Una guía racional para la Muerte y el Más Allá




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CAPÍTULO IV
LA VIDA COTIDIANA, AQUÍ y ALLÍ
Los capítulos I y II presentaban pruebas de que la vida es posible en condiciones no materiales mientras el cuerpo está dormido o inactivo en otras facetas. Si ello es posible cuando el cuerpo está todavía vivo, hay que dar un solo paso más para aceptar que también es posible cuando se pierde finalmente el cuerpo con la muerte. No sólo es posible sino que es muy probable. Si tenemos este cuerpo inmaterial mientras estamos todavía vivos, si puede actuar por sí mismo cuando se halla ligado sólo por un hilo al cuerpo material, ¿por qué no habría de continuar haciéndolo cuando este hilo se corta? El capítulo tercero presentó pruebas de que la vida continúa después de la muerte. Esta línea de pensamiento considera absurda la idea de que nos quedamos completamente «extinguidos» como individuos cuando morimos. Este concepto, apoyado por materialistas intransigentes, parece inadecuado cuando pensamos en todas las pruebas que tenemos de la supervivencia. Además, hemos mencionado tan sólo una mínima parte de todas las pruebas existentes. A partir de ahora, pues, daremos por supuesto que la vida continúa después de la muerte.

Se ha dicho muchas veces que la muerte es como un sueño. Cada noche tenemos la valentía suficiente para caer en la inconsciencia, porque confiamos en despertar otra vez, tranquilamente, unas horas después. Uno de estos días debemos tener el valor suficiente para caer en aquel «sueño» del cual nos «despertaremos» en el «mundo de la imaginación» en lugar de en la tierra; esa es la única diferencia. Volveré a hablar de este tema en los últimos capítulos.

Llamaré nuestro «Cuerpo de Luz» al cuerpo que usamos en este primer período después de la muerte. En muchos libros se le denomina el cuerpo astral y el mundo en el cual vive es llamado el plano astral. Yo no utilizaré estos términos aquí, porque no deseo dar ideas preconcebidas, y porque creo que estas ideas son, hasta cierto punto, erróneas. Tal vez debería decir que estos términos pueden ser fácilmente mal interpretados. El plano astral o nivel astral de conciencia está a menudo considerado como el plano exclusivo de los sentimientos, emociones y deseos. Pero en la experiencia astral, la emoción y el pensamiento están unidos inevitablemente.

En cualquier caso, no hay duda alguna de que seguimos manteniendo el uso de nuestra mente después de la muerte. Realmente, es probable que los pensamientos sean incluso más vívidos y más libres, porque no están ya canalizados por un cerebro cansado.

Este es un mundo de ideas, así como de sensaciones y emociones. Yo lo llamo «el Mundo de la Imaginación» porque su sustancia sutil es muy obediente y sensible. Es un mundo «ideoplástico», moldeado por las ideas; el hecho de pensar significa crear. La imaginación puede desbocarse, puede pedir y tener cuanto quiera. ¿No sería una buena idea, entonces, prepararnos para la gran aventura que nos llegará, inevitablemente, a todos en su momento?

De otro modo sería como verse transportado a una tierra extraña, sin conocer su lengua ni sus costumbres. Nos sentiríamos muy confundidos y preocupados, sin saber cómo comportarnos ni el mejor modo de pasar el tiempo. Cuando visitamos un país, nuevo

para nosotros, llevamos una guía o viajamos con alguien que nos lo pueda explicar todo. Este libro puede prepararnos, de antemano, para «Nuestra Última Aventura».

Primero descartaremos esta analogía con el extranjero. No es tanto un nuevo lugar lo que visitamos; es algo más parecido al comienzo de un trabajo completamente nuevo y la necesidad de adaptación. Entraremos en un modo de vida totalmente nuevo con nuestro Cuerpo de Luz y tendremos que irnos acostumbrando a él al principio. En este capítulo y en el siguiente intentaré explicaros cómo creo que será.

