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Analiza:

El delegado, seleccionado por sus compañeros, ya dimitió.

Acabada la sesión, todos aplaudieron a los organizadores.

Me lo comunicó con aquella irritante frialdad en la que necesitaba escudarse.

Por la mañana me despertó el redoble de tambores y acudí al lugar donde formaban las tropas que iban a luchar.

Telefoneó desde Lisboa para averiguar cómo iban las cosas por aquí.

Los críticos, impelidos por el odio que encienden mis acciones, no tienen que pronunciar elogios en público.

Concluido el acto, el monarca saludó a los que le habían presentado sus credenciales.

No ha escrito una palabra sobre filosofía, pero argumenta que él piensa mucho y que los hombres que piensan mucho son filósofos.
Análisis sintáctico de repaso:
Queridos padres: Hace cuatro días, llegué sin novedad a Vigo, donde hallé muy bien a los abuelos y a los tíos. Unos y otros me han llevado a muchos sitios, así es que no he tenido tiempo para escribiros antes. ¿Me disculparéis? Poneos en mi lugar: ¡es todo tan hermoso! La ciudad, las rías bajas, Santiago, donde fuimos ayer… Ojalá volvamos, porque me supo a poco.
No me acuerdo de cuándo se plantaron esos árboles. Deben de tener seis u ocho años. Tal vez tengan alguno más. Se han desarrollado mucho, y en primavera se cubren de hojas. Ahora acaban de ser podados por los jardineros municipales.
Guzmán se quedó mirando absorto el mapa. La Mancha… Allí había nacido él, y quizás don Quijote. Después de tantos años, sólo recordaba que era un pueblo pequeño y limpio, y que, en la plaza, habían dedicado un monumento, sencillo y noble, al Ingenioso Hidalgo.
Buscó en los cajones, registró los armarios, los bolsillos de toda su ropa… No apareció la carta de amor de Román. Era imposible que la hubiera perdido. No había duda: había caído en poder de su hermana. La aprovecharía para burlarse de ella, para gastarle pesadas bromas.
El chismoso de Andrés dijo que no se iba porque estaba de mal temple, y que se sentía muy solo. Aunque todo ello eran excusas para quedarse a husmear qué hacíamos. ¡El cotilla! Yo no sabía si echarlo o echarme a reír.
Mi prima Aurora se puso hecha una furia al oír aquello. Yo me quedé de una pieza, pues lo que acababa de decir Juan parecía un agravio incalificable. Pero aquello estaba dicho, y la culpa era de Aurora porque se fió de él.
Las maletas estaban aún en el coche. Se habían quedado allí hasta que estuviéramos descansados; como el viaje había sido tan largo, no nos quedaban fuerzas. Así es que allí estuvieron hasta que fue de noche, y hubo que subirlas a casa.
La reunión continuó violenta. Todos los que habían acudido se acusaban de la falta de acuerdo, y los que hablaban lo hacían irritados. Parece que no podía ser de otra manera, que las tensiones habían llegado a su último grado. Lamentable situación.
Martín tomó el sendero que bordea un torrente. Una capa de arcilla humedecida cubría el camino, por el cual los caballos y los hombres se resbalaban. El sendero tan pronto se acercaba a la torrentera, llena de malezas y de troncos podridos de árboles, como se separaba de ella. Los soldados caían en ese terreno resbaladizo. A cierta altura, el torrente era ya un precipicio, por cuyo fondo, lleno de matorrales, se precipitaba el agua brillante.

