Una guía racional para la Muerte y el Más Allá




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fecha de publicación06.03.2016
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EL RETORNO DESDE EL MÁS ALLÁ



En el capítulo anterior nos dimos cuenta de que la mayoría de las personas que han pasado por una experiencia extracorporal tienen una gran certeza de que se encontrarán con experiencias similares después de la muerte. Todos dicen «¿Como podría ser de otro modo?». «Sé por mi propia e incontrovertible experiencia que puedo estar realmente vivo y consciente en este segundo cuerpo, totalmente separado de mi cuerpo normal, y cuando lo pierda con la muerte, nada puede impedirme vivir en mi segundo cuerpo.»

Y nada les hará desistir de su certeza. Pero el materialista que no ha tenido esta experiencia y no quiere admitir estas ideas turbadoras que darían al traste con todas sus convicciones anteriores ¿qué puede decir? Dirá que son sueños o alguna clase de alucinaciones, todo menos aceptar las ideas a las que su mente está cerrada. Dudo que alguna vez podamos tener pruebas materiales de la vida después de la muerte, pruebas que incluso el científico más obstinado se vea obligado a aceptar. Todo cuanto podemos esperar es una gran acumulación de casos que, por su similitud y sinceridad, sean suficientes para convencer a la gente de mente abierta e inquisitiva.

¿Qué pasaría entonces si alguien se muriera de verdad y luego regresara, recordando como era estar muerto? Gracias a los progresos médicos en la resucitación, realmente hay cientos de personas que lo han hecho. Algunas personas han muerto ahogadas o por un ataque al corazón. A veces se ha intentado resucitarlas pero sin éxito. En algunos casos incluso se ha escrito un certificado de defunción. Sin embargo, por lo que sea, tal vez por los ruegos de un pariente, el doctor ha vuelto a intentarlo y el paciente, clínicamente muerto, ha resucitado gracias a un masaje al corazón ya la respiración artificial, o a algunas técnicas más modernas. Algunas personas a las cuales les ha sucedido ésto no recuerdan absolutamente nada de lo que pueden haber experimentado en el otro lado. Pero otras, cientos de ellas, recuerdan claramente estos acontecimientos y pueden relatarlos al doctor o a un pariente cercano. Unas pocas personas «murieron» dos veces en un intervalo de pocos

años. En una ocasión no recordaron nada, pero en la otra tuvieron experiencias vívidas extracorporales.

Dos médicos americanos, el doctor Raymond A. Moody, Jr. y la doctora Elisabeth Kubler-Ross, pasaron varios años recogiendo datos de estos casos sin saberlo, cada uno por su lado. Pero fue Moody quien sacó la primera publicación bajo el título: «La vida después

de la vida». Su editor debió haber oído hablar de la otra investigación y le mandó a la doctora Kubler-Ross un primer ejemplar del libro. Ella replicó, en efecto, que podía haber escrito un libro exactamente similar, porque sus descubrimientos se correspondían

perfectamente. De hecho, escribió un prólogo para el libro. Los casos de los que habla son todos anónimos; en algunos ejemplos esa fue la condición que puso la persona que los había relatado.

Los casos de estas personas tan próximas a la muerte son similares en muchos aspectos a los que hemos estado considerando de personas más o menos sanas. Pero, a menudo, incluyen algunas características adicionales, tres de las cuales son bastante sorprendentes. Con mucha frecuencia la experiencia empieza cuando la persona, liberada de su cuerpo moribundo, pasa por un túnel oscuro con una luz en el otro extremo. Al salir de él, suele encontrarse con una entidad benefactora y bondadosa, que podríamos llamar Cristo o Dios, pero que normalmente no tiene forma; puede describirse simplemente como un globo de luz o como un Ser de Luz.

