Una guía racional para la Muerte y el Más Allá




descargar 295.94 Kb.
títuloUna guía racional para la Muerte y el Más Allá
página6/7
fecha de publicación06.03.2016
tamaño295.94 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7

CAPÍTULO V



ACOSTUMBRARSE A VIVIR SIN CUERPO
En el último capítulo insistí en las ventajas de perder el cuerpo. Realmente son muchas; fin de los dolores, penas y fatigas; ligereza; fin de las agobiantes responsabilidades del trabajo, la familia, la casa, las posesiones y cualquier otra cosa. Todo esto puede compensar las numerosas dificultades que podemos tener en adaptarnos a un estilo de vida totalmente nuevo. Pero no negaremos que mucha gente se encuentra con grandes problemas. Aquellos que no querían ni oir hablar de la idea de una existencia más allá de la muerte, que creían seriamente que la muerte implica una destrucción total e instantánea de la personalidad, se sienten totalmente perdidos y perplejos. La situación puede ser incluso peor si se ven

repentinamente separados de la vida por un accidente, en su juventud. Estos individuos a menudo tardan en darse cuenta de que están muertos. Después de leer una descripción de lo distinta que es la nueva vida, tal vez os cueste creerlo; pero, de todas maneras, es verdad. Nuestros hábitos están insertos en el cerebro y en la conciencia animal del cuerpo material, pero persisten en la mente después de la muerte, y los hábitos de toda una vida son fuertes y difíciles de romper. Por lo tanto, es fácil, al principio, seguir haciendo todas las cosas habituales, por supuesto sólo con la imaginación, particularmente si nunca habíais considerado siquiera la posibilidad de una vida después de la muerte. Estas personas están tan apegadas a la tierra, tan metidas en sí mismas y en sus rutinas diarias que, simplemente, no son capaces de darse cuenta, durante mucho tiempo, de que las cosas han cambiado. Naturalmente, se sienten perplejas y frustradas de que su familia y amigos, todavía vivos, no parezcan apercibirse de su presencia y no contesten a sus palabras. ¿Acaso les han «condenado al ostracismo» por alguna oscura razón? Naturalmente, los objetos materiales que intentan mover, de hecho no se mueven, pero en su imaginación les parecerá que mueven las contrapartidas de estos objetos en su nuevo mundo.

Si varias personas han muerto juntas, como ocurre tan a menudo en los accidentes de carretera, por ejemplo, pueden encontrarse todavía juntas y en la misma deplorable condición, capaces de comunicarse entre sí y de esta manera reforzarse la ilusión recíprocamente sobre su situación. (Véase capítulo III). Estas almas tan apegadas a la tierra, en su egocéntrica perplejidad, rechazarán probablemente y se apartarán de aquellos que les ofrecen ayuda y tratan de explicarles cómo son las cosas. Estas personas que acuden en su ayuda pueden ser personas recientemente fallecidas que han pasado por experiencias similares, pero que han visto la necesidad de despertar ante los hechos y aceptar el nuevo estilo de vida; o pueden ser personas vivas y preocupadas por los muertos, que intentan rescatar aquellas almas y que trabajan en ello cuando están dormidos, o en trance, o en meditación.

Después de leer estas palabras mías, las ideas permanecerán en vuestra mente, aunque os resulte difícil de creer. No es, pues, probable que vosotros tengáis esta desastrosa experiencia de no creer que estáis muertos, y en seguida empezaréis a tratar de adaptaros a

las nuevas circunstancias. Esa es una razón por la cual creo firmemente que he escrito el libro bajo la dirección y guía de aquellos que han avanzado más pero que tienen en su corazón el cuidado de la humanidad. No pierden ninguna oportunidad para mostrarnos

dónde nos hemos equivocado, si quisiéramos escuchar y elevarnos por encima del desastre en que hemos convertido nuestra civilización. Por favor, acabad de leer el libro y luego pasad lo a otros amigos escépticos. Mejor sería incluso si pudiérais convencerles de

comprar el libro.

Antes de continuar debo mencionar que los más desgraciados son aquellos que mueren por suicidio. Debido a su acto prohibido, se ven condenados a vivir el resto de la vida que se les deparaba en una especie de limbo, perteneciendo todavía a este mundo, pero incapaces de establecer un contacto efectivo con él, porque se han separado a la fuerza del mismo yendo a las regiones inferiores del otro mundo. Realmente, viven en el infierno, pero se lo han fabricado ellos mismos y, afortunadamente, no es eterno. Nunca, nunca, os sintáis tentados a cometer suicidio. Por más terrible que llegue a ser vuestra situación en la tierra, por más lógica que os parezca la solución del suicidio, no os sintáis tentados a cometerlo.

Creedme, pues es verdad, que el resultado será incluso más difícil de soportar que la situación actual.

Pero acabemos con estas ideas tan tristes. Supongamos que habéis muerto de una muerte normal y natural, que reconocéis vuestra condición y que estáis preparados para adaptaros a ella. Tal vez recordéis que en el anterior capítulo mencioné varias actividades que son propias del Cuerpo de Luz. Pero sugerí que otras actividades, a las que deseéis dedicaros, no son realmente naturales para vuestro estado: pertenecen a la vida terrena y pueden continuarse por rutina, como por ejemplo comer y beber. También expliqué que, aunque estas acciones podían realizarse con la imaginación, seguramente proporcionarían muy poca satisfacción porque ya no tendríais los sentidos físicos del gusto y del olfato que permitiría disfrutarlas en la tierra. Se convierten en unos placeres vacíos y pierden todo su interés. De modo que sería mucho mejor aceptar este estado de cosas e irse desligando gradualmente de estas actividades inadecuadas. Si érais unos comilones o bien os gustaba un poco la bebida y tal vez fumábais, entonces os puede resultar difícil renunciar a estas cosas. Tal vez obteníais placer de las relaciones sexuales, pero en el estado después de la muerte no tenéis cuerpo y la única alternativa es actuar de manera adecuada a vuestras nuevas condiciones; no queda más remedio que despertaros y liberarse. Si os rebeláis contra esto, si persistís en apegaros a los viejos hábitos, entonces convertiréis vuestra vida en un infierno. Se ha dicho justamente que no existe el infierno, a menos que nosotros

mismos nos lo fabriquemos.

