Plan de estudios ievs




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La integralidad del lenguaje.

La manifestación del lenguaje recoge todas las formas en que el ser humano ha significado el mundo; mediante él, cada sujeto lo aprehende en todas sus dimensiones, es decir, lo conoce y lo transforma. Por medio del lenguaje ha conocido la diversidad de conocimientos que ha producido: recorre la historia; crea mundos ficticios; se acerca a los descubrimientos científicos; se mira a sí mismo (su manera de organizarse, de pensar y de ser); analiza el mundo, la evolución del pensamiento y los comportamientos humanos; visita el futuro, descubre la naturaleza y los mundos abstractos que no le son evidentes.

En el contexto educativo, el lenguaje debe ser concebido como una globalidad, no puede ser considerado como una secuencia de habilidades o de temas, su instrucción no puede ser jerárquica, tal como se ha venido trabajando hasta el momento. Se trata de aprender a usar, en el lenguaje la estructura de éste y su significado.

En este orden de ideas, la lengua materna es el medio natural de expresión del niño dentro de su entorno; justamente por ser materna tiene para él un alto valor emocional; es su medio de integración a su cultura y a su comunidad, es la que le permite el proceso de captar el mundo, entenderlo, dado que a través de ella registra y codifica su experiencia cultural. Los niños aprenden a través de la lengua materna a pensar, a plantear y a resolver problemas, a expresar emociones y fantasías, a recibir y a dar instrucciones, a conocer la historia, a interiorizarse y apropiarse de los saberes, quehaceres y valores de su comunidad.

Relación pensamiento y lenguaje

“El lenguaje se define como una facultad propia y exclusiva del ser humano, es ante todo, pensamiento, expresión del pensamiento, instrumentación del pensamiento, formación y estructuración del mismo”5 El lenguaje y el pensamiento cumplen una función correlativa, puesto que hacen posible los procesos de simbolización y comunicación: pensar y comunicar.

Es necesario considerar que la relación entre pensamiento y lenguaje es “de doble vía: por un lado, el lenguaje es expresión del pensamiento (pensar con claridad ayuda a comunicarse mejor) y, por otro, el lenguaje es un factor indispensable en la configuración del pensamiento (aprender a expresarse con claridad ayuda a comprender mejor)”6 Es así como el desarrollo del lenguaje es al mismo tiempo el desarrollo de la capacidad comunicativa, lo cual es tanto imprescindible para una socialización sana como estímulo para el desarrollo cognitivo de los niños.

Al potenciar el desarrollo del lenguaje se desarrolla el pensamiento y, por ende, el conocimiento; pues sólo mediante el lenguaje es posible conocer. El lenguaje habla de los objetos de estudio de todas las disciplinas o de todas las ciencias, se toma a sí mismo como objeto de estudio. Las maneras como el ser humano se acerca a éste son siempre las mismas: lee, escucha, discute, escribe, investiga sobre las temáticas que pretende conocer.

“El lenguaje, por consiguiente, implica:

• El pensamiento, en tanto lenguaje interior.

• La oralidad, en tanto interlocución.

• La escritura, en tanto a la interacción y/o memoria.

• La escucha, en tanto silencio y respeto al turno del que habla.

• La lectura, en tanto comprensión del texto escrito por otros o por sí mismo.” 7

Estas cinco habilidades implican los procesos de comprensión, los cuales al relacionarlos entre si de una manera dialógica permiten la comunicación entre los individuos de una sociedad. Según lo anterior, el lenguaje se asume como un proceso cognitivo de orden superior que acompaña el proceso de construcción del conocimiento y del aprendizaje, donde hay una relación entre el ser, el pensamiento y el lenguaje, que constituyen la razón de todo proceso educativo encaminado hacia la culturización de los individuos de una sociedad.

Si bien el lenguaje no se centra en el pensamiento, pierde toda su esencia y valor si no forma y no contribuye a ese ser en formación, en continuo perfeccionamiento; no cumple con su misión de educar. Cuando se desarrolla el lenguaje se habilita el pensamiento, ya que mediante el primero se puede expresar lo que se piensa a los demás; la habilidad comunicativa le permite al sujeto construir conocimiento y socializarse. El objetivo de la enseñanza del lenguaje debe apuntar a que el individuo logre su capacidad de comunicarse y de comprender lo que le comunican.