Esta entidad invita al individuo, amablemente pero con firmeza, a repasar toda su vida anterior. y esto se le facilita desplegando ante él una especie de pantalla tridimensional de cine o televisión, sobre la cual se contemplan los más importantes acontecimientos de

su vida. Algunas personas afirman que todos los pequeños episodios por más triviales que fueran, quedaron plasmados allí. Resulta interesante el hecho de que el Ser simplemente dirige la atención del observador, invitándole a reconsiderar sus acciones, preguntando especialmente cuánto amor verdadero o altruista incluía cada una de ellas. El Ser no pronuncia juicio alguno; simplemente invita a la persona a juzgarse a sí misma. Con la visión y comprensión más clara de este otro mundo, la persona encuentra al desnudo todas sus ilusiones y pretensiones y se ve obligada a realizar un juicio verdadero, por más doloroso o humillante que pueda ser.

Podríamos pensar que esta revisión tan detallada debería durar toda otra vida, o al menos muchas horas. Pero aquellos que lo han experimentado comentan a menudo que el tiempo parece totalmente distinto en ese otro mundo -de hecho casi no existe- como si el presente, el pasado y el futuro coincidieran en el momento presente. Frecuentemente, por la rapidez de la resucitación, hay pruebas de que la revisión pudo haber durado sólo unos minutos

del tiempo terrenal ya veces sólo unos segundos.

Otro punto interesante es que este experimento extracorporal puede sucederle a cualquier persona que haya estado expuesta a un peligro extremo, pero que de hecho escapó viva, con o sin heridas. Tenía un «miedo mortal» y sufrió una especie de muerte psicológica en la cual dejó su cuerpo por unos instantes. En el capítulo anterior teníamos el ejemplo de un escalador que cayó de una roca y abandonó su cuerpo durante el tiempo que tardó en caer unos veinte pies. Moody habla del caso de un motorista que derrapó de la carretera y dejó su cuerpo durante el tiempo en que el coche voló por los aires, aterrizando al final de un terraplén. Escapó con lesiones leves. Otro ejemplo sacado del segundo libro de Moody

«Reflexiones sobre la vida después de la vida» nos habla de una persona que quedó atrapada en un incendio con numerosas explosiones. Vio como venían a rescatarle, pero estaba seguro de que moriría antes de que pudieran llegar hasta él. En su terror dejó su

cuerpo y experimentó una revisión de su vida pasada. Luego retornó y quedó asombrado al ver a los rescatadores a un paso de su persona. Lo salvaron, pero sufrió graves quemaduras.

Moody no nos habla de ningún caso completo. En cambio ha clasificado las experiencias relatadas por sus personajes en 15 situaciones distintas, cada una de las cuales está ilustrada con varios retazos apropiados sacados de sus narraciones. Insiste en el hecho

de que cualquier persona en particular mencionará sólo algunas de estas situaciones; las otras puede haberlas experimentado sin darse cuenta o sin recordarlas, o tal vez estuvieran ausentes. Parece que Moody nunca preguntó a sus personajes: les dejaba contar su historia y tomaba notas o las grababa. Sin embargo, lo que nos ha proporcionado es una especie de caso compuesto idealizado e imaginario que ilustra las 15 situaciones. En la práctica, ninguna persona las mencionó todas; el mayor número del que hablaron algunas personas fue de 12, aunque algunas hablaban de 8 ó más. Cada elemento ha salido por lo menos en varias narraciones y algunos son casi universales. El orden en el cual ocurrieron, o fueron

explicados, difería algo de un caso a otro.

Parece interesante repasar el detallado análisis de Moody sobre los 15 componentes de la experiencia. Esto nos permitirá tener una mejor impresión de las condiciones que siguen inmediatamente a la muerte. También resulta interesante ver la similitud de este cuadro con las descripciones anteriores: porque, contrariamente a lo que él suponía, Moody no fue la primera persona que escribió libros sobre estas experiencias extracorporales. Yo interpolaré algunos de mis propios comentarios.

