Postítulo de Psicoterapia Transpersonal




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Postítulo de Psicoterapia Transpersonal



Aportes de la Psicología Transpersonal al tema diagnóstico en el área de la salud mental1


Ps. Alice Thomas Suhr


El presente artículo es una revisión del tema diagnóstico dentro de la psicología Transpersonal y sus posibles aportes para la psicología en general. Se describen brevemente algunos conceptos y modelos del potencial humano que han ido emergiendo en estas últimas décadas y que han derivado en nuevas categorías diagnósticas tales como Emergencias Espirituales y Metapatologías y en nuevas propuestas de tratamiento. Finalmente, se discute respecto de las renuencias de los psicoterapeutas Transpersonales al uso de los diagnósticos y de las oportunidades desde una actitud más abierta al tema: especialmente respecto de los beneficios de la sensibilización a los temas espirituales dentro de los profesionales de la salud mental.
Palabras claves: Diagnóstico, psicología transpersonal, Emergencia Espiritual, Equivoco Pre-trans, niveles de conciencia.


Introducción:
La psicología Transpersonal, en su interés por los aspectos trascendentes del ser humano, ha hecho aportes respecto de un nuevo modelo de salud y ha ampliado la idea de cuál es nuestro máximo potencial; o como Wilber (1988) diría: “¿Cuál es la etapa de unidad más elevada a la que uno puede aspirar?”. Esta inquietud ha sido investigada dentro de un marco en el que es necesario entender, que la psicología Transpersonal se encuentra enraizada en las tradiciones místicas y las variadas experiencias que de allí se derivan.
El psicólogo Transpersonal Alejandro Celis (2003), en una reciente publicación (“Qué es y qué no es la psicoterapia transpersonal”) describió el concepto de salud Transpersonal del siguiente modo:
“Concibo a la persona que ha logrado un proceso de funcionamiento predominantemente sano, como, precisamente un proceso en movimiento en el cambiante presente, en contacto con sus claves internas: “su valoración organísmica” (…) “Al estar en contacto con sus claves- en continuo cambio de instante en instante-no invierte una cuota significativa de energía en escuchar a su mente repetitiva, la que considera como representante de su condicionamiento”(…)” no se halla aferrado a los rasgos de su personalidad, los que simplemente considera como hábitos y pautas de conducta que en algún momento fueron adaptativos” (…)”Se hará responsable de su vida y circunstancias, entendiendo que él o ella es el principal generador de éstas”(…)”Esta persona no seguirá pasivamente las pautas culturales del medio en que ha vivido”…”considerará como su principal foco de satisfacción y sentido de su vida el autodescubrirse y auto-disfrutarse de momento en momento” .
En una primera mirada puede parecerse al ideal de salud planteado por la psicología Humanista; pero Celis, en el mismo artículo, se preocupa de aclarar la distinción principal entre el concepto de salud entre una corriente y otra, señalando que esta diferencia se encuentra fundamentalmente en el cuestionamiento de la naturaleza del yo.
Efectivamente, en la psicología Humanista es posible encontrar la descripción del máximo potencial de un ser humano, como una persona con un ego o yo integrado, autónomo, auténtico y autoactualizado. El yo o ego de una persona predominantemente sana, está en interrelación continua con el Todo.
Sin embargo, la Psicología Transpersonal, dentro de un paradigma diferente, ha cuestionado la naturaleza del yo o el ego, hasta el punto de concebirlo como una ilusión. Esta ilusión a su vez sería la generadora de nuestra experiencia dual que vendría a ser el mayor impedimento en el intento de acceder a unidades superiores de actualización, dado que somos el Todo.