Miguel Hernández, Antología poética
TEMA 1.- Vida, amor y muerte en la poesía de Miguel Hernández

1.- Reflejo de la vida de Miguel Hernández en su trayectoria literaria

2.- Distintas manifestaciones del amor en su obra

3.- Concepto de muerte en su poesía

TEMA 2.- El compromiso social-político de Miguel Hernández

1.- Introducción: cambio de mentalidad y transformación poética de Miguel Hernández

2.- Viento del pueblo

3.- El hombre acecha

4.- Cancionero y romancero de ausencias

TEMA 3.- La poesía española desde principios del siglo XX hasta MH

1.- Renovación de la poesía del siglo XX: Modernismo, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado

2.- Generación del 27: características generales y principales autores

TEMA 4.- Imágenes y símbolos en la poesía de Miguel Hernández

Estudio de las imágenes y símbolos empleados por Miguel Hernández

TEMA 5.- Tradición y vanguardia en la poesía de Miguel Hernández

1.- Influencia de la tradición literaria española en la poesía de Miguel Hernández

2.- Modernidad y vanguardia


  1. Vida, amor y muerte en la poesía de MH

En la obra de Miguel Hernández tiene gran importancia la temática, breve pero rica. Llama la atención, en primer lugar, la presencia de los elementos de la naturaleza, como la luna, la noria, el barro, el limón, etc. En segundo lugar, la utilización simbólica de cuanto ve. Pero los temas por excelencia son el amor, la vida y la muerte. Casi la totalidad de los especialistas en la obra de Miguel Hernández han observado la estrecha relación que existe entre la biografía y la creación lírica del poeta.

En un primer momento, en Perito en lunas, su poesía refleja la naturaleza, los animales y las plantas en metáforas y símiles, como la descripción de la palmera como “la sierpe”. Es el comienzo de la vida, una vida casi festiva e inconsciente, con una cierta despreocupación y un optimismo natural. Si hay algo de pena, se trata de una pena más literaria que vivida. Predomina una sensualidad adolescente en que los frutos adoptan la forma de sexo y la insistencia en los temas sexuales, como en “Sexo en instante I), son llevadas a las metáforas.

En El rayo que no cesa se produce la maduración íntima de un concepto de amor como destino trágico, que se abre con un poema cortante, donde el amor es “un carnívoro cuchillo”, símbolo de fantasma homicida hiriente y perseguidor; es el amor como agonía. Motivos básicos de los sonetos del libro son sus amores, la soledad y la hondura en el dolor. Y es que en El rayo que no cesa se consolida su tríptico temático: la vida, el amor y la muerte. La vida se presenta como agonía, de ahí el símbolo de rayo que da nombre a su poema “No cesará este rayo que me habita” y a su libro.

Posteriormente, el compromiso que Hernández adquiere con los acontecimientos políticos que sacuden al país entre 1936 y 1939 provocó en él una poesía vibrante y activa que llegó a convertirse en paradigma de toda su producción poética. Escribió muchos de sus poemas para expresar sus palpitaciones ante el revuelto ambiente de la guerra civil en sus obras finales Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (1939) y Cancionero y romancero de ausencias. La solidaridad es el lema de Viento del pueblo, poesía de carácter oral con abundantes romances, octosílabos como “Andaluces de Jaén”, que intercala con poesía de procedencia más culta y de largos versos. En El hombre acecha ofrece una visión desalentadora de la realidad que se mide ya en miles de muertos, heridos, cárceles (“las cárceles se arrastran por la humedad del mundo”), odio. Su libro póstumo Cancionero y romancero de ausencias es de gran intimismo, una poesía depurada que dejó escrita cuando comenzó su vía crucis de cárceles que terminó con su muerte. A la soledad y la angustia de siempre, ahora hay que sumar la soledad por la muerte y el dolor por la familia que sufre sus desgracias, como se refleja en “Las nanas de la cebolla”.

El amor lo abarca todo en la obra de Miguel Hernández: apasionado e inquieto, cuando piensa en su novia; fraternal y generoso, cuando recuerda a sus amigos (nótese el número de elegías que hay en sus libros: a Ramón Sijé, a García Lorca, a Neruda, a Aleixandre, a tantos otros); panteísta, cuando se dirige a la naturaleza; solidario, cuando a las gentes del pueblo, etc. Las mujeres que lo inspiraron fueron su amor de toda la vida, Josefina Manresa, Maruja Mallo un amor breve pero intenso vivido en Madrid cuando terminó temporalmente su relación con Josefina y el amor no correspondido de María Cegarra.