El primero es el de la «Inefabilidad». Por más breve que sea su experiencia, a la persona le resulta obvio que las condiciones de este otro mundo son distintas en muchos aspectos a las de la tierra, aún sin tener en cuenta la repentina ausencia del dolor y la sensación de ligereza. No existen palabras para describir ese mundo. Todos están de acuerdo en ello, pero mientras que algunos quedan enmudecidos, otros intentan la imposible tarea de encontrar palabras, por más inadecuadas que sean, para describir lo que pasa.

Una mujer explicó que el mundo físico es tridimensional, que tiene 3 direcciones fundamentalmente distintas, en ángulos rectos, izquierda-derecha, delante y detrás, arriba y abajo. Pero este otro mundo tiene más de 3 dimensiones. En las primeras décadas del

siglo se solía describir el «plano astral» de los espiritistas en términos de una cuarta dimensión (geométrica y no el tiempo como en el mundo de Einstein del espacio-tiempo). Personalmente yo no creo que esta idea de una cuarta dimensión sea literalmente verdadera, pero sirve para describir por analogía algo de la peculiaridad de esta nueva clase de espacio.

A continuación tenemos el «Oído». Inmediatamente después de dejar el cuerpo físico enfermo, la atención de la persona se dirige a menudo hacia atrás, hacia el mundo físico que acaba de dejar tan recientemente y de un modo tan misterioso. Tal vez vea su cuerpo y

los médicos o parientes que tratan de revivirlo, tal vez les oye diciendo que está muerto, y discutiendo la manera de intentar resucitarle. Los médicos quedan a veces asombrados cuando después les dicen exactamente lo que ellos dijeron o hicieron, presenciado y

contado por una persona que estaba indudablemente inconsciente o incluso clínicamente muerta en aquel momento.

La mayoría de las personas hablan de «Sensaciones de Paz y Calma». Como dijo una mujer víctima de un ataque cardíaco: «Comencé a experimentar las más maravillosas sensaciones. No podía sentir en el mundo más que paz, tranquilidad y comodidad, simplemente la quietud. Sentía que todos mis problemas habían desaparecido y pensé: Qué tranquila y en paz me siento y no me duele nada».

El factor siguiente que Moody menciona es «El Ruido». Aunque según otras narraciones, especialmente las de Monroe, éste puede esperarse antes de que ocurra la muerte real. El sonido, percibido solamente por algunas personas, puede ser especialmente desagradable, o tolerable. Ha sido descrito como un fuerte zumbido o timbre; alternativamente, puede ser un rugido o un silbido como el viento. Otros pueden oír campanas o una hermosa música, pero es más probable que se haya oído esto cuando ya se está realmente en el estado extracorporal.

La experiencia del «Túnel Oscuro» ha sido ya mencionada. Hay descripciones alternativas de una caverna o un pozo, una chimenea, un vacío o una alcantarilla o un valle -«¿el valle de la sombra de la muerte?». Algunas personas hablan de una caída a través del espacio.

Moody dedica 20 páginas a «Fuera del Cuerpo», dando numerosos ejemplos de las notas que había tomado de sus casos y comentándolos. Puesto que la mayoría de la gente se identifica con el cuerpo físico la mayor parte del tiempo, resulta un «shock» encontrarse separados de él en otro estado de existencia, desde el cual pueden a veces ver su cuerpo desde lejos. No es sorprendente que al principio suelan estar confundidos y tal vez

no relacionen la experiencia con la muerte. Algunos tienen miedo y tal vez el pánico les haga intentar regresar al estado físico.

Otros, como se ha dicho, están bastante tranquilos y aceptan inmediatamente la nueva condición. Podemos sospechar que lo han experimentado muchas veces mientras dormían, aunque nunca, antes, les haya quedado ningún recuerdo en la conciencia vigílica. Estas personas, ya de por sí, no sienten pesar alguno en dejar el cuerpo, y si no fueran retenidos pasarían tranquilamente a la vida del más allá. Después de un intervalo de confusión, una mujer recordó que había pensado, «¡Oh, estoy muerta! jQué maravilla!»

