Una guía racional para la Muerte y el Más Allá




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CAPÍTULO III
EL TESTIMONIO DEL ESPIRITISMO
Algunos lectores se preguntarán cómo he llegado tan lejos en este libro sin mencionar el espiritismo. Otros prefieran tal vez que me haya basado en la evidencia más directa de personas vivas, para demostrar reinos de la existencia más allá de nuestra conciencia

vigílica normal, y la supervivencia de la muerte física. No puedo aceptar todas las afirmaciones del espiritismo en su valor nominal.

Tampoco apruebo realmente los métodos utilizados. Según mi punto de vista, es peligroso para los asistentes y para la persona «muerta» que se obliga a volver a las condiciones terrenas, cuando esto sucede realmente, la cual pasa con mucha menos frecuencia de la que afirman los mediums y de lo que creen los asistentes.

En el siglo XIX, el movimiento espiritista tenía un cariz científico y atrajo a sus filas a algunos científicos eminentes. Trataba de demostrar a la sociedad elegante y materialista del mundo occidental la existencia del otro mundo, más allá del de nuestros cinco

sentidos, y la realidad de la supervivencia. Tuvieron lugar muchas sesiones espectaculares, en las cuales, y de modo incuestionable, unas entidades desencarnadas eran atraídas y puestas en comunicación con los asistentes. El método más utilizado para la comunicación era el de golpear la mesa, con un código establecido de golpes para transmitir los mensajes. A veces se oían voces con sonido de trompetas, que los asistentes creían reconocer como las voces de sus parientes muertos. En otras sesiones, tenían lugar materializaciones de las formas del espíritu, generalmente en forma de entidades muy tenues y fantasmales, pero a veces como cuerpos substancial es materializados, que llegaban a pesar unas sesenta libras más o menos. Incluso se habla de un espíritu materializado que levantó del suelo el cuerpo encogido de una medium. Un ingeniero de Belfast llamado Crawford y otros demostraron, de forma concluyente, que cualquier peso adquirido por formas de espíritu materializado, o por los bastones ectoplásmicos, usados para levantar mesas y para mover otros objetos, era igual al peso perdido por la medium, excepto las pequeñas pérdidas sufridas por los que

estaban presentes. Naturalmente, los escépticos atribuyeron todos estos fenómenos al fraude, pero los científicos cualificados, que hicieron sus observaciones objetivas y adecuadas, estaban completamente convencidos de que los fenómenos que observaban eran

genuinos, por más sorprendentes que fueran. Eso no quiere decir que todos los mediums fueran genuinos. Algunos recurrieron al fraude, especialmente aquellos que habían conseguido resultados genuinos pero cuyos poderes empezaban a fallar bajo el tremendo

esfuerzo físico de la mediumnidad.

Las personas que se interesaron por estas actividades llegaron a conocer la existencia de un mundo normalmente invisible, y el espiritismo contribuyó, en cierto grado, a contrarrestar el modo de pensar materialista de la época. En ese aspecto, tuvo cierta utilidad para amortiguar sus efectos perjudiciales. Pero, a medida que el tiempo fue pasando, la naturaleza del movimiento espiritista cambió. Perdió la actitud de investigación científica y adoptó una especie de religiosidad. Surgieron una infinidad de iglesias espiritistas que ofrecían unos servicios bastante sentimentales y de aficionados. Se cantaban himnos y la medium dirigía una alocución, supuestamente procedente de un espíritu guía, pero generalmente bastante vaga y banal en cuanto a su mensaje espiritual. Luego venía una período de «lecturas», cuyo objetivo era consolar a los devotos que habían perdido un ser querido. Se suponía que todo el proceso estaba organizado por un espíritu guía, que atraería un número de «espíritus» recientemente desencarnados, para comunicarse, por turno, a través de la medium. A veces un «espíritu» «controlaba» a la medium entrando en su cuerpo, hasta cierto punto, y hablando por su boca con la propia voz del espíritu, que solía

ser reconocido por algún miembro de la congregación. Pero, a menudo, sin embargo, la medium mantenía el control, «veía» al «espíritu» de un modo clarividente y lo describía; luego, hablaba con su propia voz dando un mensaje del Espíritu para el pariente vivo que se hallaba presente, a menudo identificado simplemente por su nombre de pila. Este individuo ere instado a responder y a decir si el mensaje había sido comprendido. Ocasionalmente, se

ofrecían pruebas de identidad; el «espíritu» mencionaba algún incidente poco común de su vida reciente, que podía ser recordado por el pariente o podía ser verificado a través de la familia. Toda esta evidencia era aceptada por parte de la crédula congregación.

