Nueva York desplaza la mirada y la voz hacia dos terrenos desconocidos: la metrópolis y el propio yo. La ciudad gigantesca es el germen de un cambio radical. Se abre al verso libre, casi versículo en ocasiones, y no busca ser un libro descriptivo aunque parta de impresiones inmediatas: «Geografía extrahumana y ritmo furioso. Geometría y angustia. En una primera ojeada, el ritmo puede pare­cer alegría, pero, cuando se observa el mecanismo de la vida social, la esclavitud dolorosa de hombre y máquina juntos, se comprende aquella típica angustia vacía que hace imperdonable, por evasión, hasta el crimen y el bandidaje».

    El primer rasgo de ese mundo es carecer de «raíz». De ahí que un tópico tradicionalmente consolador como el amanecer se transforme en la renovación de una pesadilla («La aurora»). Pero esa «angustia dibujada» invade también al yo poético, que ve confusa su identidad («Vuelta de paseo»). En «Asesinado por el cielo», el yo inmerso en la ciudad comprende ahora la imposibilidad del retorno al paraíso, ya sea el de la infancia o el de un mundo comprensible racionalmente.

    Al mismo tiempo se le abre la posibilidad del encuentro con sus semejantes: los negros, los oprimidos, los individuos que pueblan la cara oculta de la urbe.

    El poder del dinero, la esclavitud del hombre por la máquina, la injusticia social, la deshumanización serán los temas de este libro. Una de sus partes está dedica­da a los negros, otra raza marginada, y en la que el poeta ve lo más espiritual y delicado del aquel mundo.

    Él mismo dice que un «acento social» se incorpora a su obra. Los poemas son desgarrados gritos de dolor y violenta protesta. La soledad, la frustración y la angustia no son solo del poeta, hay millones de personas que también sufren.

    Formalmente, la conmoción espiritual y la protesta se funden en la técnica surrealista. El verso amplio y las imágenes le sirven para expresar al mundo absurdo e ilógico y para construir visiones apocalípticas. Con este libro, Lorca renueva su lenguaje.

    De entre los treinta y cinco poemas que integran el libro, hay varios que consti­tuyen el eje central: «La aurora» sintetiza toda su visión de Nueva York; también hay que destacar tres odas: «Oda al rey de Harlem», «Oda a Walt Whitman» que aborda el tema de la homosexualidad en términos contradictorios, y «Grito hacia Roma» donde lo religioso y lo social, lo metafísico y lo histórico se funden.

    Poeta en Nueva York es, en definitiva, una implacable denuncia de la sociedad capitalista, en la que todo queda subordinado al poder del dinero, Lorca proyecta en este ambiente, en el que predomina la insolidaridad, la explotación y el racis­mo, sus propias obsesiones y conflictos fecundos; son el desarraigo afectivo, la pérdida de la identidad personal, la proclamación de la libertad del homosexual. Se identifica con el otro, de ahí el tono de dolor y protesta de la voz del poeta que clama contra las injusticias que percibe y siente.

    Supera en Poeta en Nueva York la estética populista de la poesía tradicional y busca nuevos cauces expresivos en el verso libre de raíz surrealista.

    La influencia surrealista se advierte también en la libertad expresiva, la desinhibi­ción erótica en las imágenes visionarias, metáforas alucinantes, en el hermetismo e ilogicidad de muchos versos. A pesar de todo esto, el sentido general no se pier­de nunca y siempre hay una estructura que guía el poema mediante repeticiones, símbolos, etc.

    Diván del Tamarit

    Lo escribirá entre 1930 y 1935 y se publicará póstumamente en 1940. La poesía árabe clásica sirve de cauce a un lirismo intimista y atormentado que el poeta muestra en estos versos.

    Diván del Tamarit tiene la perfección de la madurez. Ya hemos visto al poeta tra­tar con todas las versiones de la vanguardia europea y ponerlas en un contacto fructífero con los principales géneros y procedimientos de la tradición hispánica, culta y popular, de los romances a la oda, del flamenco a los versículos de la Biblia, de la escritura automática al rigor gongorino, de los cancioneros a la gre­guería ultraísta.