Unas pocas personas se dan cuenta de que son conciencia pura desencarnada, sin ningún cuerpo. Otros sienten (¿o imaginan?) que tienen un cuerpo que, de alguna manera, se parece al físico.

Otros se quedan tan asombrados por todas las cosas extrañas que pasan que ni siquiera consideran su propia situación. El «Cuerpo Espiritual», como Moody lo llama, se reconoce a veces primero por sus limitaciones; en este cuerpo es imposible comunicarse con otras personas que están vivas y despiertas. Para ellos se es invisible; no te oyen si les hablas, si quieres tocarles, no responden, y tampoco se tiene sensación de tacto alguno. Incluso parece que las personas vivas caminan a través de nuestro cuerpo espiritual ¡sin ni

siquiera darse cuenta! ¡Es de lo más frustrante!

Las características positivas del cuerpo espiritual son difíciles de explicar con palabras corrientes. Todos parecen estar de acuerdo en que no pesa nada y que carece también de la sensación de equilibrio que mantiene el cuerpo físico recto y firme en sus movimientos. Por otra parte, el cuerpo espiritual tiene libertad para desplazarse a cualquier parte voluntariamente casi al instante, y puede pasar a través de los obstáculos físicos. Cuando se percibe este cuerpo, puede aparecer transparente o con aspecto de nube.

Ya hemos mencionado la aparente carencia de tiempo de este estado. Otra característica, señalada por algunos, es la facultad de pensar de un modo claro y rápido. En otras palabras, se usa la mente que no es física, libre del cerebro físico que actúa lentamente. La percepción en este estado no parece depender de unos órganos especializados como los ojos y las orejas: es como si todo el cuerpo pudiera recibir impresiones, de modo que uno puede «ver» en todas direcciones, por así decirlo. El oído puede ser traducido en palabras, debido a la rutina, pero realmente es algo parecido a la telepatía, una comunicación de una mente a otra, directamente, en pensamientos, en ideas no verbalizadas. Otra observación consoladora para cualquier persona tullida o que haya perdido el uso de alguna parte de su cuerpo es que, a pesar de todo, el cuerpo espiritual aparece perfecto y en su totalidad.

Al principio, la incapacidad para lograr cualquier contacto con las personas vivas puede dar origen a la soledad y a una sensación de aislamiento: pero esto desaparece más tarde al encontrar otras personas en su cuerpo espiritual, incluyendo a los parientes muertos anteriormente.

Todo esto nos lleva al siguiente apartado de Moody, «El encuentro con otros». Algunas personas, en este estado extracorporal tan próximo a la muerte, son vívidamente conscientes de que se encuentran con parientes y amigos muertos que ofrecen un aspecto

muy parecido al que tenían en la tierra, aunque generalmente más jóvenes y más radiante. Otros tienen alguna percepción de estas personas, pero sólo como espíritus desencarnados con los cuales pueden establecer una comunicación mental. Unas entidades espirituales desconocidas, llamadas a veces ángeles, pueden encontrarse también en una de estas dos formas. A menudo, se le dice al visitante que su hora no ha llegado todavía, que tiene que volver y completar su período de vida en el cuerpo físico, que tiene que continuar alguna tarea inacabada, cuidando a la familia y otras cosas. Esta idea suele provocar un momentáneo resentimiento, pues la vida, desde el otro lado, parece muy poco atractiva. Pero, después de reflexionar, se suele aceptar de buen grado recuperar la carga de la vida terrena. El hecho de que ésta sea considerada generalmente como una carga debería ser un gran alivio para todas las personas que tienen miedo de morir y que se apegan a un cuerpo

físico dolorido y gastado, tal vez más tiempo del debido.

Los siguientes apartados, «El Ser Luminoso», «La Revisión», han sido ya considerados con cierto detalle.

A continuación, llegamos a la «Barrera o límite». Algunas personas hablaron de una especie de barrera para pasar al otro lado. Sintieron, o les dijeron, que si cruzaban no podrían regresar, pero que realmente debían regresar y vivir su vida física. La barrera se

interpretaba, de varios modos, como agua (¿la ribera Estigia?), una niebla gris o una valla.