De hecho, son posibles algunas explicaciones alternativas. La más simple es el fraude deliberado y directo, a veces por parte de un medium anteriormente genuino. Frecuentemente, las descripciones eran tan vagas y los mensajes tan generalizados y triviales, que alguna persona de la congregación, en su desesperación por recibir algún mensaje de un ser querido, aceptaba las invenciones del medium como genuinas. Incluso se podía llegar a afirmar que, si el individuo quedaba consolado y tranquilizado, entonces el fraude no tenía importancia. Con mucha más frecuencia, creo yo, el fraude era perpetrado por el medium, pero de un modo totalmente inconsciente e inocente. Una clarividente de poca experiencia, sin una preparación adecuada, podía recibir una impresión ajena a ella misma, pero era incapaz de determinar su origen. Ese origen podía muy fácilmente ser el pariente de la persona presente, que estaba construyendo una imagen mental muy fuerte de la persona desencarnada y que estaba imaginando el tipo de mensaje que podría ser transmitido. Una medium sensitiva podía recoger estas imágenes telepáticamente y, con toda honestidad, atribuirlas a alguien del otro lado. Incluso un mensaje «evidencial», referente a algún acontecimiento olvidado por el receptor, podía tener esta explicación. El recuerdo del acontecimiento podía haber desaparecido, pero quedaba presente en la mente inconsciente de donde podía ser recogido por una medium sensitiva, del mismo modo

como podría ser recuperado por un hipnotizador competente.

Hay otras posibilidades, pero para comprenderlas necesitamos utilizar cierta información que daremos en un capítulo posterior. Existen unas entidades no humanas, que viven en el mundo más allá de la muerte, y para algunas de ellas resulta una experiencia excitante establecer algún contacto en el plano físico que normalmente les resulta inaccesible, igual que su mundo lo es para nosotros. Por consiguiente, una de estas entidades puede asumir la personalidad de la persona muerta con el fin de establecer contacto con un medium y tal vez incluso apoderarse de su cuerpo por un breve período. Esta entidad podría incluso engañar a un espíritu guía que de manera genuina estuviera guiando todo el proceso.

Otra posibilidad es todavía más horrible. Tal como veremos, la vida después de la muerte procede a través de sus propias etapas y, a su debido tiempo, ocurre una segunda «muerte», cuando el individuo pasa a una etapa más espiritual en un «plano superior»; este fenómeno, en realidad, suele ser aceptado por los espiritistas. Sin embargo, de lo que pocos de ellos se dan cuenta es de que el despojo astral desechado o «sombra», no está inerte como el cuerpo físico muerto; retiene una tenue vida y una inteligencia propia durante algún tiempo, antes de desintegrarse. Durante este período puede adquirir una ligera vitalidad espúrea a expensas del medium cuyo cuerpo invade. Es muy poco prudente, por parte del medium, poner su cuerpo a disposición de entidades de este tipo, y también resulta perjudicial si lo hace; pero después de embarcarse en esta extraña carrera, tal vez no tenga elección.

Finalmente, el fenómeno puede ser precisamente lo que pretende ser: un retorno genuino a una especie de vida terrestre prestada por una persona recientemente fallecida; él o ella pueden verse obligados a regresar por la pena incontrolada de los que se quedan. En este ejemplo, el fenómeno es genuino y podría demostrarse científicamente -en caso de que pudieran descartarse las otras posibilidades. Pero hemos de decir que no es una actividad

sana y que no debería preconizarse. La muerte debería ser un viaje sin retorno; la persona que muere de muerte natural, por ancianidad o por enfermedad debería acabar con la vida terrestre y estar preparada para otra vida nueva más allá de la muerte. El regreso, ya sea voluntario o como respuesta a una poderosa llamada de un pariente vivo, es una cosa antinatural y significa un retraso para el progreso adecuado. Puede ser profundamente perturbador y perjudicial para el individuo en cuestión. Del mismo modo, un dolor

exagerado y un deseo egoísta por reunirse físicamente con la persona desencarnada son también perjudiciales. Es natural sentir una cierta tristeza, pero la muerte es universal y tiene que ser aceptada. El amor se expresa mejor a través de unas plegarias por el progreso

seguro y sin problemas de la persona que ha partido hacia la nueva vida. La reunión es posible y permisible a ese nivel, aunque no a nivel terrenal, y frecuentemente ocurre durante el sueño, por mas que no podamos recordarlo. En cuanto al resto debemos conformarnos con los recuerdos de amor.