¿Cuál es el propósito que tiene nuestro nacimiento en la tierra? Hay varios, pero aquí quiero concentrarme solamente en uno: enfrentarse a las cosas. He querido insistir en explicar lo fácil que resulta la vida en los reinos más allá de la muerte. En esos niveles de existencia, todo cuanto queremos puede ser creado, casi sin esfuerzo, por la imaginación. Podemos actuar, si así lo deseamos, como los hijos mimados de unos padres ricos. Supongo que la mayoría de nosotros podría continuar feliz y tranquilamente durante siglos en esa existencia como de ensueño. Pero creo que llegaría un momento en que nos gustaría encontrar algún tipo de desafío, algo un poco más difícil, alguna oposición contra la cual probarnos. De hecho, nos complacería hacer algún trabajo verdadero. Y de eso, naturalmente, es de lo que se trata la vida en la tierra. Las cosas de la tierra no responden a nuestros deseos. Si queremos algo, debemos construirlo, utilizando los esfuerzos físicos así como el pensamiento. Lejos de responder a la imaginación, las rocas y yacimientos de la tierra son duras e insensibles; hay que trabajarlas laboriosamente con las manos y con herramientas, o derretirlas con el fuego antes de poder utilizarlas. Nuestra actual y compleja civilización material representa un monumento para nuestros logros, pero se ha centrado demasiado en el interés por las cosas materiales. La acumulación de bienes y posesiones, de lujos de todas clases o su equivalente, el dinero, se ha convertido en un fin

en sí. En cambio, estas cosas deberían ser un medio para conseguir un fin, es decir, para proporcionarnos más tiempo libre. En realidad, ya tenemos más tiempo libre que hace tan sólo unos años, con menos horas de trabajo y vacaciones más largas. Pero muchos de

nosotros desperdiciamos estas oportunidades con diversiones. Su verdadero propósito es proporcionarnos oportunidades para adquirir sabiduría y para crecer espiritualmente.

Luego, de un solo golpe, con la muerte se nos despoja de todas nuestras posesiones. Los monjes, las monjas y los hombres santos de Oriente renuncian a ellas voluntariamente. Pero nosotros nos vemos obligados por la muerte a descubrir que no son esenciales.

La vida después de la muerte es un ensayo para el progreso espiritual que la humanidad tiene que hacer a su debido tiempo. Esto puede parecer una afirmación desconcertante pero confío en aclarar su significado en el curso de este libro. En la vida después de la

muerte se nos pide una cosa totalmente contraria a nuestra actitud corriente hacia la vida. En la tierra estamos principalmente preocupados por las cosas externas. En nuestro comportamiento estamos volcados hacia afuera, aunque no siempre, por supuesto, y no

en el mismo grado en todas las personas. Tenemos que hacerlo para tener éxito en nuestra vida. Después de la muerte hemos de cambiar, para volcarnos considerablemente hacia dentro, para ser introspectivos y preocuparnos principalmente por nuestros propios pensamientos y sentimientos internos. La situación es realmente mucho más compleja de lo que sugieren estas frases. Es imposible cristalizarla en un esquema tan claro. Si lo preferís, es una especie de exageración terapéutica de «shock» para dirigir vuestro pensamiento por otras líneas nuevas. Naturalmente, en la tierra tenemos períodos de reflexión, de introspección. En el otro mundo no estamos totalmente retraídos y centrados en nosotros

mismos. Podemos dejar de tener contacto con los objetos terrenales, pero necesitamos seguir relacionándonos con otras personas.

Para aclarar otro posible malentendido, será útil en este momento reflexionar que nuestro cuerpo material es, en cierto sentido, un objeto terrenal y realmente no sóis «vosotros» en absoluto.

Ya sé con qué fuerza la mayoría de la gente se identifica con su cuerpo, cuando sufre un terrible dolor de muelas u otra forma de dolor. Pero algunas personas pueden conseguir hacer desaparecer un dolor intenso de su conciencia, especialmente con ayuda del

hipnotismo o de la acupuntura. En circunstancias más normales no es demasiado difícil desarrollar la práctica de considerar que vuestro cuerpo no sóis vosotros, sino algo que tenéis para usar como herramienta íntima en el mundo material. Si parece difícil de comprender al principio, tengo que hacerlo todavía más difícil, señalando que el cuerpo incluye el cerebro. Este también es una herramienta, una especie de computadora insertada en nosotros, usada por la mente no material, la parte más fuerte de la personalidad que sobrevive a la muerte. Cuando ésta llegue estaréis obligados instantáneamente a actuar, en cierto modo, sin cuerpo ni cerebro; por ello es un ejercicio útil intentar daros cuenta antes, de que las cosas serán así en esos momentos, aunque todavía sintáis deseos de disfrutar de las cosas terrenales. Naturalmente, tenéis un cuerpo que ha evolucionado a partir de los animales y su naturaleza animálica, inevitablemente, os fuerza, en cierto modo, pero nunca deberíais permitir que os esclavizara. Por el contrario, el cuerpo debería ser vuestro esclavo, y si trabajáis armoniosamente juntos, puede convertirse en vuestro servidor obediente y digno de confianza. Definitivamente, vosotros no sóis sólo un tipo de animal

evolucionado, un «mono sin pelos» con un cerebro superior, como algunos autores nos han querido hacer creer. Sóis otra cosa. Sóis un ser espiritual autoconsciente, una Chispa del Dios Vivo, con una mente propia. Si podéis recordarlo siempre, entonces la vida tendrá un nuevo significado para vosotros. Adquiriréis una sensación de seguridad con esta fe y comprenderéis mejor quién sois en realidad ya dónde os dirigís.