«Contarles a los demás» estas experiencias es todo un problema, porque la mayoría de la gente no quiere oír hablar de estas cosas.

Tratan de darles poca importancia y las consideran sueños y alucinaciones o, simplemente, como una imaginación, o incluso como prueba de desequilibrio mental. Esto puede ser perjudicial para el sujeto para quien estos acontecimientos fueron una de las experiencias más vívidas y «reales» de toda su vida. Así que se callan o, pensando en estas reacciones, nunca se lo cuentan a nadie, a menos que alguien parezca interesado. La sugerencia de que la imaginación tiene algo que ver en ello es especialmente absurda, por la misma razón de que estas experiencias son totalmente inimaginables. Esto es, precisamente, lo que les da su impacto y su calidad memorables. Nada remotamente parecido había ocurrido nunca antes. Aunque las enseñanzas religiosas o algunos libros hubieran preparado al individuo, hasta cierto punto, los verdaderos acontecimientos fueron muy distintos a cualquier cosa que hubiera podido nunca imaginar, Tampoco hubo nada ambiguo, irracional o semejante a un sueño en ellos, era algo nuevo, extraño y difícil de explicar, pero realmente ocurrió y la mente y la atención estuvieron, en todo caso, más alerta que en la vida normal vigílica.

¿Cuáles fueron los «Efectos Sobre la Vida» de estas experiencias prematuras de la muerte? En conjunto, fueron efectos positivos. Las personas encontraron que su vida tenía más sentido y era más profunda' «se volvieron más reflexivas y se preocuparon más por los últimos problemas filosóficos». Su vida tendió a tener otro objetivo ya ser menos egoísta, Adquirieron una mayor conciencia de la vida de la mente y prestaron menos atención al cuerpo que antes. También sintieron más preocupación y compasión por los demás y

un deseo por encontrar un sentido más profundo a la vida, y en general, por llevar una vida mejor. Estos cambios tan profundos y persistentes suelen seguir a una conversión religiosa o a la práctica del yoga. Es casi imposible que se deriven de una simple alucionación, tal como sugieren los escépticos.

«Una nueva Opinión sobre la Muerte» es la consecuencia natural de estas experiencias. La persona siente que tiene cierto conocimiento directo del acontecimiento, y ya no necesita basarse en conjeturas o en enseñanzas religiosas bastante ambiguas. También, y tal vez ello sea lo más importante, desaparece todo temor a la muerte; a su debido tiempo, será bienvenida. La supervivencia después de la muerte parece ahora una cosa cierta, pero no hay ninguna inclinación al suicidio para precipitar su llegada. Tenemos una nueva comprensión del propósito de la vida en la tierra, así como de la muerte. Aquellas crueles creencias religiosas con recompensas y castigos después de la muerte son desechadas. a favor de una comprensión más racional.

El decimoquinto y último elemento que Moody discernió en sus cientos de casos fue la «Corroboración». Se refiere a la comprobación de los detalles o acontecimientos en el mundo físico observados desde el estado extracorporal, y de los cuales se habla cuando

uno regresa. En general, la comprobación resulta bien: los médicos han quedado asombrados ante las descripciones tan detalladas de los intentos que hicieron para resucitarlo mientras el paciente estaba clínicamente muerto. Muchas de estas narraciones fueron hechas por pacientes que tenían poco o ningún conocimiento médico, de modo que no pudieron inventarlo. En algunos casos, Moody pudo preguntar al paciente y al médico, o a cualquier otra persona involucrada, para comparar sus informes.

En su segundo libro, Moody habla de otros cuatro elementos citados por algunas personas que disfrutaron de un prolongado período extracorporal; pero ninguno fue citado únicamente por una persona.