Voy ahora a contar, con mis propias palabras, una historia moderna que ilustra el mejor aspecto del espiritismo, el círculo del rescate; también aporta otras facetas interesantes de la etapa que hay después de la muerte, de las almas ligadas a la Tierra, de las apariciones vistas por varias personas, de los fantasmas que hablan, de los encantamientos, premoniciones y del fenómeno de la comunicación. Añadiré también mi propia interpretación de los acontecimientos. La historia ha sido contada con todo detalle en la edición del libro de bolsillo Corgi El fantasma del vuelo 401, de John G. Fuller. Empezó con el vuelo de un avión de las Líneas Aéreas Orientales L-1011, modelo Jumbo de tres reactores, la noche del 29 de diciembre de 1972. La historia también demuestra lo difícil que es preveer y evitar los accidentes. Estos, raramente se deben a un único peligro previsible, sino que son varias pequeñas cosas imprevistas las que se estropean al mismo tiempo. El avión en cuestión viajaba desde Nueva York y se disponía a aterrizar al acercarse a Miami. Bajaron el tren de aterrizaje, pero no estaban seguros de que la rueda delantera hubiera descendido adecuadamente. La operación parecía correcta pero la luz verde del indicador no se había encendido. Levantaron y volvieron a bajar la rueda delantera del tren de aterrizaje y la tripulación estaba prácticamente segura de que se había cerrado correctamente y de que la avería se hallaba solamente en la luz del indicador. El capitán Loft pidió permiso por radio control a Miami para elevarse ligeramente y volar en círculo mientras hacían sus comprobaciones y se le concedió el permiso.

La luz del indicador se hallaba en un lugar de difícil acceso, por debajo entre el piloto y el copiloto. Cada uno de ellos trató, a su vez, de desenroscar el portalámparas para cambiar la bombilla, pero éste se había encasquillado y no pudieron cambiarla. Para tener las manos libres, el capitán colocó el piloto automático y se inclinó para desenroscar la bombilla. Como continuaban sin poder abrirla, hicieron bajar al Segundo Oficial, llamado Repo, al «agujero del infierno» para comprobar con sus propios ojos que el tren de aterrizaje se hallaba en la posición correcta.

Entretanto, uno de ellos debió dar un golpe al cuadro de mandos sin darse cuenta, y ésto desconectó el piloto automático, dejando que el avión volara solo y totalmente descontrolado. En aquellas condiciones y sin que la preocupada tripulación se diera

cuenta, el avión fue perdiendo altura. Sin duda sonó un breve pitido de aviso, tal como demostraron pruebas posteriores, pero fue demasiado débil para poder ser oído por la tripulación con los auriculares puestos. No se vio ninguna luz de aviso; la altitud real

debió salir en el cuadro de mandos del piloto, pero éste se hallaba demasiado ocupado para comprobarla. En todo caso, este era el trabajo del primer oficial y del copiloto Stockstill. Además, intervino otro error; sin que ninguno de ellos lo supiera, había una ligera

variación de correspondencia entre los controles duplicados del piloto y los del copiloto, de modo que los mandos de éste no registraron el desequilibrio accidental del piloto automático del lado del Capitán, y continuaban marcando los 2000 pies de altitud establecidos para el piloto automático. El copiloto no podía ver el otro cuadro de mandos desde su asiento. La pérdida de altura por parte del avión fue registrada en el radar del controlador del aeropuerto, pero éste se hallaba demasiado ocupado dirigiendo otros aviones para emprender una acción inmediata. Cuando tuvo tiempo para volver a mirar, ya era demasiado tarde; el sonido del avión había desaparecido de la pantalla del radar y el avión se había estrellado en los pantanosos Everglades de Florida. Era una noche muy oscura, de modo que no pudieron ver el descenso del avión desde las ventanillas. Parece que ni los pasajeros ni la tripulación tuvieron la menor idea de que el desastre era inminente. El avión estalló con el impacto, y sus restos quedaron esparcidos en un radio de 1600 pies.