Pero ¿cómo puedo saberlo? Tenéis derecho a preguntarlo y yo intentaré explicarlo. Ante todo, podemos aprender mucho, simplemente, reflexionando sobre ello. Recordemos lo que ya sabemos y apliquemos nuestra imaginación para ir descubriendo los detalles.

Es una especie de sentido común aplicado; tal vez la expresión «meditación creativa» describa mejor el proceso. Cualquiera de vosotros que haya practicado la meditación podrá entenderlo. Un método de meditación consiste simplemente en pensar en un tema con la mente disciplinada, sin divagar sin rumbo fijo.

Si repasamos lo que ya sabemos, reflexionamos sobre ello y luego profundizamos, nuestra información se organiza mejor y conseguimos una nueva comprensión. En otras palabras, este proceso de meditación creativa abre la mente a una sabiduría más elevada; ayuda a la intuición a inundar nuestra mente para enriquecerla.

Hay personas que han estado trabajando diariamente en esta línea durante décadas, desarrollando lentamente su capacidad mental y su visión intuitiva hasta límites insospechados. Algunas de ellas, mediante prácticas avanzadas de yoga, se han preparado para dejar el cuerpo físico a voluntad y utilizan su Cuerpo de Luz tal como nosotros usamos nuestro cuerpo material. Pueden visitar los mundos internos que habitamos después de la muerte y recordar lo que han experimentado. Otras personas nacen con poderes psíquicos y también pueden «ver» estos mundos internos, con distintos grados de perfección. Algunas de ellas han escrito y publicado narraciones de sus experiencias. Sus explicaciones difieren en los detalles pero concuerdan en líneas generales, por lo que podemos basarnos en estos libros. (Véase capítulo VI).

Hemos de recordar los numerosos países en que las religiones predominantes son por ejemplo el hinduismo, el buddhismo o el islamismo y donde la religión desempeña en la vida cotidiana un papel más importante que en Occidente. Entre estas personas la

creencia en la vida después de la muerte se da ya por supuesta, porque sus religiones lo enseñan de un modo muy claro. Sería sorprendente que las creencias arraigadas de miles de millones de personas fueran totalmente falsas, tal como algunos materialistas quieren hacernos creer. Las investigaciones de clarividentes preparados y de personas de naturaleza psíquica confirman lo que nos dicen con lenguaje poético estas religiones orientales. Pero nos dan muchos más detalles. Estas personas escriben de un modo directo, moderno y descriptivo, aunque hay que admitir la falta de palabras disponibles para describir estas experiencias poco corrientes. Utilizamos las palabras para experiencias comunes y compartidas, y entonces todos saben en seguida de qué estamos hablando. Pero para un acontecimiento poco común, para algún suceso nuevo, no tenemos palabras. Nos sentimos perdidos, tal vez incluso un poco atemorizados y solamente podemos decir, entre vacilaciones, «Era algo así, pero no exactamente así, en cierto modo era diferente». Hemos de utilizar analogías y esta es una manera de hablar y escribir que utilizan los poetas más libremente.

Hasta hace pocos siglos los habitantes de la Europa católica eran devotos y religiosos. Se les enseñaba, y ellos creían, que las buenas obras sobre la tierra eran debidamente recompensadas en el cielo, y que después de la muerte había un estado intermedio de

purgatorio en el cual las personas tenían que purgar sus pasiones y pecados antes de merecer las delicias del cielo. Entonces se rogaba por los muertos y se pedía a los sacerdotes que celebraran misas para ayudar a sus seres queridos a pasar a través de aquel estadio desagradable y que pudieran volver su rostro hacia Dios. Pero más recientemente, el hombre occidental se ha visto inmerso en su preocupación material que le ha llevado a desarrollar los descubrimientos e invenciones científicos para suministrar aún más máquinas y lujos en vista a una vida cómoda. No ha tenido tiempo ni sentido el deseo de pensar en nada ajeno a este mundo; ha dirigido casi toda su atención a las cosas mundanas ya las posesiones materiales, descuidando la vida interna del alma y del espíritu. Aún sabiendo que algún día tiene que morir, ha prescindido de la idea hasta tal punto que parece casi indecente mencionar la muerte. Las iglesias protestantes hablan de ella de mala gana, como si se sintieran violentos, y lo poco que dicen no sirve de gran ayuda. Es una