Después de la muerte todo esto será una experiencia evidente por sí misma, imposible de negar. No la podéis evitar, entonces ¿por qué no creerlo ahora y disfrutar de un anticipo de esta bendición cuando todavía estáis en la tierra? Si perseveráis, veréis que vuestra manera de vivir va cambiando lentamente; será más serena y la disfrutaréis con más profundidad. Lo que es más, cuando llegue la hora os adaptaréis fácil y rápidamente a las condiciones de la vida después de la muerte, porque ya habéis realizado gran parte de lo que normalmente tiene que hacerse con dificultades en las primeras etapas. y no estoy preconizando ningún tipo de actitud pía o devota, ni un retiro a un monasterio. Todo esto puede hacerse mientras se vive una vida normal; sólo se trata de un sentido común más clarificado. Tendréis que pasar por ello en algún momento u otro, ¿por qué no hacerlo ahora?

Ya soy consciente de que éste es un consejo de perfección, y que es poco probable que tengáis un éxito total. Probablemente tendréis alguna decepción al principio de la nueva vida. Pero al menos conoceréis el tipo de situaciones con las cuales, probablemente, os

enfrentaréis y el tipo de actitud que podríais adoptar para superarlos con rapidez. Además habéis de tener la seguridad de que irá mejorando contínuamente si aceptáis vuestro destino en lugar de maldecirlo. Las cosas están dispuestas de tal modo que nuestros

deseos más burdos, nuestras actitudes más animálicas se hallan en las capas más exteriores, por así decirlo, de modo que son las que se destruyen antes. Después de haber agotado y desechado nuestros deseos más inferiores, podemos «elevarnos» a unos dominios más felices del Mundo de la Imaginación, para acabar con los apegos más insidiosos, pero menos vergonzosos, que todavía nos impiden llegar a la bendición celestial.

Pero antes volvamos por un momento a los materialistas que creen sinceramente que en el momento de la muerte nos apagaremos cual una vela, como individuos. Algunos filósofos han dicho, con verdadera humildad, que no son dignos de sobrevivir, que el universo no se vería enriquecido con su existencia continuada.

Esta es una opinión que merece ser tenida en cuenta. Realmente, yo estaría de acuerdo en que, hasta cierto punto, tienen razón, si se consideran como personalidad. Creo que esta parte inferior nuestra no sobrevive, excepto como parte diminuta de la «Memoria de la Naturaleza» total. Pero a diferencia de los materialistas yo no creo que ésta desaparezca instantáneamente con la muerte. Más bien se va disolviendo lentamente en la vida después de la muerte, pues su propósito ya ha acabado. Pero no es el final de nosotros.

Esoy seguro de que el yo verdadero interno, el «TU» sigue persistiendo para, finalmente, volver a reencarnar.
CAPÍTULO VI
EL PROGRESO EN EL MUNDO DEL MÁS ALLÁ
Hasta aquí me he basado en el testimonio de «amateurs» en este campo de la investigación en los mundos internos y en la vida más allá de la muerte. Lo he hecho deliberadamente para inspirar confianza, porque estos «amateurs» son gente corriente como nosotros. Bajo circunstancias visiblemente distintas, vosotros o yo podríamos haber hecho lo que ellos hicieron. Tal vez lo que ocurre es que en ellos hay un apego menos íntimo entre su cuerpo físico y su cuerpo superior; de modo que les es más fácil aprender el arte de salir del cuerpo. O quizás sean más hábiles que la mayoría de la gente para impresionar el recuerdo claro de una experiencia extracorporal en el cerebro físico. De cualquier modo, inducidos por un esfuerzo excepcional o por las drogas, pueden recordar una experiencia así aunque sólo sea por una vez; otros encuentran interesante recoger y publicar historias de estos sucesos.

Algunos autores de los que he citado, tal vez no se consideren amateurs. Muldoon realizó repetidos viajes, pero tenía poco control del lugar a donde iba y nunca parecía ir más allá del mundo físico, o lo que Whiteman llama el mundo duplicado, adentrándose en reinos más elevados. Monroe realizó cientos de viajes, muchos de ellos auto-inducidos, aunque a veces le costaba más de una hora salir del cuerpo. En la mayoría de los ejemplos iba sin rumbo fijo, pero en algunas ocasiones tuvo éxito en sus intentos deliberados de visitar a unas determinadas personas, vivas o muertas. Las experiencias de Whiteman se contaron a miles durante muchos años de su vida. El adoptaba una actitud notablemente pasiva hacia ellas; raramente, o casi nunca, indujo deliberadamente una separación, y se abstuvo de intentar ejercer control alguno sobre los acontecimientos, salvo tratar de elevarlos a niveles más altos, si se encontraba atrapado en los reinos inferiores por sus propias fijaciones.

Yo le conocí y nos hemos escrito largas cartas. Es un hombre excepcionalmente espiritual, aunque muy natural al respecto. De hecho, es una catedrático de universidad y una especie de genio de las matemáticas. Aceptó cada experiencia como un precioso regalo otorgado para enseñarle algo más sobre la vida espiritual. Pero aunque le admiro mucho, tengo que considerarle, para mi propósito actual, como un amateur, porque no hizo ningún intento para explorar deliberadamente estos mundos internos, sino que se contentó con anotar y registrar todo cuanto observaba.

Para más detalles, me basaré en exploradores profesionales de estos reinos internos. Primero podemos remitirnos a las antiguas civilizaciones egipcias. Algunos de sus espléndidos templos continúan intactos. Los sacerdotes y sacerdotisas, que antaño oficiaron

en estos templos, estaban preparados para salir de su cuerpo en el sueño o en trance y recordar lo que veían en los mundos internos.

Así que estaban muy familiarizados con los acontecimientos después de la muerte. Para un buen conocimiento de la vida de los palacios y templos de aquella civilización, recomiendo el libro de Joan Grant, «El Faraón Alado». Es una novela, pero está basada, probablemente, en los recuerdos de una previa encarnación. Una parte del conocimiento de estos sacerdotes ha llegado hasta nosotros en el «Libro Egipcio de los Muertos», cuya información del

mundo del más allá está presentada en un lenguaje poético y simbólico.