«La Visión del Conocimiento» parece corresponder a las experiencias místicas de las que nos habla Whiteman, desde unos niveles del otro mundo más elevados que aquellos que se alcanzan normalmente en breves experiencias extracorporales -«un reino de existencia en el cual todo conocimiento, ya sea del pasado, presente o futuro- parecía coexistir en una especie de estado atemporal... un momento de iluminación». Las personas estuvieron de

acuerdo en que la experiencia era inexpresable y no pudieron retornar con un recuerdo completo de ella. Los místicos experimentados no utilizarían el término «conocimiento», sino más bien «comprensión», «visión interna», «sabiduría» o «iluminación», porque esto pertenece a un estado de suprema bienaventuranza, más allá del alcance de la mente. Pero únicamente aquellos que lo hayan vislumbrado podrán comprender plenamente de lo que se trata.

«Cíudades de Luz» fue una frase utilizada por varias personas para describir visiones de ciudades celestiales correspondientes a las ideas tradicionales del Cielo.

Algunas personas se encontraron con «Un Reino de Espíritus Confundidos», poblado por espíritus que parecían hallarse en un estado infeliz de depresión, correspondiente, tal vez, al purgatorio.

Tenían una descorazonadora desazón interna y vagaban de un lado para otro, sin rumbo alguno, en una región triste y deprimente.

Otros sugieren que eran suicidas y personas muy apegadas a la tierra, desposeídas de su cuerpo físico antes de estar preparadas para la muerte y la vida después de ella.

«Los Rescates Sobrenaturales» describen la experiencia de algunas personas que parecían haber sido rescatadas de la muerte tras un accidente potencialmente fatal, por unas entidades o seres espirituales.

Un breve capítulo nos presenta algunos paralelos muy próximos a estas experiencias de escritos mucho más antiguos, como por ejemplo: la Biblia, Platón, El Libro Tibetano de los Muertos y Swedenborg. De hecho, existen muchas otras narraciones, algunas de las cuales se mencionarán en capítulos posteriores.

Si queréis saber cómo es la vida en algún punto remoto del mundo, por ejemplo en el Tibet o en Bali, entonces, el mejor modo de averiguarlo es ir allí y verlo por vosotros mismos. Si no fuera posible, debéis hablar con alguien que haya estado allí y tal vez ver sus fotos. Hoy tenéis también métodos menos directos, tales como libros de viajes, películas y la televisión. Exactamente las mismas consideraciones pueden aplicarse para conseguir el conocimiento de este mundo interno. Deberíamos ir allí en persona o hablar con otros que hayan estado allí. Pero todavía hay muy pocas personas que sepan la manera de ir, aunque muchos hayan sido llevados allí durante breves períodos, sin saber exactamente cómo ocurrió.

Mentalmente, podemos descubrir la manera mediante árduas prácticas de yoga. (Véase capítulo VI). Puesto que hay pocas personas preparadas para ello, debemos conformarnos con el testimonio de los visitantes y comparar sus relatos.

He dicho antes que Moody no fue el primero en recoger informes sobre personas que habían tenido una experiencia extracorporal inducida por la proximidad con la muerte. Mencionaré tan sólo uno de los ejemplos anteriores. En 1901, Robert Crookall publicó

El Estudio y la Práctica de la Proyección Astral, que presentaba 160 casos de historias breves, 21 de las cuales eran de personas que estuvieron a punto de morir. De todos los casos, 13 hablaban de la experiencia del túnel, 5 se encontraron con el Ser Luminoso, 4

hicieron un repaso de sus vidas y unos cuantos más hablaron de la ayuda recibida por parte de unos «ayudantes».

Vemos, pues, que estos extraños sucesos nos son explicados en términos similares por todos los que los han experimentado. Además, dejan una impresión muy fuerte en cada individuo. Esto inspira la confianza de que están verdaderamente hablando de casos

genuinos y no imaginarios. Personalmente, no he tenido una experiencia así, tan próxima a la muerte. Sin embargo, en mis breves estados extracorporales y en otras experiencias pude confirmar personalmente un cierto número de las descripciones de Moody.