situación muy triste. La gente se muere en accidentes o de repente, de un ataque cardíaco, sin estar preparados para la nueva vida hacia la cual se ven impelidos tan abruptamente. Se sienten perplejos -«almas perdidas»- y puede pasar mucho tiempo antes de darse cuenta de que están muertos y de aceptar su nueva condición. Esto no es tan sólo una desgracia, sino que es vergonzosamente innecesario. No es difícil aprender algo sobre la vida después de la muerte. Con un poco de reflexión y cierta guía podemos imaginar fácilmente por nosotros mismos cómo será.

Si por casualidad vuestra vida ha sido muy vulgar y aburrida, entonces tal vez la muerte sea lo más excitante que os haya ocurrido nunca. Si, por el contrario, habéis vivido una vida muy plena, dedicada a actividades creadoras y coronadas de éxitos y honores, entonces, como mínimo, la muerte será otra experiencia sumamente interesante. No es nada que deba preocuparnos, ni algo que pueda producir horror o miedo, o que tengamos que apartar de la

mente.

Vamos a partir de aquí. Parece una buena idea tomar, por ejemplo, un día típico de nuestra vida y pensar cómo nos sentimos ahora, con un cuerpo, y cómo podríamos sentirnos entonces, sin un cuerpo. No tenemos que ponernos solemnes; por el contrario, podéis tomarlo como un juego y empezar a disfrutar, imaginando cómo serán las cosas. Al fin y al cabo, algún día tiene que ocurrir; no hay nada extraño ni anormal en ello; sencillamente, no os ha ocurrido todavía. Cuando os vais de vacaciones, tenéis ganas de iros; imagináis con alegría lo que haréis, las diferentes maneras de pasar este período de relajación. Podéis hacer lo mismo con vuestra última aventura; esperadla con alegría, con anticipación gozo-

sa, en lugar de sentir horror y miedo. Creedme, en conjunto será algo para disfrutar en su momento.

¿Cómo os despertáis por la mañana? Tal vez necesitáis un despertador para llegar a tiempo al trabajo; tal vez tenéis la suerte de poder dormir hasta tener el cuerpo totalmente recuperado. Quizá tenéis tiempo de estar acostados un rato y planificar el trabajo de

todo el día, o sencillamente de pensar en fantasías. Bueno, pues esto es algo que podéis seguir haciendo allí. De hecho, tendréis todo el tiempo del mundo. Lo que es más, encontraréis vuestra imaginación mucho más vívida, porque ya no tendréis un cerebro a

través del cual los pensamientos tengan que canalizarse, pero seguiréis teniendo una mente que podrá actuar con toda libertad. Por necesidad o por hábito, aquí tenéis que dejar vuestra confortable cama y levantaros. Debéis levantar vuestros cincuenta quilos o más

de carne y huesos de su posición supina y sostenerlos sobre los pies. A un visitante procedente de otro mundo le sería tal vez más fácil imaginarse cómo actuamos con nuestro sutil Cuerpo de Luz, que comprender cómo conseguimos manejar nuestro pesado cuerpo. Intentad levantar a otra persona para sentir ese peso. Sin embargo, lo llevamos a cuestas todo el día, sin ni siquiera pensar en ello. Tan maravillosamente construídos están nuestros miembros, articulaciones y músculos, tan bien coordinados están por los nervios y la parte automática del cerebro, que podemos mantenernos en pie y caminar casi sin esfuerzo. Pero a medida que pasan los años se hace todo un poco más difícil, las articulaciones se endurecen y crujen, a veces con dolor; cuando caminamos cuesta arriba perdemos el aliento y el corazón empieza a palpitar más fuerte.