Un libro similar excepcional es el Bardo Thodol o Libro Tibetano de los Muertos. Nos presenta la interpretación de primera mano de los lamas tibetanos, indudablemente preparados en sus monasterios de la misma manera que los sacerdotes del antiguo Egipto. El libro fue traducido al inglés por Evans-Wentz y fue publicado por primera vez en 1927 con varios largos prefacios e introducciones escritos por distinguidos escritores, incluyendo a Jung. El libro está escrito en una especie de lenguaje poético cifrado, en forma de un prolongado servicio fúnebre dirigido a la persona que acaba de morir y con la intención de ser leído durante un período de muchos días, para guiar al alma en su camino. Pero también estaba dirigido a los vivos, como guía e instrucción para llevar una vida más provechosa y para facilitar el paso por las primeras etapas después de la muerte. Por ejemplo, se señala que en la vida hay muchas muertes menores con las que enfrentarse, antes de la última que señala el fin de la vida sobre la Tierra. Por consiguiente, deberíamos enfrentarnos a cada momento como si fuera el último que pasamos sobre la tierra. Es notable que exactamente el mismo consejo le fuera dado por el indio mejicano el «brujo» Don Juan a su pupilo del mundo occidental Carlos Castañeda, a quien le enseñaba la manera de vivir del «guerrero». El Bardo Thodol es único, sin embargo, pues cubre todo el ciclo desde la muerte hasta el

renacimiento. Como los antiguos egipcios, los tibetanos creen implícitamente en la reencarnación. Se dice a veces que creen en la transmigración de las almas a cuerpos de animales o de insectos, pero el libro de Evans-Wentz explica que esta idea se basa en una

mala interpretación. La transmigración no ocurre literalmente, pero un hombre que haya vivido de modo poco prudente puede ser condenado a encarnar en un cuerpo humano inferior, que despliegue las características asociadas con algún animal o insecto en particular .

En la India también la experiencia de primera mano sobre estos temas ha estado a disposición de los hombres santos, los Rishis y los Yoguis durante cientos de años. Para ellos no era más que una parte incidental de una comprensión más amplia. El yoga significa unión, unión con lo Divino, que sólo puede hacerse efectiva en su totalidad en reinos más elevados incluso que el reino celestial. Así que para alcanzar estos niveles sublimes, el yogui tiene primero que convertirse en un ser humano perfecto; debe descartar gradualmente todas las partes más terrenales de su naturaleza y poner el resto bajo el control estricto y la disciplina de su Yo Superior .

Volveremos sobre estas ideas en los siguientes capítulos; de momento es suficiente darnos cuenta de que estas prácticas yóguicas proporcionan al individuo la libertad de explorar los mundos internos, incluyendo la condición del alma después de la muerte.

Durante los últimos cien años, la gente de la India y de Occidente, guiados para realizar prácticas de yoga para la autopurificación, han hecho más asequible este conocimiento; esto les ha permitido explorar los mundos internos por sí mismos, pero además se han

hecho dignos de recibir la Antigua Sabiduría de Aquellos que están más avanzados que ellos en la evolución, llamados a menudo los Maestros de la Sabiduría. Sus enseñanzas fueron canalizadas al principio a través de la Sociedad Teosófica y fueron publicadas en

el transcurso de los años en una serie de libros. Más recientemente, este conocimiento ha sido extendido, recogido y ampliado por otros autores. Los primeros que se dedicaron a ello fueron hombres y mujeres de un calibre más elevado que la mayoría de los ya mencionados. Eran personas de voluntad férrea y de una inmensa autodisciplina, preparados para sacrificar la mayor parte de los placeres de la vida para la gente corriente. Guiados por un gurú, emprendieron unas duras prácticas de yoga durante muchos años, con el fin de subyugar la personalidad y dejar que el Yo Superior tomara un control completo de su vida. No hay nada secreto en estas prácticas; fueron escritas en sánscrito por el vidente Patanjali unos 200 ó 400 años A.C., pero una cosa es leer sus Yogas Sutras, y

otra totalmente distinta es practicarlos con diligencia. Algunos de los resultados de estos ejercicios yóguicos son los poderes psíquicos y la libertad en los reinos internos del sentimiento, pensamiento, sabiduría e intuición. En la India y en otros países orientales

había muchos yoguis de estos. Algunos de ellos se hicieron gurús y aceptaron discípulos; unos cuantos escribieron sus experiencias en su propia lengua.

Prefiero limitarme a autores que han escrito lo que saben en inglés. Tal como han descubierto los científicos, el mundo de la naturaleza es extremadamente complicado. Esta complejidad se extiende también a los mundos internos, según sugieren los escritos de H.P. Blavatsky (fundadora de la Sociedad Teosófica). Sus escritos me parecen excesivamente comprometidos y poco claros.

Por consiguiente, he preferido basarme en los escritos de Annie Besant y de C. W. Leadbeater (miembros posteriores de la Sociedad Teosófica). Clasificaron su conocimiento en unos claros esquemas de «planos» y «subplanos», que la gente podía comprender fácilmente. Sin embargo, cualquier esquema que parezca simple está probablemente super-simplificado, y será una guía muy general, que omita las complejidades, las excepciones y el principio de que «las circunstancias alteran los casos». El esquema Besant-Leadbeater seguía la línea científica en boga a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Los científicos de este período creían firmemente que todo era cognoscible y claro y que, a su debido tiempo, todas las ramas de la ciencia estarían claramente clasificadas y finalizadas. Esta complacencia fue destruida más tarde por las teorías de los físicos modernos, así como por las insospechadas complejidades de la Naturaleza, reveladas por microscopios y telescopios cada vez más potentes y por otras técnicas que permitian profundizar más en sus secretos.