Estas incluyen. el sonido de campanas; un rugido parecido al viento, al salir del cuerpo; la inefabilidad; paz y tranquilidad; visión de conocimiento; nueva visión de la muerte; nueva comprensión del propósito de la vida en la tierra; y un fuerte efecto sobre mi propia vida.

Un cierto número de personas que murieron y regresaron -o que casi murieron, si preferís decirlo de este modo- fueron recibidas por parientes que habían muerto anteriormente. Parece algo natural y apropiado, pero el escéptico convencido puede seguir considerándolo como imaginación. Yo sé, con seguridad, que mi propia madre estaba allí para recibir a mi padre cuando éste murió en su sueño, pero esa es una historia demasiado personal para entrar en detalles. Tal vez resultaría más convincente que pudiera decir que alguien planeó deliberadamente visitar a alguna persona en particular que había muerto algunos meses antes e indujo una experiencia extracorporal con ese propósito específico. Bueno, pues

puedo decirlo. Robert Monroe, que fue mencionado en el último capítulo, hizo exactamente esto, con éxito, no una sola vez sino tres veces. Visitando a su propio padre y a dos amigos íntimos en el otro mundo. Describió estas visitas en su libro Viajes Fuera del Cuerpo.

El doctor Richard Gordon tenía ya más de cincuenta años cuando se convirtió en el médico y amigo de la familia Monroe. Gordon tenía dos grandes manías: se preocupaba cuidadosamente de sí mismo, comportándose deliberadamente de una manera sosegada,

como si deseara vivir mucho; luego, cuando alguien le visitaba en su despacho, miraba desde su oficina interior y fijaba los ojos con gran intensidad, sin decir palabra. (Esto es importante para lo que sigue) .

Un día, Monroe le visitó y Gordon le confesó que no se había sentido bien últimamente, pero que sin embargo iba a hacer un viaje a Europa para visitar países que no conocía. En Europa cayó gravemente enfermo y aunque se encontraba con grandes dolores volvió a su casa para recibir tratamiento. Tenía un cáncer incurable. Entonces, Monroe pensó que era el momento de mencionarle sus experimentos extracorporales. Puesto que Gordon estaba demasiado enfermo para poder visitarle, Monroe decidió mandar a su esposa una carta para que se la leyera al enfermo en cuanto éste pudiera escucharla. Gordon pidió que se le leyera la carta, una y otra vez, antes de morir.

Después de esperar unos tres meses, para que Gordon pudiera integrarse en el otro mundo, Monroe decidió tratar de visitarle, un sábado por la tarde. Salió de su cuerpo exclamando mentalmente: ¡Quiero ver al doctor Gordon! Después de lo que a él le pareció un largo viaje, fue guiado a un lugar parecido a una gran institución.

Le hicieron entrar en una habitación y le dijeron: «Espere, y el doctor le recibirá dentro de un minuto». Había varios hombres en la habitación escuchando a un joven de unos 22 años que les hablaba con excitación. Pero no había señal del doctor Gordon. Hacía un calor insoportable, o así se lo parecía a Monroe, y pensó que tendría que regresar. Pero antes se dirigió de nuevo hacia el grupo de hombres, dudando en preguntarles algo sobre el doctor Gordon. En aquel momento el joven dejó de hablar, se volvió y miró fijamente a Monroe, antes de continuar su conversación. Monroe se fue, considerando el experimento como un fracaso.

El sábado siguiente volvió a intentarlo, pero en el momento preciso en que dejó su cuerpo llamando al doctor Gordon, una voz dijo junto a él: «¿Por qué quieres volver a verle? Ya le viste el sábado pasado. » Monroe quedó tan sorprendido que regresó enseguida a su cuerpo físico y estuvo pensando sobre lo que había pasado. Revisando sus notas otra vez, se dio cuenta de que el joven que había visto era el doctor Gordon, pero con un aspecto de veintidós años en el otro mundo, en lugar de los setenta; la mirada intensa que le dirigió era exactamente su antigua mirada. Monroe nunca le había conocido a esa edad, pero más adelante vio una foto suya de cuando era joven, que correspondía exactamente a su visión extracorporal.