Dentro de las múltiples tradiciones místicas el autodescubrirse no está centrado solamente en un modo de ser más auténtico e integrado, sino que este autoconocimiento es el medio a través del cual hombre y mujer pueden conocer la naturaleza del ser. De allí que los consabidos dichos tales como: “El que se conoce a sí mismo conoce a Su Señor” (Hadith Islamico, Citado en Helmisnki 1999) o “aquel que conoce a Brahman se convierte en Brahman”.(Upanishads, citado en Novak, P. 1994) contengan un nivel más profundo del que habitualmente sospechamos.
Es un paradigma totalmente diferente el del misticismo, situando al ser humano como el mejor de los instrumentos u “órgano perceptor” del Todo o la Realidad. Expresado esto, en términos del camino Sufi : “El hombre viene a ser el macrocosmos y el universo viene a ser el microcosmos” es decir, no somos sólo una pequeña parte en una inmensidad sino que -hombre y mujer- somos capaces en ciertas condiciones del desarrollo humano de conocer y reflejar en nuestra interioridad todos o casi todos los niveles y ámbitos de la Realidad. (Ibn al Arabi en Bezels of Wisdom, traducción al inglés 1980)
Las experiencias místicas pueden contener parte de esta cualidad y, por lo tanto, en sí mismas pueden ser muy amenazantes para el sentido de identidad que hemos construido dentro de nuestra historia personal. El que nuestro sentido de identidad desaparezca puede ser una tremenda oportunidad de crecimiento, pero también de desorganización psíquica difícil de asimilar.
A lo largo de los siglos, los maestros dentro de las mismas tradiciones místicas han estado a cargo de encauzar estas crisis, y han acumulado conocimiento respecto a cómo ayudar a sus discípulos. Muchos de los iniciadores del movimiento transpersonal, estuvieron envueltos en prácticas orientales o chamánicas. Pero hoy en día nos encontramos en un contexto muy diferente y que es necesario tener en cuenta, ya que puede ayudarnos a entender por qué es necesario unir el conocimiento místico con los conocimientos de la psicología occidental.
Al observar hoy con atención, podemos ver que los buscadores de experiencias transpersonales ya no son esos escasos y raros monjes retirados del mundo; y, por ende, estas experiencias ya no son sólo parte de la práctica sistemática de un camino espiritual al que el individuo "se sintió llamado". Hoy, en cambio, es posible ver una oferta y demanda de lo trascendente mucho mayor, probablemente acelerada por los cambios que ha impuesto la creciente globalización y que puede traducirse en que algunas organizaciones espirituales pasan a ser parte del mercado, vendiendo sus ideas y servicios incluso a veces avaladas por un conocimiento proveniente de las distintas tradiciones espirituales. Otras veces, la oferta viene como una mezcla bizarra en que hay "un poco de todo" y es difícil discriminar la seriedad de lo que se ofrece. (Helminski, K.E. 1997)
En el presente, los buscadores emprenden diversos caminos que no forman parte de una institución o religión establecida, sino más bien aquellos que poseen un carácter místico y que dan mayor relevancia a la experiencia interna y directa de lo trascendente o de lo Supremo o de los estados expandidos de Conciencia (sin instituciones de por medio o intermediarios); tal es el creciente interés en nuestro país por meditar y participar en grupos de yoga Kundalini y otras variantes del yoga, la práctica del Vipassana, la meditación Zen, el Sufismo, las medicinas tradicionales Chamánicas como el Ayahuasca, la Mescalina, los Temascales. Y, dentro de sus disciplinas todas ellas conllevan un poder enorme para provocar estados alterados y trascendidos de conciencia.