El MEN propone, en los Lineamientos Curriculares de Lengua Castellana; la enseñanza de la lengua materna hacia el desarrollo de competencias que le permitan a un educando comprender y responder a las necesidades que se le presentan en su contexto, utilizando las habilidades comunicativas como herramientas para ello. Desde nuestra práctica pedagógica, el incremento de estas herramientas de contacto y relación con el mundo está mediado por la literatura, al ser ésta la puerta de entrada al lenguaje y la significación.

La concepción de competencia como intencionalidad de los aprendizajes y las enseñanzas es una idea que se ha venido introduciendo en la formulación y praxis de los proyectos curriculares. Ya en 1965, Chomsky presenta un replanteamiento del concepto de competencia con miras a elaborar una teoría sobre el origen y dominio del lenguaje, “inserta el concepto en el interior de una concepción abstracta de la estructura cognitiva y define competencias como capacidad y disposición para la actuación y la interpretación” 8

Desde este supuesto, la competencia hace referencia un componente actitudinal, que vincula los aspectos cognoscitivo, afectivo, conativo o intencional y comportamental. Al hablar de interpretación, ella obedece a lectura sistemática de aquello que es objeto de comprensión y que se realiza desde las estructuras conceptuales, metodológicas, estéticas, actitudinales y axiológicas que el sujeto ha elaborado.

La propuesta de Chomsky, abre las puertas a la potencialización de actividades cognoscitivas que preparan al sujeto para responder a las exigencias de un contexto que demanda una adecuada utilización de las habilidades del pensamiento. “Si todo conocer, como lo establece Kant, se traduce en un saber, y éste es un acuerdo de la razón consigo misma, entonces la equivalencia debería ser entre competencias y saber: saber pensar, saber interpretar y saber actuar desde sí para con los demás en el interior de contextos comunitarios específicos.” 9

En el contexto colombiano, el concepto de competencia aparece en 1994; actualmente se encuentra en las reformas y orientaciones de la política educativa general y son ellas –las competencias- el objeto de evaluación en las pruebas SABER y el nuevo EXAMEN DE ESTADO.

En los Lineamientos Curriculares de la lengua castellana, la noción de competencia aparece como una “categoría pensada desde la constitución y formación de los sujetos en diferentes dimensiones de su desarrollo10 , hacia la formación de sujetos integrales que tengan más la capacidad de comprender, interpretar y cambiar su realidad social, que la capacidad de almacenar contenidos específicos de las diversas áreas del saber.

Acogidos a esta propuesta del MEN, pensamos en la formación de sujetos que sean capaces de comprender, analizar, interpretar y proponer frente a diferentes situaciones y problemas. Desde esta perspectiva, se distinguen cuatro competencias básicas dentro del lenguaje. La principal es la comunicativa y de ésta se derivan la interpretativa, argumentativa y propositiva.

Competencia Comunicativa:

Hace referencia al poder que tiene un hablante para comunicarse de manera eficaz en contextos culturalmente significantes. Como competencia podemos designar “el conjunto de procesos y conocimientos de diverso tipo -lingüísticos, sociolingüísticos, estratégicos y discursivos- que el hablante/oyente/escritor/lector deberá poner en juego para producir o comprender discursos adecuados a la situación y al contexto de comunicación y al grado de formalización requerida” 11

Competencia Interpretativa o Hermenéutica:

Alude a los actos que tienen el propósito de “comprender los diversos contextos de significación, ya sean éstos sociales, científicos, artísticos, etc.”. Esta competencia conlleva a acciones de análisis que vinculan y confrontan los aspectos significativos de un texto.

Competencia Argumentativa o Ética:

Se refiere a los actos por los cuales los sujetos amplían y condicionan las posibilidades de expresión del otro. Esta competencia “se dirige tanto a mantener y fortalecer el reconocimiento de la necesidad de la solidaridad en determinadas acciones sociales, de las diferencias y del respeto que ellas merecen, como la construcción de una imagen de sí mismo en relación con los otros”. Es una acción contextualizada que busca dar explicación de las ideas que articulan y dan sentido a un texto.

Competencia Propositiva o Estética:

“Se caracteriza por ser una actuación crítica y creativa en el sentido de que plantea opciones o alternativas ante la problemática presente en un orden discursivo determinado”. Hace referencia a la posibilidad de crear y transformar significaciones en un contexto, no necesariamente artístico.

Como puede verse, estas competencias ponen al lenguaje más allá de la comunicación, no sólo como mensajes que se configuran a través de un código y que circulan a través de un canal entre un receptor y un emisor. Podríamos decir, siguiendo al profesor Baena, que la función central del lenguaje -en este contexto- es la significación, además de la comunicación.

