3. Bibliografía citada en estos apuntes y bibliografía adicional




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1.3. La relación entre lengua y comunicación desde este punto de vista

[Tomado de Escandel et al. (2009), (capítulo 1, epígrafe 6, página 27)]
Desde el punto de vista recién expuesto, una lengua no se define como un sistema de comunicación. De hecho, es posible comunicar información sin usar la lengua. Por ejemplo, si yo levanto mi mano y os muestro mi alianza, posiblemente estoy intentando comunicaros que estoy casada; o si señalo mi reloj cuando alguien entra en clase pasados los primeros diez minutos, le estaré dando a entender que es tarde para entrar, etc. Por otra parte, se puede usar la lengua sin un fin comunicativo, por ejemplo, cuando al empleamos para organizar el pensamiento abstracto en actividades intelectuales complejas.
El área de intersección entre lengua y comunicación es, ciertamente, un área importante, pero se trata de realidades diferentes; ni la comunicación exige el uso de la lengua, ni todo uso de la lengua es estrictamente hablando comunicativo.
Entre lengua y comunicación parece existir una conexión muy estrecha. De hecho, la competencia pragmática y sociolingüística, que están directamente relacionadas con la comunicación, forman parte de la competencia lingüística. Así, aunque no se puede negar la vinculación entre las nociones de lengua y comunicación, el modo en que hemos definido lengua hasta el momento hace que las nociones se mantengan separadas. En consecuencia, ni la lengua puede caracterizarse exclusivamente en términos comunicativos, ni la comunicación exige necesariamente de la lengua.


2. La competencia comunicativa
2.1. La definición de competencia comunicativa
Existen al menos dos modos de entender qué es la competencia comunicativa:


  • En primer lugar, el término competencia comunicativa puede usarse de forma restringida como acabamos de señalar en el apartado anterior. En ese sentido restringido, el término competencia comunicativa se refiere a la suma de las competencias pragmática y sociolingüística. Esta manera de entender competencia comunicativa, en paralelo a competencia gramatical, reconoce la importancia de la competencia comunicativa como parte de ese sistema de conocimiento que es una lengua, pero mantiene una independencia entre competencia comunicativa y competencia gramatical, y no implica necesariamente una concepción finalista o funcionalista5 de la lengua como un mecanismo cuyas propiedades se deducen de que es un medio de comunicación. Dicho de otro modo, este punto de vista no implica afirmar que LA LENGUA ES UN SISTEMA DE COMUNICACIÓN.




  • Pero hay otro modo de entender el término de competencia comunicativa. Para muchos autores, desde una perspectiva funcionalista, una lengua SE DEFINE COMO UN INSTRUMENTO DE COMUNICACIÓN y se afirma que las propiedades de las lenguas pueden explicarse en tanto que son instrumentos de comunicación.




  • Para estos autores, la competencia comunicativa se entiende como una macrocompetencia. Así se concebía ya en las obras de D. H. Hymes (ver Hymes 1971/1995), que acuña el concepto (hablaremos sobre este autor más abajo con mayor detalle). Por ejemplo, para Canale (1995) y Canale y Swain (1996), tanto la competencia lingüística (= gramatical) y discursiva como la competencia sociolingüística (que engloba también lo que aquí hemos llamado competencia pragmática) son subcomponentes de la competencia comunicativa (o sea, de la lengua). Pero dentro de esta está también la denominada competencia estratégica, relacionada con el dominio de estrategias de comunicación verbal y no verbal que permite suplir carencias comunicativas y lograr una comunicación efectiva. Otros autores han añadido también como subcomponente de la competencia comunicativa la competencia intercultural. O sea que para estos autores la competencia comunicativa incluiría lo que hemos asociado por ahora a la noción de ‘lengua’, pero también otros aspectos, como la competencia estratégica o la competencia intercultural.

  • Según esta concepción, si la lengua es un instrumento para la comunicación, la comunicación ha de ser el objeto de los procesos de enseñanza/aprendizaje de la lengua.


En el apartado 2.3 volveremos a los subcomponentes (distintos según diferentes autores) de la competencia comunicativa.
¿No entiendes alguno de los conceptos que aparecen en este párrafo? Consulta en el Diccionario del CVD los distintos términos asociados a la voz competencia.

http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/indice.htm#c
Desde la segunda perspectiva mencionada, la competencia comunicativa es el conjunto de conocimientos y destrezas/habilidades (lingüísticos, discursivos, socioculturales y estratégicos) que permiten que un hablante actúe comunicativamente de forma eficaz y adecuada en una situación concreta de comunicación y en una determinada comunidad de habla. Es, por tanto, un concepto clave al tratar de responder a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué conocimientos, capacidades o destrezas se necesitan para hablar una lengua?

  • ¿Cuál es el objetivo de la enseñanza de lenguas?