Vida y muerte se interrelacionan a lo largo de toda la obra de M. Hernández. La muerte es tema recurrente como lo fuera en Quevedo. Su contacto con ella es muy cercano pues mueren tres de sus hermanas, su primogénito a los pocos meses de nacer, amigos entre los que destaca Ramón Sijé, personaje universalmente conocido gracias a la famosa “Elegía” del poeta oriolano. El hijo muerto será objeto de una constante pena y junto a ella la tristeza de las armas y las guerras que hacen que la fuerza y la rebeldía de Miguel Hernández comiencen a romperse.

¿Qué mejor manera de terminar que con sus versos? “Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida”, el poema del Cancionero que resume su obra y su vida.


  1. El compromiso social-político de MH

El compromiso que Hernández adquiere con los acontecimientos políticos que sacuden al país entre 1936 y 1939 provoca en él una poesía vibrante y activa que llegó a convertirse en paradigma de toda su producción poética. Escribió muchos de sus poemas para expresar sus palpitaciones ante el revuelto ambiente de la guerra civil en sus obras finales Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (1939) y Cancionero y romancero de ausencias.

El estallido de la guerra y su participación en ella dan lugar a una poesía pesimista, íntima, de preocupaciones personales que se refleja en las obras señaladas. En la evolución de la poesía de Miguel Hernández se ha producido una ruptura.

En Viento del pueblo hay pasión desbordada, esperanza y optimismo por el rumbo que pueden tomar los acontecimientos. Destacan los poemas de limpia preocupación social, como “Aceituneros” (“Andaluces de Jaén...”) y, sobretodo, El niño yuntero “Carne de yugo ha nacido”. Son preciosas síntesis del dolor compartido y de denuncia contra la injusticia capitalista, en defensa de las clases explotadas. Olvidando resonancias clásicas, se adentra por el hombre con una poesía directa, terriblemente mediatizada por la realidad que vive el poeta y su pueblo. Los cantos épicos vienen encabezados por el poema “Vientos del pueblo me llevan/ vientos del pueblo me arrastran...”, que da título al libro y que termina con el presentimiento de la muerte.

Durante la guerra, el poeta somete su fuerza creadora (como Alberti y otros) a los fines más inmediatos. Y el poeta se ve sitiado por esa realidad, se ve obligado a estar al lado de los combatientes, a combatir; luchará en el bando republicano y cantará a los héroes de esa facción en tonos políticos que no alcanzan la altura del gran poema de amor. Todos los periódicos y revistas de los frentes van a publicar sus poemas. El poeta confiesa que “es preciso matar para seguir viviendo”; pero la lucha es algo accidental porque un día “dejaré a tu puerta mi vida de soldado,/ sin colmillos ni garras” .

Los poemas imprecatorios están plagados de dicterios, gritos, palabras maldicientes o malsonantes; pese a la fuerza expresiva de esta serie, no alcanzan la dignidad tierna y profundamente humana de los anteriores: la actitud demagógica exigida por el poema político hace perder su lirismo. Poemas de circunstancias, carecen de sentido fuera de su contexto político o han perdido en gran parte el vigor que les venía dado por la realidad, más inmediata de un pueblo en lucha.

El hombre acecha sigue esta línea, pero con un doloroso acento por la tragedia de la guerra. Desde el título mismo, se nos propone el dolor y el desencanto amargo por los comportamientos crueles e injustos. “El hombre acecha al hombre”, viene a ser una nueva versión del “homo homini lupus”, la sentencia de Plauto que hizo suya Thomas Hobbes. El poema “Canción primera” en sus versos finales recoge este doloroso sentir: “Hoy el amor es muerte/ y el hombre acecha al hombre. La guerra había acumulado experiencias demasiado feroces y el hambre, las cárceles, las mutilaciones y la destrucción ensombrecieron su poesía. El poeta que quiere cantar la ternura junto al amor a al hijo, siente que las armas animalizan al hombre”. El desaliento se halla, sin embargo, superado por el impulso de solidaridad y, en último término, por su fe en el hombre que no desaparece nunca del todo. Destaca el poema “Llamo a los poetas”, que exalta la solidaridad entre poeta y pueblo, revelando si no una poética, sí una actitud ante la poesía, que debe substanciarse en la vida.