Cuando caemos enfermos somos más conscientes de nuestro dolido cuerpo, ya veces deseamos incluso librarnos de él. Pues así estaremos a su debido tiempo y sentiremos una inmensa alegría. Imaginaros ligeros como el aire, libres de todo ese desagradable peso, del dolor y de la fatiga. Eso sólo, ya es digno de anhelar y no de temer. Parecerá extraño al principio, pero pronto os acostumbraréis. Al fin y al cabo la sensación no es tan extraña. Todos nosotros soñamos y la mayoría tenemos algún recuerdo de esos sueños de vez en cuando, o incluso cada noche. También en los sueños parecemos libres y ligeros; especialmente en los sueños en que uno vuela, que son bastante corrientes. Así pues, con vuestro Cuerpo de Luz sentiréis lo maravilloso que es estar vivo. Pero, aguardad un

momento, todos vuestros parientes y amigos están llorando porque habéis muerto. Por supuesto, es natural que sientan tristeza por vuestra pérdida. Pero desde vuestro punto de vista ventajoso, parecerá extraño, aunque sea algo tan frecuente. Posiblemente penséis que no necesitan estar tristes por vosotros, ya que tenéis mucha suerte. Todos ellos tienen que soportar unos años más el peso de la vida terrena antes de poder librarse también de ella.

De nuevo en la tierra, después de levantaros, tenéis que empezar la rutina diaria. Si sois hombre, probablemente os afeitaréis.

¡Qué cosa más pesada, cada mañana lo mismo! Bueno, pues podéis libraros de eso, si no queréis imaginar que la barba os sigue creciendo. Luego os asearéis, pero en el otro mundo no hay suciedad externa que lavar, por lo que podréis olvidar también ese hábito.

Aunque, en abstracto, todavía tenéis alguna «suciedad interna» que limpiar, pero ya hablaremos de eso más adelante. En algún momento de vuestra rutina diaria os vestís y debéis escoger la ropa para hoy. Con vuestro Cuerpo de Luz, no hay problema. Probablemente os seguiréis imaginando vestidos, «por decencia», pero la imaginación es todo cuanto se requiere. Si queréis llevar algo distinto, simplemente imaginad que lo habéis hecho ¡Y en seguida lo llevaréis puesto!

Luego, el desayuno. Los hábitos son fuertes y no desaparecen automáticamente cuando el cuerpo material está muerto. Por eso, durante cierto tiempo, tal vez creáis tomar el desayuno y otras comidas, pero no hay necesidad de ello. Ya no tenéis un cuerpo que

tenga hambre periódicamente y necesite alimentarse para conseguir la energía necesaria para el trabajo. El Cuerpo de Luz cuenta con abundante energía que atrae, sin esfuerzo alguno, de lo que le rodea. Pero tal vez todavía os gusta comer, disfrutáis con vuestra

comida y esperáis con ilusión las horas para hacerlo. Si ello es así, habéis topado con uno de los obstáculos, una de las pequeñas desventajas de la vida después de la muerte. Obtendréis muy poca o ninguna satisfacción de vuestro desayuno imaginario, por lo que

pronto renunciaréis totalmente a comer. Prescindir del ansia por la comida es una de las muchas cosas pequeñas que tendréis que reaprender, si queréis adaptaros felizmente a vuestra nueva vida. Al fin y al cabo, cuando vais de vacaciones, probablemente coméis

una comida extraña, especialmente si vais al extranjero. Otras cosas son distintas también; no dormiréis en vuestra cama familiar.

Pero de eso se trata, os váis «para cambiar» , para disfrutar del sol y del mar o las montañas, o de cualquier cosa que esperéis de unas vacaciones. Estos beneficios compensan grandemente por la mayoría de inconvenientes. Por eso, al hacer este cambio más drástico en vuestra vida, debéis esperar muchas cosas diferentes y muchas de ellas serán inconvenientes o desagradables. Pero de nuevo las compensaciones, las alegrías de esta nueva vida, son mucho más importantes.