Luego los esquemas simples tuvieron que modificarse y hacerse más flexibles, como sucede con el sistema de los «planos» y «sub-planos» , cada uno de una materia más sutil que el anterior, lo cual trataba de explicar los misterios de los «planos» internos en estos

términos tan esquemáticos. La palabra «misterios» fue usada con gran acierto. Cada «plano» debe ser experimentado personalmente para conocerlo y cada uno, a su vez, es una revelación. Las palabras usadas para describirlo en los libros de texto parecen, pues, inadecuadas para expresar la maravilla de la nueva experiencia. Esta siempre trasciende los acontecimientos comunes terrenales, que es todo cuanto nuestra lengua cotidiana es capaz de describir.

Sin embargo, necesitamos alguna guía, algo que nos diga lo que hemos de esperar en el mundo del más allá, por más inadecuada que pueda ser la información. Incluso decir que será más maravilloso de lo que podamos imaginar nos sirve de ayuda y de ánimo

para ir hacia adelante con fe y esperanza cuando llegue el momento. Tengo, pues, que deciros que el esquema estaría formado por una serie de «planos» o, para usar un término más moderno, niveles de conciencia Los «planos» más elevados se hallan más allá de

la comprensión humana. Para nuestro propósito, raramente necesitaremos pensar en ningún otro plano que no sea los tres «planos» inferiores, el físico. el emocional y el mental y estos pueden considerarse generalmente como subdivididos en dos o tres secciones

diferenciables. Estas divisiones nos ayudan en nuestra comprensión analítica, pero no son claras y definidas. sino que se interrelacionan y mezclan. No sirve de nada pensar en la multitud de «sub-planos» como algo parecido a los pisos separados de un edificio

alto que puede ser explorado, y en los cuales se puede vivir sin tener en cuenta los demás. La situación real es mucho más fluida y flexible.

Considerad primero el «plano» físico. Aquí podemos distinguir los tres «subplanos» inferiores, el sólido, líquido y gaseoso. En el laboratorio pueden estudiarse por separado. En la Naturaleza se mezclan libremente; en nuestro cuerpo, por ejemplo, tenemos el

hueso sólido, la sangre líquida y otros fluidos y gas en nuestros pulmones. Sin embargo. incluso los huesos contienen un poco de líquido; la sangre tiene unas células rojas sólidas en suspensión y gas oxígeno disuelto; el aire de los pulmones tiene unas gotitas

suspendidas de agua líquida e incluso unas diminutas partículas sólidas, si hay humo en el aire. y lo mismo pasa con la substancia mucho más rarificada de los «planos» más elevados. Pero no hemos acabado todavía con el nivel físico. Además de los ya conocidos como, sólido, líquido y gaseoso, algunas personas dicen que el plano físico incluye subniveles etéricos. Pocos científicos aceptarían esta afirmación, pero yo creo que las numerosas partículas subatómicas reconocidas por los físicos pertenecen a estos niveles

etéricos. Se dice que nuestro cuerpo incluye una parte invisible, el «doble etérico» fabricado de esta materia etérica. Este cuerpo tiene que ver con la vitalidad, el principio de la Vida que distingue a una persona viva de un cadáver. Es también el nexo de unión entre el cuerpo físico y la psique. Con la muerte, este cuerpo etérico se desecha junto con el cuerpo físico, por lo que no debe preocuparnos muchos.

A continuación tenemos el nivel o «plano» emocional. Se halla en el cuerpo sutil, en el cual os encontráis en toda experiencia extracorporal o después de la muerte, como ya se ha dicho en capítulos anteriores En muchos libros hablan de él como del cuerpo astral. Su morada puede subdividirse convenientemente en tres niveles, que pueden distinguirse fácilmente con un poco de experiencía. Normalmente contiene materia de todos los subniveles; pero las proporciones varían según el temperamento y el tipo de vida de las personas, y más adelante según su progreso en la vida después de la muerte. Sin este cuerpo astral no podríamos experimentar las emociones en esta vida. Un punto importante es que la materia astral de diferentes niveles varía en calidad. La de los niveles más inferiores es relativamente burda y se adapta mejor a la expresión de las emociones groseras como la glotonería, la lujuria, los celos, el odio y las pasiones animálicas. A medida que avanzamos hacia niveles más altos la cualidad mejora progresivamente, hasta que la materia astral del nivel más superior sólo pertenecerá a las emociones más delicadas, como el amor altruista y la apreciación estética. En la práctica, pues, existe una estratificación, debido al principio de que lo similar atrae a lo similar y tiende a repeler lo distinto. Algunas personas sensibles dicen que el contacto con el subnivel astral más inferior es una experiencia muy desagradable.

No sólo atrae las emociones más bajas, ¡sino que parece transmitir una sensación de algo pegajoso como si nos hundiéramos en un caramelo de café con leche! Debemos explicar ahora que la vida en el cuerpo astral después de la muerte es distinta, en varios aspectos, a las experiencias extracorporales que se pueden tener durante la vida en la tierra. Primero, cuando os halláis fuera del cuerpo, estáis actuando a un nivel de conciencia inusual, pero tenéis todavía una personalidad completa. Aunque estéis temporalmente separados del cuerpo de vitalidad etérico y del familiar cuerpo físico, estáis todavía algo apegados a ellos y podéis volver a su seguro refugio en cuanto lo deseéis. Funcionáis a los niveles de la emoción y el pensamiento; pero más allá de la mente cotidiana concreta o inferior se halla la mente superior, la morada del Yo Superior a la cual podéis apelar como guía. Todos estos cuerpos (o niveles asequibles de conciencia) tienen su efecto en la experiencia extracorporal. Además, si resulta ser una experiencia desagradable, si las cosas se ponen mal «allí fuera», no tenéis más que pensar en vuestro cuerpo normal e instantáneamene volvéis a él, terminando así la experiencia, que no será más que un recuerdo. Pero después de la muerte vuestras vías de escapatoria están cortadas. Ya no tenéis un cuerpo físico en el que podáis despertaros sanos y salvos. La única manera de escapar de las experiencias desagradables es dirigir la mente a pensamientos más agradables, como el amor hacia

parientes y amigos. Entonces, os elevaréis por encima de los acontecimientos desagradables. Naturalmente esta vía de escape está también a vuestra disposición en el estado extracorporal, como una alternativa de regreso al cuerpo.