Por último, en el Cancionero y romancero de ausencias aparece el tema de la situación de prisionero y las consecuencias de la guerra. Precursor de la poesía social, el poeta se hace solidario con los demás hombres. Aparece en él un nuevo concepto de la función de la poesía en el mundo.

¿Qué mejor manera de terminar que con sus versos? “Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida”, el poema del Cancionero que resume su obra y su vida.
3. La poesía española desde principios del siglo XX hasta Miguel Hernández

En el siglo XX, que comienza verdaderamente con la Primera Guerra Mundial, España sufre profundos cambios, hondos conflictos sociales. En literatura este periodo significa el relevo de modernistas y noventayochistas. Los nuevos caminos son muy variados con movimientos como el Novecentismo, el Vanguardismo y la Generación del 27.

El Modernismo es un movimiento de jóvenes escritores de España e Hispanoamérica con impulsos innovadores fruto de la crisis de la conciencia burguesa. Es un arte sincrético en el que se entrelazan tres corrientes: una extranjerizante, otra americana y la tercera hispánica. Los temas apuntan a dos direcciones: la exterioridad sensible (lo legendario y lo pagano, lo exótico, lo cosmopolita) y la intimidad del poeta, su vitalismo y sensualidad junto a su melancolía y su angustia. Fue fundamental el papel de Rubén Darío. El Modernismo español fue menos brillante en su forma, predominaba el intimismo. Las figuras más características fueron Manuel Machado, Villaespesa y Marquina. En la órbita de este movimiento se sitúan también Valle Inclán y Antonio Machado, este último mencionado en el poema de MH “Llamo a los poetas” (“somos la sal del aire”) perteneciente a El hombre acecha.

Antonio Machado Ruiz estudió en Madrid en la célebre Institución Libre de Enseñanza. Interrumpió varias veces sus estudios, afectado por los problemas económicos de su familia. Viajó a París varias veces. Trabajó en un instituto de Soria. Conoció a Leonor Izquierdo con la que se casaría pero ella enfermó y murió al poco tiempo, en 1912. Vivió en Baeza (Jaén), Segovia y Madrid. En sus últimos años vivió un amor con la poeta Pilar Valderrama que aparece en su obra con el nombre de Guiomar. Durante la guerra, manifestó su apoyo a la República. Al final de la contienda huyó y murió en el exilio. En 1903 publicó Soledades, obra intimista y modernista, Campos de Castilla, en la que el paisaje soriano cobra protagonismo y que se acerca a las inquietudes patrióticas de los autores de la Generación del 98, Poesías completas (1917) incluye el ciclo Leonor y poesías de tema andaluz y en su última etapa publicó Nuevas canciones (1924), cuyo aspecto más interesante es los “Proverbios y cantares”.

Unida al Modernismo la Generación del 98 está formada por escritores llamados al principio modernistas que aunque animados por el mismo afán renovador, dan especial entrada a los problemas del momento histórico. Sus autores más representativos son Baroja, Azorín y Maeztu. Hay que añadir Unamuno, pero es discutible incluir a Machado y Valle Inclán, sin negar las afinidades temáticas.

Generación del 1914 y el Novecentismo dos denominaciones para un movimiento de escritores nacidos en los años 80 cuyas ideas tienen sus raíces en un reformismo burgués. En lo cultural aparece un nuevo tipo de intelectual con una sólida preparación universitaria, con pretensiones de objetividad, orientado a la formación de minorías. Común a todos es el europeísmo. Con todo, el problema de España sigue estando muy presente.