Volviendo a la vida diaria sobre la tierra, os habéis levantado ya, desayunado. En algún momento, probablemente saldréis corriendo para ir a trabajar, a hacer la compra, a sacar a pasear al perro o sencillamente a tomar el aire y hacer un poco de ejercicio. Caminaréis un poco (o mucho) ya lo mejor utilizáis el transporte público o un coche. ¿Cómo se viaja en el mundo de la imaginación en el cual os encontraréis? Bueno, pues todavía podéis caminar si lo deseáis, y el hábito es tan fuerte que probablemente lo haréis. El transporte público y los coches no estarán a vuestra disposición, porque son totalmente innecesarios, igual que el caminar. Hay otras dos maneras de viajar usadas por la imaginación. Si queréis ir a paso moderado y disfrutar del paisaje, entonces volaréis, no en un avión, sino en vuestro Cuerpo de Luz o en una alfombra mágica, si preferís imaginar algún vehículo antes de acostumbraros a la idea de volar como un pájaro. Pronto llegaréis al lugar deseado y os detendréis. Imaginad, si queréis, que pesáis un poco y que bajáis para parar. Hay una

segunda manera más rápida de viajar. Queréis ir a ver a un amigo, tal vez para hablar un rato con él, y no sabéis dónde encontrarle en esta extraña tierra así que, sencillamente, pensáis en la persona y en seguida os encontraréis junto a ella. En realidad, si empezáis a

caminar o a volar, debéis procurar no imaginaros vuestro destino con demasiada nitidez, pues de otro modo este segundo método de viajar prevalecerá y os encontraréis ya en aquel lugar. Esta experiencia no es tan extraña como parece; la mayoría de las personas la experimentan en sueños, especialmente cuando el sueño se acaba y retornan rápidamente al cuerpo, a veces como si cayeran desde cierta altura. Incidentalmente, si tenéis sueños en los que caéis y os atemorizáis, tratad de recordar que siempre hay un aterrizaje seguro, regresáis a casa.

Volviendo al día imaginario de vuestra vida, estábais a punto de salir de casa. Si os disponíais a dar un paseo, eso es algo que podéis hacer en cualquier momento en el más allá. Si íbais a trabajar, tendréis que consideraros como jubilados, pues no hay necesidad

de trabajar en el más allá. Si vuestro trabajo era aburrido y lo hacíais sencillamente para ganaros la vida, entonces os alegrará haberlo de,jado. Ya no hay necesidad de trabajar para ganar dinero, para mantener una casa y una familia. No necesitáis una casa para protegeros del frío y de la lluvia o del excesivo calor. Estas condiciones no existen en el otro mundo, ni tampoco tenemos sentidos para apreciarlas aunque existieran. El Cuerpo de Luz tiene sentidos y percepciones, pero su naturaleza es distinta a la del cuerpo material, tal como ya hemos descrito. Puesto que no hay un cuerpo para alimentar con comida, no necesitamos dinero para comprarla.

Pero si vuestro trabajo os gustaba, si era, en cierto modo, creativo, entonces, aunque no necesitéis continuarlo, podéis hacerlo si lo deseáis. Podéis simplemente crear con la imaginación todas las herramientas y material que necesitéis y seguir escribiendo, pintando, interpretando música o componiéndola, o cualquier otra cosa, hasta la saciedad. Más adelante tal vez descubráis un trabajo más adecuado y constructivo en las nuevas condiciones, pero ya hablaremos de ello (véase también Capítulo IX).

Naturalmenmte, a lo mejor sóis una ama de casa, con una rutina mucho más doméstica. Como vuestro marido, al morir podéis prescindir de la mayoría de actividades como limpiar, lavar, ir de compras y tal vez cuidar a la familia. Al principio tal vez os sintáis

vacías, sin todos aquellos menesteres para ocupar vuestro día. En cambio podéis disfrutar de un largo descanso y liberación de las ocupaciones, por lo cual siempre suspirábais. Aunque os veréis separadas de las relaciones normales de la vida cotidiana con los

niños, la familia y los amigos, no perderéis por completo el contacto con ellos. Bajo distintas condiciones, menos íntimas en algunos aspectos pero más en otros, podéis seguir viéndoles y enviándoles pensamientos de amor .