La segunda diferencia entre una experiencia extracorporal y la muerte, es que estáis todavía algo ligados al cerebro, que actúa para fijar y concentrar vuestro pensamiento. Después de la muerte pensáis sólo con la mente, sin que ésta se vea apoyada por ninguna estructura material y va a ser más difícil concentrarse. En tercer lugar, se dice que, después de la muerte, pueden tener lugar algunos cambios en el cuerpo astral; y en cuarto lugar, es posible que os veáis separados de la guía espiritual de vuestro Yo Superior. Pero estos puntos serán más fáciles de explicar más adelante.

No sería justo induciros a pensar que la vida después de la muerte va ser una época de total felicidad. Acabará por serlo, pero al principio tenéis que esforzaros por conseguirlo. Tengo que advertiros sobre algunos acontecimientos desagradables que nos pueden ocurrir a lo largo del sendero hacia la felicidad celestial. Todos nosotros debemos pasar primero por una especie de purgatorio y algunos de nosotros atravesarán un período parecido a la idea cristiana del infíerno. Pero esto no será eterno, aunque pueda parecerlo en aquellos momentos. También puede evitarse, como explica con razón la doctrina cristiana, si se vive correctamente en la tierra, aunque difícilmente se evite con un arrepentimiento en el momento de morir. Si hay que experimentar el infierno, tened la seguridad de que es un tormento autoinfligido y que su naturaleza es apropiada a los pecados cometidos. Pero no es un castigo señalado por un dios enfurecido; es una expiación que nuestro Yo Superior

reconoce como necesaria. El sufrimiento que podéis experimentar tiene dos causas principales. Primero, si habeis infligido sufrimiento a otras personas, o incluso a animales inocentes, debéis sufrir vosotros mismos, algo similar a esta crueldad, hasta que os déis

cuenta totalmente de lo que habéis hecho y os arrepintáis de verdad, resolviendo firmemente no volver a actuar nunca de aquel modo: tal como veremos más adelante, vuestra resolución será puesta a prueba en su momento. Además, el resultado es el mismo,

tanto si infligísteis el sufrimiento deliberada y cruelmente en venganza por algún daño que os hubieran hecho, como si fue sin daros cuenta, aunque el tiempo necesario para la expiación puede variar.

También la tortura mental por palabras desagradables requiere este tipo de retribución, igual que la tortura física. Otra causa de infelicidad ya mencionada es el ansia por los placeres terrenales, que ya no puede verse gratificada al carecer de cuerpo físico. Naturalmente, esto afectaría mayormente a la persona sensual, separada de su cuerpo físico en plena juventud por enfermedad o por accidente. Si a vosotros se os permite tener una

defunción tranquila, en la ancianidad, estos deseos terrenales habrán perdido probablemente su atracción y os evitaréis muchas de estas penas. La moraleja es obvia; en la juventud y en la mediana edad podéis disfrutar de vuestros placeres, pero cultivad también una medida de desapego. No os dejéis esclavizar por los placeres que os regala la vida; reconoced que es la personalidad inferior la que goza con ellos y no vuestro verdadero Yo interno, que es el que debería llevar las riendas de vuestra vida. ¿Acaso os parece un consejo demasiado duro? Tened la seguridad de que, cuanto más lo sigáis, más razonable y correcto os parecerá. Cuando vaciléis, y la vida disciplinada pierda temporalmente su atractivo, podéis pensar que una voluntad firme ahora os facilitará, en el futuro, el paso por las penas de la vida del más allá.

He mencionado que ciertos cambios en el cuerpo astral suelen ocurrir después de la muerte. En vida, este cuerpo contiene materia astral de todos los subniveles, de modo que todo el conjunto de emociones puedan experimentarse en rápida sucesión, desde las más egoístas y groseras, hasta las más sublimes y altruista. Después de la muerte, la mayoría de la gente experimentará una reorganización en cáscaras o capas de piel como la de la cebolla. La materia más grosera quedará al exterior, y la más sutil quedará enterrada

dentro. Si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de que ésta es una disposición muy buena, aunque parezca dura al principio, pues el resultado es que os veréis obligados a enfrentaros a los instintos más bajos del mundo astral primero, en un período corto y concentrado, de modo que quedaréis libres para elevaros a niveles más agradables sin temor de veros atraídos hacia el dolor y la pena. Estos desaparecerán en cuanto hayáis quemado vuestro deseo por la vida terrenal. Pues este es el plan, y es mejor colaborar

con él que tratar vanamente de volver a la vida terrena que ahora ya ha terminado. Antes o después, tendréis que aceptar que la vida después de la muerte es un peregrinaje espiritual, y que se irá haciendo cada vez más comprensible y agradable a medida que progreséis. Después de leer esto, podéis enfrentaros con valentía a los primeros problemas, con la seguridad de que os espera una gran felicidad. A medida que empecéis a dar la espalda a los placeres terrenales, la materia astral más grosera se irá deshaciendo, dejando al descubierto las siguientes capas, y podréis disfrutar de las emociones más sutiles.

Tal vez me he detenido demasiado en esta fase, en este período parecido al infierno. Lo he hecho porque no deseo incurrir en la ira o reproche de ningún lector. No quiero que ninguno de vosotros se queje de que yo había pintado un cuadro de felicidad y alegría, que

no corresponde a vuestro estado. Desde luego no todos tienen que experimentar esta fase. Tal vez todos tengamos que pasar cierto tiempo en esta condición, pero podéis pasarlo en una especie de sueño o de conciencia semi-alerta, en lugar de tener que sufrir la

retribución y el temor experimentados por una persona realmente cruel. Tal vez hayáis pagado ya vuestras indiscreciones juveniles, tal vez hayáis llevado una vida buena y ordenada, tal vez hayáis sido amables con vuestros familiares y vecinos, devolviendo un trabajo honrado por el dinero que ganásteis por hacerlo; tal vez hayáis intentado servir a vuestra comunidad de alguna manera útil. Si ello es así, entonces no tenéis nada que temer. Cuando os despertéis en el plano «astral», estaréis ya en la tierra feliz que describen los espiritistas, la región del medio que expliqué con cierta amplitud en los capítulos IV y V. Aquí podéis continuar con las cosas agradables de la vida, siempre que puedan realizarse con la imaginación y sin cuerpo físico. Podéis vivir en vuestra casa, con vuestros antiguos

intereses, vuestros «hobbies» y vuestras diversiones, podéis visitar amigos y parientes para charlar, practicar juegos, escuchar música o lo que sea, cuidar vuestro precioso jardín, viajar o hacer cualquier otra cosa que os apetezca. No hay deberes que cumplir más que los que os impongáis, ninguna restricción ni responsabilidad.