La poesía de la generación de 1914 está dominada por la ingente figura de Juan Ramón Jiménez, una persona sumamente sensible que sufrió varias crisis nerviosas que lo llevaron a diversos sanatorios. Al comenzar la guerra manifestó su apoyo a la República y se exilió a Puerto Rico donde recibió el Nobel. Su obra es un nexo entre la primera generación del siglo y la Generación del 27. Consagró su vida a la poesía que le permitió alcanzar sus anhelos de belleza, eternidad y conocimiento. En ella destacan tres épocas: la etapa sensitiva que se caracteriza por el intimismo, la suave musicalidad y el tono melancólico, la etapa intelectual que le vincula a la corriente literaria del Novecentismo con una poesía sin anécdota, sin los «ropajes del Modernismo», estilizada, difícil, abstracta y metafísica y la etapa suficiente o verdadera replegado en sí mismo en busca de la belleza y la perfección que lo lleva a una cierta mística e identificarse con Dios y la belleza en uno. También destacó la prosa poética de Platero y yo.

Los novecentistas habían introducido novedades pero la verdadera ruptura es lo que significan los movimientos de vanguardia, movimientos que se oponen a la estética anterior y que proponen concepciones profundamente nuevas del arte y de las letras. El movimiento más relevante fue el Surrealismo tras el que llegó el Grupo del 27, que se caracteriza por una cierta tendencia al equilibrio y la síntesis entre lo intelectual y lo sentimental, una concepción cuasi-mística de la poesía y la lucidez rigurosa en la elaboración del poema, la pureza estética y la autenticidad humana, lo minoritario y la inmensa compañía y lo universal y lo español. Los poetas del 27 reciben influencias diversas. Por un lado deja huella en ellos el Vanguardismo, sobre todo el Surrealismo pero tienden a frenar las estridencias.

Hay que destacar el doble magisterio de Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna, su admiración por Unamuno, los Machado, Rubén Darío. Del siglo XIX les llegó la influencia de Bécquer, a quien MH dedica “El ahogado del Tajo” (“¿Te acuerdas del amor que agrega corazón?”). Su amor por los clásicos fue inmenso, Góngora, Manrique, Garcilaso… En suma, este grupo asimila formas anteriores, respeta la tradición y a la vez renueva la lírica española.

Los críticos han señalado varias fases en la evolución del grupo. La primera etapa, hasta 1927, aproximadamente, anhela depurar el poema de la anécdota humana, de la emoción, conseguir asepsia. Su gran instrumento es la metáfora. Se les tilda de herméticos. Pero también había entrado lo humano por el camino de la lírica popular, como en Libro de poemas de Lorca (1921) o Marinero en tierra de Alberti (1924). En la segunda etapa, de 1927 a la guerra civil, el culto a Góngora marca la cima y el descenso de los ideales esteticistas. Cansados por las aventuras formalistas inician el proceso de rehumanización de su lírica y el deseo de una comunicación más íntima con el lector. Es entonces cuando se produce la irrupción del Surrealismo, opuesto a la poesía pura, con los eternos sentimientos del hombre: el amor, las frustraciones, los problemas existenciales, etc. Una época de poesía humana y apasionada que pasa después a los acentos sociales y políticos, que se ven en Poeta en Nueva York de Lorca. La tercera etapa llega después de la guerra. Lorca ha muerto, los demás parten para un largo exilio. El grupo se ha dispersado. En el exilio se inicia un nuevo ciclo poético marcado por el dolor del hombre, el desarraigo por la patria perdida. En España la poesía deriva hacia un humanismo angustiado que se ve en Hijos de la ira de Dámaso Alonso (1944) y en Historia del corazón de Vicente Aleixandre.