Sin embargo y milagrosamente, de las 176 personas que se hallaban a bordo, hubo 77 supervivientes, aunque la mayoría de ellos quedaron malheridos. Aquel fue el primer accidente de un Jumbo y no tenía por qué haber pasado. Cuando se recuperó el tren de

aterrizaje delantero, resultó estar en la posición correcta, tal como suponía la tripulación, de modo que el avión podía haber aterrizado con toda seguridad. Las operaciones de rescate fueron extremadamente difíciles debido a la obscuridad y al terreno pantanoso,

pero funcionaron bien. El libro lo describe con todo detalle. De la tripulación del avión el primer Oficial, Stockstill, murió en el acto con el impacto; el Capitán Lofts, le dijo a una persona del equipo de rescate que se estaba muriendo, y murió antes de poder salir. El

segundo Oficial, Repo, fue rescatado, pero murió de sus heridas 30 horas después, sin poder decir una palabra coherente.

El autor del libro entrevistó más tarde a muchos pasajeros y miembros de la tripulación aérea, a todo aquel que pudiera arrojar alguna luz sobre el desastre y sobre los hechos sobrenaturales consiguientes. Así surgieron algunas premoniciones interesantes. Por

ejemplo, en un vuelo anterior, una azafata tuvo una premonición tan real de un accidente de la flota L-1011, entre Navidad y Año Nuevo, que cayó gravemente enferma. Otras tres azafatas testificaron que así se lo había contado a ellas en aquellos momentos. También vió que ella se libraría milagrosamente de ir en aquel vuelo, y aunque en el momento dado lo había olvidado, también resultó cierto. La tripulación de la cabina fue cambiada en el último momento.

Varios pasajeros dijeron que se sintieron morir en el accidente, pero que volvieron a la vida en su cuerpo malherido. El autor no nos facilita los detalles, pero habla favorablemente del trabajo realizado en este campo por el Dr. Moody y por el Dr. E. Kubler-Ross, citados ya en el capítulo II, y de los estudios del Dr. Ian Stevenson sobre la reencarnación, que serán mencionados en el capítulo VIII.

Antes de hablar de los hechos subsiguientes, vamos a detenernos a considerar los sentimientos de las tres personas de la tripulación que murieron. Eran expertos y eficientes oficiales, dedicados a su trabajo y al nuevo tipo de avión en el que volaban. Ahora se

habían estrellado con él y tenían cierta responsabilidad por casi 100 personas muertas. Debieron sentirse algo culpables, pues, al fin y al cabo, en aquellos minutos críticos, no habían prestado la atención debida a su ocupación principal, al vuelo del avión. Probablemente se sentían confusos y ansiosos por enmendar algo de alguna forma. Empezaron, pues, a aparecer por los aviones, y de hecho, avisaron sobre posibles accidentes. Un dramático ejemplo fue publicado en el boletín de la Fundación por la Seguridad en los Vuelos, una publicación patrocinada por las compañías de seguros

de aviación. En el avión 318 de la flota L 1011, una azafata que trabajaba en la cocina de la parte inferior del avión miró uno de los hornos y creyó ver una cara que la observaba. Atemorizada, le pidió a otra azafata que fuera a comprobarlo. y ésta también vio la cara,

que resultó ser la de Repo. Luego pidieron al ingeniero de vuelo de aquel avión n.O 318, que fuera a verlo también; y éste no solo vio la aparición, sino que oyó unas palabras que le decían «Vigilad el fuego en este avión». Más tarde, aquel avión se hallaba en la ciudad

de Méjico, cuando uno de los tres motores empezó a fallar. Se le dió permiso a la tripulación para despegar con dos motores, mientras esperaban un cambio de motor. Pero en el momento del despegue se incendió uno de los dos motores restantes. Con una habilidad casi increíble la tripulación consiguió hacer dar la vuelta el avión y aterrizar sanos y salvos con un solo motor, a pesar del aire enrarecido que había en ese aeropuerto de una altitud tan elevada. El boletín se atreve a sugerir incluso que el fantasma pudo haberles ayudado.