No hay necesidad de estar tristes, ¡a menos que realmente disfrutéis con la tristeza!

Pero este estado de gozo perpetuo no es más que un modo de pasar el tiempo; no os conduce a ninguna parte, y al final resulta aburrido y presentís o se os dice que hay un lugar mejor y más allá.

En estos momentos habréis ya quemado y desechado las capas exteriores de vuestro cuerpo astral, hasta quedar sólo con las más sutiles, por lo que os veis transportados automáticamente a los reinos astral es más elevados. Son unas regiones donde las personas

tienden a disfrutar más con temas intelectuales o religiosos. Aquí hay filósofos y científicos todavía dedicados a sus bibliotecas y laboratorios, que continúan sus investigaciones terrenas año tras año.

Aquí también se hallan las personas extraordinariamente religiosas, en actitud devota, en la iglesia o templo de su elección. También están aquí los músicos que continúan componiendo, poetas y autores que escriben más libros. Tal vez no os atraiga ninguna de

estas actividades. Entonces, probablemente es que en la tierra no fabricásteis nunca mucha de este tipo más sutil de materia astral en vuestro Cuerpo de Luz y este cuerpo sutil pronto desaparecerá, dejandoos en libertad para seguir avanzando hasta llegar al «plano» mental.

Entonces os habréis despojado ya, finalmente, de todas las impurezas, las locuras, el egoísmo de vuestra vida terrena, y de cualquier deseo por la vida terrena. Os habréis liberado de todo ello. Todo cuando podéis llevaros consigo es la valiosa esencia de esa

vida, los recuerdos de las lecciones que aprendisteis, el trabajo altruista por los demás que podáis haber hecho, las relaciones de amor altruista y las nuevas facultades que desarrollásteis y que os capacitan para hacer estas cosas. Podéis ahora disfrutar de estos

preciosos frutos de vuestra vida y podéis desarrollarlos en perfecta paz y felicidad.

Pero antes de continuar imaginando esta etapa más adelantada de nuestra aventura, hay cierta información que tal vez os guste saber. Posiblemente tengáis curiosidad por saber cuánto tiempo durará todo esto. Yo no os lo puedo decir, excepto en términos muy generales. Durará el tiempo que necesitéis personalmente para lo que tengáis que llevar a cabo, además de cualquier tiempo adicional que decidáis pasar en este estado, ya sea porque os guste o porque tengáis miedo de lo que os espera. Una persona santa tal

vez necesite un año o menos; alguien que haya llevado una vida muy llena inmersa en las preocupaciones mundanas, tal vez necesite cincuenta años o más para liberarse de todos sus apegos. Pero de cualquier modo, no va a importaros, pues seréis incapaces de

percibir el paso del tiempo y no hay razón por la que debáis preocuparos. No existe ni la noche ni el día, ni el curso de las estaciones en este mundo, nada que dirija vuestra atención al discurrir del tiempo.

Lo que tengo que deciros a continuación puede parecer extraño y difícil de entender. He mencionado antes que en este estado de transición del plano astral nos vemos separados tanto de arriba como de abajo, de nuestro cuerpo anterior, y esto necesita una explicación. Tal vez, o tal vez no os déis cuenta claramente de que el verdadero «tú», el Yo Superior, es distinto a la personalidad o al yo inferior. Es este Yo Superior el que intenta guiar nuestra vida a través de la conciencia y de otras indicaciones. Es posible que a menudo ignoréis sus mensajes, y prefiráis identificaros con la personalidad, que tiene sus propias ideas y hábitos. Así que, por debilidad, por costumbre o por simple obstinación, es posible que hagáis cosas sabiendo que realmente no deberíais hacerlas, o que por pereza dejéis de hacer algún bien cuando pensáis que deberíais hacerlo. Por eso, a veces existe una lucha entre estas dos partes vuestras, el Yo Superior y la personalidad, y el conflicto no cesa después de perder el cuerpo físico. El «plano» mental está claramente dividido en dos partes. El Yo Superior tiene su morada en la parte superior, correspondiente a la mente superior o abstracta, asociada con Amor-Sabiduría y Voluntad. Pero la mente inferior o concreta, que

utiliza la parte inferior del «plano» mental, forma parte de la personalidad. En la muerte, entonces, la mente queda cortada. El Yo Superior con la mente abstracta se retira, y puede decirse que ya se ha ido al cielo. Siente muy poco interés por lo que queda de la

personalidad y deja que la parte de sensaciones y emociones vaya consumiendo su tiempo en el «plano» astral, junto con la mente concreta. Puede parecer una actuación extraña, pero de hecho no es más que otra buena disposición, junto con los cambios del cuerpo astral que ya he mencionado. Separada del Yo Superior, la personalidad restante ya no puede hacer más daño; pero tampoco puede sentirse inspirada para hacer el bien. En cierto sentido, es como un autómata dispuesto para continuar corriendo por las mismas líneas de conducta y pensamiento que ha desarrollado en su vida sobre la tierra. Pero sus experiencias parecerán reales y vívidas. En otros términos, este remanente tiene todavía su alma animal pero carece del alma divina. Si es así, entonces puede entenderse que una entidad tal tiene pocas posibilidades de obtener información nueva de ningún valor particular, por lo que no es de extrañar que toda comunicación transmitida a través de los mediums tienda a ser trivial. (Véase Capítulo III). Además, en cierto sentido, va disminuyendo continuamente, pues va quemando sucesivas capas de materia astral. Al final queda reducida a un cascarón, cuando todo lo que tiene un valor permanente se retira para unirse con el Yo Superior en el cielo. Sin embargo, antes de que este cascarón se

desintegre, en algunos casos podría verse atraído hacia la tierra, establecer contacto con un medium y conseguir una cierta vitalidad temporal a través de él o de ella. Cualquier mensaje podría todavía ser reconocido como procedente de la personalidad en cuestión, pero su contenido, necesariamente banal, probablemente entristecería a la persona viva. Esta es otra razón, que no pude explicar en el capítulo tercero, por la cual desapruebo las prácticas espiritistas modernas.