Entre los autores del 27 se halla Salinas, con su obra más destacada La voz a ti debida. En su poesía indaga sobre la realidad humana a través de una reflexión sobre el sentimiento amoroso. Jorge Guillén con Cántico es el máximo representante de la poesía pura, una obra optimista que expresa el gozo de la existencia. A partir de Clamor, escrita en el exilio, su poesía se vuelve pesimista y su estilo más sencillo. Rafael Alberti, cuya obra más famosa es Marinero en tierra, se caracteriza por la variedad de temas y estilos y su fecundidad. En sus obras, García Lorca, a quien MH dedica su “Elegía primera”, profundiza en temas fundamentales para el hombre: el amor, el deseo, la fecundidad, la muerte, el tiempo, etc. Gerardo Diego se inició en las formas tradicionales y sencillas con fuerte influencia modernista, pero al mismo tiempo estaba experimentando ya con la vanguardia creacionista. En su obra hallamos orientaciones variadas. La poesía de Vicente Aleixandre gira en torno a tres ejes: el amor, naturaleza y muerte. Entre sus obras podemos destacar: Ámbito, Espadas como labios y La destrucción o el amor. Fue Premio Nobel de Literatura. El rasgo más sobresaliente de la poesía de Luis Cernuda es la identificación entre vida y obra. Entre sus libros de poemas destaca La realidad y el deseo, Los placeres prohibidos y Donde habite el olvido, obras intimistas y románticas.

Por último, ¿cómo no mencionar a Miguel Hernández cuya obra sirve de puente entre dos etapas de la poesía española? De una parte se le considera epígono de la generación del 27 y de otra se le incluye en la generación del 36. Nació en Orihuela (1910) en una familia pobre. Fue pastor pero leyó mucho y participó en tertulias literarias. En 1934 se traslada a Madrid y traba amistad con Neruda. Cuando estalló la Guerra Civil se alistó como voluntario del lado de la República. Se casó durante la contienda. Su primer hijo murió y el segundo nació cuando la guerra estaba acabando. El poeta fue encarcelado y murió de tuberculosis en la cárcel de Alicante en 1942. Su tono humanísimo y sus palabras salidas directamente del corazón son sus características. En una primera etapa, en su adolescencia, coincide con la moda gongorina. Escribe Perito en lunas (1934). Con El rayo que no cesa alcanza la plenitud poética. En él se consolida su tríptico temático: la vida, el amor y la muerte. Al llegar la guerra escribió Viento del pueblo (1937), poesía comprometida. En Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) depura su expresión y se centra en el amor. En esta época escribe las estremecedoras Nanas de la cebolla.

¿Qué mejor manera de terminar que con unos versos pertenecientes a su última obra? “Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida”, el poema del Cancionero que resumen su obra y su vida.



  1. Imágenes y símbolos en la poesía de MH

En toda su obra, la metáfora es el eje de la poesía. En los comienzos, algunas están sacadas de sus lecturas clásicas y otras se inspiran en los elementos cotidianos que le rodean, y sirven de soporte expresivo a sus primeros libros. Después llegará a la imagen puramente personal con una fuerza arrolladora y enérgica. En los escritos finales, la metáfora disminuye sensiblemente, aunque mantiene el recurso del símil. Tal es la importancia de los símbolos que dan nombre no solo a los poemas sino también a las obras como la luna de “Horno y luna” que da título a Perito en Lunas, el rayo de “No cesará este rayo que me habita” del que toma el nombre su obra El rayo que no cesa o “Vientos del pueblo” que da título a Viento del pueblo.

La lectura de Góngora y los conocimientos mitológicos adquiridos acercan su poesía a los poetas del siglo del Oro. El primer viaje a Madrid, para publicar sus versos en la Gaceta Literaria, no le es satisfactorio, pero le permite conocer la actividad poética del momento, impregnada, como se sabe, de gongorismo; y ello le empuja, a su vuelta, al cultivo de la metáfora, al empleo del endecasílabo, a la utilización de las estrofas clásicas.