Las anheladas experiencias Transpersonales no necesariamente son gratas y pueden ser vividas como crisis difíciles de integrar a nuestras vidas, dado, que gran parte de las crisis -o Emergencias Transpersonales como las denominó Grof S. (1989)- desafían nuestros paradigmas de la realidad y la propia identidad.
En un mundo moderno y occidental, se consulta por crisis de identidad y estados angustiosos predominantemente a los profesionales de la salud, es decir, psiquiatras y psicólogos. Aquellos que consultan pueden ser selectivos o no, pero si un cliente busca ayuda en un terapeuta por fenómenos de tipo transpersonal, lo más probable que ocurra es que el terapeuta no sea capaz de distinguir los estadios evolutivos superiores de conciencia y las metapatologías que allí se desencadenan y tiendan a medicar o patologizar su cuadro. (Vaughan, F 1998.)
Ahora bien, no toda crisis transpersonal facilita la trascendencia del ego. Quienes practicamos la clínica, más de alguna vez nos hemos encontrado con distintas situaciones, dentro de ellas clientes que tienen dificultades para establecer y definir su propia identidad. Según Engler J.(2000) y Wilber K.(1998), estos sujetos pueden ser los más propensos a buscar prácticas meditativas; y esto ocurre no por una búsqueda de origen profundo y consistente, sino más bien como una forma de huir de las dificultades que les impone la realidad. De este modo, algunos de los que buscan espiritualidad, pueden ser seducidos por la posibilidad de desapego y estar por sobre los problemas cotidianos o por otros motivos como el lugar especial que les conferiría despertar poderes por sobre lo convencional, o por las ganancias secundarias como popularidad etc.
Poder distinguir una crisis transpersonal no es fácil y si lo pensamos con honestidad, probablemente lo primero que se nos viene a la mente si un cliente nos consulta afirmándonos que él es Dios sea que “el sujeto está loco y delirante”. A decir verdad, varios místicos, incluyendo Jesús, han planteado tal nivel de realización, pero probablemente ese dato lo dejemos como cosa de místicos de siglos atrás o del lejano oriente, pero no como una posibilidad para el paciente puntual que tengo en frente. Ante la disyuntiva, ¿vamos los terapeutas a aproximarnos inmediatamente de manera prejuiciosa, clasificando dicha experiencia como patológica y parte de un delirio? O ¿vamos a ser capaces de establecer diferencias entre un estado psicótico y uno que no lo es, a través de un procedimiento diagnóstico confiable? ¿Cuáles han sido las contribuciones del movimiento transpersonal al tema diagnóstico? Y cuáles sus intentos de socializar ante sus colegas no transpersonales la diferencia entre una experiencia transpersonal (emergencia espiritual) potencialmente progresiva en el desarrollo y otra regresiva y de carácter patológico?
Los terapeutas Transpersonales debiéramos poder distinguir un caso y el otro; pero, ¿acaso nuestra formación nos permite hacer la diferencia? Existe hasta ahora consenso de la importancia atribuida al conocimiento experiencial de la dimensión Transpersonal por parte del terapeuta, de tal manera que pueda reconocer la experiencia en el otro (Vaughan, F. (1998), Engler, J. (2000), Grof, S (1989), y Wilber, K. (1998)); pero, lo que se ha discutido escasamente es la renuencia de los terapeutas transpersonales a ocupar parámetros diagnósticos y que éstos sean verdaderamente capaces de establecer diagnósticos diferenciales claros. Si esta renuencia fuese propia de los transpersonales, entonces ¿qué desafíos se imponen dentro de este círculo?