Algunas actividades de ocio y algunos «hobbies» pueden ser continuados alegremente, aunque con algunas modificaciones, en la vida después de la muerte. Si, por ejemplo, os gusta la jardinería, podréis disfrutar admirando los jardines creados por vuestros amigos muertos y por otros que no conocíais en la tierra. Si lo deseaís, podéis crear vuestro propio jardín. Pero no tendréis dolor de espalda después de cavar o de arrancar las malas hierbas, porque no habrá malas hierbas; y las flores pueden florecer maravillosamente durante todo el año, incluso aquellas que mueren con las heladas en la tierra. Todo es bonito y no cuesta ningún esfuerzo, excepto el uso de la imaginación; pero como tampoco hay desafío alguno,

como en los jardines de la tierra, tal vez acabéis por cansaros.

Podéis suprimir la comida y la cena y pensar en actividades vespertinas. Si os gusta leer, podéis seguir haciéndolo en el otro mundo. También dispondréis de música para todos los gustos. Pero ¿y la televisión, ese entretenimiento universal? Estoy seguro de que os podríais imaginar vuestro aparato y llenar la pantalla con vuestras propias películas, pero dudo de que eso funcione como en la tierra, con unos programas planificados automáticamente de antemano. Posiblemente invitéis a vuestros amigos o parientes a tomar una copa o a charlar un rato, o ellos os inviten a vosotros. La copa puede imaginarse en el más allá, pero me temo que no será muy satisfactoria. Ciertamente, podéis reuniros con vuestros amigos,

pero hay limitaciones en las personas con quienes os encontráis, igual que en la tierra, aunque las restricciones son distintas. Por ejemplo, aquí no esperáis encontrar a personas que hayan muerto excepto, de modo ocasional e insatisfactorio, a través de un medium espiritista. Pero allí, los que acaban de morir son los compañeros más accesibles. En la tierra no podéis reuniros con amigos que vivan muy lejos de vosotros, incluso al otro lado del mar. Pero allí la distancia no es obstáculo alguno, pues el viaje puede ser casi

instantáneo, simplemente en respuesta a vuestro deseo. En la vida no visitáis a vuestros amigos en medio de la noche, ni siquiera por teléfono, a no ser por una grave emergencia. Después de la muerte, la situación es a la inversa. Tal vez les veáis durante el día, cuando

están despiertos y ocupados, pero ellos no os verán ni se apercibirán de vosotros, excepto en muy raras ocasiones, y por eso no pueden responder. Pero cuando están dormidos y conscientes en su propio Cuerpo de Luz, es el momento en que podéis comunicaros

con ellos. Tal vez mantengáis juntos una conversación inteligente, tal vez les déis mensajes o advertencias y, naturalmente, vosotros os acordaréis de todo, pero ¿y ellos? La respuesta, desgraciadamente, es probablemente negativa. Ellos están utilizando su mente, pero su cerebro está dormido, como el resto del cuerpo, y es muy difícil impresionar recuerdos en un cerebro dormido. Puede hacerse con la práctica, posiblemente cogiendo el cerebro en un estado receptivo, en el momento de despertarse, pero pocas personas pueden hacerlo. Por eso, si recuerdan algo por la mañana, probablemente no sea más que una sensación de haber estado con vosotros y tal vez algún mensaje confuso que puede no tener ningún

significado para ellos. Resulta de lo más frustrante para vosotros, especialmente si queréis transmitirles desesperadamente alguna información importante, como por ejemplo, dónde habéis dejado vuestro testamento. La única posibilidad es seguir intentando establecer contacto con otras personas que puedan ser más receptivas y que puedan transmitirle el mensaje a vuestro ser querido. Pero no desesperéis si os preocupan vuestros hijos. Seguid amándolos y reuniendoos con ellos por la noche. Tened la seguridad de que vuestro amor les envolverá y protegerá aún cuando ellos no parezcan darse cuenta en su vida vigílica.