Su primer libro, Perito en lunas, rezuma gongorismo. A través del cultivo de la metáfora gongorina transforma la realidad en palabra poética como se refleja en el poema “Gota de agua” y convierte el lenguaje poético en un instrumento riquísimo para la expresión. Un lenguaje que le permite elevar a categoría poética lo humilde, lo cotidiano. Así, las exquisitas octavas reales de Perito en lunas muestran metáforas e imágenes cultísimas de extraordinaria belleza.

Destaca la presencia de los elementos de la naturaleza, sobre todo, la luna, que da título al libro, en su poema “Horno y luna”, en cuyo alrededor gira todo un mundo de elementos de la vida rural: el azahar, la noria, el barro, el limón, etc. El toro es el símbolo por excelencia, que se convierte en símbolo del amor, el gran enamorado, de la virilidad. De ahí la identificación de él mismo con el toro ("Como el toro he nacido para el luto” /'y el dolor, como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado / y por varón en la ingle con un fruto").

En El rayo que no cesa aparecen por primera vez los signos de la poesía proletaria que desarrollará en las siguientes obras. La aparición de una serie de palabras clave -(tierra, vientre, árbol, toro, sangre...) planean sobre la pena del poeta, constituyen un mundo vitalista cargado de símbolos telúricos. La elegía a Ramón Sijé parece ser el momento de mayor concentración de los rasgos de este período.

En El rayo que no cesa recurre a numerosos símbolos como el rayo en “No cesará este rayo que me habita” que da título a la obra. Otros símbolos son el toro, símbolo de virilidad, de nobleza, de fuerza y de brío y, a la vez, de destino trágico, profecía de su destino, el “carnívoro cuchillo” en el que se presenta el amor como agonía, símbolo de fantasma homicida hiriente y perseguidor, la espada, símbolo de muerte, la piedra, símbolo de frialdad y dureza y el barro, en “Me llamo barro” que simboliza su sufrimiento.

En Vientos del pueblo se recurre a numerosos símbolos entre los que destaca el viento, que da título al poema “Vientos del pueblo me llevan” y a la obra. Otros símbolos son la sangre, ya que su vida misma está al servicio de la lucha, la boca símbolo de su canción, su verso, ambas, la sangre y la boca, consideradas por él como armas no mortíferas y, las especies animales simbolizan la fuerza natural.

El hombre acecha sigue utilizando los símbolos de Viento del pueblo y establece una clara relación entre tres términos fundamentales: fiera, como hombre agresivo, maleza como odio y garra como armamento que se ve en “Rememoró sus garras” en “Canción primera”. Señala el “Homo homini lupus” la famosa frase de Plauto que hizo suya Thomas Hobbes es la base de esta obra: “el hombre acecha al hombre”, y son estas palabras las que cierran su “Canción primera” “Hoy el amor es muerte/ y el hombre acecha al hombre”.

En Cancionero y romancero de ausencias continúan los símbolos de muerte como hoyo, cuervo y sangre. El poeta adquiere la certeza en la muerte y la nada da punto final a su aliento. Recurre a la tela negra como símbolo de la muerte, material con que se amortaja. La mujer amada e idealizada en estos poemas se ve como la tristeza, vestida de negro. Ya no es el vivir que se transparenta por la hermosura y los ojos. La sangre es su vida, corriendo hacia la muerte. El oasis representa a su esposa. El vientre es el lugar de producción de la semilla humana, símbolo de todos los hombres y mujeres, del cosmos y la naturaleza.

En su etapa final están presentes todos sus símbolos: sangre, viento, luna, hoyo, rayo, cuchillo, boca, piedra, espada... que muestran su dolor.

¿Qué mejor manera de terminar que los versos pertenecientes a su última obra? “Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida”, el poema del Cancionero que resumen su obra y su vida.