Hablamos de la significación como “aquella dimensión que tiene que ver con los diferentes caminos a través de los cuales los humanos llenamos de significado y de sentido a los signos, es decir, diferentes procesos de construcción de sentidos y significados” 12 La significación abarca las formas como establecemos relaciones con otros y también los procesos a través de los cuales nos vinculamos a la cultura.

A partir de lo anterior, se vislumbra una competencia significativa, que abarca algunas competencias asociadas con el campo del lenguaje13:

Competencia gramatical o sintáctica referida a las reglas sintácticas, morfológicas, fonológicas y fonéticas que rigen la producción de los enunciados lingüísticos.

Competencia textual contempla los mecanismos que garantizan coherencia y cohesión a los enunciados y a los textos.

Competencia semántica alude a la capacidad de reconocer y usar los significados y el léxico de manera pertinente según las exigencias del contexto de comunicación.

Competencia pragmática o socio-cultural se refiere al reconocimiento y al uso de reglas contextuales de la comunicación.

Competencia Enciclopédica relacionada con la capacidad de poner en juego, en los actos de significación y comunicación, los saberes con los que cuentan los sujetos y que son construidos en el ámbito de la cultura escolar o socio-cultural en general, y en el micro-entorno local y familiar.

Competencia literaria entendida como la capacidad de poner en juego, en los procesos de lectura y escritura, un saber literario surgido de la experiencia de lectura y análisis de las obras mismas, y del conocimiento directo de un número significativo de éstas.

Competencia poética considerada como la capacidad de un sujeto para inventar mundos posibles a través de los lenguajes, e innovar en el uso de los mismos.

Desde esta perspectiva, las habilidades comunicativas adquieren otro sentido, nace entonces la necesidad de ser conceptualizadas desde el lenguaje significativo; reconociendo las cualidades que cada una posee y su uso en un contexto determinado. Escuchar, hablar, leer y escribir son habilidades dadas al ser humano como las formas máximas de expresión consigo mismo y los otros, con su contexto y el mundo.

Dentro de estas habilidades comunicativas la escucha es la primera en desarrollarse. El ser humano comienza a reconocer el mundo a través de los sonidos, ruidos y palabras que percibe. Con el transcurrir del tiempo y la inmersión del ser humano en la cultura, esta habilidad se ve perfeccionada en la interacción con los otros, a través de la información que recibe del medio y la necesidad de comunicarse.

Así, “escuchar tiene que ver con elementos pragmáticos como el reconocimiento de la intención del hablante, el reconocimiento del contexto social, cultural, ideológico desde el cual se habla; además está asociado a complejos procesos cognitivos ya que, en el acto de leer en el que se cuenta con el impreso como soporte de la significación, escuchar implica ir tejiendo el significado de manera inmediata, con pocas posibilidades de volver atrás en el proceso interpretativo de los significados”14 .

El sujeto que escucha asume el rol de oyente y su tarea es “recibir, comprender y asimilar el mensaje” , dicho mensaje se encuentra en la información que le es transmitida y las circunstancias que se encuentran presentes en el acto de habla. Es decir, el receptor - entendido ahora como interpretador- tiene la tarea de oír y escuchar. Al oír pone en juego un proceso fisiológico, en el que se toman los sonidos pero no se da lugar a la significación; al escuchar se genera un proceso mucho más complejo, que implica algo más que oír “es percibir los sonidos como unidades significativas y relacionar las estructuras para extractarle sentido, en otras palabras, escuchar es entrar en un proceso psíquico de decodificación o empezar lo que significa la emisión” 15

El escuchar depende principalmente de la capacidad que tenga el oyente para atender y concentrarse, donde se oriente en pensamiento a la información o el mensaje que se recibe. De igual forma, una escucha eficaz está determinada por la motivación y el interés que se tenga hacia un tema. El interpretador, después de comprender lo que se escucha pasa a un “análisis crítico” en el cual emite sus juicios con respecto a lo que escucha, él tiene la responsabilidad de respetar al hablante, sus ideas y la forma como éste usa la palabra. Además debe asimilar la información y producir una respuesta cuando sea necesario.

De esta manera, la escucha se convierte en un proceso activo que requiere poner el sentido del oído en buen uso, podemos tener un oído excelente pero ser malos para escuchar. Escuchar se ubica en un nivel superior al de oír, ya que la escucha implica interiorizar y seleccionar la información que el medio ofrece; mientras que al oír no se hace una discriminación de los mensajes relevantes e irrelevantes. Al distorsionarse el proceso de escuchar surgen problemas y dificultades que impiden la comunicación y comprensión en las relaciones académicas y sociales.