    Se ha especulado sobre el papel de la poesía árabe en la construcción del libro. Sabemos que leyó los Poemas arábigo-andaluces, traducidos por Emilio García Gómez (1930) con el estilo de su generación. De esas lecturas pueden venir al­gunas impresiones.

    Algunas palabras tienen un efecto árabe fascinador. Diván significa «colección de poemas». El Tamarit es el nombre de una huerta vecina a la de San Vicente y propiedad de unos parientes suyos.

    De este modo quiso conjugar lo próximo y lo remoto, lo perdido y lo presente, la vega y la ciudad, en un paisaje extraño y familiar al mismo tiempo, análogo al choque con que se presentan los monumentos árabes a los granadinos, próximos desde la infancia y al mismo tiempo misteriosos.

    Es una voz trágica, donde se condensa el tema sustancial de su mundo, el deseo incesante, solo interrumpido por la catástrofe de la muerte, la dramática movili­dad de ese proceso repetido una y otra vez.

    El deseo encarna en el cuerpo con sensualidad apasionada hasta la violencia. La muerte viene de la mano del tiempo, desde sus comienzos, desde la infancia. El tema del niño muerto, procedente de la mitología romántica, se reitera por el libro.
    Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

    La elegía por la muerte de su amigo el torero Ignacio Sánchez Mejías (1891-1934) se escribe muy poco después de la cogida mortal y se publica en 1935.

    En sus cuatro partes, de ritmos distintos, vuelven a combinarse lo popular y lo culto; el ritmo de romance o de «soleá» alternan con el verso largo y la expresión directa de imágenes de aire surrealista.

    De la elegía funeral conserva todos los elementos genéricos, excepto el ubi sunt: presentación del acontecimiento, lamento, invitación y magnificación del llanto, panegírico y consolación.
    Sonetos del amor oscuro

    La mayor parte de los sonetos se escribió en Valencia, en 1935. El título Sonetos del amor oscuro es el que ha cristalizado. No se conocían íntegramente hasta hace pocos años. Expresan su experiencia amorosa personal, siempre debatién­dose entre el gozo y el dolor.

    No es automática la identificación «amor oscuro» con «amor homosexual». Aleixandre precisó el sentido de «oscuro»: «Para él era el amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, no correspondida o malvivida... oscuro por el siniestro destino del amor sin destino, sin futuro». Para Mario Hernández (1984), «el amor cantado es oscuro porque se ofrece, indefec­tiblemente, asociado a la muerte». José Ángel Valente dice que hay una forma primitiva de la muerte que es la imposibilidad de engendrar, que puede unirse a la «naturaleza no germinativa del amor homosexual».

    Lo oscuro se liga al tema, tratado en toda la obra lorquiana. Sin duda, hay una confesión amorosa muy directa, pero formalmente está contenida en el molde rígido del soneto. Así pues, Lorca vuelve a experimentar con la tradición.

    Sonetos del amor oscuro son una conjunción de elementos procedentes de la insatisfacción del eros: el amor secreto, el amor como muerte y a la vez el amor como vida.



    1. El Romancero gitano:

    los personajes, el espacio, los símbolos, la métrica, el estilo
    El Romancero gitano fue publicado por primera vez en Madrid en 1928, en la Re­vista de Occidente. Lorca debió madurar la idea de escribir sobre el mundo gitano y andaluz durante el verano de 1924; la elaboración fue lenta y coincide en el tiempo con movimientos renovadores en la poesía española y europea.

    El éxito de la publicación en 1928 fue rotundo; después se hizo una segunda edición en 1929 en la misma revista y continuaron otras en 1933, 1935 y 1936.