Durante la vida en la tierra se nos puede clasificar como alguien extravertido y volcado hacia fuera o como alguien introvertido y volcado hacia adentro Esto se aplica sólo en un sentido amplio, como para señalar la actitud general del individuo. Todos nos vemos forzados a ser extravertidos durante algún tiempo, cuando tenemos que enfrentarnos con el difícil mundo físico por la necesidad de la supervivencia y para asegurarnos una vida cómoda. Pero después de la muerte, se trata de lo contrario. Todos estamos obligados a convertirnos en seres introvertidos, y aquellos que tendían en esta dirección en la tierra, se adaptarán a ella con más facilidad.

Después de la muerte, las actividades externas cesan, excepto si las continuamos con la imaginación. Todo nuestro objetivo consiste en mirar hacia dentro, en reflexionar sobre nuestra vida pasada, en descubrir qué lecciones nos ha enseñado y qué sabiduría hemos

podido obtener de ella y cómo podríamos mejorarla si tuviéramos la oportunidad de volver a vivir en la tierra. En otras palabras, nuestras experiencias se tornan totalmente subjetivas y toda la situación se pareee, en cierto sentido, a un sueño ininterrumpido que en aquellos momentos nos parece muy real.

Los científícos han visto, gracias a sus investigaciones, que la actuación de la Naturaleza es extraordinariamente sutil y compleja. La manera de actuar de la naturaleza humana es, tal vez, la más compleja de todas, porque cada persona reacciona de un modo distinto ante las circunstancias y experiencias de la vida. Del mismo modo, no debería sorprendernos el que me vea obligado a admitir que hay excepciones a casi todas las afirmaciones que he hecho en este capítulo. Siguen siendo verdad en la mayoría de los casos, pero vosotros podríais ser una de las excepciones. Entre ellas están las personas que mueren, no tranquilamente de vejez o por una enfermedad incurable, sino prematuramente, como pueden ser los súbitos accidentes mortales, los ataques cardíacos, los que perecen ahogados, etc. o las víctimas del suicidio. Para ellos, la reorganización normal del cuerpo astral y la retirada del Yo Superior no ocurre. Tardan a menudo en darse cuenta de que están muertos y continúan viviendo exactamente en las mismas condiciones que tenían en la vida terrena, excepto que carecen de cuerpo. Toda la literatura disponible está de acuerdo en considerar esta

condición como algo trágico y deplorable y esta creencia también se refleja en la plegaria cristiana que implora no tener una muerte repentina. Por eso digo que los cambios normales son una disposición beneficiosa para ayudar al alma a pasar este período de transición. También se nos dice que los suicidas deben continuar en ese estado durante el resto del tiempo que originariamente se les había asignado para vivir, más todo el tiempo adicional que necesiten para efectuar su liberación de los niveles astrales. Continúan estando vívidamente vivos, frustrados por la ausencia de un cuerpo y, a menudo, atrapados en los niveles inferiores del «plano» astral que están más íntimamente ligados a la tierra. Pueden actuar deliberadamente para bien o para mal. Debido a que el Yo Superior no

tiene un control total, pueden actuar de manera muy poco prudente en su desesperación.

En contraste con éstas, están las almas avanzadas, cuyo Yo Superior tiene ya un firme control. No tienen nada que temer después de la muerte, ni purgatorio que sufrir, pues, deliberadamente, prefieren impedir la reorganización del cuerpo astral y mantener el

nexo con el Yo Superior; prefieren pasar su breve período en este nivel con plena conciencia, en un estado responsable. Hay que hacer otra excepción para los filósofos, científicos y otras personas que he descrito antes, los cuales continúan entregados a su trabajo en el «subplano» astral más elevado. Este trabajo, necesariamente, implicaría a la mente abstracta, y por ello hemos de suponer que, o bien el nexo se ha mantenido, o bien fue reestablecido a medida que se acercaban al final de su permanencia en el «plano» astral.

Nos damos cuenta, pues, de que las condiciones en esta etapa de la aventura son flexibles: se adaptan según las necesidades particulares de cada individuo, con el fin de que cada uno pueda aprovechar al máximo su permanencia en estos niveles. Nos espera ahora el siguiente cambio importante y lo describiremos en el capítulo siguiente.


1   2   3   4   5   6   7

similar:

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconLa muerte en el centro de lo vivo
«Más allá del principio del placer», no dejaba de extrañarme y de maravillarme

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconEl trauma es una problemática que abarca toda la obra de Freud. Su...

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconInvestigación Legal y de la Administración, oep, Múnich
«equivalentes» a las descritas en la reivindicación. El motivo de esta extensión —más allá de lo que está claramente definido— no...

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconEfectivamente, la Conferencia Emery A. Rovenstine es la más importante...

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconPara que se produzca la muerte de la célula, tiene que haber injuria...

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá icon1 Más allá de la revolución informática

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconMás allá del Síndrome de Asperger

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconEl electrocardiograma más allá del fENÓnomeno eléctrico

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconNuevo libro: “Cristianos más allá de la religión. Cristianismo y no-dualidad”

Una guía racional para la Muerte y el Más Allá iconCon la distinguida visita internacional del monje budista, cientifico,...
«Felicidad: una guía para el desarrollo de la habilidad más importante de la vida» y «¿Por qué meditar?». Recientemente publicó,...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com