Agnew Bahnson era otro buen amigo y piloto aficionado. Sentía un gran interés por la investigación sobre la antigravedad y hablaba de ello a menudo con Monroe. Este se hallaba en viaje de negocios, en Nueva York, y en una ocasión se echó a dormir una siesta en la habitación en su hotel, puesto que tenía tiempo para ello. Justo en el momento anterior al sueño, oyó la voz de Bahnson diciéndole: «Hay un modo de demostrar la antigravedad. Todo cuanto tienes que hacer es demostrártela a tí mismo y tú has sido entrenado para hacerlo. » Monroe sabía lo que quería decir, pero carecía del valor

para intentarlo; anotó la hora, las tres y cuarto. A su vuelta a casa, su esposa le dijo que Bahnson había muerto al tratar de aterrizar con su avión en un campo. El le preguntó: «¿Esto sucedió hace dos día, a las tres y cuarto?» y ella le contestó que así era.

Unos meses más tarde, Monroe trató de conectar con Bahnson en un viaje extracorporal. Salió de su cuerpo llamando a Bahnson y viajó en la oscuridad hasta detenerse en una pequeña habitación también bastante oscura. Poco después, Bahnson apareció y le reconoció, diciéndole, «Bob, nunca creerás todas las cosas que han ocurrido desde que llegué.» Eso fue todo, pero era precisamente el tipo de cosa que Bahnson hubiera dicho, dado su especial interés por nuevas experiencias.

Más tarde, el padre de Monroe murió, tras varios meses de parálisis y de incapacidad para hablar, después de un ataque; tenía 82 años. Transcurrieron varios meses antes de que Monroe intentara visitarle, concentrándose en la personalidad de su padre para que le ayudara. Nuevamente viajó largo tiempo en la oscuridad, luego se detuvo en lo que parecía ser un hospital. En una pequeña habitación encontró a su padre, con el aspecto de unos 50 años, y todavía con un aire bastante cansado. El muerto se volvió y vio a su hijo y le hablo: «¡Qué estás haciendo aquí!» Monroe estaba demasíado excitado para hablar, y su padre lo cogió por debajo de los brazos y lo levantó por encima de su cabeza, como solía hacer cuando Monroe era pequeño. Al preguntarle por su salud el padre replicó: «Ahora mucho mejor; el dolor ha desaparecido. Pero con el recuerdo pareció escapársele la energía y Monroe se dio cuenta de que era el momento de irse.

Ya he dicho que, en general, los ministros de la religión tienen sólo una vaga idea que ofrecer respecto a lo que sucede después de la muerte. Quiero hacer alguna enmienda, terminando este capítulo con una honrosa excepción. Sí por casualidad os gusta la música

clásica, probablemente conocéis El Sueño de Geronte, ese hermoso arreglo musical realizado por Elgar sobre un poema del Cardenal Newman. He aquí el principio del diálogo entre el Alma de Geronte, que acaba de morir, y su Angel Guardián.
Alma de Geronte:
Me quedé dormido y ahora me siento nuevo.

Una extraña sensación: pues en mí siento

Una indecible ligereza, y una sensación

De libertad, de completa libertad

Como nunca jamás. ¡Y qué tranquilidad!

Ya no oigo el rápido latir del tiempo,

No, ni mi jadeo al respirar, ni el reforzado pulso;

Y todo momento es similar al otro.

Este silencio instila una soledad

En la esencia misma de mi alma;

Y el profundo descanso, tan consolador y dulce,

Tiene algo también de firmeza y dolor.
Otra maravilla; alguien me tiene cogido

Dentro de su amplia palma;

Una presión uniforme y suave me dice

Que no me muevo yo, sino que me empujan.

¡Oid! Es como un canto; pero

De esa música no puedo asegurar

Si oigo, toco o saboreo sus notas.

¡Oh! ¡Qué melodía tan subyugadora!
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