    En sus obras poéticas anteriores se muestran ya algunos de los temas, símbolos y personajes lorquianos más recurrentes que utilizará en el Romancero gitano: la luna, el gitano, los niños, las mujeres, lo andaluz, la sexualidad, los sueños… ya aparecen en el Libro de poemas; en el Poema del cante jondo recoge la tradición andaluza popular: es una poesía más descriptiva y también más dramática con paisajes, personajes y costumbres que definen el alma andaluza, con temas destacados como la soledad, la angustia existencial, la pasión trágica, el menosprecio por el mundo, el destino y la muerte. Incluso podemos encontrar poemas que anticipan algunos de los romances del Romancero gitano. «Escena del Teniente Coronel de la Guardia Civil» tiene su correspondencia con el «Romance de la Guardia Civil española»; el «Diálogo del Amargo» se relaciona con ei «Romance del Emplazado»; y «La baladilla de los tres ríos» y los poemas de la sección «Tres ciudades» anticiparán los romances de los arcángeles «San Miguel.», «San Gabriel» y «San Rafael». Además, la protagonista de «Amparo» es el mismo tipo femenino de «La monja gitana» y de Soledad Montoya en «Romance de la pena negra»
    Dice el propio Lorca, acerca del Romancero gitano, lo siguiente:
    El libro, en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más elevado, lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal. Así pues, el libro es un retablo de la Andalucía, con gitanos, caballos, arcángeles, planetas, con su brisa judía, con su brisa romana, con ríos, con crímenes, con la nota vulgar del contrabandista, y la nota celeste de los niños desnudos de Córdoba que burlan a San Rafael. Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblan­do la que no se ve. Y ahora lo voy a decir. Un libro antípintoresco, antifolklórico, antiflamenco. Donde no hay ni una chaquetilla corta ni un traje de torero, ni un sombrero plano ni una pandereta, donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje grande y oscuro como un cielo de estío, un solo personaje que es la Pena que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles, y que no tiene nada que ver con la melancolía ni con la nostalgia ni con ninguna aflicción o dolencia de ánimo, que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender.
    Lorca continúa con la tradición renacentista española de dar a un conjunto de romances el nombre de romancero. No imita un género de poesía popular sino que lo utiliza para crear una poesía personal y culta insertada en la forma tradicional del romance con una narración lírica subjetiva y una visión original de la realidad.

    El título íntegro del libro, Primer romancero gitano, lleva en su adjetivo inicial la marca de novedad artística y significa «primer romancero escrito sobre el mun­do gitano». Más tarde se abrevió y a partir de la tercera edición apareció como Romancero gitano, quizá para evitar cualquier expectativa de una posible conti­nuación del poemario.

    El adjetivo propuesto, «gitano», está presente de manera explícita e implícita en todo el Romancero, unas veces de forma directa y otra como detalle.

    Como él mismo apuntaba ya en la cita anterior, el Romancero gitano intenta des­mitificar la Andalucía folclorista, la Andalucía del tópico, y lo llamó «gitano» por­que para Lorca era el elemento más representativo de la «verdad andaluza».
    Estructura y clasificación
    El libro presenta dos bloques desiguales:
    1) Es el más extenso y consta de quince poemas (del uno al quince). Son los romances propiamente gitanos y contienen la visión personal de Lorca sobre esta raza. El mundo que nos describe es un mundo cerrado que no se parece a ninguna realidad existente. El poeta empezó a crear este mundo imagina­do ya en su primer romance cuando vio a la luna acercarse a la fragua para llevarse consigo al niño gitano. Una luna llena que atrae y fascina pero que conduce a la tragedia. En el poema cuarto, la luna no está llena, como en el primero, sino menguante. ¿Qué significa esto? Que este mundo creado se va cerrando; ya no hay salida, solo destrucción («Romance de la Guardia Civil española»).

    2) El segundo bloque lo conforman tres poemas históricos que le sirven al autor para dar su visión subjetiva de momentos históricos legendarios de extrac­ción literaria o contenido religioso.
    Temática
    - El mundo andaluz

    García Lorca recrea la realidad andaluza: tipos, costumbres y actitudes de los gitanos en su paisaje andaluz. Se inspira en su infancia, en sus experiencias y en leyendas de la tierra. Expresa con palabras lo pintoresco de una manera colorista y simbólica, y además penetra en lo étnico y en la esencia misma de la raza.