El autor del libro tuvo muchas dificultades para recoger otras explicaciones fehacientes sobre los incidentes. Las Líneas Aéreas Orientales se negaron a colaborar, tratando por todos los medios de suprimir y restar importancia a los hechos, de modo que los

empleados tenían miedo de hablar. El autor tuvo la suerte de encontrar algunas chicas interesadas en los temas psíquicos, que le pusieron en contacto con personas importantes. También encontró un par de personas de la tripulación que eran mediums y formaban parte de un círculo de rescate espiritista. Evidentemente, este escritor experimentado solo incluyó la información que él consideró totalmente auténtica.

Muchas de las apariciones tuvieron lugar en el servicio de la cocina. En uno de los vuelos, hubo dos chicas que, independientemente, se dieron cuenta de una extraña presencia mientras estaban trabajando solas en la cocina. Otra sintió un intenso escalofrío a pesar del calor que salía de los hornos. A menudo, los acontecimientos psíquicos van acompañados de una sensación subjetiva de frío. De un modo más teatral, otra chica observó, fascinada y temerosa, cómo una cara completa, con cabello y gafas, se materializaba lentamente, surgiendo de una nube de vapor. Loft y Repo aparecieron los dos en un asiento de Primera Clase, mientras los viajeros estaban embarcando. Estas apariciones parecían tan sólidas como las personas vivas y fueron vistas por los ayudantes de vuelo, la tripulación de cabina y los pasajeros, y una de las veces fueron vistas por un Vicepresidente de la Compañía. Estos hechos se fueron repitiendo durante unos 16 meses después del accidente. Luego, Loft apareció con menos frecuencia y, hacia el mes de abril de 1974, las visitas cesaron. Stockstill no apareció nunca. Loft jamás dijo una palabra, pero Repo se ganó una reputación de fantasma bueno y cordial, que hablaba a menudo para ayudar con avisos o

consejos.

La mayoría de los hechos tuvieron lugar en el avión 318, pero algunos ocurrieron en dos aviones similares de la flota, a los cuales se les había instalado algunos aparatos, en buen estado, del avión siniestrado, como hornos, ascensores y radios. Todo esto, evidentemente, proporcionaba cierta afinidad para los fantasmas.

Más tarde, eliminaron de los aviones aquel equipo recuperado. Resulta evidente que por más que las Líneas Aéreas Orientales se negaran a admitir los incidentes públicamente, algunas personas importantes de la compañía se los tomaron en serio. Comprendieron el fenómeno de afinidad lo suficientemente bien como para sacrificar una valiosa parte del equipo en un intento de romper los nexos y terminar con las apariciones.

Para hacerse visibles, las personas que han pasado al otro mundo tienen que materializarse y atraer materia física a sus cuerpos sutiles. Esto puede hacerse en distintos grados y de distintas maneras. El modo más fácil es conseguirla de una medium predispuesta para ello. Cuando no se puede disponer de ella se puede utilizar a cualquier otra persona ignorante de su capacidad para liberar materia que de lugar a una materialización. Las entidades experimentadas, o aquellas que han pedido la ayuda de algún guía, pueden aprender el modo de atraer materia física inocuamente de los objetos inanimados. La materialización puede ser tan sutil que solo se construya el caparazón vacío de la figura. Este tipo de materialización parcial se va sumergiendo por etapas en la materialización total que consiguieron Loft y Repo, consistente en una figura sólida y opaca, indistinguible de una persona normal, tan sólida al tacto como a la vista. Lo que es ciertamente notable es que los recientemente fallecidos Loft y Repo, que no tenían conocimiento previo de los temas psíquicos pudieran, de hecho, conseguir una materialización tan perfecta. Sin duda su intenso deseo de darse a conocer y ser útiles fue lo que les proporcionó ayuda procedente del otro lado.