Aportes de la psicología Transpersonal en el área diagnóstica:
En el presente artículo se intentará abordar y dar respuesta a las preguntas anteriores, describiendo algunos de los conceptos transpersonales que emergieron dentro de los modelos propios de la psicología Transpersonal y que han contribuido a generar nuevas propuestas y categorías diferenciales, como también han sensibilizado incipientemente a parte de la comunidad de la salud mental.
En primer lugar, se abordará el fenómeno de crisis espirituales y la creación del término Emergencia Espiritual (E.E.), y cómo, a partir del trabajo de Stanislav y Christina Grof (1989) y de David Lukoff (1998) en el tema de los problemas y emergencias espirituales, se logró integrar una nueva categoría en el DSM IV de la American Psychiatry Association (1993) con el fin de que los profesionales de la salud pudiesen no someter a diagnósticos psicopatológicos a sujetos que no padecían una patología psiquiátrica, pero si una crisis psicoespiritual.
En segundo lugar, se abordarán dos de los modelos jerárquicos del desarrollo de la conciencia. En dichos modelos, Ken Wilber (1989) y John E. Nelson (1996), representan los niveles de conciencia en diferentes estadios e incluyen los niveles transpersonales, ampliando el concepto de estados no ordinarios de conciencia y ubicándolos como estadios superiores de desarrollo a los que pueden acceder los individuos. En este sentido, introducen el término de metapatologías específicas para los niveles transpersonales y especifican la diferencia entre una experiencia transpersonal (emergencia espiritual) potencialmente progresiva en el desarrollo y otra regresiva y de carácter patológico.
Ken Wilber y John Nelson (éste último influenciado por el primero) entienden que cada nivel superior debe incluir los niveles inferiores de la conciencia y que en el desarrollo es necesario pasar de un nivel a otro, lo que no siempre se logra exitosamente. En este sentido Wilber (1989) introduce un nuevo término -“el equívoco pre-trans”- como un llamado de atención para quienes trabajan en la línea transpersonal. Este término es acuñado con el fin de poder distinguir si el sujeto está en un nivel de conciencia ampliado o más bien está psicológicamente operando desde un nivel inferior. Nelson se adhiere a este concepto, como también al de los niveles de conciencia y facilita al lector o al terapeuta la comprensión de un modelo jerárquico e integrativo, por el uso de un lenguaje más sencillo que Wilber.
En esta ocasión se dejará de lado, el modelo del eneagrama, sistema creado por Oscar Ichazo (Naranjo, C. 1994), que dentro del ámbito de la psicología transpersonal ha significado un gran aporte no sólo al tema diagnóstico sino también al autodescubrimiento. Sin embargo, no quise dejar de mencionarlo dado que es un sistema transpersonal muy útil, pero complejo para el que no está entrenado (Celis A. 2003). A. H. Almaas y el psiquiatra chileno, Claudio Naranjo han contribuido a difundir el eneagrama amplia y profundamente. Naranjo ha establecido paralelos con descripciones psicopatológicas comunes, que tal vez el lector quiera explorar y profundizar en su libro de Neurosis y Carácter una visión integrativa (1994)
Finalmente, se discutirá respecto a la renuencia de los terapeutas transpersonales al tema diagnóstico y los argumentos históricos que han mantenido en esta actitud a los psicólogos transpersonales.
1.- El concepto de Emergencias Espirituales y el trabajo de D. Lukoff para sensibilizar el tema de las E.E. en el área de la salud mental:
La idea de transformar una crisis en una oportunidad no es nueva en psicología; quien primero planteó la oportunidad espiritual que se encontraba en algunas de las crisis psicológicas fue C. Gustav Jung. El psiquiatra suizo otorgaba en ese entonces poca importancia al tema psicopatológico, resumiendo el asunto de la siguiente manera:
“El diagnóstico es un asunto altamente irrelevante, ya que fuera de adherir una etiqueta a la condición neurótica, nada se gana con él en relación al pronóstico y a la terapia… Basta con diagnosticar la “siconeurosis” como algo distinto a una perturbación orgánica” (en Daryl Sharp, 1992).
En psiquiatría y psicología, el tema de las crisis psicoespirituales no volvería a ser planteado tan claramente hasta mediados de los años setenta y principios de los ochenta, gracias al psiquiatra Stanislav Grof (1989), quien junto a otros comenzó acuñar el término de “Emergencia Espiritual” para describir aquellas vivencias o estados de conciencia no ordinaria que en ocasiones podían tomar un curso dramático, similar a los cuadros psicóticos, pero que a pesar de sus síntomas no necesariamente implicaban una enfermedad en los términos médicos tradicionales. Muy por el contrario, muchas veces podían ser verdaderas oportunidades de expansión del potencial humano del individuo y las crisis espirituales podían ser comparables a variadas experiencias místicas descritas en las diferentes tradiciones espirituales a lo largo de la historia:
“Sentimientos de unidad con el universo. Visiones e imágenes de lugares y tiempos remotos. Sensaciones de corrientes vibrantes de energía que recorren el cuerpo, acompañado de espasmos y temblores violentos. Visión de deidades, semidioses y demonios. Atisbos de una luz, vivida y brillante y colores del arcoiris. Miedos a estar volviéndose loco o de morir” (Grof, S. 1989)
Grof, S. planteó que las manifestaciones de estas crisis evolutivas iban a presentarse de manera muy particular para cada individuo, advirtiendo a sus colegas la dificultad para encontrar rotulaciones fáciles en uno y otro caso. A pesar de esto, plantea diez posibles categorías, a partir de su trabajo con otros, la discusión con sus colegas y la literatura al respecto, clasificando la variedad de las Emergencias Espirituales en:



  1. Crisis Chamánicas

  2. Despertar de la Kundalini

  3. Experiencias de unidad o peak

  4. renovación psicológica o volver al centro

  5. Crisis por despertar psíquico

  6. Experiencias de otras vidas

  7. Comunicación con espíritus guías y canalización

  8. Experiencias cercanas a la muerte

  9. Experiencias cercanas al tercer tipo (ovnis)

  10. Estados de posesión



Para Grof, S (1989) uno de los mayores impedimentos de los profesionales de la salud, para aceptar la idea de E. E., está en el uso indiscriminado del concepto de enfermedad, que históricamente se ha aplicado a cualquier estado de conciencia no ordinario. Ésta a mi juicio ha sido una de las contribuciones más relevantes de este psiquiatra en el tema diagnóstico, dado que su trabajo y el de Christina Grof permitió la discusión en torno a nuevas categorías diagnósticas, incluso fuera del círculo transpersonal.
En los años 80, Christina Grof creó Spiritual Emergence Network (SEN) en el instituto Esalen, California, con el fin de establecer una red de apoyo para aquellos quienes sufrieran de E.E. como un primer esfuerzo para apoyar a sujetos con intensas crisis psicoespirituales y prevenir una patologización y medicación innecesaria de estos sujetos.
El SEN, fue el primero en impulsar una nueva propuesta en el American Psychiatric Association. Sin embargo, fueron David Lukoff y otros terapeutas (1998) los que finalmente concretaron una nueva categoría diagnóstica en el DSM IV, que estaba entonces en preparación.
Previamente, Lukoff en (1985) en el Journal of Transpersonal Psychology había propuesto una nueva categoría diagnóstica llamada “Experiencia Mística con rasgos psícoticos” para aquellas experiencias espirituales con episodios similares a los cuadros psicóticos, que podían caer dentro de la Codificación V en el DSM III –R correspondiente a “factores no atribuibles a trastorno mental y que merecen atención o tratamiento”. Pero fue en 1991 en que se solicitó a la APA incluir una nueva categoría dentro de la Codificación V, llamada “Conflicto Psicoespiritual”.
La propuesta ante la APA perseguía sensibilizar a los profesionales de la salud en relación a los aspectos espirituales. Lukoff (1998) señala al respecto; “para obtener mayor apoyo a nuestra propuesta e incluir las muchas áreas que se sobreponen entre la religión y la espiritualidad, propusimos dos categorías una de problemas psicoespirituales y la otra de problemas psicoreligiosos”. En 1993, la propuesta fue aceptada, pero se le cambió el titulo a “Problema Religioso o Espiritual” y se modificó y abrevió la definición en el DSM IV como sigue:
V62.89 Esta categoría puede ser usada cuando el foco de la atención clínica es un problema religioso o espiritual. Incluye ejemplos de experiencias estresantes que involucran la pérdida o cuestionamiento de la fe, problemas asociados con la conversión a una nueva fe, o el cuestionamiento de otros valores espirituales que no necesariamente están relacionados a una iglesia organizada o una institución religiosa.
Esta nueva clasificación fue comentada por distintos medios como el New York Times, pero de acuerdo a Lukoff (1998), nunca se reconoció en los medios que esta nueva categoría tenía sus raíces en el movimiento transpersonal y su interés en el tema de las E.E.

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