    El paisaje andaluz sirve de fondo para todas las figuras humanas y actitudes que aparecen en los romances; Córdoba, Sevilla, Granada, el Guadalquivir, etc., deli­mitan la geografía del Romancero.

    El elemento gitano es el común denominador de todo el libro y representa la libertad, la aventura, la fantasía, la ensoñación y también lo que está al margen de la ley. Hay en todo ello un componente antisocial si tenemos en cuenta que para Lorca lo gitaneas un ideal de conducta: el instinto sexual, el primitivismo, la fatalidad, la violencia, el desprecio a la autoridad, la ruptura de reglas, el amor ilícito.

    Lorca evoca el mundo andaluz y gitano sensorial y sentimentalmente, y recorre un elemento de la tradición viva de un pueblo. Nos muestra al gitano idealizado, convertido en mito, y materializa en él el prototipo de hombre libre que trata de afirmar su individualidad frente al mundo y que sucumbe ante un destino trágico e implacable del que no puede escapar.
    - Denuncia social

    Este tema está muy presente en el libro a través de la figura del gitano y de la Guardia Civil, figuras opuestas que establecen dos extremos del mundo lorquiano. El romance de «La monja gitana» manifiesta otro tipo de denuncia, la represión religiosa de los instintos.
    - El amor, el erotismo y el sexo

    Podemos encontrar en el libro diferentes conceptos de amor: amor frustrado, amor ansiado, amor prohibido, amor imposible, amor incestuoso. Todo el libro está creado sobre una realidad amorosa frustrada.

    El amor en el gitano lorquiano se desprende de sentimentalismo y queda reducido a deseo. No hay un equilibrio entre amante y amado. El ser amado es el objeto de la violencia sexual del amante en muchas ocasiones. El amor físico del gitano tiene mucho de mito. El individuo de Lorca es un individuo marcado por el instinto, el erotismo y el sexo.

    Podríamos hablar de una dualidad sexo-muerte que está muy presente en Lorca. Lo que es símbolo de vida: el deseo, la pasión y el sexo, será precisamente lo que amenaza y anuncia la muerte.

    En el cuerpo del individuo se manifestará esa violencia física y sexual; por ello podemos atribuirle muchos significados: representa lo erótico, lo instintivo, lo biológico, lo social y lo político, pero será en el ámbito erótico donde podemos relacionarlo con el otro.

    La homosexualidad tiene un papel muy importante en este contexto porque es un tabú social y es, en definitiva, una manifestación individual ante una rigidez social que está representada en el Romancero gitano por la Guardia Civil.

    Lorca desafía a toda una ideología considerando al homosexual como el individuo más liberado y a la vez más reprimido de la humanidad. El homosexual es el otro y es la figura del dolor. Lo erótico, el amor homosexual que presenta Lorca en su poesía no es una ma­nifestación positiva exclusivamente del cuerpo y de la libertad individual del ser humano, es también una denuncia de la moralidad represora, es, además, frustra­ción y sentimiento de culpa, es una obsesión por el deseo.

    El amor homosexual está condenado al fracaso y el deseo es reprimido por una sociedad que limita al ser humano y lo «castra».
    - La violencia y la muerte

    La violencia dirigida hacia los marginados irrumpe todo el tiempo en el paisaje poético lorquiano. Tanta violencia aislada, tanta muerte individual desembocarán en la destrucción y muerte colectiva, por ejemplo, en el «Romance de la Guardia Civil española».

    Cuerpos heridos, mutilados que manifiestan esta violencia física son también vio­lencia represiva contra la ideología cultural.

    La sangre es la esencia de la vida y su derramamiento es la esencia de la muerte. Esa expresión que aparece en algunos de los poemas del Romancero, «sangre ardiente» puede entenderse en el contexto de los dos opuestos: deseo sexual = vida, y violencia física = muerte.
    - El dolor y la frustración

    Lorca transmite el dolor y la frustración a través de la palabra y nos muestra una oposición recurrente en la poesía lorquiana: el conflicto entre las instituciones opresivas, por un lado, y el deseo de libertad del individuo, por otro.