Cuando se escucha la voz interior y la voz del otro se da paso a una decodificación y posteriormente a la comprensión. Escuchar al otro significa un dormirse, un olvidarse de sí mismo, perdiéndose en la comprensión y más aún en el propio juzgar y el escucharse a sí mismo implica una introspección, que reconozca lo que somos, pensamos y sentimos.

La habilidad de la escucha está vinculada estrechamente con la habilidad del habla ya que al escuchar se puede inferir, argumentar, interpretar y proponer, es decir, asimilar, comprender y producir ideas y nociones. De este modo, una buena escucha no limita el discurso del hablante, por el contrario, permite la permanencia y la buena difusión del mensaje en el lector/oyente, generando un hablar surgido del escuchar y percibir al otro, que conduce a un encuentro en el que nace algo nuevo.

Hablar es un proceso complejo que requiere de la elección de una posición de enunciación pertinente a la intención que se persigue, y que tiene en cuenta el interlocutor para seleccionar un registro de lenguaje y un léxico determinado.

Frente a textos escritos el ser humano pone en concurso dos habilidades comunicativas más complejas que interactúan a la par en el proceso de significación: la lectura y la escritura.

La lectura es un proceso en el cual el pensamiento y el lenguaje están involucrados en continuas transacciones, que suceden en un lector cuando trata de obtener sentido a través del texto impreso, pues no sólo debe descifrar y vocalizar signos alfabéticos, sino que implica la comprensión, la interpretación, el descubrimiento y la significación.

En la lectura, un lector, un escritor y un texto establecen un diálogo de confrontación, en el que el escritor aparece como creador, el lector como recreador y el texto como el portador de significado. En este sentido, el escritor como creador tiene la intención y el deseo de comunicar pensamientos, sentimientos y experiencias orientados hacia la representación de los significados; y el lector como recreador se acerca al texto desde sus propias perspectivas, experiencias, propósitos y expectativas que le permiten tomar decisión crítica, reflexiva, creativa y única frente a éste.

A través de la lectura el sujeto puede apropiarse y producir conocimiento desde las diversas ramas del saber, de esta manera puede hallar respuesta a múltiples preguntas, encontrar soluciones a conflictos, perfeccionar la conducta y enriquecerse ética y espiritualmente, “con la lectura, el individuo puede ampliar su vocabulario, apropiarse de nuevos conocimientos e ideas, acceder al maravilloso mundo del arte y la literatura. La lectura propicia que el hombre se conozca mejor a sí mismo y se reconozca como parte de una comunidad o de determinado grupo social.”

El principal proceso del pensamiento en la significación está mediado por la comprensión. Para Goodman y Smith, el proceso de comprensión implica la interacción con el pensamiento y el lenguaje; la comprensión es la construcción de significado del texto, por parte del oyente/lector de acuerdo con sus conocimientos previos, experiencias de vida, paradigmas cognoscitivos y contextos. La comprensión es un proceso vinculado con las habilidades de escucha y lectura, pero también demanda del hablante/escritor una adecuada organización de su discurso para que en el otro se genere un proceso de comprensión.

En el proceso de comprensión intervienen en forma interactuante un haz de factores derivados del autor, del texto y del lector/oyente, en busca de sentido y significado. De este proceso recíproco surge la asimilación del significado referencial y contextual, que generan la construcción creativa del texto.

El análisis16 es la habilidad del pensamiento que hace referencia a la habilidad para distinguir y revisar los elementos de un discurso gráfico, oral o escrito, y separar la información relevante de la irrelevante. Mediante el análisis un sujeto puede definir las variables y las relaciones existentes entre ellas, ya sean éstas explícitas o implícitas.

La síntesis es la capacidad para procesar y transformar ciertos datos en diferentes direcciones para obtener nociones y soluciones, que permite rescatar la información más relevante de todo un discurso o texto. En esta habilidad del pensamiento se involucran la inducción y deducción. Entendida la primera como el proceso en el que se razona desde lo particular hasta lo general; y la segunda como una forma de razonamiento donde se infiere una conclusión a partir de una o varias premisas.