Nótese que este concepto de competencia comunicativa incluye no solo conocimientos (lingüísticos y no lingüísticos) sino también habilidades y destrezas (y según algunos autores, también estrategias) para utilizar ese conocimiento en situaciones concretas. Por lo tanto, el concepto de competencia comunicativa no es una mera extensión de la competencia lingüística, entendida en sentido restringido, a la que se le han añadido las reglas relacionadas con el uso. La competencia, en este sentido, incluye, conocimientos, habilidades (y según algunos autores estrategias) y se define en relación con situaciones de comunicación determinadas. La competencia es, en este sentido, conocimiento + habilidad (+ estrategias).
Examinaremos la historia de la noción de competencia comunicativa en la próxima sección.
2.2. Historia del concepto ‘competencia comunicativa’
El concepto de competencia fue en primer lugar usado por Noam Chomsky, uno de los lingüistas más famosos, renovadores e influyentes del siglo XX, conocido también por sus escritos sobre política, historia y economía. Como hemos estudiado en el Tema 1, Chomsky defiende la existencia de una facultad del lenguaje innata, universal, común a todos los seres humanos, entendida como un mecanismo (en último término genético) que nos permite ‘desarrollar’ una lengua (a partir del contacto con un entorno lingüístico). ‘Desarrollar’ una lengua implica descubrir las unidades, estructuras y reglas formales que articulan la lengua del entorno, o, dicho con otras palabras, implica adquirir una competencia lingüística, entendida como un sistema de conocimiento interiorizado.

Nadie le enseña a un niño cómo mover el verbo a la posición adecuada en el caso de una pregunta, razona Chomsky. Así, la pregunta ¿Dónde está Juan? parece derivarse de la oración afirmativa Juan está en X reemplazando el circunstancial por un pronombre interrogativo y moviendo el verbo a la segunda posición de la oración. La oración agramatical *¿Dónde Juan está? sugiere que un niño de un año y medio (que ya puede producir preguntas) tiene que tener un conocimiento intuitivo de nociones tales como circunstancial o verbo, sobre las que, evidentemente, nadie lo ha instruido. El niño por tanto, debe ser capaz de construir (de forma inconsciente, claro está) una gramática mental –este es por tanto una de las hipótesis que defiende la gramática generativa, corriente gramatical iniciada por Chomsky–.
Chomsky en Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965) establecía una distinción entre competencia y actuación. La competencia, como acabamos de señalar, es el conocimiento que el hablante-oyente tiene de la lengua, y la actuación es el uso real de la lengua en situaciones concretas, la puesta en práctica de dicho conocimiento. Para Chomsky entonces, inicialmente, la competencia equivalía solo a lo que hemos denominado más arriba en este tema competencia gramatical y tenía que ver con las reglas lingüísticas que puedan generar frases gramaticalmente correctas. La actuación se relacionaba con la puesta en uso de dichas frases en el discurso.
Aunque, en un principio, Chomsky aceptó que todos los aspectos relacionados con el uso se incluían en la actuación, más tarde reconoció que algunos aspectos del uso son sistemáticos y están gobernados por reglas. Así, en 1980, reconoció, que además de la competencia gramatical, también existe la competencia pragmática. La competencia pragmática está referida al conocimiento de las condiciones y modo de uso apropiado de la lengua conforme a varios fines (Chomsky, 1980: 224).
El concepto de competencia de Chomsky provocó reacciones importantes entre los investigadores situados fuera del marco de la gramática generativa (Lyons, 1970; Campbell y Wales, 1970; Hymes, 1971). Se consideraba inadecuado porque no consideraba aspectos centrales del uso de la lengua relacionados con la comunicación interpersonal.
La reacción al concepto de competencia de Chomsky se centró en resaltar el carácter social del uso de la lengua y la importancia de que los enunciados sean apropiados al contexto en el que tiene lugar la comunicación. El concepto de competencia en la gramática generativa era, según algunos de los autores mencionados, reduccionista, porque en él no se consideraban elementos del contexto sociolingüístico. De este modo, Lyons (1970: 287), lingüista inglés, consideraba que:
La habilidad de utilizar la lengua con corrección en una variedad de situaciones determinadas socialmente es una parte tan central de la competencia lingüística como la habilidad de producir oraciones gramaticalmente correctas.
Campbell y Wales (1970) también insisten en la idea de que saber una lengua implica la habilidad de producir o comprender enunciados que son apropiados al contexto en el que tienen lugar. Pero sin duda alguna, la reacción de mayor importancia fue la de Hymes (1971)6, quien consideraba que la competencia gramatical es insuficiente para explicar el uso del lenguaje porque no contempla el hecho de que los enunciados deben ser también apropiados y aceptables en el contexto en el que se utilizan. El contexto de comunicación puede imponer restricciones sobre las formar lingüísticas elegidas en una situación de comunicación determinada.
Así, como alternativa al concepto de competencia de Chomsky, Hymes propuso el concepto de competencia comunicativa que incluye las reglas de uso a las que hace referencia. En dicho concepto incluye no solo el conocimiento de las reglas gramaticales, sino también la competencia textual o sociolingüística (que no es más que el uso de la lengua en el contexto social). Así, usaremos distintas formas de hablar según si nos encontramos en una situación formal (clase, conferencia, entrevista de trabajo) o informal (conversación entre amigos, por ejemplo).
De este modo, para poder hablar una lengua, no solo se requiere un dominio de las estructuras gramaticales de esa lengua, sino también un dominio de las reglas sociales, culturales y psicológicas que rigen el uso del lenguaje dentro de un determinado contexto. Hymes propone cuatro criterios para describir las formas de comunicación, cuya aplicación a una determinada expresión ha de permitir establecer si esta:

  • es formalmente posible (y en qué medida lo es);  es decir, si se ha emitido siguiendo unas determinadas reglas, relacionadas tanto con la gramática de la lengua como con la cultura de la comunidad de habla;

  • es factible (y en qué medida lo es) en virtud de los medios de actuación disponibles; es decir, si las condiciones normales de una persona (en cuanto a memoria, percepción, etc.) permiten emitirla, recibirla y procesarla satisfactoriamente;

  • es apropiada (y en qué medida lo es) en relación con la situación en la que se utiliza; es decir, si se adecua a las variables que pueden darse en las distintas situaciones de comunicación;

  • se da en la realidad (y en qué medida se da); es decir, si una expresión que resulta posible formalmente, factible y apropiada, es efectivamente usada por los miembros de la comunidad de habla; en efecto, según Hymes, «puede que algo resulte posible, factible, apropiado y que no llegue a ocurrir».

Por lo tanto, podemos ver que conceptos como ser apropiado o aceptable forman parte, al igual que ser gramaticalmente correcto, de la competencia comunicativa. Hymes, desarrolló un modelo importante para ayudar en la identificación y etiquetado de los componentes de la interacción lingüística, que deriva de su definición de competencia comunicativa y de la afirmación de que para hablar una lengua correctamente, no sólo se necesita aprender su vocabulario y gramática, sino también el contexto. Hymes describió la competencia comunicativa como aquella que implicaba saber qué decir a quién y cómo decirlo de la forma apropiada en una situación determinada.


Hemos, pues, de proporcionar explicaciones del hecho de que un niño normal adquiera el conocimiento de las oraciones, no solamente como gramaticales, sino también como apropiadas. Este niño adquiere la competencia relacionada con cuándo hablar, cuándo no y de qué, con quién, dónde, en qué forma.

(D. Hymes, 1971/1995: 34)

2.3. Los componentes de la competencia comunicativa
No hay un planteamiento unitario respecto a los componentes de la competencia comunicativa. Distintos autores defienden puntos de vista diferentes. Ofrecemos algunos de estos puntos de vista a continuación.
Canale (1995) habla de cuatro:


  • Competencia gramatical (se refiere al dominio del conocimiento lingüístico. La competencia gramatical comprende el léxico; las reglas de la morfología, la sintaxis y la semántica de la oración gramatical y la fonología).

  • Competencia sociolingüística (relacionada con la adecuación de las producciones al contexto. La competencia sociolingüística está integrada por las normas socioculturales que rigen el uso y las reglas del discurso, lo cual permitirá interpretar el significado social de los enunciados).

  • Competencia discursiva (se refiere a los modos en que se combinan unidades gramaticales para formar textos, hablados o escritos, coherentes y completos).

  • Competencia estratégica (relacionada con el dominio de estrategias de comunicación verbal y no verbal que pueden suplir carencias y lograr una comunicación efectiva).





Para saber más sobre las estrategias comunicativas:

http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/diccionario/estratcom.htm
A estas cuatro competencias, J. Van Ek (1986) añade la competencia sociocultural y la competencia social.
El modelo de L. Bachman (1990/1995) es, hasta el momento, el último que ha sido propuesto en el campo de la enseñanza de segundas lenguas.
Bachman (1990/1995), habla de “habilidad lingüística comunicativa” que puede ser descrita como compuesta del conocimiento, o competencia, y la capacidad para poner en práctica o ejecutar esa competencia en un uso de la lengua adecuado y contextualizado. Se compone de tres elementos: (a) los mecanismos psicofisiológicos que posibilitan la comunicación; (b) competencia estratégica, que se refiere a las capacidades cognitivas específicas que permiten la interacción entre la competencia lingüística y otros aspectos como los conocimientos, experiencias, destrezas, etc., permitiendo un uso mejor de la lengua, y (c) competencia comunicativa, que se compone de competencia organizativa (que incluye la competencia gramatical y textual) y competencia pragmática (que incluye la competencia ilocutiva relativa a las funciones del lenguaje, y la competencia sociolingüística, relativa al comportamiento comunicativo de tipo social).
Puedes aprender más sobre todas estas subcompetencias en el Diccionario del CVC:

http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/diccio_ele/indice.htm
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