    El dolor de los personajes que Lorca nos muestra a través de su poesía manifiesta la opresión y la soledad del individuo. Presenta un mundo donde los personajes van perdiendo su identidad, son despojados de lo material y también se pierden o buscan sin encontrar sentimientos. Nada los ata a este mundo para permanecer en él.
    - El destino trágico

    El tema del destino trágico aparece bien definido en el libro y centrado en el personaje de la Pena. Muchos de los romances se adentran en el mundo de las fuerzas ocultas y del destino trágico del hombre.
    PERSONAJES
    Los personajes del Romancero son tipos individuales que representan al colectivo de su raza, la gitana. Son seres instintivos en los que destaca el primitivismo.

    Lorca describe diferentes tipos humanos en sus romances: el niño, el adolescente, la soltera, la casada infiel, la madre, el hombre con sus instintos más primitivos, la figura opresiva representada por la Guardia Civil; pero, en definitiva, existen tres personajes principales que engloban todos los tipos. El gitano, como personaje que atraviesa todos los romances; la mujer, gitana también, y la «pena», imagen simbólica personificada y que recorre todo el poemario.

    También podríamos hablar de un personaje colectivo, opresivo, represor, la Guar­dia Civil, que representa lo civilizado frente a lo primitivo de los anteriores. La ley y la norma frente a la libertad y al individualismo.

    Antes de pasar a hacer un análisis más detallado de estos «personajes» del Ro­mancero anticipemos una visión global de los mismos:
    - La mujer del Romancero está movida por el deseo, por la frustración o por el dolor; el hombre actúa por el instinto, la dominación y la «pena», esa «pena negra», «pena andaluza», que recorrerá cada verso como hilo conductor hu­manizándose en cada uno de los tipos descritos y personificándose como un personaje más del Romancero. Será el amor, la envidia, el ansia de libertad y el destino trágico lo que deter­mina la actitud de cada uno.
    - El elemento gitano es el común denominador de todo el libro y representa la libertad, la fantasía y la ensoñación, lo trasgresor y lo que es está fuera de la ley, pero a la vez es para Lorca un ideal de conducta, por lo que podemos ver un matiz antisocial fuertemente arraigado: desprecio a la autoridad, instinto sexual desatado, amor ¡lícito, ruptura de reglas, fatalidad, violencia y muerte.
    - Lo que mueve a los personajes del Romancero es el valor y la ausencia de mie­do; la aceptación de la realidad y del destino no se cuestiona. Son anárquicos, se sienten libres aunque el instinto los arrastra hasta la tragedia; el impulso sexual y el deseo traspasan los límites de lo permitido.
    - Los personajes de Lorca conviven en un mundo de constantes transformacio­nes donde lo natural y lo sobrenatural van juntos y se metamorfosean creando imágenes sorprendentes, amalgamando imaginación y realidad, subjetividad y objetividad, lirismo y narración-descripción, con su trasfondo dramático que traspasa todas las fronteras apareciendo en todos los romances.
    - Elementos naturales se personifican y nos acercan a la mitología.
    - Lorca utiliza a sus personajes para objetivar y a la vez expresar sus sentimien­tos en ideales. Cada uno de ellos representa diferentes momentos emociona­les del poeta. Son los alter ego del poeta.
    - Los personajes se mueven por diferentes fuerzas que determinan sus conduc­tas: el sexo, la pasión, el instinto, las emociones. Se mueven por ilusiones, o mejor dicho, por falta de ellas; no entran en conflictos morales.
    - Cada personaje del libro es conducido por hilos invisibles que lo lleva inevita­blemente a la fatalidad. Asumen el destino y este los conduce a la tragedia; no hay lugar para la esperanza. Son primitivos, instintivos, están en conexión con la naturaleza. Tradición y costumbre guiarán su destino.
    A los personajes del Romancero los sitúa en un plano vital individual y colectivo.
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