Cuatro de los nuevos amigos de Fuller le dijeron que habían propuesto celebrar una sesión de «rescate de almas» y le invitaron a asistir a ella. La reunión fue convocada para el 18 de marzo de 1974, unos 16 meses después del accidente. Puesto que el capitán Loft había dejado ya de manifestarse, tan solo era necesario concentrarse para liberar a Don Repo de su apego a la tierra. Entraron en un estado reverente de meditación, tratando de elevar sus conciencias a un nivel superior, e invitaron a Repo a establecer contacto. Poco después, dos miembros del grupo eran conscientes de su presencia y uno de ellos, una mujer, se vio intensamente involucrada, pareciendo revivir el accidente en espíritu de Repo, manifestando grandes dolores de cabeza que correspondían a sus heridas.

Le explicaron que estaba muerto y que debería desentenderse de los asuntos terrenales y adentrarse en los nuevos reinos a los cuales ahora pertenecía. Le dijeron que podía contar con muchas personas que le ayudarían, que debía dirigir su vista hacia la brillante luz que vería, y encaminarse hacia ella con la ayuda de aquellas personas. Las dos personas que habían establecido el contacto sintieron que Repo los comprendía pero que era reacio a hacer lo que le pedían. Sin embargo, acabó por dar media vuelta y dirigirse hacia

la luz, y la sesión terminó -dejando a los participantes activos totalmente exhaustos por el esfuerzo.

A mediados de julio de 1974, un oficial de vuelo entró en su avión n.O 318, a primeras horas, y se encontró a bordo con dos azafatas aterrorizadas que acababan de ver un fantasma. El oficial las consoló y las tranquilizó, explicandoles que él conocía todo lo

de aquellos incidentes y que durante cierto tiempo había estado pensando en exorcisar al avión de aquellas visitas. Era un hombre profundamente religioso que, sinceramente, tenía la Biblia como guía, aunque había estudiado un poco los fenómenos psíquicos.

Pensaba que exorcisar un avión era algo factible, que él estaba capacitado para hacerlo, y que sería mejor hacerlo de un modo secreto y discreto. No era probable que la compañía accediera a una petición formal. Por lo tanto, decidió llevarlo a cabo allí, en aquel mismo momento. y tampoco tenía conocimiento alguno del intento de rescate de almas hecho anteriormente. Bajó solo a la cocina y cogió un vaso de agua. Al llegar allí todas las luces del avión empezaron a encenderse, como dando a entender que le estaban esperando. y él empezó su propia versión informal de un servicio de exorcismo. Simbolizando con el agua la Sangre de Cristo, la esparció por la cocina a modo de santificación. Empezó a soplar un fuerte viento en la cocina cerrada y el aire se volvió intensamente frío. Repo se materializó durante unos segundos y se le dijo firmemente que estaba muerto y que no tenía nada que

hacer allí. «En nombre de Jesús, por Su Sangre, tu ya no perteneces aquí. Estoy llamando a un ángel de luz y él te llevará al lugar donde perteneces. Así lo dicen las escrituras. » Entonces Repo desapareció y apareció una intensa luz brillante en su lugar, acabando así el

exorcismo.

Se hicieron pues, tres esfuerzos por separado para acabar con las visitas. ¿Cuál fue el que tuvo éxito? Yo creo que, seguramente, las apariciones hubieran terminado antes o después en el curso natural de los acontecimientos, del mismo modo como habían acabado las apariciones del capitán Loft. Pero los tres esfuerzos contribuyeron probablemente a poner fin a aquellos hechos. Fueron sacando del avión el equipo que servía de nexo durante un cierto período de tiempo, pero no se saben las fechas. El rescate del alma tuvo lugar en marzo de 1974 y parece que tuvo éxito; pero no sería sorprendente que aquella alma angustiada hubiera vuelto a su arraigada costumbre, apareciendo todavía unas cuantas veces más.

El exorcismo probablemente completó su rescate, puesto que es el último suceso registrado en los aviones, aunque Repo volvió a establecer contacto de otros modos.

Fuller, al principio, sentía un escepticismo total pero quedó muy impresionado por unos ingenieros realistas y competentes y otras personas que hablaban de un modo totalmente natural sobre los fenómenos psíquicos y que incluso eran mediums. Lo que acabó por convencerle de que valía la pena escribir su libro fueron los últimos acontecimientos de esta saga. Algunos de los amigos que había hecho durante la investigación le persuadieron para que intentara establecer contacto con Repo mediante la tabla espiritista, la ouija. Consiguió hacerlo y Repo transmitió ciertas claves que no tenían ningún sentido, excepto para su esposa y para sus hijas.
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