Hay otra restricción cuando acabáis de morir. Tal vez no podáis reuniros con parientes y amigos que han muerto ya hace años o décadas. Probablemente ellos pueden establecer contacto con vosotros y daros su amor y consuelo, pero seguramente viven a niveles superiores del Mundo de la Imaginación que vosotros no podéis alcanzar todavía, o tal vez vivan más allá de ese mundo. (Véase más adelante). Tened la seguridad de que vosotros también avanzaréis y de que acabaréis por reuniros con ellos.

Pero tal vez en esta vida terrestre pasáis la velada solos en casa. Quizá queráis planear vuestras vacaciones. ¿Iréis a algún sitio del mismo país o tal vez a uno de los países próximos europeos, Francia, Bélgica, España, o incluso más lejos, a Suiza o a Italia, Grecia o el Norte de Africa? De cualquier modo, veríais algunos folletos y llegaríais a cierto compromiso entre lo que os gustaría hacer y lo que podéis hacer. ¿Será posible permitiros el lujo de los viajes, después de la muerte? La respuesta parece ser afirmativa, si así lo

deseáis. Vuestro nuevo mundo será diferente, en un espacio distinto al del mundo material conocido. Pero se dice que sus planos más inferiores son un duplicado o contraparte bastante fiel de nuestra tierra, con todos sus rasgos naturales y cultivos, urbanizaciones,

edificios y demás. Tal como hemos dicho ya, los viajes son gratis y fáciles, así que ¿por qué no explorar el mundo sin los inconvenientes de los coches, autobuses trenes o aviones? Recuerdo que mi querido padre, que no había viajado mucho, decía que planeaba hacer precisamente eso, cuando se fuera al otro mundo. No sé si lo ha hecho. No ha vuelto nunca para decírmelo. Pero sé que mi madre, que había pasado al otro lado muchos años antes, estaba esperándole para darle la bienvenida en ese mundo. Estoy seguro de que hubieran querido estar juntos, pero como a ella no le gustaba mucho viajar espero que llegaran a un feliz acuerdo.

Como posibilidad final para un día típico de los que estamos reviviendo juntos, tal vez las cosas os hayan ido mal en algún aspecto y estáis considerando la decisión drástica de dejar el país, no para unas vacaciones, sino para siempre, de emigrar. ¿podríais soportar el hecho de desarraigaros, de dejar a parientes y amigos detrás de vosotros e instalaros en un país extranjero que no habéis visto nunca? Si no habéis pensado nunca en ello, entonces os pido que lo hagáis, en previsión de lo que os ocurrirá. Pues uno de estos días vais a partir para hacer un cambio de vida incluso más drástico y en un nuevo mundo aún más extraño.

A dormir, pues, como decía Samuel Peppis. Después de dieciséis o dieciocho horas despiertos, la mayoría de nosotros encontramos el cuerpo irresistiblemente cansado. Queremos acostarnos y dormir. El cuerpo necesita todo ese tiempo por la noche para recuperarse, para recargar sus baterías, por así decirlo, preparado para los esfuerzos del día que le espera. Pero es solamente el cuerpo material el que siente la fatiga; el cerebro también puede sentirse cansado, pero eso forma parte del cuerpo material. La mente que

hay detrás no se cansa, ni tampoco lo hacen las emociones, ni la naturaleza espiritual. En el sueño permanecéis conscientes en vuestro Cuerpo de Luz, pero a la mañana siguiente probablemente recordáis muy poco, o nada, de las aventuras nocturnas. La naturaleza corre prudentemente una cortina entre estas dos partes de vuestra vida. Mientras vivís en la tierra necesitáis continuar viviendo al máximo vuestra vida vigílica, sacando el mayor provecho de ella mientras dura. En nada os ayudaría veros agobiados por los intereses de un segundo tipo de vida vivido en el sueño. Tampoco es tiempo perdido; recuperaréis los hilos de esa vida en sueños a su debido tiempo, y recordarla os ayudará a adaptaros a la pérdida

permanente del cuerpo. Algunas personas muy ancianas, especialmente cuando tienen una larga enfermedad incurable, pueden adquirir la capacidad de levantar un poco esa cortina y prepararse mejor para lo que les espera.


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