La transferencia, por su parte abre las puertas a la comparación, relación e intercambios entre lo que se conoce y lo que se está conociendo. Así la transferencia se define como el proceso por el cual la experiencia que tenemos en una actividad tiene efectos en el desarrollo de otra nueva. Nickerson, Perkins y Smith, hablan de dos mecanismos diferentes que aparecen en esta habilidad: la transferencia de vía baja y la de vía alta. La primera habla de la relación e hipótesis que se desata de manera instantánea en el sujeto al enfrentarse a un concepto, actividad o problema; es “como un disparo automático de esquemas muy bien practicados”17 . El segundo mecanismo hace alusión a una elección de acción y/o respuesta ya más consciente del sujeto, “este tipo de transferencia está dirigida hacia adelante al tener como objetivo la previsión o el anticipo e involucra la contextualización activa y la reestructuración de competencias y procesos, además de… la abstracción deliberada de un principio y su aplicación a un contexto diferente.”18

En nuestra práctica el objetivo es permitir, con las actividades que se propongan, el incremento de las habilidades comunicativas y del pensamiento, en donde la literatura es el eje central. Ésta aparece como herramienta de intercambio del estudiante con los diferentes objetos del saber, contextos y formas de ver la vida mediante el proceso de significación.

La literatura es un término que designa un acto peculiar de la comunicación humana y que podría definirse, según la palabra latina que le da origen, como arte de escribir, escritura, alfabeto, gramática, conjunto de obras literarias. Pero literatura deriva a su vez del latín litterae, ‘letras, caracteres, escrito, obra literaria’.

La literatura es ante todo arte, cuyas manifestaciones son las obras literarias, es decir, “creaciones artísticas expresadas con palabras, aun cuando no se hayan escrito, sino propagado boca a boca”, según la definición de Rafael Lapesa. Esta aclaración lleva a considerar como literatura todas las obras anteriores a la invención de la imprenta y, sobre todo, las que no se han transmitido por escrito sino oralmente, como el folclore, los cuentos tradicionales, los chistes y los proverbios; pero no todo discurso o texto escrito puede considerarse literatura, sólo lo serán aquellos que estén realizados con arte.

Por muchos años, la literatura significó instrucción, un saber relacionado con el arte de escribir y de leer o también gramática o alfabeto; ahora toma otro matiz semántico donde no se refiere al sujeto como tal, sino al conjunto de objetos estudiados por él; en otras palabras tiene en cuenta el conjunto de obras literarias en general, que hacen parte de una manifestación artística, estética desde la categoría intelectual propia del ser humano, capaz de transformar el universo con la utilización del intelecto y de la palabra hablada y escrita.

“Históricamente ha habido distintas interpretaciones sobre la naturaleza y función de la literatura, pero se mantiene en común acuerdo respecto de su significado etimológico que la liga al de la letra. En su desarrollo histórico, los orígenes de la literatura están vinculados a las primeras manifestaciones del hombre en su necesidad por comunicarse con los otros, expresar su vivencia no de un modo discursivo sino de una manera que le permita expresar en un mismo nivel categorías intelectuales, estéticas y de todo orden”19

El concepto de literatura, si bien abarca el conjunto de obras de arte creadas a partir de la palabra, del lenguaje, se amplia por la cultura, por contextos que de una u otra forma dan cuenta del momento histórico en el cual se inscriben. Es por eso que hablar del concepto de literatura, es hablar del quehacer artístico del sujeto en el tiempo.

La literatura es juego con palabras, juego con imágenes expresadas en palabras, juego con sonidos de palabras en la región de la armonía y el ritmo y miradas sobre el mundo. Podemos mirar el mundo desde la literatura porque ésta es juego y palabra, acción y vocablo: verbo.” 20

Por tanto, y teniendo en cuenta lo anterior, el maestro que se interesa por el problema de la educación, debe considerar, el método como parte del problema que debe enfrentar y debe solucionar. Pensar en el método le implica pensar en dos situaciones íntimamente relacionadas: ¿Qué es lo que se debe enseñar? O si se quiere, mirando desde otra perspectiva. ¿Qué es lo que el alumno debe y necesita aprender? y ¿cómo enseñarlo?

Según Humberto Quiceno21 , el sistema formativo ha sentido la necesidad de ajustar la educación a la economía, y a las categorías que describen la sociedad: Información, comunicación, servicio, códigos, mensajes, transformaciones, dinamismo, energía, control abierto, series, entre otros. La educación debe ser orientada por políticas desarrollistas, dirigida hacia la información y los distintos factores que la producen, así como a la habilitación de la capacidad para pensar.
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