  1. Tradición y vanguardia en la poesía de MH

Sería injusto hablar de la poesía española del siglo XX sin hacer mención a Miguel Hernández, sólo por el hecho de que, en esa manía clasificadora que recorre la crítica actual, el poeta de Orihuela no tiene cabida en ninguno de los movimientos destacados. En efecto, no pertenece al 27, (Dámaso Alonso lo llamó «genial epígono» de la generación), ni tampoco puede entrar en ninguno de los movimientos generacionales posteriores a la Guerra Civil a causa de su temprana muerte (1942). Pero la figura de Miguel Hernández es imprescindible en el panorama poético español de este siglo: su vida y su obra sirven de puente entre las dos etapas en las que tradicionalmente se ha dividido la literatura española del siglo XX, antes y después de 1936. Por una parte, porque muchos de sus rasgos poéticos no difieren de los que caracterizan a la poesía anterior a la Guerra Civil; por otra, porque durante años se le ha incluido en lo que se conoce como Generación de 1936 y, finalmente, porque su poesía ha estado presente en todas las promociones de poetas posteriores.

En Miguel Hernández no existe una formación verdaderamente poética, lo que no significa ausencia de base cultural en absoluto, ya que sus lecturas fueron numerosas y constantes. Al principio, tal vez, de una manera desordenada e incoherente; después, siguiendo un criterio que le acercaba demasiado a los clásicos y sobre todo a los poetas líricos del siglo XVI. Estas lecturas, así como sus primeros escritos, se van sedimentando en las tertulias a que hemos hecho referencia.

Fue en enero de 1930 cuando vio impreso su primer poema, Pastoril, en el periódico de Orihuela. En estos primeros escritos se nota la fidelidad a sus modelos que, por otra parte, no trata de disimular. La lectura de Góngora y los conocimientos mitológicos adquiridos acercan su poesía a los poetas del siglo del Oro. El primer viaje a Madrid no le es satisfactorio, pero le permite conocer la actividad poética del momento, impregnada, como se sabe, de gongorismo; y ello le empuja, a su vuelta, al cultivo de la metáfora, al empleo del endecasílabo, a la utilización de las estrofas clásicas.

Su primer libro, Perito en lunas, rezuma, en este sentido, gongorismo. El neogongorismo aparece en Miguel Hernández como vía de una poesía renovadora, cuya búsqueda será constante a lo largo de toda su obra. En Perito en lunas aprende Miguel Hernández, a través del cultivo de la metáfora gongorina, a transformar la realidad en palabra poética y a la conversión del lenguaje poético en un instrumento riquísimo para la expresión. Metáforas para describir la palmera como una “sierpe” o el agua como “puntos suspensivos”. Un lenguaje que le permite, para siempre, elevar a categoría poética lo humilde, lo cotidiano, y hasta lo rastrero y zafio.

En su segundo viaje a Madrid, en 1934 logró trabar contactos con los poetas del 27 y, sobre todo, con Pablo Neruda. A través de ellos realizará una aproximación al surrealismo, que se hará patente en El rayo que no cesa, 1936, en metáforas como “el carnívoro cuchillo” o “¿No cesará este rayo que me habita” que da nombre al libro. En El rayo que no cesa, junto a las fuentes tradicionales de la poesía erótico-amorosa nos encontramos también con el recuerdo de Garcilaso y de la lírica petrarquista así como los místicos y con la clara influencia de Quevedo.

Así pues, Góngora, Quevedo, Calderón, los místicos y Neruda, son una muestra de la variedad de influencias recibidas.

Con el estallido de la Guerra Civil lo lírico cede a lo épico. La imagen vanguardista, la metáfora surrealista, se funden con el neopopularismo en Viento del pueblo y El hombre acecha con lo que podemos concluir afirmando que tradición y vanguardia se funden en MH en una poesía que muestra su dolorido vivir. Dolorido vivir que se muestra en versos como “Hoy el amor es muerte/ y el hombre acecha al hombre” con el que cierra su poema Canción primera.

¿Qué mejor manera de terminar que con su verso? “Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte,/ la de la vida”, el poema del Cancionero que resumen su obra y su vida.

LEXICOLOGÍA

Y

SEMÁNTICA
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